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RIESGO DE HEMORRAGIA INTRACRANEAL COMPARANDO LA TERAPIA TROMBOLÍTICA EN BOLOS O INFUSIÓN CONTINUA El artículo pretende resolver mediante un meta-análisis la sospecha de que la terapia trombolítica en bolos incrementaba el riesgo de hemorragia intracraneal frente a la infusión que se venía realizando clásicamente. |
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Aunque la terapia trombolítica es un tratamiento del infarto agudo de miocardio hay un riego de mortalidad asociada al tratamiento que se extiende a los 30 días posteriores. Parece ser que la terapia en bolos tiene un periodo de acción similar a la técnica de infusión continua y que no incrementa el riesgo de hemorragias debidas al tratamiento, aunque ciertos estudios orientaban hacia un leve, pero clínicamente significativo aumento de las hemorragias intracraneales. Aunque la terapia trombolítica en bolos parece ser tan efectiva como la infusión en 60-90 min. no se han hecho estudios determinantes para valorar la seguridad entre ambas terapias. Este artículo presenta un meta-análisis para averiguar si hay un incremento de hemorragias intracraneales asociada a alguna de las dos alternativas terapéuticas presentadas. Se incluyeron a 103972 pacientes de varios estudios, y se vio que la terapia con bolos se asociaba a un incremento de riesgo de hemorragia intracraneal comparada con la infusión de la terapia trombolítica ( 0,8% versus 0,6%). El incremento de riesgo ya era evidente comparando el mismo fármaco administrado por una u otra vía, pero esta diferencia se vio remarcada utilizando la nueva generación de fármacos en bolos con el tratamiento estándar en infusión continua. El riesgo de infarto no hemorrágico o reinfarto no presentaba diferencias entre ambas opciones terapéuticas. Como conclusión obtenemos que el incremento de riesgo asociado a la terapia trombolítica en bolos parece asociarse al método de administración mas que a las propiedades del fármaco. Este incremento de riesgo es pequeño pero debe ser valorado individualmente por los médicos y con la opinión del paciente. FUENTE: Shamir R. Mehta et al. The Lancet, Vol 356, August 5, 2000. |
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