Espéculo

Reseñas, críticas y novedades


Miguel Herráez:

Confía en mí

      

No sé muy bien si escribir acerca de un tiempo pasado es o no un ejercicio de recuperación de la memoria histórica. En todo caso, como bien es sabido, la memoria es selectiva, de ahí que su adjetivación sea poco menos que relativa. ¿Qué pretendí, desde este planteamiento, al redactar Confía en mí? Intuyo que, como hace cualquier narrador, lo que intentaba era buscarme a mí mismo, divertirme, sufrir, recrearme, reconstruirme. En definitiva, reinventarme.

El tiempo en que transcurre Confía en mí es diciembre de 1973. Por entonces al nieto del millonario Paul Getty le cortaron la oreja de un tajo limpio porque su abuelo se negó a pagar el chantaje de unos mafiosos, el Marqués de Villaverde, con el cabello aceitoso y la piel bronceada en las playas de Marbella, hacía de las suyas con los corazones ajenos emulando al sudafricano Christian Barnard y el país vivía el final de la dictadura en medio de una sensación de incertidumbre palpable, si bien nadie sabía con certeza -yo tampoco- cuál sería el rumbo que iban a tomar nuestras vidas. O, mejor dicho, en qué atmósfera se iban a desenlazar nuestras vidas en los años inmediatos. Una mañana oí perfectamente el tremendo bombazo por el que el Dodge Dart de color negro diplomático y de 1758 kilos de peso de Carrero Blanco se elevó como una nave espacial y se desplomó en el claustro de San Francisco de Borja en Madrid. Lo oí como si hubiese explotado el paquetón de Goma 2 en la esquina de mi casa, aunque yo me encontraba a más de 350 kilómetros de distancia, y recuerdo también los comentarios en voz baja, los susurros de la gente en la calle aquel día gélido y casi navideño, en los comercios adornados con espumillón, en las oficinas tocadas con abetos artificiales con estrellas plateadas, en los bares de cristales manchados de falsa nieve, en los ascensores. ¿Qué ocurriría, qué pasaría?

Fue un tiempo en que íbamos a los cineclubs. Había decenas. En los colegios mayores, en los sótanos húmedos y en las aulas de algunas Facultades, en la pared improvisada de algún gimnasio. Gente con barba, camisas blancas abotonadas hasta la nuez, gafas de carey, pipas humeantes de olor dulzón y cigarrillos Ducados, macutos de pana, anoraks y la Cartelera Turia (una auténtica biblia para los cinéfilos de Valencia) en el bolsillo. El cineclub era la excusa para hablar de política. Por eso nos tragábamos películas difíciles de digerir, muy en especial los ciclos dedicados a Ingmar Bergman, porque en el coloquio siempre se acababa comentado la dialéctica de los pequeño-burgueses y de su discurso reaccionario, y, entre guiños y metáforas, se enjuiciaba el diletantismo del Régimen, objetivo final de aquellas sesiones en las que descubrías los topos de los partidos, no siempre con facilidad, porque dominaban un vocabulario muy preciso y sugerente que a muchos nos cautivaba mientras duraba el efímero hechizo, pero al que desacralizábamos apenas nos percatábamos de que bajo el brillo de esas palabras se escondía mucho cascarillo y mucha vanidad disimulada.

Confía en mí se sitúa exactamente ahí. En ese espacio de la respuesta al autoritarismo de Franco, pero, a la vez, en esa fotografía en blanco y negro en la que desarrollo una autocrítica de mi propio generación. Para ello he recurrido a una anécdota, a unos personajes y a un tono desmitificadores. Germán Tello está  en los veintitantos, ha recibido el encargo de confeccionar una guía de París, ciudad que no conoce y adora. Su amigo Luis, que forma parte de una célula política constituida por dos miembros, es la contraparte. El trayecto: siembras de octavillas en lugares públicos, conversaciones, sucesos, persecuciones y situaciones, en ocasiones, de lo más hilarantes. La vida, en suma.

Miguel Herráez


 

 

Miguel Herráez surgió en el mundo literario en el año 1977 con un libro de poemas, Elipsis, al que siguió, impulsado por el fervor de la poesía de Guillermo Carnero y el esteticismo de los Novísimos, Hipótesis de la razón y su silencio (1978). En 1982 se estrena en el género narrativo con Las claves de Trilby, libro que recogía varios cuentos publicados anteriormente en revistas tan reconocidas como Triunfo, Ínsula o Papeles de Son Armandans. En 1986 publica La tregua de los ángeles, nueva colección de relatos que asegura y testimonia el nacimiento de un nuevo escritor que lucha por hacerse un sitio en el disputadísimo panorama literario español.

La consolidación le llega de la mano de un nuevo reto que le encamina por los vericuetos de la novela negra: Click, pues es en el género negro donde confluyen algunas de las obsesiones que habían germinado en sus libros de cuentos anteriores: el cine de los años cuarenta, la novela americana y la descreencia de la vida cotidiana como configuración de unos valores sociales que se ponen en cuestión. A esta novela le sigue una nueva entrega de cuentos, Cada vez la muerte, en donde trabaja a la sombra del influjo cortazariano el tema de la muerte como constante vital del mundo aciago que nos acecha. Recientemente este autor ha publicado el epistolario de Blasco Ibáñez con el editor Francisco Sempere y un libro sobre el mismo Blasco, titulado Cartas de cine, que recoge su correspondencia en este campo y cuya edición crítica corre a cargo de Miguel Herráez. A ello se une un último libro, La estrategia de la postmodernidad en Eduardo Mendoza, que supone el primer ensayo de Herráez que viene respaldado por el galardón del Premio Internacional de Ensayo "Juan Gil-Albert".

Con Confía en mí, su segunda y hasta ahora última novela, Herráez continúa el periplo iniciado en su primer relato largo: el protagonista es el mismo Germán Tello, un detective a su pesar que se ve envuelto en una fascinante peripecia enmarcada en los años de los últimos coletazos del franquismo. La novela aparece ambientada en el mundo de los opúsculos de la izquierda española. Comunistas, maoístas, estalinistas, socialistas y una amalgama de etiquetas variopintas de diverso signo político adornan un universo a medio camino entre un idealizado París y una Valencia que sirve de contexto real y que constituye la ciudad natal del autor. La recreación de la aventura política se utiliza como resorte que singulariza el cuestionamiento de las ideologías. Surge, pues, una mirada crítica, no carente de sutil ironía, que relativiza los últimos años de uno de los períodos m s importantes de nuestra historia reciente, pero que también los presenta retratados con mucha menos importancia de la que a menudo aparece entre los miembros de su generación. Todo pasó y todo perdió la trascendencia que suponía el enfrentamiento al régimen, lo cual cobra una cierta carga de reconocimiento del absurdo de esa época. Las peripecias de Germán Tello y Luis, su compañero de aventura, ponen de relieve la insignificancia de esos años. La muerte de Carrero Blanco en 1973 no ser sino el punto en donde culmine una trama que cuestiona toda esa importancia histórica, cuestión visible a todas luces en la impericia de los protagonistas al afrontar los hechos de la Historia. A partir de la desaparición de un compañero de la lucha antifranquista y a causa del reparto a la puerta de unos grandes almacenes de unas octavillas con un poema de Alberti reclamando la libertad, el protagonista Germán Tello se verá envuelto en una sucesión de interesantes problemas que ponen de relieve el sinsentido de una existencia trivial ante la falta de justificación de los sucesos.

La novela de Herráez Confía en mí se reviste de un lenguaje que reproduce el léxico y las expresiones de la época, jugando con un diálogo vivaz, muy real, que agiliza notablemente el relato y que supone uno de los mayores logros del libro. A ello se une una aguda visión del pequeño mundo de las personas que conviven en el universo narrativo, objetivado a partir de la visión de Germán Tello, que narra en primera persona los detalles de la historia pero que a su vez proyecta ese yo hacia el mundo y hacia la ciudad, de modo que primera y tercera persona se simultanean continuamente aportando al relato un mayor carácter de realidad. El relato, pues, es el resultado de una óptica acorde con los postulados de la postmodernidad en donde se observa la insignificancia del hombre ante la imposibilidad de encontrar un asidero férreo que justifique las acciones de los hombres y que demuestre las causas que sostienen esa realidad social y que superan, por tanto, la mera práctica de lo policial. Y todo ello nace de la mano de un escritor que ha encontrado en el relato negro su mejor género y que ha conseguido trazar de manera muy próxima al lector un relato entretenido que mediante las chispas constantes de humor cautiva desde las primeras páginas.

Luis Veres

 

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero12/confia.html



Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 1999