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La anomalía de Pioneer
por Antonio Fernández-Rañada

Recreación de la Nave Pioneer 10
El extraño caso de la trayectoria de la nave Pioneer 10 lanzada en 1972 en relación a las teorías de gravitación de Newton y Einstein es el motivo de reflexión del catedrático de Electromagnetismo de la UCM Antonio Fernández-Rañada. La llamada “Anomalía de Pioneer” sigue sin explicación treinta años después.

La cosmología no cesa de sorprendernos: estrellas de neutrones, estallidos de rayos gamma o agujeros negros configuran un universo evolutivo lleno de una insólita fauna de extraños objetos celestes. Todo un triunfo del espíritu humano, oscurecido por algunas perplejidades, como no saber qué cosa son la materia y la energía oscuras, necesarias para que cuadren los números pero que no entendemos bien. Se supone, al menos, que sabemos todo lo que puede pasar dentro del sistema solar, nuestro patio trasero, desde la muy precisa cartografía elaborada por la misión espacial Viking. Como muestra, conocemos la distancia entre Marte y la Tierra con un margen de error de unos 200 metros, mejor que saber la altura de la Giralda con una imprecisión de una milésima de micra. Nada debería poder sorprendernos en este nuestro patio. O quizá sí. Un equipo de la NASA dirigido por John Anderson anunció en 1998 algo muy extraño. La nave Pioneer 10, lanzada en 1972, parecía apartarse poco a poco de la trayectoria que debería seguir según las teorías de la gravitación de Newton y Einstein. Al observar su viaje mediante señales de radio de ida y vuelta, encontraron sorprendidos que las ondas volvían con una frecuencia diferente y más alta de lo previsto, creciendo con el tiempo la diferencia si bien muy despacio (adiabáticamente en la jerga de la física).

Es algo así como si enviásemos rayos de luz roja a un espejo y vemos que vuelven con un color que poco a poco se va corriendo progresivamente hacia el azul. La interpretación más inmediata y estándar es que se trata de un caso del llamado efecto Doppler, debido al movimiento de la nave que se alejaría del Sol más despacio de lo debido. Eso indicaría que nuestra estrella tira de ella con una fuerza extra, además de la de Newton, cuyo origen desconocemos y que no depende de la distancia. El fenómeno se pudo confirmar en otras sondas, las Pioneer 11, Ulysses y Galileo. Puede parecer un efecto pequeño, de hecho la variación inexplicada de la velocidad del Pioneer no pasa de una diezmillonésima de centímetro por segundo cada segundo, pero eso implica hasta 30 centímetros por segundo cada 10 años, algo perfectamente medible para NASA. Michael M. Nieto, que se incorporó al equipo cuando ya se habían iniciado las observaciones, cuenta su sorpresa: “Cuando me enteré de la magnitud del efecto, me caí de la silla del susto”.

Anderson y sus colegas habían comprendido pronto que algo raro pasaba con el Pioneer 10, a los pocos meses de su lanzamiento en 1972, pero al principio la señal era borrosa por la perturbación del viento solar. Hacia 1975, cuando ésta había disminuido al alejarse la nave del sol, se convencieron que la cosa iba en serio. Pero, como el resultado era tan contrario a la llamada current wisdom o conocimiento aceptado, se dedicaron a buscar en qué podrían haberse equivocado, pues el proceso de medida era de enorme complejidad. Tras examinar durante 25 años todas las posibles o imaginables causas de error sin encontrar ninguno y viendo que la señal se mantenía clara y distinta, publicaron un primer artículo en 1998 anunciando una posible nueva fuerza del sol y sugiriendo que quizás el efecto sólo se podría explicar con “nueva física”. Pero la reacción general fue de gran escepticismo. Por un lado, esa nueva fuerza resulta incompatible con las bien conocidas efemérides de los planetas; además no afectaría a sus órbitas, en contra del llamado principio de equivalencia, pieza clave de la física gravitatoria, según la cual todos los cuerpos experimentan la misma aceleración en un campo de gravedad. Pero entonces, ¿qué agente causa el cambio de la frecuencia? La
Anomalía sigue sin explicación, treinta años después de ser descubierta, sirviendo de recordatorio de los límites de nuestro conocimiento. Postulamos que hay materia oscura para explicar cómo pueden girar tan deprisa las galaxias, pero no tenemos ni idea de en qué consiste. Por eso el premio Nobel Martinus Veltmann dice críticamente: “Intentamos explicar algo que no entendemos mediante algo que no vemos”. ¿Podría ser que la materia y la energía oscuras sean dos indicaciones de que ignoramos algo fundamental sobre el espacio, el tiempo y la gravedad, o sea dos maneras de esconder el polvo bajo la alfombra?

Anderson y su equipo intentaron una segunda interpretación de sus datos, especulativa y difícil de entender. Dicen que el fenómeno se parece a “una aceleración de los relojes”, algo así como “una inhomogeneidad del tiempo cósmico”, pero son incapaces de precisar tal idea (¿respecto a qué podría acelerar el tiempo?) y la abandonan al encontrar contradicciones insalvables. Pero la evidencia del efecto se hace más clara; el tema se va calentando poco a poco y ya no se niegan los datos. Se interesa la Agencia Europea del Espacio (ESA) y se diseñan misiones para observarlo. Algo importante podría estar tras la segunda interpretación de la Anomalía; quizá sea necesario revisar a fondo nuestras ideas básicas sobre el universo. Es una idea incitante que sugiere una vía de explicación, pero repensar el tiempo no es cosa fácil.

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