Especial Mercedes Salisachs Espéculo 2008

 

Los orígenes literarios de Mercedes Salisachs

Blanca Bravo

Unidad de Estudios Biográficos de Barcelona


 

   
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“El hecho de vivir puede ser más letal que morir.”
En una entrevista con la autora, aparecida en Memoria. Revista de estudios biográficos.

 

Desde su primera novela, Mercedes Salisachs ha demostrado talento para captar la atención del lector. Hay momentos en sus obras en que el desconcierto por el desconocimiento de la persona que habla llega a resultar inquietante para quien tiene el libro en las manos. En efecto, los contundentes principios in media res a menudo descolocan al que lee y, sin embargo, favorecen la intriga narrativa de cada uno de sus libros obligándole a penetrar en los laberintos más complejos y en los rincones más recónditos de una clase social que quiere ser entendida desde la excelencia.

Primera mañana, última mañana (1955), [1] Carretera intermedia (1956) [2] y Una mujer llega al pueblo (1957) [3] revelan los inicios literarios de Mercedes Salisachs i Roviralta, autora de una nutrida bibliografía formada por más de treinta títulos. Las numerosísimas reediciones que han merecido sus obras dan una pista de la cantidad de lectores que la conocen, lectores que empezaron a leer sus obras allá en los años cincuenta y que siguen su trayectoria hoy, superado ya el siglo XXI. Esta escritora, nacida en la Barcelona de 1916, educada en un colegio de religiosas y graduada con el título de Perito Mercantil, había empezado a escribir en la década de los cuarenta, aunque ella siempre descarte esa producción temprana [4] y dé como inicio de su trayectoria el año 1955, precisamente el año en el que aparece Primera mañana, última mañana firmada con un nombre falso que le sirvió como seudónimo: María Ecín.

De ella escribió Guillermo Díaz-Plaja, quien fuera espejo de las novedades y divulgador de literatos coetáneos: “Cuando Mercedes Salisachs firmaba María Ecín, es decir, al publicar su primer libro (Primera mañana, última mañana, 1955), demostró una capacidad realmente notable para el relato complejo, distribuido en planos sincrónicos, con acciones superpuestas y regresivas.” Era un auténtico elogio de un crítico severo, puesto que Díaz-Plaja finaliza su comentario de El declive y la cuesta (1966), que es, en realidad, el objeto de la reseña, afirmando: “Servir con dignidad todo este programa estético, sociológico, interpretativo y religioso, ha sido la proeza de Mercedes Salisachs.” [5] Cuando Díaz-Plaja se refiere al perfil religioso de la obra de Salisachs, apunta uno de los aspectos que definen a esta autora. De hecho, la religión, la locura y la huída son tres ejes válidos para observar su creación.

En 1955 la primera novela de Mercedes Salisachs se situaba en un panorama literario que se distanciaba a pasos agigantados de las heridas de la guerra civil. Muchos intelectuales seguían en el exilio, mientras que en el país se producían obras sociales que sugerían una cierta crítica impensable en la década anterior. Entre la narrativa existencialista y dura de los años cuarenta Mercedes Salisachs debía conocer la espléndida Nada, de Carmen Laforet y la experimental de los años sesenta ese eterno Tiempo de silencio , Primera mañana, última mañana se sitúa en la época de máxima producción de literatura social en España después de la gran explosión de narrativa social de los años treinta. Y, sin embargo, como ella misma afirma, [6] no puede explicarse en esa tendencia, sino que su novela procura reflexionar sobre la vida, en general, a partir de un artista en crisis que vive en el límite de la locura e inmerso en la amarga película de sus recuerdos. Lo cierto es que la contienda civil española y sus consecuencias es el hecho histórico más destacado en la novela. En este sentido, Mercedes Salisachs entra en una línea de autoras que han dedicado alguna de sus obras a esta guerra caso de Mercedes Formica, Carmen Kurtz, Isabel Oyarzábal, Carmen de Icaza, Carmen Laforet, Susana March, Ana María Matute, Dolores Medio y Elena Quiroga, por citar algunos nombres. Sin embargo, la autora salva al bando nacional y, en ese sentido, queda más alejada de las novelas recientes de autoras como Rosa Regàs, Mercedes Abad, Ángeles Caso, Dulce Chacón y Almudena Grandes, que se muestran más críticas con los vencedores. En Primera mañana, última mañana la guerra está presente como lastre del personaje que ha visto de cerca la muerte, que ha sufrido un estómago taladrado por el hambre y que ha sido víctima de las colectivizaciones. Sin embargo, a pesar de las críticas que tratan con mayor benevolencia a los ganadores, en esta novela hay más individuo que sociedad. Hay más clase alta que baja, aun cuando se den momentos en que entren en cruda comunión. Se da, en definitiva, la historia íntima de un personaje que convive con la locura y que se explica con una extraña lucidez. “Yo escribí en Primera mañana, última mañana una novela en la que el protagonista es más del tiempo actual que del tiempo en que lo escribí. Eso no quiere decir que el libro sea de vanguardia, sino que el protagonista es más actual de lo que lo fue cuando le di vida.” [7] En efecto, en la propia novela, la autora aventuraba al final del texto la idea de que su obra se entendería plenamente a posteriori. Pone en boca de Rómulo Doquimasia esta reflexión: “Probablemente el mundo que va a venir comprenderá mejor que el actual la historia que te dejo escrita, y algún día, cuando todos los hombres lleven el subtítulo de “infra” mi historia se convertirá sin duda en un libro de texto.” [8] Esta novela que contrapone el hombre al infrahombre tiene una estructura que van completando huecos. El protagonista, en una carta a Miguel, va descubriendo su pasado en un hilo narrativo detenido en once ocasiones para dialogar con personas significativas de su vida. Se trata de una lucha dialéctica por convencer a los suyos de que no está loco. El último diálogo, entablado con la muerte, finaliza la obra que muestra los entresijos de los cincuenta y dos años de un tipo agobiado por el peso de su pasado.

Carretera intermedia sorprende por el tono más ligero que el de la novela anterior. No se trata de que los temas tratados en este caso sean superficiales realmente volvemos a encontrar un pasado terrible y una reiterada obsesión por la muerte , sino que el hilo de la obra, salvando los in media res ya mencionados, avanza de modo mucho más ágil. En efecto, el estilo, que simultanea acciones para darle pistas al lector sólo cuando la escritora quiere que acabe comprendiendo dónde se encuentra, resulta efectivo y acorde con la acción, que avanza a un ritmo frenético y precipitado, condensada en apenas unos días.

La protagonista en esta ocasión es una mujer, Bibiana, aunque eso parece importarle poco a Salisachs, ocupada en describir los temores más secretos de la especie humana al margen de que sean hombres o mujeres. Carretera intermedia en una metáfora de las opciones vitales es una historia de amor truncado por un trágico, más aún por un premonitorio, accidente de automóvil. La vida de una mujer que se debate entre la locura y la cordura tras la pérdida de una hija es el punto central de esta obra en la que vuelve a combinar escenas e hilos narrativos. Hay un personaje repetido en esta novela, el doctor Suárez, que establece un vínculo con la anterior y crea un principio de universo narrativo coherente. En esta ocasión, el amor aparece como redención. Salvando el riesgo de caer en la novela rosa, el final de esta historia de amor repentina, apasionada y casi adolescente por parte de dos personas ya maduras, doloridas por la vida y resignadas al vacío es un final trágico. Se acaban de un plumazo las promesas de futuro. Sin embargo, han sido vidas válidas porque le han dado “a su existencia el valor de un intento”. [9] La dialéctica se convierte en una parte esencial de la obra. Por medio del diálogo, Salisachs crea personajes cultos, inquietos y muy preocupados por el mundo que les rodea, personajes siempre con clase, siempre diferentes.

Finalmente, llegamos a Una mujer llega al pueblo, libro que fue Premio Ciudad de Barcelona en el año 1956. Publicada el año siguiente, es una novela dura. Relata la historia de Eulalia, embarazada, que regresa de la ciudad al pueblo para dar a luz al hijo que espera. No está casada, así que su situación en la España de mediados de siglo es delicada. “Una mujer como tú no merece más que insultos. Deberías agachar la cabeza... y aceptarlo todo. No olvides que has sido la deshonra del pueblo.” [10] Son palabras de la señora Terrats, una de las mujeres de ese pueblo que simboliza la prisión y el ahogo moral. La mujer, que acude en busca de refugio, de ayuda y de comprensión, encuentra muerte y silencio en un pueblo que estaba cercado por “la inmensidad de un mar constantemente ansioso de tierra.” [11] El mar se convierte de nuevo en el límite de las esperanzas de los seres humanos que pueblan un mundo que les descoloca.

Rómulo, Bibiana y Eulalia son visionarios y víctimas. Sus papeles complementarios les permiten observar el mundo desde una atalaya privilegiada aun cuando están al borde de la locura o la marginalidad. La evasión es una primera salida, la religión una opción y la locura una tentación para estos personajes que destacan sobre el resto de coetáneos. El arte narrativo de Salisachs se puso de manifiesto en esta producción temprana, primeras novelas en las que los personajes luchan contra la soledad y la incomprensión de sus semejantes. Todos huyen de traumas del pasado y, sin embargo, todos deben enfrentarse de lleno con lo que les hace sufrir. Cada novela supone también una reflexión sobre la religión que es entendida como un camino fructífero. No hay sermones, sino que los personajes, casi siempre escépticos, comulgan con cuestiones universales.

Estas tres obras primeras se libran del dolor inmenso que le causó a la autora el fallecimiento de su hijo Miguel, en 1958, a causa de un accidente de automóvil. Tuvo que sobreponerse a la pérdida o, quizá, pactar con ella para poder escribir algunos de los textos que la convierten en escritora de referencia del siglo XX, aun a pesar de su humildad en las declaraciones al respecto: en 1973 quedó finalista del Premio Planeta con Adagio confidencial, galardón que ganó finalmente en 1975 con La gangrena. Habían transcurrido veinte años desde sus primeras palabras. La decadencia del ser humano era llevada al extremo, sus escritos son un reflejo de lo letal de la vida, una vida que resulta mucho más mortífera que en paradoja que le tomo prestada a la autora la muerte que la obsesiona. [12]

 

Notas

[1] Primera mañana, última mañana, Editorial Luis de Caralt, 1955. Fue reeditada por las editoriales Nauta (1967), Planeta (1984) y Plaza & Janés (1999). En adelante, sigo los datos de publicación que me facilitó la propia autora cuando me recibió amablemente en su piso del Paseo de Gracia de Barcelona para concederme una entrevista. Después de un rato de charla en una impresionante biblioteca forrada de libros y presidida por una máquina de escribir, me obsequió con varios ejemplares de sus obras y con un dossier -tipo prensa- en el que consta una “Breve historia de las obras publicadas.”

[2] Carretera intermedia, Editorial Luis de Caralt, 1956. Reeditada en Planeta, en 1963 y 1969 y en Plaza & Janés, 1999.

[3] Una mujer llega al pueblo, Planeta, 1957. Fue reeditada en distintas colecciones de la misma editorial en diez ocasiones. La última, de 1999, corrió a cargo de Plaza & Janés.

[4] Antonio Ayuso Pérez, en una entrevista con la autora en el año 2006, le preguntaba por el motivo de descartar sus obras publicadas en los años cuarenta. Ella respondía: “Sí, las he descartado por malas. Entonces yo vivía inmersa en grandes dudas literarias. No era todavía una verdadera escritora. Era sólo una vocación flotante que aún no sabía escribir.” En Espéculo. Revista de estudios literarios, Universidad Complutense, 2006.

[5] Guillermo Díaz-Plaja, La creación literaria en España. Primera bienal de crítica, 1966-1967, Madrid, Aguilar, 1968, colección Estudios Literarios, p. 63.

[6] Cuando le pregunté si se consideraba parte integrante de algún grupo literario, la autora respondió contundente y crítica: “Nunca he pertenecido a camarillas literarias, por eso se me considera aislada en la historia de la literatura española. Casi siempre, cuando se comenta una de mis obras, los periodistas, especialmente los jóvenes que no conocen mis trabajos, juzgan mis novelas más por mi indumentaria que por el estilo, y la verdad es que eso me duele mucho.” En la entrevista ya citada, Memoria. Revista de estudios biográficos, número 1, año 2003, p. 93.

[7] Memoria. Revista de Estudios Biográficos, op. cit., p. 93.

[8] Primera mañana, última mañana, op. cit., p. 619.

[9] Mercedes Salisachs, Carretera intermedia, Barcelona, Plaza & Janés, 1999, p. 35.

[10] Una mujer llega al pueblo, Barcelona, Planeta, 1957, p. 122.

[11] Una mujer llega al pueblo, op. cit., p. 517.

[12] Lydia Masanet sustenta el análisis de Derribos. Crónicas íntimas de un tiempo saldado (1981), autobiografía de infancia de Mercedes Salisachs, en la recurrencia obsesiva del tema de la muerte en las páginas personales de la autora. En La autobiografía femenina española contemporánea, Madrid, Fundamentos, 1998, pp. 153-188.

 

[Este artículo pertenece al volumen HOMENAJE A MERCEDES SALISACHS: MÁS DE CINCUENTA AÑOS EN LA LITERATURA http://www.ucm.es/info/especulo/msalisac/index.html]

© Blanca Bravo 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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