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LA OPTOMETRÍA |
Corrección de los defectos refractivos
Historia
Miopía
Hipermetropía
Astigmatismo
Presbicia
Queratocono
Afaquia
HISTORIA
Las lentes convexas se conocían ya desde hacía tiempo tanto en la antigua Grecia como en Roma y en el mundo árabe, pero es en el Opus Majus de Roger Bacon (1267) donde encontramos la primera descripción de lentes para corregir ametropías (presbicia). En la misma época, en la corte de Kublai Khan, Marco Polo menciona la utilización de lentes para lectura utilizados en China aparentemente desde el siglo X. Es a Che Hang, carcelero chino, a quien se le atribuye la invención de los Ai-Ti o lentes de cristal de roca. Promotores del uso de estos lentes en Europa fueron Salvino d'Armati y Alesandro di Spina, ambos italianos. Una de las primeras manifestaciones pictóricas en las que aparece el uso de los anteojos es el retrato de Hughes de Provence por Tomaso da Modena (Treviso 1352). Ya durante el barroco, aparecería el libro del cordobés Daza de Valdés "Uso de los anteojos para todo género de vistas" impreso en 1622, en el que se expone la naturaleza y propiedades del ojo así como el tipo de corrección que hay que emplear en cada ametropía.
En los primeros anteojos se utilizó el cuarzo y el agua marina, pero conforme aumentó la demanda fue necesario elaborar vidrio óptico. Los principales centros de manufactura del vidrio óptico fueron Nuremberg y Venecia. El vidrio óptico ha sido perfeccionado debiéndose mencionar las contribuciones de Ernest Abbe y Otto Schott (1855) basadas en los trabajos de Michael Faraday (1791-1867), para llegar al crown glass y al flint glass que se utilizan actualmente.
El vidrio óptico puede romperse, por lo que constituye un peligro inminente para el sujeto que utiliza gafas, motivo por el cual se ha diseñado un cristal endurecido que resiste, hasta cierto punto, los impactos. Por el mismo motivo desde hace varios años se ha utilizado con gran éxito el plástico para la fabricación de gafas, ofreciendo así un menor peso además de una mayor protección.
Veamos ahora aspectos prácticos de la corrección con anteojos de las distintas ametropías.
MIOPÍA
En la miopía, el ojo tiene un poder refractivo superior al conveniente para hacer enfocar los rayos en la retina, es decir que la imagen del objeto se forma por delante de la retina. Por tanto, basta colocar una lente esférica negativa (cóncava) frente al ojo que le reste exactamente al ojo ese exceso de poder refractivo, haciendo enfocar los rayos de luz en retina y corrigiendo de esta forma el problema.
La miopía puede presentarse desde los primeros años de vida y, si es elevada, puede ser incapacitante. Durante la infancia y la adolescencia la miopía puede sufrir incrementos ya que el individuo prosigue su desarrollo. Por ello es importante que todo miope en esta edad sea revisado por su optometrista periódicamente, para modificar la graduación cuantas veces sea necesario.
HIPERMETROPÍA
El sujeto con hipermetropía leve no sufre grandes trastornos en su agudeza visual, pero por tener que modificar constantemente su acomodación, sí sufre numerosas molestias, como pueden ser irritación de ojos, cansancio visual y dolores de cabeza. Quien tiene una elevada hipermetropía no padece molestias ya que no se esfuerza por corregir su defecto, pero en cambio ve mal.
En este caso, para corregir el problema, habrá que situar delante de los ojos del paciente una lente positiva que añada la cantidad justa de potencia que le falta al sistema visual para enfocar los rayos en retina. En caso de hipermetropías leves no tanto para mejorar la visión del individuo que puede ser incluso normal sino para eliminar las molestias. A veces es conveniente no adaptar la graduación completa al hipermétrope con el fin de mejorar su tolerancia aun a expensas de no corregir totalmente la visión.
En los niños, la hipermetropía puede ser regresiva en los primeros años por lo que es preciso un seguimiento frecuente del problema para ir disminuyendo la graduación.
ASTIGMATISMO
Como se dijo anteriormente, un ojo astigmático no enfoca los rayos de luz exactamente en un solo punto, sino que lo hace a lo largo de una serie de puntos, uno de los cuales corresponde a su máxima potencia y el otro, el más alejado de él, al de mínima potencia. Suele deberse a que la córnea no es una superficie esférica sino ovalada. Por tanto, las lentes que pueden corregir este tipo de defecto deben ser igualmente de superficies ovaladas o tóricas. A este tipo de lentes se las llama cilíndricas y pueden ser a su vez una combinación de cilíndricas y esféricas. La primera aplicación médica de estas lentes se debe al astrónomo inglés sir George Airy, director del Observatorio de Greenwich, quien fabricó unos anteojos para corregir su propio astigmatismo en 1827.
PRESBICIA
La presbicia se corrige muy fácilmente: basta con poner frente a los ojos lupas de distinta potencia hasta encontrar aquella con la que el individuo pueda ver claramente letras u objetos pequeños. Este sistema de adaptación había sido ya descrito en la antigua China por Suen Seumiao (581-682) en su Tratado de Oftalmología (Yin-hai tsing-wei). Incluso en la actualidad vemos cómo en numerosos establecimientos comerciales de autoservicio existen estantes de gafas premontadas donde el sujeto llega para probarse aquel con el que mejor ve.
Si el sujeto en cuestión usa ya lentes para corregir la visión lejana, la graduación para ver de cerca deberá calcularse en función de la graduación para ver de lejos.
En la corrección óptica de estos casos existen varias posibilidades. Se pueden adaptar dos pares de gafas, unas para lejos y otras para cerca. Se pueden adaptar unas gafas con cristales bifocales o trifocales que consisten en un cristal para la visión de lejos sobre el que se talla o pega un segmento o ventana con la graduación apropiada para cerca (bifocales), o incluso otro segmento para distancias intermedias (caso de las trifocales). Estos segmentos son visibles normalmente en forma de una media luna, y el sujeto que utiliza dichos lentes percibe un salto óptico cuando pasa de una a otra porción de su lente. En la actualidad se ha extendido el uso de lentes progresivos debido a que poseen un rango de distancias intermedias y no se aprecia ningún salto de imagen. Igualmente tampoco se aprecia ningún tipo de segmento o discontinuidad en el cristal resultando adaptaciones más estéticas. El inconveniente es que en determinados casos no es fácil adaptarse a este tipo de compensaciones.
QUERATOCONO
El queratocono, como explicamos antes, consiste en una miopía progresiva y un astigmatismo irregular también progresivo. Cuando el queratocono se inicia, los anteojos pueden corregir su manifestación óptica. Sin embargo, conforme avanzan miopía y astigmatismo, los anteojos son insuficientes para corregir el defecto. En este caso, las lentes de contacto rígidas suponen la principal solución ya que uniformizan la superficie corneal mejorando mucho la calidad de visión. Esto ha hecho que el transplante de quede como el último recurso en los casos muy avanzados en donde las lentes de contacto, además de ser difícilmente toleradas, no logran ya corregir la visión del sujeto.
AFAQUIA
Hemos visto que el ojo sin cristalino (áfaco) se vuelve fuertemente hipermétrope, por lo que la corrección con lentes positivas se hace difícilmente tolerable por la gran potencia de los lentes lo que produce fuertes distorsiones ópticas y un aumento considerable en el peso de la gafa, haciendo muy incómodo su uso, a parte de el inconveniente estético que supone llevar dos lentes de gran aumento delante de los ojos. Además, hay muchas personas que son operadas de una sola catarata, es decir, individuos en los cuales un ojo es áfaco y el otro normal o con una ametropía cualquiera. Esta situación corresponde a una anisometropía muy marcada, imposible de corregir con anteojos convencionales. Es decir, el sujeto operado de catarata de un solo ojo no puede, con gafas, tener visión binocular.
Las lentes de contacto han venido a solucionar satisfactoriamente dichos problemas aunque, como veremos más adelante, han ocasionado otros que no existían con los anteojos.