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REVISTAS DIGITALES: ¿UN REVULSIVO DE LA VIDA ACADÉMICA?
Joaquín Mª Aguirre Romero 1. Introducción. La aparición de un nuevo medio que es, a la vez, de comunicación, de edición y de publicación tenía forzosamente que afectar al fraccionado y especializado sistema editorial existente. La historia nos muestra cómo el sistema editorial fue evolucionando desde sus orígenes hacia un espacio organizado en múltiples funciones y agentes. Lo que inicialmente se constituyó como una tecnología funcionalmente unitaria, pronto fue especializándose en los sectores editorial, de distribución y de venta, sin incluir el productor intelectual: el autor. La figura original del librero-impresor o impresor-librero, es decir, el que producía y vendía el producto "libro", pronto desapareció en un mundo que crecía en la senda de un nuevo sistema económico, el capitalismo, sustituyendo al mundo medieval y feudal del manuscrito. Es importante resaltar este aspecto del carácter integral del origen del mundo editorial porque sostendremos como fondo de nuestra exposición que el ordenador, en primer lugar, y el sistema de redes informáticas, en segundo, han propiciado la vuelta a un sistema integrado de características similares en muchos aspectos al de los orígenes de la imprenta. Evidentemente, no se trata de un regreso; más bien de una situación estructural que se da con el inicio de cualquier renovación tecnológica: a los comienzos unitarios sigue un desarrollo de las posibilidades contenidas en la tecnología emergente; de este desarrollo se encarga la misma sociedad, que va buscando sus ámbitos de aplicación conforme a los principios de necesidad y oportunidad. 2. Vida académica y difusión del conocimiento. Hemos tenido ocasión de expresar en diversos foros, públicos e impresos, a lo largo de los últimos cuatro años las ventajas de la edición electrónica en línea, moviéndonos siempre —y ahora también nos mantendremos en este espacio— en el ámbito de la edición universitaria y científica. Es importante señalar esta característica del ámbito porque si bien todos los libros son pliegos de papel encuadernados no todos sirven para lo mismo. Hablamos de forma genérica del "libro" cuando en realidad éste no es más que el soporte material de lo que realmente es valioso: la información que contiene. Cuando hablamos de "valor" debemos ser cuidadosos con los deslizamientos semánticos del término. Cuando se habla de la edición a través de las redes de comunicación se suele debatir el espinoso problema de los "derechos de autor". Yo aquí, en cambio —si me permiten el juego de palabras—, les voy a hablar de los "deberes de autor". Entiendo, por ir directamente a la cuestión central, que es una obligación por parte de todos aquellos que están involucrados en la vida académica y se dedican a la investigación científica buscar la mayor difusión posible del conocimiento. Con el término "conocimiento" no me refiero a ninguna "verdad" específica, sino al resultado del trabajo investigador del profesional, de la persona cuya función es utilizar su intelecto al servicio de la mejora del conjunto de la sociedad. Evidentemente, al hablar de "mejoras" no me refiero solo a algunos campos concretos de investigación, como algunos pragmáticos gustan de hacer, sino a cualquier campo de la ciencia o de la cultura: de la teología a la bioquímica, de la retórica a la física, de la investigación filológica a la medicina. En algunos de estos campos las mejoras tienen un sentido material, de acción inmediata —el descubrimiento de un medicamento—, en otros las mejoras consistirán en mantener vivo un debate intelectual o una conciencia crítica en el seno de la sociedad. Cuando hablaba de "deberes de autor", por tanto, me refería al compromiso que todo investigador tiene con su propio trabajo. Las universidades, a diferencia de las empresas, no tienen como fin inmediato la obtención de beneficio sino la obligación de rentabilizar, en términos de conocimiento, la inversión que la sociedad hace en ellas. La forma de rentabilizar esta inversión no es solo una cuestión de calidad, sino también de cantidad, entendida ésta en términos de difusión, es decir, no solo hay que investigar para obtener unos resultados de calidad, sino que también hay que buscar la difusión más amplia del conocimiento. A diferencia de la empresa, que guarda su conocimiento porque es parte de su capital, las universidades cumplen sus objetivos cuando logran difundirlo y fracasan cuando, aún produciendo una información de calidad, son incapaces de transmitirla. Las formas que tienen las universidades de difundir el conocimiento que producen son 1) la labor docente (la transmisión directa a las personas que participan de la misma institución educativa); 2) los congresos científicos (espacios académicos en los que los especialistas de un mismo campo se reunen e informan directamente a sus colegas de otras instituciones); y 3) las publicaciones (forma de transmisión diferida que toma cuerpo como revistas, actas, monografías, tesis doctorales, etc.). Como es obvio, nos vamos a centrar en este tercer aspecto, aunque no sin indicar que las redes de comunicación también afectan a los dos primeros campos de forma directa. Las redes son un elemento básico en la educación del futuro y las instituciones que no sean conscientes de esto lo pagarán con creces. Pero esto es ya otra ponencia. 3. Los problemas de la edición universitaria. Con el término "problema" nos referimos a todo aquello que obstaculice el cumplimiento de los objetivos antes señalados como propios de la institución universitaria: la obtención y la difusión del conocimiento.Vamos a establecer dos tipos de problemas: a) los problemas materiales, y b) los problemas institucionales. 3.1. Problemas materiales de la edición universitaria. Los problemas materiales de la edición universitaria o científica son conocidos sobradamente por cualquiera que tenga un mínimo contacto con este campo. Podemos resumir la situación de la siguiente forma: una difusión mínima obliga a tiradas pequeñas que encarecen el producto final. Los tres sectores en los que se divide el sistema editorial —producción, distribución y venta— se interrelacionan de forma directa: los problemas de cada uno de ellos repercuten sobre los otros dos. La publicación científica es una publicación especializada y su público es reducido respecto a otros productos editoriales de mayor demanda. La inexistencia de circuitos sólidos de venta específicos de la publicación científica y el rechazo tradicional que los circuitos comerciales mantienen respecto a ésta obligan al uso del sistema de suscripción, es decir, a un sistema propio de la comunidad lectora de los siglos XVIII y XIX. La proliferación de revistas en campos cada vez más especializados y fragmentados obligan a los particulares y a las instituciones bibliotecarias a recortar las adquisiciones de revistas reduciendo su número a unas pocas por especialidad, a pesar de destinar un capítulo importante de su presupuesto anual. Esto significa que una gran cantidad de publicaciones no podrá sobrevivir mucho tiempo o que, financiadas a fondo perdido, dormirán el sueño de la ciencia en los depósitos de cualquier almacén o estante por falta de distribución o de puntos de venta. En el apartado de los problemas materiales podemos también incluir factores como la lentitud en la producción de las publicaciones. Nuestra época ha reducido el período de vigencia de la producción científica. Esto es variable según los campos de investigación en los que nos movamos, evidentemente, pero lo cierto es que uno de los mayores problemas es la rápida obsolescencia de la información científica y técnica. A pesar de ello, la lentitud sigue siendo la tónica dominante en la publicación universitaria. En la mayoría de los casos, son los propios Departamentos universitarios los que se encargan de la confección de las publicaciones, casi siempre de forma artesanal y en ratos libres de las tareas cotidianas. Si no son los miembros de los Departamentos y existen unidades centrales de producción —editoriales universitarias o servicios de publicaciones—, éstas suelen ser pequeñas y poco dotadas de medios materiales y personales, con lo cual se acaban produciendo bloqueos en la salida de las revistas, a las que se tiende a aplicar una periodicidad más amplia. Si se transfieren estas funciones a entidades privadas, los problemas son de otro tipo y no vamos a entrar en ellos. Solo señalar las frecuentes discrepancias por la disparidad de criterios sobre el concepto de publicación científica, para el que se requiere una sensibilidad valorativa adecuada, que el editor profesional puede tener o no tener. El editor científico es una figura que sería necesario promover. Las revistas no deben ser solo focos de información sino también espacios de discusión, de debate y controversia, de réplica y contestación. Estas características son básicas para el funcionamiento de la vida científica, en la que el contraste de opiniones es fundamental. Pero, ¿cómo mantener un debate con revistas anuales o, en el mejor de los casos, semestrales? Otro problema material grave es la administración del espacio. La comunidad académica ya se ha acostumbrado a ese escribir parcelado que supone la revista científica. El coste económico del papel determina el número de páginas, que debe ser distribuido entre unos artículos determinados. El investigador se acostumbra a los cinco, a los ocho, a los diez o a los quince folios, según las secciones en las que vaya a ser publicado. Tiene que prescindir de matices o aclaraciones; tiene que prescindir de las notas o reducirlas a un número fijo cada vez menor; ve recortada la bibliografía que puede añadir a su trabajo, etc. Pero con ser graves estos problemas, el que lo es en mayor medida es el problema de la distribución. Reiteramos lo que hemos indicado anteriormente: existe una fisura casi imposible de salvar entre la publicación científica y los circuitos comerciales de distribución y venta. La gran producción editorial existente y sus mecanismos de venta intensiva en periodos cortos para solventar la falta de espacios en las librerías desplazan al libro científico fuera de estos lugares de venta. Las librerías especializadas en material científico tienen problemas graves y solo cubren radios de acción pequeños alrededor de las zonas universitarias o en su interior. Factores como la reprografía ilegal, la existencia de bibliotecas universitarias o el antes mencionado de la corta vida del texto científico debido a la obsolescencia de la información actúan contra este sector. 3.2. Problemas institucionales. Es un hecho histórico el crecimiento espectacular de la comunidad científica con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial en la mayor parte de los países. La publicación es un factor de estímulo importante para el investigador. Desarrollando sus ideas y dándolas a conocer, el investigador justifica su actividad ante la comunidad científica y ante sí mismo. Sin el estímulo de una publicación fluida, el investigador tiende a reducir su actividad investigadora: ¿por qué producir si el trabajo queda frenado en su difusión? De forma natural, el investigador tiende a ajustar su ritmo de producción al ritmo de salida de su trabajo. Por otro lado, como bien escaso, la publicación adquiere un valor más elevado dentro del conjunto de la comunidad científica. La vida académica está regulada en gran medida por el hecho de la publicación. Los méritos que el investigador puede exhibir para situarse profesionalmente dentro del grupo social al que pertenece están determinados por los trabajos publicados y por el eco que estos tienen dentro del conjunto, es decir, por su aparición dentro de las publicaciones de otros. Con esta situación, las publicaciones científicas se convierten en el factor regulador dentro del grupo. Hemos desarrollado este aspecto en otros trabajos y no incidiremos aquí en él en demasía. La comunidad académica es un grupo altamente estructurado y jerarquizado. Los sistemas de regulación de la vida académica están tipificados y giran, como ya hemos señalado, sobre el hecho de la publicación. El lema "publica o muere" de las universidades americanas es un grito dramático que refleja perfectamente que quien quiera progresar en la carrera universitaria debe construir su currículum sobre la base de las publicaciones. El crecimiento del número de investigadores universitarios y la reducción relativa del espacio de publicación convierte este hecho en un mecanismo de poder, de tal forma que se impone el control riguroso de las publicaciones, ya sea mediante controles económicos o mediante controles editoriales. El que regula las publicaciones está regulando la vida académica. Es un hecho sobradamente conocido que una parte importante del profesorado universitario tiene que recurrir a la financiación de sus propias publicaciones para poder sobrevivir, académicamente hablando; es un hecho conocido los problemas que tienen los jóvenes investigadores para iniciar sus carreras como tales. Los congresos, en ocasiones, no son más que un acto protocolario que antecede a la publicación de las actas financiadas por las aportaciones de los propios comunicantes. Los necesitados de méritos se ven abocados al peregrinaje congresual para ir acumulando méritos en forma de ponencias en actas que se publican uno, dos o tres años más tarde. 4. Las revistas digitales. Ante este panorama poco optimista, como habrán podido apreciar, ¿qué tienen que ofrecer las revistas digitales? Mucho, como tendremos ocasión de exponer. No podemos comenzar sin recordar el dato histórico de los orígenes investigadores de la Red. La Red surge como un instrumento vinculado a la comunidad científica y militar. Al igual que las calzadas romanas, que no se hicieron para el turismo, sino para que las legiones llegaran rápidamente a sus destinos, la Red pasa de ser una tecnología científico-militar a ser un instrumento en manos de las universidades hasta llegar al pleno uso por la sociedad civil en su conjunto, como lo tenemos en la actualidad. Al igual que ha sucedido en las grandes colonizaciones de la historia, al ciberespacio llegaron primero las tropas militares, después los científicos y, por último, los colonos, es decir, los usuarios civiles de la actualidad. Cuando la "colonia" ciberespacial estuvo suficientemente poblada, llegaron los comerciantes e instalaron sus tenderetes. Solo desde el año 1995, la presencia comercial en la Red superó a la universitaria. 4.1. Ventajas de las revistas digitales en línea. Las revistas universitarias, las revistas científicas, tienen un campo especialmente favorable en la Red por los siguientes motivos:
Estas son algunas de las ventajas más evidentes. Pero faltaríamos a la verdad si no ofreciéramos la otra cara, la de los problemas que se plantean. A mi modo de entender existen dos problemas y un pseudoproblema. Empezaremos por este último. Cuando oigo hablar del problema del exceso de información existente en la red y lo que complica esto la vida a los que tienen que buscar informaciones no puedo dejar de recordar que esto mismo se dijo cuando apareció la imprenta. También entonces surgieron voces clamando contra los libros y hablaron del caos que iba a producir en la cultura. En el fondo no era más que un lamento que escondía el miedo de las elites a la ampliación de los círculos culturales. Hace tres años sostuve en este mismo espacio que el aumento de información que la Red suponía llevaría a la potenciación de la figura del documentalista, básica en la sociedad que se avecina, cuya función precisamente sería la clasificación de las informaciones y su estructuración para facilitar la recuperación. A la figura del documentalista se añade la labor del especialista de cada campo dentro de la Red que actúa seleccionando fuentes y estableciendo enlaces con los materiales que ha seleccionado del conjunto. La acción combinada del documentalista y del especialista ayudarán a hacer una red más cómoda. Vayamos ahora a los dos problemas reales. El primero de ellos es el de la permanencia de los documentos en la Red. Las mismas características que actúan a favor pueden actuar en contra. Cada día aparecen cientos de miles de documentos en la Red, pero también cada día desaparecen muchos de ellos. Los documentos electrónicos desaparecen sin dejar huellas. Es fundamental, si se quiere crear una auténtica sociedad de la información, que se garantice la estabilidad y la duración de los documentos valiosos. Al igual que la cultura del manuscrito y la de la imprenta generaron instituciones destinadas a la conservación y el depósito de la información, la Red debe buscar instrumentos para garantizar la permanencia de la información por encima de las contingencias del momento. El segundo problema es el del estatus de las publicaciones digitales en el ámbito académico. Quizá sea este el problema menos comprensible y sí más real. Las ventajas materiales son demostrables, pero la lucha contra lo que podríamos llamar el "prejuicio del papel" es más difícil porque, como todos los prejuicios, se basa en elementos no racionales. El estatus que se le confiera, el reconocimiento oficial a las publicaciones electrónicas es un factor determinante de su futuro ya que, como hemos señalado, afecta a la configuración del currículum del investigador. Si se minusvaloran las publicaciones electrónicas en la Red por el simple hecho de no estar impresas en papel se está impidiendo la utilización de este medio de forma indirecta. Los trabajos más valiosos se destinarán al papel, aunque solo se hagan cien copias y no se distribuyan más allá de la librería de la facultad correspondiente. Lo irracional del asunto se demuestra porque implica una valoración del medio y no de los contenidos, del soporte y no del valor de la investigación por sí misma. Sin embargo quizá estemos pecando de ingenuos cuando hablamos de prejuicio irracional. Quizá, después de todo, no sea tan irracional y encubra el miedo a una liberalización de la investigación, a que afloren investigaciones fuera del control existente sobre los medios convencionales y círculos profesionales. Como hemos dicho antes, en gran medida, quien controla la publicación de un sector, controla la vida académica de los que trabajan en él. Aquí debemos traer a colación el término que se encuentra en el título de esta ponencia: "revulsivo". La publicación electrónica universitaria puede ser, y de hecho lo es, tan científica como la que se pueda realizar en cualquier otro soporte, por que lo científico es el proceso por el que se llega y no el soporte en el cual se almacena. La lentitud en el reconocimiento oficial del valor de las publicaciones en línea no es un caso de la ciencia, sino, más exactamente, un caso de sociología de la ciencia, es decir, algo que se relaciona directamente con el reparto de poder en los grupos humanos, en este caso, el de los científicos. Y podríamos extraer la siguiente regla: cuanto más controlado se encuentre un sector de la ciencia, mayor será su resistencia al reconocimiento del valor de la publicación electrónica. Mi experiencia de cuatro años como editor de una revista universitaria me ha demostrado que el proceso es relativamente lento, pero que se está modificando poco a poco. Esto es así y se acabará potenciando el sector porque no es posible detener algo que muestra ventajas tan obvias. Pero voy más alla: este tipo de medio, como ya hemos señalado, puede actuar como un auténtico revulsivo de la vida científica gracias a su dinamismo y sobre todo gracias a la capacidad de abrir muchas puertas a las nuevas ideas, que son las que siempre son necesarias para hacer avanzar cualquier campo científico. En algunos campos, la publicación impresa ha sido desechada en beneficio de la inmediatez del medio electrónico. Muchos científicos ponen sus descubrimientos en páginas web a las veinticuatro horas de haber sido hecho público para que el resto de la comunidad científica de todo el mundo pueda beneficiarse del avance logrado. No todos los campos son iguales, evidentemente, ni todas las urgencias las mismas, pero lo cierto es que cualquier campo se ve enriquecido con la presencia de un número mayor de voces, con diálogos abiertos a toda la comunidad y con una difusión ilimitada liberada del lastre económico. Las instituciones más prestigiosas del mundo académico ya están realizando catalogaciones de los recursos digitales disponibles en la red y volcando poco a poco sus recursos. Este es el primer paso y esperamos que no sea el último. Estamos convencidos de que esto será beneficioso para todos: para los investigadores que se encontrarán motivados para la realización de su trabajo al tener una difusión mayor, porque facilitará la comunicación entre especialistas de cualquier parte del mundo, que podrán intercambiar ideas sacar provecho mutuo, y para la sociedad en su conjunto, que se beneficiará de poder disponer de recursos que hasta el momento solo circulaban en ámbitos muy reducidos y especializados.
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