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LA SOJA EN PEDIATRÍA

Últimamente se ha incrementado el consumo de soja en occidente debido al conocimiento de sus efectos beneficiosos. En este artículo se ponen de manifiesto sus indicaciones en la población infantil.


El consumo de soja en occidente ha aumentado en los últimos años debido a su actividad protectora frente a algunas enfermedades como la diabetes, algunos cánceres dependientes de hormonas o enfermedades del corazón. En países asiáticos se ha demostrado que estas patologías tienen menor incidencia, debido a que tradicionalmente se emplean derivados de soja en la alimentación oriental, como aceite, harina, salsas, bebidas, cuajadas, quesos, leche…

La soja es una legumbre rica en fibra, con una proteína de buena calidad, que contiene un compuesto con actividad estrogénica. Además tiene acción antioxidante, entre otras.

En este artículo se presta especial atención a la leche de soja, ya que, tomando como referencia la alimentación infantil en oriente, en la que ésta sustituye a la leche de vaca, se ha tomado como complemento en enfermedades infantiles tales como la alergia a la leche de vaca o alteraciones de la nutrición. No obstante, su uso está muy regulado.

La alergia a la leche de vaca  afecta al 2-5% de los lactantes y suele desaparecer a los 3 o 4 años. Se trata de una intolerancia la las proteínas de la leche. El empleo de leche de soja en lugar de leche de vaca en estos niños ha dado como resultado un crecimiento, maduración y composición corporal similares a la de aquellos niños alimentados con leche de vaca. No obstante, hoy en día existen derivados de la leche de vaca que no contienen las proteínas que provocan la alergia, lo que es muy beneficioso para aquellos que también se han sensibilizado a los productos de soja, es decir, que también han desarrollado alergia a dichos productos.

Otros casos en los que está indicado el uso de derivados de soja en la edad infantil son: la intolerancia a la lactosa; la galactosemia; los regímenes vegetarianos estrictos, en parte por las carencias crónicas de la madre; otras dietas no convencionales como, por ejemplo, la macrobiótica; la rehabilitación nutricional en la anorexia nerviosa, por su influencia en el equilibrio nutricional en el aporte energético y proteico y en la restauración del equilibrio hormonal y óseo; y en la obesidad, en la que facilita la restricción calórica y corrige las alteraciones metabólicas responsables de esta enfermedad.


FUENTE:

Revista Española de Pediatría 2006;62(6):466-472

M. Hernández Rodríguez


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