Especial Mercedes Salisachs Espéculo 2008

 

La voz de Mercedes Salisachs

Juan Manuel de Prada


 

   
Localice en este documento

No es, desde luego, Mercedes Salisachs una autora que precise prolijas presentaciones. Novelista caudalosa aunque algo más guadinesca de lo que sus lectores desearan, dueña de un universo narrativo muy coherente, sus colaboraciones periodísticas suelen aparecer con asiduidad en este mismo diario. [1] La Gangrena, obra con la que obtuvo en 1974 el Premio Planeta, constituye uno de los éxitos más contundentes e irrebatibles de nuestra literatura contemporánea, y al mismo tiempo una crónica entretejida de introspecciones en la que la autora, con precisión quirúrgica que no excluye la fineza de estilo y el cuidado arquitectónico, disecciona la descomposición de cierta burguesía catalana, a través de una saga familiar que, más de veinte años después, se prolongaría en Bacilo. Recientemente, cuando ya parecía que Mercedes Salisachs había renunciado a incrementar su bibliografía, hemos asistido a un resurgir de su fiebre creativa, con novelas donde vuelve a brillar su habilidad para la captación de psicologías incardinadas en su circunstancia histórica, y también ese discreto lirismo que comunica a su prosa una honda y convincente humanidad.

La voz del árbol (Plaza & Janés, Barcelona, 1998) se inscribe en este proceso de resurrección novelesca de Salisachs. Como ya ocurría en El secreto de las flores, su anterior entrega, el registro intimista no anula la peripecia narrativa, ni interfiere la limpidez de una escritura que anhela, sobre todo, conmover al lector. En La voz del árbol se nos cuentan las vicisitudes de una mujer llamada Lucía, desde que, con apenas seis años, presencia el asesinato demoradamente cruel de sus padres sobre el paisaje cainita de la Guerra Civil, hasta que, ya con más de sesenta, asiste en su agonía a Tomás Berasastege, el hombre al que ha amado con tenacidad desde su juventud. A través de las sucesivas décadas que estructuran, a modo de capítulos, el libro, Lucía sirve a una serie de amos que no siempre corresponden a sus desvelos, haciéndola con frecuencia víctima de su avaricia o su lascivia o su egoísmo inveterado. Pero estas pasiones abyectas ni siquiera afectan a nuestra protagonista: su casi indescifrable bondad sale triunfante de los ambientes más sórdidos o envilecidos. La voz del árbol se configura, pues, como una especia de novela picaresca a la inversa, en la que la protagonista, lejos de adecuarse al clima de depravación que asedia su existencia, se mantiene encastillada en una impertérrita virtud, como si las asechanzas de los bajos instintos y la rapacería ni siquiera la inmutasen. Diríase que la conmoción sufrida en la niñez la hubiese inmunizado frente a la adversidad, y que todos los arañazos que le infligen desde el exterior sirviesen de fecundo abono a una abnegación creciente.

Quizá el principal mérito de esta novela resida precisamente en la creación de Lucía, un personaje impermeable a la maldad, dotado de una modesta y rudimentaria clarividencia que la impulsa a hacer el bien, siguiendo los dictados de “esa voz del árbol” que, hacia el final de cada capítulo, se hace escuchar, como si fuese la voz desdoblada de su conciencia. Lucía ni siquiera ha recibido una formación católica mínimamente esmerada, pero sus actos están siempre guiados por una religiosidad intuitiva, casi primigenia, que halla su símbolo en ese árbol de tronco seco, altar del sufrimiento y oasis último de la esperanza, a cuya fortaleza redentora se acoge cuando bajo sus pies se tambalea el mundo. Mercedes Salisachs sabe engarzar los distintos episodios que jalonan la existencia de la protagonista con una diafanidad propia de las hagiografías medievales, agilizada por la incorporación de elementos folletinescos que convierten La voz del árbol en una obra insólita, de una rara ucronía, en nuestro actual panorama narrativo. Un lector intransigente o envenenado de modernidad podría aducir que la virtud ya no puede constituirse en asunto narrativo, después de que la literatura de este último siglo se haya dedicado a bucear en las alcantarillas del subconsciente y en la depauperación moral del hombre; esta objeción la soslaya Salisachs proponiéndonos una novela donde la virtud no se erige en artificiosa realidad idílica (por el contrario, sus páginas están veteadas de diversas atrocidades), sino en una especia de Numancia sobria y recóndita que sobrevive al acoso del mal e irradia su luz, aferrada a un puñado de convicciones que nunca perecen.

No podemos negar que, en algunos pasajes, La voz del árbol se escora hacia los territorios del ingenuismo. Tampoco que echamos en falta cierta progresión psicológica en la protagonista, que aparece nítidamente retratada desde el principio y luego se mantiene inmóvil y como petrificada durante el desenvolvimiento de la historia, como si el decurso de los años (y son muchos los años que Salisachs compendia en apenas trescientas páginas) no la contaminase, hasta el punto de que, a veces, al lector lo asalta el desasosiego de enfrentarse a una Lucía casi anciana que persevera en las actitudes de la adolescencia.

Pero los reparos que acabo de formular pesan poco frente a la pujanza de una escritura superdotada para la exploración de sentimientos y la radiografía de almas, agudísima en la espeleología del dolor y en la captación de ambientes (en Salisachs, una descripción de trazo impresionista basta para transmitirnos vívidamente un clima moral), que, además, nunca decae en su fervor imaginativo. De esta simbiosis poco común entre fabulación e intimismo surge una novela atenta por igual al remanso lírico y al desbordamiento narrativo, de una belleza austera y apenas susurrada que, como la propia protagonista, sabe callar a tiempo, dejando en el aire un temblor matinal que despoja al lector de sus prejuicios más arraigados.

 

Notas

[1] Este artículo, que nos ha cedido el propio Juan Manuel de Prada, se publicó antes en el diario ABC, nº 30.458, domingo 11 de abril de 1999, pág. 62.

 

[Este artículo pertenece al volumen HOMENAJE A MERCEDES SALISACHS: MÁS DE CINCUENTA AÑOS EN LA LITERATURA http://www.ucm.es/info/especulo/msalisac/index.html]

© Juan Manuel de Prada 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/msalisac/jm_prada.html


Índice del monográfico