EL TEXTO COMO FRONTERA:
LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD EN LA PRENSA
NUEVOMEXICANA, 1890-1911
Arturo Fernández-Gibert
California State University, San Bernardino
En 1848, el territorio de Nuevo México quedó bajo
la soberanía de los Estados Unidos al finalizar la guerra entre esta nueva
potencia y la república de México. Hacia 1890, y cuando se iniciaba el proceso
político que culminaría con la incorporación de Nuevo México a la Unión de los
estados, surgieron importantes empresas periodísticas en la lengua vernacular
de los neomexicanos, el español. A través de esta prensa en español se formó
una importante comunidad lectora que compartía una visión del mundo muy
diferente a la de la creciente comunidad angloamericana llegada del este del
país y que amenazaba con desplazar y suprimir la cultura y la lengua de los
nuevomexicanos nativos.
Uno de los principios que impulsaron este
movimiento periodístico fue el de la alfabetización de la sociedad, de la que
el Nuevo México colonial primero, y el territorio perteneciente a México
después, habían carecido casi por completo. Este espíritu alfabetizador y de
progreso inspiró a los editores de periódicos en español a hacer suya la causa
del pueblo nativo de Nuevo México, de quien se hicieron sus portavoces y
defensores en la segunda mitad del siglo XIX, una vez que la tecnología de la
letra impresa alcanzó el territorio. En este momento histórico, los editores de
la prensa hispana en Nuevo México fueron los representantes de una generación
que fue capaz de representarse a sí misma a través de la prensa y en su propia
lengua, y crear una comunidad de lectores en español durante al menos medio
siglo. Esta generación vivió, como ha estudiado exhaustivamente Meléndez
(1997), la transición más importante de la historia de Nuevo México, reflejada
en los textos de los periódicos e imaginada en la mente de sus lectores.
Esta comunidad
imaginada (para usar un concepto aplicado al incipiente desarrollo de los
nacionalismos modernos por Anderson en 1991), llegó a compartir una identidad
neomexicana hispana y unos valores culturales propios durante la transición del
siglo XIX al siglo XX, y vivió las transformaciones acontecidas en el cambio de
un territorio colonizado a un estado de los Estados Unidos. Los artífices de
esta comunidad, editores de los periódicos dirigidos a ella, articularon un
discurso propio neomexicano, y sostuvieron en las páginas de los periódicos en
español durante las dos últimas décadas del siglo XIX y las tres primeras del
XX una contienda pública por el control del discurso político y cultural de la
comunidad neomexicana nativa, enfrentándose, y a la vez integrándose en ella, a
la entonces minoritaria comunidad angloamericana de Nuevo México y a la
sociedad angloamericana de los Estados Unidos.
Los textos de La Voz del Pueblo, uno de los periódicos
más importantes de la época, reflejan esta tensión entre las dos comunidades,
que a finales del siglo XIX se disputaban el control no sólo de los recursos
del territorio, sino también el de su propia representación política, cultural
y lingüística. Hacia 1900, y cuando la estatalidad se hacía cada vez más
próxima, el discurso editorial de este periódico enfatizaba, por un lado, la
defensa de los derechos irrenunciables del pueblo nativo, y por otro, trataba
de hacer compatibles estos derechos con la incorporación de Nuevo México al
proceso político, social y económico de los Estados Unidos.
Desde su primera época,
iniciada en Santa Fe en 1889 por Enrique Salazar y Néstor Montoya, el lema de La Voz del Pueblo había sido
precisamente "EL ABOGADO DEL ESTADO DE NUEVO MÉXICO." El 20 de julio de
1895 este lema fue sustituido por otro que, aparentemente, dejaba de lado la
agenda estatalista: "SEMANARIO DEDICADO A LOS INTERESES Y PROGRESO DEL
PUEBLO NEO-MEXICANO." Este lema proclamaba la vocación populista del
periódico, tan de moda en los Estados Unidos en la década de 1890, y estaba en
consonancia—como lo indica la palabra PROGRESO—con
la promoción de la educación, la cultura y las letras que llevó a cabo la
prensa en español por aquellos años.
El término más usado en La Voz para referirse a los habitantes
de ascendencia hispana del territorio fue, precisamente, el de neo-mexicano. Pueblo neo-mexicano y pueblo
nativo aparecen en sus páginas con mucha frecuencia también. Y muy común,
así mismo, pero mucho más frecuente en la década de 1890 que después de 1900,
fue el de, simplemente, mexicano,
especialmente cuando aparece contrapuesto al de americano. También aparecen en el periódico otras denominaciones: nuestra raza, la raza mexicana, nuestros
paisanos, etc.
El 12 de diciembre de 1903
aparece un cambio importante. Se puede leer en la cabecera del periódico de
este número, por primera vez, el subtítulo siguiente: "SEMANARIO DEDICADO
A LOS INTERESES Y PROGRESO DEL PUEBLO HISPANO-AMERICANO." Este cambio,
probablemente, refleja un ajuste en la forma en que los editores de La Voz del Pueblo negociaban la
identidad del pueblo nativo. Desde el punto de vista puramente lingüístico, y
teniendo en cuenta que los editores eran bilingües y leían y traducían
cotidianamente textos de periódicos en inglés, es muy posible que Hispano-Americano
traduzca la expresión Spanish-American, utilizada por ese entonces en
Estados Unidos para referirse a la población de origen hispano.
Una estrategia adoptada por los representantes
políticos y otros agentes sociales desde la comunidad neomexicana, como los
editores de periódicos, fue la de proyectar, frente a los estereotipos
negativos de la opinión pública estadounidense (reflejada en la prensa nacional
y la del propio territorio de Nuevo México), una imagen positiva sustentada en
un pasado que se extendía hasta los conquistadores y primeros colonizadores
españoles. Al entroncar sus costumbres, su lengua y sus apellidos con sus
antepasados europeos, los nuevomexicanos no hacían otra cosa que tratar de
escapar a los prejuicios racistas de la minoría anglosajona de Nuevo México y
de la sociedad angloamericana en los Estados Unidos.
Doris Meyer ha mencionado
las reacciones a tales estereotipos reflejadas en las contribuciones que los
suscriptores de los periódicos en español
en Nuevo México enviaban a sus editores (Meyer 1996, cap. 5). Por su
parte, Phillip Gonzales ha rastreado las señas de identidad de esta herencia española (Spanish Heritage) que se reivindicó en Nuevo México en la primera
mitad del siglo XX (Gonzales 1985). Este mito, acuñado por McWilliams como Spanish Fantasy Heritage (1968, cap.
II), ha llegado a influír en la manera en que los nuevomexicanos han escrito su
propia historia, reflejada en muchas (auto)biografías, como ha estudiado Genaro
Padilla (1993, 229-41).
A pesar de los esfuerzos
de la prensa hispana de Nuevo México, la admisión a la Unión americana era
frustrada una y otra vez, y los argumentos en contra del territorio estaban
basados precisamente en esa herencia hispánica que tan orgullosamente defendían
los neomexicanos, y que resultaba clave en la construcción de su identidad. Un
editorial de esos años previos a 1912 daba cuenta del informe adverso a la
admisión de Nuevo México del Comité del Senado sobre Territorios:
[...] La admisión de Nuevo México y Arizona [es rechazada] ... porque una basta mayoría de Nuevo México es de descendencia española y habla-español solamente, y muchos de esos ciudadanos de habla español en ambos territorios no entienden las instituciones americanas. [...]
Del
pueblo hispano-americano dicen que es demasiado indolente y demasiado
indiferente á las instituciones americanas para aprender el idioma del país. Y
para probar esto llaman la atencion al hecho que la populacion nativa necesita
intérprete ahora lo mismo que cuando fué firmado el tratado de Guadalupe
Hidalgo, hace más de 50 años. [...]
(La Voz del
Pueblo, 13 de diciembre de 1902, p. 1)
Esta cuestión del estado ciertamente tuvo una gran
influencia en la identidad de los neomexicanos. Con este proceso político de
integración en los Estados Unidos, por lo que supuso de un momento histórico en
el que los habitantes nativos de Nuevo México tuvieron que (re)definirse y
representarse a sí mismos como legítimos herederos de su tierra, la elección de
los términos de su propia identidad era de gran trascendencia. La natural
identificación con México y lo mexicano aparecía a menudo en el periódico con
motivo de las noticias sobre el país vecino. Muchas de ellas llevaban el
titular: "LA MADRE PATRIA," y a los mexicanos se les solía denominar
como los hermanos de raza.
Sin embargo, según se acercaba la estatalidad, y
los políticos del territorio articulaban el discurso de la legitimidad frente
al racismo angloamericano, la mexicanidad
comenzaba a dar paso a la hispanidad.
Un cambio, por otra parte, muy oportuno cuando se trataba de reivindicar las
raíces europeas y ancestrales que mostraban a los neomexicanos como herederos
legítimos de su suelo, nada menos que desde el siglo XVI. Un discurso muy
típico de esta reivindicación fue resumido en las páginas de La Voz del Pueblo tras uno de los actos
de la campaña electoral de Octaviano Larrazolo en Las Vegas:
[...]
Con lógica inflexible y fraces elocuentes demostró la falsedad de las imputaciones que al Pueblo de Nuevo México [se] le hacen en el Oriente, tachándosele de poco ilustrado y por consiguiente inhábil para gobernarse á sí mismo; hizo reminicencias históricas muy acertadas, manifestando que nuestros padres habían sido los esforzados soldados que por siete siglos lucharon contra la dominacion sarracena en España y despues cruzaron los mares plantando en estas regiones el estandarte de la cruz y de la civilización; [...]
(La Voz del Pueblo, 3 de noviembre de
1906, p. 1)
Ninguna alusión a México, precisamente de parte de un hijo adoptivo de Nuevo México que había nacido en la vecina república, quien, en un alarde de continuidad histórica, considera casi mil doscientos años de historia de España como patrimonio común de los neomexicanos. Ejemplos como éste sirven para demostrar que este discurso neomexicano, articulado por los editores de La Voz del Pueblo, reflejaba la construcción de una identidad propia que era negociada con la comunidad angloamericana del territorio. Siguiendo la estrategia hispanista y europeísta los neomexicanos esperaban ser aceptados en el seno de los Estados Unidos como iguales, y no como ciudadanos de segunda clase.
Sólo así pueden entenderse
discursos como el pronunciado por Mariano Larragoite con motivo de la
celebración del 4 de julio de 1907, día de la independencia de los Estados
Unidos. El larguísimo discurso de Larragoite fue reproducido en la primera
página de La Voz del Pueblo, y es un
buen ejemplo de malabarismo histórico. Tras recordarnos que "1776 es la
fecha inmortal á la cual se remonta la historia de nuestra Independencia" (el énfasis es mío, como los que siguen
en la cita), el autor nos recuerda "la época del descubrimiento
maravilloso del Nuevo Mundo que hoy habitamos." Y sigue:
Cuando la historia de la edad media concluía, cuando el mar comenzaba á ser
nuestro por la brújula, el tiempo nuestro por la imprenta y el cielo nuestro por el telescopio, apareció un
hombre sublime, poeta, artista, Cristóbal Colon desde una carabela y más que de
una carabela desde la nave de su fe miraba los celajes del mundo con que soñaba
su mente y veía una luz incierta descubriéndole la tierra; aquella luz que
temblaba delante de Colon era la estrella de un nuevo mundo, el cual se
levantaba en los mares como una segunda creacion para el hombre regenerado por
la libertad y por el crecimiento de su conciencia necesitado de nuevos y más
dilatados espacios.
[...]
(La Voz del
Pueblo, 6 de julio de 1907, p. 1)
Tras esta exaltación del
personaje de Colón como héroe universal, el orador prosigue con el mismo
entusiasmo a narrar la peregrinación de los puritanos, la formación de las
trece colonias, la declaración de la independencia en Filadelfia, y la guerra
de la independencia liderada por George Washington. Aparece de nuevo el
pronombre posesivo para enlazar todos los hechos históricos: "Durante los
siete años de guerra regaron nuestros
mártires con sangre los campos, ... desde las riveras del mar hasta las orillas
del Mississippi..." Esta imposible incongruencia histórica no podía sonar
más falsa. Precisamente los descendientes de esos héroes de la independencia
estadounidense habrían de ser los conquistadores de las tierras habitadas por
los abuelos de los neomexicanos que escucharon—o leyeron—este discurso en 1907.
Discursos como el anterior
habrían de ser frecuentes, y su propósito era reconciliar, en un diálogo en el
que intervenían tanto las voces del presente como las del pasado, dos historias
diferentes. Textos como éste intentarían escribir una historia en la que los
neomexicanos tenían que incluírse forzosamente. En la construcción de esta
identidad nuevomexicana reflejada en las páginas de La Voz del Pueblo, hay referencias a una diversa herencia histórica
que a menudo resultan contradictorias. Como ha señalado Meléndez (1997), los
textos del periódico están caracterizados por un dialogismo que es la clave
para entender este período de transición entre el mundo hispánico y el mundo
anglosajón, tal como se estaba dando en el Nuevo México de 1900, una frontera
entre dos mundos.
Es aquí donde estos textos
nos hablan de una dramática negociación de esta identidad en función de las
acciones y reacciones de los protagonistas de esta contienda. El texto de La Voz del Pueblo, como uno de los
representantes de la comunidad nuevomexicana, se convierte así en una frontera
virtual en la que se debate el destino de unos individuos y de dos comunidades
enfrentadas ante los ojos del lector, en la letra impresa del periódico.
Las voces de La Voz nos hablan desde diferentes
lugares, desde diferentes visiones del mundo y, en definitiva, desde diferentes
vidas. Los diferentes textos parecen dialogar entre sí con multitud de
actitudes, ideas y matices. Detrás de ellos se enfrentan hombres y mujeres con
nombres y apellidos por determinar su destino y por representarse a sí mismos
con una voz propia e intransferible. El texto del periódico es de este modo una
frontera viva poblada de testimonios en forma de editorial, noticia o carta del
lector que establece un diálogo constante y expresa las voces únicas de su
experiencia individual y colectiva.
Referencias
Anderson, Benedict. Imagined Communities: Reflections on the
Origin and Spread of Nationalism. Londres y Nueva York: Verso, 1991.
Gonzales, Phillip B. The Protest Function of Spanish-American Identity in New Mexico. Albuquerque: Southwest Hispanic Research Institute, University of New Mexico, 1985.
McWilliams, Carey. North from Mexico: The Spanish-Speaking People of the United States [1948]. Nueva York: Greenwood Press, 1968.
Meléndez, A. Gabriel. So All Is Not Lost: The Poetics of Print in Nuevomexicano Communities, 1834-1958. Albuquerque: University of New Mexico Press, 1997.
Meyer, Doris. Speaking for Themselves: Neomexicano Cultural Identity and the Spanish-Language Press, 1880-1920. Albuquerque: University of New Mexico Press, 1996.
Padilla, Genaro M. My History, Not Yours: The Formation of Mexican American Autobiography. Madison y Londres: University of Wisconsin Press, 1993.
La Voz del Pueblo. Las Vegas, Nuevo México, EE. UU.; semanario en
español; 1890-1927.
©
Arturo Fernández-Gibert. Círculo de Linguística Aplicada a la Comunicación 19,
septiembre 2004. ISSN 1576-4737. Presentado en la “(VI)I Reunión Internacional
de Investigadores en Ciencias Sociales y Humanidades ‘La Frontera’: una nueva
concepcion cultural”, en La Paz, Baja California Sur, México, 20-22 de febrero
de 2003.
http://www.ucm.es/info/circulo/no19/fgibert.htm