Reseñas:Julio Caro Baroja (ed.)Romances de Ciego |
Madrid, Taurus, (1966, 1980) 1996, 486 pp. 1.100 pesetas
ISBN: 84-306-0052-3
Reedición de la antología de Romances de ciego realizada por Julio Caro Baroja. Complemento documental de su Ensayo sobre la literatura de cordel, al que hace referencia en dos momento del prólogo, en esta antología se recoge esa forma literaria, generalmente despreciada, alejada de la producción culta, que sirvió de entretenimiento popular durante siglos. El interés por estas manifestaciones ha dado lugar a importantes estudios sobre la cultura popular: Bajtín y su trabajo sobre el carnaval y Rabelais, Peter Burke (La cultura popular en la Europa moderna), Roger Chartier (gran parte de su obra está dedicada a las formas de transmisión de la literatura popular en Francia) o Jean François Botrel (sus magníficos estudios sobre España), entre otros, se han dedicado a sacar a la luz textos y prácticas sociales que se habían visto marginadas de los estudios tradicionales.
Un concepto restringido y elitista de la cultura había mantenido olvidadas todas estas ricas formas que, independientemente de su calidad "literaria", sirven para tener un mejor conocimiento, una perspectiva más equilibrada, de la historia cultural y su desarrollo. A la Historia de los grandes hechos y los grandes nombres se añade, desde hace algunos decenios, la historia de los silenciados, todos aquellos sectores -la mayoría- que han permanecido fuera de los objetivos de los estudiosos.
Estos Romances de ciego permiten conocer, directamente y a su través, cómo era esa sociedad que se reunía en torno de la figura del "ciego" ("El «ciego de los romances» es un personaje literario, un arquetipo", p. 13) para escuchar. En ellos aparecen reflejados los gustos y las fobias, los personajes idealizados y los denostados, los ensalzados y los objeto de burla. El exceso ronda por todos sus versos, como es propio de una literatura que se dirigía directamente a su público, que le tanteaba en sus preferencias para adelantarse y ganar sus favores.
El romance, como forma de expresión literaria, poética, ha sido sin duda la más gustada por el pueblo de habla castellana (...) En lo que sí he de insistir es en la importancia del pliego de cordel impreso, en su transmisión. Porque, en efecto, el romance se transmite, a veces, por tradición oral, pero así como hasta hace poco la gente joven de pueblos y ciudades, aprendía las canciones del día, los "cuplés", leyendo las hojas impresas que se publicaban con los de más éxito en teatros y tablados, así también los jóvenes de otros tiempos aprendían el romance que recitaba el ciego, comprándole las hojas correspondientes, leyéndolas y releyéndolas ( J. Caro Baroja, Ensayo sobre la literatura de cordel. Madrid, Istmo, 1990, p. 88)
J. Mª A.
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