Reseñas:David Crowley y Paul Heyer: | ![]() |
Contenido:
PRESENTACIÓN DE LA OBRA EN CASTELLANO
Amparo Moreno Sardá
PREFACIO
Willard D. Rowland Jr.
PRÓLOGO
INTRODUCCIÓN GENERAL
PARTE II
LA TRADICIÓN DE LA ALFABETIZACIÓN OCCIDENTAL
La presente obra es, según confesión de sus autores, el resultado de la necesidad de encontrar un manual que les permitiera cubrir sus necesidades docentes en las universidades McGill y Simon Fraser, de las que son profesores, respectivamente, D. Crowley y P. Hayer. La producción de manuales es ya casi una especialidad académica. Género que se remonta a los orígenes de la enseñanza, el manual se encuentra hoy en el ojo del huracán de la renovación pedagógica. Denostado por muchos, potenciado por otros, el manual se muestra como un tipo de texto al que la aceleración de los conocimientos obliga a amoldarse a las nuevas circunstancias educativas. Acusado de ofrecer visiones limitadas de las cosas, de simplificador de lo complejo, de biblia personal, de favorecedor de la apatía, el manual, sin embargo y a pesar de todo, es una práctica habitual con la que nuestros estudiantes se encuentran cada día en muchas asignaturas. Como siempre, los hay mejores y peores, residiendo el problema, la mayoría de las veces, más bien en la actitud que hacia el manual mantiene tanto el que lo escribe como el que lo recibe.
La misma editorial había publicado anteriormente una obra con vocación de manual, la Historia de la comunicación, dirigida por Raymond Williams, de la Universidad de Cambridge, cuya edición original era de 1981 (edición española en 2 vols, 1992). Aquella obra se cerraba con un trabajo de Ederyn Williams en el que se preguntaba:
¿Cuáles serán los efectos de este desarrollo de las comunicaciones en la sociedad y en el mundo? Los analistas señalan tres tendencias principales. La primera va hacia lo que Marshall McLuhan llama «la aldea global» (...) También está la tendencia de los nuevos sistemas de comunicación a reforzar las desigualdades sociales existentes, al menos durante un tiempo (...) Finalmente, existe un movimiento hacia la sociedad de la información (vol II, pp. 250-251)
Como puede comprobarse, el último capítulo en los libros de historia de la comunicación es siempre el más comprometido. Los más de diez años que separan la obra dirigida por Williams y ésta ante la que ahora nos encontramos son los que han contemplado el comienzo de una nueva etapa en las comunicaciones y son, por tanto, decisivos. Aquello que Ederyn William planteaba como prospectiva en 1981, hoy se vive, con mayor o menor intensidad, como una realidad. Conceptos como "aldea global" o "sociedad de la información" son ya habituales en cualquier tipo de discurso social, cultural o político.
En el caso de esta nueva obra, nos encontramos con un tipo muy especial de manual. Crowley y Hayer se encontraron con una disciplina nueva, en formación, cambiante en sus contenidos a gran velocidad, acogedora de múltiples enfoques, interdisciplinar, es decir, tenían en contra casi todo para poder realizar un manual tradicional. Su resolución del problema, por simple no deja de ser valiente y original: restringir su función a la de compiladores, es decir, perder su derecho a la palabra dándosela a otros. Querían tener enfoques múltiples de problemas y situaciones muy diversos y lo mejor, en este caso, era no renunciar a ese principio. La comunicación en la historia es una magnífica antología de textos, con selecciones de extensión variable —del artículo al fragmento extenso pasando por el capítulo— con la que cubre la comunicación desde las primeras etapas de la humanidad hasta llegar a la cultura digital en plena formación. La nómina de "colaboradores" es realmente importante: Innis, Ong, McLuhan, Havelock, Eisenstein, Darnton, de Kerckhove, Eco, Carey, Graff, Bolter, etc.
El libro es resultado claro de la mentalidad pragmática norteamericana. No se han puesto a teorizar sobre qué es un manual, sino que se han preguntado directamente: ¿qué quiero enseñar a mis alumnos y quiénes son los especialistas? Evidentemente, este último aspecto, excepto en algunos casos muy señalados, siempre será discutible, pero esto se responde con recurrir al concepto de "manual" y no al de "antología". El pragmatismo de los autores llega a incluir un fragmento extenso de El nombre de la rosa para ilustrar el capítulo dedicado a la "biblioteca medieval". Tampoco ha preocupado, en muchos apartados, a los autores el incluir textos de última hora. El magnífico artículo de Robert Darnton sobre el inspector de policía dedicado a fichar e informar sobre los autores literarios en la Francia de mediados del XVIII, por ejemplo, es ya un texto clásico que, en cualquier caso, merece ser incluido, por derecho propio, en este tipo de obra, aunque estuviera disponible en ediciones en castellano. Se ha preferido seleccionar textos con cierta tradición, frente a la investigación puntera. En cualquier caso, es una forma de garantizar una mayor duración del texto en su dimensión educativa.
El resultado es una obra de gran interés para los estudiosos de la comunicación, por encontrarse incluidos algunos textos de difícil acceso para lectores hispanos, y, sobre todo, para alumnos de las diferentes carreras que tienen los procesos comunicativos como objeto de estudio. Si no se encuentra en ninguno de estos dos grupos especializados, en cualquier caso, es una obra recomendable para entender cómo los humanos hemos pasado nuestra historia tratando de encontrar mejores sistemas para comunicarnos, y el papel cultural y cognitivo que esas tecnologías y soportes han jugado en nuestro desarrollo.
Joaquín Mª Aguirre
El URL de este documento es http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero5/h_comuni.htm
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