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Igualmente, resulta significativo del desarrollo de la red telegráfica española la consideración del incremento en la capacidad de gestión del tráfico telegráfico a raíz del crecimiento de los kilómetros de cable tendido (por una misma línea podían discurrir varios cables telegráficos, con lo que la capacidad de gestión del volumen telegráfico aumentaba proporcionalmente al número de cables que recorrían una misma línea). En 1900 para los 29.030 kilómetros de líneas había tendidos 72.114 kilómetros de cables (también conocidos como kilómetros conductores), mientras que en 1935 a los 53.381 kilómetros de líneas le correspondían 147.787 kilómetros de cables conductores (un incremento del 104,94 por ciento). En cuanto a la capacidad de transmisión telegráfica también resulta imprescindible considerar la tecnología de los aparatos transmisores-receptores. En 1900 dominaban abrumadoramente los aparatos morse, un sistema que procedía de los inicios de la telegrafía eléctrica, con 1.238 aparatos (representaban el 85,73% de parque de aparatos telegráficos), seguidos de 88 aparatos hughes (su introducción en España data de 1875), más rápidos que los anteriores, y 118 de otros modelos. Desde el punto de vista tecnológico la red telegráfica a comienzos de siglo mostraba claros síntomas de obsolescencia. La política inversora del primer tercio del siglo XX contribuyó en cierta medida a paliar este desfase tecnológico con la incorporación de nuevos aparatos más rápidos, en especial los baudot, incorporados a partir de 1910, mediante la adquisión de 15 aparatos, que permitían aumentar el rendimiento de la línea telegráfica, al multiplicar por cuatro la velocidad de transmisión-recepción. A pesar de ello era ya una tecnología madura, pues fueron introducidos por vez primera en Francia en 1874. La tecnología más moderna estaba representada en aquella época por el teletipo o teleimpresor, al permitir la transmisión-recepción de 400 signos por segundo, equivalentes a unas 65 palabras por minuto. En 1935 la red telegráfica española disponía de 1.839 telégrafos morse, 451 aparatos hughes, 121 baudot y 189 de otros modelos. En los años veinte fueron incorporados los primeros teletipos, el modelo elegido fue el teletipógrafo Morkrum, que consistía en un sistema de intercambio de mensajes entre dos o más puntos, formado por un aparato transmisor, que incorporaba un teclado, y un aparato receptor-impresor, que traducía en caracteres impresos las señales eléctricas que le eran enviadas, la impresión se producía en una cinta de papel al contacto con la llamada rueda de tipos. En 1926 existían 13 teletipos Morkrum, estos primeros modelos tenían una velocidad bastante baja, del orden de 100 a 125 caracteres por minuto, equivalentes a unas 20 palabras, por debajo de los ya tradicionales baudot. En 1934 la red telegráfica disponía de 145 teletipos Morkrum y 21 Creed (166 teletipos en total). Como se puede observar a lo largo del primer tercio del siglo XX la preponderancia de los aparatos morse era abrumadora en la red telegráfica española. Paralelamente al desarrollo de la red telegráfica, mediante el crecimiento de la red poligonal o en malla, surgieron nuevos productos y servicios en esta época. Desde los telegramas especiales al giro telegráfico, pasando por los telefonemas, con la expansión de las primeras redes telefónicas, vinculadas entre sí a través de la red telegráfica. Los telegramas especiales, con unas tarifas inferiores en un 50 por ciento de las normales, aumentaron significativamente la demanda telegráfica durante el primer tercio del siglo XX. Existían cuatro categorías de telegramas especiales: los de prensa, cuyos orígenes se remontan a 1889 con la creación de abonos de transmisión a precio reducido para empresas periodísticas; los de madrugada, creados en 1914; los comerciales, que aparecieron a partir de 1916, y los diferidos, nacidos en 1917. A estas categorias se añadieron los telegramas de lujo, desde 1922, y los telegramas por teléfono, desde 1929. En 1934 el 33,6 por ciento del total del tráfico telegráfico privado expedido correspondió a los telegramas especiales. El giro telegráfico, creado por decreto de 19 de agosto de 1922, constituyó uno de los nuevos servicios telegráficos que más éxito alcanzó. Desde los 299.545 giros cursados durante los meses del año de su puesta en funcionamiento, por un valor de 40.609.808 pesetas, se pasó en 1934 a los 1.698.816 giros, por un valor de 283.681.403 pesetas. La aceptación y expansión del giro telegráfico vienen explicados por el mayor dinamismo económico de la España del primer tercio del siglo XX y por la escasa agilidad del sistema bancario español de la época, que en esos años se encontraba en plena fase de constitución e iniciaba su proceso de expansión. Hasta la creación de la Compañía Telefónica Nacional de España, el 19 de abril de 1924, el Estado poseía el 28 por ciento de la red telefónica española, gestionada a través de la Dirección General de Correos y Telégrafos, que controlaba 147 redes urbanas; otro 33 por ciento estaba en manos de las dos principales compañías telefónicas privadas de la época: la Compañía Peninsular de Teléfonos y la Compañía General de Teléfonos; un 30 por ciento estaba en manos de pequeños concesionarios y el 9 por ciento restante correspondía a Diputaciones y municipios. Desde 1920 el control de las redes telefónicas por parte de Correos y Telégrafos había ido progresando conforme el Estado fue rescatando las concesiones cuya vigencia iba caducando. Con la llegada del Directorio Militar encabezado por Primo de Rivera esta situación se aceleró con la imposición de la unificación del servicio telefónico. La situación de la telefonía española en 1924 se resumía en la existencia de 74.124 teléfonos manuales, con 0,36 teléfonos por cada 100 habitantes, 40.000 kilómetros de circuitos interurbanos, 627 localidades enlazadas telefónicamente y 8.000 empleados. A raíz de la concesión del monopolio telefónico a la CTNE el Estado le trasvasó, con la oposición del Cuerpo de Telégrafos, las redes telefónicas que gestionaba Correos y Telégrafos, a cambio de una indemnización 17.565.762 pesetas, con ello el servicio telefónico quedó separado definitivamente de Correos y Telégrafos. El paso de las redes telefónicas estatales a la CTNE explica la reducción de la extensión de las líneas telegráficas de los 56.350 kilómetros correspondientes a 1923 y los 50.808 kilómetros de 1925 (la reducción de la extensión de los cables conductores fue de los 133.436 kilómetros de 1923 a los 112.460 de 1925). Desde los orígenes del servicio telefónico la participación de la Dirección General de Correos y Telégrafos había sido una constante, utilizándose para las conexiones interurbanas entre las redes telefónicas las líneas tendidas por Correos y Telégrafos. La aparición de la telefonía introdujo un nuevo servicio, los telefonemas. Los telefonemas eran mensajes de voz generados o recibidos en las centrales telefónicas, hasta 1924 su transmisión fue el resultado de la combinación de red telegráfica y las redes telefónicas, por el que los mensajes eran transmitidos-recibidos por las centrales telefónicas locales y desde ellas eran conducidos por la red telegráfica, en forma de telegramas, hasta sus puntos de destino. Con la creación de la Compañía Telefónica Nacional de España este servicio quedó en manos de la misma, que lo transformó en un servicio de telegramas, transmitido a través de sus líneas, generando el malestar de Correos y Telégrafos, pues la CTNE convirtió los telefonemas en un servicio alternativo a la red telegráfica, excediendo las amplias competencias obtenidas por la concesión del monopolio telefónico tras su creación en 1924. Esta decisión se contemplaba en la base duodécima del contrato entre el Estado y Telefónica por el que se le concedía el monopolio telefónico, de fecha 25 de agosto de 1924, que estipulaba: "La Compañía estará obligada a suprimir el servicio de telefonemas. No obstante, teniendo en cuenta la necesidad por el Estado de aumentar la extensión del servicio telegráfico y el quebranto que significaría para la Compañía el prescindir por el momento de ingreso por telefonemas, queda autorizada para seguir prestando este servicio por diez años, como maximum, aplicando tarifas no menores que las vigentes para el servicio telegráfico y quedando facultada para aumentarlas. El Estado durante el tiempo que este en vigor el presente Contrato no establecerá ni permitirá que se establezca por un tercero ningún servicio semejante, ni ningún servicio de cualquier clase que sea denominado "telefonema". " La oposición al monopolio telefónico disfrutado por la CTNE encontró durante la Segunda República un renovado apoyo, que llevó a su reconsideración en diciembre de 1931, cuando el ministro de Comunicaciones, Martínez Barrio, envió un proyecto de Ley a las Cortes por el que se declaraba ilegal la adjudicación del monopolio telefónico a Telefónica. La iniciativa, que generó un gran debate en la sociedad española, dentro y fuera de las Cortes, finalmente no prosperó dadas las dificultades de la nacionalización del servicio telefónico. Sin embargo, en el Informe emitido por la Comisión de revisión de concesiones de servicios de telecomunicación, constituida por Orden ministerial de 5 de diciembre de 1932, se planteaba: "En la base 12 del contrato celebrado entre el Estado y la Compañía Telefónica Nacional de España, ..., se fijaba de un modo taxativo la supresión del servicio de telefonemas, respondiendo indiscutiblemente al lógico criterio de separar la verdadera y única función que podía corresponder a una Compañía monopolizadora de servicios telefónicos, de la que supone la transmisión de mensajes escritos, que constituyen precisamente la función telegráfica a cargo exclusivo del Estado... A medida que se ha ido extendiendo y desarrollando el telefonema en España ha ido también aumentando, como inexcusable corolario, el servicio de telefonemas y disminuyendo, muy lógicamente, el servicio telegráfico. Este aumento de aquél y disminución de éste, ha sido debido también, en gran parte, a la desleal competencia que la Compañía viene haciendo al Estado, burlando la base 11 de su contrato con el mismo, que establece la prohibición, por parte de la Compañía, de prestar un servicio público de mensajes telegráficos, facultad privativa exclusivamente del Estado. Porque lo que, en definitiva, viene realizando la Compañía no es la transmisión bucal del mensaje escrito, llamado telefonema, que sería su verdadero derecho en relación con la base 12 del contrato y el carácter de la explotación que monopoliza, sino la transmisión manual de aquellos mensajes por medio de aparatos telegráficos de los llamados "teletipógrafos", y abreviadamente "teletipos", que son sencillamente mecanismos accionados a mano, con transmisión a baja frecuencia y con modulación de señales procedentes del alfabeto escrito; es decir, con todas las caracteristicas de la transmisión telegráfica, y con lo cual, el contrato de la Compañía se convierte en patente de competencia a un servicio público monopolizado por el Estado". En concordancia con las recomendaciones de la Comisión al cumplirse los diez años de la concesión a Telefónica, y tal y como contemplaba la base duodécima de Contrato con la CTNE, se publicó el Decreto de 7 de agosto de 1934 por el que el servicio de telefonemas quedaba en manos de Correos y Telégrafos, entrando el funcionamiento a partir del 28 de agosto de 1934 bajo la denominación de telegramas por teléfono, según la Orden circular de la Dirección General de Telecomunicaciones de 17 de septiembre de 1934, en la que se estipulaban las normas por las que debía regirse el nuevo servicio. Con el fin de garantizar las comunicaciones telegráficas en aquellas localidades donde no existiese estación telegráfica y si telefónica se creó por Real Orden de 6 de febrero de 1931 el nuevo servicio de telegramas de curso mixto. Con ello Telégrafos recuperó un producto y un servicio en expansión, los telefonemas, y amplió la cobertura de su red mediante los acuerdos con Telefónica para el servicio de los telegramas de curso mixto, que le permitían llegar a aquellas localidades sin estación telegráfica. De esta forma, las 2.680 estaciones telegráficas de 1935 se complementaron con los 1.974 centros telefónicos de la CNTE de 1934, ampliando sensiblemente la cobertura de la red telegráfica a través del servicio de telegramas de curso mixto. En cualquier caso, el crecimiento de los telefonemas desde 1924 puso en evidencia la creciente competencia que las comunicaciones telegráficas registraban con el desarrollo, extensión y utilización del nuevo sistema de comunicaciones, la telefonía. El servicio telefónico conforme fue ampliando su nivel de cobertura y extendiendo su red resultó un sistema alternativo y eficaz para la transmisión de la información de manera inmediata entre dos interlocutores, quedando progresivamente relegado el servicio telegráfico para aquellas comunicaciones que además de la rapidez debían dejar constancia por escrito de su realización. Los datos así lo indican, desde 1921 se registró un descenso continuado en el número de telegramas cursados, desde los 11.102.423 telegramas interiores cursados emitidos en 1921 hasta los 6.885.533 de 1931, mientras los telefonemas pasaron de los 2.566.214 de 1925 a los 6.178.563 de 1933. Tras el paso del servicio de telefonemas a Correos y Telégrafos el tráfico telegráfico volvio a registrar un notable incremento en su volumen, alcanzando en 1935 los 8.587.860 telegramas interiores cursados, una vez eliminada la competencia de Telefónica. Con ello el servicio telegráfico debió adecuar progresivamente su existencia y razón de ser a las transformaciones que se sucedieron a lo largo del siglo XX con motivo del desarrollo de las telecomunicaciones, y la consiguiente aparición de nuevas formas y servicios de transmisión de la información, algo que no sucedió en el siglo XIX cuando apareció la telegrafía eléctrica, al ser el único sistema capaz de transmitir la información de forma prácticamente instántanea, independientemente de la distancia entre el emisor y el receptor. Los cables submarinos España participó con prontitud a la empresa del tendido de cables submarinos. El primer cable submarino español enlazó en 1859 Tarifa con Ceuta. Las redes de telegrafía submarina que unían la Península con los archipiélagos balear y canario y las posesiones del norte de Africa fueron siempre de titularidad estatal, salvo los primeros diez años del cable canario. Por el contrario, las líneas de cable submarino internacionales, que recalaban tanto en teritorio de la metrópoli como de las colonias fueron propiedad de empresas privadas o estatales extranjeras. El escaso desarrollo de la industria española hizo que la fabricación y tendido de los cables submarinos fuese realizado por empresas extranjeras, limitándose la aportación española a los sondeos previos al proyecto inicial, a la confección del pliego de condiciones y a la supervisión de la fabricación de los cables y tendido de los mismos por parte de Correos y Telégrafos.La red de telegrafía submarina estuvo orientada a solventar la secular incomunicación de los teritorios insulares, mientras que las comunicaciones submarinas con el norte de Africa respondieron al claro interés estratégico-militar de la zona. En 1900 existían 3.289,849 kilómetros de cables submarinos tendidos entre las Islas Baleares (4 cables), las Islas Canarias (4 cables) y el norte de Africa (7 cables), que en 1934 se habían elevado a 7.353,290 kilómetros, distribuidos en 9 cables con Baleares, 10 cables con Canarias y 26 cables con el norte de Africa. La Telegrafía sin Hilos en España, 1905-1970 El decreto de 21 de mayo de 1905 marcó el nacimiento de la radiotelegrafía en España, con la constitución de una Comisión mixta compuesta por los ministerios de Gobernación, Marina y Guerra, su trabajo dio como resultado la elaboración de la Ley de 26 de octubre de 1907, por la que se ponía en marcha el servicio radiotelegráfico en España, cuyas bases y reglamento quedaron establecidos en el Decreto de 24 de enero de 1908. El servicio radiotelegráfico quedó definido como un monopolio del Estado, para la explotación de todos los sistemas y aparatos de telegrafía hertziana. España se adhirió a los acuerdos de la primera conferencia internacional de radiotelegrafía, celebrada en Berlín en 1906, antes incluso de que el servicio radiotelegráfico entrase en funcionamiento.El Reglamento de 1908 estipuló la creación de una primera red de estaciones radiotelegráficas, constituida por dos estaciones de primera clase, con un alcance mínimo eficaz de 1.600 kilómetros, a situar en Cádiz y Santa Cruz de Tenerife; cinco estaciones de segunda clase, con un alcance mínimo eficaz de 400 kilómetros, en Tarifa, Menorca, Cabo de Gata, Cabo Finisterre o Villano y en Cabo de San Antonio o cabo la Nao; finalmente, se estipulaba la creación de diecisiete estaciones de tercera clase, con un alcance de 200 kilómetros. El método elegido fue el de subasta pública, a la que se presentó un único licitador, la Sociedad Española Oerlikon, a la que le fue concedida. Unos meses más tarde, el 20 de mayo de 1908, ésta cedió sus derechos a la recién creada Compañía concesionaria del servicio público español de telegrafía sin hilos. Un año después sólo había construido las estaciones de Las Palmas, Tenerife y Cádiz. El incumplimiento del contrato llevó al Gobierno a autorizar en 1911 el traspaso de la concesión a una nueva compañía, la Compañía Nacional de Telegrafía sin Hilos, que sólo fue capaz de construir diez de las veinticuatro estaciones contempladas en el Reglamento de 1908. A partir 1917 la Compañía Nacional de Telegrafía sin Hilos fue plenamente operativa, implantándose progresivamente el servicio radiotelegráfico. El año 1927 marcó un punto de inflexión en la historia de la radiotelegrafía española. La adopción de los acuerdos del nuevo Convenio Radiotelegráfico Internacional, firmado en Washington el 25 de noviembre de 1927, hizo que se pasara de una situación de monopolio del servicio a situación de oferta diversificada con la autorización de nuevas compañías concesionarias del servicio de radiotelegrafía. Desde su entrada en funcionamiento las comunicaciones radiotelegráficas fueron paulatinamente creciendo hasta alcanzar los 668.142 radiotelegramas en 1927, a pesar de este crecimiento la Compañía Nacional de Telegrafía sin Hilos atravesaba dificultades financieras, que se vieron agravadas por la apertura del servicio radiotelegráfico internacional a otras compañías, por los acuerdos contemplados en el Convenio de Washington. Ante dichas dificultades la Compañía Nacional de Telegrafía sin Hilos optó por integrarse en el Sindicato Transradio Español, que había obtenido una concesión para el establecimiento de comunicaciones radiotelegráficas internacionales el 30 de marzo de 1927. El 29 de abril de 1929 un Decreto ley rescindía el contrato de la Compañía Nacional de Telegrafía sin Hilos y transfería a Transradio Española sus instalaciones de servicio internacional y sus estaciones costeras. Además de Transradio, se concedieron nuevas concesiones a Radio Argentina SA, para las comunicaciones radiotelegráficas entre España y Argentina (Decreto-ley de 30 de marzo de 1927); Compañía Internacional Radiotelegráfica Española, para las comunicaciones entre España y Cuba (Decreto-ley de 8 de enero de 1929); Agencia Americana, para las comunicaciones entre España y Brasil (Decreto-ley de 8 de enero de 1929, esta concesión fue traspasada a la Compañía Intercontinental Radiotelegráfica Española por Real Orden de 25 de enero de 1930) y la Compañía Telefónica Nacional de España para atender el servicio radiotelegráfico internacional (Decreto-ley de 22 de noviembre de 1929). Transradio alcanzó una posición preeminente merced al control que ejercía de las patentes extranjeras de comunicaciones radiotelegráficas (de la Marconi´s Wireless Telegraph Company, de la Compagnie Générale de Télégraphie sans fils y de la Gesellschaft für Drahtlose Telegraphie, m.b.H. Telefunken) y por el traspaso de las estaciones radiotelegráficas de la Compañía Nacional de Telegrafía sin Hilos. Transradio salió vencedora en su pugna con Telefónica, al lograr la autorización para abrir nuevas estaciones, por lo que ésta última terminó por desempeñar una función marginal en el desarrollo de la radiotelegrafía española. Al concluir en 1934 el plazo de la concesión otorgada en 1911 para la explotación de las estaciones radiotelegráficas costeras, de la que disfrutaba Transradio, una Orden ministerial de 21 de marzo de 1934 estipuló su reversión al Estado, sin embargo las dificultades presupuestarias hicieron que el Estado optase finalmente por mantener su explotación en manos de Transradio. Salvo la limitada actividad de Radio Argentina, constreñida a las comunicaciones radiotelegráficas entre España y Argentina, Transradio se hizo con el control hegemónico de las comunicaciones radiotelegráficas españolas. En 1931 había dejado de operar la Agencia Americana y el 8 de marzo de 1932 quedó rescindida la concesión de la Compañía Intercontinental. En 1934 de los 712.920 radiotelegramas cursados, 619.124 correspondieron a Transradio y sólo 57.316 a Radio Argentina. Aunque el Informe de la Comisión de Revisión de concesiones de Servicios de Telecomunicación de 1933, proponía "declarar nulas las dos concesiones citadas [se refiere a Transradio y Radio Argentina] y rescatar para el Estado todas las instalaciones..." la situación permaneció inalterable hasta 1961, manteniendo Transradio la clara posición de dominio en el servicio radiotelegráfico español. El 30 de noviembre de 1961 un Decreto de la Presidencia del Gobierno encomendó al Instituto Nacional de Industria la creación de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL), que comenzó a operar el 30 de noviembre de 1962, integrando las actividades de las distintas empresas de radiotelegrafía en una sola empresa de titularidad estatal. Las empresas fusionadas fueron Transradio Española, la Compañía Internacional de Radio Española, los Servicios de Telecomunicaciones en la Región Ecuatorial y determinados servicios de la empresa Torres Quevedo. En dicho Decreto quedaron asignados a Correos y Telégrafos los servicios costeros y portuarios de radiotelegrafía. Por el Decreto de 21 de diciembre de 1970 el Instituto Nacional de Industria (INI), de quien dependía orgánicamente ENTEL, transfirió la totalidad de las acciones de la misma a Telefónica. En el artículo 3 del mencionado Decreto, se otorgó a la CTNE la "concesión del derecho a explotar los servicios costeros y portuarios actualmente prestados por la Dirección General de Correos y Telecomunicación". Con ello concluyó el corto lapso de tiempo en el que el Servicio de Telégrafos participó directamente en la explotación de los servicios radiotelegráficos costeros y portuarios, en sus manos desde la creación de ENTEL en 1961 y hasta la adquisición de ésta última por Teléfonica en 1970. La telegrafía durante la segunda mitad del siglo XX La guerra civil provocó una importante destrucción de la red telegráfica española, de los 53.381 kilómetros de líneas telegráficas existentes en 1935 se paso a los 40.224 kilómetros de 1940, una pérdida de 13.157 kilómetros (el 24,65 por ciento de la red), en cables conductores se pasó de los 147.787 kilómetros de 1935 a los 129.745 kilómetros de 1940 (el 12,21 por ciento) y en oficinas telegráficas de las 2.680 de 1935 a las 1.941 de 1940 (el 27,58 por ciento). Las destrucciones de la red telegráfica y las dificultades de la posguerra dieron lugar a una importante reducción del tráfico telegráfico. Los 8.587.860 telegramas interiores cursados en 1935 se redujeron a 6.151.734 en 1940, una disminución del 28,37 por ciento del tráfico telegráfico interior.Una vez solventadas las dificultades de la larga posguerra, la creciente competencia de los nuevos servicios de telecomunicación, en primer lugar la telefonía, actuó en contra de la red telegráfica y del servicio telegráfico en general. Otras formas de comunicación vinieron a sustituir progresivamente las funciones que tradicionalmente había desempeñado la telegrafía. Desde el punto de vista de los particulares el telegrama fue perdiendo importancia conforme la red telefónica fue extendiéndose a lo largo y ancho del país. A medida que aumentaba el número de teléfonos per cápita, las comunicaciones telegráficas fueron cediendo terreno a las comunicaciones telefónicas entre particulares. Esta pérdida de importancia relativa de las comunicaciones telegráficas se proyectó en la política inversora del Estado, que prácticamente paralizó la extensión de la red y congeló o ralentizó, en el mejor de los casos, la modernización de una red que ya a la altura de los años treinta mostraba claros síntomas de madurez cuando no de obsolescencia. En 1975 la extensión del tendido de la red telegráfica española alcanzaba los 36.675 kilómetros, mientras que los cables conductores alcanzaban los 153.379 kilómetros. Bien es cierto que la implantación de los sistemas multiplexores permitieron incrementar el volumen del tráfico telegráfico por hilo de cobre conductor. Por otra parte, la utilización de los sistemas de radioenlace y las comunicaciones por satélite se ofrecieron como una alternativa a la tradicional red de cable telegráfico. Pero la implantación de estos sistemas fue tardía en el tiempo y asistemática, de manera que cuando se implantaron los nuevos sistemas las comunicaciones telegráficas habían perdido la importancia social de que antaño gozaron. La nacionalización de la Telefónica en 1945 jugó en contra del sistema telegráfico español, pues si bien se pudo pensar en la complementariedad de las redes de Telégrafos y Telefónica para el desarrollo del sistema de telecomunicaciones español, la realidad fue otra. Ambas siguieron por caminos separados y divergentes, monopolizando Telefónica los nuevos servicios de telecomunicación, por lo que los sistemas de radioenlace y sobre todo las comunicaciones por satélite de Correos y Telégrafos quedaron limitadas al desarrollo de las comunicaciones internas y para el tradicional servicio telegráfico. En sentido estricto, las únicas innovaciones significativas producidas en la segunda mitad del siglo XX en la red telegráfica española fueron la introducción del servicio Télex y del sistema Géntex. Coincidiendo con la celebración del centenario de la telegrafía eléctrica en España, en 1955 se celebró el Primer Congreso Nacional de Ingenieros de Telecomunicación, en el que se planteo en sus conclusiones finales la creación de un Instituto Nacional de Telecomunicación y la ordenación de una Red Nacional de Telecomunicación. Con ello se apuntaba la posibilidad, que finalmente no llego a hacerse efectiva, de la integración o desarrollo complementario de las redes telegráfica y telefónica españolas, que hubieran permitido modernizar sensiblemente la telegrafía incorporándola al mundo de los nuevos servicios de telecomunicación, protagonizados por la telefonía. La Memoria de 1954 de la Dirección General de Correos y Telecomunicaciones nos permite realizar un análisis comparativo de las redes telegráfica y telefónica españolas. En 1954 la longitud de las líneas telegráficas era de 41.651 kilómetros, y la de cables conductores 139.854 kilómetros, con 2.139 estaciones telegráficas; la red telefónica disponía de 33.752 kilómetros de líneas de postes, pero la distancia se tornaba abismal en cuanto a la capacidad de conducción de sus líneas, al ser considerablemente más moderna su red con la utilización de cables multipolares, circuitos fantasmas y los nuevos sistemas en alta frecuencia. Con ello Telefónica conseguía un desarrollo de 656.351 kilómetros de circuitos telefónicos, a lo que había que añadir los 17.265 kilómetros de circuitos telegráficos para el servicio de teletipos de la CTNE (frente a los 139.854 kilómetros de la red telegráfica). En esos momentos Telefónica había iniciado la implantación del cable coaxial, que multiplicaba considerablemente el número de circuitos disponibles, en la línea Madrid-Barcelona, a la vez que había comenzado la puesta en servicio de los primeros radioenlaces, que evitaban las líneas de postes y las canalizaciones. Al cumplirse el centenario de la telegrafía eléctrica el equipamiento de la red telegráfica todavía arrastraba una considerable obsolescencia. En 1955 de los 3.301 aparatos de que disponía la red, 1.699 eran aparatos morse, 22 hughes, 165 baudot y 1.210 teletipos y 5 creed rápidos (en 1940 había 422 teletipos). Veinte años después, en 1975 habían desaparecido los hughes y los baudot, y de los 6.076 aparatos de la red telegráfica 1.400 eran aparatos morse y 4.676 eran teletipos. La lenta modernización de la red telegráfica se realizó, amén de por la progresiva implantación de los teletipos en las estaciones telegráficas de mayor tráfico, por la implantación de los servicios télex y géntex, así como por el establecimiento de sistemas de radioenlace, que permitían las comunicaciones telegráficas a través de transmisiones hertzianas, eliminando la conducción por cable. El sistema Télex (Teleprinting-Exchange) fue implantado por Decreto de 14 de diciembre de 1951, en cuyo artículo segundo se decía "se entenderá por servicio "Telex" el conjunto de estaciones particulares de abonados al Telégrafo para comunicar directamente entre sí por medio de teletipográfos y a través de una central de conmutación en las condiciones que define el Reglamento aprobado por el Comité Consultivo Internacional de las Telecomunicaciones en su reunión de Bruselas de mil novecientos cuarenta y ocho". La implantación del nuevo servicio fue lenta y, por sus propias características, estaba dirigido al mundo empresarial y periodístico. El Télex exigía para su funcionamiento la instalación de centrales de conmutación y de circuitos de alta frecuencia. La primera central de conmutación para el servicio Télex se instaló en Madrid y se establecieron dos circuitos de alta frecuencia, con Irún y Badajoz para enlazar respectivamente con Francia y Portugal. El servicio con Francia y Alemania se inauguró el 8 de febrero de 1954, mediante circuitos directos a París y Frankfurt del Main, el 17 de febrero se abrió el servicio con Portugal, por circuitos directos Madrid-Lisboa, extendiéndose las comunicaciones por Télex a Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Gran Bretaña, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Suecia, Suiza, Estados Unidos, Congo belga y Túnez a través de las posiciones de París y Frankfurt del Main al no disponer en 1954 de circuitos directos. En ese año el servicio Télex disponía de una Central-télex automática en Madrid, tipo Siemens TW 39, y de una posición internacional. La centralita de posición internacional tenía una capacidad para cien abonados, pero sólo contaba con 18 en el momento de su inauguración. En 1955 las líneas a Francia y Portugal se completaron a 18 canales telegráficos. En 1956 se extendió el servicio télex a Barcelona y Bilbao. El despegue del Télex fue lento, el tráfico de salida y llegada valorado en minutos tasados pasó de los 86.607 minutos de 1954 a los 682.802 minutos de 1960. Hasta 1958 sólo existió la central de Télex de Madrid, en ese año el número se elevó a 4 y el número de abonados a 120. En 1960 entraron en funcionamiento las centrales automáticas para el servicio télex de Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife y una de veinte abonados en Oviedo, a la vez que se realizaban ampliaciones de cuarenta abonados en las centrales télex de Madrid, Barcelona y Valencia y se instalaban dos posiciones internacionales en Madrid y una en Barcelona para mejorar las comunicaciones télex con el extranjero, y un canal más de la conexión con Hamburgo. El desarrollo del servicio Télex redundó en la mejora y modernización de la red telegráfica, al instalarse sistemas de alta frecuencia, imprescindibles para los circuitos Télex. Las comunicaciones telegráficas clásicas mejoraron favorecidas por la sustitución de los viejos aparatos de telegrafía por los más modernos teleimpresores, aumentando la capacidad de tráfico de la red telegráfica. Para ello se puso en marcha un plan de actuación destinado a dotar a las principales líneas de la red telegráfica de los equipos apropiados de portadoras y armónicas, que hacian posible las comunicaciones en multiplex. En 1964 la capacidad de los equipos de explotación multiplex en servicio permitían 1.040 canales telegráficos dúplex, de los cuales 880 canales eran utilizados por los servicios de telegrafía punto a punto, automática pública (Red Géntex) y Télex nacional, y los 160 canales restantes estaban destinados al servicio Télex internacional. En 1964 entró en funcionamiento la red Géntex (General Telegraph Exchange), a través del Plan de automatización del servicio telegráfico público (Géntex) y ampliación del servicio télex, mediante 14 centrales de conmutación automática situadas en las principales ciudades y con capacidad para 332 puestos de operación distribuidos en 57 estaciones-centro. La red Géntex perseguía la automatización del servicio telegráfico público, mediante un sistema por el que las centrales telegráficas automáticas transmitían directamente sus telegramas por medio de teleimpresores, utilizando comunicaciones telegráficas internacionales seleccionadas automáticamente para la canalización y tránsito telegráfico. Dentro del I Plan de Desarrollo Económico y Social de 1964, se contempló un Proyecto de ampliación de los Servicios de Telecomunicación. Su aprobación y ejecución representó un significativo avance en el proceso de modernización de la anticuada red telegráfica española. A la finalización del I Plan de Desarrollo, en 1968, la red telegráfica disponía de 73 centros de conmutación telegráfica automática, que daban cobertura a quince redes telegráficas de conmutación totalmente independientes y otros tantos servicios simultáneos, dos de ellos correspondientes a los servicios Télex y Géntex. Tres de estos centros de conmutación constituían las tres grandes centrales de tránsito para el servicio internacional, instalados en Madrid, Barcelona y Bilbao que facilitaban automáticamente, las veinticuatro horas del día y en fracciones de segundo, el envío de telegramas, a través de las redes Télex y Géntex, desde cualquier capital de provincia a todas las capitales del mundo en conexión con las redes internacionales existentes. La capacidad de transmisión de esos tres centros de conmutación telegráfica automática era de cerca de 1.000 mensajes simultáneos. Para los servicios Télex y Géntex internacionales, las tres centrales estaban dotadas de un equipo Toll-Ticketing, en el que las perforadoras automáticas producían fichas en las que quedaban registrados todos los datos relativos al mensaje cursado, número de abonado, vía, hora y minuto de la llamada, duración del mensaje, tasación por el servicio y valor total del mensaje, además de otros datos referidos al tráfico, que permitían cubrir de forma totalmente automática el 90 por ciento del tráfico Télex y Géntex internacional; el 10 por ciento restante se realizaba desde las posiciones manuales de tránsito internacional instaladas en Madrid. En 1968 existían seis grandes centrales de conmutación automática regionales, que canalizaban el tránsito telegráfico, instaladas en Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia, Sevilla y La Coruña, unida cada una de ellas con las cinco restantes, contituían una red poligonal que se encargaba de recibir, canalizar y transmitir los mensajes enviados desde las centrales telegráficas terminales. Los 64 equipos restantes constituían otras tantas tantas centrales de conmutación automática distribuidas entre las principales localidades de la geografía española. Con ello la red telegráfica española renovó y modernizó sus instalaciones, dando lugar a una densa red de malla con un desarrollo de 141.996 kilómetros en 1968, explotada por sistemas de telegrafía múltiplex, con una capacidad de alrededor del millón de canales/kilómetro, que permitían a las centrales de conmutación automática unos 3.500 canales telegráficos dúplex, de los cuales, 2.750 eran utilizados para otros tantos enlaces para atender los servicios Télex y Géntex nacionales y, el resto, unos 750 canales, estaban destinados a cubrir las necesidades de los servicios Télex y Géntex internacional. En 1968 la red télex disponía de 63 centrales y 4.405 abonados, y enlazaba con 116 países; mientras el servicio Géntex enlazaba 63 poblaciones, que absorbía el 60 por ciento del tráfico telegráfico público. De los 20.786.000 telegramas expedidos (incluidos telegramas interiores, radiotelegramas interiores, telegramas internacionales, radiotelegramas internacionales, giros telegráficos, telegramas oficiales y telegramas de servicio), 12.526.000 fueron cursados por la red Géntex, el resto lo hicieron a través de comunicaciones telegráficas punto a punto. Conforme el servicio Géntex fue desarrollándose el tráfico telegráfico de escala fue disminuyendo, puesto que las centrales Géntex canalizaban directamente el tráfico hacia su punto de destino, siempre y cuando este dispusiera de una central de conmutación automática de la red Géntex. En 1985 el número de oficinas integradas en la red Géntex era de 1.020, en ese año la longitud de la red telegráfica era de 22.020 kilómetros y la longitud del desarrollo de los conductores alcanzaba la cifra de 133.465,2 kilómetros. El tráfico telegráfico interior a lo largo de la segunda mitad del siglo XX se estabilizó en torno a los 10 millones de telegramas expedidos. Dos fueron las grandes razones que explican el estancamiento del tráfico telegráfico a partir del decenio de 1960, de una parte la aparición y desarrollo del servicio télex hizo que los grandes usuarios, empresas, bancos y medios de comunicación encauzaran su tráfico telegráfico a través del télex, de otra, el desarrollo de la red telefónica a partir de esos años hizo que, conforme el número de hogares con teléfono se incrementaba, disminuyese la utilización particular del telegrama, quedando este progresivamente restringido para las comunicaciones en las que por alguna razón se requiriese la certificación oficial de la información transmitida. Lo mismo ocurrió con el giro telegráfico, conforme la red bancaria fue ampliando su red de sucursales y los comportamientos de la sociedad española fueron modernizándose a lo largo del decenio de los años sesenta, el recurso al giro telegráfico para la transferencia de cantidades monetarias fue disminuyendo, quedando estabilizado en torno a los 4 millones de giros telegráficos anuales. Recordemos algunas cifras, en 1935 el volumen del tráfico telegráfico alcanzó los 11.350.311 telegramas (servicio interior, servicio internacional y tránsito internacional) y el número de giros telegráficos alcanzó los 3.532.367. La guerra civil conllevó una contracción del tráfico telegráfico, así en 1940 el tráfico telegráfico se redujo a los 6.542.124 telegramas. Hasta 1942 no se alcanzaron los niveles de preguerra, con 11.471.404 telegramas. Unos años después, en 1947, se registró su punto máximo con 18.344.573 telegramas; mientras, el giro telegráfico alcanzó su máximo en 1954 con 7.422.566 giros expedidos, iniciando ambos una sostenida senda descendente desde entonces. En 1975 los telegramas fueron 16.426.000, y los giros telegráficos 3.972.892. En 1999 el número de telegramas se situó en 8.814.000 y el giro telegráfico en 1.680.000. El servicio télex mantuvo un crecimiento sostenido hasta 1987. De los 4.405 abonados de 1968 y los 11.161.000 de minutos tasados se pasó en 1975 a 12.020 abonados y 54.808.000 minutos tasados, alcanzándose en 1987 el máximo en la utilización del servicio con 41.956 abonados y 120.758.000 minutos tasados. Desde entonces el servicio Télex no hizo sino disminuir, debido a la creciente competencia de las comunicaciones por fax y al desarrollo de la redes de transmisión de datos de la CTNE, puestas en marcha en 1971 con la red RSAN, que posteriormente desembocó en la red IBERPAC en sus distintas modalidades, en 1987 se introdujo la red IBERPAC X-25. En 1997 el número de abonados al servicio Télex había disminuido a 3.568, y el número de minutos tasados a 7.281.000, un año después, en 1998, la disminución del tráfico télex continuó de forma acelerada, registrándose sólo 5.360.000 minutos tasados. En 1980 quedó asignada a Correos y Telégrafos la gestión del Servicio Público de Conmutación de Mensajes (SPCM), un servicio de carácter complementario al Télex. Una trayectoria similar a la recorrida por el servicio Télex registró el SPCM, desde 1988 en el que alcanzó su máximo histórico, con 164 abonados y 1.911 terminales, no hizo sino disminuir hasta su total desaparición en 1996. El crecimiento del sistema télex y el desarrollo del SPCM explican en cierta medida la reducción del tráfico telégrafico registrada desde finales de los años sesenta del siglo XX, amén de la creciente y sostenida competencia de los nuevos servicios de telecomunicación asociados al desarrollo de la telefonía. En el año 2000 la red telegráfica española utilizaba como sistemas de transmisión las tradicionales líneas de tendido de cable telegráfico (tanto aéreo como subterráneo), aunque ya de una forma marginal, otros sistemas de transmisión eran los radioenlaces, la fibra óptica y los VSAT (comunicaciones por satélite utilizando el sistema Hispasat), asimismo para la transmisión de los telegramas se utilizaban las comunicaciones por teléfono, mediante un convenio suscrito con la CTNE. En el año 2000 estaba en fase de ensayo e instalación el sistema X-400, que permite las transmisiones telegráficas mediante terminales informáticos conectados a las redes telefónicas. Todos estos sistemas de comunicaciones quedaron integrados en la nueva unidad de negocio de Correos y Telégrafos, Postal Telecom, por la que quedaban enlazadas las 1.785 oficinas. De ellas 423 mediante enlaces VSAT, 159 por radioenlaces, y las 785 restantes mediante redes telefónicas. Al finalizar el siglo XX la telegrafía había dejado de ser, como consecuencia del desarrollo y socialización del servicio telefónico acaecido durante la segunda mitad del siglo XX y de la revolución de las telecomunicaciones registrada en el último tercio del mismo, el sistema de comunicaciones más rápido y eficiente que desde su introducción en 1855 había desempeñado durante cerca de un siglo. La progresiva expansión del servicio telefónico en España, acelerada a partir del decenio de los sesenta, la aparición de nuevos sistemas de comunicación a través de las redes de telefonía, como el fax y las redes de transmisión de datos, a partir de los años setenta, y ya en el decenio de los noventa la expansión de Internet y consecuentemente el desarrollo del correo electrónico, disminuyeron la importancia de las comunicaciones telegráficas, manifestada en la sostenida reducción del tráfico telegráfico. La modernización de la red y del servicio telegráfico iniciada en el decenio de los sesenta, a partir de la aprobación y puesta en marcha del I Plan de Desarrollo en 1964, con el desarrollo del servicio Télex y la red Géntex y, posteriormente, de las comunicaciones por radioenlace, fibra óptica y por satélite no pudieron impedir esta pérdida de importancia de las comunicaciones telegráficas. Ello no significó, sin embargo, la desaparición de las comunicaciones telegráficas, simplemente la telegrafía se vio obligada a convivir con otros sistemas de Telecomunicación y tuvo que adaptarse a las nuevas demandas y servicios que la naciente sociedad de la información introdujo en los últimos decenios del siglo XX, reacomodando sus servicios, sus usos sociales y la oferta de sus productos. A pesar de ello, en la era de Internet y del correo electrónico la telegrafía todavía prestaba un servicio del que la sociedad no ha podido prescindir, eso sí con funciones más limitadas a las desempeñadas en épocas anteriores, en las que no existía la competencia de los nuevos servicios y productos introducidos con el desarrollo y expansión de la revolución de las telecomunicaciones. |