ASPECTOS DE LA SINTAXIS DEL
ESPAÑOL CONVERSACIONAL (CON ESPECIAL ATENCIÓN A Y)
clac 5/2001
Margarita
Porroche Ballesteros
Universidad de Zaragoza
1. El objeto de la presente comunicación
es el estudio de algunos aspectos de la sintaxis del español conversacional
relacionados con los denominados enlaces extraoracionales [1]
u ordenadores del discurso [2].
Elementos
lingüísticos como y, pero, pues,
entonces, bueno, claro... se utilizan en el español conversacional para
relacionar el segmento en el que se hallan con el sentido general de lo
expresado. Son nexos que sirven de continuidad o enlace, o de vehículo
expresivo de diversas actitudes del hablante en relación con lo enunciado o con
lo que se va a decir, y que pueden llegar a sentirse como muletillas [3]
.
En
los distintos trabajos sobre estos elementos, se ha puesto de relieve la mayor
frecuencia de su uso en el discurso oral, su importancia en la llamada
“interacción comunicativa” y su dimensión sociolingüística.
No
podemos detenernos en detallar los múltiples aspectos desde los que puede
enfocarse el estudio de los enlaces extraoracionales u ordenadores del
discurso. En la presente comunicación, vamos a limitarnos a intentar caracterizar
la sintaxis del español conversacional a partir del estudio de las
modificaciones distribucionales y semánticas que pueden observarse en el uso de
algunas conjunciones cuando forman parte de un discurso no planificado, como,
por ejemplo, el de la conversación cotidiana, caracterizado, frente al lenguaje
formal escrito, por no haber sido pensado antes de ser expresado [4].
Como
ha sido señalado en repetidas ocasiones, la sintaxis del lenguaje
conversacional es significativamente diferente a la de la mayor parte del
lenguaje formal escrito [5].
Las diferencias pueden observarse, por ejemplo, en el distinto uso que el
español de la conversación espontánea y el español formal escrito hacen de la
conjunción y.
2. En el español formal escrito, en
relación con y, predomina lo que
Halliday y Hasan denominan coordinación estructural [6].
Se trata de una manifestación de la relación sintáctica coordinación que
definimos como una relación conectiva entre dos o más constituyentes de un
mismo sintagma (la construcción coordinativa) que funciona (o puede hacerlo)
unitariamente en el interior de una unidad de nivel jerárquico superior [7].
La identidad de función sintáctica y nivel jerárquico de los dos o más miembros
coordinados determinan prioritariamente la posibilidad de coordinación de las
unidades lingüísticas y constituyen, por lo tanto, las propiedades definitorias
de la coordinación estructural [8].
En
el español de la conversación espontánea, predomina lo que Halliday y Hasan
(vid. supra) denominan coordinación
cohesiva, que se diferencia de la estructural, a la que acabamos de referirnos,
en los siguientes aspectos:
1-
La coordinación cohesiva une una oración a otra para dar cohesión al texto. Los
elementos coordinados no desempeñan, como en la coordinación estructural, una
función sintáctica conjunta.
2-
La coordinación cohesiva está restringida sólo a dos miembros.
3-
La coordinación cohesiva no tiene una forma negativa correspondiente.
4-
La coordinación cohesiva incluye factores de énfasis que están ausentes en la coordinación
estructural.
A
nuestro juicio, lo que distingue básicamente estos dos tipos de coordinación,
además de las diferencias señaladas, es que, en el primer caso -en el de la
coordinación estructural- el uso de y
depende básicamente de condicionamientos gramaticales y sintácticos, mientras
que en el segundo caso -en el caso de la coordinación cohesiva- el uso de y viene determinado por
condicionamientos pragmáticos, es decir, por todo lo relacionado con las
intenciones y los fines del hablar. El hecho de que secuencias agramaticales
desde el punto de vista estructural, como las que presentamos a continuación,
sean aceptables en determinadas situaciones comunicativas, aunque, claro está,
con la entonación adecuada, pone de manifiesto, a nuestro juicio, lo acertado
de la observación que acabamos de realizar. Presentamos seguidamente los
ejemplos a los que acabamos de referirnos:
*Escribe bien y novelas
*Trae los libros y el jueves
*Jaime ha visto a su padre y al
mediodía [9]
Obsérvese
que todos estos enunciados serían aceptables pronunciados con una pausa que
precediera a y, y con una entonación
adecuada que enfatizara el segmento encabezado por la conjunción.
3. En las líneas que siguen, vamos a
intentar poner de manifiesto cuáles son las intenciones y los fines del
hablante cuando utiliza y como
elemento de cohesión, con el objeto de utilizar esta primera aproximación
descriptiva para extraer algunas conclusiones sobre la existencia de un valor
de y que permita dar cuenta de todas
sus virtualidades pragmáticas, y, quizá, también, relacionarlo con su valor
estructural y oponerlo a las otras conjunciones (p. ej., pues, pero, o...) que funcionan también como elementos cohesivos,
enlaces extraoracionales u ordenadores del discurso.
Debemos
señalar, sin embargo, que los materiales de que disponemos para realizar el
análisis no nos permiten ser exhaustivos -ni podríamos pretenderlo en una
comunicación como la presente-[10].
Por lo tanto, nuestras observaciones tienen un carácter marcadamente
provisional, entre otras razones, porque, como han señalado algunos autores que
se han ocupado de temas como el que aquí estudiamos, es mucho todavía lo que
queda por hacer [11].
En
los materiales que hemos analizado, hemos diferenciado distintos usos de y que, a nuestro juicio, pueden
considerarse como manifestaciones de la coordinación cohesiva :
A-
Los casos en los que de la unión de los elementos enlazados por y surgen matices adversativos, causales,
consecutivos, temporales, etc.:
He trabajado toda la noche y tengo
sueño
Trabajamos de noche y no tuvimos
sueño
He vivido muchos años y sé más que tú
Se saludaron y se dieron la mano
Todos
estos ejemplos, a nuestro juicio, pueden ser interpretados como casos de
coordinación estructural o como casos de coordinación cohesiva. Como ejemplos
de coordinación estructural, de acuerdo con la observación -realizada por
Halliday y Hasan (vid. supra)- acerca de que la coordinación
estructural, frente a la cohesiva, tiene una forma negativa correspondiente,
puede verse cómo todas nuestras construcciones admiten la negación (p. ej., ni he trabajado toda la noche, ni tengo
sueño; ni he vivido muchos años, ni sé más que tú....). Sin embargo,
obsérvese, como prueba de que los enunciados a los que nos referimos pueden
interpretarse también como casos de coordinación cohesiva, que, en su forma
negativa, desaparecen los valores causal, adversativo... que, a nuestro juicio,
son propios del tipo de coordinación cohesiva al que nos referimos en este
punto. Por otra parte, constatamos, en la interpretación no estructural de
nuestros ejemplos, la presencia de pausa y semicadencia antes del nexo.
Estas
características entonativas que acabamos de señalar nos llevan a pensar que,
mientras en la coordinación estructural, en la que generalmente existe ausencia
de pausa y anticadencia entre las unidades coordinadas, se produce una única
enunciación y la conjunción y une
elementos del enunciado, en la coordinación cohesiva, existe una enunciación A
y otra enunciación y B que completa y
comenta la anterior [12].
Esta segunda enunciación, de cuya presencia pueden surgir distintos matices
contextuales (adversativos, causales, temporales, etc.), puede ser realizada
por el mismo locutor al que pertenece la primera enunciación o por un locutor
distinto:
L 1 -He trabajado toda la noche
L 2 -Y tienes sueño
B-
Nos hemos referido en el apartado anterior a los casos de coordinación cohesiva
en los que existen matices de causalidad, adversatividad..., pero queremos
insistir en que no es la existencia de estos matices lo que caracteriza a la
coordinación cohesiva, sino la existencia de dos enunciaciones que aparecen
también cuando y encabeza una oración
después de un punto y seguido- p. ej., Resulta
que nosotros somos campistas. Y el año pasado, nos perdimos...Igualmente,
en los casos en los que y encabeza una expresión de modo que,
aparentemente, no enlaza esta con nada, se puede suponer que el enlace se
realiza mentalmente con algo pensado o dicho antes, bien sea por el propio
locutor o por otra persona (es decir, existe también una enunciación anterior):
Y ¿qué desea usted?
Y ¿qué ha sido de María?
En
otras ocasiones, el y al que hacemos
referencia aparece encabezando una pregunta o una exclamación que continúa o
anima a continuar la enunciación de un locutor anterior :
Y ¿Por qué dices castellano y no
español? ¿O lo has dicho sin pensar?
-¿Te acuerdas de aquellas vacaciones?
- Y ¡Qué bien lo pasamos!
El mismo tipo de y aparece también introduciendo elementos incidentales:
Yo
tengo la idea -y usted lo sabe muy bien- de que el mundo un día será socialista[13]
C-
También consideramos ejemplos de coordinación cohesiva los casos en los que se
coordinan unidades comunicativas como las que aparecen en los enunciados
siguientes:
Toma tus cosas y largo
Si no saliste a tiempo, no saliste y
adelante
La mata también a hachazo limpio,
como en el rastro y ¡chistosísimo!
Tomaré un café y basta [14]
Se
trata de ejemplos nada fáciles de analizar en el marco de las relaciones
sintácticas, debido a que se unen en ellos dos unidades lingüísticas muy
distintas (una oración y un adverbio o una oración y un adjetivo) que sólo
tienen en común su función comunicativa, es decir, el hecho de que se trata de
dos enunciados [15].
Como
ya hemos señalado, lo que caracteriza a la coordinación cohesiva es que une dos
enunciaciones, por lo que la única condición exigida a sus miembros es que sean
enunciados, frente a lo que ocurre en el caso de la coordinación estructural,
en la que se unen dos elementos del enunciado, dos unidades lingüísticas que
deben tener identidad de función sintáctica y nivel jerárquico y que
constituyen un único acto de enunciación.
D-
Por último -insistimos en que nuestro estudio no pretende tener un carácter
exhaustivo- la coordinación cohesiva incluye también lo que algunos autores
denominan coordinación intensificativa o expresiva, que ejemplificamos a
continuación:
Juan estudia, y con gran entusiasmo
Salió con su novio, y de noche
Tiene dolores, y terribles
Nos
encontramos ante un tipo de coordinación en la que, como señala A. Mª
Barrenechea, se puede eliminar la conjunción, y nunca se interpretaría que hay
una coordinación expresada mediante la yuxtaposición. La autora a la que
acabamos de referirnos ha descrito este tipo de coordinación en la cita que
presentamos a continuación[16]:
A
un primer miembro de naturaleza oracional se le agrega un segundo miembro que
es modificador de una parte del primero o de su totalidad. Como dicho
modificador quedaría conectado sin necesidad de coordinante, ocurre que,
paradójicamente, el coordinante lo separa de la estructura anterior al mismo
tiempo que lo une, porque viene a mirarlo como en un segundo momento de la
línea del discurso. Este segundo momento, marcado por la pausa y por el
conector, que también podría aparecer entre exclamaciones, produce un cierto
corte que permite la referencia a elementos anteriores indicados como
sobreentendidos, y realza, al mismo tiempo, el miembro que se agrega.
Probablemente,
es en este último tipo de coordinacion cohesiva que hemos diferenciado en el
que con más claridad se aprecian los componentes de énfasis y realce que, de
acuerdo con Halliday y Hasan, caracterizan la coordinación cohesiva, frente a
la estructural (vid. supra) . A
nuestro juicio, el énfasis y el realce caracterizan el uso de y como partícula discursiva no sólo en
la denominada coordinación intensificativa o expresiva a la que acabamos de
referirnos, sino en todos los casos de coordinación cohesiva. De hecho,
pensamos que puede afirmarse que todas las conjunciones que se utilizan como
enlaces extraoracionales u ordenadores del discurso tienen en común esta
función de enfatización. Nos referimos a las conjunciones y, pues, que, pero, si, conque... cuando pierden el valor que les
es propio como conjunciones y se convierten en elementos continuativos.
4. Todas estas partículas a las que
acabamos de referirnos, en el uso del que nos ocupamos, presentan una serie de
características comunes: a- Son elementos continuativos, en el sentido de que
indican que la enunciación (existente realmente o existente en la mente del
hablante) continúa, bien sea a través de la actuación de un único locutor o a través de la presencia de dos o
más de ellos. b- Son elementos enfatizadores, como lo prueba el hecho de que a
los ejemplos que presentamos a continuación les corresponden enunciados sin
enfatizar, es decir, enunciados en los que no aparecen las partículas que
estamos estudiando ( Cfr. -¡ Pues sí! ¿Qué pasa?; - Conque por la capital, ¿eh?; -Bueno adiós, que
es muy tarde. Y a ver si eres bueno; - Si me
quiere mucho...)[17].
c- Como conjunciones que son, frente a otros elementos extraoracionales u
ordenadores del discurso (p. ej., hombre,
bueno, claro... adverbios en -mente...),
no constituyen por sí mismas un enunciado autónomo y no tienen libertad posicional
[18].
5. Hasta aquí, hemos presentado distintos
ejemplos del uso de y como elemento
cohesivo y hemos señalado las características que tiene en común con otras
conjunciones que desempeñan esa misma función cohesiva. A continuación, pasamos
a intentar determinar el significado pragmático fundamental de y que, de ser acertado, nos permitirá
explicar sus distintas virtualidades pragmáticas y las oposiciones que mantiene
con otros elementos de cohesión. -Insistimos, no obstante, en lo provisional de
nuestras conclusiones, dado que cada uno de los elementos a los que nos
referimos, incluido y, merecería un
análisis específico mucho más extenso que el que podemos esbozar aquí-.
A
nuestro juicio, y señala la
continuidad de la enunciación. En este sentido, si esta partícula es utilizada
en la conversación por un locutor que marca, mediante ella, cómo en su discurso
se van sucediendo distintas unidades comunicativas, no existen condiciones que
restrinjan su utilización[19].En
cambio, si la partícula y, en su
papel de elemento cohesivo, enlaza enunciados pertenecientes a locutores
distintos, su uso exige como condición que el enunciado que introduce no ponga
en ningún momento en peligro la continuidad de la conversación. Si tal y como
han señalado algunos autores, el comportamiento del discurso es semejante al de
una negociación [20], lo
introducido por y no debe cerrar la
negociación, sino animar a que continúe. Así, por ejemplo, puede explicarse el
hecho de que y no pueda introducir
una respuesta a una pregunta, de no ser que la contestación sea una
interrogación o una exclamación -que incitan al locutor 1 a que continúe su
enunciación-.
Cuando
y introduce un enunciado de un
locutor 2 se producen, a nuestro juicio, únicamente, estas dos posibilidades
que presentamos a continuación:
1-
El locutor mencionado se sitúa en la misma línea argumentativa que el locutor
1, y, en ningún caso, en la contraria:
L 1 - Esta chica es una descarada.
Siempre me está contestando.
L 2 - Y, en cuanto puede, nunca hace
lo que se le dice.
El
enunciado de L 2 podría interpretarse como ‘estoy de acuerdo con lo dicho por
el locutor anterior y además añado y X’.
2-
El locutor 2 adopta un punto de vista argumentativo no acorde con el del
locutor1, pero lo expresa de tal modo que su intervención pone en marcha la
función apelativa del lenguaje, exigiendo del locutor 1 una respuesta, con lo
que, de nuevo, se impone la continuidad de la enunciación. En esta segunda
posibilidad a la que nos estamos refiriendo se incluyen las respuestas en forma
interrogativa y exclamativa, que
hemos mencionado más arriba, como las que ejemplificamos a continuación:
L 1 - Esta chica es una descarada.
Siempre me está contestando.
L 2 - ¿Y por qué me lo cuentas a mí?
/ ¡Y tú no haces más que provocarla!
Obsérvese,
en apoyo de nuestra descripción, que, por ejemplo, sería imposible:
L 1 - Esta chica es una descarada.
Siempre me está contestando.
L 2 - *¡Y no estoy de acuerdo!
En resumen, al menos según nuestros datos, y indica básicamente la continuidad de la
enunciación, bien a través de su utilización por parte de un único locutor, o a
través de su uso por parte de un segundo que continúa la enunciación en la
misma línea de argumentación que el primero, o introduce una exclamación o una
interrogación que anima al locutor número uno a continuar la comunicación.
6. Estas características de y, como elemento de cohesión, nos
permiten oponerlo a otros ordenadores discursivos. Así, por ejemplo, aunque no
podemos detenernos en caracterizar la función específica que desempeñan las
distintas conjunciones que pueden aparecer como enlaces extraoracionales, una
primera aproximación a nuestros materiales nos permite observar que pues es el elemento que se opone más
directamente a y en la función de la
que nos ocupamos en el presente estudio.
Al
igual que y, pues, en su uso como elemento de cohesión [21],
tiene un valor continuativo, derivado, quizá, del significado que tuvo en
latín: post > ‘después’, pero
difiere en aspectos relacionados con la estructura informativa (tema / rema o
tópico / comentario ) y con la actitud del locutor.
En cuanto a la estructura informativa, y indica simplemente la continuación de
la enunciación, sin destacar ninguna de las partes que une. Como señala A.
López, quien interpreta las conjunciones como categorías relativas a los
realces que se producen en la estructura tópico /comentario, la función de y es “realzar el nudo vacío de enlace
atendiendo a la determinación por contigüidad”, entendiendo que realzar un nudo
frente a sus unidades es situarlo por encima de ellas, y, en la medida en que
sólo existe por la asociación de las mismas, a la postre, equiparar aquellas en
valor funcional como partes de un nuevo todo realzado [22].
En cambio, pues, de acuerdo con las
observaciones de Mª A. Martín Zorraquino, es utilizado por el emisor para
continuar el discurso destacando lo remático del mismo, de modo que, mediante pues, el hablante destaca lo que desea
decir respecto del elemento o elementos que preceden a pues y que aparecen como tema [23].
Presentamos a continuación algunos ejemplos:
-¿Por qué dices castellano y no español? ¿O
lo has dicho sin pensar?
- No, porque castellano, pues viene de la lengua que se hablaba
en Castilla.
-
En Pedrola, pues era la gente...pues más agradable.
-
Pero en la práctica, pues no ocurre
así.
En los casos en los que pues forma parte de la respuesta a una
pregunta, mantiene el valor que acabamos de señalar:
-
¿Cuales son tus aficiones?
-
Pues me ha gustao muchísimo leer.
El tema, en estos casos, sería la
pregunta del interlocutor y lo remático, la respuesta[24].
Como hemos señalado anteriormente, el uso
de y y pues, como ordenadores del discurso, no difiere sólo en aspectos de
estructura informativa de los que ya nos hemos ocupado, sino también en
aspectos relacionados con la actitud del locutor que los utiliza en una
respuesta o una réplica. Frente al uso de y,
que, como ya hemos señalado, no puede introducir una respuesta a una pregunta,
de no ser que la contestación sea otra pregunta o una exclamación que incite al
interlocutor a continuar su intervención en el discurso, pues suele introducir este tipo de enunciados: Por ejemplo, ante la
pregunta -¿Y nos podrías contar dónde
pasaste la infancia?, es posible la respuesta -Pues en Zaragoza, que nos proporciona nuestro informante, pero no
hubiera sido posible -*Y en Zaragoza,
aunque sí una contestación del tipo -Y
¿para qué quieres saberlo? .
Por otra parte, mientras que, como hemos
señalado, cuando se utiliza y en la
réplica, esta debe continuar en la misma línea de argumentación que lo anterior
o introducir una secuencia que a través de su función apelativa permita
continuar la enunciación al interlocutor, pues,
como señala Portolés, sólo es pragmáticamente adecuado en los casos en los que
la réplica supone, en alguna medida, una ruptura con la argumentación del otro
protagonista de la enunciación. Así, el uso de pues, en los ejemplos siguientes, no es apropiado porque las
réplicas abundan en la misma dirección argumentativa que muestran los
enunciados del interlocutor:
-He
escrito un libro sobre Colón
-?Pues
sabes todo sobre Colón
-¡Qué
bien, empiezan los juegos olímpicos!
-?¡Pues
a mí me gustan! [25]
Obsérvese que, sin embargo, en ambas
réplicas, sería posible el ordenador discursivo y, por las razones ya aducidas. Del mismo modo, sería aceptable
contestar, por ejemplo, Pues a mí no me
gustan a ¡Qué bien, empiezan los
juegos olímpicos!
7. Debemos concluir. En la presente
comunicación, partiendo de las diferencias que pueden observarse en el distinto
uso que el español de la conversación espontánea y el español formal escrito
hacen de la conjunción y, hemos
procurado llegar a algunas conclusiones en relación con la sintaxis del español
conversacional.
Como ya hemos señalado, en el español de
la conversación espontánea, en relación con y,
predomina la coordinación cohesiva; en el español formal escrito, predomina la coordinación estructural.
Además de en los aspectos que Halliday y Hasan han señalado (vid. supra), pensamos que los dos tipos de
coordinación de que nos ocupamos se diferencian porque la coordinación cohesiva
presenta pausa y semicadencia antes del nexo, rasgos entonativos que la
diferencian de la coordinación estructural, y que nos llevan a pensar que,
mientras que, en la coordinación estructural, en la que, generalmente, existe
ausencia de pausa y anticadencia antes de y,
se produce una única enunciación y la conjunción y une elementos del enunciado, en la coordinación cohesiva, existe
una enunciación A y otra enunciación y B
que completa y comenta la anterior .
A
nuestro juicio, el predominio de las relaciones entre los elementos del
enunciado, encaminadas a la configuración de unidades sintácticas, caracteriza
la sintaxis del español formal, frente a lo que, quizá, no muy adecuadamente,
denominamos sintaxis del español conversacional, en la que predominan las
relaciones entre enunciados que se unen formando unidades comunicativas. En un
texto de conversación espontánea, por la especial situación comunicativa que
supone, se presta menos atención que en un texto de español formal a lo que se
dice (los elementos del enunciado) y más atención a las relaciones entre el
locutor y el enunciado, a las relaciones entre unos y otros enunciados y, en
definitiva, al acto de la enunciación. En este sentido, los enlaces extraoracionales
u ordenadores del discurso, caracterizan la sintaxis del español de la
conversación espontánea, no sólo por su abundante uso en este registro del
lenguaje, sino, sobre todo, por su capacidad para expresar valores pragmáticos
relacionados con la actitud del hablante ante el enunciado, ya sea propio o
ajeno.
En nuestro estudio sobre y como elemento de cohesión, hemos visto
cómo son factores pragmáticos relacionados con las funciones informativas
(tema/rema) y con la actitud del hablante ante el enunciado los que nos
permiten una caracterización unitaria de sus usos, relacionarlo con otras
conjunciones que funcionan también como ordenadores del discurso y oponerlo a pues, que, a nuestro juicio, es el
elemento que más directamente se relaciona con y, en las funciones de las que nos ocupamos en la presente
comunicación.
Y, como ordenador discursivo,
se relaciona con el resto de las conjunciones que funcionan también como
enlaces extraoracionales por su valor continuativo y de énfasis, pero, a nuestro
juicio, como ya hemos señalado, es pues
la partícula con la que mantiene una mayor relación.En cuanto a la estructura
informativa, y indica simplemente la
continuación de la enunciación, sin destacar ninguna de las partes que une,
llamando la atención sobre la nueva unidad creada, pues continúa el discurso destacando lo remático del mismo. En
relación con la actitud del hablante ante el discurso, cuando y forma parte de una réplica, esta debe
continuar en la misma línea de argumentación del interlocutor anterior o
introducir una secuencia (interrogativa o exclamativa) que le permita a este
continuar la enunciación. En cambio, pues
sólo es pragmáticamente adecuado cuando se responde a una pregunta o en los
casos de réplica en los que existe, en alguna medida, una ruptura con la
argumentación del interlocutor.
El breve estudio que acabamos de
presentar pone de manifiesto algunas características de la sintaxis
conversacional. Además de las señaladas, podemos destacar, por ejemplo, el
aprovechamiento de los rasgos prosódicos y el orden de los elementos, la
importancia del turno libre de palabra entre dos o más interlocutores en la
organización de las secuencias (recordemos, p. ej., que hemos visto como el uso
de pues e y varía dependiendo de la función del protagonista de la
enunciación que lo utiliza en el discurso)...
No podemos extendernos más, terminamos
insistiendo en lo provisional de nuestras conclusiones acerca de un tema -el de
la sintaxis conversacional-, que, sin duda, necesita ser tratado con mucha más
profundidad.
[1] Vid. S. Gili Gaya, Curso Superior de Sintaxis Española, Barcelona, Biblograf, 197010, cap. XXIV.
[2] Vid. J. Alcina y J. M. Blecua, Gramática española, Barcelona, Ariel, 1975, p. 886.
[3] Vid., p. ej., L. Cortés Rodríguez, Sobre conectores, expletivos y muletillas en el español hablado, Málaga, Ágora, 1991. La bibliografía sobre estos elementos en los estudios lingüísticos hispánicos es relativamente abundante.Citamos a continuación algunos títulos: C. Fuentes Rodríguez, Enlaces extraoracionales, Sevilla, Alfar, 1987; H. Mederos Martín, Procedimientos de cohesión en el español actual, Santa Cruz de Tenerife, Publicaciones Científicas del Excelentísimo Cabildo Insular de Tenerife, 1988; J. Portolés, “El conector argumentativo pues “, Dicenda, 8, 1989, pp. 117-133 ; J. Ortega Olivares, “Apéndices modalizadores en español: los comprobativos”, en Estudios Románicos dedicados al Profesor Andrés Soria Ortega (I), Granada, Universidad, 1985, pp. 239-255 y “Aproximación al mecanismo de la conversación: Apéndices justificativos”, Verba, 13, 1986, pp. 269-290; Mª A. Martín Zorraquino, “Elementos de cohesión en el habla de Zaragoza”, I Curso de Geografía lingüística de Aragón, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1991...
[4] Vid. E. Ochs, “Planned and
unplanned discourse”, en T. Givon (ed.), Syntax
and Semantics, Vol. 12, Discourse and
Syntax, Nueva York, Academic Press, 1979, pp. 51- 80.
[5] Vid. M. Stubbs, Análisis del discurso, Madrid, Alianza, 1987, p. 47, y, en relación con el español coloquial, A. Narbona, Sintaxis española: nuevos y viejos enfoques, Barcelona, Ariel, 1989, pp. 149 y ss.
[6] Vid. M. A. K. Halliday y R.
Hasan, Cohesion in English, Londres,
Longman, 1976, cap. 5.
[7] Vid. T. Jiménez Juliá, “La construcción coordinativa en español”, Verba, 14, 1987, p. 309.
[8] Vid. S. C. Dik, Coordination. Its implications for the
theory of general linguistics, Amsterdam, North Holland Publishing Company,
1968, p. 23, y E. Franchini, Las
condiciones gramaticales de la coordinación copulativa en español, Bern,
Francke Verlag, 1986.
[9] El primer ejemplo procede de I. Bosque, “Constricciones morfológicas sobre la coordinación”, LEA, IX/1, 1987, pp. 83-100 y los restantes, de G. Rojo, “Sobre la coordinación de adjetivos en la frase nominal y cuestiones conexas”, Verba, 2, 1975, pp. 193-224.
[10] Utilizamos como materiales para el análisis los proporcionados por gramáticas, diccionarios y estudios lingüísticos sobre el tema que nos ocupa y 10 entrevistas realizadas para el Proyecto de Investigación “Estudio sociolingüístico del habla de Zaragoza”, dirigido por la Dra. Mª A. Martín Zorraquino (vid. Mª A. Martín Zorraquino, “Elementos para una sociolingüística del habla de Zaragoza”, Turia, 4-5, 1986, pp. 121-139).
[11] Vid. nota 3.
[12] En relación con las características entonativas que acabamos de señalar, puede verse, por ejemplo, T. Navarro Tomás, Manual de entonación española, Madrid, Guadarrama, 1974, pp. 84 y ss.
[13] El ejemplo es de C. Rojas, Las construcciones coordinadas sindéticas en el español hablado culto de la ciudad de México, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1982.
[14] Los tres primeros ejemplos proceden de C. Rojas, op. cit. en nota anterior, y el último ejemplo aparece en J. M. Brucart, “Sobre la representación sintáctica de las estucturas coordinadas”, RSEL, 17,1, 1987, pp. 105-129.
[15] En relación con el concepto de enunciado, pude consultarse, por ejemplo, G. Rojo, Cláusulas y oraciones (anejo 14 de Verba ), Santiago de Compostela, Universidad, 1978, p. 11.
[16] Vid. A. Mª Barrenechea, “A propósito de la elipsis en la coordinación”, en Studia hispanica in honorem R. Lapesa, II, Madrid, Gredos, 1974, pp. 105-121. Recogido también en A. Mª Barrenechea et al., Estudios lingüísticos y dialectológicos, Buenos Aires, Hachette, 1979, p. 31, por donde citamos.
[17] Los ejemplo pertenecen a Aspectos del español hablado, de A. Mª Vigara, publicado en Madrid, S. G. E. L.,1980.
[18] Algunas de
las conjunciones a las que nos referimos pueden aparecer en enunciados del tipo
-Esta tarde he visto a tu novio con tu
mejor amiga -¿y?... No consideramos que en estos casos las conjunciones
constituyan enunciados autónomos, dado que, más bien, en este caso, ¿y? indica que no se considera terminado
el enunciado del locutor anterior.
Por otra parte, debemos advertir que al referirnos a las características de las conjunciones de que tratamos en el punto 4, no consideramos los usos de pues como adverbio, del tipo Me voy, pues, a la cama, en relación con los cuales, puede verse, entre otros trabajos, el de J. Portolés, “El conector argumentativo pues “, Dicenda, 8, 1989, pp. 126 y ss.
[19] Como ya hemos señalado, lo que caracteriza al y cohesivo, frente al estructural, es que une enunciados y no, parte de enunciados. Por lo tanto, queda claro cómo es necesario, para que aparezca esta y cohesiva, que los elementos unidos tengan las características propias de los enunciados (vid. supra ).
[20] Vid. E. Roulet et al., L’articulation du discours en français contemporain, Berna, Peter Lang, 1985, pp. 10-22, apud J. Portolés, “art. cit.”, p. 132.
[21] Vid., para las otras funciones de pues, J. Portolés, “art. cit.”, que contiene una amplia información bibliográfica.
[22] Vid. A. López García, Estudios de lingüística española, Barcelona, Anagrama, 1983, p. 59.
[23] Vid. Mª A. Martín Zorraquino, “art. cit.” en nota 3, pp. 272 y ss.
[24] Idem.
[25] Vid. J. Portolés, “art.
cit.”, p. 130.
© Margarita
Porroche Ballesteros. Círculo de Lingüística Aplicada a la Comunicación
5, febrero 2001. ISSN 1576-4737. Publicado en Actes du XXe Congrès
International de Linguistique et Philologie Romanes, II, Tubinga-Basilea,
Francke, 1993, pp. 81-93.
http://www.ucm.es/info/circulo/no5/porroche.htm
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5
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