
El amor en los tiempos de la transición española: dos miradas
Elizabeth Espadas
Wesley Collage, Dover, Delaware
La escritora barcelonesa Mercedes Salisachs ha tenido una larga trayectoria novelística en la posguerra española, distinguiéndose siempre como escritora atenta a los rasgos de la personalidad femenina y al ambiente social en que se desarrolla. En este trabajo, se estudiarán dos novelas que ofrecen muchos lazos entre sí, tanto por la situación de sus protagonistas como por su relación con la ciudad de Barcelona: Adagio confidencial (finalista del Premio Planeta, 1973) y El volumen de la ausencia (Premio Ateneo de Sevilla, 1983).
En la primera, el fondo de la ciudad aparece desde el principio, el encuentro inesperado en el aeropuerto de El Prat, con su paisaje típico, entre Marina Cebrián y Germán de Alcántara. Ya maduros y libres los dos, su encuentro les brinda la oportunidad de renovar su amistad o dar el paso hacia la relación amorosa. Se hablan de los cambios ocurridos en el lapso de tiempo -nuevas autopistas, nuevos barrios, expansión comercial- pero también aparecen en sus evocaciones nostálgicas el barrio viejo de Miramar, las Ramblas, el Paseo de Gracia, la ciudad antigua.
En El volumen de la ausencia, es un poco diferente, porque en vez de surgir la ciudad en los recuerdos, la ciudad es el mecanismo a través del cual se evocan los recuerdos. Las calles, los monumentos, los edificios de la ciudad sirven para dirigir el pensamiento a personas y eventos del pasado, formando así el esqueleto de la acción, trazando la caminata de Ida desde el consultorio, donde le han confirmado el diagnóstico de una enfermedad mortal que le dejará sólo unos meses de vida, hasta el edificio donde vive Juan Arenal, el pintor del que está enamorada, a pesar del lapso de tiempo en que no se ven. En una interesante organización de la materia novelística, los capítulos trazan su viaje, hora por hora, minuto por minuto, con sus correspondientes referencias urbanísticas.
En El volumen de la ausencia, también aparece otro tipo de referencia a Barcelona, en su homenaje a otra escritora barcelonesa, Carmen Laforet, que había captado magistralmente el ambiente de posguerra en la capital catalana en Nada (Premio Nadal, 1944). En cierto sentido, se percibe casi una re-escritura, más que juego intertextual, a los cuarenta años de su publicación. Aparecen a menudo calles como la Vía Layetana, la iglesia de Santa María del Mar, y los edificios de la Universidad, y Salisachs ubica la casa de la familia Sierra en la Calle Aribau, no mucho menos sórdida que en aquel entonces cuando llegó la Andrea de Laforet tras la guerra civil. Se retiene el ambiente de gente venida a menos, que sienta perfectamente para subrayar las pretensiones de la suegra Soledad y las falsas ilusiones del escritor fracasado Daniel. Hay paralelismos también en los personajes adolescentes de ambas novelas, ambas llamadas Andrea, que en cada novela buscan amistad con una chica rica (Ena y Manolita, respectivamente); el resultado, sin embargo, es diferente y acorde con los tiempos (la Andrea más actual se aprovecha de esta amistad para enamorar al padre de su amiga). Hay también personajes llamados Juan en ambos, además del uso de personajes femeninos con nombres simbólicos significativos, como Angustias y Soledad, respectivamente. Juego intertextual o re-escritura, añade matices interesantes a la lectura y apreciación de la obra. Adagio confidencial y El volumen de la ausencia a la vez comparten una fórmula novelística esencial y se diferencian en la época sociopolítica que retratan. Ambas obras exploran la situación social y legal de la mujer española del siglo XX y su entrada en el mundo del trabajo. Aunque hay rasgos que coinciden con la novela rosa -especialmente el énfasis en la historia de amor, la figura de la mujer apasionada y sus intensos sentimientos- se apartan de ese modelo en aspectos muy significativos: la relativa falta de contenido erótico, el fondo o ubicación de tipo exótico, la falta de confianza y la desilusión con el amor “eterno y verdadero” y otros viejos valores, y el típico final feliz rosa en el que todos los problemas se revuelven con el amor y el matrimonio con un hombre rico. Esta combinación de narrativa más realista con los tópicos de la novela rosa, típica de Salisachs, es lo que le llevó a Debra Castillo a designar su obra como “middle brow” (Intertextual pursuits, 97), un término acertado para explicar el éxito editorial por un lado y una relativa falta de atención por parte de los críticos e historiadores de la narrativa contemporánea, por otro.
Ambas novelas presentan una problemática muy ligada a su década. Adagio confidencial tiene lugar durante el período final del franquismo, época en la que se piden y se prevén cambios fundamentales en cuanto a los derechos personales (y los de la mujer en particular), pero éstos todavía no llegan a realizarse. Marina se encuentra en una situación precaria cuando su esposo Rogelio (adúltero durante toda su vida de casado) muere sin testar y su hermana le acusa a Marina de adulterio, falsamente. La situación jurídica de la mujer cambiaría con la Constitución de 1978, pero no a tiempo para Marina. En El volumen de la ausencia, Ida Sierra también lucha con las injusticias sociales tradicionales experimentadas por la mujer, pero tiene más posibilidades de acción por las nuevas libertades. Este componente de la novela se desarrolla con plena conciencia de la autora:
Aunque la obra transcurre en cuatro horas y media y se ciñe a un paseo-viaje que realiza la protagonista en la ciudad de Barcelona, desde lo alto de la calle Muntaner hasta el Puerto, tanto lo que dicho personaje recuerda y por consiguiente está en primera persona, como lo que está en tercera persona, para clarificar las zonas oscuras del relato, abarca varios años cruciales, ya que se ciñen especialmente al final del franquismo, a la transición y a la democracia en España (La palabra escrita, 141).
El estado matrimonial es el eje del argumento de ambas obras y hay varias coincidencias entre ellas. Primero, el matrimonio, tanto el de Rogelio con Marina como el de Daniel con Ida, no se basa en un verdadero amor sino más bien en la conveniencia. Ambos hombres son inmaduros, distantes, incapaces de entender o atender las necesidades de sus esposas, machistas en su afán de dominio y control, y adúlteros (Rogelio con Tina y Bruna, Daniel con Marta). Significativamente, ambas mujeres usan el apellido de su esposo, no el suyo propio, lo cual señala el grado de dominación que padecen. La dinámica familiar sufre mucho por estas causas, agravada también por la diferencia de edad entre los esposos, de casi una generación. Son matrimonios poco aptos -con falsas apariencias de madurez, grandes egoísmos y pretensiones- en una época en que el divorcio todavía no es una opción.
Así, Marina se lanza a trabajar, con la ayuda de socios, para poder vivir sin tener que recurrir a un pleito para recibir la cuarta parte del legado de Rogelio, e Ida también consigue un trabajo que le llena parte del vacío causado por su matrimonio insatisfactorio. Otra coincidencia es que ambas mujeres trabajan -Marina de jefa, Ida de empleada- en una galería de arte, asociada con un mundo refinado propio de la mujer cultivada, y apropiada para desarrollar y demostrar su capacidad creativa y sensibilidad. Y el éxito de las respectivas galerías se debe precisamente al talento de estas mujeres.
Tradicionalmente la vox populi ha mantenido que al trabajar, la mujer tiene más posibilidades de disfrutar de relaciones ilícitas. Y hasta cierto punto, esto se comprueba en estas novelas. Marina pasa tiempo con Germán de Alcántara, por insistencia de su marido, supuestamente porque comparten un gusto por la música y el arte que Rogelio no tiene (aunque en realidad es más por su frialdad y falta de compañerismo como marido). Sin embargo, esta relación es totalmente platónica, aunque Germán llega a enamorarse de ella. Y también es en la galería donde Ida conoce al famoso pintor exiliado, Juan Arenal, de quien se enamora, y con el tiempo aparentemente se convierten en amantes, aunque la autora evita cualquier descripción erótica. Ambas mujeres, a pesar de la diferencia en sus situaciones rechazan la oportunidad de establecer una nueva relación plenamente satisfactoria (Ida, hasta tres veces, siempre producto de una crisis familiar). En esto, recuerdan el concepto desarrollado por Carmen Martín Gaite de “las ataduras”, de las que las mujeres casadas no pueden liberarse: “Las verdaderas ataduras son las que uno escoge, las que se busca y se pone uno solo, pudiendo no tenerlas” (46).
Aunque las deficiencias de los maridos proveen el blanco principal de la crítica en ambas obras, las mujeres tampoco se escapan, especialmente las de la alta burguesía, por su frivolidad, materialismo y prejuicios junto con la manipulación de sus hijos. Los conflictos generacionales son agudos, aún cuando se llevan relativamente bien, como en el caso de Ida y su madre. Ida rechaza la fe religiosa que sustenta a su madre y no comprende su forma de volcarse en los demás.
Creo que fue en aquella ocasión cuando de verdad conocí yo a mi madre. Hasta entonces lo único que sabía de ella era que había pasado por la vida, como tantas mujeres de su época, sometida al destino ancestral de su sexo, volcada hacia su marido, cuidando de mí cuando yo era pequeña y dedicada luego a Jacobo porque era hijo mío y yo no podía ocuparme de él. Nunca supe en realidad cuáles fueron sus verdaderas luchas internas. Ni siquiera llegué a saber si las tenía. Ignoro si alguna vez sintió la necesidad de rebelarse, o si llegó a experimentar por un hombre que no fuera mi padre lo mismo que yo sentía por ti. Me chocaba, eso sí, su forma de comportarse con todo el mundo; aquella necesidad de entrega que casi nadie apreciaba, aquel volcarse con los que sufrían o enfermaban y, sobre todo aquella paz que irradiaba incluso en los momentos de mayor apuro… (184).
Al mismo tiempo, paradójicamente, Ida coincide con ella más de lo que se imagina. Recuerda las palabras maternas, que afirmaba que los enfados eran inútiles, estériles: “No hay como fingir que no se perciben. Todo se arregla haciéndose el ciego” (185). Precisamente es lo que le pasa a Ida, aunque sea inconscientemente, con la complicidad de su familia y sus amigos, que la “protegen” de las realidades desagradables: la homosexualidad de su hijo, la verdadera naturaleza de la “amistad” entre Rodolfo y Carlos, la relación ilícita de su hija con un hombre mayor casado, la complicidad de su suegra en la relación de su nieta con Ernesto Carihuela, y el adulterio de su esposo con Marta Echave. En este aspecto, las novelas se diferencian de manera significativa. Mientras que en Adagio confidencial, el amor se queda en lo platónico y los problemas son de tipo del “qué dirán”, aquí nuestra protagonista tiene que confrontar los grandes problemas sociales de fin de siglo: el desdén institucionalizado con respecto a la inteligencia de la mujer, unos conflictos generacionales cada vez más violentos, la sexualidad alternativa, y los accidentes de tráfico causados por la alcoholemia, que le priva de su adorado hijo menor en plena niñez.
Ida también demuestra un rasgo de hipocresía ausente en el carácter de Marina. Uno de los motivos reiterados a lo largo de la novela es su deseo de ser diferente de otras mujeres adúlteras. Incluso cuando descubre la situación de su propia hija a través de una visita inesperada de la señora Carihuela, quiere verse de alguna forma menos culpable y le complacen sus palabras de que ha contactado con Ida porque presenta la imagen de una mujer “intachable” (149). Pero los paralelismos en seguida saltan a la vista:
Y me vi a mí misma fundida a mi propia hija: usurpando a Rose lo que Andrea estaba usurpándole a ella. Todo resultaba monstruosamente similar. Todo era una copia exacta de lo que yo estaba haciendo… Mujer intachable. También yo lo había creído hasta aquel momento. Recordé el billete de avión con destino a Niza que llevaba en el bolso. Recordé los embustes que había tenido que improvisar para proyectar mi viaje. ´Son dos casos distintos´. Necesitaba convencerme de que lo eran. Probablemente Andrea se había unido a un hombre sólo por el dinero. En cambio, yo me estaba uniendo a ti sólo por el amor. Era necesario desglosar los dos casos; llegar a la conclusión de que únicamente mi hija estaba pisando un terreno falso. (148-149).
Pero la señora Carihuela no le permite este autoengaño mucho tiempo. El próximo encuentro es para decirle que “´he cambiado de opinión respecto de su pretendida respetabilidad: es usted tan puta como su hija´” (165). El poder del qué dirán, tan fuerte en Adagio confidencial, todavía está presente en el mundo burgués de los años 80, e Ida, herida en todo su ser, de nuevo se echa para atrás. Como lo designa la misma Salisachs, es “la cancelación de un hermoso sueño preso de la lejanía” (La palabra escrita, 65), una de las claves de su producción novelística.
Así, aunque los lectores puedan simpatizar con Ida, incluso identificarse con ella, no es un personaje ideal ni idealizado, sino una mujer muy de su tiempo, con todos los problemas y experiencias que eso implica.
En conclusión, se puede afirmar que Salisachs liga sus historias de amor a la de Barcelona, y de España, de manera muy detallada y convincente, y en esto se aparta de los modelos de la novela rosa y sus ambientes exóticos o extravagantes. La vida de la ciudad, sus ritmos, sus edificios, sus costumbres, vibran en cada página. Sus personajes, ricos o pobres, son profundamente urbanos en sus experiencias, especialmente las mujeres, que experimentan los grandes cambios sociales del siglo XX a la vez que son a menudo víctimas de injusticias heredades de épocas anteriores. Estas protagonistas que entran en el mundo laboral están empeñadas en valerse por sí mismas (aunque sea con la ayuda de otros). El amor y el matrimonio ya no son la solución a todos sus problemas, ni se idealiza a los personajes femeninos. No sólo hay mujeres falsas, malas e hipócritas, sino que las mismas protagonistas tienen sus fallos y juicios equivocados. Así Salisachs ha creado retratos de dos mujeres barcelonesas de la segunda mitad del siglo XX y su lucha interior en la que se capta la problemática de toda una época de transición.
Bibliografía y Obras citadas
Abel, Elizabeth; Marianne Hirsch y Elizabeth Langland, eds. The Voyage In: Fictions of Female Development. Hanover y Londres: University Press of New England, 1983.
Boring, Phyllis Zatlin. “Divorce in the Contemporary Spanish Novel” en Perspectivas sobre la novela española de los siglos XIX y XX. Ed. Alva V. Ebersole. Valencia: Albatros, 1979, 115-122
Castellanos, Rosario. Mujer que sabe latín. México: Editorial SEP Diana, 1979.
Castillo, Debra A. “Mercedes Salisachs, Ideal Womanhood, and the Middlebrow Novel” en Intertextual Pursuits: Literary Mediations in Modern Spanish Narrative. Eds. Jeanne P. Brownlow y John Kronik. Lewisburg, PA: Bucknell University Press; London: Associated University Presses, 1998, 97-125.
Espadas, Elizabeth. "Adagio confidencial de Mercedes Salisachs: ¿Novela rosa o novela de testimonio feminista?" en Ensayos de Literatura Europea e Hispanoamericana. Ed. Félix Menchacatorre. San Sebastián: Universidad del Pais Vasco, 1990, 145-50.
Laforet, Carmen. Nada. Barcelona: Destino, 1944.
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Salisachs, Mercedes. Adagio confidencial. Barcelona: Planeta, 1976.
——— La palabra escrita: radiografía de mis novelas. Barcelona: Ediciones B, 2003.
——— El volumen de la ausencia. Barcelona: Planeta, 1973; Barcelona: Ediciones B, 2004.
[Este artículo pertenece al volumen HOMENAJE A MERCEDES SALISACHS: MÁS DE CINCUENTA AÑOS EN LA LITERATURA http://www.ucm.es/info/especulo/msalisac/index.html]
© Elizabeth Espadas 2008
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid
El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/msalisac/eespadas.html
