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I. Soneto de la locura
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Es rica, mi pobre casa, en quimeras y voy sin destino lidiando espantos, mi nombre ha de romper obscuras eras, tal cual Pentapolín, rey Garamanta.
Ronda mi mente un tropel de batallas jamás vistas en tierra, mar o infierno. Si de la cocina escapa olor de ajo me huele a aroma de la gloria eterna.
Doncellas a salvar, mil en la Tierra y yo y mi rocín, chispa, grito, fin a entuertos, héroe de seda y fierro,
y no duermo, angustiado, y ceno nubes con la obsesión de que al fin la bendita Edad de Oro de las alturas baje.
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II. Consagración
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Rocinante
pasta la hierba del sosiego.
La Mancha entera está en calma. La llama oculta arde en esta vehemente España interior.
De rodillas y ojos visionarios me consagro caballero andante, amante de amor cortés para mi dama cristal perfecto de la perfección.
De aquí en adelante he de girar, cincunvagar, combatir los errores, la falsedad y al mal de mil semblantes y cosechar, del pecho ensangrentado, la palma esquiva y rara que ha de ceñirme la frente con las manos del Amor-Amante
La fama en la hierba rala que Rocinante come, se guarda para mí, lo siento en todo, en la sed que bebo y en el viento que me arrastra.
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IX. Disquisición en el insomnio
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¿Qué es locura: ser caballero andante o seguirlo como escudero?
¿De él o yo, quién es loco verdadero? ¿El que, despierto, sueña insanamente?
¿El que, aunque esté vendado, sigue el sueño y ve lo real de un loco por las brujas embrujado?
Heme, tal vez, único demente y sabiéndome tal, fuera de quicio, soy —insensato— un loco de juicio.
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XII. Pleito y contentamiento
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—La fatigada fiesta de correr peligros sin moneda ya me pesa en los huesos. Exijo mi salario de locura y la suma del tiempo de servicio.
—Amigo Sancho, vete a la mierda, que no aprecio favores mercenarios y puedo tener doscientos escuderos sólo ambiciosos del renombre eterno.
—Señor, ¿dejaros? Nunca. Ya me derrito en lloro arrepentido. Sigo con vosotros, sigo hasta el ultísimo peligro sin otra paga que vuestro afecto. Abracémonos, pues, de almas lavadas, que mi destino es ser a vuestro lado el caldo grueso junto al vino fino.
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Carlos Drummond de Andrade (Itabira do Mato Dentro, Brasil 1902-1987) Don Qixote, con 21 dibujos de Cándido Portinari (1904-1962). Primera edición en portugués Editora José Aguillar Ltda, Río de Janeiro, Brasil, 1960. Primera edición en español en 1985, traducción de Edmundo Font, editada por la Secretaría de Educación Pública, Dirección General de Publicaciones y Medios, en México
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