Kieslowski: 10 años de olvido
por Lara Ferrer
'No matarás' (1988), aún inédita en España, se estrena este mes en salas de todo el pais

Poco antes de su muerte, ocurrida un 13 de Marzo de hace ya 10 años, Krzysztof Kieslowski comentaba a un reducido grupo de jóvenes cineastas europeos que tal vez el éxito le había llegado demasiado tarde y que tal vez ésa era la razón por la que su corazón fallaba tanto. Efectivamente, su corazón falló cuando comenzaba a recibir todo tipo de elogios por su última gran obra, la trilogía titulada Tres colores: Azul,
Blanco, Rojo. Quizá se había cansado de esperar.
Su obra había sido censurada, retenida, cortada y menospreciada en Polonia durante años, pero eso no impidió que siguiera trabajando en el cine y que lograra que sus producciones fueran estrenadas en la gran pantalla.
Resulta difícil en España hablar de la obra de un autor tan singular, ya que prácticamente sólo se le conoce por su famosa trilogía. Francia ha ido más allá en el elogio del cineasta y ha llevado a cabo grandes ediciones de lujo para coleccionistas, pero casi siempre en versiones originales, bien sin subtítulos, o tan sólo con subtítulos en francés. Aun así, cabría revisar la parte de la obra de Kieslowski centrada en el documental, algo que realizó durante más de veinte años en su país natal, y que nos acerca a una realidad fría y sin recursos, como la presentada en los documentales La oficina o El hospital. Breves pinceladas acerca de la burocracia sin sentido o sobre operaciones en hospitales carentes de higiene y medios, nos devuelven una mirada de disección sin contemplaciones, algo que luego sería el leitmotiv de su obra de ficción. Su ojo acompaña a los hechos, pero no los explica ni los excusa, aunque trate de comprenderlos.
La obra que le haría conocido en toda Europa a finales de los años 80 fue, sin lugar a dudas, El Decálogo, una serie de diez episodios de una hora para televisión, en la que los diez mandamientos del Antiguo Testamento sirven como base para diez historias diferentes, en las que el mandamiento a veces sólo es una excusa para hablar de la existencia del ser humano. El crítico italiano Serafino Murri, investigador de la figura del director polaco, describe la serie como “diez películas sobre la indescifrabilidad de la vida”. Dos de ellas fueron rodadas para ser estrenadas en cine y poder así recuperar algo de dinero: No matarás y No amarás, ambas versiones extendidas del quinto y del sexto capítulo respectivamente.
La doble vida de Verónica sorprendió en 1991 a toda Europa y reveló al gran público, por fin, al inquietante autor que había detrás de Kieslowski. Producida ya en Francia y debido a su gran éxito, da pie a la escritura de los guiones de la famosa Trilogía, que hablarían de “la Revolución Burguesa, la Indiferencia y el Amor”. Azul, Blanco y Rojo nos descubrieron a un director capaz de llenar la pantalla de sensaciones, de colores, de melodías y olores; a un autor inquieto, escéptico, tierno y, sobre todo, melómano. Con ellas, Kieslowski y su fiel equipo (el compositor Zbigniew Preisner y el guionista Krzystof Piesiewicz) lograron por fin el reconocimiento internacional que tanto ansiaban. Azul consiguió el León de Oro en la Mostra de Venecia de 1993 y Blanco se alzó con el Oso de Oro en el Festival de Cine de Berlín de 1994.
Quizá sea éste un buen momento para reivindicar una mayor atención a la obra de Kieslowski, no sólo a sus películas más populares y famosas por contar con actrices de renombre internacional como Juliette Binoche (Azul) o Irène Jacob (La doble vida de Verónica, Rojo), sino a la parte más desconocida e interesante desde un punto de vista histórico, que nos acerca a una controvertida Polonia.
Los aniversarios siempre son complicados, aún más si se trata de rememorar la fecha en que alguien falleció. Pese a todo, vale la pena para revisar de nuevo una gran obra artística en su conjunto. Su cine sigue vivo, podemos continuar visionándolo y disfrutándolo. Los filmes de Kieslowski, como buenas obras de arte, resisten el paso del tiempo y la defensa de su autor, pues han seguido su propio camino.
|