IVÁN TUBAU (Universidad Autónoma de Barcelona):
“Tardofranquismo, censura claudicante y humor gráfico feroz”

 El humor gráfico bajo la dictadura franquista puede clasificarse sin mucha dificultad en dos grupos:
el codornicesco y el otro.

El primero, cuyo órgano emblemático fue La Codorniz de Miguel Mihura, es un humor puro, gratuito,
sin pretensiones sociales o políticas críticas. El otro humor –el de los periódicos en general y el de
las publicaciones presuntamente infantiles– es variopinto, puesto que mi clasificación simplificatoria
lo ha definido solo por contraposición al codornicesco. Sobre este “otro humor” gravitará, desde
el final de la guerra civil hasta 1966, la espada de Damocles de la censura previa.

Con la llamada Ley Fraga desaparece la censura previa en la prensa. Pero no la dictadura,
que se mantendrá, progresivamente reblandecida, hasta la muerte de Franco en 1975. Es el
extraño interregno que Francisco Umbral bautizó con acierto como tardofranquismo.

La censura –qué se puede dibujar y decir y qué no– queda en manos de los directores
de las publicaciones. Pueden quedarse cortos y resultar más intervencionistas y severos
que la extinta censura previa; pueden abrir la mano con exceso y exponerse a sanciones
administrativas que van desde las multas al cierre de las publicaciones.

Esta situación tan fluida dará origen al que, de modo menos hiperbólico de lo que
parece, definí en su día como el humor gráfico más feroz del mundo. Hoy, con una
perspectiva de 40 años y tras el salto simbólico de siglo y milenio por medio, puede
constatarse que aquel humor gráfico encorsetado y empeñado en comprobar hasta
dónde se podía ir demasiado lejos tiene difícil parangón en la prensa europea
coetánea e incluso en la actual.