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Salvador Mas Hölderlin |
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Salvador Mas, Hölderlin y los griegos, Madrid, Visor, 1999, 158 pp., 1.450 ptas. ISBN: 84-7774-596-X
Contenido:
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La solapa de este libro nos anuncia que es el primer paso de un proyecto muy ambicioso: "el estudio de la recepción/invención de Grecia en el mundo moderno". Y ya se anuncia el siguiente paso: Goethe y su concepto de la tragedia. Como puede apreciarse, un proyecto ambicioso y de indudable interés.
Comenzar con Hölderlin era arriesgado por diversas razones. En primer lugar, quizá sea Hölderlin el poeta más recuperado desde distintos campos, no siempre estrictamente literarios (como sucede en este mismo caso). Heidegger, como es conocido, tuvo mucho que ver en el asunto. La singularidad de Hölderlin, su grandiosidad lírica, su mundo agonístico le convertían en un poeta apetecible para muchas empresas, especialmente las relacionadas con la crisis de la filosofía, más en concreto de la metafísica. Hölderlin ofrecía el humano calor de una lucha alejada de la frialdad de la filosofía convencional que Occidente ha estado fabricando en los últimos siglos convirtiéndola en materia de especialistas, con las lógicas excepciones de los que se han opuesto a esto.
La obra de Mas es interesante desde muchos puntos de vista y, a la vez, un buen ejemplo de lo que sucede cuando se toma demasiado en serio a los poetas. Creo, además, que el propio autor ha sido consciente de ello en varios momentos de la obra. Su intento de reducir a una cierta lógica el sistema hölderliniano es casi titánico. Sirva el siguiente párrafo de ilustración de parte del problema:
(...) una vez dentro del círculo, los tránsitos entre la poesía y la poetología son (para ser sincero: supongo que deben ser) suaves y cómodos hasta la indistinción, pero para entrar en él hay que estar poseído por el espíritu poético y tener la suficiente fuerza hiperbólico-evocatoria. Por eso, a áquellos que lamentablemente no estamos poseídos por el espíritu poético ni tenemos suficiente fuerza evocatoria nos resulta difícil comprender qué es lo que Hölderlin está queriendo decir. Las críticas de Adorno a la interpretación heideggeriana de Hölderlin son un buen ejemplo de las dificultades que tiene el discurso filosófico para recoger lo que expresa la poesía. (p. 77)
Situaciones como esta se van produciendo una vez pasado el ecuador de la obra, es decir, cuando es necesario reducir a sistema lo que está disperso en forma poética en la obra hölderliniana. Si Mas ha pecado de algo ha sido de tratar de seguir al poeta en sus principios, creerlos y tratar de reducirlos filosóficamente, es decir, convertirlos en sistema lógico o, al menos, coherente. Por decirlo con una cita común, Mas ha olvidado la sabia observación de Coleridge sobre la suspensión de la incredulidad. Lo que tiene su lógica, su belleza en la poesía, puede deshacerse en cenizas de difícil resurrección. No criticamos en absoluto que se haga una lectura filosófica de la poesía; no solo es frecuente, sino que en muchos caso es obligatorio. El problema es tratar de encontrar la misma sistematicidad que en la filosofía o, si se prefiere, que en los filósofos. Si alguien dijera las cosas que Hölderlin dijo sin recurrir a la poesía, lo más probable es que le hiciéramos poco caso. Es conocido que el mismo Hölderlin renunció a la forma filosófica en beneficio de la novelística en el caso de Hiperión. Hizo bien.
La desesperación de Mas se produce al intentar encontrar lo que el propio Hölderlin no fue capaz de construir. El título del último capítulo de la obra es muy significativo: ¿Y si todo hubiera sido en vano?, aplicable tanto al poeta como al recorrido que le sigue. Escribe S. Mas:
De esta forma, se completa el proceso de radicalización recorrido por Hölderlin: de la insuficiencia de la filosofía de Fichte para decir las cosas más elevadas se pasó, como ya señalé, a la insuficiencia del mismo discurso filosófico, para llegar, finalmente, a proclamar que tampoco la poesía puede satisfacer el cometido de decir lo más elevado. (p. 155)
Hiperión es la historia de un fracasado: su Empédocles es la historia de otro fracaso. Sus personajes arrojaron la toalla y el propio Hölderlin, a través de sus personajes, también hizo lo mismo. Son bellos y sabios fracasos. Por mucho que Keats afirmara Beauty is truth, truth beauty, las incoherencias, los desajustes sistémicos, en el mundo de la poesía se juzgan de forma diferente a como se hace en el de la filosofía. No podemos juzgar, por ejemplo, a William Blake por la verdad de su mundo poético. Admiramos su poesía, pero —como decía Coleridge— con la incredulidad suspendida.
Es común aceptar que Hölderlin es un poeta filosófico, si bien no está demasiado claro en muchas ocasiones qué se quiere decir con esto. Sabemos que la primera filosofía tomó forma poética, sabemos que existen poetas denominados metafísicos o que otros han escritos poemas filosóficos esporádicamente. Hoy asistimos a un movimiento generalizado en el que se dejan al descubierto las insuficiencias de los discursos, su construcción sobre vacíos que el lenguaje posibilita. El discurso de Hölderlin es un discurso que se salva dentro del ámbito poético, que contiene sus verdades acordes con un principio de superioridad del poeta sobre el filósofo (sin perder de vista lo que para Hölderlin era un "filósofo"). El problema de Hölderlin fue tratar de demostrar y demostrarse esa superioridad, que probablemente tenía asumida. Algo que Keats, por ejemplo, afirmaba rotundamente en su poema (no es casualidad) Hiperión: for 'tis the eternal law/ That first in Beauty should be first in might (Hiperion, libro II). Sin embargo, ser el primero en la belleza no asegura ni el poder ni la verdad. La Sagrada Teocracia de lo Bello, fórmula que preconizaba Hölderlin como futuro deseable de la Humanidad, no es más que un sueño por el que habría que luchar, no menos que por cualquier otro sueño, con armas más humanas que divinas.
La distancia entre el deseo de verdad, el deseo de ser en realidad un elegido, portador de un mensaje salvador, y la realidad de serlo es la que explica en gran medida no solo la trayectoria vital de Hölderlin, sino la de otros visionarios poéticos que el movimiento prerromántico y romántico produjo. La personalidad y las circunstancias de su vida no son en absoluto ajenas a lo aristocrático de sus sueños y empeños poéticos que, en gran medida, son compensatorios.
La obra de Mas es un sincero ejercicio de análisis en donde los problemas no los plantea la insuficiencia de éste sino la propia materia que se plantea analizar. Muchos han escrito sobre Hölderlin, muchos han inventado a Hölderlin. Mas no ha tratado esto último, sino más bien ha intentado recomponer un puzzle para descubrir al final que faltan varias piezas. Es de agradecer, como ya hemos indicado, una sinceridad poco frecuente que es garantía de que no se ha intentado pasar ninguna valla por debajo. El proyecto emprendido tendrá obstáculos diferentes en cada autor tratado y más vale enfrentarse a ellos que dejarse arrastrar por lo ya dicho, que nunca es lo último.
Por mi parte, en mi modesto y personal encuentro con Hölderlin, saqué en claro una cosa: el mensaje de Hölderlin viene de Oriente y sus respuestas de Occidente. Esto es, valga la pobre analogía, como lanzar la piel del plátano por delante de nosotros. El silencio de Oriente no es el silencio de Occidente.
Joaquín Mª Aguirre Romero
Universidad Complutense de Madrid
30/08/99
El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero12/sal_mas/.html
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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 1999