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Camilo José Cela¡Ah, la ordenación social! |
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No creemos que nadie y en este
nadie van incluidos, naturalmente los sociólogos, que nadie en el
mundo sepa, bien sabido, como quería Descartes, qué es lo que es
eso de la ordenación social, Desde que el género humano existe y
es posible que aun antes, la cuestión social no está lo que pudiéramos
decir muy ordenada. La cosa es triste y probablemente muy de lamentar, pero lo
cierto es que, querámoslo o no, es así y por lo que se ve no hay
manera de variarla. Dios nos libre de preconizar soluciones para lo que creemos
que no la tiene. Las soluciones, en este caso, lejos de serlo, se nos antojan
complicaciones, dilaciones, aplazamientos e incluso, ¿por qué no
decirlo?, traiciones. El mal tiene un vicio de origen, una tara de cuna y los
que han venido pensando en arreglarlo no se han dado cuenta, por lo común,
de que no es problema para resolver sobre la serie de bases falsas desde las que
se plantea. En psiquiatría hay un tipo de locura concretamente la
locura de Don Quijote que viene caracterizada, sobre poco más o
menos, por levantar todo un artilugio de una lógica perfecta e incluso
aplastante, sobre un punto de vista inexistente o absurdo. Es claro que todo lo
que hizo el andante caballero manchego en sus correrías es algo que puede
responder con decoro al más exigente sentido común; lo que ya no
parece, sin embargo, tan preciso es que en su tiempo se pudiese andar a caballo
por los campos castellanos, desfaciendo entuertos, defendiendo viudas, y vestido
de extraña guisa, sin ser apaleado, aporreado o apedreado por los atónitos
indígenas.
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| Camilo José Cela, ¡Ah!, la ordenación social!, en Las compañías convenientes y otros fingimientos y cegueras (1981) | |
29/03/97
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