

Javier
Gutiérrez illán
María
Ciller Marín
Jesús
Rodríguez Diéguez
Patricia
Jiménez Amat
-
1
Distribución e importancia de los desiertos
o
1.1
Tipos y distribución mundial ………………………pag 4
o
1.2 Importancia
socioeconómica ……………………… pag 6
o
1.3 Zonas áridas españolas
……………………………. pag 7
-
2 Climatología
……………………………………………………….…. pag 8
-
3 La vida en el desierto:
adaptaciones ……………………………….. pag 11
-
4 Estructura
……………………………………………………………. pag 14
-
5 Función
……………………………………………………………….. pag 15
-
6 Dinámica de los
desiertos
o
6.1 Las migraciones de las
tierras áridas ……………... pag 16
o
6.2 Las zonas de sombra de
lluvias ……………………. pag 16
o
6.3 Las consecuencias del
tamaño de los continentes … pag 17
o
6.4 Los megadesiertos del
futuro ………………………. pag 17
-
7 Organización
………………………………………………………….. pag 18
-
8 Usos y gestión
…………………………………………………………. pag 20
-
9 Bibliografía
……………………………………………………………. pag 22
1.1. Tipos y distribución mundial:
Las regiones áridas constituyen uno de los ecosistemas más extensos del mundo, ocupan un 36 % de la superficie terrestre mundial (40-45 MKm2) en base al clima y un 37 % en base a su vegetación natural (Shantz 1956). En este bioma el factor limitante es el agua: las precipitaciones no llegan a los 250 mm por año. No obstante, los desiertos no son regiones muertas, después de una lluvia repentina, una superficie arenosa se puede poblar de plantas, flores y pequeños animales (http://www.barrameda.com).
Las categorías de desiertos,
incluyen los llamados desiertos fríos (latitudes entre 35º y 55º N y S, además
de los polos) (figuras 1 y 2) y los desiertos cálidos (latitudes
menores, próximas a los trópicos) (http://www.neuquen.gov.ar)
(figura 3):


Figura 2: Distribución de desiertos fríos en el
hemisferio norte (Buol 1997)
Además de los polos, donde las precipitaciones en ciertos sectores pueden no sobrepasar los 100 mm anuales (Viers, 1975), podemos encontrar este tipo de desierto en los campos de hielo, de los cuales Chile tiene dos: el Campo de Hielo Norte y el Campo de Hielo Sur. También dentro de este tipo de desiertos podemos encontrar, junto a los círculos polares Antártico y Ártico, a las tundras y las taigas, las que se dan en latitudes bajas, donde la disponibilidad de agua también es escasa, ya que gran parte de ella está congelada. En este tipo de ambientes existen enormes bosques de coníferas con muy poca diversidad biológica.(http://www.icarito.com).
Cabe destacar no obstante, que existen autores como Viers (1975) que no consideran áridas a las zonas polares ya que, a falta de una evaporación notable, no existe verdadero déficit.



Figura
3: Mapa general de los tipos de suelo en el mundo (Olson, 1984)
Encuadrado
en rojo, zonas áridas y semiáridas cálidas (aridisoles)
Este tipo de desiertos lo podemos encontrar en los trópicos de Capricornio o de Cáncer o en sus cercanías. Algunos de los desiertos asociados al trópico de Capricornio son el desierto de Atacama, sur de Perú y Patagonia, en América del Sur; el de Namibia y Kalahari, en África, y el desierto de la costa oeste y centro de Australia.
Junto al Trópico de Cáncer, en cambio, encontramos los desiertos de Mojave, Sonora y Arizona, en Norteamérica; el desierto del Sahara en África; y en Asia, los desiertos de Arabia, Takla-makán, el de Thar o Sind y el de Gobi.
La lejanía del mar hace que los vientos marítimos lleguen despojados de humedad en los desiertos continentales fríos, como el de Gobi, en Mongolia.
También aportan sequedad las corrientes marinas frías que pasan por las costas de algunos continentes formando desiertos de franja, como el de Atacama, en Chile.
1.2. Importancia socioeconómica:
En éstas regiones viven entre 500 y 800
millones de personas, con tasas de crecimiento anual de población del 2 al 3 %,
en países en vías de desarrollo.
Éstas zonas proporcionan la quinta parte de los suministros de alimentos, producen la mitad de los metales preciosos y contienen la mayor reserva mundial de petróleo y gas natural. El recurso del agua es aquí causa de conflictos de ámbito internacional y el manejo eficiente del agua pasa a ser un tema estratégico, adquiriendo todo su sentido las técnicas de conservación de suelos y agua. (Porta Casanellas 1999).
Millones de
personas que viven en los bordes de las regiones desérticas están
permanentemente amenazadas por los azares climáticos, y organismos
internacionales como la UNESCO estudian los problemas de las zonas áridas y
semiáridas con el fin de mejorar su funcionamiento (Viers, 1975).
1.3 Zonas áridas
españolas.
España es el país europeo que tiene las más extensas zonas cuyas características derivan de la aridez. El estudio de las zonas áridas ofrece una buena base para que pueda haber una mayor participación en éste ámbito a nivel internacional.
|
Zonas áridas a nivel global |
Superficie (en %) |
|
África |
37 |
|
Asia |
34 |
|
Australia |
13 |
|
América del norte |
8 |
|
América del sur |
6 |
|
España |
2 |
En nuestro país existe uno de los centros mas importantes a nivel europeo (a pesar de los pocos fondos y recursos que se le otorgan) en el estudio de zonas áridas, se tata del EEZA (Estación de Estudio de Zonas Áridas)perteneciente al CSIC (www.eeza.csic.es), en el que trabajan numerosos especialistas en zonas áridas, como J. Puigdefábregas, y cuyas funciones se han basado en distintos ámbitos entre los que cabe destacar la recuperación de fauna africana asentada en el sureste español y que se encuentra en peligro de extinción.
Típico paisaje semiárido del sureste peninsular (Almería)
http://www.tabernas.org/
Las zonas semiáridas españolas
se encuentran en el sureste peninsular, ocupando parte de la comunidad
valenciana (alicante), la práctica totalidad de la comunidad murciana
(Cartagena, La manga del mar menor, etc), y la provincia de Almería donde
encontramos las zonas con los regímenes más arídicos de nuestra geografía y de
todo el continente europeo (desierto de Tabernas) (www.eeza.csic.es).
2. Climatología.
Propio de las áreas desérticas, el clima
desértico se caracteriza por altas temperaturas y escasez de precipitaciones (http://www.monografias.com). Se
distinguen dos importantes variantes: el clima desértico cálido, con una
temperatura media anual en torno a los 20º C, una fuerte oscilación térmica
(puede alcanzar los 20º) y precipitaciones inferiores a los 200 mm, y el
clima desértico frío, que presenta una temperatura media anual inferior a los 0º
C, y precipitaciones insignificantes, por debajo de los 100 mm anuales. El
límite entre ambos viene dado por la temperatura media del mes mas frío, que
cuando es menor de 0º C, corresponde a los desiertos fríos (Gutiérrez Elorza,
2001). Además de estos desiertos
propios de la zona cálida o tropical, existen otros tipos en la zona templada
resultado de la degradación de los climas propios de sus latitudes. Aquí cabría
hablar de los desiertos continentales, donde el elemento condicionante del
régimen termo pluviométrico, además de las altas presiones, es la
continentalidad, que acentúa la sequía y la oscilación térmica diaria (http://www.monografias.com).
El desierto cálido es aquel que primero se nos viene a la cabeza, quizás con camellos, palmeras y oasis, se localizan en las zonas tropicales y subtropicales y se caracteriza por su extrema falta de agua, las temperaturas extremas y la elevada evaporación (Gutiérrez Elorza, 2001). Debido a su posición latitudinal y al dominio anticiclonal, pocas nubes llegan a formarse, lo que hace que el calor del sol llegue durante todo el día al suelo en forma muy intensa (hasta el 90 % de la radiación) (http://www.barrameda.com), y en muchos de ellos (Sahara, Valle de la Muerte) el aire de la superficie puede alcanzar valores de hasta 58º C (Nicholson, 1993 en Gutierrez Elorza, 2001). De noche, sin una capa de nubes que atrape ese calor, la temperatura puede caer por debajo del punto de congelación.(http://www.icarito.com), llegándose a registrar oscilaciones térmicas d hasta 56º C en Tucson (Arizona) (Goudie y Wilkinson, 1977 en Gutierrez Elorza, 2001).
El desierto
frío difiere mucho del anterior, ya que en él las temperaturas son
extremadamente bajas, por lo que el agua está congelada y no está disponible
para ser usada por la flora y la fauna. Esta escasez de agua disponible hace
que, para los efectos prácticos, estos biomas se comporten como desiertos
tradicionales. Estos desiertos están situados fundamentalmente en latitudes
medias y la característica más significativa que presentan es la gran
oscilación térmica. Así, en el desierto de Karakuny, Asia occidental se han
registrado temperaturas de la superficie del suelo que oscilan entre 79,4 ºC y
-40 ºC (Nicholson, 1993 en Gutierrez Elorza, 2001). La precipitación está
influenciada por la orografía y es frecuente la caída de nieve (Gutiérrez Elorza, 2001).
Las precipitaciones
en los desiertos son extremas, con periodos secos interrumpidos por lluvias de
tipo convectivo. A ésta gran variabilidad temporal se une la irregularidad
espacial. Ésta enorme variabilidad espacial y temporal aumenta con el descenso
de la precipitación anual y se deben a que las lluvias dominantes son de
carácter tormentoso y constituyen una parte importante de la precipitación
anual total. Es relativamente frecuente, en la mayoría de los desiertos, que
algunas lluvias de tormentas superen en 24 horas la precipitación media anual
para un periodo de registro de 30 años (Gutiérrez
Elorza, 2001). Éstos eventos pueden alcanzar valores extraordinarios, como una
tormenta en 1925 que descargó 1524 mm en Lima (desierto del Perú), cuando en
esa zona la precipitación anual media es de 46 mm (Nicholson, 1993 en Gutierrez
Elorza, 2001).
Los vientos cálidos existentes en las regiones desérticas producen la desecación de muchas áreas. Éstos vientos soplan durante el día y por la noche se calman. Soplan desde el desierto a las zonas marginales más húmedas y suelen ser polvorientos. Reciben numerosos nombres locales (alisio, irifi, siroco, harmattan, etc) (Goudie y wilkinson, 1977 en Gutierrez Elorza, 2001). Puntualmente se desarrollan los tornados, masas de aire caliente, turbillonares y cargadas de partículas. Se elevan decenas o cientos de metros y su duración suele ser de unos minutos. Mucho mas importantes son las tormentas de polvo (haboob), muros de aire cargados de partículas y que en su desplazamiento producen efectos catastróficos en la vida animal y vegetal y las actividades humanas (Gutiérrez Elorza, 2001).
Propiedades diagnósticas:
Las zonas áridas se caracterizan principalmente por (Porta Casanellas 1999):
- una falta acentuada de agua para los seres vivos. Precipitación total inferior a 200 mm anuales.
- lluvias escasas y extremadamente irregulares espacio-temporalmente.
- precipitaciones torrenciales, con elevadas intensidades y corta duración.
- grandes pérdidas de agua de lluvia por escorrentía superficial.
Regímenes de humedad (figura 4)
Régimen arídico o tórrido:
Regímenes de los suelos de las regiones áridas y de las semiáridas. La precipitación es inferior a la evapotranspiración la mayoría de los meses del año. Déficit de agua durante todo el año. La escasa recarga hace que en los casos extremos no sea posible ningún cultivo (http://www.edafologia.ugr.es).
Éste régimen de temperatura es el propio de las regiones áridas que nos
ocupan.

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Figura 4:
regímenes de humedad
(régimen
de humedad característico de zonas áridas) (http://www.edafologia.ugr.es)
Regímenes térmicos
Hacen referencia a la temperatura media anual del suelo medida a una profundidad arbitraria de 50 cm. (que se ha escogido por corresponder a la zona radicular y por no verse influenciada por los cambios diarios de temperatura, sino únicamente por los cambios estacionales). La falta de medidas de campo supone una dificultad grande para su aplicación en esta taxonomía de suelos, por lo que suele deducirse a partir de los datos de temperatura del aire (tª del suelo = tª del aire más un grado) (http://www.edafologia.ugr.es)
Régimen pergélico. Suelos con temperatura media anual inferior a 0°
Régimen gélico. Suelos con temperatura media anual entre 0° - 8°. Verano muy frío
Régimen térmico. Suelos con temperatura media anual entre 15° - 22°
Régimen hipertérmico. Suelos con temperatura anual media > 22°
Los suelos áridos se encuadran
mayoritariamente en las zonas del planeta que presentan regímenes gélico y
pergélico (desiertos fríos) y térmico e hipertérmico (desiertos cálidos).
La acusada escasez de agua, unida a las críticas condiciones térmicas hace que en éstas zonas, los procesos de formación del suelo sean extremadamente lentos (Porta Casanellas 1999). En muchos casos (desiertos y peridesiertos) éstos suelos están prácticamente desprovistos de materia orgánica y, si bien la alteración química no existe, la disgregación mecánica, ligada a las fuertes variaciones diurnas de temperatura, puede conducir a una división fuerte del material de origen (Duchaufour 1987). Por otra parte, debido a la ausencia de estructura, las partículas son arrastradas y seleccionadas por el viento, dando lugar a suelos que contrastan por su textura: pedregosos (reg), arenosos (erg) y arcillosos con grietas poligonales (takyr) (Duchaufour 1987).
Los animales y plantas del desierto tienen que luchar continuamente contra la sequedad y demás circunstancias acompañantes de mortífero carácter.
Es posible encontrar un valle florido, pero seco, en medio de un autentico desierto, todo depende de dónde y cuándo caigan las precipitaciones. Ese valle donde todo vive y florece puede permanecer de nuevo reseco y muerto durante años.
A menudo animales aparecen intensamente ligados a la vegetación que consigue alzarse solitaria en el desierto, esto se debe a que las plantas modifican las condiciones ambientales y consiguen suavizar al clima: frenan el viento, reducen la insolación, incrementa la humedad, ....
Hay mucha más vida en el desierto estepario que lo que a primera vista se podría sospechar. Tras un temporal ocasional de aguas de alcance catastrófico gran cantidad de restos muertos flotan sobre las aguas encrespadas tras la tormenta. Hay roedores, reptiles, insectos y otras clases de animales que se escondían en grietas, juntas y cavidades (Gabriel, 1972).
Los animales y plantas que viven en el desierto (tanto si es estepario como extremado) han tenido que desarrollar adaptaciones para poder soportar un clima tan seco.
Vegetación:
Las plantas de las regiones áridas necesitan un sistema de raíces
extenso, tanto para alcanzar el agua como para absorber la máxima cantidad
posible cuando llueve.
Sus raíces pueden llegar hasta profundidades entre 60 y 80 m buscando el agua, aunque lo normal es entre 10 y 30 m (Smith y Smith, 2001). Como ejemplo de esto podemos citar los tamarindos que pueden llegar a profundidades de 30 m (Gabriel, 1972).
Las plantas también pueden soportar la aridez por medio de adaptaciones foliares. En algunas plantas las hojas son pequeñas, las paredes celulares gruesas, los estomas diminutos y el sistema vascular para el transporte de agua es denso.
Muchas especies tienen las hojas cubiertas de pelos que dispensan la energía solar incidente. Otras tienen las hojas cubiertas de ceras y resinas que reflejan la luz y reducen su absorción.
Todas estas adaptaciones estructurales reducen la cantidad de energía calórica que incide sobre la hoja y la pérdida de agua por transpiración (Smith y Smith, 2001).
Una estrategia muy especial es la suculencia de muchas plantas perennes. Se las conoce como plantas carnosas, entre las que destacan las cactáceas (cactus), que tienen tallos y raíces carnosos capaces de almacenar agua para los periodos críticos en la pulpa de sus troncos cubiertos con espinas para evitar ser comidas por los animales. Han perdido sus hojas, disminuyendo al mínimo la transpiración, por lo que la fotosíntesis, propia de las hojas, la realizan los tallos, provistos de clorofila, los que además tienen una cutícula cerosa para disminuir la pérdida de agua (Curtis y Barnes, 2000).
Las plantas del desierto que utilizan la fotosíntesis de tipo CAM cierran sus estomas durante el día, luego los abren por la noche para absorber y fijar el CO2 que utilizan durante el día. Gracias a esto experimentan una pérdida mínima de agua en la transpiración.
Algunas plantas adoptan un ciclo
de vida efímero, mediante el cuál la población sobrevive al periodo
seco en forma de semillas en estado latente, preparadas para germinar
rápidamente cuando llegan las lluvias (Smith y Smith, 2001). Evitan la
desecación creciendo solo cuando hay suficiente humedad. Ejemplo: Bromus
secalinus.
La microflora incluye musgos, líquenes y cianobacterias que permanecen latentes en el suelo pero son capaces de reaccionar con rapidez a periodos frescos o húmedos. Los líquenes sobreviven incluso en las peores condiciones de humedad gracias a la simbiosis de las algas y los hongos que los conforman (Curtis y Barnes, 2000).
Fauna: En ambientes áridos los animales se enfrentan a problemas de equilibrio hídrico, para solucionarlo han desarrollado diversas adaptaciones.
Evitar la sequedad: pueden hacerlo marchándose del área afectada durante la estación seca o pueden enterrarse en el suelo hasta alcanzar el nivel del agua subterránea. Como ejemplo: el rollizo lagarto (Scinais officinalis) norteafricano y arábigo que puede desaparecer tan rápidamente en la arena como pez en el agua.
Bajo la superficie del suelo no solo se encuentran los auténticos cavernícolas sino que también se encuentran liebres y chacales (Gabriel, 1972).
Reducir la pérdida de agua: durante la estación seca los animales reducen la pérdida de agua por respiración, este es el caso del órix (Oryx besia), un ungulado del desierto africano que reduce las pérdidas de agua durante el día mediante la hipertermia. El aumento de temperatura corporal durante el día le permite reducir la necesidad de evaporación de agua (Smith y Smith, 2001).
Por extraño que parezca muchos animales del desierto no beben nunca, o lo hacen muy raramente, lo que hacen es cubrir sus necesidades a partir de alimento sólido. Gran variedad de animales solo disponen de alimento seco, este es el caso de los roedores, cuya existencia en el desierto es un enigma. Ellos mismos originan agua mediante oxidación por respiración. Existe la hipótesis de que para hacer frente a la fuerza evaporativa atmosférica buscan zonas dominadas por los periodos de rocíos matinales Gabriel, 1972).
Cuando llueve se desarrollan lagunas temporales, apareciendo pequeños crustáceos llamados “camarones de agua salada” que crecen rápidamente debido a la materia orgánica acumulada, que posiblemente se conservó en esas depresiones durante mucho tiempo. Los huevos de los camarones son resistentes a la deshidratación y pueden ser conservados durante años antes de ser expuestos al agua y así repetir el ciclo. El viento contribuye a la diseminación de estas poblaciones arrastrando a los huevos, ya que son muy livianos.
Algunos reptiles e insectos están “preadaptados” a los desiertos debido a sus cubiertas corporales impermeables y sus excreciones secas que les permiten vivir con una pequeña cantidad de agua.
Los pocos anfibios que existen en los desiertos son animales capaces de permanecer largo tiempo en letargo durante los periodos secos. Así, al igual que las plantas e insectos, esperan a que llegue alguna lluvia para aparearse y poner huevos. Tal es el caso de la ciclorana, de Australia, que puede permanecer en letargo, enterrada en el suelo, por varios años.
Muchos de los mamíferos son pequeños y nocturnos, obteniendo la poca cantidad de agua que requieren de las plantas de las que se alimentan. Los mamíferos como grupo están mal adaptados a los desiertos pero unas cuantas especies se han adaptado secundariamente. Este es el caso de los camellos, tienen que beber cada cierto tiempo pero están adaptados fisiológicamente para soportar la deshidratación tisular periódica.
El camello y el dromedario (pertenecientes a la familia de los Camélidos), típicos de los desiertos de África y Asia, pueden pasar largo tiempo sin ingerir agua, y en caso de necesidad sufren la transformación de las células grasas de la joroba, que proporcionan agua al metabolismo. Estas reservas de grasa pueden superar los 100 Kg., y por estar concentradas en la joroba, no transmiten calor al cuerpo. A diferencia del hombre, los camellos transpiran muy poco, ya que tienen la característica de subir la temperatura de su cuerpo antes de comenzar a sudar, evitando la pérdida de agua (Curtis y Barnes, 2000).

4. Estructura.
La topografía del desierto, al no estar disimulada por la vegetación, se encuentra al descubierto y, paradójicamente, está parcialmente modelada por el agua. El suelo desprotegido se erosiona con facilidad durante las tormentas violentas, y el viento se lo lleva todavía mas lejos. Los conos aluviales se extienden apartándose de las colinas angulares y erosionada de roca mas resistente. Estos conos se unen para formar profundas extensiones de residuos, las bajadas. Al final, estas pendientes se nivelan hasta formar cuencas bajas llamadas playas, las cuales reciben el agua que baja de las colinas formando cañones, denominados arroyos. Estas cuencas forman lagos temporales después de las lluvias, pero el agua se evapora con rapidez, quedando solamente una capa seca de sal resplandeciente (Smith, 2001).
Los arbustos de tallo leñoso y quebradizo son plantas típicas de desierto. Entre esa matriz de arbustos aparece una gran variedad de otras plantas, como la yuca, los cactus, pequeños árboles y plantas efímeras. En el desierto de Sonora, en el de Perú y Chile y en los desiertos sudafricanos de Karoo y el sur del Namib, crecen grandes suculentas por encima del nivel de los arbustos, modificando así la apariencia del desierto.
Tanto las plantas como los animales están adaptados a la escasez de agua, evitando la sequedad o resistiéndola. Las plantas que evitan la sequedad florecen sólo en presencia de cierta humedad. Persisten en forma de semillas durante los periodos secos, preparadas para germinar, florecer y producir semillas cuando la humedad y temperatura son favorables.
Los animales y plantas que evitan la sequedad adoptan un estilo de vida anual o sufren un periodo de estivación, e incluso hay otros que sufren una fase de baja actividad durante la estación seca (Smith, 2001).
En el desierto, la biomasa subterránea puede ser tan discontinua como la biomasa aérea. Las plantas del desierto pueden ser arbustos leñosos con raíces profundas, tales como el mezquite o el tamarix, cuyas raíces llegan a alcanzar la capa de agua subterránea, lo cual los independiza del agua procedente de la lluvia, otros como larrea y atriplex poseen raíces laterales que alcanzan grandes distancias y otros como los cactus poseen raíces poco profundas para captar con rapidez el agua procedente de las escasas lluvias.
El suelo del desierto está constituido por un sustrato mineral puro y desnudo, de diferentes tipos, desprovisto de una capa continua de hojarasca. Las hojas muertas, las espinas y las ramillas caídas, principalmente procedentes de especies resistentes a la sequedad que las pierden para reducir la superficie de transpiración, se acumulan en áreas bajo las plantas, protegidas del viento, y en depresiones del terreno (Smith, 2001).
5. Función
La producción primaria del desierto depende de la proporción de agua disponible y de la eficiencia de su uso.
La producción primaria de la vegetación aérea varía entre 30 y 200 g/m². La producción subterránea es también baja, pero mayor que la aérea, entre 100 y 400 g/m² en regiones áridas y entre 250 y 1000 g /m² en regiones semiáridas.
La cantidad de biomasa que se acumula y la proporción entre la producción anual y la biomasa, dependen del tipo dominante de vegetación. En los desiertos en los cuales dominan los árboles, arbustos y plantas tipo cactus, la producción anual es entre un 10 y un 20 por ciento de la biomasa total aérea. Las comunidades anuales o efímeras tienen una renovación de un 100 por cien tanto en las raíces como en las partes aéreas, y su producción anual es la misma que su biomasa máxima. En general, las plantas del desierto no poseen una elevada biomasa de raíces con respecto a la biomasa de las partes aéreas (Smith y Smith, 2001).
Otros productores primarios del desierto son los líquenes, las algas verdes y las cianobacterias. Las cianobacterias fijan nitrógeno, pero un 70 por ciento del nitrógeno vuelve a la atmósfera en forma de amonio volatilizado y nitrógeno procedente de la desnitrificación, acelerada en condiciones de suelos secos y alcalinos.
La circulación de nutrientes en los ecosistemas áridos es muy restringida. El fósforo y el nitrógeno se encuentran en poca cantidad y en su mayoría alojados en la biomasa vegetal, viva o muerta.
Los nutrientes que quedan en las partes caídas son captados y descompuestos bajo las plantas, donde las condiciones microclimáticas creadas por ellas favorecen la actividad biológica. Las plantas, de hecho, crean islas de fertilidad bajo ellas (Smith y Smith, 2001).
A pesar de su aridez, los ecosistemas desérticos sustentan una sorprendente diversidad de vida animal, incluyendo una gran variedad de escarabajos, hormigas, langostas, lagartos, serpientes, aves y mamíferos.
Los herbívoros ramoneadores del desierto tienden a ser generalistas y oportunistas. Consumen una amplia variedad de especies, tipos vegetales, y partes de las plantas. Como último recurso, los herbívoros consumen hojarasca muerta y líquenes. Los pequeños herbívoros y las hormigas tienden a ser granívoros, alimentándose de semillas, y su importancia en la dinámica de los ecosistemas desérticos es considerable.
Las áreas protegidas del ramoneo, especialmente de las cabras y ovejas, poseen una mayor biomasa y un mayor porcentaje de especies apetecibles que las áreas sometidas al pastoreo.
Entre los herbívoros nativos de un desierto arbustivo, los que se alimentan de las plantas sólo suelen consumir una pequeña parte de la producción primaria aérea, pero los que consumen semillas pueden llegar a comerse la mayor parte de la producción de semillas (Smith y Smith, 2001).
Los carnívoros del desierto, al igual que los herbívoros, suelen ser consumidores oportunistas, y sólo en unos pocos casos son especialistas. En su mayoría tienen dietas mixtas que incluyen hojas y frutos; incluso las aves insectívoras y los roedores consumen también material vegetal. El omnivorismo y las redes tróficas complejas, parece ser la regla general en los ecosistemas desérticos.
La cadena alimentaria de los detritos parece ser menos importante en el desierto que en otros ecosistemas. Los hongos y los actinomycetes son los organismos predominantes (Smith y Smith, 2001).
Los nutrientes circulan muy lentamente en el desierto y las cadenas alimenticias que se desarrollan tienen un ritmo oportunista, cuando se dispone de mayor humedad aumentan y se hacen más complejas, y casi desaparecen cuando las condiciones son de extrema sequía (Curtis y Barnes, 2000).
La descomposición microbiana se limita a cortos períodos en que el agua está disponible. La hojarasca seca tiende a acumularse tanto que la biomasa de detritos puede ser mayor que la biomasa aérea viva. La mayor parte de la biomasa de las plantas efímera desaparece gracias al ramoneo, la meteorización y la erosión. La descomposición se produce principalmente por la acción de artrópodos consumidores de detritos, los cuales ingieren y disgregan los tejidos vegetales en sus aparatos digestivos (Smith y Smith, 2001)
6. Dinámica de los desiertos.
6.1 Las
migraciones de las tierras áridas.
El desierto se desplaza según condiciones geológicas y atmosféricas específicas..
Cuatro factores se combinan para negarle la lluvia a las zonas áridas. El más constante es la circulación global de la propia atmósfera, que mantiene dos cinturones gemelos de aire seco, de alta presión, sobre los bordes de los trópicos. Los tipos de circulación en el mar también contribuyen a la aridez cuando las aguas costeras frías enfrían el aire, reduciendo su capacidad de retener la humedad. Pero incluso vientos cargado de agua pueden no descargarla sobre el desierto si éste se encuentra en una zona de sombra de lluvia, o si está demasiado alejado del mar (Page, 1987).
6.2 Las
zonas de sombra de lluvias.
Hace unos 45 millones de años, las colisiones entre placas tectónicas empezaron a originar enormes cordilleras que alterarían espectacularmente la localización y tamaño de los desiertos del mundo. Cuanto más altas y extensas eran las cordilleras, más importante era la barrera que impedía llegar al interior del continente las masas de aire húmedas. Como el viento que soplaba hacia tierra se veía forzado a ascender ante la cordillera, se enfriaba, su humedad se condensaba en forma de precipitación y al interior sólo llegaba el aire seco. Así es como alcanzaron su gran tamaño muchos de los desiertos, sobre todo los americanos. La formación de las montañas aumentó también la extensión de la zona desértica del norte de África, pero no afectó de igual manera a Europa y Asia. Aquí, el movimiento de la placa eurasiática permitió al océano extenderse tierra adentro, colmando la cuenca intercontinental deprimida y extensa. La humedad de ese gran mar interior, llevada por los vientos del oeste que atravesaba Asia, eliminó una región árida que 20 millones de años antes había cubierto más de cinco millones de kilómetros cuadrados (Page, 1987).
6.3 Las
consecuencias del tamaño de los continentes.
El viaje de la India de 80 millones de años hacia el noroeste desde la Antártida terminó hace 15 millones de años, cuando el subcontinente colisionó con Asia. Con la adición de esta gran masa continental, Asia central quedó a miles de kilómetros del mar, fuera del alcance de los más potentes monzones estivales y de sus abundantes lluvias. Por otra parte, la monumental colisión de las placas tectónicas formó el enorme Himalaya en la zona de choque, que impedía el paso de la escasa lluvia hacia el interior. El resultado de esos movimientos geológicos fue la formación en el corazón de Asia de una inmensa zona árida, precursora del Gobi actual.
Más o menos por entonces, Australia se desplazó hacia el norte, a la zona de altas presiones subtropicales. El tamaño del continente y los afloramientos fríos en su costa oeste, hicieron inevitable la desertificación.
En América del Sur, por otra parte, la extensión de las zonas áridas se redujo espectacularmente al desaparecer el desierto de Patagonia. Las razones de este proceso no están muy claras; se piensa que hubo un clima excepcionalmente cálido y húmedo en esa época y que además los Andes disminuyeron de altura por erosión, con lo cual pudo penetrar aire saturado sobre unas montañas antes infranqueables, para moderar el clima del interior (Page, 1987).
6.4 Megadesiertos
del futuro.
Cuando se prevén los desplazamientos tectónicos para dentro de 100 millones de años, y la consiguiente distribución de las tierras, se observa una enorme extensión de desiertos futuros en todo el hemisferio norte. La deriva de África hacia el norte la hará colisionar con Europa y Asia originando unos plegamientos montañosos a lo largo de la zona de colisión y eliminando el Mediterráneo para formar una inmensa y única masa de tierra. El tamaño del nuevo continente, junto con el efecto de sombra de lluvias de las montañas recién plegadas y la corriente fría que se originaría en la costa oeste, crearía un enorme desierto transcontinental. Todos los actuales desiertos de África, Arabia y Asia se fundirían en uno solo que mediría unos 10000 kilómetros de largo por 1500 de ancho.
La deriva llevaría a Groenlandia y América del Norte lejos del Ártico, permitiendo la llegada de aire templado al casquete polar, que terminaría por fundirse. El agua de fusión haría subir el nivel del mar unos 180 metros, inundando las cuencas del Amazonas y del Mississippi y de la fosa tectónica africana.
Al desplazarse América del Sur hacia el norte, su7 desierto costero, fijado en las latitudes subtropicales secas, migraría hacia el sur al mismo tiempo. Así, también, al moverse Australia hacia el sur, su desierto migraría hacia el norte.
Sin embargo, habría una excepción al avance de los desiertos en la costa oeste americana. Al pivotar el continente en sentido contrario a las agujas del reloj el movimiento de las placas eliminaría parte de las cordilleras litorales. Como consecuencia, los actuales desiertos debidos a las zonas de sombra de lluvia al este de las montañas tendrían más precipitaciones y terminarían por reverdecer (Page, 1987).
En definitiva, año tras año las zonas áridas de la Tierra avanzan. Las fluctuaciones del clima, graduales o bruscas, junto con otros cambios ecológicos, están sustrayendo humedad a algunas regiones del mundo. El proceso, llamado desertificación, a veces se acelera por intervención del hombre en el frágil ecosistema existente en los límites de los desiertos actuales (Page, 1987).
El síntoma más visible de desertificación es la erosión del suelo, degradación progresiva que no cesa no en la estación seca ni en la húmeda. Durante los largos períodos secos, el suelo se cuartea y se desintegra en partículas que son arrastradas por vientos y tormentas. Parte del suelo fértil colmata las zonas húmedas y forma dunas de arena.
Cuando al fin llega la lluvia a las tierras de escaso valor agrícola, no todo son beneficios. Si bien el agua caída hace crecer la vegetación, también origina una explosión demográfica entre los animales herbívoros: ganado, conejos y ratas sobre todo. Animales pastando, acompañados de hordas de insectos, se agolpan en torno a las pozas recién llenadas y destruyen toda le vegetación circundante. Además, la fuerza del aguacero es tan erosiva como el viento. Donde la vegetación no ha desarrollado un potente sistema radicular para absorber y retener el agua, ésta se lleva el suelo, dejando tras de sí un paisaje formado por regueros y cárcavas.
Cuando amenaza la desertificación, los hombres tienden a reaccionar de la forma menos apropiada; así, plantan en exceso y alimentan a demasiado ganado con la esperanza de producir lo bastante para resistir a la escasez, con lo que contribuyen al ciclo destructivo. De este modo el hombre, que sobrevive precariamente en un entorno hostil, se convierte en propulsor y víctima del avance del desierto.
Es un problema mundial. Inmensos territorios distribuidos en más de cien países se ven afectados por la desertificación. Cada año desaparecen de la superficie del globo siete millones de hectáreas de tierra productiva (Page, 1987).
7. Organización.
Los desiertos
están constituidos por una serie de elementos, tanto bióticos (fauna, sociedad
humana y vegetación) como no bióticos(parámetros pluviométricos, temperatura y
substratos edáficos), interrelacionados todos ellos, dando lugar a una serie e
procesos que caracterizan a este bioma.
Elementos no bióticos.
Respecto a parámetros climáticos, los desiertos son áreas de aire descendente
que se calienta y, en consecuencia, que deja poca lluvia. Las regiones
desérticas se caracterizan por recibir precipitaciones que no llegan a los 250
mm al año, siendo entonces el agua, su factor limitante.
Además su temperatura media anual es de 30º C. La temperatura del desierto puede ser extrema. El aire de la superficie es tan cálido en muchos de ellos, que llegan a formarse pocas nubes. Por ello, todo el calor del sol llega durante el día al suelo del desierto, mientras que de noche, son una capa de nubes que atrape ese calor, la temperatura puede caer por debajo del punto de congelación (Curtis y Barnes, 2000).
La textura y composición del suelo desempeñan un papel
al menos tan importante como el de la lluvia – o su carencia- en la
supervivencia de las plantas del desierto. Al contrario del suelo continuamente
renovado de las zonas templadas, el suelo de las zonas áridas carece de la gran
riqueza que supone la materia orgánica en descomposición. Pero allí donde la
lluvia logra penetrar lo suficiente, el desierto es rico en nutrientes
minerales que ascienden a la superficie con el agua que va subiendo al
evaporarse desde las profundidades cargadas de minerales. Es esta permeabilidad
el factor que más influye en la vegetación del desierto.
El tipo de suelo – y por tanto de permeabilidad- está determinado por la naturaleza de la roca del subsuelo, por la cantidad de erosión o disgregación que hay sufrido, y por la topografía del terreno. Todos estos factores están relacionados con la altitud (Page, 1987)
Elementos bióticos. La cobertura vegetal es bastante escasa. Principalmente se compone de Cactáceas, herbáceas y arbustos de no más de 1.5 m de altura. La vegetación dominante herbácea es de carácter xerófilo, es decir, adaptada a la sequedad del ambiente, mediante una variedad de estrategias de conservación de la poca humedad disponible. Su distribución tiende a ser puntual y dispersa (Curtis y Barnes, 2000).
La clave de la desertificación se encuentra en la relación entre la humedad y el suelo. Se sabe de antiguo que hay una capa fina y delicada de plantas diminutas, algas, hongos, líquenes y musgos, en el suelo del desierto. Esta capa recibe el nombre de corteza criptogámica. Se ha descubierto recientemente que esas comunidades de plantas son beneficiosas para el suelo en varias formas. Los cortos filamentos radicales de musgos y líquenes retienen el suelo. Los filamentos de algas y hongos que crecen bajo la superficie, lo estabilizan. Algunas algas enriquecen el suelo absorbiendo nitrógeno de la atmósfera y del aire existente en el suelo. Esta fijación del nitrógeno favorece el crecimiento de otras plantas.
Juntas, las plantas criptógamas forman un paisaje microscópico de montes y valles. Ese terreno desigual limita el movimiento del agua, dándole tiempo para penetrar en el suelo en lugar de circular sobre él. Las pequeñas plantitas atrapan también partículas de limo, que serían arrastradas por el viento, y que a su vez sirven para retener la humedad. Esta protección fundamental que realiza la vegetación es terriblemente frágil. Las pezuñas del ganado la destruyen, y sin esta cubierta, el suelo disminuye su capacidad de retener agua (Page, 1987).
Las zonas áridas tienen un gran interés de estudio, no solo por ser uno de los ecosistemas más extensos sino también por proporcionar la quinta parte de los suministros de alimentos, por producir la mitad de los metales preciosos y por contener la mayor reserva mundial de petróleo y gas natural (Heaathcote, 1983 en Porta y col., 1994).
Los suelos de regiones desérticas se caracterizan por una falta muy prolongada de agua, lo cual condiciona la duración del periodo de crecimiento de las plantas, y el uso de territorio. Como principales condicionantes para el uso de estos terrenos cabe destacar la erosión eólica y la escasa capacidad para almacenar nutrientes y agua.
Impacto: Las intrusiones de antiguos humanos en el desierto consistían en la recolección de alimentos y cacería. En tiempos más recientes los grupos de pastores se han asentado en comunidades agrícolas (Porta y col., 1994).
Hoy día las regiones desérticas han sido invadidas por la industria petrolera, transformando y contaminando de forma radical el ambiente desértico (Smith y Smith, 2001).
En ciertas áreas el desarrollo urbano se ha expandido hasta el desierto, incorporando incluso jardines de césped y piscinas. La agricultura de regadío también ha hecho enverdecer ciertas áreas del desierto. Este desarrollo está acabando con las reservas fósiles de agua. Además está sufriendo una degradación exagerada a causa del uso recreativo incontrolado de los vehículos todo terreno.
En ciertos lugares, entre los que destaca México, la sobreexplotación de xerófitas está poniendo en peligro de desaparición a muchas especies, varias de ellas endémicas. Esto está destruyendo el delicado equilibrio ecológico de nuestros desiertos y pone en riesgo de desaparición un importante banco genético existente.
El contrabando de cactus es sumamente frecuente y el control muy deficiente en nuestro país (Curtis y Barnes, 2000).
El mayor impacto de produce en los márgenes semiáridos de los desiertos naturales de todo el mundo, que sustentan cierta actividad agrícola y ganadera. Con una presión de pastoreo y de cultivo excesiva la tierra queda expuesta a la erosión eólica e hídrica. Debido a que estas regiones están sujetas a sequías impredecibles la población humana se enfrenta a hambrunas devastadoras y a una degradación progresiva del terreno.
El resultado es la desertización: creación de nuevos desiertos (la vegetación y la capa superior del suelo desaparecen, las tormentas de polvo se hacen más frecuentes y las dunas de arena avanzan por encima de la tierra) (Smith y Smith, 2001).
La rehabilitación tras una degradación debida a la aridez del medio conlleva a procesos lentos, difíciles y económicamente poco justificables, por los bajos beneficias esperables a corto plazo. Por ello interesará analizar los procesos de degradación, sus causas y evaluar los riesgos, para ir a medidas preventivas, siempre que ello sea posible (Porta y col., 1994).
Gestión: Con un suministro de agua y bien gestionadas, muchas áreas desérticas pueden transformarse en tierra agrícola productiva, pero las prácticas de regadío pobres, que permiten la pérdida de agua en los canales y un exceso de agua en el suelo, provocan una elevación del nivel freático. Al evaporarse el agua de la superficie, por debajo queda una capa superficial brillante de sales tóxicas para las plantas, y la tierra es abandonada al viento (Smith y Smith, 2001).
Cuando se plantea una transformación en regadía hay que tener en cuenta que, con una EPT de 3000 mm año, el riesgo de degradación por salinización es elevado si no se planifica un sistema de drenaje en paralelo al riego y se asesora adecuadamente a los nuevos regantes (Porta y col., 1994).
Actualmente se preparan planes para restituir las áreas desérticas, es preciso determinar una seria de lugares apropiados para la localización de aguas subterráneas y luchar contra la salinización del suelo, con objeto de crear nuevas superficies de pasto.
Se habrán de perforar pozos manantiales y donde se pueda se pasará a la forestación. Se trata de reconformar aquellas zonas convertidas en desiertos en ámbitos de vida apropiados al menos para los nómadas (Gabriel, 1972).
Las actividades humanas en ecosistemas frágiles pueden tener consecuencias adversas para éstos y para la supervivencia de la población que dependa de ellos. Cuanto más árido sea el clima, más severo será el impacto de aquellas actividades humanas que no sean biológica y ecológicamente sostenibles a largo plazo (Porta y col., 1994).
Bibliografía.
• CURTIS Y BARNES. Invitación a la biología. Ed. Panamericana. 2000.
• GABRIEL, A. Los desiertos de la Tierra y su exploración. Ed. Alhambra S.A. 1972.
• ODUM, E. P., SARMIENTO, F. O. Ecología. El puente entre la ciencia y la sociedad.
Ed. McGraw-Hill Interamericana.
• PAGE, J. Planeta Tierra. Los desiertos. Ed. Planeta S.A. 1987.
• PORTA, J., LÓPEZ-ACEVEDO, M., ROQUERO, C. Edafología para la agricultura y el Medio Ambiente. Ed. Mundi-Prensa. 1994.
• SMITH, R. L., SMITH, T. M. Ecología.
Ed. Addison Wesley. 2001.
• BUOL, S.W. et al., Soil genesis and classification, Iowa
State University Press, 1997.
• SHANTZ, H.L. History and problems of arid lands development. The future of arid
lands. Greenwood Press, 1956.
• OLSON, G.W., Field guide to soils and the environment. Aplication of soils survey,
Chapman and Hall, New York, 1984.
• GUTIERREZ ELORZA, M., Geomorfología climática. Ed. Omega, 2001.
• VIERS, G., Élements de climatologie.
Fernand Nathan, Paris, 1975.
Bibliografía complementaria consultada:
•
PUIGDEFÁBREGAS, J., et al., Scales and processes of water and sediment
redistribution in drylands: results from the Rambla Honda field site in
Southeast Spain. Earth-Science
Reviews, 1999.
• AGUILAR, J.
"Proyecto Lucdeme". JUMILLA
ICONA Universidad de Granada, 1986.
• CANTÓN, Y. y PUIGDEFÁBREGAS, J. Influence of soil surface types on the overall runoff of the Tabernas badlands (SE Spain): field data and model approaches. Hydrological Processes, 2002
• CONTRERAS,
S., et al. Agricultura,
Agua y Sostenibilidad en la provincia de Almería. 2002
• LAZARO, R. & PUIGDEFÁBREGAS, J. Analysis of a 30-year rainfall record (1967-1997) in semi-arid SE Spain for implications on vegetation. Journal of Arid Environments, 2001.
• ORDINALES, R.
Vigilando el desierto. Descripción
del Sistema de Telemetría de la Estación Experimental de Zonas Áridas
(Almería). Ecosistemas,
3/01: 52 - 60.
• PUGNAIRE,
F.I.,y PUIGDEFÁBREGAS, J.
Stress resistance strategy in an arid land shrub: Interactions between
developmental instability and fractal dimension. Journal
of Arid Environments, 2000.
• PUIGDEFÁBREGAS, J. & MENDIZABAL, T. Perspectives on
desertification: wester Mediterranean. Journal of Arid Environments, 1998.
•
http://www.ucm.es/info/edafar/biblio/mapasreg.htm
•
http://www.salvemosplanetatierra.org
• http://www.edafologia.ugr.es/
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