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CONCHA EDO
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Resumen La generalización del acceso a Internet y el aumento de los medios de comunicación digitales parecía poner en peligro la supervivencia de la prensa. Pero la evolución que se está produciendo en este nuevo entorno tecnológico no parece conducir a un final tan adverso sino a la convivencia de la prensa escrita, la radio, la televisión y la red durante un espacio de tiempo más largo del que inicialmente previeron los expertos. En el estudio de contenidos de los periódicos on line se observa que los lectores buscan más la información que la opinión y que los columnistas apenas tienen eco en la pantalla, por el escaso aprovechamiento de la interactividad con los lectores y por un diseño que recuerda demasiado al papel y aún está lejos del futuro medio multimedia. |
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Abstract The widespread access to Internet and the increase of digital media communication seemed to put in danger the survival of the press as known up to now. Yet the evolution that is taken place in the technological environment is apparently not leading to such bad end but to coexistence of written press, radio, TV and the net for much longer than experts could forsee. With a close study of the context of the on-line press, it can be seen that the readers look more for information than for opinions and that columnists hardly arouse interest on screen. This is due to that minimun interaction that takes place with the readers and because of a desing too much alike "the papers". It´s still far away from the future multimedia. |
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Las ediciones digitales de la prensa: los columnistas y la interactividad con los lectores CONCHA EDO
El veinte de octubre de 1969 se conectaron por primera vez dos ordenadores () que se encontraban funcionando en ciudades distintas y, con gran dificultad, se transmitieron algunas letras de pantalla a pantalla (). Para los científicos que participaron en el proyecto () está claro que en aquel momento nació Internet (), pero lo que ahora -a treinta y un años de distancia- conocemos del funcionamiento de la red de redes () y de su actual capacidad -un billón de documentos()- es todavía una mínima expresión de lo que nos puede ofrecer esta gran telaraña digital. Aunque de proporciones incomparablemente mayores y con un horizonte más ancho si pensamos en el futuro, es un fenómeno semejante al que se produjo con la llegada de la imprenta, el teléfono, el cine, la radio o la televisión. Pero con la enorme diferencia de que no sólo vuelven a aumentar las posibilidades de difundir la cultura, la comunicación interpersonal y la información, sino que alcanzan una dimensión planetaria y permiten a los ciudadanos de cualquier país relacionarse directamente desde su pantalla con personas, grupos, entidades de todo tipo, bases de datos, empresas o instituciones de todo el mundo para conseguir un intercambio de textos, sonidos e imágenes o mantener una conversación en tiempo real (). Y en los pocos años que han pasado desde la creación del World Wide Web () ha quedado a la vista que no se puede concluir diciendo, sencillamente, que es un nuevo medio de comunicación porque su estructura ofrece mucho más. Quiebra las fronteras clásicas de los Estados y las ciudades, se puede afirmar que es un nuevo espacio social en el que caben la producción, el trabajo, el comercio, la política, la ciencia, las comunicaciones y la información y, a la vez, puede considerarse una ciudad global, todavía en construcción, que se asienta sobre los satélites artificiales, las torres de telecomunicaciones y los cableados que componen la red () . Por lo que se refiere a la información periodística,
tema central del presente trabajo, esta nueva oferta tecnológica
plantea una evolución irreversible -más o menos rápida,
según la zona del planeta en la que nos encontremos, y con el consiguiente
aumento de las diferencias culturales- que, sin alterar el fondo de los
conceptos básicos del periodismo, va a remover el diseño,
los contenidos, los géneros, los porcentajes temáticos y
las secciones, los formatos, muchas de las rutinas de las redacciones,
el trabajo personal del periodista, las inversiones, la publicidad y, sobre
todo, la relación del medio con los lectores, radioyentes y telespectadores
(). Pero no de una manera inmediata sino en función de la rapidez
de los receptores de los distintos países para incorporarse a la
red de redes, y con un largo período en el que los medios tradicionales
compartirán el espacio informativo y, en parte, las audiencias con
los recién llegados.
LA PRENSA ESCRITA En este contexto, una de las cuestiones que se baraja con más frecuencia y más desasosiego en algunos de los estudios acerca de la implantación de las nuevas ediciones -quizá sin tener demasiado en cuenta la experiencia periodística que ya existe en Internet-, es el peligro de muerte que parece correr el papel con la generalización de los nuevos medios on line y de las nuevas tecnologías. Pero conviene insistir aquí en que no es éste el debate más importante. En primer lugar porque la letra impresa no va a desaparecer aunque cambie de soporte y también porque, al menos durante bastantes años, tampoco va a sucumbir el papel-prensa que, probablemente, se convertirá en garantía de análisis plural y de credibilidad ante el aluvión informativo que ofrecen -y ofrecerán en mayor cantidad- tantos portales nacionales e internacionales, cadenas de televisión, emisoras de radio, periódicos, revistas, empresas o páginas individuales presentes en la red. Con lo que si hay que contar es con que se pueda llegar a utilizar otro tipo de superficie plana semejante al papel () -ya existen prototipos, y alguno de ellos se fabrica en serie-, pero con otras características de impresión más acordes con este nuevo entorno tecnológico comunicativo y más benignas desde el punto de vista ambiental porque reducirán la tala de árboles. En este marco en el que cada día aparecen sitios y nombres nuevos y en el que todo apunta a que el comercio y el ocio ocupen la mayor parte del espacio, un asunto que sí se muestra como prioritario es acertar a tiempo con el mejor sistema para que encuentren su lugar y convivan con eficacia todos los medios de comunicación (). Y a esto se unen la necesidad de conseguir que el periodismo riguroso no se vea ahogado por la tendencia creciente a convertir la noticia en espectáculo (), y la importancia de asegurar que en este nuevo paisaje cibernético el trabajo periodístico no pierda ni calidad ni perspectiva, puesto que ahora cualquiera puede lanzar a la red mensajes de todo tipo y es tan fácil manipular las informaciones, los textos, las imágenes y los videos. Porque si desde su origen el espacio digital se ha caracterizado por su condición universal y pública, científica, altruista, descentralizadora, global, libre y, en gran medida, ácrata, las perspectivas comerciales y comunicativas sin fronteras que ofrece la red y la aplicación de las leyes del mercado () hacen crecer la posibilidad de que existan controles de tipo económico y de orden político que desvirtúen, en un espacio de tiempo no demasiado largo, sus características iniciales. Ahora estamos en una fase intermedia de expansión en la que unos y otros quieren, sobre todo pensando en los beneficios que promete esta gran tienda electrónica, llegar cuanto antes al mayor número posible de los miles de millones de personas que pueblan el planeta, y abundan los congresos, los debates, las informaciones y, más aún, las ofertas de inversión y de compra. No existe -ni es fácil que exista en estos momentos, aunque ya se han dado casos de espionaje comercial y político- una vigilancia concreta, porque no hay una única red sino muchas interconectadas sin un único punto central común (). Sin embargo, con un desarrollo mayor de la tecnología
y con el aumento del poder de los grupos multimedia las presiones sobre
la libertad de expresión son posibles y probables, y habrá
que prestar atención al desarrollo de los acontecimientos. En cualquier
caso, y partiendo de aceptar y defender que la censura no es ni deseable
ni admisible en Internet (), no hay que olvidar que lo que es un delito
en la sociedad también es una transgresión de la ley cuando
se produce en la red.
DEL PAPEL A LA PANTALLA Si nos centramos en el proceso de digitalización de la prensa en España se puede hablar de varias fases que van apuntalando principalmente la presencia de los medios escritos y, en menor medida, la de los audiovisuales. En un primer momento se utilizó la red para reproducir exactamente las ediciones convencionales de los periódicos (), y las cabeceras más conocidas se limitaron a "volcar" en sus espacios electrónicos las mismas páginas que vendían a diario en los quioscos (). En la segunda etapa se producen cambios visibles en las rutinas de quienes hacen cada día las dos ediciones -en papel y en la red-, que comienzan a adaptarse a los usos y las posibilidades de la publicación on line, tanto en lo que se refiere a la información como a la propuesta de servicios, y a contar con una redacción distinta para editar las páginas de cada una. Y desde 1998 aparecen periódicos exclusivamente digitales () aunque todavía con características "clásicas". No se puede decir que ninguno de ellos ofrezca grandes novedades: publican lo que ya ofrecían antes -información y servicios- pero con otros sistemas de diseño y de acceso y, en el caso de las noticias de última hora, con más rapidez, y la realidad es que estamos en una etapa de transición entre lo que han sido los últimos años del siglo XX y lo que será el XXI. Los pasos que están todavía por dar dependen, en buena medida, de los avances más inmediatos de la tecnología y de la generalización de la banda ancha, y pasan por crear un medio totalmente multimedia, con texto, sonido e imágenes fijas y en movimiento, que pueda sacar todo el partido a las posibilidades interactivas de Internet. Hay que contar, además, con un nuevo tipo de periodista -un profesional que tiene, en este tipo de trabajo, un elevado porcentaje de documentalista ()- que sea capaz de exponer con eficacia el relato de los hechos y de los comentarios que producen en los distintos soportes que facilita la pantalla del ordenador, y cuyo trabajo se pueda distinguir, sin ninguna duda, de aquellos otros que no entran dentro de lo que se entiende como información de actualidad y opinión. El periodismo digital, on line o en la red, tal como lo conocemos ahora, es sólo un reflejo inicial de lo que será en un futuro próximo la información periodística, pero existen ya una serie de diferencias que se pueden encontrar en estos momentos entre el papel y la pantalla y cuyas consecuencias se manifiestan en distintos aspectos. Desde la perspectiva de la empresa, es posible partir de una inversión inicial mucho menor, aunque después la competencia vaya imponiendo sus leyes (), y se reducen considerablemente los costes de distribución. También se producen cambios en la financiación y en los ingresos por publicidad ya que los banners publicitarios suponen, por el momento, unos porcentajes mucho menores que los alcanzados en las ediciones convencionales que hay que completar con servicios informativos de pago. Y, además, no es necesario contratar una redacción muy numerosa para poder poner en marcha un periódico o cualquier otro tipo de publicación. En el aspecto externo cambian sobre todo el diseño y el formato de las páginas, que dejan de presentar la información de manera lineal para ofrecerla a través de enlaces o links que conectan entre sí todos los aspectos informativos y simplifican la ampliación de las noticias, la aportación de antecedentes, la presentación de gráficos o fotografías y la conexión con las fuentes. En cuanto a los contenidos, lo primero que hay que decir es que se multiplican porque se puede dar toda la actualidad y no sólo la selección que se hace para la versión en papel. Aquí el "oscuro e influyente gatekeeper" () comparte su tarea con los lectores que, aunque reclaman la selección de actualidad del experto, pueden intervenir personalmente, hacer su propia valoración de los hechos y de las opiniones que provocan y tener las noticias en tiempo real con la misma inmediatez que pueden ofrecer la radio o la televisión. Además, se pueden buscar con rapidez informaciones atrasadas sobre cualquier tema o acceder a otras más especializadas -los buenos archivos son de pago- y es fácil utilizar diferentes servicios que van desde hacer una compra hasta comprobar la información meteorológica. Se trata de un tipo de información con unas características peculiares que pueden resumirse en varios puntos ():
CAMBIOS EN LOS MEDIOS A pesar de todo, lo cierto es que seguiremos consumiendo prensa en papel, radio y televisión y, además, en la pantalla del ordenador o del teléfono móvil (), pero con unos cambios muy evidentes. En la prensa escrita -que es la que mejor se ha adaptado a la nueva situación, entre otras cosas, porque en los medios on line el texto es muy importante, más que en los informativos audiovisuales-, lo primero que pierde sentido son las ediciones internacionales en papel. También, como ya se ha apuntado en páginas anteriores, el servicio de documentación participa cada vez más en la realización de un periódico que puede fácilmente actualizar, editar, copiar, modificar y volver a utilizar los textos, combinando la posibilidad de ofrecer de inmediato las noticias en texto -más adelante se podrán utilizar todos los formatos- con la de consultar toda la información almacenada en sus archivos. Habrá que recurrir, además, a nuevos géneros, a un concepto distinto de la narrativa -que se identifica con la navegación ()- y, al mismo tiempo, recuperar esquemas clásicos como la pirámide invertida, una estructura informativa que se rejuvenece y es especialmente útil en la información on line. Y, siempre, contar con la participación del lector: las facultades de periodismo deben formar intercomunicadores que sean capaces de estimular esa interactividad que posibilita la red. Por lo que se refiere al futuro de los periódicos, se pueden presentar distintas tendencias. Es posible que en cada país se publiquen unos pocos de calidad en papel, con más análisis y opinión, y se ofrezca una información más ligera en Internet, con todo tipo de medios y portales. O bien que se editen cabeceras locales en papel y un pequeño número de diarios digitales mundiales con una oferta informativa universal. Otra posibilidad interesante es hacer periódicos en papel con menos páginas pero con una amplia oferta de conexiones a través de la red: textos más largos, fotos, vídeos, sonido, gráficos, opinión, interpretación e, incluso, las fuentes utilizadas por el periodista que firma la información. El tiempo dirá cual de ellas se va a imponer sobre las demás. La radio no parece que vaya a perder su audiencia porque va a ser posible acceder a las diferentes cadenas desde cualquier sitio, sin problemas de potencia o de frecuencia, con la ventaja de que se pueden volver a escuchar las emisiones y avanzar o retroceder, buscar en los archivos y personalizar la programación. Quizá esta nueva situación afecte más a las agencias de noticias, porque en la red hay mucha más información de la que se publica a diario, y es una fuente instantánea y universal de fácil acceso. Pero donde, probablemente, más puede incidir es en el uso de la televisión (), porque la conexión a Internet -desde el televisor, el teléfono o el ordenador- crea un nuevo espacio público en el que los espectadores no son pasivos, sino que pueden intervenir, opinar o entrar en contacto directo con lo que están viendo en cada momento (). Lo indiscutible es que el periodismo sigue siendo el mismo en un paisaje diferente y lo difícil, como hasta ahora, es hacerlo bien. La verdadera batalla está en los contenidos y en la fiabilidad que pueda ofrecer un medio y los mejores web -como los mejores periódicos o los mejores informativos- serán los más visitados y los que atraerán más publicidad. Una cabecera de prestigio, con periodistas expertos, especializados y bien documentados sigue siendo la clave del éxito, también en la era cibernética. Hay otra cuestión importante al llegar a este punto: saber si las difusiones de los medios de comunicación bajan o van a bajar a causa de la red. En Estados Unidos se ha pasado de un 80 por cien de adultos lectores de diarios a un 58 por cien en 1999, y han desaparecido diez cabeceras cada año en la última década, sobre todo en el ámbito local. Se vuelve a la búsqueda de suscriptores con ofertas a precios muy bajos porque la publicidad representa el 75 por cien de los ingresos y aumenta con las difusiones () y en los últimos años suben las cifras de lectura en Internet (). Pero, junto a eso, la realidad es que los grandes periódicos no pierden sus elevados niveles de ventas (). En el conjunto de las distintas zonas del mundo las cifras no son tan dramáticas: en el informe Tendencias mundiales de la prensa, presentado en la pasada edición del congreso anual de la Asociación Mundial de Periódicos () se concluye que la difusión de los diarios se ha estabilizado o aumentado en 19 de los 45 países estudiados, y que en el resto siguen perdiendo lectores pero lentamente: un 1 por cien en Estados Unidos y el 0,5 por cien de media en la Unión Europea (), aunque con un aumento generalizado en los ingresos por publicidad. En Alemania la caída es del 0,7 por cien y la misma cifra se da en Francia, pero en este último país, aunque bajan las cantidades de periódicos que se venden a diario en los quioscos, la prensa sigue estando muy bien valorada frente a otros medios (). En nuestro país apenas se han producido cambios desde la aparición de los primeros diarios digitales de información general, en 1995: el papel pierde lectores pero aún pocos (), y las cantidades de estos últimos años ofrecen pocas variaciones (). Cuadro nº 1
Si se comparan estas cifras con las de los mismos diarios en las décadas anteriores () se observa que las subidas y bajadas han sido más fuertes en otras circunstancias unidas, generalmente, a las incidencias de la política española (). Y al mismo tiempo se comprueba un crecimiento continuado tanto de las ediciones en papel como -con pequeños altibajos- de las visitas a los periódicos que tienen edición en Internet () que, sin embargo, mantienen unas cifras de lectura que todavía están lejos de las que ofrecen las versiones convencionales del cuadro anterior. Cuadro nº 2
La conclusión es que, tal como están las cosas y con el crecimiento constante del número de españoles que tienen acceso a Internet (), resulta todavía muy limitado uso que se hace de las versiones on line de los periódicos y parece que queda tiempo por delante para que se consolide el proceso de adaptación de la prensa escrita, audiovisual y digital. No se puede decir con exactitud cuantos años van a pasar hasta que se estabilice la oferta periodística en el horizonte que ahora se vislumbra pero, aunque llegara a hacerlo y sin ir más allá de esta realidad, conviene recordar que la tecnología avanza a tanta velocidad que es probable que podamos tener antes de lo teóricamente previsto un sistema más rápido, más fácil de manejar y más completo para acceder a la información y a todos los servicios que puedan requerir los internautas. El panorama puede volver a cambiar sin previo aviso y lo único seguro es que navegar con soltura por la red va a ser tan usual como poner la radio al sentarse en el coche. En este contexto mediático tiene especial interés
entrar en los contenidos presentes y futuros del mensaje periodístico
de los medios on line que, probablemente, estarán dominados
por grandes portales con información de consumo fácil y rápido
() pero también deberán ofrecer periodismo de calidad y profesionalizado
que suponga una garantía de veracidad para las audiencias. La oportunidad
que brinda este número monográfico sobre el columnismo y
el menor volumen espacial que ofrece en su totalidad la opinión
respecto a la información y los servicios, son la causa de que el
último epígrafe de este trabajo se centre en los columnistas
habituales de los distintos periódicos y en el espacio que ocupan
hoy en la red.
LOS COLUMNISTAS SON TODAVÍA POCO DIGITALES El ingenio de los creadores de opinión de los medios audiovisuales puede manifestarse desde distintos matices relacionados con la imagen, la voz, el talento, la rápida agudeza o el glamour personal, pero la única arma de los columnistas en la prensa escrita es el texto. Palabra a palabra, línea a línea, nos atraen o nos disgustan, nos convencen o nos ponen en guardia, nos divierten o nos irritan. La perfección, la belleza, la ironía o la claridad en el encadenamiento de las frases es el único camino para entender su mensaje, y cuando sus firmas se publican on line juegan con desventaja porque leer en la pantalla resulta bastante más incomodo que hacerlo sobre el papel. En estos primeros años del periodismo digital los lectores buscan, sobre todo, información rápida, opinar y participar en debates, tertulias y chats y sacar el mayor partido posible a los servicios que cada diario, portal, revista o página web les ofrece para facilitarles la vida. Y parece que los mismos periodistas y escritores que en la prensa tradicional tienen lectores fijos y abundantes pierden gran parte de su atractivo en la red. En un recorrido por los periódicos españoles de mayor difusión puede comprobarse esta realidad y se pueden prever, también, algunas tendencias para el futuro. Los puntos de referencia son los diarios que aparecen en el Cuadro nº1 y superan los 200.000 ejemplares -El País, ABC, El Mundo, La Vanguardia y El Periódico de Cataluña- y, además, se tienen en cuenta también los que son exclusivamente digitales pero de información general -La Estrella Digital, Vilaweb y Libertad Digital- para ver como tratan este género de opinión en sus diferentes ediciones. El País (www.elpais.es) mantiene en la red la misma sección de Opinión que publica en el periódico -a la que se accede a través de uno de los iconos situados debajo de la cabecera, después de Internacional y España-, y en ella reproduce exactamente las columnas sin añadir ni quitar nada a unos textos escritos por un buen número de firmas -Manuel Vázquez Montalbán, Rosa Montero, Félix de Azúa, Maruja Torres, Juan José Millás, Vicente Verdú, Manuel Vicent, Eduardo Haro, Tecglen, Vicente Molina Foix...- que no ocupan, en ningún caso, las páginas más leídas que son, por este orden, Portada, Buscador, Tentaciones, Cultura, Inter game, Siete Días, Encuestas, Debates y Ciber test, según los recuentos publicados por la OJD en los primeros meses de este año 2000. ABC (www.abc.es) también incluye el enlace a la sección Opinión junto a la cabecera y reproduce del papel los artículos de algunos de sus columnistas -Darío Valcárcel, Luis Ignacio Parada, Jaime Capmany, Manuel Martín Ferrand, Ramón Pí, Juan Manuel de Prada...- cambiando el orden de los textos y eliminando los sumarios, con lo que aún empeora la situación. Y las visitas más frecuentes son para Índice, Nacional, Índice Última Hora, Deportes, Sociedad, Economía, Internacional, Madrid y Cultura, sin ninguna referencia significativa a la opinión. El Mundo (www.el-mundo.es) muestra a la izquierda de la pantalla la sección Opinión, en la que aparecen sólo parte de sus firmas -Antonio Gala, Gabriel Albiac, Erasmo, Federico Jiménez Losantos, Antonio Burgos, Raúl del Pozo, Martín Prieto, Javier Ortiz, Raúl Heras, Eduardo Mendicutti o, los domingos, Pedro J. Ramírez- en una selección cuyo criterio no es el mismo cada día pero siempre es restrictivo. Este periódico no incluye en el resumen los datos de la OJD la relación de las páginas más visitadas, pero se diferencia de los anteriores en un detalle importante: algunos de los columnistas -Antonio Burgos (www.antonioburgos.com), que se considera el primer columnista digital español, el director (www.pedroj.ramirez y pedroj.ramirez@elmundo.es) o Javier Ortiz (javier.ortiz@elmundo.es)- incluyen su página web o la dirección de correo electrónico para facilitar la relación interactiva con los lectores. La Vanguardia (www.lavanguardia.es) es el único con un índice de lectura alto para la sección Opinión, en la que se facilita a unos lectores a los que se supone interesados el acceso rápido a las columnas de ediciones anteriores. La frecuencia de accesos es la que sigue: Chat, Home page, Vivir en, Economía, Sociedad, Cultura, Política, Opinión y Deportes. Dispone de un número elevado de firmas -Quim Monzó, José Martí Gómez, José Luis de Vilallonga, Carlos Nadal, Gregorio Morán, Roger Jiménez, Fabián Estapé, Joaquim Muns, Enrique Badía, Lluis Permanyer, Juan Perucho, Miquel Roca i Junyent, Luis Bassat y Ricard M. Carles con día fijo, y otros muchos como Baltasar Porcel, Ernest Lluch, Oriol Pi de Cabanyes o Márius Carol, entre otros- cuyos artículos se reproducen como en el papel incluyendo los elemento gráficos, pero sin diseño específico y sin dirección electrónica, con la excepción del defensor del lector que facilita, además, un número de teléfono. Si que se ofrece el correo en las columnas de Tecnología. El Periódico de Cataluña (www.elperiodico.es) tiene una página de portada muy breve en comparación con la de los demás y que no llega a completar un folio al imprimirla y Opinión tampoco está entre las páginas más visitadas -que son Home page, Última Hora, Portada en castellano, Portada en catalán, Última hora (catalán), Portada Aragón, Portada Asturias, Portada Extremadura y Grupo Zeta-, pero al reproducir los textos, que suelen ser breves, hay fotos o algún complementos gráfico. En los periódicos exclusivamente digitales se siguen prácticas distintas. La Estrella Digital (www.estrelladigital.es) publica una carta del director, Pablo Sebastián, que escribe de lunes a sábado bajo el epígrafe "El manantial de las estrellas", y cuatro o cinco de sus firmas -Ramón Tamames, Lorenzo Contreras, Cristina Narbona, César Alonso de los Ríos, Luis de Velasco, Javier Sádaba, José Luis Balbín, José Luis Gutiérrez, Joaquín Navarro, José María García, Ramón Irigoyen, Jaime Peñafiel, Alberto Piris, Luis Racionero, Inocencio Arias...-, cuidando más que otros medios una presentación en la que aparecen fotos o caricaturas de los autores, letras capitulares al comenzar los párrafos o un tipo de letra más grande de lo habitual que recuerdan que se trata de un diario exclusivamente digital que no tiene otro punto de referencia y quiere facilitar la lectura de los textos (). Vilaweb Diari (www.vilaweb.com) no dedica espacio propio a la opinión: remite desde L’opiniò -el periódico está escrito íntegramente en catalán- a otras páginas de la red en castellano y recomienda columnas firmadas de otros medios que no pueden considerarse textos del periódico. Libertad Digital (www.libertaddigital.com), rompiendo la tónica habitual, da mucha más importancia a la opinión que otros diarios e incluye artículos firmados, con frecuencia muy breves, acompañando a la mayor parte de los textos informativos. Pero tiene un diseño verdaderamente escaso, sin imágenes ni fotos y en el que lo más destacable es que los textos no cansan porque sólo tienen unas pocas unas líneas. No facilitan dirección alguna de correo ni la interactividad entre los columnistas y los lectores que, para opinar, tienen Cartas o Debates como en otros periódicos. Las conclusiones que se pueden sacar de todos estos datos sirven exclusivamente para esta primera etapa, porque todos los medios han cambiado desde su primer número on line y está claro que van a seguir evolucionando en función de los gustos de las audiencias, de las experiencias que surgen al trabajar en la red y de las novedades tecnológicas disponibles. En cualquier caso se pueden establecer algunas pautas comunes y es posible hacer alguna previsión de futuro:
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Las ediciones digitales de la prensa: los columnistas y la interactividad con los lectores CONCHA EDO
Profesora de Periodismo. UCM