Reseñas:

Reinhart Koselleck
y Hans-Georg Gadamer:

Historia y hermenéutica

Reinhart Koselleck y Hans-Georg Gadamer, Historia y hermenéutica, Barcelona, Paidós, 1977, 125 pp, 1.250 pesetas. ISBN: 84-493-0324-9.
Introducción de José Luis Villacañas y Faustino Oncina


Contenido:

    INTRODUCCIÓN, José Luis Villacañas y Faustino Oncina

  1. Begriffsgeschichte filosófica
  2. Begriffsgeschichte historiográfica: más allá de la hermenéutica y de la historia de las ideas
  3. Problemas filosóficos de la historia conceptual: relaciones entre historia conceptual, historia social y semántica histórica

    REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS, José Luis Villacañas y Faustino Oncina

  1. Bibliografía de Reinhart Koselleck
  2. Bibliografía sobre historia conceptual
  3. Bibliografía adicional sobre semántica histórica

NOTA DEL EDITOR ALEMÁN, Wolfgang Wieland

Histórica y hermenéutica, Reinhart Koselleck

  1. Histórica
  2. Histórica y hermenéutica

Histórica y lenguaje: una respuesta, Hans-Georg Gadamer

La diversidad de las lenguas y la comprensión del mundo, Hans-Georg Gadamer


Con motivo del 85 cumpleaños de Hans-Georg Gadamer, la universidad de Heidelberg organizó un acto de homenaje para el que se solicitó al historiador Reinhart Koselleck su participación con una conferencia. La presente obra recoge sus palabras y las de respuesta del propio Gadamer.

Lejos de ser un mero acto protocolario o un panegírico de la figura y obra de Gadamer, el acto se convirtió en una interesante polémica sobre las relaciones entre la Histórica y la Hermenéutica. La Histórica, en palabras de Koselleck, se pregunta cuáles son las condiciones de posibilidad de una historia (p. 69), es decir, es un acto reflexivo previo a la constitución de la Historia misma, una teoría de la Historia, y se inscribe en el movimiento general del pensamiento científico y filosófico de autorreflexión sobre el propio campo de trabajo. Ya no hay nada evidente y se hace necesario, en todas las disciplinas, cuestionarse, reflexionar los propios límites teóricos, metodológicos, etc. Uno de los campos sacudidos con más virulencia por este movimiento crítico fue el de la Historia.

El debate propuesto por Koselleck en su conferencia se centra fundamentalmente en la prelingüisticidad del enfoque que él propone para el campo de la Historia, su alternativa a la profunda crisis que sacudió sus cimientos y generó una multiplicidad de planteamientos muchas veces opuestos entre ellos (cf. Peter Burke, Formas de hacer historia, Madrid, Alianza 1993. Burke llega a hablar de crisis de identidad de la Historia). Koselleck comienza reconociendo el papel básico de la hermenéutica existencial gadameriana para, posteriormente, desmarcarse de su influencia. La historia puede depender de los textos, pero la Histórica no:

A través del escuchar, del hablar y de los textos, también el historiador se mueve sobre la misma plataforma sobre la cual se mueven las otras figuras paradigmáticas de la hermenéutica gadameriana: el teólogo, el jurista y el exégeta de la poesía. Admitamos, por consiguiente, que la historia (Historie) sea abarcada elásticamente por la hermenéutica existencial de Gadamer y que apenas pueda zafarse de ella convenientemente. Quien tiene necesidad del lenguaje y de los textos, no puede sustraerse a la pretensión de esta hermenéutica. Esto vale también para la historia (Historie). Pero, ¿vale también para la Histórica, esto es, para una teoría de la historia (Theorie der Gesichte) que no estudia los hallazgos determinables empíricamente de historias pasadas, sino que pregunta cuáles son las condiciones de posibilidad de una historia? ¿Se agotan las condiciones de posibilidad de una historia en el lenguaje y en los textos? ¿O hay condiciones extralingüísticas, prelingüísticas, aun cuando se busquen por vía lingüística? Si existen tales presupuestos de la historia que no se agotan en el lenguaje ni son remitidos a textos, entonces la Histórica debería tener, desde el punto de vista epistemológico, un status que le impida ser tratada como un subcaso de la hermenéutica (p. 69)

La Histórica, en el razonamiento de Koselleck, quedaría como autónoma respecto a la hermenéutica, es decir, respecto al lenguaje y los textos. No se trataría de comprender el mundo a través de los discursos, base de la hermenéutica, sino de ahondar en lo prelingüístico y extralingüístico, en la realidad misma. Partiendo del análisis heideggeriano y superándolo, Koselleck afirma poder determinar una serie de elementos liberados de la lingüisticidad, lo que él denomina condiciones transcendentales de las posibles historias. El intento se concreta en el establecimiento de una serie de categorías previas a los discursos, las estructuradoras de las historias en sí:

Se trata siempre de determinaciones que apuntan a estructuras prelingüísticas y extralingüísticas. Pues tanto en el caso de las determinaciones formales universales de «dentro» y «fuera», «arriba» y «abajo», «antes» o «después», como en el de las determinaciones formales más concretas de «amigo» y «enemigo», de «generatividad», de «amo» y «esclavo» y de «publicidad» y «secreto», se trata siempre de determinaciones categoriales que apuntan a modos de ser (Seinsweisen) que, aunque debiendo ser mediados lingüísticamente, no se diluyen objetivamente en la mediación lingüística, sino que poseen también su propio valor autónomo. Son, por consiguiente, categorías tendentes a un modo de ser de historias posibles que provocan sólo algo parecido a entender y comprender. La hermenéutica estaría entonces, por así decirlo, condenada a reaccionar ante un acontecimiento predeterminado teóricamente por la Histórica. Luego la Histórica remite —formulado en términos sencillos— a nexos de acciones, a formaciones de finitud en un ámbito también extralingüístico; la hermenéutica remite a su comprensión (p. 87)

En cierto sentido, Koselleck parece haber descubierto o inventado una suerte de narratología estructural de la Historia. Sus categorías se parecen —y parecen cubrir también similares objetivos relativos— a las funciones que Propp y otros posterioremente establecieron respecto a las narraciones. Las "posibilidades de las historias" suena al viejo debate sobre los "posibles de la narración", es decir el juego de posibles funciones que conforman el esqueleto de los discursos. Como en este caso —y la cuestión ya fue debatida en el terreno literario—, la teoría engaña a la vista; muestra una precedencia falsa de la estructura frente al discurso para caer en una suerte de platonismo funcional. Gamader no niega, como es obvio, la existencia de lo extralingüístico; señala que la comprensión es un fenómeno que se da con la mediación del lenguaje. Comprender lo extralingüístico es también comprender. El significado de comprender es más profundo que lo que Koselleck formula; la práctica del interpretar tiene su punto de reflexión en los textos, pero va más allá. La textualidad es sólo la punta del iceberg de un fenómeno más profundo. En ese sentido, la hermenéutica reivindica su puesto de filosofía primera. Aquí parece estar el quid de la intervención de Kosellek:

Debemos diferenciar entre la historia efectual que madura en la continuidad de la tradición ligada a los textos y de su exégesis, por un lado, y, por otro, la historia efectual que, aunque posibilitada y mediada lingüísticamente, va más allá de lo que es asequible con el lenguaje. Hay procesos históricos que escapan a toda compensación o interpretación lingüística. Este es el ámbito hacia el que la Histórica se dirige, al menos teóricamente, y que la distingue, aun cuando parezca ser abrazada por la hermenéutica filosófica (p. 93)

Gadamer entra de lleno en la polémica en su contestación:

Conocemos sólo historias y, para hacer posibles las historias, siempre acabamos adentrándonos en todas las contraposiciones fundamentales, inexorablemente severas, ilustradas por el historiador: son las contraposiciones de «amigo» y «enemigo», de «secreto» y «público» y las otras categorías fundamentales, cuya polaridad es propia de cada «historia». Ambas cosas están unidas y constituyen la nota distintiva del hombre: la posesión del lenguaje y de la historia. Es, por tanto, perfectamente legítimo por parte de un historiador leer Ser y tiempo desde el punto de vista de su contenido enunciativo antropológico y desplegar las categorías de la historicidad tal como aquí lo ha hecho Koselleck. No obstante, restan aún en ese caso categorías, conceptos fundamentales de un mundo objetivo y de su conocimiento. Me parece que son básicamente diferentes de los conceptos heideggerianos, que pretenden elaborar la historicidad del Dasein y no las estructuras fundamentales de la historia y de su conocimiento (p. 102)

Es decir, el hombre no puede sustraerse a la historia porque es el que la hace o la genera; la historicidad es una condición del ser humano, algo inherente a su ser en el tiempo, no algo exterior a él. Gadamer hace una rápida alusión al problema que está rondando el debate: irónicamente, una historia que no es lo que es, sino lo que puede ser se acerca a la definición aristotélica de la poesía, como bien se encarga de anotar el traductor trayendo la cita de la Poética al pie de la página. Sustraer algo del ámbito de la interpretación es declararlo extrahumano. Lo que hace humanas las cosas es precisamente su variabilidad —su temporalidad—, su acompañar al hombre en su camino. No sólo cambian las aguas del río; también cambia el que se introduce en ellas. Lo que está concluido, lo acabado, se sustrae al ámbito de lo humano. En este sentido, las palabras de Gadamer en su respuesta son muy claras:

Lo que caracteriza a todas nuestras historias y las convierte en tales es el hecho de que las contamos, y contamos estas innumerables historias una y otra vez. Hay ciertamente una diferencia entre historias que se narran como narrador y que son verdaderas sin ser verdaderas, y las historias transmitidas por medio de una representación historiográfica (historiographische Darstellung) y reconstruidas con ayuda de la investigación crítica, a partir de la cuales «la historia» siempre se recompone y reescribe de nuevo. El texto de la historia no está nunca concluido por completo, ni está fijado definitivamente por escrito. Hablar hoy de escrito definitivo suena a una protesta impotente del espíritu lingüístico contra el flujo siempre cambiante del narrar (p. 104)

El humanismo hermenéutico de Gadamer se presentó como una salida a la falsa ilusión de una objetividad que reducía al ser humano a simple espectador de lo otro. El carácter existencial de su hermenéutica reivindica la participación humana en el comprender, lo devuelve a una posición responsable. La historicidad es una dimensión esencial de lo humano, su experiencia de la existencia. De ahí que, con sabiduría, Gadamer afirme:

El mundo antiguo dio ya en el blanco al no equiparar la historiografía (Historiographie), incluyendo también la de un maestro de la crítica como Tucídides, con los mathémata de los «matemáticos», sino con la poesía de los poetas, si bien ella no alcanza la potencia de reconocimiento de esta última. También nosotros, con nuestras historias —como con cada una de nuestras decisiones de la vida práctica— colaboramos con la construcción de una comunidad basada en lo que tiene sentido para nosotros, en aquello que nos parece lo bueno, lo mejor, lo justo (p. 106)

Nos encontramos, pues, ante un interesante debate entre dos figuras influyentes, entre dos figuras que, cada una a su modo, han tratado de arrojar alguna luz sobre la comprensión de un mundo en el que caminamos con una tenue luz que apenas alumbra más allá de unos pasos, produciendo engañosas sombras.

Joaquín Mª Aguirre

14/07/97

El URL de este documento es http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero6/gad_kose.htm


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