
La mujer enredadera en El enigma
Lucía I. Llorente
lllorente@berry.edu
Berry College
USA
El enigma es la novela más reciente de Josefina Aldecoa. En ella, al igual que en obras anteriores, la autora explora el tema de las relaciones entre hombres y mujeres. Dos personajes femeninos, Berta y Teresa, esposa y amante respectivamente de Daniel Rivera, el protagonista masculino, aparecen como polos opuestos, y sirven a Aldecoa para reflexionar sobre el tema de la condición femenina. En este trabajo, me propongo analizar a estos personajes, utilizando la metáfora de la enrededara.
Para situar mi análisis, previamente voy a hacer un breve resumen del argumento de la novela, cuyo contexto histórico es la España de mediados de la década de los 80. Daniel Rivera, profesor universitario y poeta en su juventud, tiene 48 años, está casado y tiene dos hijos adolescentes. No es feliz en su matrimonio, pero tampoco le importa mucho, porque la situación le resulta cómoda, desde el punto de vista del bienestar material. Además, con frecuencia tiene aventuras pasajeras con sus alumnas. Le surge la oportunidad de viajar a los EE.UU. como profesor invitado, durante un semestre. Aquí conoce a Teresa, mujer de origen español, de 43 años, divorciada, sin hijos, con gran capacidad intelectual. Se inicia la amistad, y se convierten en amantes formales. Vemos el desarrollo de su relación, los conflictos internos a los que tanto Daniel como Teresa se enfrentan, y básicamente observamos la gran distancia que hay entre Berta y Teresa dos modelos totalmente opuestos de mujer.
Berta pertenece a la clase media-alta y vive su vida siempre en función de los demás (sea su familia, o las expectativas sociales). No tiene vida propia, depende exclusivamente de su marido desde el punto de vista económico, y, en cierto modo, lo explota sicológicamente. Es un ejemplo de “mujer enredadera”, consecuencia en parte de la educación que ha recibido. Esta metáfora para describir a este prototipo de mujer es realmente muy descriptiva, pero no es un fruto de mi imaginación, desafortunadamente; la misma Josefina Aldecoa, en diversas entrevistas, ha hecho uso de este concepto. Por ejemplo, hablando de su propia evolución personal con M. Mar López Cabrales, comenta la visión tan negativa que tenía en su juventud de la mujer burguesa, inútil y explotadora del hombre: “tenía la idea de la mujer de clase media como una mujer enredadera que se agarra al hombre, que le exprime todo lo que puede, pero que ella no hace nada.” (López Cabrales 139). Esta es, sin lugar a dudas, Berta.
Unas veces, Aldecoa nos presenta a Berta a través del filtro de Daniel; otras veces, somos testigos de las conversaciones telefónicas (o, mejor, monólogos) de la propia Berta. De ninguna de las dos maneras sale esta mujer muy bien parada.
Daniel ofrece una visión de su matrimonio con Berta como una situación en la que él es víctima de sus constantes reproches (por no proporcionarle el brillo social y económico al que aspira (42)) y también de su acoso (38). Entre otros adjetivos, Daniel se refiere a su esposa como cínica (122), inútil (122), implacable (248), dogmática (137), indiferente a su profesión (169). También habla del mundo tan pequeño en que vive, de su falta de alicientes, que le deprime (42), así como de la vida anodina (175) que ella propicia. Es obvio que no se siente feliz en su matrimonio. Su viaje a los EE.UU. es una liberación. Cito:
Por primera vez se sentía libre, lejano y libre, perdido y libre. Pensó que al otro lado del océano había quedado una vida, la suya, anclada en la rutina, y el desasosiego y el aburrimiento. (27-28)
Esa liberación, sin embargo, es sólo pasajera, pues, a pesar de las limitaciones de su relación, Daniel se siente totalmente incapaz de romperla, tal vez por simple cobardía, tal vez por comodidad. Este es, probablemente, uno de los enigmas a los que hace referencia el título de la novela.
Todas esas facetas negativas de Berta también las descubrimos en los fragmentos de sus conversaciones telefónicas que Aldecoa “reproduce”, por así decir, en la novela, sean éstas con su marido, cuando están separados, o con sus amigas. En una de ellas, de todos modos, aparece otra pincelada negativa más para su retrato, y es su concepto de los hijos, pues para ella son “un seguro de vida” (122). En definitiva, son una rama más, y bien fuerte, de esa enredadera que ha atrapado a Daniel. Al utilizar este término “atrapar”, no estoy interpretando o siendo cínica, sino, en cierto modo, uniendo los datos que se nos dan en la novela. Daniel vive su vida con Berta como una trampa: “Nunca, nunca podría liberarse de la trampa en la que él mismo había hipotecado su vida.” (159)
Teresa, por el contrario, se presenta como una mujer independiente, segura de sí misma, triunfadora en su profesión, con una vida interior rica, y acostumbrada a ser considerada como igual en su trato con los hombres. En su relación con ella, Daniel se siente estimulado intelectual y profesionalmente porque Teresa representa lo que podría ser una compañera ideal. A diferencia de Berta, se interesa por sus cosas y él siente que puede compartir con ella su mundo interior: “Te estoy contando cosas de las que nunca he hablado con nadie porque nunca encontré a nadie interesado en saberlas, nadie que deseara escuchar.” (50) Si Berta es la rutina y el aburrimiento, Teresa representa la motivación constante:
Teresa le elevaba hacia un mundo que él siempre había querido alcanzar para quedarse a vivir en él. Un mundo en el que la inteligencia, la sensibilidad, eran lo más valioso, lo más buscado en los demás. (92)
Sin embargo, y a pesar de no dudar de su amor por Teresa, Daniel se siente invadido por ella, siente que su libertad está amenazada. Si Berta lo acosa en ciertas áreas relacionadas con lo material, Daniel también se siente acosado por Teresa en áreas más abstractas como son sus sentimientos o su capacidad creativa:
Berta era en todo muy inferior a Teresa, pero no le exigía nada en lo profesional. Nada que no tuviera que ver con el dinero. Podía escribir más o menos, tener más o menos inquietudes intelectuales. No indagaba cada día por qué estaba desanimado, triste, irritable. (94)
Teresa invadía su terreno personal. Se convertía en una constante instigadora de lo que él debía hacer, una juez implacable. ¿Berta era la libertad? En cierto modo, sí, porque Berta no era capaz de entrar en su soledad interior, en sus espacios sagrados. (169)
Berta no pretendía entrar en su mundo. No era respeto. Era indiferencia, y un punto de vaga admiración y sorpresa al percibir que aquella actividad de Daniel era valorada por alguien. (169)
Es decir, aunque Berta sea incómoda, Daniel puede aislarse fácilmente de ella y lo que ella representa. Teresa también le resulta incómoda en ciertas situaciones, con su permanente e inevitable crítica intelectual y vital, porque es una mujer que no se calla, y que quiere tener las cosas claras. Tal vez por eso, porque Teresa puede ser “molesta”, Daniel opta por continuar atrapado en la enredadera que representa Berta y su mundo de apariencias.
Teresa, por su parte, está atrapada en otra enredadera, la de su condición femenina. De nuevo, esta metáfora de la condición femenina como enredadera se la debo a la propia Josefina Aldecoa, que la ha utilizado con frecuencia. Con ella se refiere a la diferencia de comportamiento entre los sexos, que, en su opinión, es cierto, está relacionada con la educación, pero tiene también un fundamento biológico. Gracias a la evolución social, las mujeres están alcanzando grandes logros, accediendo al mundo del trabajo en igualdad de condiciones con los hombres. Sin embargo, a veces es difícil que lleguen a desempeñar los cargos más altos. En opinión de Aldecoa esto se debe no sólo a que la mentalidad tradicional masculina ponga obstáculos a este progreso; la autora piensa que el hecho de ser mujer, la condición femenina, es en sí misma un impedimento. Esa condición femenina Aldecoa la asocia con la fuerte conexión de las mujeres con sus sentimientos. Habla de “la trampa de la maternidad, la trampa de los sentimientos, el miedo a la vejez y a la soledad y a una serie de cosas.” (Talbot 242) Resulta curioso que en esta novela de Aldecoa, en El enigma, estas ideas aparezcan expresadas por un personaje masculino:
Bueno, eso puede que sirva para el hombre pero yo creo que a la mujer no le interesa tanto el poder si tiene que renunciar a todo lo demás. Desde luego, si tiene que renunciar al amor o a los hijos. Puede rechazar la maternidad, de hecho algunas mujeres lo hacen, por conseguir una forma de poder profesional. Pero si ya es madre, es difícil anteponer la lucha por el poder al hijo. No imposible, pero sí difícil. Eso tiene relación con la fuerte implicación de la mujer en sus sentimientos. En el caso del hombre, no. El hombre puede renunciar a un amor y a la paternidad, puede sacrificarlo todo por el poder externo, o ese otro poder inmenso, que produce el descubrimiento de lo que intelectualmente anda buscando, sea científico o artístico. No quiero decir que prescinda del amor a los hijos, sino que, sencillamente, pasan a un segundo plano... (114)
Podemos estar en desacuerdo con este razonamiento, pero ciertamente ésta es la línea de pensamiento que domina la novela. Hay frecuentes reflexiones acerca de las diferencias de comportamiento de hombres y mujeres, haciéndose énfasis en la capacidad de comunicación de las mujeres. Y, cuando Aldecoa presenta a Daniel sopesando las posibles alternativas para su vida (romper su matrimonio, romper con Teresa) nos ofrece la imagen de un hombre capaz de prescindir totalmente de sus sentimientos. Se dice en la novela:
Como siempre que se planteaba una situación personal buscaba una solución neutra, equilibrada, cobarde. Rehuía el compromiso que se deriva de los lazos humanos profundos y sinceros. (151)
También Teresa hace algunas reflexiones directamente relacionadas con este tema. Es una mujer tremendamente analítica, y está tratando de entender por qué Daniel actúa de la manera que actúa. La educación se añade a la biología pero la diferencia se mantiene: los sentimientos están en primer o segundo plano según nuestro género. Dice:
Al hombre se le ha educado para ser superior que la mujer. Desde la cuna. Nace con privilegios dentro de la familia. Crece con privilegios. Por otra parte el hombre es víctima del papel que se le ha asignado. Es fuerte a la fuerza. No sabe reconocer sus debilidades, sus dudas, sus fallos. Y lo más grave, el hombre tiene zonas profundas y oscuras de vulnerabilidad e inseguridad. Todas las que se derivan del mundo de las emociones y los sentimientos y de su forma de rechazarlos, dominarlos o controlarlos. (259)
Yo no hago nada exclusivo de la mujer. No cocino, no coso. No tengo hijos. Actúo como un hombre libre. Acepto sólo lo que quiero. Pero tengo intacta la capacidad de sentir. No la he perdido como un hombre la pierde. (259-260)
Con anterioridad, hemos apuntado a uno de los posibles enigmas que dan título a la novela, a saber, por qué Daniel se decide por continuar con Berta, la mujer tradicional, en un matrimonio vacío, basado en la convención social y en el qué dirán, en lugar de mantener su relación con Teresa quien podría ser una compañera ideal para él, en el sentido del crecimiento personal. Como posibles explicaciones están la cobardía, la comodidad, el sentimiento de responsabilidad hacia los hijos, o simplemente, el sentimiento de culpa. Para nosotros, como lectores, el enigma está ahí, resuelto o sin resolver.
Sin embargo, ése no es el “auténtico” enigma al que se refiere la novela. Cuando Daniel llega a EE.UU., Teresa está en pleno proceso de investigación y recogida de materiales para escribir un libro sobre parejas de personajes famosos. Es en este contexto concreto donde la palabra “enigma” aparece citada expresamente. Teresa habla de seres superiores por su inteligencia, hombres y mujeres, y se pregunta por qué en unos casos sus relaciones personales de pareja funcionaron y en otros no:
¿Por qué hombres extraordinarios en su vida profesional, creadores artísticos, científicos, políticos, elegían a veces una pareja descompensada, inferior a ellos en todos los aspectos? Eso por una parte. Y por otra, ¿por qué algunos de esos hombres célebres abandonaban a una mujer espléndida, compañera perfecta, colaboradora a veces, para unirse a una mujer vulgar? Era un enigma que no lograba despejar. (191)
Es, en definitiva, el misterio que está también detrás del fracaso, si se puede llamar así, de su relación con Daniel. Tal vez precisamente por eso, por su propia experiencia, un tanto amarga, Teresa es poco generosa con los hombres “superiores” en su conclusión:
El hombre soporta mal la convivencia con una mujer igual a él en lo intelectual, en el ejercicio de la profesión, en la repercusión social de su trabajo... ¿Por qué? Es un enigma. A diferencia del hombre, a la mujer no le molesta en general que él sea superior. Al contrario, una mujer superior no podría soportar a un hombre inferior a ella. Se aburriría, se desesperaría. El hombre no; para él es más cómodo tener al lado una mujer inferior que le admire. (...) Sólo seres inseguros, vanidosos, inmaduros desean tener al lado admiradores incondicionales, por vulgares que sean. Esa puede ser la clave del enigma. Algo falla en los hombres superiores. No serán tan maravillosos. (258)
Antonio Ruiz Vega considera que, al hablar de seres superiores, Teresa (Aldecoa) está, de algún modo, siendo políticamente incorrecta, pues si existen hombres y mujeres superiores, es porque también los hay inferiores, idea básica de cualquier planteamiento de derechas, aristocrático, elitista, etc. En mi interpretación, las implicaciones políticas, directas, no existen.
Berta y Teresa, como hemos apuntado, representan dos tipos opuestos de mujer. Ambas se desprecian mutuamente. Teresa no entiende la vacuidad de la vida de Berta, el hecho de que no tenga una vida propia, ni tampoco el poco respeto que se tiene como persona:
Hombre brillante y mujer inútil, ignorante, exigente, que no valora a su marido más que en la medida en que él tenga éxito social y económico. Y sin embargo estos hombres víctimas viven y mueren atrapados en la convención del matrimonio. Bertas de todo el mundo, Bertas dominadoras, que aceptaban las aventuras de sus maridos siempre que él no renunciara a guardar las apariencias de normalidad y familia unida. (222)
Por su parte, Berta juzga también muy negativamente a Teresa. No valora ni su independencia, ni su inteligencia, ni su compromiso profesional. Proyecta en ella sus propias actitudes:
Esas mujeres sabias y maravillosas que los hombres admiran son unas fulanas. No se les pone nada por delante a la hora de cazar a un hombre. (...) Les dan coba con su admiración y ellos caen como idiotas. (256)
En cualquiera de los casos, este recelo recíproco está relacionado con ese enigma principal que da título a la novela, los factores del entendimiento entre hombres y mujeres. La obra ofrecería una perspectiva muy pesimista en este sentido si sólo tuviera estas dos visiones, tal y como son expresadas por sus personajes femeninos principales. La pareja de Daniel y Berta es un fracaso, porque Berta es esa mujer enredadera que atrapa a Daniel en su red de convencionalismos, ocupándose de su bienestar material. Por su parte, la pareja de Daniel y Teresa no tiene futuro posiblemente porque Daniel se siente invadido por Teresa, cuyas exigencias no tienen que ver con lo material, sino con el crecimiento personal. Como lectores, no podemos evitar crear alianzas con una u otra mujer, y, en mi opinión, Daniel, en su reacción final, se presenta como un hombre egoísta y cobarde.
Por suerte, Aldecoa introduce en su novela una pareja de protagonistas secundarios, amigos de la infancia de Daniel. A través de ellos, ofrece una visión positiva de una relación personal. Teresa, al comienzo de la novela, especulaba acerca de las características de un amor ideal:
Debe ser maravilloso tener la suerte de vivir un amor y una identificación perfecta con el trabajo que están haciendo dos personas o que está haciendo uno con la colaboración del otro. (...) Un coincidencia de la pareja en los mismos intereses culturales y en el interés de uno en la profesión del otro. No necesariamente tienen que tener la misma profesión... Se trata de tener una afinidad, un equilibrio... (55)
Estos parecen ser los principios que rigen la relación entre Juan y Lucía:
Juan y su mujer, médicos los dos, instalados en el pueblo aunque sólo él ejercía la carrera, mientras que ella, Lucía, se ocupaba de los chicos, de la casa, de ayudarle en la consulta por las tardes como secretaria-enfermera. (184)
Efectivamente, la relación personal de estos dos personajes secundarios parece responder al ideal del que Teresa hablaba. Ambos tienen un objetivo común, aunque para ello hayan tenido que renunciar a metas personales (Juan al brillo profesional en el ámbito de la investigación, Lucía al ejercicio de su profesión); se ayudan mutuamente, y, lo más importante, ninguno de ellos se siente víctima de sus decisiones. Como el propio Juan resume:
Para mí, antes incluso que mis hijos, está Lucía. Tenemos las mismas aficiones, nos gusta el pueblo y el mar. Ayudamos lo que podemos a la gente... Leemos, paseamos, oímos música. También hacemos un viaje anual fuera de España... y somos, dentro de lo limitado y frágil que es el término, felices. (207)
Podríamos pensar en ellos como un ejemplo digno de ser incluido en el libro que Teresa escribe sobre parejas famosas. Aunque la novela termine con la nota triste de la ruptura entre Daniel y Teresa, por lo menos queda este reflejo positivo de una relación entre seres “superiores” que funciona.
El enigma es una novela donde las relaciones humanas son el tema fundamental. En este trabajo, me he centrado en los personajes femeninos, que responden a dos prototipos opuestos: de un lado la mujer tradicional, representada por Berta, y de otro la mujer nueva, independiente, representada por Teresa. Para describir a ambas, es útil la metáfora de la enredadera, utilizada frecuentemente por Josefina Aldecoa. Berta es la mujer enredadera, burguesa, inútil y explotadora del hombre, a quien se agarra para mantener una vida vacía donde lo que importa son las apariencias. Teresa, por su parte, mujer autosuficiente y dotada de gran inteligencia, está asímismo atrapada en la enredadera de su condición femenina, que Aldecoa cifra en la trampa de los sentimientos. Ambas mujeres tienen como vínculo la figura de Daniel, quien, finalmente, opta por mantener su insatisfactoria relación con Berta. El por qué de esa opción, es uno de los varios enigmas que plantea esta novela; hay muchas preguntas y pocas respuestas. Somos los lectores quienes debemos decidir.
Bibliografía
Aldecoa, J. El enigma. Madrid: Alfaguara, 2002.
Entrevistas a Josefina Aldecoa:
http://www.mujeractual.com/entrevistas/aldecoa/
http://www.generacionxxi.com/aldecoa.htm
http://www.revistafusion.com/2002/junio/entrev105
López-Cabrales, María del Mar. Palabras de mujeres. Escritoras españolas contemporáneas. Madrid: Narcea, 2000.
Ruiz Vega, Antonio. 2002. Reseña sobre El enigma
http://www.crimental.com/RuizVega/elenigma.htm
Talbot, Lynn K. "Entrevista con Josefina Aldecoa". Anales de la Literatura Española Contemporánea 14 (1989): 239-248.
© Lucía I. Llorente 2005
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid
El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero30/enigma.html
