La lengua como manifestación de otredad cultural (o convergencia intercultural)
Alberto Carcedo González
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"Las varias comunidades idiomáticas deben ser consideradas también comunidades culturales, ya que a cada una corresponde un determinado grado y un determinado patrimonio de cultura, que de algún modo se refleja infaliblemente en la lengua" (Coseriu, 1986: 62) (1).
0. La estrecha relación de la cultura con la lengua de una determinada sociedad se pone de manifiesto, entre otras muchas cosas, en la especificidad del repertorio léxico que presenta; aquella individualiza a esta y la separa —en mayor o menor medida— de las que son propias de otras comunidades de hablantes. No nos referimos con ello, obviamente, a los significantes o materia formal de las unidades léxicas —de carácter arbitrario y, por tanto, necesariamente diferente para distintos idiomas— sino a la existencia o no, en aquellos inventarios, de vocablos con los que hacer referencia a unas determinadas realidades. Y es que algunos fenómenos van estrechamente ligados a la condición humana y reciben habitualmente, por tanto, expresión lingüística en culturas muy diversas; otros, sin embargo, tienen una distribución limitada —son exclusivos de una determinada sociedad, que sí los fija lingüísticamente—, mientras que carecen de designaciones concretas en las lenguas que los desconocen porque, simplemente, no sienten la necesidad de hacer referencia a ellos en modo alguno. Los de índole cultural, ampliamente entendidos, se convierten en elemento personalizador y diferenciador entre lenguas y, consiguientemente, entre quienes las hablan; deben, por ello, ser tenidos muy en cuenta en las relaciones interlingüísticas y, obviamente, en la enseñanza-aprendizaje de segundas lenguas que aquí nos ocupa. Veamos en las líneas que siguen, en primer lugar, de qué manera se hacen patentes en la lengua esas diferencias en razón de la idiosincrasia cultural; a continuación, una forma concreta de poner de manifiesto esas peculiaridades culturales a través del vocabulario.
1. IDIOSINCRASIA CULTURAL Y SU REFLEJO EN LA LENGUA Es muy recomendable, y hasta imprescindible, que a la hora de hablar de cultura se calibre esta en su verdadera dimensión: junto a los componentes habitualmente considerados (artes plásticas, literatura, etc.), deben también tenerse en cuenta los que forman parte de aquella en el sentido antropológico, es decir, los modos de vida y costumbres, así como los fenómenos ligados a ellas. En efecto, "la lengua está íntimamente relacionada con la vida social, con la civilización, el arte, el desarrollo del pensamiento, la política, etc.; en una palabra, con toda la vida del hombre" (Coseriu, 1986: 63) (2). Las formas de actuación compartidas por los miembros de una comunidad pueden ser comunes a las de otros ámbitos culturales o, por el contrario, exclusivos de esta. Y todo ello dejará su huella en la lengua, que, como vehículo de expresión de un grupo preciso, con unas formas de vivir determinadas, amoldará, consecuentemente, una parte importante de su expresión —el léxico— a sus peculiares costumbres y a sus propias necesidades. Así, el marco físico concreto en el que se desenvuelve habitualmente la vida del hablante —con sus posibilidades y limitaciones— también aflorará en mayor o menor medida en la expresión lingüística. La aparición de un cierto fenómeno en el entorno habitual de una lengua se reflejará, sin duda, en la existencia de una lexía para fijarlo en el sistema. Y cuando el fenómeno en cuestión ocupe, además, un lugar destacado en la vida de esos hablantes, con toda seguridad su lengua dispondrá de varios vocablos con los que delimitar aún con mayor precisión las referencias a esa realidad. Es de todos conocido, por ejemplo, el elevado grado de especialización léxica que los esquimales observan a la hora de referirse a "nieve". No es necesario, sin embargo, recurrir a culturas tan distantes a la nuestra para encontrarnos, en las relaciones interlingüísticas, con problemas derivados de la falta de isomorfismo semántico, oligosemia, vacíos referenciales, etc. El marcado protagonismo que en el orden climatológico, por ejemplo, cobra el frío en los países noreuropeos se hace patente en la existencia en las lenguas de la zona de un gran número de vocablos con el que los hablantes distinguen —en matizaciones ciertamente sutiles— diferentes condiciones meteorológicas para las que el español, a pesar de la amplia extensión de los territorios en los que constituye lengua oficial —con la consecuente variedad climática—, reserva un número de vocablos considerablemente menor (Carcedo, 1998a) (3). Y lo que es aplicable al ámbito meteorológico también lo es a la fauna, la flora o la ecología en general. Así, la abundancia y variedad de bayas en aquellas mismas tierras del norte de Europa se plasmará en una manifiesta riqueza léxica de aquellas lenguas para designar una realidad tan presente en su vida cotidiana. Ningún finlandés, por ejemplo, por muy escasa que sea su instrucción, tendrá dificultad alguna en mencionar hasta una decena de vocablos diferentes, cuando se le pida que enumere en su lengua cuantos nombres de bayas conozca (4); un español, sin embargo, encontrará, a buen seguro, grandes problemas para actualizar, junto a la palabra genérica (si es que la conoce), más allá de dos denominaciones concretas de esos frutos. De gran interés, y no menor importancia, son las manifestaciones lingüísticas de la cultura material o social, las organizaciones, los ritos y los modos de vida característicos de una comunidad. Desde el punto de vista didáctico, ya es por todos admitida la necesidad de integrar esos factores en la enseñanza de la lengua; desde otras perspectivas —la translatológica, por ejemplo—, es conocida la dificultad que entraña trasvasar a otras lenguas los significantes con ellas relacionados. Por ejemplo, algunas costumbres culinarias hondamente arraigadas en la sociedad española (por mucho que en la actualidad se desdibuje su papel y tiendan a uniformarse con las de otras sociedades occidentales), con denominaciones concretas en nuestra lengua, como "sobremesa", o "tapeo", carecerán de lexías equivalentes en muchas otras lenguas porque no coinciden con sus hábitos gastronómicos característicos. Cuando así se imponga, siempre será posible, obviamente, otro tipo de recursos —la expresión perifrástica, la explicación, etc.—; el resultado, sin embargo, raras veces será completo. En este sentido, aplicado a la traducción, R. Rabadán (5) afirma: "La visión del mundo que expresan configura un sistema definido, cuyas características peculiares son, en la mayoría de los casos, intransferibles a un polisistema meta si no es por medio de paráfrasis, definiciones, o cualquier otro recurso que, si bien puede comunicar los rasgos semánticos esenciales, nunca lo hará en su totalidad" (1991: 130). Y es que esas costumbres constituyen secuencias de acontecimientos bien delimitados, que forman, según Pottier (1993: 39) (6), "escenas" en las que el léxico se organiza en redes ordenadas con cronologías y jerarquías de valores. El conjunto de asociaciones que provoque para unos y otros hablantes será, por tanto, diferente. Además, como ya poníamos de relieve en un trabajo precedente (Carcedo, 1998b), aunque ya exista esa costumbre en otras comunidades de hablantes, es posible que cumpla en ellas funciones distintas, o que una misma función y significado adopte en culturas diferentes formas diversas, o, por último, que una costumbre idéntica en forma y significado presente diferencias entre distintas sociedades en cuanto a su distribución se refiere. Todo ello reviste, como decíamos, gran importancia desde el punto de vista de la enseñanza-aprendizaje de segundas lenguas, puesto que no basta con que el alumno conozca los mecanismos estrictamente lingüísticos: es necesario que se familiarice con todo el universo cultural que circunda a la lengua. Su competencia será deficiente mientras no comprenda —en toda su dimensión— lo que las unidades culturales desconocidas en su propio ámbito significan en el marco amplio de la lengua que aprende. El profesor deberá proyectar la tarea docente conforme a las necesidades específicas de la clase, teniendo en cuenta que en muchos casos aquella será especialmente difícil cuando cuenta con un alumnado procedente de culturas distantes. Para ello deberá establecer una estrategia didáctica que le permita comparar las diferencias entre las formas de comportamiento familiares para los alumnos y las que les resultan desconocidas, deduciendo con ello las unidades culturales que debe tener en cuenta, porque sólo cuando el alumno conozca, identifique y entienda las costumbres de la comunidad con la que entra en contacto, desconocidas o diferentes —en forma, significado o distribución— en la suya propia, habrá alcanzado una auténtica competencia comunicativa en la lengua que aprende.
2.1. El análisis de las peculiaridades culturales que, basado en el léxico, se lleva a cabo seguidamente parte del material lingüístico extraído en una prueba realizada a 350 finlandeses que seguían, en el momento de su realización, estudios de español en diferentes fases: 300 de ellos, en el liceo; los 50 restantes, en la especialidad universitaria. Cada uno se subdivide, a su vez, en otros dos niveles. El trabajo se sirve de una muestra ampliada en 200 informantes respecto a una investigación anterior que presentaba los datos relativos a un solo nivel (Carcedo, 2000). Se pretende con ello, al tiempo que determinar la evolución seguida a lo largo del aprendizaje de la lengua, conocer si es posible establecer constantes válidas para los distintos estadios del proceso. El grupo de escolares representa a un amplio espectro de liceos de todo el país; sin embargo, en el caso de los universitarios —que han actuado de grupo de referencia—, todos proceden de un mismo centro. Aunque los informantes han sido convenientemente estratificados de acuerdo a su nivel de estudios y a otras variables (sexo, procedencia y conocimiento de lenguas), el comentario de los rasgos detectados que aquí se presenta tiene en cuenta los resultados que arroja el grupo unitariamente considerado. La conveniencia de realizar un tratamiento en bloque de los datos cuando, como en este caso, son factores de índole cultural los que están en el punto de mira —todos ellos tienen en común el trasfondo sociocultural finlandés—, se ve apoyada aquí, además, por el elevado grado de convergencia cualitativo —que no cuantitativo— que observan los primeros lugares de los listados recogidos para las cuatro diferentes fases de estudios que se contemplan. Para la comparación de las diferencias culturales entre hablantes nativos y extranjeros que puedan hacerse patentes a través del léxico nos hemos servido, junto al recogido entre los estudiantes finlandeses, de los que ofrecen tres léxicos disponibles peninsulares —Cádiz, Madrid y Zamora— y tres hispanoamericanos —Chile, República Dominicana y Puerto Rico—. Son varias las limitaciones que, por el momento, condicionan la elección de las zonas hispanohablantes cuyos inventarios léxicos puedan cotejarse. En primer lugar, el número relativamente limitado de estudios que sobre el particular se han realizado hasta la fecha; en segundo lugar, la dificultad de acceder a esos vocabularios, puesto que algunos de ellos, aunque ya concluidos, aún no han sido publicados; por último, las diferencias metodológicas (tamaño de las muestras, tipo de estímulos, tiempo para las respuestas, etc.) que presentan algunos trabajos —especialmente los más tempranos— impide, obviamente, utilizarlos como punto de referencia (7). Con todo, creemos que, al elegir variedades geográficas del español de ambas partes del Atlántico, considerablemente distantes entre sí, disponemos —para un trabajo de estas características— de una muestra suficientemente representativa de la variación diatópica del español, que nos permitirá conocer si los grupos hispanohablantes, junto a las esperables diferencias geográficas, presentan rasgos comunes que, en función de su idiosincrasia cultural, diferencien de manera cualitativamente significativa su vocabulario del que actualizan los hablantes extranjeros (8). Según el procedimiento tipificado para este tipo de estudios, el material lingüístico se ha recogido mediante una prueba de asociación controlada, con dieciséis áreas temáticas que actúan como estímulo (v. cuadro 1) y listas abiertas, con lo que los resultados dan cabida a cuantas lexías son capaces de producir los sujetos participantes en la prueba en un tiempo límite de dos minutos por centro de interés (campo nocional) (9). Las 32.359 palabras que, una vez expurgadas las listas, se han procesado arrojan un total de 2.137 vocablos (o palabras diferentes), que resultan de sumar —con independencia de su aparición en áreas temáticas distintas— los producidos para cada uno de los campos nocionales encuestados (cuadro 1) (10). La comparación se basa sobre las unidades que aparecen en los puestos más altos de cada uno de los listados. Obviamente, son esos vocablos los que tienen importancia desde el punto de vista de la comunidad lingüística en cuestión, puesto que el índice de disponibilidad tiene en cuenta tanto el número de apariciones de un determinado vocablo como el lugar en el que se menciona. Los listados contienen, efectivamente, muchas otras lexías actualizadas por unos pocos sujetos —o incluso uno solo—, alcanzando valores muy bajos y, por tanto, nada relevantes en cuanto reflejo de la norma léxica disponible de esa sintopía. En ese sentido, para un trabajo reciente de comparación dialectal entre los léxicos disponibles de Gran Canaria y Puerto Rico, Samper (1999) tiene en cuenta solo las palabras que suponen el 75% del índice acumulado, justificándolo así:
"Creemos que hay razones suficientes para justificar la decisión de poner un límite y no utilizar todos los datos recogidos en las encuestas: a partir de un determinado punto en los listados de disponibilidad aparece un conjunto de palabras que han sido aportadas por muy pocos encuestados, que, además, las han incluido en sus hojas de respuesta en posiciones poco relevantes. Podríamos encontrarnos entonces con que no estamos comparando hechos de norma, sino fenómenos particulares del habla de un grupo de informantes o incluso de un único hablante" (1999: 554). Para este trabajo, en principio se cotejan las veinte primeras lexías de cada listado hispanohablante, por separado, con las que ofrecen en las distintas áreas temáticas los alumnos finlandeses —en su conjunto— para esas mismas posiciones (11). Se proporciona, además, siguiendo la pauta de Samper (op. cit.), el número de unidades que, en los diferentes centros, representan el 75% del índice acumulado (v. cuadro 3). Aunque algunos estudiosos del léxico ya se han percatado de la posibilidad de servirse del vocabulario disponible para realizar comparaciones culturales entre variedades geográficas de una misma lengua (Mackey, 1971; López Morales y García Marcos, 1995; Samper y Hernández, 1997) (12), es muy poco aún lo que se ha hecho sobre el particular. Mackey (1971), con su trabajo sobre el francés de Canadá, deja bien clara la necesidad de su estudio "en virtud del hecho que la disponibilidad no había sido utilizada como medida de diferencias culturales" (pág. 11) (13). Y los resultados le permiten comprobar, en efecto, que entre las diferencias más marcadas se encuentran palabras relacionadas con peculiaridades de civilización. Muestra palpable de la importancia de esos factores es la necesidad de adecuar —aunque siguiendo las pautas generales que presiden la confección de estos trabajos— las áreas temáticas al entorno que le es habitual al hablante. Así, López Morales sustituye, al trabajar con universitarios, "école" por "universidad" y "chauffage" por "aire acondicionado", "más a tono con la realidad térmica de una isla caribeña" (1999: 37). Esta modificación también la comparten los léxicos de Cádiz (González Martínez, 1997), además del de Almería (Mateo García, 1998) (14) y la República Dominicana (Alba, 1995). Samper y Hernández, por su parte, intentando paliar para Gran Canaria la posible pobreza del léxico en el centro "iluminación y calefacción" añaden "medios de airear un recinto" (15). Son varios, además, los estudios que incorporan el centro "el mar", cuando ese elemento ocupa un lugar relevante en la vida de los hablantes cuyo léxico disponible se intenta determinar (16). La aplicación de esos estudios a la enseñanza-aprendizaje del español como lengua extranjera es aún incipiente (17); su aprovechamiento en la exploración de rasgos culturales falta por completo. Las líneas que siguen, aunque no pretenden realizar un análisis exhaustivo de peculiaridades detectadas en los léxicos contrastados, sí aspiran a poner de manifiesto el aprovechamiento que de orden etnolingüístico se puede hacer de aquellos inventarios al tiempo que se aplican a la didáctica de segundas lenguas.
2.2. El cotejo de los resultados entre finlandeses y nativos arroja, obviamente, como puede observarse en el cuadro 1, diferencias cuantitativas ciertamente importantes, aunque también es cierto que, cuando se analizan separadamente los niveles encuestados, el número de lexías que los extranjeros consiguen producir se va aproximando al de los hispanohablantes a medida que se asciende en el nivel de estudios.
Cuadro 1 . Reparto por campos semánticos de la producción total en vocablos definlandeses e hispanohablantes (18)
Por lo demás, como puede observarse en el cuadro 2, las variedades dialectales del español cuyas normas léxicas disponibles se emplean para esta puesta en paralelo arrojan valores muy similares entre sí por lo que se refiere a su grado de convergencia con el léxico actualizado por los finlandeses: el volumen de unidades de cada uno de ellos que, dentro de esos veinte primeros puestos, está presente y ausente en el que hacen patente los extranjeros en las mismas posiciones es muy similar. Por otra parte, la mayor proporción —frente a los peninsulares— de vocablos presentes en los léxicos americanos que no se encuentran —ni siquiera con índices de disponibilidad mínimos— entre los actualizados por los finlandeses (promedios, sobre veinte unidades, de 5.2, 3.6 y 4.7 para Chile, Puerto Rico y República Dominicana, frente a 2.6, 2.5 y 2.7 para Cádiz, Madrid y Zamora, respectivamente) se explica, sin duda, por coincidir una parte de ellos con americanismos (polera, pizarrón, conuco, etc.), o anglicismos (laundry, family room, basquetbol, etc.). Ello hace pensar que una buena parte de aquel profesorado se guía, a la hora de enseñar el español, por pautas más próximas a las normas léxicas peninsulares.
Cuadro 2 . Promedio de las 20 unidades más disponibles de los hispanohablantes que coinciden o están ausentes en el léxico disponible de los finlandeses
Diferencias cuantitativas aparte, nos interesa conocer en qué medida contrastan cualitativamente las lexías de los diferentes grupos de nativos, por un lado, y el de los estudiantes extranjeros por otro. Ello permite extraer conclusiones tanto de tipo didáctico como cultural. Como puede observarse en el cuadro 2, parece existir, a primera vista, un alto grado de convergencia entre ambos grupos de informantes. De ser así, podría concluirse que, desde una perspectiva didáctica, la selección del vocabulario en la enseñanza del español a esos alumnos extranjeros es —al menos en alguna medida— satisfactoria, puesto que conocen un elevado número de unidades que se demuestran rentables entre los nativos, al alcanzar los valores de disponibilidad más altos en los diferentes temas encuestados. Por otra parte, en el orden psicolingüístico, el tipo de asociaciones que ambos grupos de hablantes establecen ante un estímulo determinado parece presentar también un alto grado de convergencia. Sin embargo, un análisis más detenido pone de manifiesto que los resultados no son tan halagüeños como podría parecer: la convergencia del léxico actualizado por los extranjeros con las diferentes normas léxicas disponibles de los nativos que aquí se cotejan es solo relativa, pues existe un gran número de lexías altamente disponibles para los hispanohablantes que, si bien presentes en los listados de los alumnos extranjeros, tienen una validez mínima desde el punto de vista de inventario léxico de grupo (los finlandeses que aprenden español), ya que alcanzan valores muy bajos de disponibilidad entre estos; en otras palabras, son muy pocos los que en esa muestra de 350 estudiantes consiguen actualizarlos; ejemplo de ello —ciertamente extremo y, en parte, comprensible— es el que nos ofrece el centro 13 "trabajos del campo y del jardín", donde el vocablo de la máxima disponibilidad —cultivar— es mencionado por tan solo el 14,57% de los informantes. En efecto, si se tuviese en cuenta el número de lexías que comparten un mayor número de hablantes y nos sirviésemos, por ejemplo, sólo de aquellas palabras que suponen el 75% del índice acumulado en los listados (19), comprobaríamos que el número de vocablos sobre el que basar la comparación debería ser aún menor para la mayor parte de los centros (v. cuadro 3). Cuadro 3 . No de vocablos que suponen el 75% del índice acumulado
Observemos más detenidamente aún en tres de los dieciséis centros encuestados los puntos de encuentro de las normas léxicas de hispanohablantes y extranjeros (cuadro 5), así como las divergencias cualitativas que los separan. Ante el estímulo "el campo" (cuadro 4), área que se demuestra ampliamente productiva para todos los grupos analizados (los finlandeses aciertan a producir 250 palabras diferentes), árbol constituye realidad inmediatamente evocada por una gran parte de los informantes, tanto hispanohablantes como finlandeses, como así lo demuestra la elevada posición que alcanza en todos los listados (primera en Cádiz, Puerto Rico y Zamora; segunda en la República Dominicana, y cuarta en Madrid); los finlandeses, que también sitúan esa lexía en la segunda posición, dan, sin embargo, la prioridad absoluta a bosque (máxima disponibilidad), que muchos hispanohablantes, sin embargo, olvidan o relegan a posiciones muy poco o nada relevantes (49 en Cádiz; 40 en Puerto Rico; 39 en la República Dominicana y 33 en Zamora). La norma chilena, que no lo incluye entre las 50 primeras lexías de "campo y jardín", sí lo menciona —muy comprensiblemente— en el centro "problemas del medio ambiente", aunque solo alcanza la posición 34. Nada tiene de extraño, por lo demás, que sea el bosque la primera realidad evocada en Finlandia, país en el que la geografía, las tradiciones, el hábitat, y hasta la economía están tan fuertemente influidas por ese elemento. Y en ese mismo marco del bosque finlandés aparece invariablemente la casa de campo, importante seña de identidad de un pueblo que, a pesar de su fuerte carácter urbano de hoy día, ve en ella el lugar de encuentro con lo que considera su origen y medio natural, el bosque. Casa de campo, en efecto, que en la lista finlandesa ocupa la quinta posición por índice de disponibilidad, está ausente, sin embargo, de los vocabularios de Cádiz, Puerto Rico, Madrid y Chile, y tan solo aparece en la posición 91 de Zamora o 187 de la República Dominicana. Con mayor o menor número de menciones y más o menos marcada inmediatez, el río parece figurar en el tipo de asociaciones habituales que establecen todos los grupos de informantes encuestados, como denota su destacada presencia en la totalidad de los inventarios; más raro, sin embargo —cuando se trata del campo— resulta evocar otra realidad hidrográfica vecina —el lago—, que ocupa una todavía privilegiada sexta posición en el recuento finlandés, mientras desciende a puestos mucho menos destacados en los vocabularios de los nativos (24, 15, 29 y 27, de Cádiz, Puerto Rico, República Dominicana y Zamora, respectivamente). La sobresaliente posición que alcanza en la lista finlandesa es bien comprensible cuando se tiene en cuenta la abundancia del elemento lacustre en el país (unos 200.000 lagos); y como realidad próxima y conocida, es fácilmente evocable, por tanto. Y aunque en apariencia chocante —no aparece en ninguno de los léxicos disponibles de los nativos—, también es justificable la presencia de mar entre el conjunto de realidades asociadas con "el campo" por una parte de los finlandeses —sin duda, los de la costa—, que también consideran "maaseutu" (campo) el ámbito rural del litoral y el importante archipiélago que bordea el sur del país. En indudable relación con el elemento hidrográfico y la importancia que cobra en la vida cotidiana de todo finlandés está, sin duda, la aparición de una serie de lexías en diferentes centros, que, sin embargo no actualizan los nativos ante esos mismos estímulos. Así, cuando se trata de enumerar "trabajos del campo y jardín", los finlandeses mencionan "pescar" en séptima posición, mientras que las normas nativas lo olvidan o lo relegan a posiciones muy bajas en la tabla (Cádiz, 174; Puerto Rico, 308). Y ante "medios de transporte" los finlandeses mencionan, dentro de las treinta palabras más disponibles, hasta siete diferentes artilugios para desplazarse en el agua: barco (6), barca (11), transbordador (24), nave (25), bote (26), barco de vela (28) y buque (29). Cuadro 4 . Vocablos actualizados por extranjeros y nativos en el centro "el campo"
La influencia del marco concreto en el que se desarrolla la vida del hablante sobre el tipo de asociaciones que este establezca ante un estímulo determinado —y, claro está, el tipo de significantes concretos con que les da forma— queda bien patente en la peculiar organización léxica de los jóvenes madrileños, que incluyen entre sus veinte vocablos preferentes para el centro de interés "el campo", calle (2); bar (3), iglesia (6), jardín (8), piscina (15) y chalet (19), realidades todas ellas más acordes con una concepción urbana —y, ciertamente, sofisticada— del campo que poca o ninguna relación guarda con la que sus coetáneos del país noreuropeo mantienen para el mismo, a juzgar por el léxico español que actualizan. Por mucho que tiendan a desdibujarse hoy día, los hábitos gastronómicos —sin duda, entre los más fuertemente arraigados— constituyen una de las más notorias manifestaciones de rasgos propios de civilización, visibles también a través del léxico disponible. El campo nocional "comidas y bebidas" nos da buena muestra de ello. Así, los hispanohablantes peninsulares hacen patente la importancia que las legumbres guardan en los hábitos culinarios españoles al incluir todos ellos varias designaciones concretas entre los veinte vocablos más disponibles de ese centro: lenteja (Cádiz, 6; Madrid, 10; Zamora, 7), garbanzo (Cádiz, 10; Madrid, 20; Zamora, 12), judía (Madrid, 12) y alubia (Zamora, 8). La prácticamente nula importancia que esos productos —aún hoy singulares en aquella sociedad— desempeñan en la alimentación del finlandés se hace visible también en el muy escaso número de sujetos que en la prueba los asocian con el estímulo "comidas y bebidas" (un máximo de tres menciones) y, consecuentemente, las muy bajas posiciones que ocupan en la tabla (127, 221, 128 y 195, respectivamente). Esas lexías oponen con claridad, por otra parte, las preferencias léxicas de los hispanohablantes de ambos lados del Atlántico. De la misma manera, todos los peninsulares incluyen un gran número de bebidas alcohólicas en los puestos altos de la tabla (cerveza, vino, whisky, ginebra, vodka y ron), mientras que los finlandeses sólo mencionan las dos primeras, estando prácticamente ausentes las demás (whisky, 107; ron, 90; vodka, 262). No creemos, sin embargo, que en este caso haya que buscar la explicación en las diferencias culturales que separan a ambos grupos de hablantes (el vodka, como se sabe, es una bebida extraordinariamente popular en Finlandia y, sin embargo, sólo la menciona —en el puesto 20— uno solo de los 350 informantes participantes en la prueba). Las bebidas espirituosas cumplen, en efecto, un importante papel en la vida de las dos comunidades y la razón de tan divergente comportamiento a la hora de hacerlo patente en el léxico sólo debe encontrarse en la distinta organización lingüística que de esa realidad se hace en los sistemas de los dos grupos enfrentados. El finlandés dispone en su lengua de un vocablo genérico "viina" con el que normalmente hace referencia a todo tipo de alcohol, sin sentir la necesidad de mayores puntualizaciones (a menos, claro está, que se presente la ambigüedad); trasvasa, por tanto, al español la misma imprecisión que caracteriza a su lengua (al menos en el registro coloquial) en esa parcela. Estaríamos —en alguna medida— ante un cierto tipo de oligosemia, lo que se plasma en la ausencia de designaciones concretas. De gran interés para la comparación interdialectal de las distintas regiones hispanohablantes —siempre en el ámbito de las diferencias culturales— son, ciertamente, algunos de los datos que arroja el centro 15 "juegos y distracciones". Mientras que algunas de las realidades evocadas gozan de las preferencias generales, materializándose en un vocablo común (fútbol alcanza la primera posición entre los finlandeses y los chilenos; segunda en Cádiz, Madrid y Zamora; sexta en la República Dominicana, y séptima en Puerto Rico), otras adoptan significantes diversos según la preferencia regional (cartas, que también aparece entre los finlandeses (19), es elegido por gaditanos (5), madrileños (10), puertorriqueños (15) y zamoranos (5), mientras que en Chile se prefiere la forma naipes (11) y en la República Dominicana, baraja). Y otro tanto ocurre con baloncesto, que además de los tres peninsulares —para todos ellos en tercera posición— y Puerto Rico, que le otorga la máxima disponibilidad, adopta en Chile y la República Dominicana la forma básquetbol (en las posiciones tercera y segunda, respectivamente, aunque el último actualiza también el vocablo baloncesto en la posición 14). En otros casos, el vocabulario que aflora opone con claridad a distintos grupos de hablantes en función, probablemente, de la existencia o no de ese tipo de juego o, simplemente, de la mayor o menor tradición del pasatiempo en la comunidad en cuestión. Parchís, que en los tres léxicos disponibles peninsulares asciende al primer puesto de la tabla, es prácticamente desconocido en los otros léxicos; y lo mismo ocurre con otros juegos de honda raigambre española como la oca (en la séptima posición de Cádiz y Madrid, o la sexta de Zamora), el mus (Madrid, 4; Zamora, 8) o el tute (Madrid, 9; Zamora, 7).
Cuadro 5 . Frecuencia absoluta en tres centros de interés de las 20 unidades más disponibles de los hispanohablantes que coinciden o están ausentes en el léxico disponible de los finlandeses
3. CONCLUSIONES 3.1. La singularidad de los rasgos que caracterizan a una determinada cultura se pone especialmente de manifiesto en el tipo y grado de especialización del léxico a disposición de los hablantes para designar realidades habituales en el medio y civilización que les es propio. 3.2. La pruebas de disponibilidad léxica descubren, al tiempo que las unidades de especial rentabilidad cuando se trata de un determinado tema, el tipo de realidades más fácil y comúnmente evocables para los miembros de una determinada comunidad. 3.3. El cotejo de los veinte primeros vocablos de seis normas léxicas disponibles hispanohablantes con los que presenta un vocabulario en español/LE de alumnos finlandeses de diferentes niveles de estudio pone de manifiesto: a) divergencias cuantitativas destacadas entre nativos y extranjeros que disminuyen a medida que asciende el nivel de estudios; b) un alto grado de convergencia entre las sintopías hispanohablantes en cuanto al tipo y número de lexías coincidentes con las actualizadas por los extranjeros en esos mismos puestos; c) ciertas diferencias cuantitativas entre los léxicos peninsulares y americanos en cuanto al número de unidades ausentes en el léxico español disponible de los finlandeses, que parecen deberse a la aparición en los primeros de americanismos y anglicismos; d) una relativamente mayor confluencia cualitativa del vocabulario actualizado por los extranjeros con las sintopías peninsulares; e) el carácter cultural de cierto tipo de evocaciones se hace patente, de un lado, en el comportamiento unitario de todos los grupos hispanohablantes frente a los finlandeses en cuanto al tipo de asociaciones que establecen ante ciertos estímulos; de otro, en la uniformidad de las sintopías peninsulares ante ciertos vocablos que no se actualizan —o cobran valores nada significativos— en las normas léxicas americanas. 3.4. De todo lo anteriormente dicho se desprende que, junto a otro tipo de investigaciones de base empírica, las pruebas de disponibilidad aportan información relevante tanto para seleccionar y graduar adecuadamente las unidades léxicas que deben ser incorporadas a la instrucción como para poner de manifiesto rasgos típicos de civilización que, junto a los propiamente lingüísticos, deben ser tenidos muy en cuenta en la enseñanza de español a extranjeros.
NOTAS 1. E. Coseriu, Introducción a la lingüística, Madrid, Gredos, 1986. 2. Op. cit. 3. En ese trabajo se recogen ejemplos concretos de la dificultad de transferir del finés al español algunos aspectos derivados de la singularidad del entorno físico y cultural, así como la forma en que una traducción no "adecuada" al polisistema meta puede afectar al texto, su coherencia y la función a la que va destinado. 4. El primer finlandés al que interrogamos al respecto nos proporciona, en efecto, una nutrida lista de lexías para diferentes tipos de bayas: karhunmarja, karhunvatukka, karpalo, karviainen, katajanmarja, lakka, mesimarja, metsämansikka, musta viinimarja, mustikka, punainen viinimarja, puolukka, sudenmarja, tyrnimarja, vadelma, valkoinen viinimarja, variksenmarja. El alto grado de especialización léxica que la lengua acredita en ese campo se hace más ostensible aún en la sinonimia que algunos de ellos ofrecen (karviainen = rätikkä; lakka = hilla = muurain = valokki; musta viinimarja = mustaherukka; vadelma = vattu = vaapukka; punainen viinimarja = punaherukka; valkoinen viinimarja = valkoherukka, etc.). Esas lexías encontrarían, ciertamente, equivalencia en el español, pero sólo en la terminología botánica, no en la lengua común, como es el caso del finés. El conjunto de términos referidos a un área especial de la realidad se aproxima en este caso al del lenguaje especializado para quienes no lo conocen (la comunidad hispanohablante), mientras que forma parte del conjunto de vocablos de uso común de la otra comunidad (en este caso, la finlandesa). Seguimos, en este sentido, la opinión de quienes, como R. Arntz y H. Picht (Introducción a la terminología, Madrid, Pirámide, 1995), mantienen: "El lenguaje especializado es el área de la lengua que aspira a una comunicación unívoca y libre de contradicciones en un área especializada determinada y cuyo funcionamiento encuentra un soporte decisivo en la terminología establecida […] el núcleo de la lengua del que participan todos los miembros de una comunidad lingüística se llama lengua común" (págs. 27-28). 5. R. Rabadán aclara los problemas que presentan para la búsqueda de la equivalencia estas áreas de conocimiento "overt" o "voids" (Equivalencia y traducción. Problemática de la equivalencia traslémica inglés-español, León, Universidad, 1991). 6. B. Pottier, "Lenguas y culturas", Discursos de Investidura de doctores "honoris causa", Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia, 1993. 7. Junto a los trabajos de los que aquí nos servimos para el sondeo (P. Benítez 1992, para Madrid; O. Alba 1995, para la República Dominicana; M. Echevarría y A. Valencia 2000, para Chile; A. González 1997, para Cádiz; H. López Morales 1998, para Puerto Rico, y V. Galloso 1998, para Zamora), algunos de ellos inéditos o muy difícilmente accesibles, pero puestos a nuestra disposición con encomiable amabilidad por sus autores, existe, ciertamente, un número considerable de estudios sobre léxico disponible —especialmente al otro lado del Atlántico—, que, aunque muy meritorios, no podemos emplear para el cotejo por seguir metodologías distintas a la nuestra, ya que muchos de ellos exploran solo algunas áreas temáticas, se sirven de muestras diferentes, trabajan con listas cerradas, etc.; así, contamos con trabajos de muy diferente índole en Costa Rica (M. Murillo Rojas), Chile (M. Mena Osorio y P. Vargas Sandoval), Guipúzcoa (M. J. Azurmendi), México (A. V. Cañizal Arévalo, H. Justo Hernández, J. López Chávez, R. Mesa Canales y A. Ruiz Basto) y Puerto Rico (G. Butrón y B. Román). El proyecto panhispánico que actualmente dirige López Morales, sin embargo, se atiene a criterios metodológicos comunes que hagan posible la comparación dialectal, y ya se han culminado o están muy avanzados, junto a los aquí citados, trabajos paralelos en Almería (M. V. Mateo), Asturias (A. Carcedo), Ávila y Salamanca (M. V. Galloso), Córdoba (J. J. Bellón), Gran Canaria (J. A. Samper), País Vasco, (M. Etxebarría) y Valencia (J. R. Gómez). 8. Frente a los seis vocabularios de nativos que aquí se utilizan para el cotejo, el anterior sondeo de los rasgos culturales a partir de ese léxico (Carcedo, 2000) sólo se servía de uno, el de los escolares del área metropolitana de Madrid (Benítez, 1992). 9. Las pautas metodológicas observadas tanto para la realización de la prueba como para la edición del material coinciden en lo esencial con las seguidas para la confección de los léxicos que nos sirven de punto de referencia (el de Chile presenta algunas pequeñas diferencias en el número y formulación de los campos nocionales). 10. Junto al diferente tipo de asociación que se establezca según el estímulo presentado, los problemas de oligosemia (por ejemplo, banco, entidad de préstamo en el centro "la ciudad", pero también parte de los enseres de la casa en el centro "muebles") aconsejan considerar separadamente los vocablos que aparecen en más de un centro de interés. 11. Los datos se han procesado con el programa Lexidisp, elaborado a partir de la fórmula desarrollada por J. López Chávez y C. Strassburger ("Otro cálculo del índice de disponibilidad léxica", Actas del IV Simposio de la Asociación Mexicana de Lingüística Aplicada, ‘Presente y perspectiva de la investigación computacional en México’, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1987; "Un modelo para el cálculo del índice de disponibilidad léxica individual", en H. López Morales (ed.), La enseñanza del español como lengua materna, Actas del II Seminario sobre ‘Aportes de la lingüística a la enseñanza del español como lengua materna’, Río Piedras, Universidad de Puerto Rico, 1991, 91-112). 12. W. C. Mackey, Le vocabulaire disponible du français (2 vols.), Paris, Bruxelles-Montreal, Didier, 1971; H. López Morales y F. García Marcos, "Disponibilidad léxica en Andalucía. Proyecto de investigación", REALE 3, 1995, 67-76; J. A. Samper y C. E. Hernández, "El estudio de la disponibilidad léxica en Gran Canaria: datos iniciales y variación sociolingüística", Contribuciones al estudio de la lingüística hispánica, Santa Cruz de Tenerife, Montesinos, 1997, 229-239.
13. "[…] en vertu du fait que la disponibilité n'avait était utilisée commme mesure des différences culturelles [...]" (Mackey, 1971: 11). 14. M. V. Mateo García, Disponibilidad léxica en el C.O.U. almeriense. Estudio de estratificación social, Almería, Universidad de Almería, 1998. 15. Con todo, la productividad para ese centro es la más baja de los dieciséis (no alcanza el promedio de las diez entradas por alumno), lo que los investigadores explican así: "El reducido número de lexemas que se consigue en este último centro de interés puede ser atribuido al hecho de que, dadas las circunstancias climatológicas de nuestra región, los términos correspondientes al campo de la calefacción resultan inusuales entre nuestros hablantes" (Samper y Hernández, op. cit., pág. 233). 16. En su informe sobre el proyecto andaluz de disponibilidad, López Morales y García Marcos ("Disponibilidad léxica en Andalucía. Proyecto de investigación", REALE 3, 1995, 67-76) explican así la introducción del centro de interés "la mar": "En cuanto a ‘la mar’, aporta un elemento de contraste con los centros de ‘el campo’ y ‘los trabajos del campo y del jardín’ que puede resultar de gran rendimiento en una comunidad como la andaluza con un hábitat campesino y marinero fuertemente marcado" (pág. 70). 17. Algunos autores, sin embargo, ya se han hecho eco de la necesidad de incorporar los datos que proporcionan estas investigaciones a la enseñanza del español como lengua extranjera (P. Benítez Pérez, "Léxico real / léxico irreal en los manuales de español para extranjeros", en S. Montesa y A. Garrido (eds.), Actas del II Congreso Nacional de ASELE, 'Español para extranjeros: didáctica e investigación', Málaga, ASELE, 1994, 325-333; F. J. García Marcos y M. V. Mateo, La selección de materiales léxicos en la enseñanza de lenguas extranjeras. Evaluación y propuestas desde la disponibilidad léxica, MS. 18. Sólo disponemos de las 50 primeras lexías de Chile, proporcionadas amablemente por Max Echeverría y A. Valencia, autores de aquel léxico disponible aún en prensa en el momento de publicar este artículo. 19. Como hace Samper (1999) para su comparación de los léxicos de Gran Canaria y Puerto Rico.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Alba, Orlando (1995): El léxico disponible de la República Dominicana, Santiago de los Caballeros, República Dominicana, Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Benítez Pérez, Pedro (1992): "Disponibilidad léxica en la zona metropolitana de Madrid", Boletín de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española 1. 1, 71-102. Carcedo González, Alberto (1998a): "Traducción de la especificidad. El entorno y su aparición en la lengua". En F. Moreno, M. Gil y Kira Alonso (eds.), El español como lengua extranjera: del pasado al futuro, 241-250. Carcedo González, Alberto (1998b): "Cultura y patrones de comportamiento. Su integración en la clase de lengua". En A. Celis y J. R. Heredia (coords.), Lengua y cultura en la enseñanza del español a extranjeros, Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha, 165-173. Carcedo González, Alberto (2000): "Índices léxico-estadísticos y graduación del vocabulario en la enseñanza de E/LE", en Nuevas perspectivas en la enseñanza del español como lengua extranjera, Actas del X Congreso de ASELE (en prensa). Echeverría, Max y Alba Valencia (2000): El léxico disponible de Chile (en prensa). Galloso Camacho, Ma Victoria (1998): El léxico disponible en el nivel preuniversitario (provincia de Zamora) (memoria de licenciatura), Salamanca, Universidad de Salamanca. González Martínez, Adolfo (1997): Disponibilidad léxica de Cádiz (tesis doctoral inédita), Cádiz, Universidad de Cádiz. López Morales, Humberto (1999): Léxico disponible de Puerto Rico, Madrid, Arco/Libros. Samper Padilla, José Antonio (1999): "Léxico disponible y variación dialectal: datos de Puerto Rico y Gran Canaria", en Estudios de Lingüística Hispánica (Homenaje a María Vaquero), San Juan, Universidad de Puerto Rico, 550 - 573).
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