PROGRAMACIÓN ESPECÍFICA
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MATERIALES · DOCUMENTOS DE TRABAJO
Europa, Siglo XXI: Filosofías de la Resistencia
Gilles
Deleuze - Jean-François Lyotard: Más allá de Marx
y Freud
DESCOMBES, Vincent, Lo mismo y lo otro. Cuarenta y cinco años
de filosofía francesa (1933-1978), Cátedra, Madrid 1982
SOBRE LYOTARD: EL RELATO DEL FINAL DE LA HISTORIA
Para quien, como Lyotard, proviene
de la "filosofía de la praxis" --"el hombre es obra
de sus obras" escribía en otro tiempo ("Nota sobre el marxismo",
Tableau de la philosophie contemporaine, Fischaber, 1956, p. 57)--
y que ha militado largo tiempo en el grupo Socialisme ou barbarie,
el nihilismo diagnosticado por Nietzsche tiene, entre otros, el siguiente
sentido: el militante revolucionario se imagina que su lucha contra el actual
estado de cosas se basa en la verdad; dispone de una teoría
revolucionaria que le enseña como una verdad establecida que el actual
modo de producción y con él toda su superestructura, están
condenados por la contradicción que entraña, y que el futuro
de ese presente será la catástrofe (guerra, fascismo generalizado)
si la humanidad no toma la iniciativa de pasar a otro modo de producción.
Pero este militante descubre dos cosas:
1. Creía hablar en nombre de la verdad y, sin saberlo, no expresaba
sino un ideal moral; de ahí el derrumbamiento de los valores revolucionarios,
ahora considerados como valores religiosos (busqueda de una salvación
de la humanidadad mediante una venganza contra los culpables) y
clericales (el intelectual es a las masas lo que el buen pastor al rebaño).
2. De rebote, esta nueva lucidez permite descubrir que el socialismo,
precisamente porque es un "dispositivo" o una "disposición" religiosa,
es mucho menos revolucionario que la realidad capitalista; pues ésta
es cínica, no cree en nada y destruye todas las creencias en toda
la superficie del planeta.
La verdad que ofrecía el saber de la teoría revolucionaria
no era sino un ideal. No era en absoluto la verdad, sino solamente
la expresión de un deseo de verdad. Procedia de la misma
creencia en la verdad que la de la religión (Economie libidinale,
"La désir nommé Marx") [pp. 234 s]
(..) lo que es noble y santo deja de serlo el día en que se cree
en ello no por ingenuidad, sino por cálculo. Por ejemplo, diremos
que no tiene mucho sentido "desenmascarar" la religión (o, lo que es
lo mismo para Lyotard, el compromiso revolucionario) al no ser ni verdadera
ni falsa; por el contrario, esta religión, que era santa en un siglo
de fe se convierte en una cosa indecente tras el siglo crítico,
cuando los Románticos quieren estructurarla por nostalgia de su
niñez, los Políticos para que el pueblo tenga moralidad y
los Religiosos para evitar hundirse en la desesperación. Y, de manera
más general, a partir del momento en que sabemos que la verdad no
es sino la expresión de la voluntad de verdad, no nos podemos ocultar
que esta "verdad" sólo traduce el rechazo amedrentado de este mundo
en tanto que este mundo no es un "mundo verdadero" (estable, ordenado, justo).
Salvo hipotesis de un eterno retorno: y es aquí, en este punto
decisivo del nuevo nietzscheanismo francés, donde Lyotard se separa
de Deleuze [pp. 236 s]
La hipótesis del eterno retorno ocupa un gran espacio en la especulación
de los nietzsheanos por una razón que ha sido indicada por Klossowski:
esta hipótesis, ante todo, quiere decir que nunca ha habido primera
vez (no hay origen) y que nunca habrá última vez
(no hay final de la historia. (..) De ahí las paradojas desarrolladas
con agrado por Klossowski: no hay original, el modelo de la copia
ya constituye una copia, la copia es, pues, una copia de la copia; no hay
máscara hipócrita, pues la cara cubierta por esta máscara
ya constituye una máscara; no hay hechos, sólo interpretaciones,
toda interpretación es, pues, la interpretación de una interpretación
anterior; no hya sentido propio de la palabra, sólo sentidos
figurados, pues los conceptos no son sino metáforas disimuladas; no
hay versión autentica de un texto, sólo traducciones;
no hya verdad, sólo interpretaciones, parodias. Y así sucesivamente.
[pp. 237]
(..) Pero Klossowski llega mucho más lejos. La liquidación
del principio de identidad, que está en la base de esta negación
de toda atribución de un origen o de un original, tiene como consecuencia
que las apariencias de identidad o de regularidad con las que nos encontramos
sean máscaras. Toda identidad es simulada. Lo mismo siempre
es un otro que se hace pasar por lo mismo y nunca es el mismo
otro quien se oculta tras la misma máscara; esta máscara
que reconocemos como lo mismo nunca es por otra parte verdaderamente la
misma máscara y el que cree que es el mismo tampoco lo es, etc. Pero,
precisamente porque ocurre eso, la doctrina del eterno retorno no puede
en absoluto proponer un principio de diferencia para oponerlo al
principio de identidad. La hipótesis nietzscheana, explica Klossowski,
es audaz porque opone al principio de identidad la apariencia de
un principio, es decir, un falso principio que simula ser verdadero. La
doctrina del eterno retorno, dice, es la parodia de una doctrina. Así,
el filósofo de la diferencia es un impostor y su filosofía
un engaño. No sería posible, pues, asignar a esta filosofía
el desengaño como tarea. [pp. 237 s]
(..) El propósito misterioso de Nietzsche en El crepúsculo
de los ídolos, según el cual el mundo verdadero se
ha convertido en una fábula, no significaría en absoluto
que ya no creemos en un mundo suprasensible, sino, de manera más inquietante,
lo siguiente: "el mundo se vuelve fábula, el mundo tal cual sólo
es fábula: fábula significa algo que se cuenta y que no existe
sino en el relato; el mundo es algo que se cuenta, un acontecimiento contado
y por eso una interpretación: la religión, el arte, la ciencia,
la historia son otras tantas interpretaciones diversas del mundo, o, mejor,
otras tantas variantes de la fábula" (Klossowski: Un si funeste
désir, Gallimard 1963 --Taurus 1980-- p 193)
(..) El mundo es un relato fabuloso. ¿Y cómo se producirá
la salida fuera del tiempo histórico?. Durante la historia, mientras
que había historia, el mundo no era una fábula, sino una verdad
presentada ante un único logos. ¿Cómo volver
del logos al mythos?. La filosofía se ha construido
contra las "historias" y los "comadreos". Platón cerraba las puertas
de su ciudad a los poetas, a quienes acusaba de narrar historias seductoras,
pero ajenas a la verdad. Ahora habría que demostrar que también
Platón nos cuenta historias. [pp. 239 s]