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EL ÚLTIMO AS
DE LA REINA DE CORAZONESPOR CARLOS MOLINA y ANDRÉS PÉREZ |
Meses después de la tragedia que costó la vida en París a la princesa de Gales, a su novio y al chófer que conducía el vehículo siniestrado, la labor de la prensa continúa siendo cuestionada. Las revistas del corazón y los reporteros gráficos siguen experimentando en Europa que la opinión pública les ha condenado por adelantado, aún cuando las responsabilidades en el accidente de Diana no se han dirimido. Como cuestión de fondo se plantea de nuevo el conflicto entre los derechos a la intimidad y a la propia imagen por un lado y el derecho a recibir información por el otro.
LA MUERTE DE LA PRINCESA De un tiempo a esta parte, la prensa del corazón francesa ha experimentado en sus páginas los extremos a los que está dispuesta a llegar la Ley para hacer respetar los derechos al honor y a la intimidad. Los habituales personajes de las hojas de papel couché se han armado de preceptos y disposiciones jurídicas y han declarado la guerra al paparazzo y a la prensa del corazón en general. No resulta demasiado difícil observar detrás de todo esto la sombra del accidente mortal de Diana de Gales en París la noche del 30 al 31 de agosto de 1997.
Acoso a la pareja del verano
Los hechos
que condujeron al fatídico desenlace que sacudió las últimas jornadas del pasado verano
son de sobra conocidos. Las acusaciones se centraron en la tarea de los reporteros
gráficos. Desde el principio, se les condenó por atosigar a dos personas en contra
de
su voluntad. Las historias se sucedieron y los numerosos
testigos de la tragedia tuvieron en sus comentarios a los paparazzi como únicos
culpables. Según ellos, forzaron la carrera suicida y, tras el choque, sacaron
fotos sin detenerse a ayudar a los heridos o, en su defecto, entorpecieron las labores de
rescate.
Responsabilidad de la prensa Sobre la profesión periodística y, en
concreto, sobre la prensa gráfica, se cernieron entonces demasiadas sombras, demasiadas
acusaciones, muchas de ellas de escaso o difícil fundamento. Los datos que, poco a
poco, fueron saliendo a la superficie, han terminado por dejar claro que será complicado
acusar de algo a los fotógrafos procesados.
Para empezar, el hecho de que
el chófer tuviera 1,75 gramos de alcohol por litro de sangre y el que, además, no fuera
conductor profesional, dejan fuera la posibilidad de que la acusación de homicidio involuntario llegue a
parte alguna. En cuanto a la denegación
de auxilio, la cuestión es más complicada pero, aún así, presenta dudas
razonables que podrían dejar a los encausados sin el castigo que buena parte de la gente
que lloró a Diana espera.
La Policía francesa,
diversos testigos oculares e, incluso, uno de los fotógrafos detenidos reconocen que
éstos obstaculizaron las labores de rescate y socorro. Por contra, el veterano
reportero de la agencia Sigma Jacques Langevin, o el propio médico que atendió en primer
lugar a Diana, Frederick Mailliez, niegan que los periodistas rebasaran el cordón de
seguridad de la Policía y llegaran a estorbar en el trabajo de unas asistencias que, por
desgracia, poco podían hacer por las víctimas. Así, a primera vista, parece
difícil que la Justicia francesa pueda aplicar ninguna condena de importancia. Sin
embargo, la imagen de los reporteros gráficos ya está inevitablemente dañada, si lo
podía estar aún más la labor del fotógrafo.
Muchas
cosas han sucedido desde entonces. En el campo de lo anecdótico, la princesa Diana
de Gales se ha convertido en objeto de veneración de la prensa rosa. Ésta,
consciente de la mala imagen que el suceso le adjudicaba, supo en su momento dar la vuelta
a la situación alabando a la difunta como Reina de Corazones y distrayendo la
atención sobre una familia real británica a la que acusó de frialdad y falta de
modernización. En palabras de Edward Heathcoat en The Spectator: (los
medios) esperaban hundir la cólera pública en un mar de tributos, mientras creaban una
cabeza de turco alternativa -una bochornosa realeza al frente de una anticuada
organización- para ser acusada por un populacho furioso.
Sin embargo, desde el punto
de vista del Derecho, las secuelas del accidente en el Puente del Alma han dejado una
huella que traspasa lo anecdótico para entrar en algunos de los aspectos más
fundamentales de la profesión periodística. De nuevo, el eterno conflicto entre el
derecho a recibir información y el derecho a mantener una parcela de la vida privada ha
salido a debate público. La personal relación de Diana con los medios de
comunicación ha sido esgrimida como justificante de la persecución a la que,
indudablemente, se vio sometida, sobre todo tras su divorcio. Pero, ¿en todos los
casos se puede argumentar lo mismo? ¿Hasta dónde puede llegar la labor del
reportero gráfico? ¿Quién dice qué es de interés público y hasta dónde se
puede informar?
La
reacción en los distintos países en los que la tragedia caló más hondo fue muy
diversa. En Estados Unidos no hubo una respuesta de tipo gubernamental. Tan
sólo se produjo una espontánea y breve reacción popular que llevó a la quema de
periódicos y revistas en diversas ciudades del país. En Inglaterra, por contra, la
reacción desde todos los sectores fue más
encendida, en uno u
otro sentido.
Desde el gobierno laborista
hasta la oposición conservadora, hubo opiniones de todo tipo. Por ejemplo, el
ministro de Asuntos Exteriores inglés, Robin Cook, habló de la necesidad de prohibir la
publicación de todo tipo de fotos privadas, aunque no llegó a matizar cómo separar las
de ésta categoría con las públicas. Sus motivos tenía, pues no mucho tiempo
atrás fue víctima de los tabloides sensacionalistas cuando dieron cuenta del romance que
mantenía con su joven secretaria. Sin embargo, el primer ministro británico, Tony
Blair, prefirió que la situación se calmara y apeló a la conciencia de los editores: Lo
ocurrido ha animado el debate, pero no pueden adelantarse acontecimientos y los directores
deberán ser capaces de aprender la lección.
No opinó de igual manera el
canciller alemán Helmut Kohl, que apeló a su colega Blair para alcanzar una estrategia
conjunta que permitiera acabar con los paparazzi. Los motivos encendidos
de Kohl contra la prensa sensacionalista deben mirarse con cuidado. Lo que desató
las iras del dirigente germano fue la publicación, por parte del diario Bild, de dos
fotos del accidente tomadas a gran distancia.
Incluso desde el Consejo de
Europa se invocó la reunión de un próximo foro en el que discutir los métodos de
protección de la vida privada para dotar a las legislaciones nacionales de mecanismos
más poderosos con los que combatir las instromisiones. De momento, nada se sabe de
estos proyectos.
Sin duda, Francia ha sido el
lugar donde más se ha dejado sentir la ola de odio al fotógrafo de la prensa rosa.
Esto ha sido así tanto por el hecho de que fuera en París donde se originó el debate
como por la singularidad de la jurisprudencia gala, que suele castigar con una especial
dureza los excesos de la prensa rosa.
Las publicaciones del
corazón más importantes, como Ici Paris, Voici, Point de Vue y Gala -muy similar a
nuestro ¡Hola!- han visto mermadas sus ventas y sus ingresos por publicidad ante la
obligación de publicar en portada autos judiciales de rectificación por informaciones
aparecidas en sus páginas, además de tener que satisfacer a los demandantes con
importantes multas. Algunos de los que se han acogido al buen momento judicial han
sido el actor Gerard Depardieu, el cantante Johnny Hollyday -denunció la publicación de
unas fotos suyas en el jardín de su casa- o la mismísima Carolina de Mónaco, primera en
el orden de preferencia de los fotógrafos internacionales, con permiso de la difunta
Diana.
Resulta
difícil estudiar qué es lo que se puede hacer debido a la personal idiosincrasia de cada
pueblo. Lo que es indudable es que existen unos derechos enfrentados y, al mismo
tiempo, legítimos. También es indudable que, por su profesión o por su
proyección, es posible distinguir, al menos, dos categorías de personajes: los públicos
y los que no lo son. Los primeros, frente a los segundos, renuncian, de una manera
tácita, a una parte de su vida privada dado que crean, alrededor de ellos, unas
expectativas y un interés que exige ser satisfecho, informativamente hablando.
La mayoría de los reporteros
gráficos se defienden de las acusaciones que recaen sobre ellos alegando que son los
protagonistas de sus fotos los que acuden a ellos y viven de ellos.
Es un argumento con cierto
peso el que señala que alguien que está
acostumbrado a conceder exclusivas y cobrar por
ellas no puede reclamar, en otro momento posterior, el respeto a una intimidad a la que
está dispuesto a renunciar por dinero o por otro tipo de beneficio, ya sea social,
político o económico. Pero también está la opinión de los que creen que su
imagen es suya en cualquier circunstancia y que no importa lo que hayan hecho o dejado de
hacer para que esto no se respete.
Los que se inclinan por la
intimidad reclaman un endurecimiento de las leyes, mientras que los que defienden
que la información, cuando sirve para articular y formar a la opinión pública, siempre
debe ir por delante, optan por el autocontrol profesional. La ley, por literal,
puede ser demasiado restrictiva y llegar a situaciones como la que, en 1993, vivieron dos
periodistas franceses a los que se acusó de ofensa pública por un reportaje
sobre posibles redes mafiosas en el principado de Mónaco. A las autoridades
francesas les pareció que se atacaba el honor del príncipe Rainiero, y prefirieron
defenderlo antes que cuestionarse si lo que amparaba el reportaje no era la veracidad y un
más que indudable interés público.
El autocontrol, por contra,
tiene el peligro de exceder los límites de la libertad al faltar un mínimo elemento
coercitivo. La conciencia de los periodistas no es siempre la misma y éstos
interpretan ciertos aspectos de manera muy diferente. Por ejemplo, la Ley ampara la
vida privada pero, ¿dónde empieza ésta? En 1993, Claudia Schiffer pudo comprobar
que, en el caso de unas fotos suyas semidesnuda en la cubierta de su barco, esa zona de la
embarcación correspondía, por visible, al dominio público. La jurisprudencia
española viene considerando lo que sucede de puertas adentro de la residencia habitual
como privado, pero la francesa reconoce que fotografiar a Johnny Hollyday en su jardín es
invadir su intimidad. ¿Y qué es un balcón, o una habitación de hotel, que no es
el hogar habitual de una persona? ¿Son lugares públicos o privados?
En
cuanto a la publicación de fotos de contenido duro o violento, la cuestión vuelve a
dirigirse, inevitablemente, hacia el campo de la ética. Ninguna ley prohibe su
publicación, pero en todas partes se cuestiona la autoridad moral para sacarlas a la
luz. Desde las páginas de El País, el Defensor del Lector respaldaba así la
inserción de este tipo de fotografías: (En El País) Se establece, en todo
caso, una cláusula restrictiva sobre la publicación de aquellas fotografías que sean
desagradables, salvo que añadan información. Concluye: "(..) la
información ,también la gráfica, no se justifica por ningún mensaje moral, sino por su
capacidad para transmitir con rigor y veracidad la realidad que reflejan.
Desde un editorial de El Mundo y poco después de la muerte de Diana de Gales, se decía
que es hora de que aceptemos de una vez por todas que la vida personal y afectiva
de los personajes, por muy públicos que sean, no es noticia si no afecta a los intereses
generales. Si en las fotos de París no aparecen sino cadáveres y seres
agonizantes, no existe justificación informativa real para su publicación.
Paradójicamente, dos días después -el 4 de septiembre de 1997- este periódico abría
la sección Madrid con una impresionante fotografía de un equipo del SAMUR atendiendo a
un herido grave en un accidente de tráfico dentro del mismo coche, después de que los
bomberos se hubieran visto obligados a serrar el techo del vehículo para acceder al
habitáculo. Lo mismo vuelve a suceder el 9 de enero del presente año. Y eso
que el accidentado no era Diana de Gales...
La prensa sensacionalista y
del corazón es evidente que sigue inmersa en una extraña crisis. Lo de extraña se
debe a que su economía no ha sido directamente afectada -sí se advierte en la
actualidad, sin embargo, un cierto cansancio de las audiencias a causa de la saturación
informativa-. Los afectados han sido los valores alrededor de los que se
mueve. El público les ha juzgado y ha emitido una sentencia condenatoria que no se
ha reflejado en los quioscos. La gente repudia los métodos, el acoso, las
persecuciones y, por supuesto, los cadáveres, pero quiere saber más. No se
cuestiona cómo se realizan las fotos con las que se entretiene hasta que sucede una
tragedia como la de París, una noche de agosto.
Por si las moscas, en
Inglaterra ya se han tomado la revancha. El mismo que acusó a la prensa de tener
sangre en sus manos, Charles Spencer, hermano de Diana, ha sido acusado por su mujer, con
la que anda en proceso de divorcio, de haber tenido 12 amantes mientras ella permaneció
ingresada en un psiquiátrico. Puede que no a todo el mundo le interese esta noticia
pero, ¿quién niega que carece de morbo? Los tabloides, sin duda, seguirán
informando.
DERECHOS ENFRENTADOS,
LEYES DIFERENTESÍNDICE DE LA NOTICIA
ESTADOS
UNIDOS - En teoría...:
La Quinta Enmienda a la Constitución ampara de una
manera muy amplia la libertad de expresión e información. Esta última siempre se
superpone al derecho al honor y a la intimidad siempre que no exista de por medio una
situación de difamación o de invasión del domicilio ajeno.
- En la práctica...:
Rara vez se actúa en contra de la Quinta
Enmienda. Si hay interés para la opinión pública, la información tiene
preferencia frente a la intimidad y el honor. Además, se suele hacer una clara
distinción entre las personalidades públicas y las que no lo son. Las primeras, se
entiende, poseen una ventaja frente al resto de la sociedad: por su condición, tienen un
acceso más fácil a los medios de comunicación, lo que puede beneficiar su defensa.
En cuanto a la publicación de imágenes duras, existe
un consenso tácito en los medios anglosajones que lleva a evitar la publicación de
cualquier fotografía susceptible de herir la sensibilidad de nadie por su violencia o por
su elevado contenido sexual.
INGLATERRA
- En teoría...:
Es el país de la autorregulación. Sin embargo,
la mayoría de los medios impresos se someten a los dictámenes de la Comisión de Quejas
contra la Prensa, que procura controlar los excesos. En 1989, buena parte de los
directores de periódicos firmaron una carta -documento sobre el que se basa la Comisión-
reconociendo el respeto a la vida privada, .
- En la práctica...:
El amparo bajo la fórmula del interés público de las
informaciones suele encubrir los excesos. A pesar de todo, y como puede esperarse de
una prensa que se autorregula, las reprimendas de la Comisión de Quejas se aceptan, pero
su efectividad no parece ser muy amplia.
ALEMANIA
- En teoría...:
El Código Civil contempla sanciones para aquellos que
ataquen cualquier derecho de la persona -honor, intimidad y propia imagen-, siendo
necesario intentar reparar, en lo posible, el daño causado. De todas formas, la Ley
deja en manos de los jueces la última decisión.
- En la práctica...:
Al atenderse al caso concreto, no hay una garantía de
que se actúe siempre de la misma manera. Sin embargo, la jurisprudencia germana
tiende a preferenciar la libertad de expresión e información ante el posible interés
para la opinión pública y si la noticia contribuye a su formación. Lo único que
se exige es la verdad o, mejor dicho, veracidad.
ITALIA
- En teoría...:
La normativa italiana es muy vaga y, aunque reconoce el
derecho a la vida privada, lo hace en términos abstractos. El artículo 2 de la
Constitución reconoce los derechos inviolables del hombre, pero poco más.
- En la práctica...:
En general, se permite la publicación de noticias que
lesionen el honor si son sobre hechos ilícitos, si se da la característica de la
veracidad y si el protagonista es una persona de notoriedad pública. En cuanto a
las imágenes de famosos acosados, el país que dio origen al término
paparazzi no es tan fiero, y el público italiano es reacio a los excesos que
pueden darse en países como Alemania o Gran Bretaña.
FRANCIA
- En teoría...:
Sin duda, se trata de una de las legislaciones más
duras. En principio, se antepone la privacidad e intimidad al derecho a la
información y se deja en manos de los jueces la decisión final. A estos, además,
se les proporcionan todos los medios legales para que cese la intromisión al honor.
- En la práctica...:
Para los tribunales franceses no cuenta la notoriedad
pública del personaje ni existe la posibilidad de aplicar la exceptio
veritatis. Lo importante es acabar con la violación del honor de una persona,
aunque para ello haya que proceder al secuestro judicial de la publicación.
ESPAÑA - En teoría...:
En nuestro país, sobre el papel, las cosas están
bastante definidas, aunque no siempre claras. La Constitución,
en su artículo 18, reconoce el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar
y a la propia imagen. En el artículo 20.4 se señalan estos derechos como
límite de las libertades informativas.
Sin embargo, es la Ley Orgánica 1/82
la que regula ampliamente las intromisiones al honor, intimidad y propia imagen.
Aunque se reconoce que la persona es dueña de autorizar o no la captación de su imagen,
hay total libertad para hacerlo cuando se trate de un personaje de relevancia pública y
las fotografías se obtengan en lugares o actos abiertos, a su vez, al público.
- En la práctica...:
Son los jueces, una vez más, los que valoran la
relevancia de una persona -atendiendo a las leyes, los usos sociales y los actos de dicha
persona- y dónde comienza y acaba su espacio privado. La jurisprudencia más actual
parece convenir que lo que suceda de puertas adentro de una propiedad particular pertenece
a la vida privada de la persona, pero eso no incluye ni jardines, ni balcones, ni
cubiertas de barcos. Además, el Tribunal Constitucional viene anteponiendo el
derecho a la información frente al resto de los derechos siempre que detecte veracidad y
trascendencia pública de los mensajes.
VER TABLA
Artículo 18.1
Se reconoce el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.
Artículo 20.4
Estas libertades
(reconocidas en el artículo 20.1.) tienen su límite en el respeto a los derechos
reconocidos en el Título I de la Constitución, en los preceptos de las leyes que los
desarrollan y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y
a la protección de la juventud y de la infancia.
VER TABLA
Ley Orgánica 1/82
de protección civil del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.Artículo 8
2. En particular, el derecho a la propia imagen no impedirá:
a) Su captación, reproducción o publicación por cualquier medio, cundo se trate de personas que ejerzan un cargo público o una profesión de notoriedad o proyección pública y la imagen se capte durante un acto público o en lugares abiertos al público.
LOS FOTÓGRAFOS RESPONDEN
Los reporteros gráficos Roberto Macayone y Tomás Cifuentes niegan que la muerte de Diana de Gales haya perjudicado su trabajo en España, pero reconocen su posición negativa frente a la opinión pública y los famosos |
El llamado efecto Diana no parece haberse dejado sentir en la prensa española. No, al menos, con la misma virulencia con la que se ha dado en otros lugares de Europa. Sin embargo, el que la justicia ordinaria y la popular no hayan pasado factura a las revistas del corazón no quita que los periodistas gráficos teman futuras represalias.
Roberto Macayone, fotógrafo y reportero, con numerosos años de experiencia profesional a sus espaldas y prestando ahora buena parte de sus servicios a la joven publicación ¡Qué me Dices!, fija sus ojos en lo que está sucediendo en Francia: Tengo allí compañeros que tienen grandes dificultades para trabajar. Resulta complejo fotografiar a niños, a gente en la calle... Voici ha tenido problemas. Es preocupante.Tomás Cifuentes, miembro del departamento gráfico de Hachette-Filipacchi,
lleva 18 años en la profesión. Al igual que Carlos Picasso, realiza trabajos para
¡Qué me Dices!, y Diez Minutos, además de para TP y Supertele. Para él, el
accidente de la princesa no ha dejado secuelas: No se han producido grandes
novedades, al menos en España. Las revistas del corazón siguen vendiendo igual y,
aunque parece que el público ha empezado a rechazar cierto tipo de sensacionalismo, esto
se entiende más como consecuencia de la saturación en prensa y televisión que como
rechazo generalizado a consecuencia del accidente.
Para estos dos fotógrafos, buena parte de la culpa en
la polémica contra la prensa gráfica corre a cargo de los protagonistas de sus
reportajes. Es cierto que, tras la muerte de Lady Di, muchos famosos
aprovecharon para atacarnos, comenta Tomás Cifuentes, pero precisamente son
luego estos actores o modelos los que necesitan aparecer en los medios. Tomás
cree que existe una doble moral en este asunto: En los momentos en los que la
popularidad baja, hay varios personajes -conocidos por todos- que no dudan en llamar a la
prensa del corazón. Y luego son estos mismos los que huyen y se quejan tanto cuando
no les conviene. Roberto Macayone sentencia: En España, el que no
quiere salir, no sale.
La profesión del periodista gráfico sigue siendo, con
razón o sin ella, la del malo de la película. En ocasiones se lamenta
Roberto estás haciendo tu trabajo, la gente te ve, se para y te llama
`¡Buitre!´. Hace poco nos sucedió eso. Pero tienes que trabajar sin
protección. No puedes liarte a tortas. Sería un poco ridículo.
Roberto Macayone, frente a aquellos que opinan que es el
personaje público el que carece de medios legales para defenderse, niega que la ley
proteja su trabajo: No estamos amparados, porque te pueden atacar en la calle, en
cualquier momento, y no pasa nada. Tengo compañeros a los que les han arrancado el
equipo, les han roto el flash y todo lo que han podido hacer es ir a juicio y que los
infractores terminen con 10.000 pesetas de multa. Roberto ironiza: Y la
torta no te la quita nadie.
Tomás Cifuentes piensa que, enfrentando derecho a
recibir información y derecho a la vida privada y a la vida íntima, no tiene por qué
primar uno sobre el otro: Creo que debe establecerse un equilibrio entre
información e intimidad. Estoy de acuerdo en fotografiar a un pesonaje público
porque la gente quiere saber cosas sobre él. Sin embargo, también opino que hay
parcelas de la vida íntima que no se pueden invadir. Roberto Macayone
reclama, ante todo, sensatez, y echa de menos un poquito de sentido común.
En el caso de la publicación de fotos impactantes y
duras, como debían de ser las que jamás se vieron de la muerte de Diana de Gales -salvo
en Japón-, Roberto no tiene objeción en defender su publicación. Sin
embargo, tras haber trabajado más de 16 años en Australia, comprende las objeciones que
a este tipo de instántaneas se ponen en los países anglosajones: Yo cubrí el
atentado de Vallecas y, si lo pones junto a lo de Diana... A mí me preocupa mucho
más todo ser humano que esté sufriendo. Yo trabajo en eso y, si es mi trabajo
poner la cámara por delante, lo hago. Nunca había estado en un atentado así, que
fue terrible, pero es tu profesión, así que ¿por qué no hacerle las fotos a Diana, o
al príncipe Felipe, o a quien sea?.
Roberto Macayone no se echa atrás y, ante la
posibilidad de haber dado a conocer las fotos del accidente, afirma: Yo creo que
sí, sí las habría publicado. La razón, para él, es clara: ¿Qué
diferencia hay entre Diana y un señor que se da una torta?. Pero eso sí,
ante todo, cubriéndose las espaldas: Primero tienes que asegurarte de que hay ayuda
en camino y de que va a llegar. Índice de la noticia
DIANA Y SU RELACIÓN CON LA PRENSA
EL NOVIAZGO PRIMEROS AÑOS DE MATRIMONIO
DIANA EN EL GIMNASIO FALSO VIEDO EROTICO DODI AL FAYED LIBROS Índice de la noticia
EL
NOVIAZGO
En septiembre de 1980, Diana fue invitada a pasar
unos días al castillo de Balmoral, aunque no era aún la prometida del príncipe Carlos.
Allí se consolidó su relación con el heredero de la corona, entre paseos por el campo
escocés y conversaciones a la orilla del río Dee. Sin embargo, la joven Diana ya
empezaba a sufrir el acoso de los fotógrafos: al ver tres cámaras tras un árbol se
tapó el rostro con la bufanda para no ser fotografiada. Era el comienzo de un largo
serial.
Fue en el otoño de ese mismo año cuando la joven e inocente prometida del príncipe Carlos se llevó su primer gran disgusto por culpa de la prensa sensacionalista, cuando el Sunday Mirror publicó que la pareja había pasado una noche en el tren privado de la Reina. El jefe de prensa de la oficina de la Reina se puso en contacto con el director del periódico, Bob Edwards, para pedirle una retractación. Edwards se negó.
James Whitaker, el periodista que dio la noticia, escribió en 1993 en su libro Diana versus Charles: " Por supuesto, Carlos conocía la verdad de lo que había pasado, pero Diana sabía que su juez era el gran público y no él. Lo que el gran público inglés quería más que nada era que la futura reina de Inglaterra fuese virgen al casarse".
Desde sus primeros meses como
novia de Carlos los fotógrafos se adentraron en su vida privada. " Les tengo miedo a
los fotógrafos. Por donde vaya, allí están, haciéndome preguntas, siguiéndome cada
vez que salgo a la calle", contaba Diana a una
de sus amigas. Ver menu
PRIMEROS AÑOS DE MATRIMONIO
En otoño de 1984 las diferencias en el matrimonio
real empiezan a filtrarse al público. Según The Sun y otros periódicos
sensacionalistas, Diana y Carlos discutieron después del nacimiento de su segundo hijo,
Enrique, porque la madre no quería que viniera la prensa para conocer oficialmente al
nuevo hijo de la pareja. El príncipe Carlos, por el contrario, consideraba la sesión
fotográfica como cumplimiento del deber por parte de la princesa.
Después de este incidente, la
sociedad británica empieza a conocer a una Diana más humana y comprometida con la
familia, no tan rígida como el príncipe Carlos y su madre. Pero también es conocida la
vulnerabilidad de esta muchacha y sus desavenencias con su marido: la crisis matrimonial
es ya un hecho. Revistas como " Vanity Fair" empiezan a escribir sobre una
pareja que iba a ser el principal foco de atención para la prensa sensacionalista durante
más de diez años. Ver
menu DIANA EN EL GIMNASIO
Tanto el Sunday Mirror como el Daily Mirror
publicaron unas fotografías de Lady Di haciendo ejercicio en un gimnasio londinense, que
el propietario del local les vendió tras hacerlas sin el consentimiento de la princesa.
Desde el ministerio de Interior
británico se empezó a trabajar con proyectos que podrían tipificar como delito la
invasión de la privacidad. El organismo encargado de la autorregulación de la prensa (
Comisión de Quejas contra la prensa) acusó a los dos periódicos del grupo Mirror de
deshonrar la profesión y de no respetar el código de conducta acordado por las
editoriales. Ver menu
FALSO VÍDEO ERÓTICO
El periódico sensacionalista The Sun dedicó
cinco páginas a un vídeo que le había llegado a través de un supuesto guardaespaldas
de la familia real, en el que aparecían unos dobles de Lady Di y su amante James Hewitt.
Aunque el rotativo publicó varias imágenes y lo presentó con gran riqueza tipográfica,
el mismo día de la publicación The Sun reconoció su inautenticidad.
La princesa Diana se había
quejado en reiteradas ocasiones por el espionaje al que era sometida por parte del
servicio secreto británico. Directivos del periódico sugerían, tras reconocer que
habían sido engañados, que la Familia Real británica podría haber mediado en la
publicación del vídeo con el fin de chantajear a la princesa durante la negociación del
divorcio con el príncipe Carlos. Ver menu
DODI AL
FAYED
Después de su divorcio en agosto de 1996, la
princesa de Gales se dedicó a diversas obras benéficas con las que logró aún más fama
de la que tenía antes, lo que le impidió librarse del acoso de la prensa.
Un paparazzo la fotografió
junto a Dodi Al Fayed durante un crucero en el Mediterráneo y la imagen de su beso dio la
vuelta por todo el mundo. El amor entre la pareja, conocido tras esa fotografía, se
truncó diez días después al estrellarse el coche en el que viajaban en la noche de
París. Ver menu
LIBROS
La princesa Diana no dudó en lamentarse
públicamente de su situación personal. Gracias a ella la sociedad británica supo del
romance de su marido, Carlos, con Camila Parker Bowles.
En 1992, tras su separación del príncipe Carlos, Diana concedió una extensa entrevista a la cadena BBC en la que dejó claras sus intenciones: " Si me voy de la Familia Real lo haré luchando y con ruido hasta el final " . Tampoco se cortó al hablar de su marido y de su relación con Camila Parker: " El matrimonio no es cosa de tres ".
Después de la entrevista Diana confesó sus infidelidades a Andrew Morton, periodista especializado en la Familia Real británica, que publicó Diana, su verdadera historia , todo un best-seller. Era una particular forma de venganza por parte de Lady Di.
El propio Morton, ante el éxito
de su libro, escribió Diana, su nueva vida una vez separado el matrimonio. Morton contó
siempre con información de primera mano
facilitada por Lady Di. Ver menu
OPINIONES
Antonio Pérez Henares, director de
Tribuna, comentaba en esta revista el conflicto entre información e intimidad: " Debemos ser los propios
perodistas quienes establezcamos el control. O lo hacemos, o los que siempre están
alacecho contra la libertad de expresión aprovecharon algún momento álgido como éste
para pegarnos el galletazo"
También critica a todos aquellos que culparon a los paparazzi de la muerte de Lady Di, a la vez que los califica como un " carnaval de hipócritas " " Resulta increíble que se carguen todas las culpas sobre los paparazzi, , y no se quiera reflexionar que existen porque hay editores que pagan su trabajo a precio de oro y porque millones de personas, las que ahora gritan airadas, sólo consumen con frecuencia los tabloides sensacionalistas dedicados en exclusiva a los amores, desamores y otras enfermedades del corazón y el bajo vientre de una serie de personajes únicamente populares, en muchos casos, por el mercachifleo de su vida privada."
Virginia
Zorrilla recuerda, en Cambio 16, algunas demandas interpuestas por famosos contra los
fotógrafos por no respetar la intimidad de la persona: " Quien no recuerda las imágenes de Paquirri en la
enfermería tras la cogida de Pozoblanco. Hasta allí llegaron las cámaras, motivo por el
que la viuda del torero, Isabel Pantoja, interpuso una demanda. Los tribunales le dieron
la razón. Lo mismo sucedió con la actriz Silvia Munt cuando decidió buscar un escondido
lugar de una playa para tomar el sol como Dios la trajo al mundo ".
Francisco Gor, Defensor del Lector en el diario El País,
opina que las fotografías de los paparazzi son deseadas por los famosos, editores en
busca de exclusivas y millones de lectores de prensa rosa " pero ello no exime a
los fotógrafos de prensa, y a los periodistas en general, de ejercer su profesión en el
marco de la ley, de conformidad a unas normas deontológicas propias y sin llevarse por
delante los derechos de las personas ". " Las fotos hay que obtenerlas en muchos casos y, seguramente,
ningún precepto legal impedía hacérselas a Diana de Gales y a Dodi Al Fayed en las
calles de París, pero no a cualquier precio, incluso al de infringir las normas de
tráfico en una gran ciudad ".
El Defensor del Lector en El País también manifestó acerca de la conveniencia de la publicación de fotografías consideradas desagradables y de la polémica suscitada sobre esto tras la muerte de Lady Di: " A algunos lectores parece haberles alcanzado esa ola de recelo ante el periodismo gráfico desatada tras la muerte de Diana. Son lectores que cuestionan la publicación de fotografías que reflejan " la realidad cotidiana del mundo " - atentados terroristas, ajusticiamientos públicos, fosas comunes - y que hasta ahora eran aceptadas sin disputa, pese a su indudable dureza ."
Francisco Gor
está a favor de la publicación de cualquier fotografía, por escabrosa que sea, siempre
que añada información: "
Alcance la categoría de fotonoticia o se quede en apoyo gráfico de un texto informativo,
la fotografía de prensa se justifica si, a través de la imagen que transmite, ayuda al
lector a comprender la realidad de lo que acontece ."
José María de
Juana, subdirector de Diez Minutos, cuenta: declaró que: " Perseguí por París, en el verano de 1984,
saltándome los semáforos y con exceso de velocidad, a Carmen Martínez-Bordiú y a su
marido, Jean Marie Rossi, cuando se disponían a enterrar fuera de la ciudad a la hija del
anticuario ". Justifica esta persecución y otras por estilo porque " eso
es lo que desean los lectores. Cuando las revistas del corazón no ofrecen temas fuertes,
de impacto, las ventas se resienten. La razón por la que trabajan los paparazzi no es la
propia publicación que los dirige. Es el público quien desea esas informaciones."
Sara Gutiérrez escribe en Tribuna: " Nadie se plantea la publicación de fotografías de cuerpos mutilados y destrozados por las matanzas de Argelia, ni los atentados en Israel. Sin embargo, todos los editores coinciden en que no pueden publicarse fotos de Lady Di sangrando en el lugar del accidente ".