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Denis Diderot
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El caballo de Santiago no permitió a su amo que terminara; partió como un rayo, sin desviarse hacia la derecha o hacia la izquierda, siguiendo el camino. Ya no se le veía a Santiago; y su amo, convencido de que el camino desembocaba en las horcas patibularias, se desternillaba de risa. Y puesto que Santiago y su amo no son buenos más que juntos, y no valen nada separados, como tampoco Don Quijote sin Sancho y Richardet sin Ferragus, lo que el continuador de Cervantes y el imitador de Ariosto, Monseñor Forti-Guerra, no han acabado de entender, lector, charlemos un poco los dos hasta que se vuelvan a juntar.
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Denis Diderot (Langres 1713 - París 1784 ), Santiago el fatalista y su amo (1796) |
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16/01/98
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