| Philosophie
und Sozialwissenschaften - Philosophy and
Social Sciences - Philosophie des Sciences
Sociales |
0.GÉNESIS DE LA ESCUELA DE FRANKFURT
(A comienzos de los 70.) en
Francia e Italia el periodo de la postguerra ha visto aparecer nuevas
escuelas del pensamiento marxista (Althusser,
Della volpe). Por otra parte, en los países
de habla germana existe una total continuidad
de los años de la preguerra. Los veteranos Lukács
y Bloch todavía siguen activos e influyentes,
pero el centro de la escena lo ocupa firmemente el grupo de teóricos
conocidos actualmente como “Escuela de Frankfurt”. Además, mientras
que la uinfluencia del marxismo italiano y
francés más reciente ha quedado completamente confinado a sus respectivos países de origen,
las ideas de la E.F. se han difundido ampliamente. En primer lugar, gracias
a la emigración de los componentes del grupo a EE.UU. en los años
30. Y, en los últimos años (finales de los 60.), al resto
del mundo.
En realidad (por aquella época) uno de los miembros más
eminentes de la Escuela, HerbertMarcuse, se convirtió en uno de los últimos
fantasmas de la burguesía. La Influencia de Marcuse, naturalmente, no es tan grande como sugiere
el mito que representara. Sin embargo, en Norteamérica e Italia
por lo menos, el movimiento estudiantil estuvo realmente más influenciado
por el pensamiento de Marcuse que por el de
cualquier otro marxista vivo. En Alemania (por aquella época) la
socialdemocracia no había llegado a emanciparte intelectualmente
de la influencia de Frankfurt, a pesar del hecho de que la mayoría
de los miembros de la Escuela que enseñaban en Alemania la censuraron
a menudo en términos muy violentos. En Francia, además, donde
se echaba de menos la influencia de la Escuela hasta que aparecieron gran
número de traductores a raíz de los acontecimientos de 1968,
los militantes universitarios relacionados con tales acontecimientos han
reproducido muy a menudo y de forma espontánea las ideas de Frankfurt
en sus propias teorías e ideologías.
Tal tenacidad por parte de la E.F. y el resurgimiento de sus ideas
en una situación tan distinta de la de sus orígenes (la
Alemania de 1930) es verdaderamente notable. (Las reflexiones que, a partir
de ahora hagamos) intentan resumir y analizar las bases de dichas ideas
y explicar las causas de su resurgimiento.
La E. F. toma su nombre del Institut für Sozialforschung
(Instituto para la Investigación Social) creado en Frankfurt
a.M. en 1932. El primer director
fue el historiador Carl Grünberg y el Instituto siguió publicando
su revista, Archiv für die
Geschichte des Sozialismus
und der Arbeiterbewegung, generalmente conocida con el
nombre de Grünberg Archiv. Al mismo tiempo que realizaba
investigación académica acerca de la historia del movimiento
obrero, el Grünberg Archiv publicaba también
importantes trabajos de KarlKorch, Georg Lukács y David Riazanov,
director del Instituto Marx-Engels de Moscú. La revista de la E.F. Zeitschrift für Sozailforschung
fue una continuación del Grünberg Archiv.
Los objetivos del Instituto en los años anteriores a 1930 están
reflejados en los libros producidos bajo su dirección: p.e. Henryk Grossman: Das Akkumulations-
und Zusammenbruchsgesetz
des kapitalistischen Systems (La ley de acumulación y la
caída del sistema capitalista); FriedrichPollock: Die planwirtschaftlichen Versuche in der Sowjetunion (Experimentos sobre economía
planificada en la Unión Soviética) y un trabajo colectivo,
Studien zur Geschichte der deutschen Sozialdemokratie (Estudios sobre la historia de
la Social-Democracia Alemana).
Un joven filósofo de izquierdas, Max
Horkheimer, fue el director de este Instituto
en 1930 y a partir de 1933 continuó dirigiéndolo desde el
exilio, primero en Francia y más tarde en los Estados Unidos, hasta
su cluasuramusicólo
TheodorWiesengrund-Adorno
y un exalumno de Heidegger,
Herbert Marcuse.
Friedrich Pollock,
Leo Löwenthal, Franz
Neumann y Erich
Fromm estuvieron muy unidos al Instituto en
los años treinta, al igual que Walter Benjamin, aunque éste
de una forma más distante.
Después de la guerra, Marcuse permaneció
en los EE.UU., mientras que Horkheimer y Adorno
volvieron a la Alemania Occidental, restableciendo en 1950 el Instituto
de Frankfurt. Allí encontraron nuevos adeptos, entre los que contaban
los notables filósofos Aldrid Schmidt y Jürgen
Habermas. Los miembros básicos de la
Escuela son Horkheimer, Adorno y Marcuse. Algunos de los fundadores murieron durante
la guerra y otros se marcharon (p. E. Fromm),
mientras que los más jóvenes colaboraron sólo durante
unos años.
Nos centraremos, pues, en estas tres figuras
Tanto Adorno como Marcuse han reeditado
sus principales ensayos de los años treinta. Véase [KT]
MaxHorkheimer: Kritische Theorie I-II (Frankfurt 1968) y [KG] Herbert Marcuse. Kultur und Gesellschaft I-II
(Frankfurt 1965). Algunos de los ensayos de KG se han traducido al inglés
como [N] Negations (Nueva
York y Londres 1969).
1. TEORÍA CRÍTICA vs TEORÍA TRADICIONAL
La denominación “Escuela de Frankfurt” no fue la escogida por
sus miembros, sino que les fue aplicada por los demás. Los miembros
del grupo prefirieron que su obra tomara el nombre de lo que ellos consideraban
su programa teórico: teoría crítica.
Un examen de lo que ellos y particularmente Horkeimer,
autor del concepto, quisieron significar con la teoría crítica,
sirve de introducción adecuada al conunto
de la obra.El término teoría crítica
no aparece en los primeros números de la revista Zeitschrift für Sozialforschung
del Instituto. En ves de este término se utilizó el de materialismo. El de teoría crítica
se discutió por vez primera en un artículo de Horkheimer publicado en 1937 en la revista del Instituto
bajo el título de “Teoría tradicional y teoría crítica”
(Tradizionelle und Kritische
Theorie, ZfS,
1937/2). Adorno explica, treinta años más tarde, que la
formulación de Horkheimer “teoría
crítica” no constituye un intento parfa
que se acepte el materialismo, sino que trata de traerlo a una autoconciencia
teórica (v. (1966): Negative Dialektik, p. 195), lo cual es
muy plausible, porque la sustitución de un término más
vago por el de materialismo histórico va acompñada
de una considerable radicalización de la posición de Horkheimer. En realidad, la teoría crítica
deriva de la descripción convencional del marxismo, como crítica
de la economía política.
Trataré de situar y sistematizar la teoría crítica
en tres aspectos: sus relaciones con la teoría tradicional, con
la ciencia y con la política.
La línea divisoria básica entre teoría tradicional
y crítica, según la concepción de Horkheimer, está determinada por la ayuda
aportada por la teoría al proceso de reproducción social
o, por el contrario, por el resultado subversivo de tal ayuda en dicho proceso.
La teoría tradicional está incluida firmemente en los procesos
de trabajo especializados, por medio de los cuales se reproduce la sociedad
existente.
“Organiza la experiencia basándose en los problemas surgidos
de la reproducción de la vida dentro de la sociedad actual” (Philosophie und Kritische Theorie, KT II, p. 192)
La división del trabajo que hoy día prevalece, los puntos
de vista personales del científico y sus esfuerzos para conseguir
una ciencia libre tienen tan poco significado en la realidad como los
puntos de vista del empresario frente a una empresa libre. A ambos les
son asignados determinados papeles en el proceso de reproducción
social:
“La aparente independencia de los procesos de trabajo, cuyos movimientos
debieran derivar de la esencia más profunda de su objeto, corresponde
a la aparente libertad del sujeto económico en la sociedad burguesa.
Cree que actúa según sus decisiones particulares, mientras
que incluso sus cálculos más complejos sólo son exponentes
de un oscuro mecanismo social” (KT II, p. 146)
Por otra parte, la teoría crítica constituyó
para Korkheimer una crítica inmanente
de la propia sociedad existente. Ella fue la encargada de sacar a la luz
las contradicciones básicas de la sociedad capitalista, colocándola
fuera de los mecanismos de su reproducción y de los límites
de la habitual división del trabajo.
Existe en la actualidad una actitud del hombre, según la cual
se toma a la sociedad en sí misma como su objeto. No va dirigida
simplemente hacia una transferencia de los abusos particulares, ya que
éstos van necesariamente unidos al cambio total de la estructura
social. Aunque esta actitud sea resultado de la estructura social, lo único
que interesa de su intención consciente o de su significado objetivo
es que cualquier parte de esta estructura funcione mejor que antes” (KT
II, pp. 155 ss)
Las intenciones de tal actitud crítica “van más allá
de la praxis social corriente” (KT II, p. 158). Originariamente, la teoría
critica es una prise de position
(Haltung) y sólo
secundariamente una teoría de tipo específico. “En conjunto,
su oposición al concepto tradicional de teoría, deriva más
de una diferencia de sujetos que de una diferencia de objetos. A medida
que surgen del trabajo en sociedad, los hechos no son tan ajenos a quienes
mantienen tal actitud como lo son a los académicos (Gelehrte) o a los miembros de otras
profesiones que piensan como académicos de poca monta"”(ibid.). El teórico
crítico es “el teórico a quien sólo importa acelerar
un desarrollo que conduce a una sociedad sin explotación”. (KT II,
p. 170)
Por consiguiente, el contenido de la teoría crítica
estuvo esencialmente indeterminado:
“No existe un criterio general para la teoría crítica
considerada en conjunto, ya que tal criterio depende siempre de una repetición
de acontecimientos, y aún así, de una totalidad autoreproductora ... A pesar de toda su percepción
en el comportamiento del individuo y de la conformidad de sus elementos
con los de las teorías tradicionales más avanzadas, la teoría
crítica no cuenta con ningún precedente específico
en sí misma, aparte del interés inherente a la supresión
de la dominación de clases” (KT II, p.
190)
Las únicas propiedades de la teoría crítica son
una actitud política y un lugar en la historia de la filosofía
considerada como un reflejo del desarrollo social:
“El juicio categórico es típico de una sociedad preburguesa: esto es como es y el hombre no puede
cambiarlo en absoluto. Las formas de juicios hipotéticas y disyuntivas
pertenecen al mundo burguës de una manera
especial: tal efecto puede producirse en unas condiciones determinadas,
oes así o de otra forma. La teoría
crítica lo aclara: no debería ser así, los hombres
podrían cambiar la existencia, dado que las condiciones para hacerlo
ya existen” (KT II, p. 175 s)
2. LA HERENCIA DEL IDEALISMO CLÁSICO
pp. 13 - 18
3. LA REDUCCIÓN A LA FILOSOFÍA
En otro sentido y de acuerdo con este texto programático, la
teoría crítica, más que una teoría específica,
es el aspecto intelectual de una práctica política. “La
vocación (del teórico crítico) es la lucha a que
están sujetas sus ideas, que no están consideradas como
algo independiente y resultante de tal lucha” (KT II, p. 165). La concepción
programática de Horkheimer
“Estos puntos de vista que (la teoría crítica) toma
como meta de la actividad humana para su análisis
histórico, y sobre todo la idea de una organización social
racional que corresponda a la aspiración general (Allgemeinheit), son inmanentes a
la actividad humana, sin estar presentes en los individuos o en la opinión
pública de una forma correcta. Es la propiedad de un interés
específico para experimentar y percibir tales tendencias. La teoría
de Marx y Engels
afirma que así ocurrirá en el proletariado”.
Sin embargo, como sugiere la última frase, Horkheimer no está del todo seguro de que
así sea: “Porque en esta sociedad la situación del proletariado
no ofrece ninguna garantía de conocimiento correcta ... La diferenciación de su estructura
social promovida desde arriba y la oposición entre los intereses
personales y de clase, que sólo se vence en el mejor de los casos,
impide que este estado de conciencia adquiera validez inmediata” (KT II,
p. 162)
A continuación, Horkheimer explica
la relación entre el teórico clásico y el proletariado
en los siguientes términos:
“Si consideramos al teórico y su actividad específica
en relación con la clase oprimida como una unidad dinámica
tal, que su representación de las contradicciones sociales no aparezca
sólo como expresión de la situación histórica
concreta, sino más bien como factor estimulante y transformador
de ella, entonces su función aparece muy clara. El curso del conflicto
entre las partes liberales de la clase y los individuos que expresan la
verdad acerca de sí mismos, y luego el conflicto entre estas partes
más liberales junto con sus teorizantes y el resto de la clase,
deberían comprenderse como proceso de mutua interacción, en
el que la conciencia se desarrolla con sus poderes de liberación
y propulsión disciplinarios y agresivos” (KT II, p. 164)
Hay que tener en cuenta que la relación no se presenta simplemente
como una relación entre el teorizante y el protletariado, sino como una relación entre
el teorizante y las “partes más liberales” de la clase por una
parte, y del resto de la clase por la otra. Una líneas
antes, la expresión “parte liberal” se equipara a la de “un partido
o su jefatura”. En lo principal, sin embargo, la atención de Horkheimer se centra en la teoría crítica,
no en un partido. En el programa de Horkheimer
sólo se encuentra otra referencia más a la organización,
y ésta es igualmente abstracta.
“Algo de la libertad y espontaneidad del futuro aparece en la organización
y comunidad de los que luchan, a pesar de toda la disciplina basada en
la necesidad de prevalecer. Cuando la unidad de disciplina y espontaneidad
desaparece, el movimiento se transforma en una conciencia de su propia burocracia,
en un drama que ya es parte del repertorio de la historia más reciente”
(KT II, pp. 166 ss.)
Por lo tanto, la concepción de la política según
la teoría crítica también desemboca en una paradoja:
por otra, carece de cualquier arraigo específicamente político.
Ésta no es precisamente una descripción de su situación
histórica después de la victoria del nazismo en Alemania,
sino una rigurosa consecuencia de la teoría de la Escuela de Frankfurt.
La superpolitzación de la teoría
conduce lógicamente a la substitución de la teoría
como sucedáneo de la política (Ersatzpolitik).
En cuento a nuestro análisis, se limita casi exclusivamente a
un único ensayo, en el que Horkheimer
delimita las diferencias entre teoría “tradicional” y “crítica” (Escuela de Frankfurt). Sin embargo, ya han aparecido
dos conclusiones importantes. Horkheimer
arguye que el marxismo, o la teoría crítica, es una teoría
completamente nueva. Pero profundizando, resulta claro que la ruptura
radical no se produce con la filosofía clásica, cuya herencia
reclama, sino con la ciencia. Además, no se propone substituir la
ciencia existente por una nueva ciencia, es decir, rehusa entrar en el
terreno científico, pero acusa a la ciencia desde fuera, desde el
campo de la filosofía. El resultado paradójico es que la
ciencia burguesa se mantiene, y el único cambio lo constituye un
signo negativo filosófico (o incluso ético) frente a sus
categorías. De una forma similar, la “teoría crítica”
se asocia a la lucha de los oprimidos contra las normas de la clase capitalista,
pero no es capaz de situar esta asociación en el terreno político.
Permanece al margen, acusando a la política de la clase burguesa
desde una esfera filosófica. Horkheimer,
en su teoría crítica, desarrolla una doble reducción
de ciencia y política a filosofía.
4. TELÓN DE FONDO: RACIONALIZACIÓN Y
MATERIALIZACIÓN
¿Cuál fue esta filosofía que pudo ser substituida
tanto por la ciencia como por la política en un periodo revolucionario?. En realidad, la teoría esbozada en el programa
de Horkheimer y desarrollada por la Escuela
de Frankfurt dende los años treinta hasta
el present, no fue en absoluto una creación
intelectual completamente original. Fue más bien un desarrollo exagerado
de la forma más filosóficamente autoconsciente
de marxismo posible para los teóricos de Frankfurt --la filosofía de los jóvenes Lukács y Korshc,
que fue también un desarrollo de la tendencia del pensamiento sociológico
germano de los siglos XIX y XX, represetnada
de una forma más completa por la obra de Max
Weber. El aspecto central de esta tradición
fue el de “racionalismo capitalista”.
La conceptualización original de
este problema en Alemania se realizó en 1887, cuando Fredinand Tönnies
publicó su libro Gemeinschaft und Gesellschaft
(Comunidad y sociedad). La distinción establecida por el título
marcaba el contraste entre las íntimas relaciones personales de
la familia y el vecindario en una sociedad rural pre-industrial
y pre-capitalista, y las relaciones impersonales
y contractuales entre los hombres en una sociedad urbana, comercial e
industrial.
La racionalización implicada en las relaciones sociales se
convirtieron en el concepto básico de
toda la obra de Max Weber.
Para Weber, era el inevitable destino de la
sociedad occidental, a partir de la adopción de la religión
judeo-cristiana en Occidente. Significaba
el desencantamiento (Entzauberung)
del mundo occidental, su liberación de la magia, de la traición
y afectividad, y el desarrollo del racionalismo instrumental, del cálculo
y del control. Weber trazó este desarrollo
en el campo religioso: la Reforma; en la esfera política: la burocracia;
y en la económica: la empresa capitalista y el “espíritu
del capitalismo”.
En su Historia y conciencia de clase (1932), el juven Lukács enlazaba
la “racionalización” de Weber con la
concepción del “fetichismo de los bienes” de Marx, generalizándolo en el concepto de “materialización” --la reducción de las relaciones humanas a
relaciones entre cosas. La materialización no fue una característica
de la sociedad moderna en general, sino la de un tipo particular de sociedad
moderna dominada por el intercambio de mercados: la sociedad capitalista.
El vértice de la materialización lo formaba el mercado de
trabajo, donde el trabajador libre, el proletario, es obligado a tratar
su actividad, su trabajo, como un objeto. De ahí que el proletariado,
la clase más oprimida por el capitalismo, fuera la negación
de la sociedad capitalista, y la fuerza que pudo llevar a la práctica
la crítica filosófica de la materialización mediante
una revolución socialista. El proletariado fue el heredero legítimo
de la filosofía idealista alemana y la política revolucionaria
era el único medio para convertir el mundo dividido y materializado
en algo absoluto y humano.
Esta tradición,
especialmente como la representó Lukács,
tuvo dos importante consecuencias en el posterior desarrollo de la E.F.
La primera se refería a su actitud hacia la ciencia, en particular
hacia las ciencias naturales; la segunda a su actitud frente a la historia
y el conocimiento histórico y social. El desarrollo de las ciencias
naturales fue también parte del proceso que Weber
llamó racionalización. Por lo tanto, uno de los problemas
cruciales del idealismo alemán (utilizando el término en su
más amplia acepción) durante la última mitad del siglo
XIX fue su relación con la ciencia. En la cultura académica,
la cuestión se refería a las relaciones entre las ciencias
naturales y culturales. Los historiadores, filósofos de la historia
y sociólogos de tradición idealista insistieron todos en una
profunda distinción entre ambas, tanto en el carácter de su
objeto como en su método.
Pero paradójicamente, el marxismo que se desarrolló
en europa Occidental después de la
Primera Guerra Mundial y de la Revolución de Octrubre se enfrentó con los mismos problemas,
a partir del momento en que se consideró heredero del idealismo clásico
alemán. Sin embargo, estos problemas también le fueron aplicables
por razones directamente política. Tanto
el clásico marxismo socialdemócrata como el revisionismo
pudo producirse con la ciencia, interpretada en
un sentido positivista y evolucionista, y con indiferencia y hostilidad,
respectivamente, hacia la filosofía hegeliana.
Los intelectuales revolucionarios de los años veinte en Europa
Occidental, impregnados de la tradición hegeliana, continuaron
la anterior lucha del historicismo alemán
por una concepción de la teoría social e histórica
distinta de las ciencias naturales. Y así como Weber consideró a la ciencia comoun factor en el proceso de racionalización,
Lukács la observó bajo un aspecto
de materialización, cuando era aplicada a la esfera humana. Las
inmutables leyes científicas de la sociedad fueron la expresión
de un mundo en el que las relaciones humanas se habían convertido
en algo situado más allá del control humano, y las separación
de las distintas disciplinas científicas reveló una especialización
que destruía la totalidad e historicidad de la existencia humana.
Para Luckács y Korsch, la concepción del marxismo como
una ciencia estricta y el abandono de la dialéctica hegeliana
estaban también directamente relacionados con la tradición
política de la socialdemocracia. Sin embargo, consideraron la readmisión
de la doctrina de Hegel en el razonamiento marxista
como una reafirmación de su vocación revolucionaria.
A comienzos de los años treinta, la postura adoptada por la
E.F., y particularmente por Hokheimer, con
respecto a las ciencias naturales era muy parecida a la esbozada por Lukács en Historia y conciencia
de clase. La crítica que Luckács
hizo de la ciencia aspiraba a la posición contemplativa que él
deseaba estuviera implicada en la misma. Según Lukács, considerar a la sociedad como gobernada
por leyes científicas era adoptar una actitud reflexiva ante ella,
en vez de intervenir activamente para cambiarla y, por tanto, rebasar sus
leyes. Los socialdemócratas habían dudado entre la contemplación
de una inevitable evolución hacia el socialismo y una exhortación
de tipo moral del proletariado. En ambos intentos, la unidad de teoría
y práctica había sido destruida.
La EF. Adoptó esta crítica, pero como estaba casi completamente
aislada del movimiento de la clase obrera, la unificación de la
teoría y la práctica terminó de facto --especialmente, como es natural, después
de la victoria del fascismo en 1933. Por lo tanto, su crítica del
cientificismo se aparta continuamente del problema de sus consecuencias
para los que quieren cambiar la sociedad capitalista, hacia el mismo problema
para los que tienen que vivir en un sistema capitalista todavía
existente. El énfasis no se pone tanto en considerar a la ciencia
como contemplación, sino más en considerarla
como dominio. En 1932 escribió Horkheimer:
“En la teoría marxista de la sociedad, la ciencia figura entre
las fuerzas humanas de producción ... El conocimiento científico
comparte la suerte de las fuerzas productivas y los medios de producción
de otras clases: la extensión de su aplicación está
en grave contraste con el nivel de su desarrollo y las necesidades reales
de los hombres ... En tanto que un intento de instituir la presente sociedad
como perenne procedía del interés de una sociedad mejor,
todavía vivo en la Ilustración, irrumpión
en la ciencia un factor de restricción y desorganización.
Un método orientado hacia ser y no hacia llegar a ser, correspondía a la tendencia a ver la
forma dada de sociedad como un méotodo
de procesos iguales y de auto-repetición” (Bemerkungen über Wissensacht
und Krise,
KT I, pp. 1-3)
Sin embargo, hacia 1944, Horkheimer y
Adorno argüían: “Bacon captó
exactamente el espíritu de la ciencia posterior a él. El
feliz maridaje que él imaginó entre el intelecto humano
y la naturaleza de las cosas es de tipo patriarcal: el intelecto que desafía
la superstición debe mandar sobre una naturaleza desilusionada. El
conocimiento, que es poder, no conoce límites, ni en la esclavitud
de la creación ni en su dócil sumisión a los amos
del mundo” (Dialektik der Aufklärung
(DA), Amsterdam 1947, p. 14.)
Esta posición presenta la característica idea según la cual la naturaleza no debe
ser dominada por el hombre, como se manifiesta en la mayor parte del
pensamiento occidental a partir de los griegos, sino como algo que debe
ser considerado como un “jardín”, que puede ir creciendo a medida
que los seres humanos se reproducen (Cf.: Marcuse:
Eros and Civilization,
Boston 1955). Algunos escritores han aducido que est idea es la característica
que define a la Escuela, pero como hemos visto, no estaba presente en los
comienzos del pensamiento de Frankfurt. Además es compartida por
su gran enemigo, Heidegger Brief über den “Humanismus”
en Platon Lehre von der Wahrheit, Berna
1947).
5. LA TEORÍA COMO AUTO-CONOCIMIENTO DEL OBJETO
BIBLIOGRAFÍA
BERSTEIN,
R.J. (1983): La reestructuración de la Teoría
Social y Política, Ed. FCE, México
COLOM, F. (1992): Las caras de Leviatán, Ed. Anthropos, Barcelona
FRIEDMAN, G.(1986): La Filosofía
Política de la Escuela de Frankfurt, Ed.
FCE, México
HONNETH, A. (1990): "Teoría Crítica", en Giddens,
A., Turner, J.
et.al.: La teoría social hoy,
Alianza Ed., Madrid, pp. 445-488.
JAMESON, F. (1992): El posmodernismo
o la lógica cultural del capitalismo avanzado, Ed. Paidós, Buenos Aires
JAY, M. (1974): La imaginación dialéctica.
Una historia de la Escuela de Frankfurt, Ed.
Taurus, Madrid
LUNN, E. (1986): Marxismo y Modernismo, Ed. FCE, México
MANSILLA, H.(1967):Introducción
a la Teoría Crítica de la sociedad, Ed. Seix Barral,Barcelona
McCARTHY, Th.
(1987): La Teoría Crítica de Jürgen Habermas,
Ed. Tecnos, Madrid
MERANI, A.L. (1965): De la praxis a la razón,
Ed. Grijalbo, Barcelona
MUÑOZ, B. (2000): Th. W. Adorno: Teoría Crítica y Cultura de Masas,
Ed. Fundamentos, Madrid
ROBINSON, P. (1971): La izquierda freudiana, Ed. Nueva Visión, Buenos Aires
RUSCONI, G.E. (1972): La Teoría Crítica
de la sociedad, Ed. Martínez Roca,
Brcelona
VV. AA. (1994): Habermas y la Modernidad, Ed. Cátedra,
Madrid
VV. AA. (1069): Hegel y el pensamiento moderno. Madrid. Ed.
Siglo XXI, Madrid
WELLMER, A. (1979): Teoría Crítica de
la sociedad y Positivismo, Ed. Ariel,
Barcelona
WELLMER, A. (1993): Sobre la dialéctica de Modernidad
y Post-Modernidad, Visor Ed., Madrid
ZELENY, I. (1968): Dialéctica y conocimiento,
Ed. Cátedra, Madrid
ZIMA, P. (1976): La Escuela de Frankfurt, Galba Ed., Barcelona
| Filosofía
y Ciencias Sociales Europa, Siglo XX: Filosofías de la Resistencia |