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El humor, acto de
creación y de emotividad
Xavier Laborda Gil
Universidad de Barcelona
xlaborda @ ub. edu
Amadeu
Viana
Acròbates de l’emoció. Exploracions sobre
conversa, humor i sentit.
Tarragona, Arola Editors, 2004; 341 páginas
ISBN 84-95985-88-8.
El humor está considerado como un objeto de
estudio esquivo y poco recomendable para una exploración académica. Sin
embargo, como demuestra la obra que traemos a este
lugar, Acròbates de l’emoció, esa es una concepción equivocada. Un ensayo
extenso, sutil y pausado ilumina la realidad paradójica y sorprendente del
mundo del humor. Y revela no sólo sus inesperadas creaciones de sentido sino
también sus efectos emotivos.
El libro de Amadeu Viana, Acròbates de l’emoció: exploracions sobre
conversa, humor i sentit, aporta una perspectiva original y brillante de este
aspecto de la historia del pensamiento. Se trata de la particular perspectiva
que brinda el humor y la comunicación interpersonal. Amadeu
Viana, que es catedrático de filología catalana en la
Universidad de Lleida, ha traducido al catalán obras
de Lewis Carroll y ha
publicado libros sobre sociolingüística (Aspectes
del pensament sociolingüístic
europeu, 1995), pragmática (Raons
relativas, 1997) e historiografía (Vico
nella storia della filologia, 2004).
En esta nueva contribución, su autor parte de
una idea muy atractiva. Consiste en indagar qué efectos de sentido opera el
humor en la conversación. Y maneja una considerable diversidad de fuentes
discursivas. Los chistes y las adivinanzas, los juegos de palabras, las bromas
y las anécdotas, así como la más variada y rica tradición literaria,
constituyen la base de esta pesquisa sobre el humor verbal y de situación. Viana guía al lector, con una erudición profunda y una
sencillez admirable, por entre estos tipos de producción discursiva, a la luz
de autores que han reflexionado con perspicacia sobre el humor. Así es como su
exposición recoge e interpreta teorías de autores que van de Cicerón a Koetsler y Bateson, pasando por
Pascal y Vico, Freud y Bergson, Gadamer y Ricoeur, Rossi-Landi o Sperber & Wilson, entre otros destacados pensadores.
De todos ellos, Viana
ensalza y ahonda especialmente en la contribución de Arthur
Koetsler, el polifacético escritor húngaro, que fue
novelista, periodista, memorialista y ensayista sin parangón. Y de la obra de Koestler sobre el humor, The
act of creation
(1964), extrae una paráfrasis sobre el humor y los humoristas, “acróbatas de la emoción”,
y toma como título de la suya. Este préstamo léxico no sólo cuenta como un
homenaje a Koestler. Es también la justa expresión
del tenor de la escritura de Viana, que, aun
respetando las exigencias del estilo académico, las trasciende y comunica al
lector la experiencia de mantener un diálogo con el autor.
Es llamativo el ejercicio de escritura que
supone exponer “exploraciones sobre conversación y humor” –como reza el subtítulo– y, por otra parte, cumplir este cometido con una
prosa que se recibe como una amable y amena conversación. Esta
doblez es un logro formal del autor que presta un magnífico servicio a su
propósito de instruir sobre las diferentes formas de construcción de sentido
mediante el humor paródico, el juego, la paradoja y el absurdo. Son cuatro
posibilidades creativas que Viana desarrolla en el
capítulo sobre el sentido en el absurdo (cap. 5), y
que resume en estas frases:
Las
cuatro posibilidades están directamente relacionadas. Las paradojas lógicas
extreman el lado deductivo y formal de un problema. El humor flexibiliza la
lógica de acuerdo con lo que estipulan los marcos que han entrado en relación.
El juego asegura que la lógica alternativa se mantendrá sólo en el contexto del
marco referencial estipulado. El absurdo suspende la lógica indefinidamente
hasta que aparezca un marco referencial diferente que la justifique de nuevo.
(p. 157)
Y de estos enunciados extrae una observación
sumamente práctica que demuestra la idoneidad de la mencionada cuatricomía referencial:
Por
ello es fácil trasformar una proposición absurda en un juego, siguiendo reglas
estipuladas, a propósito para los nuevos casos que aparezcan, o convertir en
cómica una proposición aparentemente sin sentido, descubriendo cuál es el nuevo
marco referencial posible, o reconstruir en forma paradójica una situación
divertida previa, al hacer explícitas las reglas lógicas (subyacentes) en
conflicto. (p. 158)
Tratar de juego, comicidad, paradoja y absurdo
es conocer el corazón de los acróbatas de la emoción. Tratar de todo ello supone
llegar al núcleo del ensayo de A. Viana, un núcleo
muy bien acompañado de otros elementos sobre la vida cotidiana y la convivialidad que caldea el ingenio y la comicidad
nuestras. La obra Acròbates de l’emoció: exploracions sobre
conversa, humor i sentit está compuesta por un prefacio, siete capítulos y una
sección final de notas. Empezando nuestro comentario por las notas, hay que
reconocer que en sí mismas constituyen un segundo libro o una sección que se
lee de un modo independiente y muy provechoso. Los capítulos son la parte
central de la obra y tratan de la conversación y sus modalidades en la historia
(c. 1), el humor en la conversación y sus fuentes en la broma, el chiste o la
anécdota (c. 2); el significado en el humor y los estudios al respecto de Freud, Begson, Koestler, Bateson y Douglas (c. 3), la inversión en el significado, la
inversión cómica y la confusión de risas y lágrimas (c. 4); el sentido en el
absurdo, con ejemplificaciones de Lucrecio, Gombrowizc y Beckett (c. 5); el
absurdo en la historia y los estudios sobre narratividad de Gadamer,
Ricoeur, Danto, Lozano, Vico y Burke (c. 6); y,
finalmente, un capítulo de cierre referido a la historia en la conversación,
con elementos sobre la historia personal y las poéticas para la sociología (c.
7).
Si se enlaza el contenido y los títulos del
primer y último capítulo, se observa un efecto especular: la conversación en la
historia y la historia en la conversación. Al final, el flujo expositivo de los
capítulos dibuja una figura que se asemeja a las fichas de una partida de
dominó, que presentan el caprichoso efecto versal de cerrarse sobre sí mismas.
La última ficha enlaza de modo perfecto con la ficha inicial. Este programa
circular no es un efecto preciosista. Es una ofrenda a la creatividad y al
eterno erotismo de la conversación, que reemprende su acción por amor al juego,
el humor, la paradoja y la creación de sentidos sin fin. ¿Un absurdo de la
naturaleza humana? Quizá lo sea, pero es lo que nos hace la vida apetecible, en
compañía de interlocutores que, en ocasiones, nos deslumbran con destellos de
acrobacias emotivas. Inmersos en esos momentos, nos olvidamos de nosotros mismo y, gozosamente abandonados, vivimos experiencias
fugaces pero impagables.
El humor es una fuente de placer, de relación
o de conocimiento. Por ejemplo, en la tradición sufí, Nasrudín
es un personaje inmortal, un loco muy sabio, que participa en historias que son
tan de nuestro agrado. Es el caso de este cuento, “El hombre equivocado”:
En
uno de sus viajes, Nasrudín se juntó con otros dos
hombres. Una noche, los tres —un comerciante, un
derviche y Nasrudín—
acordaron compartir habitación en una posada. Habían decidido separarse al día
siguiente, porque sus caminos no seguían ya en la misma dirección. Queriendo
salir temprano, Nasrudín dio una propina al posadero
para que le despertara antes de amanecer.
De
madrugada, se vistió medio dormido todavía y dejó la habitación mientras los
otros dos hombres seguían roncando. Varias horas después, el mulá encontró un río y se acercó al agua para beber. Al ver
el manto y el sombrero del derviche reflejados en el
agua, maldijo:
—¡Ese
imbécil de posadero! ¡Ha despertado al hombre equivocado!
Este relato de Nasrudín,
recopilado por Idries Shah
(El mundo de Nasrudín. Cuentos sufíes, RBA,
2004) es una muestra de comicidad disparatada que pertenece al acervo popular.
Al enlazar historias de este tipo, una tras otra, se da voz a una fuente oral
de conocimiento muy valiosa en Oriente. Las narraciones son como capítulos que
forman un conjunto en apariencia desordenado, pero en realidad consistente, que
brinda múltiples ocasiones de reinterpretación. La fragmentación crea la
sensación de una perspectiva humilde. Y, sin embargo, la parcialidad de los
relatos permite su engarce a voluntad, sea al azar o según otro principio. Y
los trazos de personajes, situaciones y valores se engrandecen y hallan
profundidad cognitiva. Al final, el lector aprecia en este alejamiento de los
caminos usuales de la narrativa un modo de entender mejor los elementos
disonantes.
Todo ello es aplicable a la tradición oral de
los cuentos de Nasrudín, pero también a novelas
contemporáneas, como sucede con W. Gombrowizc (p. 154
y s.) y –lo que más nos importa ahora– a la misma obra de Amadeu Viana. Acròbates de l’emoció es un ensayo que se lee con el agrado y la
fascinación del texto construido con piezas breves y dispuestas con la aparente
libertad en que fluye una conversación. En la parcialidad de los epígrafes y
capítulos de esta obra se inscribe un cauce de sentidos que invita a la
interpretación y la reinterpretación de las acciones del humorismo. La
perspectiva, por humilde que se juzgue, conduce con ímpetu a una manera
diferente y intensa de interpretar las ideas sobre el
humor. Y todo ello se realiza en clave de juego, el juego que brinda al lector
la posibilidad de iniciar la lectura a voluntad, en el punto que libremente
escoja.
El virtuosismo, la erudición y la amenidad se
dan cita en Acròbates de l’emoció, una obra que resulta una iluminación. En
ella Amadeu Viana combina
investigación y un exquisito trabajo de creación, lo cual produce el efecto de
despertar en el lector no ya al hombre equivocado, como creyó Nasrudín, sino al hombre inesperado y sorprendido que
habita entre sus pliegues.
© Xavier Laborda Gil. Círculo de
Lingüística Aplicada a la Comunicación (clac)
22, mayo 2005. ISSN 1576-4737.
http://www.ucm.es/info/circulo/no22/laborda.htm