El poder de las imágenes
por Ismael Marinero
Se edita por primera vez en DVD la polémica obra de la artista alemana vinculada con el nazismo

::: (Izq) Leni Riefenstahl. (Dcha) Hitler y Leni Riefenstahl
El “caso Riefenstahl” es uno de los más estudiados y controvertidos ejemplos de la relación entre arte y propaganda. La directora alemana filmó las mejores y más espectaculares películas propagandísticas de la Historia del Cine y, aun así, siempre defendió su inocencia y sólo fue considerada como ‘simpatizante' de la ideología nazi en los juicios de Nüremberg. La maravillosa horrible vida de Leni Riefenstahl (como se titula uno de los documentales que se han hecho sobre ella) está llena de profundas contradicciones y de una impasible búsqueda de la perfección estética y formal. Comenzó su carrera en el cine como actriz, protagonizando varias películas del género de montaña, propio de la Alemania de entreguerras. En 1931, siguiendo los parámetros de este particular género, dirigió y protagonizó La luz azul, que significó su salto definitivo a la fama y el reconocimiento del mismísimo Hitler, que a raíz del visionado de la película quiso conocer a su autora personalmente, y encargarle la filmación de El triunfo de la fe, sobre el V Congreso del partido nazi. Dos años después, la directora contó con todos los medios (grúas, 130 focos antiaéreos, 30 operadores de cámara, ascensores) para filmar el Congreso del NSDAP en Nüremberg en 1934, poco después de “la noche de los cuchillos largos”, haciendo una demostración de fuerza y de adoración al Fhürer y de reconciliación entre las SS y las SA. En 1936 las Olimpiadas de Berlín fueron el escenario idóneo para que Riefenstahl pusiera en evidencia otra de sus obsesiones estéticas relacionadas con la ideología hitleriana, basada en la relación del Imperio alemán con los grandes imperios clásicos y el culto al esfuerzo y la competición como valores supremos de la condición humana. Su carrera cinematográfica acabó con Tiefland (1944), estrenada diez años después de su rodaje ya que los aliados prohibieron su exhibición hasta que Riefenstahl fue definitivamente juzgada y se comprobó que nunca había pertenecido al partido nazi. A pesar de eso, siempre pesó sobre su último largometraje la duda de si había utilizado como actores y figurantes a gitanos que más tarde fueron exterminados en un campo de concentración.
Tanto El triunfo de la voluntad como Olimpiada, transgreden varias de las normas del documental clásico, pero cumplen un papel fundamental a la hora de entender los medios utilizados por Hitler para enardecer a las masas y controlarlas bajo su poder. El triunfo de la voluntad presenta por primera vez un congreso político planificado en su totalidad para las cámaras (no cumple, por tanto, el valor de documentar una realidad, sino de adaptar esa realidad a las necesidades técnicas y visuales del medio cinematográfico), con Albert Speer, el arquitecto del régimen, como diseñador del escenario y de la iluminación. De esta manera, podemos considerar el documental que nos ocupa como el inicio de la videopolítica, de la que todos los partidos políticos actuales se sirven en la actualidad para preparar sus mítines y congresos, no para el público presente, sino para el público masivo de la televisión. Olimpiada, por su parte, presenta el deseo del nacionalsocialismo de relacionar su estética y sus valores con el espíritu clásico, glorificando las formas del cuerpo humano, su excelencia física, como uno de las obligaciones del pueblo germano. Riefenstahl contó con todos los medios necesarios para rodar las diferentes modalidades deportivas, desde cámaras submarinas a cámaras colocadas en zanjas e inmensos raíles de travelling para mostrar al mundo unos Juegos Olímpicos en todo su esplendor, siendo la base para muchas de las retransmisiones que después se han realizado desde la llegada de la televisión. Las espectaculares imágenes de los saltos de trampolín y de los gimnastas realizando sus ejercicios, han quedado para siempre como unas de las más bellas representaciones del deporte. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que la estética nazi se corresponde punto por punto con las principales características de estos documentales: el monumentalismo, la idolatría al líder, los masivos desfiles militares, el culto al cuerpo…

::: Fotograma de Olimpiada
El caso Riefensthal plantea, como ha señalado el historiador de cine Román Gubern, el problema de “la autonomía estética del arte, su autosuficiencia formal, más allá de sus eventuales perversos contenidos o de sus propuestas éticas”. Otros grandes artistas, como Gide o Drieu La Rochelle eran abiertamente fascistas, Wagner era antisemita, el propio Eisenstein tuvo su estapa stalinista, Salvador Dalí admiraba a Franco. Sin embargo, la cineasta alemana realizó sus documentales por orden directa de Hitler (ya que su relación con Goebbels, Ministro de Propaganda nazi, no era muy fluida) y ambos supusieron, pese a su excelencia artística, una de las armas más poderosas para glorificar la figura del Führer y del nacionalsocialismo. De nada sirve que Riefenstahl se empeñara en defender su inocencia (entre otras cosas porque si hubiera confesado su apoyo a la causa nazi hubiera sido juzgada en consecuencia y encarcelada), ya que sus obras hablan por ella. Por un lado, hablan del poder visual que conseguía en cada plano; por otro, de su valor propagandístico y, por tanto, cómplice con el nazismo.
La valía artística de las películas de Leni Riefenstahl es indudable por la fuerza y la efectividad de algunos complicadísimos planos, la invención de nuevos recursos, el sentido del ritmo y la eficacia del montaje, la utilización de metáforas visuales de gran potencia simbólica y un sinfín de cualidades. Pero todo ello no puede hacernos olvidar lo que esas mismas imágenes significaron, a qué ideología sirvieron y qué consecuencias llevaron consigo.
Hollywood pretende rehabilitar la figura de la directora de mano de Jodie Foster, que está preparando como productora y actriz el que será el primer biopic sobre Leni Riefenstahl. ¿Será una apología de lo mucho que luchó esta mujer por sus películas? ¿Planteará el conflicto moral de una artista inmersa en el nazismo? ¿Superará la simpleza habitual de este tipo de producciones americanas? Esperemos que sí..
EL DVD COMO INTERPRETACIÓN DEL PASADO

::: Carátula del DVD
La edición para coleccionistas de El triunfo de la voluntad y Olimpiada se presenta como una oportunidad única para revisitar el legado de Leni Riefenstahl, sus propias obras y las lecturas que algunos expertos han hecho de ellas. El pack, integrado por tres discos, presenta varios extras. El más importante de ellos, por su valor histórico, es otro documental de la realizadora alemana, Día de libertad (1935), menos conocido que los anteriormente mencionados. Realizado un año después de El triunfo de la voluntad , se rodó a petición de los mandos militares, descontentos por la poca atención que se les prestó en Nüremberg. La cineasta alemana rodó entonces un homenaje a las Fuerzas Armadas nazis, una demostración de su fuerza mediante la ejecución de maniobras de entrenamiento frente a un público enfervorecido, entre el que se encuentraba el propio Hitler, henchido de orgullo ante la aguerrida ostentación de poder militar. El tercer disco se completa con un curioso documental sobre las relaciones entre Franco y el Führer, realizado por Xosé Zapata, y algunos comentarios sueltos de Román Gubern asociados a imágenes rodadas por la Riefenstahl. Los otros dos discos, además de las películas originales, contienen sendos audiocomentarios de dos historiadores de cine, Ángel Luis Hueso y el propio Xosé Zapata que, entre aburridos y elegíacos, comentan cada uno de los aspectos de ambos documentales con minuciosidad. Un ejemplo de edición en DVD de una obra que no debe caer en el olvido, por su indudable valía artística y para que seamos conscientes de la fuerza propagandística del cine y del inmenso poder de las imágenes, de la carga moral que conllevan y de los peligrosas que pueden llegar a ser si se ponen al servicio de causas extremistas.
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