Excmo. y Magnífico Sr. Rector, Excmo. Sr. Lehndakari,
Dras., Dres. del Claustro Universitario, Sras. y Sres.
Sean mis primeras palabras de gradecimiento al
Departamento de Biología Vegetal y Ecología, a su Director
el Prof. Javier Loidi Arregui y a la Facultad de Ciencias,
por haberme enaltecido en grado sumo al proponerme como
Doctor Honoris Causa. También quiero expresar mi gratitud a
la Junta de Gobierno de la Universidad del País Vasco y a
su Rector Magnífico el Prof. Juan José Goiriena de
Gandarias.
Sobre cuales hayan podido ser los méritos para que
acceda a este gran honor, por más que reflexiono no los
hallo, salvo aquellos que puedan derivarse de una
circunstancia ajena: el afecto que inmerecidamente me
profesan algunos claustrales presentes. No pienso que pueda
ser tenido como mérito, sino como privilegio, el que desde
joven mostrase interés botánico por el País Vasco, ya que
lo heredé de mi padre.
Este lance tan emotivo en que me encuentro, hace que
reviva aquellos largos veranos de mi niñez y adolescencia
transcurridos en Deva y Zarautz. Vienen a mi memoria los
apacibles paisajes de prados, manzanos y argomales de
nuestras meriendas camperas; los viejos amigos y amigas de
Eibar, Bilbao, Logroño y Pamplona; la música del quiosco
de la plaza, las misas dominicales, las partidas de
frontón, mis chapas del Atletic de Bilbao y los partidos de
fútbol en la playa las mañanas de bajamar. También, con
añoranza, recuerdo a mi madre, siempre vigilante y
orgullosa de sus cinco hijos. Y sobre todo, a mi padre
aquellos meses de su agosto vacacional, al que compañaba
casi todas las tardes en su peregrinar estudioso de la
vegetación del País Vasco, y que a veces como premio
terminaban con unas sabrosas sardinas en Guetaria, que él
acompañaba con el entonces ácido chacolí.
Aunque por profesión posea el amplio y honroso título
de botánico, en realidad, a lo que preferentemente he
dedicado mis estudios e investigaciones es a la
Fitosociología. Por ello, tendrán que disculpar que a ella
me refiera.
Conceptos generales
La Fitosociología es una ciencia joven, aún no
centenaria, emanada de la Geobotánica y, por tanto, una
parte de la Ecología o ciencia de los ecosistemas. La
Fitosociología, en concreto, se ocupa del estudio de las
biocenosis desde una perspectiva botánica; es decir, de las
comunidades vegetales, de sus relaciones con el medio y de
los procesos temporales que las modifican. Con toda esta
información, a través de un método inductivo y estadístico
basado en la realidad del inventario fitosociológico de
vegetación, trata de crear una tipología jerárquica
universal en la que la asociación es la unidad básica del
sistema.
La asociación corresponde a un tipo concreto de
comunidad vegetal que posee, además de unas determinadas
cualidades mesológicas y precisa jurisdicción geográfica,
unas peculiaridades florísticas expresadas en especies
características y diferenciales propias, estadísticamente
fieles a determinadas residencias ecológicas de un biótopo
dado, en un momento estructuralmente estable de la
sucesión. A su conocimiento se llega mediante el estudio
comparado de los individuos de asociación o inventarios,
única realidad concreta de la tipología, en los que se
anota y cuantifica la de una comunidad vegetal homogénea
particular. La toma del inventario de asociación es la
operación más importante de la investigación
fitosociológica. Las asociaciones de composición
florística, estadio, biótopo y hábitat semejantes se pueden
agrupar en unidades de rango superior : alianzas, órdenes y
clases. Como se ha dicho, la asociación representa la
unidad tipológica básica del sistema y el individuo de
asociación o inventario la única realidad concreta; en
otras palabras la sola referencia tangible de la
sintaxonomía. Si se me permite hacer una analogía
conceptual el inventario es para la Fitosociología lo que
el ejemplar y su descripción representan para la especie en
la taxonomía biológica.
El desarrollo de las Ciencias de la Naturaleza ha sido
una constante durante las últimas décadas. Tal vez más que
el descubrimiento de nuevos hechos y la descripción de
nuevas especies pretéritas o vivientes, el interés se ha
ido decantando hacia el conocimiento de las leyes naturales
que rigen la distribución de la Biodiversidad y hacia
planteamientos globales en estas Ciencias. Tampoco los
aspectos ecofuncionales han sido ajenos a la creciente
atención científica en estos campos. El cambio de actitud
ha dado como resultado un notable avance epistemológico, la
aparición o redefinición de nuevas disciplinas ecológicas
híbridas y, sobre, todo una destacable clarificación
terminológica y conceptual. Como elementos retardatarios de
este innegable progreso, que debería ser fruto de
reflexión, pueden enumerarse: la limitada atención que en
los estudios preuniversitarios y universitarios se está
confiriendo a las Ciencias Naturales, a la Geografía y a
las lenguas clásicas, y, paradójicamente, la exagerada
idealización de las posibilidades de ciertos programas
informáticos que está acarreando en determinados grupos de
jóvenes investigadores pereza mental, sumisión y falta de
creatividad.
Si hacemos hoy un ejercicio sintetizador de los
conceptos naturalistas y ambientales, deberíamos definir la
Ecología como la ciencia que estudia las biocenosis y su
ecofunción, lo que no es otra cosa que el estudio de los
ecosistemas. Las biocenosis serían las unidades
bioestructurales y ambientales de los ecosistemas y
estarían formadas por las comunidades de organismos
(fitocenosis y zoocenosis), por los espacios que ocupan
(biótopos) y por los hábitat o ambientes mesológicos donde
prosperan.
El concepto ruso de biogeocenosis sería similar al de
biocenosis, pero sólo representaría la bioestructura y
ambiente de los ecosistemas terrestres; es decir, su
expresión en la geobiosfera. Con pocos retoques entraríamos
en el concepto norteamericano de bioma; se trataría de
amplias biogeocenosis estructurales y funcionales
utilizadas por el hombre de un modo extensivo tradicional.
De la mano de estos biomas estaríamos en modelos reales
como la tundra, la taiga, el bosque deciduo, la sabana, la
selva ecuatorial etc.; es decir, inmersos en el mundo de lo
concreto.
Otro aspecto ecológico, que tal vez mereciese la pena
deslindar y comentar sucintamente por sus importantes
implicaciones investigadoras, políticas y de gestión del
territorio, sería la necesidad de distinguir al menos tres
grandes espacios o ecosistemas terrestres de uso y
jurisdicción antitética: los ecosistemas naturales y
seminaturales, los rurales y los urbano-industriales; cada
uno de ellos acreedor de atención por diferentes expertos.
Los ecosistemas naturales y seminaturales, por su compleja
biodiversidad y variabilidad, deberían ser patrimonio
científico preferente de los Naturalistas, término éste en
desuso frente a otros como biólogo, geólogo, ecólogo,
botánico, etc.., pero que convendría rescatar por su
tradición y enjundia. Los ecosistemas rurales, dado su
interés económico inmediato en la producción de alimentos y
materias primas, tendrían que ser el escenario de la
atención científica preferente de la ingeniería agrícola,
forestal y zootécnica. Por último, los ecosistemas urbano-
industriales, por la obvia problemática humana y económica
que conllevan, serían el área científica primordial de
urbanistas, arquitectos y técnicos industriales. Cada uno
de estos grandes espacios de intereses múltiples requiere
investigaciones y gestiones específicas. Por desgracia, la
frecuente confusión y mezcolanza en estos temas, arbitrados
por políticos, gestores y científicos de intereses
contrapuestos, tiende a perjudicar la parte más débil que
obviamente resulta ser la de los ecosistemas naturales y
seminaturales, que es la que al final cuenta con menores
atenciones e inversiones.
La situación no pasaría de ser anecdótica si no
confluyesen dos circunstancias importantes. La primera es
que el futuro de la humanidad, de la salud y de la calidad
de vida, está en gran medida condicionada por el
mantenimiento incólume, o en ocasiones por la recreación,
de estos grandes recursos que representan las biocenosis.
La segunda es que, si bien existe un compromiso político
internacional recientemente plasmado en la Conferencia de
Río de Janeiro de 1.992, (suscrita y ratificada por
España), de conservar la Biodiversidad, y que en nuestro
caso queda reforzado por la legislación de la Unión
Europea, (una de cuyas Directivas más conocidas para
nosotros es la de Conservación de los Hábitats Naturales,
de julio de 1.992), todavía el horizonte conservacionista
en nuestro país permanece incierto.
Clasificaciones fisionómico-ecológicas
De entre las propuestas sugeridas para el estudio de
la vegetación y de sus asociaciones o estructuras
repetitivas con información catalogable -en base a la
concepción que presintió e hilvanó Humboldt en el primer
tercio del siglo diecinueve- hay que destacar en primer
lugar, en las aproximaciones a gran escala, las
clasificaciones fisionómico-ecológicas con base florística.
A estos ensayos geobotánicos de gran trascendencia, cuyo
paradigma fue la formación vegetal, podrían referirse los
nombres de sus más preclaros creadores o seguidores:
Grisebach, Schimper, Rübel, Brockmann-Jerosch, Huguet del
Villar, Walter, Schmid, Rivas Goday, Sotchava, Schmithüsen,
Ellenberg, y otros más. Todos esos trabajos representan una
parte esencial del contenido epistemológico de la Ciencia
de la Vegetación y de la Fitosociología actual. Los
últimos ensayos mencionados, por estar ya impregnados de
los conceptos de Braun-Blanquet, son esencialmente
eclécticos y de tan fructífero trasvase conceptual no cabe
más que felicitarse.
El concepto de formación, como se ha dicho, ha variado
bastante desde que Grisebach lo introdujera en 1838 con un
sentido esencialmente fisionómico. En el Congreso
Internacional de Botánica de Bruselas de 1910 ya se definió
la formación como "expresión de determinadas condiciones de
vida, organizada por asociaciones que se diferencian en su
composición florística, pero que coinciden en las
condiciones estacionales y en sus formas biológicas". Las
Escuelas Fitogeográficas del primer tercio de este siglo
fueron las que más enfatizaron en los valiosos criterios
sucesionistas. Así la Comisión Inglesa de Vegetación
definió la formación como "una serie de etapas naturales
del desarrollo de la vegetación en una estación dada", y,
poco después, Clements, en Estados Unidos, llamó formación-
clímax a la unidad fisionómica final en el proceso de
sucesión. En el momento actual puede considerarse la
formación como un "conjunto de comunidades vegetales propio
de un amplio territorio, delimitado en primer lugar por la
fisionomía resultante de la organización espacial conferida
por las formas biológicas (biotipos) de las plantas
predominantes correspondientes al estadio maduro de la
serie o clímax, que tiene en cuenta, además, criterios
florísticos, climáticos, edáficos, biogeográficos,
paleohistóricos, antropógenos y catenales".
Concebida la formación de este modo, se aúnan las
tradiciones fisonómico-ecológicas continentales europeas
desde Grisebach a Rübel con las sucesionistas
angloamericanas, lo que permite aproximarla a los conceptos
recientes de biogeocenosis y bioma. También es factible, en
los territorios bien estudiados por el método
fitosociológico de Braun-Blanquet, utilizar las
asociaciones sigmatistas como unidades diagnósticas
elementales. En cualquier caso, la formación es un
macromodelo geobotánico ecléctico y sólido que puede ser
definido al amparo de cualquier aproximación fitogeográfica
seria.
Entre las clasificaciones de las formaciones vegetales
de la tierra que han tenido más éxito y aceptación general,
se pueden destacar en este siglo las de Diels, Brockmann-
Jerosch & Rubel y más recientemente, con el apoyo de la
UNESCO, la de Ellenberg & Mueller-Dombois.
Diels (1910) reconoció 18 formaciones distribuidas en
bosques (drymium), fruticedas (thamnium), praderas (poium)
y herbazales (phorbium) reunidas por el factor hídrico de
la estación en cuatro grandes grupos ecológicos:
hydatophytia, mesophytia, hydrophytia y xerophytia, cada
unos de ellos con diversas formaciones. I.- En el medio
acuático o hydatophytia distinguió las formaciones: 1.
Thalassium (de talasófitos o de aguas marinas), 2. Limnium
(limneas o de aguas dulces remansadas), 3. Potamium
(potamófilas o de aguas dulces fluyentes). II.- En el medio
emergido terrestre no hidrófilo o mesophytia distinguió las
formaciones: 4. Tropodrymium (bosques sabaneros
caducifolios), 5. Therodrymium (bosques caducifolios
templados verdes en verano, 6. Conodrymium (bosques de
coníferas aciculifolios), 7. Mesothamnium (fruticedas de
hojas esclerófilas), 8. Mesopoium (pastos de sabana), 9.
Mesophorbium (megaforbios). III.- En el medio terrestre o
semiterrestre con balance hídrico positivo o sobrante de
agua o hydrophytia distinguió las formaciones: 10.
Halodrymium (bosques tropicales litorales o manglares), 11.
Hygrodrymium (bosques de lluvia constante), 12. Hygropoium
(praderas higrófilas), 13. Hygrophorbium (prados turbosos,
bajas turberas o planas infracuáticas), 14. Hygrosphagnium
(altas turberas de Sphagnum o abombadas supracuáticas). IV.-
Por último en el medio terrestre de los climas secos y de
suelos con balance hídrico negativo o Xerophytia distinguió
las formaciones: 15. Xerodrymium (bosques secos), 16.
Xerothamnium (fruticedas secas espinosas), 17. Xeropoium
(estepas o pastos secos), 18. Xerophorbium (herbazales
secos).
Brockmann-Jerosch & Rübel (1912, 1919) aceptaron en
primer lugar tres tipos estructurales de vegetación: a)
lignosa [silva (especies dominantes los árboles), fruticeta
(especies dominantes los arbustos)], b) herbosa (especies
dominantes las hierbas) y c) deserta (vegetación en su
óptimo abierta o desiertos). En las lignosa reconocieron
siete grandes formaciones fisionómico-ecológicas,
agrupadas, además de por su aspecto estructural, por sus
semejanzas mesológicas, geográficas y sucesionales. Tales
unidades zonales las designaron como: 1. Pluvilignosa
(bosques y fruticedas trópico-ecuatoriales de lluvia con
hojas siempreverdes glabras y yemas no protegidas); 2.
Laurilignosa (bosques y fruticedas tropicales con hojas
siempreverdes glabras y verdinegras, dispuestas
perpendicularmente a la luz y con las yemas bien
protegidas; 3. Durilignosa (bosques y fruticedas provistas
de hojas siempreverdes y coriáceas, subtropicales y
templados de clima mediterráneo), 4. Ericilignosa
(formación principalmente arbustiva en la que abundan los
fanerófitos de hojas ericoides, propia de climas oceánicos
desde los trópicos hasta las zonas polares; 5. Aestilignosa
(bosques y fruticedas en la que predominan las plantas
caducifolias en invierno, de yemas peruladas, propias de
países templados y fríos, así como en las montañas
subtropicales no continentales en demasía); 6.
Hiemilignosa (bosques y fruticedas provistos de hojas
durante la época lluviosa y deshojados durante la seca,
propios de países tropicales con una estación seca o
carente de lluvias); 7. Aciculilignosa (bosques y
fruticedas con plantas provistas de hojas aciculares verdes
todo el año). En las fitocenosis correspondientes a las
herbosa distinguieron según el agua del suelo: terriherbosa
y aquiherbosa. Y por último, en las deserta, es decir en
las fitocenosis muy abiertas y discontinuas, según el
carácter mesológico desfavorable causante de tal situación
distinguen: a) siccideserta (causada por la excesiva
sequedad del medio, bien sea de origen climático o edáfico,
como la salinidad); b) frigorideserta (causada por el frío
y propia de las altas montañas y de las zonas muy frías);
c) littorideserta (causada por la acción desertizante de la
maresía o hálito salino marino); d) mobilideserta (causada
por la poca cohesión y movilidad del suelo, como arenales y
cascajares); y e) petrideserta (causada por la gran
cohesión del terreno y limitada cubierta de suelos, como
rocas, muros, peñascos, cantiles, etc.).
La clasificación propuesta por Ellenberg & Mueller-
Dombois (1967, 1973), fruto de diversas reuniones y
múltiples aproximaciones propiciadas por la UNESCO entre
1964 y 1966, crea una serie de rangos, que en orden
decreciente van desde la clase de formación (rango
supremo), a las subclases, grupo de formaciones,
formaciones, subformaciones o, incluso, las variaciones de
éstas, siguiendo un método deductivo. Los criterios para
delimitar las siete clases de formaciones son los
fisionómicos clásicos (silva, fruticeta, herbosa, deserta,
etc.). Las subclases, en las unidades leñosas, se
distinguen entre sí por la persistencia y xeromorfía de las
hojas. En los grupos de formaciones deciden los caracteres
climáticos y geográficos más sobresalientes. Las
formaciones, en sentido estricto, corresponden a los grupos
de fitocenosis más conspicuos y conocidos, que caso de
resultar excesivamente grandes o algo ambiguos pueden
segregarse en unidades menores en base a caracteres
morfológicos o ambientales sobresalientes. Se trata de una
clasificación inteligente y abierta que se preparó para
realizar una cartografía general de la vegetación de la
Tierra, ya que a la sazón, por falta de datos suficientes,
no se podía plantear un método inductivo puramente
fitosociológico que tuviese jurisdicción en todo el Mundo.
Las clases de formación son las siguientes (entre
paréntesis, el nombre adjudicado por sus autores y algunos
posibles sinónimos):
I.-Bosques cerrados (closed forests, selvas).
II.-Bosques abiertos (woodlands, arboledas, parques,
monte alto).
III.-Fruticedas (scrublands, espinales, monte bajo,
semidesiertos de arbustos).
IV.-Matorrales (dwarfscrublands, tomillares, landas,
semidesiertos de matas).
V.-Vegetación herbácea terrestre (terrestrial
herbaceous communities, prados, sabanas, praderas,
megaforbios).
VI.-Desiertos y otras formaciones muy abiertas
(deserts and other scarcely vegetated areas,
mobilideserta, rupideserta).
VII.-Formaciones acuáticas (aquatic plant formations,
rizomenon, pleuston).
Evolución de la Fitosociología
A principios de este siglo, por influencia de
Flahault, fue consagrado el término de asociación como una
comunidad de composición florística determinada que debía
poseer una fisionomía y composición biotípica peculiares.
Los trabajos de Braun-Blanquet y de sus discípulos en el
primer tercio de este siglo fueron aportando gran cantidad
de información geobotánica en base florística, que hizo
posible que el concepto de asociación se emplease
internacionalmente para las comunidades definidas por sus
especies características y diferenciales (Congreso
Internacional de Amsterdam, 1935). Tras el éxito inicial de
la escuela de Zürich-Montpellier, que es sinónimo de
Fitosociología braunblanquetista, se abrió el camino
fecundo en el que estamos y que ha ido desarrollando e
integrando otros conceptos dinámicos (Sinfitosociología),
corológicos (Biogeografía), climáticos (Bioclimatología),
históricos (Paleosimbiología), etc.
La evolución de la Fitosociología en estos últimos
lustros ha sido importante. Sobre todo por haber ido
incorporando información procedente de áreas científicas
adyacentes. También ha influido sin duda en su desarrollo
el haber participado en planteamientos multidisciplinares y
en la búsqueda de soluciones a problemas metodológicos,
sucesionales, climáticos, biogeográficos, funcionales y
cartográficos.
Tras la avalancha de numerosas investigaciones
analíticas y sintéticas sobre comunidades vegetales,
biótopos y hábitats, acaecidas en las últimas décadas, se
ha ido haciendo cada vez más necesario ensanchar la base
doctrinal y ensayar modelos más globalizadores, para poder
seguir avanzando en estas áreas de la ciencia. La
Fitosociología ha ido incorporando, como bagaje científico
imprescindible en el análisis y descripción de la
vegetación, muchos conocimientos propios de otras ciencias
y especialidades como la Biosistemática, Geomorfología,
Edafología, Climatología, Ecofisiología, etc. El incremento
del acervo científico de la Fitosociología ha dado como
resultado la aparición de modelos más sólidos y predictivos
así como nuevas formulaciones en ciencias fronterizas o
híbridas como la Biogegrafía, la Bioclimatología, la
Ecología del Paisaje, y otras.
Con todo ello, como ocurre siempre en el árbol
frondoso e inagotable de la ciencia, la confluencia de
savias y ramas hace que surjan ramúsculos nuevos que si se
cuidan adecuadamente llegan a hacerse vigorosos e
independientes, merced a la aparición de un lenguaje
científico propio, fruto inevitable de los conocimientos
nuevos que se acuñan.
Aunque sea con brevedad voy a referirme a algunos
avances conceptuales acecidos en nuestra ciencia. Hoy,
además de la Fitosociología clásica o braunblanquetista que
se ocupa en primer lugar de las asociaciones vegetales, se
reconoce la Fitosociología dinámico-catenal o paisajista,
cuyas unidades elementales son la serie de vegetación o
sigmetum en lo dinámico y la geoserie de vegetación o
geosigmetum en lo catenal.
El sigmetum trata de ser la expresión sucesionista de
un dominio climácico; es decir, de un territorio homogéneo
geográfica y ecológicamente en el que una asociación ejerce
la función de clímax. Esta unidad geobotánica ecléctica,
propuesta por mí hace poco más de una década, representa a
todo el conjunto de comunidades vegetales o estadios que
pueden hallarse en unos espacios teselares afines como
resultado del proceso de sucesión tanto regresiva como
progresiva. Lo que incluye el tipo de vegetación
representativo de la etapa madura o cabeza de serie y las
comunidades iniciales o subseriales que la reemplazan, al
tiempo que abarca tanto las diversas residencias o biótopos
ocupados por las comunidades de organismos presentes como
los ambientes mesológicos que configuran sus hábitats.
Para la correcta denominación de una serie de
vegetación o sigmetum se debe construir una frase
diagnóstica que indique ordenadamente, además de los
factores ecológicos y geográficos más significativos
(termotipo, ombrotipo, biogeografía, afinidades edáficas,
etc.), las especies dominantes de la cabeza de serie o
comunidad madura. Cabe distinguir entre estas series las
climatófilas, es decir, las que se inician y se ubican en
suelos que sólo reciben el agua de lluvia (dominios
climácicos), y las edafófilas que se hallan en suelos
especialmente secos o húmedos. Como unidades
sinfitosociológicas de rango inferior a la serie pueden
emplearse subseries y faciaciones, como superiores las
macroseries, megaseries e hiperseries (sigmion, sigmetalia,
sigmetea). Para la denominación latina de esta unidad se
utiliza el nombre de la asociación cambiando la desinencia
indicadora del rango (-étum) por la vocal de unión (-o),
seguida del epíteto sigmetum. Para los rangos
sintaxonómicos de mayor jerarquía se procede del mismo modo
pero utilizando según sea el caso los epítetos sigmion,
sigmetalia y sigmetea, tras el nombre del sintaxon.
Si integramos a una serie sus contiguas, es decir si
tenemos en cuenta además de la sucesión el fenómeno catenal
-por ejemplo, las series climatófilas y edafófilas que
pueden hallarse en contacto- estaremos delante de otra
unidad más compleja que denominamos geosigmetum. El número
de geosigmetum que puede reconocerse en un territorio
cualquiera estará, como es lógico, en función del relieve,
de la naturaleza de los suelos, del clima y de la ubicación
geográfica. Sin embargo, todo este conjunto se puede
reducir idealmente a un modelo general universalizable que
sería el de: cresta, ladera y valle. Tal marco topográfico
elemental permite destacar los tres aspectos edáficos más
generales de cualquier catena. El más xérico coincide con
las crestas o zonas más elevadas, el más húmedo, que
siempre resulta ser el valle o las zonas más deprimidas, y
el situado entre ambos, o intermedio, que corresponde a lo
que denominamos ladera o llano.
El agua de lluvia por gravitación tiende a desplazarse
hacia los valles tanto por ecorrentía como por percolación,
creando con ello una secuencia de humedad creciente en los
suelos por aporte lateral. Al mismo tiempo, la erosión
hídrica debida a la lluvia favorece la disgregación y
arrastre de partículas y solutos hacia abajo, lo que
incrementa el espesor y trofía de los suelos hacia los pié
de monte y los valles.
En el marco elemental descrito - que naturalmente se
puede diversificar mucho según sea la escabrosidad del
relieve, la litología y composición de los suelos - es
donde se ubican armónicamente las fitocenosis y donde se
producen los fenómenos sucesionales tendentes a equilibrar
el biosistema. Así, la distribución de la vegetación va
desde la más resistente a la xericidad que ocupa las
crestas y los suelos más secos (series edafoxerófilas) a la
más exigente en humedad que se sitúa en los valles y
depresiones (series edafohigrófilas); quedando la
intermedia en aquellos espacios más acordes con lo
estrictamente aportado por las lluvias a lo largo del año
(series climatófilas). Podría pensarse que todos los tipos
de vegetación ubicados en esos medios sólo antagónicos en
lo que al balance hídrico del suelo se refiere, hubiesen
tenido un origen sincrónico en el territorio, así como que
su estabilidad o resistencia fuese similar frente a los
cambios climáticos que de un modo rápido y permanente se
están produciendo en nuestras latitudes durante el
Holoceno. Tal idea de estabilidad global de los geosigmetum
está muy alejada de toda realidad, ya que esa unidad,
independientemente de su posible alteración por causas
naturales o antropozoicas, reacciona y se modifica de forma
muy distinta según sean las tendencias climáticas en cada
Bpoca.
Todo geosigmetum alberga tipos de vegetación no sólo
antitéticos en sus exigencias hídricas sino también
biocenosis muy diversas en la cronología de su aparición y
poblamiento del territorio. A grandes rasgos puede
postularse que las comunidades edafoxerófilas corresponden
a épocas o avances de los climas secos y las
edafohigrófilas a lo contrario. La asunción de estos hechos
faculta para realizar múltiples disquisiciones e
interpretaciones y permite plantear en la Fitosociología
dinámico-catenal dos hechos esenciales. Uno sería que
cualquier territorio abrupto bien conservado, por lo tanto
poseedor de geosigmetum peculiares y diversos, tiene
recursos biocenóticos suficientes para hacer frente él
mismo a los cambios climáticos ómbricos que pudiesen
producirse, en base a la simple cesión y desplazamiento
mediato de aquellas especies y tipos de vegetación
higrófilos o xéricos más acordes con la nueva situación
climática aparecida. Obviamente, la misma capacidad
restauradora con mecanismos similares se produciría en los
cambios termoclimáticos, si bien en estos casos serían las
especies y comunidades de las series climatófilas de los
geosigmetum contiguos en las cliseries latitudinales o
altitudinales las que se desplazarían.
Otro aspecto a tener muy en cuenta es la vecindad
vegetacional en las catenas de los geosigmetum; es decir,
cuál es en cada caso la vegetación edafoxerófila o
edafohigrófila adyacente en cada nivel estructural
equivalente. Aunque el fenómeno de las modificaciones en la
vegetación a causa de los cambios climáticos es universal,
los elementos vivos que se intercambian tienen jurisdicción
geográfica y bioclimática precisa lo que permite que, del
estudio comparado de las catenas de amplios territorios, se
puedan inferir con cierta facilidad los paleoclimas y las
fronteras actuales y pretéritas. Con ello se abre la
posibilidad de utilizar ventajosamente esta información en
el afinamiento de los modelos que ahora usamos en
Bioclimatología y Biogeografía puesto que, aunque sabíamos
que la distribución y combinación de las fitocenosis en la
tierra no era aleatoria sino regida desde siempre por
factores ecológicos mensurables, ahora tenemos la
posibilidad tanto de precisar sus fronteras como, lo que es
más apasionante, formular modelos teóricos según se
supusiese que fueran los previsibles cambios climáticos en
el futuro.
Como es de rigor recordar en el estudio de la
naturaleza y de los seres vivos, la ciencia sólo se
concreta en los artefactos taxonómicos que la inteligencia
humana emplea para transcribir y fijar sus conocimientos
empíricos o experimentales en un sistema comprensible,
generalizable y transferible. Pero como los juguetes
intelectuales que son los modelos creados por las ciencias
han resultado útiles para el desarrollo de la humanidad, se
han convertido en objetos irreemplazables y relativamente
inmunes a la irracionalidad.
La Fitosociología en España
Aunque la ciencia Geobotánica tiene antecedentes más
rancios en nuestro país, los primeros balbuceos de la
Fitosociología de Braun-Blanquet cuentan apenas con setenta
años. El destacable mérito de ser la primera referencia
histórica sintaxonómica española le cabe a José
Cuatrecasas, honra y ejemplo para todos nosotros.
Nonagenario, sigue trabajando a diario en el Instituto
Smithsonian de Washington sobre la flora y vegetación de
América del Sur con la misma ilusión, eficacia y ahínco que
lo hiciera cuando su tesis doctoral sobre la sierra
andaluza de Mágina. De allí dio a conocer en 1929, entre
otras muchas novedades botánicas, la vegetación casmofítica
de la alianza Saxifragion camposii, sintaxon que
veinticuatro años después legitimó otro joven a la sazón,
el fitosociólogo francés Pierre Quézel, en su todavía hoy
vigente trabajo, Sobre la vegetación de Sierra Nevada;
publicación tan ejemplar como su autor, al que tanto
debemos científicamente.
Para relatar de un modo cronológico el desarrollo de
la Fitosociología en España tal vez convenga tratar por
separado cada uno de los períodos que se me ocurre pueden
distinguirse, así como destacar en cada caso las
referencias e hitos más significativos:
I.-Iniciación (1925-1939). Hasta el final de la Guerra
Civil de España.
II.-Reiniciación (1940-1953). Hasta la X Excursión
Internacional de Fitogeografía.
III.-Consolidación (1954-1980). Hasta el fallecimiento
de S. Rivas Goday y R. Tüxen.
IV.-Difusión (1981- ). Hasta nuestros días.
El primer período (1925-1939) fue el del encuentro con
Braun-Blanquet. Los primeros pasos se debieron a que Font
Quer desde Barcelona mantenía contactos con los botánicos
activos de la época en el mediterráneo y en Africa del
Norte, lo que le llevó a trabar amistad con Braun y sus
discípulos. Aunque Font Quer no llegó a trabajar
decididamente en Fitosociología comprendió de inmediato la
importancia de esta ciencia. Por su influencia comenzó a
conocerse al poco en Madrid, a través de su discípulo
Cuatrecasas (1932), quien sucedió en la Cátedra de Botánica
de la Facultad de Farmacia a mi abuelo Rivas-Mateos,
fallecido prematuramente a los 56 años.
La excursión de la Asociación Internacional de
Fitosociología en la Pascua de 1935, dirigida por Braun-
Blanquet, tuvo lugar en Cataluña bajo la hospitalidad de
Font Quer. A ésta acudieron muchos fitosociólogos notables
de la época, entre los que cabe destacar al entonces joven
de 36 años Reinhold Tüxen, que tanta influencia ejercería
décadas más tarde en la Fitosociología madrileña. El primer
botánico de nuestro país que estuvo una temporada con Braun-
Blanquet en la SIGMA de Montpellier fue González Albo,
recién licenciado. A su vuelta a Madrid inició sus estudios
fitosociológicos en la Sierra de Guadarrama y en la Mancha
de donde era oriundo; pero lo que es más destacable fue su
publicación en 1934, en las Reseñas Científicas de la Real
Sociedad de Historia Natural, del trabajo "Introducción al
estudio de la Sociología Vegetal según el método de Braun-
Blanquet". El que pudo haber sido primer discípulo de Braun
en España quedó anulado como consecuencia de la tragedia de
la Guerra Civil.
En esos años también se realizaron algunos estudios
notables por el procedimiento geobotánico clásico de
designar las asociaciones por las especies dominantes, como
el de la flora y vegetación de las Sierras de Málaga de
Ceballos y Vicioso (1933). Pero lo más sobresaliente de
todo ese período fue la publicación por Huguet del Villar
en 1929 de su tratado de Geobotánica; un sistema inspirado
en Diels, pero con unos conceptos y una nomenclatura
altamente original y precisa. Su obra influyó bastante en
los botánicos españoles de los años treinta ajenos a Braun-
Blanquet, entre otros en Modesto Laza y en Rivas Goday.
Pero 1936, con el comienzo de la Guerra Civil que duraría
tres años, representó la parada del progreso. Al final,
muchos de los que el azar dejó del lado de los perdedores
tuvieron que exiliarse (Cuatrecasas), fueron encarcelados
(Font Quer y Cortés Latorre) o represaliados (Rivas Goday y
Laza).
La segunda época que denomino la reiniciación (1940-
1953) fue prácticamente volver a empezar aunque la semilla
estaba echada. Los años de la guerra europea y del bloqueo
subsiguiente (1939-48) fueron dos lustros de grandes
penurias económicas pero para los que trabajaban entonces
fueron también años de estudio, reflexión y aprendizaje
del solar hispano. Se rehicieron las pocas universidades de
entonces y se crearon algunos centros de investigación
nuevos en el CSIC, que luego repercutirían positivamente en
nuestra ciencia. Apenas una decena de botánicos interesados
en la Geobotánica y en la Fitosociología acrecentaron las
bases que habían existido y empezaron a publicar trabajos
de valor. Entre los protagonistas de aquella época de
concordia - además de Pio Font Quer, maestro indiscutido en
todos los campos, de nuevo en el Instituto Botánico de
Barcelona, y traductor por cuenta de la Editorial Labor de
los libros de Botánica que permitieron el despegue: Gola,
Negri, Capelletti (1943), Strasburger (1943) y Wettstein
(1944) - cabe mencionar a Ceballos, Losa, Guinea, Rivas
Goday, Bellot y Muñoz Medina, a los que es necesario añadir
algunos farmacéuticos que colaboraban eficazmente con ellos
tales como: Antonio de Bolós, Laza, Calduch y Borja.
Podemos decir sin exageraciones que nunca tan pocos
hicieron tanto.
La aparición en 1948 de la obra de Braun-Blanquet "La
végétation alpine des Pyrénées orientales", publicada en
España por el CSIC marca, sin duda, el hito fitosociológico
más importante de la década. Tras esta obra magistral y la
que poco después (1952) publicaría también Braun sobre el
Mediodía de Francia "Les groupements végétaux de la France
Méditerranéenne", puede decirse que nada fue
científicamente igual en la Fitosociología hispana.
Con el paso de la década de los cuarenta aparecieron
nuevos jóvenes fitosociológos: Monserrat y Oriol de Bolós
en Barcelona, Galiano en Madrid y Casaseca en Santiago,
formados respectivamente por Losa, Font Quer, Rivas Goday y
Bellot. La amistad de Font Quer con Braun-Blanquet y su
ascendiente sobre el joven Oriol permitieron que éste
trabajara con Braun en el Valle del Ebro y así surgió ese
maridaje que convirtió muy pronto al estudioso y reflexivo
Bolós en uno de los fitosociólogos más cultos de Europa.
Sus distintas publicaciones, entre las que destaco "El
paisaje vegetal barcelonés" (1962), "Botánica y Geografía"
(1963) y "Comunidades vegetales de las comarcas próximas al
litoral situadas entre los ríos Llobregat y Segura" (1967),
fueron esenciales para mi formación y opino que cuentan
entre las que han favorecido más el sólido avance
conceptual y descriptivo de la Fitosociología moderna.
Entre los botánicos de la época de la reiniciación
(1940-53) más tenaces en el estudio de la ciencia de la
vegetación y a uno de los que más debemos los que seguimos
generacionalmente su andadura, es Pedro Monserrat. Formado
en Barcelona al amparo de Font Quer y de Losa, además de la
profunda ciencia de ambos, recibió del primero el "seny"
catalán y del segundo la rectitud castellana; en ese
sentido resulta híbrido. Como profesor de investigación ha
trabajado sin tregua en casi todas las especialidades
florísticas y geobotánicas incluyendo la estricta
Fitosociología Braun-blanquetista. Su obra científica, que
incluye por compromiso ético el uso racional de los
recursos naturales, es tan vasta, prolífica y dispersa que
a sus lectores nos cuesta trabajo seguirla. Además de haber
formado a muchos que a él se acercaron en su postrera
docencia en la Universidad de Pamplona, ha sabido conducir
con rigor y éxito a la ciencia de calidad a sus tres hijos:
José María, Gabriel y Juan; éste último trágicamente
ausente entre nosotros. Junto a él y por él formado en los
secretos de la florística y geobotánica pirenaicas está
Luis Villar que, desde hace tiempo por su esfuerzo, ocupa
posición de maestro. Como resumen a lo que pienso que
Monserrat representa en el desarrollo de la Fitosociología
en nuestro país sólo se me ocurre decir que es como fue mi
padre: un ecléctico admirable.
La apertura de las fronteras y el inicio de la
recuperación española dio pie de nuevo a las relaciones
internacionales. Los congresos luso-españoles y los
internacionales de Botánica permitieron los contactos
personales con los botánicos y fitosociólogos del resto del
mundo y recomenzar a interesarse por el quehacer ajeno.
En el Congreso Internacional de Stockholm en 1950,
Rivas Goday presentó el trabajo "Essai sur les climax dans
la Péninsule Ibérique", una interesante síntesis ecléctica,
a medio camino entre el sistema geobotánico de Schmid y la
Fitosociología de Braun-Blanquet. Algunos años más tarde me
relataba Tüxen que mientras escuchaban la disertación de mi
padre, Braun y él ya estaban acordando una estrategia para
llevarlo hacia la Fitosociología ortodoxa. La treta no fue
otra que introducirle de inmediato en el ambiente
sigmatista y comprometerle para que organizase en España el
año 1953 la X Excursión Internacional de Fitogeografía.
La IPE del verano del 53, en la que participaron
todos los botánicos fitosociólogos españoles profesionales
de la época, organizada por Rivas Goday con la ayuda eficaz
de Galiano como secretario, marca lo que estimo el comienzo
de la tercera época, el de la consolidación de la moderna
Fitosociología en España. Tal efemérides coincidió con lo
que creo es la obra magna y de madurez de la Botánica
española: el "Diccionario de Botánica de Font Quer" que,
entre otros muchos efectos beneficiosos, ha terminado con
la "Torre de Babel" interior y ha consolidado, dignificado
y proyectado fuera de nuestras fronteras la cultura
botánica española.
En aquellos años mi padre comprendió bien la filosofía
botánica del sistema de Braun, a la sazón muy enriquecido
conceptual y metodológicamente por Tüxen y los
fitosociólogos alemanes, sobre todo en lo que respecta a la
vegetación potencial, comunidades permanentes y etapas de
sustitución. Su estrategia para conocer tales avances en lo
que a él respecta, botánico teórico-práctico de amplísimos
conocimientos sistemáticos y vasta cultura naturalista, fue
seguir como siempre con la lectura reflexiva de los textos
originales y con la experimentación en el campo. Fueron
años de frenesí en la toma de inventarios a lo largo de
todo el país, con Borja y conmigo casi adolescente,
estimulando y visitando a sus corresponsales: Esteve,
Mansanet y Rigual. A sus discípulos jóvenes de entonces:
Galiano, Wildpret y yo, nos empujó o casi nos obligó a
salir de España, a aprender ortodoxia con los maestros,
como él decía. Gracias a tal orientación yo estuve muy
pronto con Braun-Blanquet y sobre todo con Tüxen en
Alemania en la Zentralstelle für Vegetationskartierung,
Instituto del Bundestag, para la cartografía
fitosociológica de la Alemania en recuperación. Desde allí
pude conocer aún muy joven el centro y occidente de Europa.
Prácticamente todos los veranos desde el 55 al 62 estuve en
Stolzenau donde tuve la suerte de trabajar en el campo con
Tüxen, Lohemeyer, Trautmann, Oberdorfer, Seibert y otros
muchos. Tan "malas compañías" pronto me convirtieron en lo
que mi padre deseaba que fuese: "ortodoxo" en metodología y
en los nuevos conceptos fitosociológicos; porque él con su
permanente ironía siempre se mantuvo ecléctico y
heterodoxo, como fueron sus orígenes; circunstancia que
afortunadamente ha impregnado para bien, un poco, a todos
los que honrosamente podemos decir que pertenecemos a su
escuela. A parte de los ya mencionados, en primera
generación directa, y casi todos con el marchamo
sistemático de Borja -gran botánico, amigo y colaborador
sempiterno de mi padre y de acusada generosidad- hay que
nombrar a F. Esteve, A. Rigual, J. Mansanet, M. Mayor, C.
Sáenz, M. López, J. Izco, M. Ladero, M. Costa, E. Valdés
Bermejo, E. Fuertes, G. López, C. Navarro y A. Velasco.
Para poder evaluar mejor lo que fue la época de la
consolidación de la Fitosociología en España puede ser una
buena referencia la relación de botánicos con rango
doctoral que se han formado en Fitosociología (aunque
muchos de ellos estén investigando ahora en sistemática
vegetal o en otras especialidades).
En Barcelona, el núcleo fitosociológico tiene adecuada
amplitud y continuidad a través de Oriol de Bolós. Se ubicó
en la Facultad de Ciencias y en el Instituto Botánico. Por
su coherencia, relieve, empleo frecuente de la lengua
catalana y proyección en los "Paisos Catalans" podemos
designarla como "Escuela Catalana", o posiblemente mejor
"Grupo de Oriol de Bolós". Simétricamente, el núcleo
originario de Madrid, hoy disperso en el resto de la
geografía española, podría designarse como "Escuela
Castellana", o mejor "Grupo de Rivas Goday".
En el grupo formado alrededor de O. de Bolós -que
cuenta desde hace 30 años con el apoyo permanente del
experto fitosociólogo e importante botánico sistemático que
es J. Vigo- hay que relacionar además: J. Vives, J. Molero
Briones, X. Llimona, R. Folch, R. Massalles, T. Perdigó,
J.M. Monserrat, A. Romo, J. Ninot, E. Carrillo y otros.
El núcleo original de Madrid, tras la Guerra Civil,
estuvo formado en la Facultad de Farmacia por Rivas Goday y
Bellot. Ambos trabajaron ilusionados y publicaron juntos
durante aquellos difíciles años cuarenta hasta que Bellot,
más joven, consiguió la Cátedra de Botánica de la
Universidad de Santiago. Nada más llegar a Galicia inició
Bellot el estudio fitosociológico de la región y la
formación de discípulos en esa disciplina y en Botánica
Sistemática, halló pronto en B. Casaseca el discípulo,
compañero y amigo que requería la magna empresa de situar a
Santiago al nivel del resto de los centros de investigación
botánica española partiendo prácticamente de la nada, cosa
que lograron gracias a su tesón y bien hacer. Uno y otro
continuaron sus quehaceres botánicos fecundos. En Madrid el
maestro y en Salamanca el fiel discípulo. En el núcleo de
Bellot (Santiago y Madrid) hay que relacionar además: R.
Alvarez, G. Dalda, M.E. Ron y S. Castroviejo; en el núcleo
de Casaseca (Salamanca): J. Fernández Díez, E. Rico, F.
Amich.
Otro de los antiguos discípulos de Rivas Goday que
tuvo que partir de la nada cuando consiguió por oposición
una Cátedra en Sevilla (1966) fue Emilio Fernández Galiano
quien, a la formación recibida durante los largos años que
colaboró con mi padre, añadió la Edafológica en la Cátedra
de J.M. Albareda y la Geobotánica con Dansereau en Canadá.
Cuando emprendió la difícil empresa de formar en Sevilla un
equipo de investigación tuvo la fortuna de contar pronto
con Benito Valdés, formado a la sazón en taxonomía en
Inglaterra por V.H. Heywood y con S. Talavera, jóvenes
entonces que muy pronto contarían por méritos propios entre
los más cualificados botánicos sistemáticos de nuestro
país, circunstancia que viene corroborada por el amplio y
valioso plantel de botánicos formados allí así como por la
reciente publicación de la espléndida "Flora de Andalucía
occidental". Las tareas fitosociológicas, aunque bastante
menos intensas, no fueron relegadas del todo en Sevilla y
la antorcha que portaba Galiano desde Madrid fue pasada con
todo honor primero a B. Cabezudo y luego a J. Ribera.
Trasladado a la Facultad de Ciencias de Madrid, cuando yo
ocupé la Cátedra de Farmacia tras la jubilación de mi
padre, siguió apoyando el grupo sevillano y organizando uno
nuevo en Madrid, cosas ambas que consiguió antes de su
jubilación, dada la capacidad intelectual y de gestión que
acredita.
Muy próximo y grato de comentar con brevedad es el
grupo canario creado por Wolfredo Wildpret. Compañero de
estudios universitarios, con las mismas aficiones
científicas y similares actitudes éticas, ensoñamos juntos
cuando jóvenes el desarrollo político y cultural de España.
Aquello selló a perpetuidad nuestra amistad, la suya
siempre algo paternal hacia mi, a pesar de la corta
diferencia de edad. Nuestros primeros pasos con Tüxen en
Alemania los dimos también juntos. Recuerdo bien que
gracias a su vasta cultura lingüística y a su generosidad
conmigo, pude aprender no pocas cosas que en lengua alemana
recibíamos de aquellos maestros de Stolzenau; todavía en
una Alemania en la que se veían pueblos y ciudades
arrasados por la guerra. La suerte me condujo al camino
fácil, a él al arduo. Cuando hace treinta años comenzó en
la universidad tinerfeña de La Laguna sólo tenía un paquete
de tizas para explicar la clase de Botánica; hoy existe un
departamento ejemplar, en el que trabaja una quincena de
profesionales altamente cualificados que cubren todas las
especialidades botánicas allí necesarias. En ese equipo de
fitosociológos creado por Wildpret se pueden relacionar:
P.L. Pérez de Paz, A. Santos, J.R. Acebes, E. Barquín, M.
del Arco, O. Rodríguez y A. García Gallo.
Fernando Esteve primero en Granada y luego en Alcalá y
José Mansanet en Valencia, ambos desaparecidos
irremediablemente, representan un enriquecimiento algo
tardío, pero importante, para la Botánica universitaria
española, fruto de su irreductible afición y de la elevada
calidad científica de sus conocimientos botánicos.
Discípulos externos de mi padre, con el que colaboraron
activamente de "corresponsales", como a él le gustaba
decir, dejaron una huella imborrable no sólo por el valor
de sus obras sino muy en especial por la calidad científica
de sus discípulos, hoy en buena parte profesores
universitarios de prestigio innegable y muchos con un
curriculum vitae admirable. Entre los fitosociólogos
formados o dirigidos por Esteve hay que señalar: López
Guadalupe, J. Fernández Casas, A. Asensi, J.M. Martínez
Parras, B. Díaz Garretas, M. Peinado y F. Valle. Y entre
los promocionados por Mansanet: G. Mateo y A. Aguilella.
En cuanto a mi persona, que por turno toca ahora
comentar como final de la generación veterana, poco puedo
decir ya que al verme desde dentro carezco de cualquier
perspectiva. No obstante, sí puedo narrar que mi carrera
universitaria y las responsabilidades administrativas
coyunturales me llevaron a peregrinar de un lado a otro,
obligándome a dejar discípulos, amigos y proyectos. Mirando
hacia atrás me pesan sobre todo dos cosas: lo mucho que he
dejado a medio hacer y los discípulos que tuve que
abandonar o malatendí, cuando acaso todavía pude haberles
sido útil. En la lista de los que en Barcelona o en Madrid
dieron conmigo los primeros pasos botánicos y
fitosociológicos, que luego acrecentaron ellos mismos y lo
han acreditado en sus publicaciones, puedo enumerar: M.
Costa, C. Sáenz, A. Crespo, C. Arnaiz, J. Loidi, J.M.
Moreno, P. Cantó, P. Cubas, M. Gutiérrez Bustillo, C.
Pardo, G. Navarro, D. Sánchez Mata, V. de la Fuente, L.
Sancho, J.A. Molina & J. Pizarro. Además, a pesar de que
sus tesis doctorales fueron dirigidas por otros compañeros
que menciono entre paréntesis, tanto por la ilusión que
siempre puse en su formación cuanto por razones afectivas
mías deseo adicionar a: J. Izco (Rivas Goday), T.E. Díaz
(Mayor), J.A. Prieto (Mayor), A. Penas (T.E.Díaz), A.
Asensi (Esteve), F. Valle (Esteve), J. Molero (Losa), J.
Fernández Casas (Esteve), A. Santos (Wildpret), E. Barreno
(Crespo), F. Alcaraz (Llimona) y F. Fernández González
(Izco). Por último quiero destacar el hecho impar de haber
contado durante treinta años, en todo momento, con la
eficaz ayuda, aguda crítica y leal colaboración científica
de mi amigo y compañero Manuel Costa.
Con mi persona, como he indicado, termina la relación
de los botánicos fitosociólogos veteranos que se formaron
desde el final de la reiniciación al comienzo de la época
de la dispersión, período de consolidación que finaliza en
los albores de la década de los ochenta, coincidiendo con
el fallecimiento de los maestros Braun-Blanquet, Rivas
Goday y Tüxen.
Durante estos últimos quince años y gracias al
esfuerzo de todos los anteriormente citados, hay casi dos
centenares de fitosociólogos activos en nuestro país lo que
asegura un fecundo porvenir.
En el último período, el de la difusión, en el que nos
encontramos, parece necesario distinguir la década de los
ochenta y la de los noventa. Con los ochenta se iniciaron
las Jornadas de Fitosociología, los grupos territoriales de
trabajo y también la multiplicación de los profesores
numerarios en las universidades. Ya al final de los ochenta
eran maestros y directores de investigación
fitosociológica en España: O. Bolós, J. Vigo y R. Masalles
en Barcelona; M. Costa y E. Barreno en Valencia; F. Alcaraz
en Murcia; F. Valle y J. Molero en Granada; A. Asensi, B.
Díaz Garretas y B. Cabezudo en Málaga; F. Fernández
González, C. Navarro, L.G. Sancho y D. Sánchez Mata en
Madrid; W. Wildpret, A. Santos y P.L. Pérez de Paz en
Tenerife; A. Penas en León; M. Ladero, C. Valle y F. Amich
en Salamanca; J. Izco y J. Amigo en Santiago; J.A.
Fernández Prieto y T. Díaz en Oviedo; L. Llorens en Palma
de Mallorca; M. Peinado en Alcalá y J. Loidi en Bilbao.
La década de los noventa está siendo para todos los
botánicos y en especial para los fitosociólogos de gran
avance y madurez. Estos años están marcados por hitos tan
importantes como las Jornadas de Fitosociología, las
Itinera Geobotánica y el macroproyecto de los hábitats de
la Directiva Europea, donde oficialmente el lenguaje
fitosociológico braunblanquetista pasa a ser el común para
la Biodiversidad fitocenótica, su conservación y gestión.
En lo que a mí respecta, lo digo ya sin amargura,
comencé la década con una profunda crisis personal derivada
de lo que yo entendía como incomprensión y poca
sensibilidad de la Administración y de algunos valiosos
colegas de otras disciplinas, hacia nuestras ciencias e
investigaciones. El prolongado discurso dialéctico que
mantuve como miembro de la primera comisión de evaluadores
de los tramos de la investigación científica en el área de
las Ciencias de la Tierra me dejó bastante agotado. Ver
escatimar o minorar el valor científico de colegas
veteranos que habían realizado con gran escasez de medios
notables aportaciones en la investigación y en el
desarrollo de la Universidad en la década de los 60, ver
desdeñar lo publicado por otros más jóvenes en las revistas
científicas españolas, o marginar el uso de nuestras
lenguas castizas, me condujo a un acusado escepticismo.
Aquel esfuerzo de raciocinio, que se prolongó durante más
de tres meses, dio sus frutos y felizmente el resultado de
la evaluación no fue demasiado malo para un buen número de
los compañeros de mi área, también hay que reconocerlo
gracias a la postrera comprensión y mejor disposición tanto
de los miembros de la comisión como del Ministerio. Otro
hecho que potenció mi escepticismo coyuntural fue la
participación en esas fechas en la comisión de los nuevos
planes de estudio de mi Facultad donde vi que tras la
reforma universitaria que teóricamente trataba de favorecer
el pluralismo y el trabajo en equipo, la realidad era un
notable incremento de individualismo y un anteponer los
intereses departamentales a los más globales de las
Facultades y Universidades. En resumen, en el comienzo de
la década de los noventa casi todo resultó antitético a mis
ideas y quehaceres.
Como mi natural es optimista pensé que ya vendrían
tiempos mejores. También pensé que me sería saludable pasar
una larga temporada en el exterior. La obtención de una
beca de Movilidad del Personal Investigador durante un año,
que luego pude continuar con otro año sabático complutense,
por llevar 25 años de profesor en tal Universidad, me
permitieron trasladarme a investigar a Estados Unidos lo
que me sanó casi de inmediato devolviéndome la ilusión y la
confianza de nuevo en mis viejas ideas y planteamientos
científicos, naturalmente adecuadamente rejuvenecidos.
Fruto de esa crisis superada fue la decisión de intentar
realizar en un plazo de seis años una nueva clasificación
bioclimática y biogeográfica de la Tierra. En esa
comprometida pero apasionante aventura intelectual es donde
ahora me hallo.
Tan difícil como ha sido hacer comentarios históricos,
resulta tratar de compendiar las circunstancias que
permitieron la consolidación de la Fitosociología en
España. Aun a riesgo de errar mucho en el diagnóstico se me
ocurre enumerar como esenciales los siguientes hechos:
- Realización de más de un centenar de tesis
doctorales sobre flora y vegetación de amplios
territorios de España.
- Multiplicación de las Universidades y de las plazas
de Catedrático y de Profesor Titular en los distintos
campos de la Biología Vegetal, con acceso de numerosos
jóvenes botánicos muy competentes en Sistemática y
Fitosociología.
- Publicación de más de un millar de trabajos de
calidad sobre vegetación.
- Creación de nuevas revistas de esta especialidad.
- Rápido flujo de la información y desarrollo de
ciencias fronterizas como Biogeografía,
Bioclimatología, Sinfitosociología, etc.
- Trabajos en equipos multirregionales y
multinacionales, con amplios debates científicos
teóricos y prácticos.
Pero pienso que aun habiendo sido determinantes las
razones expuestas, el auténtico secreto ha sido la
cordialidad entre todos, el flujo generoso de la
información, el respeto hacia el colega y hacia el
discrepante y, probablemente en buena medida, la alegría
del quehacer común.
Para terminar citaré una máxima que aprendí durante mi
época de Catedrático en la Universidad de Barcelona en la
que además sigo creyendo "Entre tots ho farem tot o no
farem res". De todo corazón, muchas gracias. Biotz biotzes
eskerrik asco.
Glosario geobotánico
Asociación. f. Unidad fundamental y básica de la
Fitosociología . Se trata de un tipo de comunidad vegetal
que posee unas peculiares cualidades florísticas (especies
características o diferenciales propias o una combinación
precisa de especies características de mayor rango
estadísticamente fieles), ecológicas, biogeográficas,
sucesionales, históricas o antropógenas. A su conocimiento
se llega mediante el estudio comparativo de los individuos
de asociación o inventarios (realidad concreta de la
tipología), en los que se anota y cuantifica la composición
florística y demás caracteres ecológicos y geográficos de
una comunidad vegetal homogénea particular. La toma del
inventario de asociación es la operación más importante de
la investigación fitosociológica. Las asociaciones de
composición florística, estadio, biótopo y hábitat
semejantes o vicariantes se pueden reunir en tipos o
unidades de rango superior (alianzas, órdenes, clases).
Bioclimatología.f. Disciplina que estudia la relación entre
el clima y los seres vivos.
Biocenosis. f. Unidad bioestructural y ambiental de los
ecosistemas. Está formada por las comunidades de organismos
(fitocenosis y zoocenosis), espacio que ocupan (biótopo) y
ambiente mesológico donde prosperan (hábitat). [Fitocenosis
+ Zoocenosis + Biótopo + Hábitat].
Biócora. m. Territorio y ambiente que ocupa una
biogeocenosis u holócena. Puede considerarse como la
biogeocenosis sin las comunidades de organismos.
Biogeocenosis. f. Bioestructura y ambiente de los
ecosistemas terrestres, es decir la expresión de las
biocenosis de la geobiosfera. Están constituidas por las
comunidades de organismos vegetales y animales, su biótopo
y su hábitat. Comunidades de organismos terrestres +
biótopo + hábitat. Como sinónimos se puede emplear holócena
y biogeócena.
Es práctica habitual de los ecólogos botánicos terrestres
sistematizar las biogeocenosis en base a sus comunidades
vegetales (fitocenosistemas o asociaciones), así como a sus
peculiares factores mesológicos y distribución geográfica.
De este modo la vegetación y su entorno pasan a ser el
sustento primordial de su tipología en el contexto de las
Ciencias de la Tierra. La validez de esta forma de operar,
en el ensayo de una modelización de los biomas a través de
la biodiversidad de sus comunidades vegetales, está
amparada por el éxito de su capacidad de predicción y de la
afinada jurisdicción eco-geográfica de tales unidades;
obviamente si bien estructuradas, definidas y comprobadas.
La base filosófica de estos asertos, comprobados por los
hechos, ha sido sintetizada no ha mucho por V.B. Sotchava
(Some axioms of vegetation science - Biogeographica 16: 5-
18 1979) en diversos axiomas: territorialidad,
sucesionabilidad, jerarquibilidad, dimensionabilidad,
etc.).
Biogeografía. f. Disciplina que estudia las causas de la
distribución y localización de las especies y biocenosis en
la Tierra. Asimismo, teniendo en cuenta las áreas actuales
y pretéritas de táxones y sintáxones, así como la
información procedente de otras ciencias de la Naturaleza
(Geografía física, Edafología, Bioclimatología, etc.) trata
de establecer una tipología o sistemática de los
territorios emergidos del planeta, cuyas unidades en orden
jerárquico decreciente son: reino, región, provincia,
sector, distrito y tesela.
Bioindicador. adj. m. Se dice tanto de táxones como de
sintáxones que pueden ser utilizados para poner de relieve
propiedades del medio o unidad de lugar. Por extensión
puede hablarse de bioindicadores geográficos , climáticos,
edáficos, etc. Los bioindicadores fitocenóticos son los
táxones (Fitosociología clásica) característicos o
diferenciales. Se utiliza también como sustantivo.
Bioma. m. Amplio conjunto de ecosistemas terrestres
delimitado por un macroclima, biocenosis y ecofunción
peculiares, donde el hombre puede haber intervenido en
mayor o menor grado. Son, por tanto, una expresión
tipológica de los ecosistemas terrestres y aúnan
biogeocenosis, ecofunción y uso del hombre. [Fitocenosis +
Zoocenosis + Biótopo + Hábitat + Ecofunción + Hombre].
Biosfera. f. Capa delgada de la superficie terrestre en la
que se hallan confinados los fenómenos vitales. Se puede
distinguir entre la geobiosfera o espacio principalmente
aéreo (ambiente de los ecosistemas terrestres o biomas, es
decir, directamente en contacto con la tropopausa) y la
hidrobiosfera o espacio principalmente acuático (ambiente
de los ecosistemas acuáticos, es decir inmersos en mares,
ríos y lagos). Geobiosfera + Hidrobiosfera.
Biótopo. m. Espacio, área o lugar ocupado por una comunidad
de organismos o por alguno de sus elementos constituyentes.
Puede ser ecológicamente homogéneo o estar formado por un
conjunto de residencias en vecindad.
Catena. f. Conjunto de comunidades vegetales contiguas
ordenadas en función de algún factor ecológico cambiante
(temperatura, humedad, topografía, etc.). Es la concreción
paisajística del fenómeno de la zonación. Su adjetivo es
catenal.
Clima. m. Síntesis estadística de los meteoros atmosféricos
de un territorio acaecidos durante un largo periodo de
tiempo (20-30 años), Los datos meteorológicos más
utilizados en bioclimatología son la temperatura y la
precipitación y en menor medida la humedad relativa y el
viento. En base a los valores de los parámetros climáticos
se distinguen climas cálidos, fríos, áridos, lluviosos,
continentales, etc.
Clímax. f. Etapa final de equilibrio en la sucesión
geobotánica. Comunidad vegetal o fitocenosis que representa
territorialmente la etapa de máximo biológico estable. Se
puede emplear también como expresión de una fitocenosis
madura y como la etapa final o asociación estable de una
serie de vegetación. Su adjetivo es climácico.
Comunidad. f. Poblaciones de diferentes organismos que
coexisten e interaccionan en un determinado biótopo y
hábitat. La ciencia que trata de ellas es la Cenología
(fito- y zoo-).
Comunidad vegetal. f. Conjunto más o menos homogéneo de
plantas pertenecientes a distintos táxones, que ocupan un
biótopo y hábitat determinados. La frase tanto puede
emplearse para designar individuos de asociación bien
definidos y caracterizados como para denominar tipos de
vegetación poco diferenciados y de valor fitosociológico
impreciso. Se emplea a veces como sinónimo de fitocenosis,
asociación o para designar cualquier sintaxon.
Dominio climácico. m. Area en la que una asociación vegetal
climatófila ejerce real o virtualmente la función de
climax. Habida cuenta su habitual diversidad pluriteselar,
se pueden reconocer unidades de menor rango más homogéneas.
Ecofunción. f. Proceso propio de los sistemas biológicos
abiertos autorregulados (feed-back), por el que la materia
producida (output) afecta positiva o negativamente a lo que
entra (input). En otras palabras, la entrada constante en
el biosistema de energía y sustancias desde fuera,
metabolizadas en su interior, afecta y regula todo el
conjunto de la biocenosis. Por tanto, la regulación
funcional o metabólica no es exclusiva de los organismos,
sino un rasgo común a todos los sistemas abiertos
(Bertalanfty, L. - 1972. General Systems Theory, New York).
Ecología. f. Ciencia que estudia las biocenosis y su
ecofunción (ecosistemas); es decir las interacciones de los
organismos entre si, las comunidades que constituyen,
ambiente donde se integran (hábitat), espacio que ocupan
(biótopo), así como su regulación respecto al medio en que
se hallan en la biosfera (ecofunción). [Biocenosis
(comunidades de organismos + hábitat + biótopo) +
Ecofunción].
Ecosistema. m. Sistema biológico abierto autorregulado
constituido por la biocenosis y por los procesos
funcionales de su interacción o ecofunción. [Biocenosis +
Ecofunción].
Estación. f. Véase hábitat. Conjunto de factores
mesológicos que actúan en una localidad geográfica o
biótopo y configuran una determinada comunidad vegetal. Con
sentido análogo se emplea hábitat.
Estadio. m. En Geobotánica designa a cada una de las
estructuras claramente delimitables en el proceso de la
sucesión. Como sinónimo se emplea etapa.
Etapa serial. f. En Geobotánica sucesionista se aplica a
cualquier comunidad, asociación o estadio que sustituye
(subserial) o antecede (preserial) a la clímax. Como
sinónimo se emplea etapa de sustitución.
Faciación de vegetación. f. Unidad elemental de la
Fitosociología integrada (ciencia del paisaje vegetal) de
rango inferior a la serie de vegetación. Trata de designar
el conjunto de estadios o comunidades vegetales que
pertenecen a teselas íntimamente relacionadas por unos
precisos factores ecológicos, es decir, representa tipos de
vegetación ligados por la sucesión y el medio. La faciación
suele corresponder a una sinsubasociación o subsigmetum.
Para denominarla, tras el nombre de la serie, deben
añadirse los epítetos geográficos, ecológicos o florísticos
más significativos del medio.
Fitosociología. f. Ciencia ecológica que estudia las
biocenosis desde una perspectiva botánica (fitocenosis o
fitosintáxones). En otras palabras, se ocupa de las
comunidades vegetales, de sus relaciones con el medio y de
los procesos temporales que los modifican. Con toda esta
información, a través de un método inductivo y estadístico,
basado en la realidad del inventario fitosociológico de
vegetación, trata de crear una tipología jerárquica
universal en la que la asociación es la unidad básica del
sistema taxonómico. Hoy distinguimos, además de la
Fitosociología clásica o braunblanquetista (nivel de
asociación), la fitosociología dinámico-catenal o
paisajista en la que sus unidades son la serie o sigmetum
(Fitosociología dinámica o sucesional) y el geosigmetum o
geoserie (Fitosociología catenal).
Formación. f. Conjunto de comunidades vegetales propio de
un amplio territorio, delimitado en primer lugar por la
fisionomía resultante de la organización espacial conferida
por las formas biológicas (biótipos) de las plantas
predominantes y correspondientes al estadio maduro de la
serie o clímax, pero que tiene en cuenta criterios
florísticos, climáticos, edáficos, biogeográficos,
paleohistóricos, antropógenos y catenales.
Concebida la formación de este modo, se aúnan la tradición
fisionómico-ecológica continental-europea desde Grisebach a
Rübel y los criterios sucesionistas norteamericanos de
Clements, lo que permite aproximarla además a los conceptos
de biogeocenosis y bioma. También es factible, en los
territorios bien estudiados con el método fitosociológico
de Braun-Blanquet, utilizar las asociaciones sigmatistas
como unidades diagnósticas elementales. En cualquier caso,
la formación es un macromodelo geobotánico ecléctico, que
puede ser definido al amparo de cualquier aproximación
ecológica seria.
Geobotánica. f. Ciencia de la relación entre la vida
vegetal y el medio terrestre (biosfera). Con el mismo
significado puede utilizarse el término Ecología Vegetal.
Como ciencias afines o derivadas más destacables se pueden
citar: Fitosociología, Biogeografía, Bioclimatología y
Edafología.
Geosigmetum. m. Denominado también geosigmasociación o
geoserie, es la unidad básica de la Fitosociología
integrada o paisajista (Geosinfitosociología). Trata de ser
la expresión fitosociológica catenal y sucesionista de la
ciencia del paisaje vegetal. Se construye con los sigmetum
o series de vegetación contiguas, es decir tanto con las
etapas maduras como con sus estadios o comunidades
vegetales seriales, delimitados, delimitados por una unidad
fitotopográfica de paisaje (valles, llanuras, crestas,
turberas, ríos, etc.) dentro de una misma unidad
biogeográfica (distrito o sector).
Hábitat. m. Ambiente o conjunto de factores mesológicos
(luz, clima, suelo, etc.), en los que se desarrolla una
biocenosis. Se puede utilizar como sinónimo de estación.
Medio. m. Suma de factores que integran una unidad de
lugar. Hay que distinguir entre medio geográfico, en cuanto
físico, que trata de la configuración del lugar, y medio
estacional, como la suma de los factores ecológicos
naturales que inciden y condicionan dicho lugar. El medio
antropógena sería el profundamente modificado por el hombre
y sus actividades.
Nicho. m. Espacio ocupado y papel desempeñado por una
población en un biótopo.
Ombroclima. m. Parte del clima que se refiere a las lluvias
o precipitaciones. La cantidad de lluvia que cae en una
localidad se expresa en litros por metro cuadrado o en
milímetros de altura, que son en mismo número.
Piso bioclimático. m. Cada uno de los tipos o grupos de
medios que se suceden en una cliserie altitudinal o
latitudinal. Se delimitan en función de los factores
termoclimáticos (termotipos) y ombroclimáticos (ombrotipos)
cambiantes, a cada uno de los cuales corresponden
determinadas comunidades vegetales. Aunque el fenómeno de
la zonación tiene valor universal, cada región o grupo de
regiones biogeográficas afines posee sus peculiares pisos
bioclimáticos, en los que existen comunidades vegetales de
estructura y composición florística particulares que se han
denominado cinturas o pisos de vegetación.
Piso de vegetación. m. Cada uno de los complejos de
comunidades vegetales o series de vegetación que se
escalonan en una cliserie altitudinal. Así, en la cliserie
de los Alpes, en el seno de cada piso bioclimático: alpino,
subalpino, montano y colino se reconocen, según sean sus
peculiaridades edáfficas, climáticas o históricas,
distintos tipos de cinturas o grados de vegetación
caracterizados cada uno por unas comunidades vegetales y
flora propias.
Población. f. Conjunto de individuos de la misma especie
que conviven en un mismo lugar y tiempo. Sus rasgos
principales son: su nicho, tamaño, crecimiento,
competitividad, etc.
Serie de vegetación. f. Unidad geobotánica que trata de
expresar todo el conjunto de comunidades vegetales o
estadios que pueden hallarse en unos espacios teselares
afines como resultado del proceso de la sucesión. Lo que
incluye tanto el tipo de vegetación representativo de la
etapa madura o cabeza de serie como las comunidades
iniciales o subseriales que le reemplazan. Concebida de
este modo, la serie de vegetación resulta ser sinónima de
asociación o sigmetum, unidad básica de la Fitosociología
dinámica o Sinfitosociología. Si integramos a una serie sus
contiguas, es decir, si tenemos en cuenta además de la
sucesión el fenómeno catenal -por ejemplo, las series
climatófilas y edafófilas que pueden hallarse en contacto-,
estamos delante de otra unidad más compleja que se denomina
geoserie, geosinasociación o geosigmetum, unidad elemental
de la Fitosociología catenal o Geosinfitosociología. La
ciencia del paisaje vegetal o Fitosociología integrada o
paisajista tiene por el momento tres posibles
aproximaciones y métodos de trabajo según el fin
perseguido: a) la de las asociaciones: Fitosociología
clásica o braunblanquetista, b) la de las series o
sigmetum: Sinfitosociología, c) la de las geoseries:
Geosinfitosociología. Para la correcta denominación de una
serie de vegetación, sinasociación o sigmetum se debe
construir una frase diagnóstica que indique ordenadamente,
además de los factores ecológicos y geográficos más
significativos (a: termotipo climático; b: biogeografía; c:
ombrotipo; d: afinidades edáficas; etc.) y la especie
dominante o cabeza de serie de la comunidad madura. Cabe
distinguir entre las series climácicas o climatófilas, es
decir, las que se inician y ubican en suelos que sólo
reciben el agua de lluvia (dominios climácicos) y las
edafófilas, que se hallan en suelos especialmente secos o
acuáticos. Como unidades de rango inferior a la serie
pueden emplearse las subseries y las faciaciones de
vegetación, como superiores las macroseries e hiperseries
(sigmion, sigmetalia, sigmetea). Como expresión catenal de
series que se hallan en contacto y se sustituyen en función
de un gradiente ecológico (humedad, topografía, etc.)
dentro del mismo distrito o sector corológico se emplea el
término de geoserie, que se hace sinónimo de geosigmetum.
Sigmetum. m. Unidad tipológica de la Fitosociología
dinámica o Sinfitosociología. Trata de ser la expresión
sucesionista de una serie de vegetación o dominio
climácico, es decir, de un territorio homogéneo geográfica
y ecológicamente en el que una asociación ejerce la función
de clímax. Se denomina también sinasociación o serie de
vegetación.
Sintaxon. m. En la sistemática de las comunidades vegetales
o taxonomía fitosociológica (sintaxonomía) cualquiera de
los rangos o tipos que se reconocen. La unidad básica es la
asociación, que se designa por una combinación latina de
dos especies de entre las más representativas que existen
en su seno, añadiendo la terminación -etum al radical del
nombre genérico que figura en segundo lugar, en tanto que
el primer género se termina por una vocal de unión; los
epítetos específicos se declinan en genitivo (Código de
Nomenclatura Fitosociológica). Unidades de rango superior a
la asociación son: subalianza (-enion), alianza (-ion),
suborden (-enalia), orden (-etalia), subclase (-enea),
clase (-etea); de rango inferior: subasociación (-etosum),
variante y facies.
Sucesión. f. Proceso natural por el que se sustituyen unas
comunidades vegetales o estadios por otros dentro de la
misma unidad de lugar o tesela. Puede hablarse de sucesión
progresiva -la que conduce hacia el óptimo estable o climax-
y de sucesión regresiva la contraria (regresión; etapas
subseriales). El proceso: progresivo y regresivo no sigue
necesariamente las mismas etapas.
Taxon. m. En la sistemática de los seres vivos o taxonomía
biológica cualesquiera de los rangos o tipos que se
reconocen. La unidad básica de esta tipología es la
especie, designada por un binomen latino o combinación
(genérico-específica). Unidades de rango principal superior
son: género, familia, orden, clase y división, y las de
rango inferior: subespecie, variedad y forma.
Tesela. f. Unidad elemental de la Biogeografía. Se trata de
un territorio o superficie geográfica, de mayor o menor
extensión, homogéneo ecológicamente. Lo que quiere decir
que sólo posee un tipo de vegetación potencial y por
consiguiente una sola secuencia de comunidades de
sustitución.
Vegetación potencial. f. Comunidad vegetal estable que
existiría en un área dada como consecuencia de la sucesión
progresiva si el hombre dejase de influir y alterar los
ecosistemas. En la práctica se considera a la vegetación
potencial como sinónimo de clímax e igual a la vegetación
primitiva (aún no alterada por el hombre). No obstante se
debe distinguir entre vegetación potencial climatófila y
las correspondientes a las series edafófilas (comunidades
permanentes).
Zonación. f. Fenómeno ecológico por el que debido a
factores mesológicos gradualmente cambiantes (aumento o
disminución de temperatura, humedad o trofía del suelo,
relieve, etc.), las comunidades vegetales se disponen de un
modo ordenado y contiguo en función de tal gradiente. La
expresión concreta es la catena (agrupación de teselas o
macroteselas en vecindad).
Zonobioma. m. Bioma delimitado por unos amplios y
peculiares caracteres climáticos, edáficos y de vegetación
zonal (clímax). Walter, creador del término y de este
importante concepto, reconoce en la geobiosfera nueve
zonobiomas con sus correspondientes zonas climáticas, cuyas
áreas adyacentes ambiguas las denomina zonoecótonos. Las
montañas elevadas, aunque climáticamente reunidas en una
sola unidad en toda la tierra (zona climática de montaña),
las trata como "orobiomas" particulares dentro de los
territorios delimitados por sus nueve zonobiomas. Asimismo,
en las estaciones edáficas excepcionales con vegetación
azonal, reconoce los "pedobiomas"; que a su vez designa por
el factor edáfico preponderante como litobiomas (suelos
rocosos), psammobiomas (suelos muy arenosos), halobiomas
(suelos salinos), hidrobiomas (suelos cubiertos de agua),
peinobiomas (suelos pobres en nutrientes), etc.. Zonobioma
= Vegetación zonal + Macroclima + Suelo zonal.