My body, a Wunderkammer
Shelley Jackson
1997
http://www.altx.com/thebody/
R1C1



De nuevo se adentra la autora de Patchwork Girl en una exploración de la identidad humana partiendo de la observación del cuerpo. Esta vez es el propio cuerpo el examinado, lo que centra la experiencia biográfica que en su obra anterior aparecía dividida en las partes de diversa procedencia que sumadas conformaban el cuerpo protagonista. Tanto los dibujos (de la autora) como los fondos están perfectamente integrados en el conjunto de manera que revelan un gran dominio de la combinación de diversos lenguajes que caracteriza al medio hipertextual.

La estructura de este hipertexto está también centralizada por el conjunto omnipresente: el cuerpo. Empieza con un mapa conceptual que representa a una mujer desnuda cuyas partes del cuerpo están etiquetadas y se pueden activar: hombros, piel, manos, brazos, tatuajes, pecho, codos... Activar cualquiera de los rótulos nos lleva a un texto con su correspondiente dibujo ampliado y la reflexión sobre momentos vividos en relación con esa parte del cuerpo. Estos fragmentos no son callejones sin salida de obligatoria vuelta al mapa inicial, sino que se relacionan con otras partes del cuerpo o con reflexiones independientes a las que se llega activando palabras sueltas en medio de cada fragmento. Los nexos son básicamente informativos, de modo que el lector sabe dónde va cuando los escoge. La complejidad estructural es pues limitada, creemos que debido a las propias características de Internet, que no permite demasiadas posibilidades en este aspecto. Los navegadores facilitan la tarea de saber qué nexos nos quedan por leer al ir cambiando de color los que ya hemos visitado, con lo que el hipertexto se puede examinar entero con seguridad.

El título de la obra se explica en uno de los nexos, que es también una reflexión sobre la forma hipertextual y su adecuación para esta búsqueda de la identidad, así como una ayuda para el lector, al que le enseña como acercarse al texto:

"In the course of writing these reminiscences, I increasingly began to conceive of my body as a great cabinet of curiosities. Some of those many recondite drawers slide easily out and whack you on the shins, some need a little wax and sandpaper. Inside the drawers are folded sheets of cheap blue-lined paper, pages from journals or school reports, with pictures and diagrams pasted in. There are drawings, biological specimens with neat labels, inscrutable items with no labels, stains from bygone experiments, stoppered bottles and broken vials and their spilled, dried contents, in which a squadron of tiny fruit flies met their sticky deaths. There are slips of paper referring you to other drawers, unlabelled keys (you may despair of finding the locks they fit), and there are drawers within the drawers, behind sliding panels or false bottoms. I have found every drawer to be both bottomless and intricately connected to every other drawer, such that there can be no final unpacking. But you don't approach a cabinet of wonders with an inventory in hand. You open drawers at random. You smudge the glass jar in which the two-headed piglet sleeps. You filch one of Tom Thumb's calling cards. You read page two of a letter; one and three are missing, and you leave off in the middle of a sentence. As a matter of fact, I am making a replica of this text: a huge wooden chest in the shape of my body, with innumerable drawers in which I will store my findings. Some of the drawers will be large and c a p a c i o u s, some smaller than matchboxes. Some will be disguised, some will be booby-trapped. I will hide secret buttons, levers and locks in my carved folds and crevices. You will have to feel your way in."


El cuerpo se toma pues como tierra a explorar, y aunque la posibilidad de comenzar por cualquier parte hace imposible hablar de una cronología, se percibe una evolución en la percepción del propio cuerpo. Hay espacios de texto que se ocupan de la infancia en los que se advierte un desconocimiento del cuerpo y un deseo de neutralidad, casi de androginia:

"I was like a stick figure, of which you don't ask, is it well drawn, is it beautiful? My body was the engine that propelled a pair of eyes through the world."


En otros espacios, como el que se ocupa del nacimiento de los pechos, la autora se hace consciente de su identidad, de su femineidad, que al principio percibe como una carga. Los pechos significan que está sujeta a la ley de la gravedad, cosa que antes no ocurría. La actitud posterior hacia el cuerpo es determinada por los vaivenes de la personalidad, que se manifiestan en algo tan trivial como la decisión de afeitarse o no las piernas:

"For years the razor was seized and won back by opposing camps. I shaved my leg hair defensively, I grew it back dogmatically, I shaved it guiltily, I grew it back proudly, I shaved it experimentally, I grew it back humorously. I shaved it. Objectively, philosophically, morally: fishnets look better on shaved legs."


Se ocupa también de otros cuerpos, sin ignorar elementos normalmente considerados poco estéticos: como una excesiva palidez, vientres flácidos o estrías celulíticas. El cuerpo es todo esto, las cicatrices que pueblan los cuerpos cuentan una historia que da identidad a la persona, por eso ella examina todas las suyas, incluyendo las voluntarias, los tatuajes.

El estilo de Shelley Jackson es sensual porque percibe las cosas desde los cinco sentidos, disfrutando el mero hecho de la recepción de sensaciones, aunque vengan de momentos dolorosos. Si se hace una herida disfrutará el color de la sangre, su espesor y calor al gotear por su piel, su sabor, su olor. Es una aceptación total del cuerpo y una indagación sobre sus límites. El sexo es un tema importante, no sólo en cuanto definidor de la femineidad, la diferencia y la conciencia, sino en cuanto a las funciones sexuales propiamente dichas, que también se exploran en busca de los límites del cuerpo y de los sentidos. Por ejemplo, relata cómo se empeñaba en lograr masturbarse en otros lugares que no fueran los genitales, cómo esto era un desafío y una derrota cuando no lo lograba.
Asimismo, la atención sobre el cuerpo y el propio sexo como fuerza creadora e inspiradora alumbra imágenes como la siguiente, en que el sentido fecundador de la palabra se hace literalmente carne:

"It wasn't a big leap from eating books to sticking them up me, a page at a time. Fine literature in my vagina, pulp fiction up my ass, that was my instinctive decision, that is at first, before I began to question whether the distinction was really so clear. I sat through English class with Chaucer and Boccaccio here, S. E. Hinton there. One day, when I fished out the slippery wad, laid it on my desk and teased its folds open with a pen, I noticed that some of the words seemed changed. I took the stinking page to the library and confirmed my discovery in the echoing stacks. My vagina had rewritten Joyce. It was then I knew I was going to be a writer."


La literatura se corporiza y es primero engullida y luego parida por la lectora-devoradora Shelley. La lectura es un proceso carnal al que ella misma nos invita en el nexo antes citado:

"You will have to feel your way in."


Como amantes, vamos tanteando por este cuerpo encontrando rincones ocultos para acabar idealmente mirando el nuestro y reflexionando sobre la simbiosis cuerpo-espíritu que Jackson concibe inextricablemente unida.

Si bien la autora demuestra una admirable capacidad de observación y un indiscutible talento para ahondar con profundidad en temas muy humanos a partir de cosas pequeñas aparentemente insignificantes, esta obra repite los hallazgos de Patchwork girl con muy poca novedad. No nos referimos sólo a la coincidencia del tema o a la insistencia de esa voz que se encuentra dividiéndose, sino sobre todo a la repetición de las ideas sobre identidad, división y arte haciéndolas tan explícitas como en su anterior obra. Aún así, el trabajo hipertextual de Jackson es de los más competentes de la red, y esperamos impacientemente que en su próximo trabajo dirija su penetrante mirada hacia nuevos horizontes.