Dr.H.C.Bilbao 1.995 (Publication)
Worldwide Bioclimatic Classification System
S.Rivas-Martínez

La Fitosociología en España

Salvador Rivas-Martínez


(Read Speech Dr.H.C.Bilbao 1.995)

     Excmo.  y Magnífico Sr. Rector, Excmo. Sr. Lehndakari,
Dras., Dres. del Claustro Universitario, Sras. y Sres.

      Sean  mis  primeras  palabras  de  gradecimiento   al
Departamento de Biología Vegetal y Ecología, a su  Director
el  Prof. Javier Loidi Arregui y a la Facultad de Ciencias,
por  haberme  enaltecido en grado sumo al  proponerme  como
Doctor Honoris Causa. También quiero expresar mi gratitud a
la  Junta de Gobierno de la Universidad del País Vasco y  a
su   Rector  Magnífico  el  Prof.  Juan  José  Goiriena  de
Gandarias.

     Sobre  cuales  hayan podido ser los méritos  para  que
acceda  a  este gran honor, por más que reflexiono  no  los
hallo,   salvo  aquellos  que  puedan  derivarse   de   una
circunstancia  ajena:  el  afecto  que  inmerecidamente  me
profesan algunos claustrales presentes. No pienso que pueda
ser  tenido como mérito, sino como privilegio, el que desde
joven  mostrase interés botánico por el País Vasco, ya  que
lo heredé de mi padre.

     Este  lance tan emotivo en que me encuentro, hace  que
reviva  aquellos largos veranos de mi niñez y  adolescencia
transcurridos  en Deva y Zarautz. Vienen a mi  memoria  los
apacibles  paisajes  de  prados, manzanos  y  argomales  de
nuestras meriendas camperas; los viejos amigos y amigas  de
Eibar,  Bilbao, Logroño y Pamplona; la música del   quiosco
de  la  plaza,  las  misas  dominicales,  las  partidas  de
frontón, mis chapas del Atletic de Bilbao y los partidos de
fútbol  en  la  playa las mañanas de bajamar. También,  con
añoranza,   recuerdo  a  mi  madre,  siempre  vigilante   y
orgullosa  de  sus cinco hijos. Y sobre todo,  a  mi  padre
aquellos  meses de su agosto vacacional, al  que  compañaba
casi  todas  las  tardes en su peregrinar estudioso  de  la
vegetación  del  País  Vasco, y que  a  veces  como  premio
terminaban con unas sabrosas sardinas en Guetaria,  que  él
acompañaba con el entonces ácido chacolí.

     Aunque por profesión posea el amplio y honroso  título
de  botánico,  en  realidad, a lo  que  preferentemente  he
dedicado   mis   estudios  e  investigaciones   es   a   la
Fitosociología. Por ello, tendrán que disculpar que a  ella
me refiera.

Conceptos generales

      La  Fitosociología  es  una  ciencia  joven,  aún  no
centenaria,  emanada de la Geobotánica y,  por  tanto,  una
parte  de  la  Ecología o ciencia de  los  ecosistemas.  La
Fitosociología, en concreto, se ocupa del  estudio  de  las
biocenosis desde una perspectiva botánica; es decir, de las
comunidades vegetales, de sus relaciones con el medio y  de
los  procesos temporales que las modifican. Con  toda  esta
información, a través de un método inductivo y  estadístico
basado  en  la  realidad del inventario fitosociológico  de
vegetación,   trata  de  crear  una  tipología   jerárquica
universal  en la que la asociación es la unidad básica  del
sistema.

     La  asociación  corresponde  a  un  tipo  concreto  de
comunidad  vegetal  que posee, además de unas  determinadas
cualidades  mesológicas y precisa jurisdicción  geográfica,
unas  peculiaridades  florísticas  expresadas  en  especies
características  y diferenciales propias,  estadísticamente
fieles  a determinadas residencias ecológicas de un biótopo
dado,   en  un  momento  estructuralmente  estable  de   la
sucesión.  A su conocimiento se llega mediante  el  estudio
comparado  de  los individuos de asociación o  inventarios,
única  realidad concreta de la tipología,  en  los  que  se
anota  y  cuantifica la de una comunidad vegetal  homogénea
particular.  La  toma del inventario de  asociación  es  la
operación    más    importante    de    la    investigación
fitosociológica.    Las   asociaciones    de    composición
florística, estadio, biótopo y hábitat semejantes se pueden
agrupar en unidades de rango superior : alianzas, órdenes y
clases.  Como  se  ha  dicho, la asociación  representa  la
unidad  tipológica  básica del sistema y  el  individuo  de
asociación  o  inventario la única  realidad  concreta;  en
otras   palabras  la  sola  referencia  tangible    de   la
sintaxonomía.   Si  se  me  permite  hacer   una   analogía
conceptual el inventario es para la Fitosociología  lo  que
el ejemplar y su descripción representan para la especie en
la taxonomía biológica.

     El desarrollo de las Ciencias de la Naturaleza ha sido
una  constante durante las últimas décadas. Tal vez más que
el  descubrimiento  de nuevos hechos y  la  descripción  de
nuevas  especies pretéritas o vivientes, el interés  se  ha
ido decantando hacia el conocimiento de las leyes naturales
que  rigen  la  distribución de la  Biodiversidad  y  hacia
planteamientos  globales  en estas  Ciencias.  Tampoco  los
aspectos  ecofuncionales han sido  ajenos  a  la  creciente
atención  científica en estos campos. El cambio de  actitud
ha dado como resultado un notable avance epistemológico, la
aparición  o redefinición de nuevas disciplinas  ecológicas
híbridas   y,  sobre,  todo  una  destacable  clarificación
terminológica y conceptual. Como elementos retardatarios de
este   innegable  progreso,  que  debería  ser   fruto   de
reflexión, pueden enumerarse: la limitada atención  que  en
los  estudios  preuniversitarios y universitarios  se  está
confiriendo  a las Ciencias Naturales, a la Geografía  y  a
las  lenguas  clásicas,  y, paradójicamente,  la  exagerada
idealización  de  las  posibilidades de  ciertos  programas
informáticos que está acarreando en determinados grupos  de
jóvenes  investigadores pereza mental, sumisión y falta  de
creatividad.

     Si  hacemos  hoy  un  ejercicio  sintetizador  de  los
conceptos naturalistas y ambientales, deberíamos definir la
Ecología  como la ciencia que estudia las biocenosis  y  su
ecofunción,  lo que no es otra cosa que el estudio  de  los
ecosistemas.    Las   biocenosis   serían   las    unidades
bioestructurales  y  ambientales  de  los   ecosistemas   y
estarían   formadas  por  las  comunidades  de   organismos
(fitocenosis  y  zoocenosis), por los espacios  que  ocupan
(biótopos) y por los hábitat o ambientes mesológicos  donde
prosperan.

     El concepto ruso de biogeocenosis sería similar al  de
biocenosis,  pero  sólo representaría  la  bioestructura  y
ambiente  de  los  ecosistemas  terrestres;  es  decir,  su
expresión en la geobiosfera. Con pocos retoques entraríamos
en  el  concepto  norteamericano de bioma; se  trataría  de
amplias    biogeocenosis   estructurales   y    funcionales
utilizadas  por el hombre de un modo extensivo tradicional.
De  la  mano  de estos biomas estaríamos en modelos  reales
como la tundra, la taiga, el bosque deciduo, la sabana,  la
selva ecuatorial etc.; es decir, inmersos en el mundo de lo
concreto.

     Otro aspecto ecológico, que tal vez mereciese la  pena
deslindar  y  comentar  sucintamente  por  sus  importantes
implicaciones  investigadoras, políticas y de  gestión  del
territorio, sería la necesidad de distinguir al menos  tres
grandes  espacios  o  ecosistemas  terrestres  de   uso   y
jurisdicción  antitética:  los  ecosistemas   naturales   y
seminaturales, los rurales y los urbano-industriales;  cada
uno de ellos acreedor de  atención por diferentes expertos.
Los  ecosistemas naturales y seminaturales, por su compleja
biodiversidad  y  variabilidad,  deberían  ser   patrimonio
científico preferente de los Naturalistas, término éste  en
desuso  frente  a  otros  como biólogo,  geólogo,  ecólogo,
botánico,  etc..,  pero  que  convendría  rescatar  por  su
tradición  y  enjundia. Los ecosistemas  rurales,  dado  su
interés económico inmediato en la producción de alimentos y
materias  primas,  tendrían que  ser  el  escenario  de  la
atención  científica preferente de la ingeniería  agrícola,
forestal y zootécnica. Por último, los ecosistemas  urbano-
industriales, por la obvia problemática humana y  económica
que  conllevan,  serían  el área científica  primordial  de
urbanistas, arquitectos y técnicos industriales.  Cada  uno
de  estos  grandes espacios de intereses múltiples requiere
investigaciones y gestiones específicas. Por desgracia,  la
frecuente confusión y mezcolanza en estos temas, arbitrados
por   políticos,  gestores  y  científicos   de   intereses
contrapuestos, tiende a perjudicar la parte más  débil  que
obviamente  resulta ser la de los ecosistemas  naturales  y
seminaturales,  que es la que al final cuenta  con  menores
atenciones e inversiones.
     La  situación  no  pasaría de  ser  anecdótica  si  no
confluyesen dos circunstancias importantes. La  primera  es
que  el futuro de la humanidad, de la salud y de la calidad
de   vida,  está  en  gran  medida  condicionada   por   el
mantenimiento incólume, o en ocasiones por la   recreación,
de  estos  grandes recursos que representan las biocenosis.
La  segunda  es que, si bien existe un compromiso  político
internacional  recientemente plasmado en la Conferencia  de
Río  de  Janeiro  de  1.992,  (suscrita  y  ratificada  por
España),  de conservar  la Biodiversidad, y que en  nuestro
caso  queda  reforzado  por  la  legislación  de  la  Unión
Europea,  (una  de  cuyas  Directivas  más  conocidas  para
nosotros  es la de Conservación de los Hábitats  Naturales,
de  julio  de 1.992), todavía el horizonte conservacionista
en nuestro país permanece incierto.

Clasificaciones fisionómico-ecológicas

     De  entre las propuestas sugeridas para el estudio  de
la   vegetación   y  de  sus  asociaciones  o   estructuras
repetitivas  con  información catalogable  -en  base  a  la
concepción que presintió e hilvanó  Humboldt en  el  primer
tercio  del  siglo diecinueve- hay que destacar  en  primer
lugar,   en   las  aproximaciones  a  gran   escala,    las
clasificaciones fisionómico-ecológicas con base florística.
A  estos  ensayos geobotánicos de gran trascendencia,  cuyo
paradigma  fue la formación vegetal, podrían referirse  los
nombres  de  sus  más  preclaros  creadores  o  seguidores:
Grisebach,  Schimper, Rübel, Brockmann-Jerosch, Huguet  del
Villar, Walter, Schmid, Rivas Goday, Sotchava, Schmithüsen,
Ellenberg, y otros más. Todos esos trabajos representan una
parte  esencial del contenido epistemológico de la  Ciencia
de  la  Vegetación  y  de  la  Fitosociología  actual.  Los
últimos  ensayos mencionados, por estar ya  impregnados  de
los   conceptos   de   Braun-Blanquet,  son   esencialmente
eclécticos y de tan fructífero trasvase conceptual no  cabe
más que felicitarse.

     El concepto de formación, como se ha dicho, ha variado
bastante desde que Grisebach lo introdujera en 1838 con  un
sentido   esencialmente   fisionómico.   En   el   Congreso
Internacional de Botánica de Bruselas de 1910 ya se definió
la formación como "expresión de determinadas condiciones de
vida, organizada por asociaciones que se diferencian en  su
composición   florística,  pero  que   coinciden   en   las
condiciones  estacionales y en sus formas biológicas".  Las
Escuelas  Fitogeográficas del primer tercio de  este  siglo
fueron  las  que más enfatizaron en los valiosos  criterios
sucesionistas.  Así  la  Comisión  Inglesa  de   Vegetación
definió  la  formación como "una serie de etapas  naturales
del  desarrollo de la vegetación en una estación dada",  y,
poco después, Clements, en Estados Unidos, llamó formación-
clímax  a  la  unidad fisionómica final en  el  proceso  de
sucesión.  En  el  momento  actual  puede  considerarse  la
formación como un "conjunto de comunidades vegetales propio
de  un amplio territorio, delimitado en primer lugar por la
fisionomía resultante de la organización espacial conferida
por   las  formas  biológicas  (biotipos)  de  las  plantas
predominantes  correspondientes al  estadio  maduro  de  la
serie  o  clímax,  que tiene en cuenta,  además,  criterios
florísticos,    climáticos,    edáficos,    biogeográficos,
paleohistóricos, antropógenos y catenales".
     Concebida  la  formación de este modo,  se  aúnan  las
tradiciones  fisonómico-ecológicas  continentales  europeas
desde    Grisebach   a   Rübel   con   las    sucesionistas
angloamericanas, lo que permite aproximarla a los conceptos
recientes de biogeocenosis y bioma. También es factible, en
los    territorios   bien   estudiados   por   el    método
fitosociológico    de    Braun-Blanquet,    utilizar    las
asociaciones   sigmatistas   como   unidades   diagnósticas
elementales.  En  cualquier  caso,  la  formación   es   un
macromodelo geobotánico  ecléctico y sólido que  puede  ser
definido al amparo de cualquier aproximación fitogeográfica
seria.

     Entre las clasificaciones de las formaciones vegetales
de la tierra que han tenido más éxito y aceptación general,
se  pueden  destacar en este siglo las de Diels, Brockmann-
Jerosch  &  Rubel y más recientemente, con el apoyo  de  la
UNESCO, la de Ellenberg & Mueller-Dombois.

     Diels (1910) reconoció 18 formaciones distribuidas  en
bosques  (drymium), fruticedas (thamnium), praderas (poium)
y  herbazales (phorbium) reunidas por el factor hídrico  de
la   estación   en   cuatro  grandes   grupos   ecológicos:
hydatophytia,  mesophytia, hydrophytia y  xerophytia,  cada
unos  de  ellos con diversas formaciones. I.- En  el  medio
acuático  o  hydatophytia distinguió  las  formaciones:  1.
Thalassium (de talasófitos o de aguas marinas), 2.  Limnium
(limneas   o  de  aguas  dulces  remansadas),  3.  Potamium
(potamófilas o de aguas dulces fluyentes). II.- En el medio
emergido terrestre no hidrófilo o mesophytia distinguió las
formaciones:    4.    Tropodrymium    (bosques    sabaneros
caducifolios),   5.   Therodrymium  (bosques   caducifolios
templados  verdes  en  verano, 6. Conodrymium  (bosques  de
coníferas  aciculifolios), 7. Mesothamnium  (fruticedas  de
hojas  esclerófilas), 8. Mesopoium (pastos de  sabana),  9.
Mesophorbium (megaforbios). III.- En el medio  terrestre  o
semiterrestre  con balance hídrico positivo o  sobrante  de
agua   o   hydrophytia  distinguió  las  formaciones:   10.
Halodrymium (bosques tropicales litorales o manglares), 11.
Hygrodrymium (bosques de lluvia constante), 12.  Hygropoium
(praderas  higrófilas), 13. Hygrophorbium (prados turbosos,
bajas  turberas o planas infracuáticas), 14. Hygrosphagnium
(altas turberas de Sphagnum o abombadas supracuáticas). IV.-
Por  último en el medio terrestre de los climas secos y  de
suelos con balance hídrico negativo o Xerophytia distinguió
las  formaciones:  15.  Xerodrymium  (bosques  secos),  16.
Xerothamnium  (fruticedas secas espinosas),  17.  Xeropoium
(estepas  o  pastos  secos), 18.  Xerophorbium  (herbazales
secos).

     Brockmann-Jerosch  & Rübel (1912, 1919)  aceptaron  en
primer  lugar  tres tipos estructurales de  vegetación:  a)
lignosa [silva (especies dominantes los árboles), fruticeta
(especies  dominantes los arbustos)], b) herbosa  (especies
dominantes  las  hierbas) y c) deserta  (vegetación  en  su
óptimo  abierta  o desiertos). En las lignosa  reconocieron
siete     grandes    formaciones    fisionómico-ecológicas,
agrupadas,  además de por su aspecto estructural,  por  sus
semejanzas  mesológicas, geográficas y sucesionales.  Tales
unidades  zonales  las  designaron  como:  1.  Pluvilignosa
(bosques  y  fruticedas trópico-ecuatoriales de lluvia  con
hojas  siempreverdes  glabras y yemas  no  protegidas);  2.
Laurilignosa  (bosques y fruticedas  tropicales  con  hojas
siempreverdes    glabras    y    verdinegras,    dispuestas
perpendicularmente  a  la  luz  y  con   las   yemas   bien
protegidas; 3. Durilignosa (bosques y fruticedas  provistas
de   hojas  siempreverdes  y  coriáceas,  subtropicales   y
templados   de   clima   mediterráneo),   4.   Ericilignosa
(formación  principalmente arbustiva en la que abundan  los
fanerófitos de hojas ericoides, propia de climas  oceánicos
desde los trópicos hasta las zonas polares; 5. Aestilignosa
(bosques  y  fruticedas  en la que predominan  las  plantas
caducifolias  en invierno, de yemas peruladas,  propias  de
países   templados  y  fríos,  así  como  en  las  montañas
subtropicales   no   continentales    en    demasía);    6.
Hiemilignosa  (bosques  y  fruticedas  provistos  de  hojas
durante  la  época lluviosa y deshojados durante  la  seca,
propios  de  países  tropicales con  una  estación  seca  o
carente   de   lluvias);  7.  Aciculilignosa   (bosques   y
fruticedas con plantas provistas de hojas aciculares verdes
todo  el  año). En las fitocenosis correspondientes  a  las
herbosa distinguieron según el agua del suelo: terriherbosa
y  aquiherbosa. Y por último, en las deserta, es  decir  en
las  fitocenosis  muy  abiertas y  discontinuas,  según  el
carácter  mesológico desfavorable causante de tal situación
distinguen:  a)  siccideserta  (causada  por  la   excesiva
sequedad del medio, bien sea de origen climático o edáfico,
como  la salinidad); b) frigorideserta (causada por el frío
y  propia de las altas montañas y de las zonas muy  frías);
c) littorideserta (causada por la acción desertizante de la
maresía  o hálito salino marino); d) mobilideserta (causada
por la poca cohesión y movilidad del suelo, como arenales y
cascajares);  y  e)  petrideserta  (causada  por  la   gran
cohesión  del  terreno y limitada cubierta de suelos,  como
rocas, muros, peñascos, cantiles, etc.).

     La  clasificación propuesta por Ellenberg  &  Mueller-
Dombois  (1967,  1973),  fruto  de  diversas  reuniones   y
múltiples  aproximaciones propiciadas por la  UNESCO  entre
1964  y  1966,  crea  una serie de  rangos,  que  en  orden
decreciente   van  desde  la  clase  de  formación   (rango
supremo),   a   las   subclases,  grupo   de   formaciones,
formaciones, subformaciones o, incluso, las variaciones  de
éstas,  siguiendo un método deductivo. Los  criterios  para
delimitar   las  siete  clases  de  formaciones   son   los
fisionómicos clásicos (silva, fruticeta, herbosa,  deserta,
etc.).   Las   subclases,  en  las  unidades  leñosas,   se
distinguen entre sí por la persistencia y xeromorfía de las
hojas.  En los grupos de formaciones deciden los caracteres
climáticos   y   geográficos   más   sobresalientes.    Las
formaciones, en sentido estricto, corresponden a los grupos
de  fitocenosis  más conspicuos y conocidos,  que  caso  de
resultar  excesivamente  grandes  o  algo  ambiguos  pueden
segregarse   en  unidades  menores  en  base  a  caracteres
morfológicos o ambientales sobresalientes. Se trata de  una
clasificación  inteligente y abierta que  se  preparó  para
realizar  una  cartografía general de la vegetación  de  la
Tierra,  ya que a la sazón, por falta de datos suficientes,
no   se   podía  plantear  un  método  inductivo  puramente
fitosociológico que tuviese jurisdicción en  todo el Mundo.

     Las  clases  de  formación son las  siguientes  (entre
paréntesis, el nombre adjudicado por sus autores y  algunos
posibles sinónimos):

    I.-Bosques cerrados (closed forests, selvas).
    II.-Bosques  abiertos (woodlands,  arboledas,  parques,
    monte alto).
    III.-Fruticedas  (scrublands,  espinales,  monte  bajo,
    semidesiertos de arbustos).
    IV.-Matorrales  (dwarfscrublands,  tomillares,  landas,
    semidesiertos de matas).
    V.-Vegetación    herbácea    terrestre     (terrestrial
    herbaceous  communities,  prados,  sabanas,   praderas,
    megaforbios).
    VI.-Desiertos   y   otras  formaciones   muy   abiertas
    (deserts   and   other   scarcely   vegetated    areas,
    mobilideserta, rupideserta).
    VII.-Formaciones  acuáticas (aquatic plant  formations,
    rizomenon, pleuston).

Evolución de la Fitosociología

      A  principios   de  este  siglo,  por  influencia  de
Flahault, fue consagrado el término de asociación como  una
comunidad  de composición florística determinada que  debía
poseer  una  fisionomía y composición biotípica peculiares.
Los  trabajos de Braun-Blanquet y de sus discípulos  en  el
primer  tercio de este siglo fueron aportando gran cantidad
de  información  geobotánica en base florística,  que  hizo
posible    que  el  concepto  de  asociación  se   emplease
internacionalmente para las comunidades definidas  por  sus
especies    características   y   diferenciales   (Congreso
Internacional de Amsterdam, 1935). Tras el éxito inicial de
la  escuela  de  Zürich-Montpellier,  que  es  sinónimo  de
Fitosociología  braunblanquetista,  se  abrió   el   camino
fecundo  en  el  que estamos y que ha ido  desarrollando  e
integrando  otros  conceptos dinámicos (Sinfitosociología),
corológicos  (Biogeografía), climáticos  (Bioclimatología),
históricos (Paleosimbiología), etc.

     La  evolución  de la Fitosociología en  estos  últimos
lustros  ha  sido  importante. Sobre  todo  por  haber  ido
incorporando  información procedente de  áreas  científicas
adyacentes.  También ha influido sin duda en su  desarrollo
el haber participado en planteamientos multidisciplinares y
en  la  búsqueda  de soluciones a problemas  metodológicos,
sucesionales,  climáticos,  biogeográficos,  funcionales  y
cartográficos.

      Tras   la   avalancha  de  numerosas  investigaciones
analíticas   y  sintéticas  sobre  comunidades   vegetales,
biótopos  y hábitats, acaecidas en las últimas décadas,  se
ha  ido  haciendo cada vez más necesario ensanchar la  base
doctrinal y ensayar modelos más globalizadores, para  poder
seguir   avanzando  en  estas  áreas  de  la  ciencia.   La
Fitosociología ha ido incorporando, como bagaje  científico
imprescindible   en  el  análisis  y  descripción   de   la
vegetación, muchos conocimientos propios de otras  ciencias
y  especialidades  como  la Biosistemática,  Geomorfología,
Edafología, Climatología, Ecofisiología, etc. El incremento
del  acervo  científico de la Fitosociología ha  dado  como
resultado la aparición de modelos más sólidos y predictivos
así  como  nuevas formulaciones en ciencias  fronterizas  o
híbridas  como  la  Biogegrafía,  la  Bioclimatología,   la
Ecología del Paisaje, y otras.

     Con  todo  ello,  como  ocurre  siempre  en  el  árbol
frondoso  e  inagotable de la ciencia,  la  confluencia  de
savias y ramas hace que surjan  ramúsculos nuevos que si se
cuidan   adecuadamente  llegan  a   hacerse   vigorosos   e
independientes,  merced  a  la  aparición  de  un  lenguaje
científico  propio, fruto inevitable de  los  conocimientos
nuevos que se acuñan.

     Aunque  sea  con  brevedad voy a referirme  a  algunos
avances  conceptuales  acecidos en  nuestra  ciencia.  Hoy,
además de la Fitosociología clásica o braunblanquetista que
se  ocupa en primer lugar de las asociaciones vegetales, se
reconoce  la  Fitosociología dinámico-catenal o paisajista,
cuyas  unidades  elementales son la serie de  vegetación  o
sigmetum  en  lo  dinámico y la geoserie  de  vegetación  o
geosigmetum en lo catenal.

     El sigmetum  trata de ser la expresión sucesionista de
un  dominio climácico; es decir, de un territorio homogéneo
geográfica y ecológicamente en el que una asociación ejerce
la  función  de clímax. Esta unidad geobotánica  ecléctica,
propuesta por mí hace poco más de una década, representa  a
todo  el  conjunto de comunidades vegetales o estadios  que
pueden  hallarse  en  unos espacios teselares  afines  como
resultado  del  proceso de sucesión  tanto  regresiva  como
progresiva.   Lo  que  incluye   el  tipo   de   vegetación
representativo de la etapa madura o cabeza de serie  y  las
comunidades  iniciales o subseriales que la reemplazan,  al
tiempo que abarca tanto las diversas residencias o biótopos
ocupados  por las comunidades de organismos presentes  como
los ambientes mesológicos que configuran sus hábitats.

      Para  la  correcta  denominación  de  una  serie   de
vegetación   o  sigmetum  se  debe  construir   una   frase
diagnóstica  que  indique  ordenadamente,  además  de   los
factores   ecológicos  y  geográficos  más   significativos
(termotipo,  ombrotipo, biogeografía, afinidades  edáficas,
etc.),  las  especies dominantes de la cabeza  de  serie  o
comunidad  madura. Cabe distinguir entre estas  series  las
climatófilas, es decir, las que se inician y se  ubican  en
suelos  que  sólo  reciben  el  agua  de  lluvia  (dominios
climácicos),  y  las  edafófilas que se  hallan  en  suelos
especialmente    secos    o    húmedos.    Como    unidades
sinfitosociológicas de rango inferior  a  la  serie  pueden
emplearse  subseries  y faciaciones,  como  superiores  las
macroseries, megaseries e hiperseries (sigmion, sigmetalia,
sigmetea).  Para la denominación latina de esta  unidad  se
utiliza  el nombre de la asociación cambiando la desinencia
indicadora  del rango (-étum) por la vocal de  unión  (-o),
seguida    del   epíteto   sigmetum.   Para   los    rangos
sintaxonómicos de mayor jerarquía se procede del mismo modo
pero  utilizando  según sea el caso los  epítetos  sigmion,
sigmetalia y sigmetea, tras el nombre del sintaxon.

     Si  integramos a una serie sus contiguas, es decir  si
tenemos en cuenta además de la sucesión el fenómeno catenal
-por  ejemplo,  las series climatófilas  y  edafófilas  que
pueden  hallarse  en contacto- estaremos  delante  de  otra
unidad más compleja que  denominamos geosigmetum. El número
de  geosigmetum  que  puede reconocerse  en  un  territorio
cualquiera estará, como es lógico, en función del  relieve,
de la naturaleza de los suelos, del clima y de la ubicación
geográfica.  Sin  embargo,  todo  este  conjunto  se  puede
reducir idealmente a un modelo general universalizable  que
sería  el de: cresta, ladera y valle. Tal marco topográfico
elemental  permite destacar los tres aspectos edáficos  más
generales  de cualquier catena. El más xérico coincide  con
las  crestas  o  zonas más elevadas,  el  más  húmedo,  que
siempre resulta ser el valle o las zonas más deprimidas,  y
el  situado entre ambos, o intermedio, que corresponde a lo
que denominamos ladera o llano.

     El agua de lluvia por gravitación tiende a desplazarse
hacia los valles tanto por ecorrentía como por percolación,
creando con ello una secuencia de humedad creciente en  los
suelos  por  aporte  lateral. Al mismo tiempo,  la  erosión
hídrica  debida  a  la lluvia favorece  la  disgregación  y
arrastre  de  partículas  y solutos  hacia  abajo,  lo  que
incrementa el espesor y trofía de los suelos hacia los  pié
de monte y los valles.

     En  el marco elemental descrito - que naturalmente  se
puede  diversificar  mucho según sea  la  escabrosidad  del
relieve,  la  litología y composición de los  suelos  -  es
donde  se  ubican armónicamente las fitocenosis y donde  se
producen  los fenómenos sucesionales tendentes a equilibrar
el  biosistema.  Así, la distribución de la  vegetación  va
desde  la  más  resistente  a la xericidad  que  ocupa  las
crestas y los suelos más secos (series edafoxerófilas) a la
más  exigente  en  humedad que se sitúa  en  los  valles  y
depresiones   (series   edafohigrófilas);    quedando    la
intermedia  en  aquellos  espacios  más  acordes   con   lo
estrictamente aportado por las lluvias a lo largo  del  año
(series climatófilas). Podría pensarse que todos los  tipos
de  vegetación ubicados en esos medios sólo antagónicos  en
lo  que  al balance hídrico del suelo se refiere,  hubiesen
tenido un origen sincrónico en el territorio, así como  que
su  estabilidad o resistencia fuese similar  frente  a  los
cambios  climáticos que de un modo rápido y  permanente  se
están   produciendo  en  nuestras  latitudes   durante   el
Holoceno. Tal idea de estabilidad global de los geosigmetum
está  muy  alejada  de toda realidad, ya  que  esa  unidad,
independientemente  de  su posible  alteración  por  causas
naturales o antropozoicas, reacciona y se modifica de forma
muy  distinta según sean las tendencias climáticas en  cada
Bpoca.

     Todo  geosigmetum alberga tipos de vegetación no  sólo
antitéticos   en  sus  exigencias  hídricas  sino   también
biocenosis muy diversas en la cronología de su aparición  y
poblamiento   del  territorio.  A  grandes   rasgos   puede
postularse  que las comunidades edafoxerófilas corresponden
a   épocas   o   avances  de  los  climas   secos   y   las
edafohigrófilas a lo contrario. La asunción de estos hechos
faculta   para   realizar   múltiples   disquisiciones    e
interpretaciones  y permite plantear en  la  Fitosociología
dinámico-catenal  dos  hechos  esenciales.  Uno  sería  que
cualquier territorio abrupto bien conservado, por lo  tanto
poseedor  de  geosigmetum  peculiares  y  diversos,   tiene
recursos  biocenóticos suficientes  para  hacer  frente  él
mismo  a  los  cambios  climáticos  ómbricos  que  pudiesen
producirse,  en  base a la simple cesión  y  desplazamiento
mediato   de   aquellas  especies  y  tipos  de  vegetación
higrófilos  o  xéricos más acordes con la  nueva  situación
climática   aparecida.  Obviamente,  la   misma   capacidad
restauradora con mecanismos similares se produciría en  los
cambios termoclimáticos, si bien en estos casos serían  las
especies  y comunidades de las series climatófilas  de  los
geosigmetum  contiguos  en  las cliseries  latitudinales  o
altitudinales las que se desplazarían.

     Otro  aspecto  a tener muy en cuenta  es  la  vecindad
vegetacional en las catenas de los geosigmetum;  es  decir,
cuál  es  en  cada  caso  la  vegetación  edafoxerófila   o
edafohigrófila   adyacente  en   cada   nivel   estructural
equivalente. Aunque el fenómeno de las modificaciones en la
vegetación  a causa de los cambios climáticos es universal,
los elementos vivos que se intercambian tienen jurisdicción
geográfica y bioclimática precisa lo que permite  que,  del
estudio comparado de las catenas de amplios territorios, se
puedan inferir con cierta facilidad los paleoclimas  y  las
fronteras  actuales  y pretéritas.  Con  ello  se  abre  la
posibilidad de utilizar ventajosamente esta información  en
el   afinamiento  de  los  modelos  que  ahora  usamos   en
Bioclimatología y Biogeografía puesto que, aunque  sabíamos
que la distribución y combinación de las fitocenosis en  la
tierra  no  era  aleatoria sino regida  desde  siempre  por
factores   ecológicos   mensurables,   ahora   tenemos   la
posibilidad tanto de precisar sus fronteras como, lo que es
más  apasionante,   formular  modelos  teóricos  según   se
supusiese que fueran los previsibles cambios climáticos  en
el futuro.

     Como  es  de  rigor  recordar  en  el  estudio  de  la
naturaleza  y  de  los  seres vivos,  la  ciencia  sólo  se
concreta  en los artefactos taxonómicos que la inteligencia
humana  emplea  para transcribir y fijar sus  conocimientos
empíricos  o  experimentales en  un  sistema  comprensible,
generalizable  y  transferible.  Pero  como  los   juguetes
intelectuales que son los modelos creados por las  ciencias
han resultado útiles para el desarrollo de la humanidad, se
han  convertido en objetos irreemplazables y  relativamente
inmunes a la irracionalidad.

La Fitosociología en España

     Aunque  la ciencia Geobotánica tiene antecedentes  más
rancios  en  nuestro  país, los primeros  balbuceos  de  la
Fitosociología de Braun-Blanquet cuentan apenas con setenta
años.  El  destacable mérito de ser la  primera  referencia
histórica   sintaxonómica   española   le   cabe   a   José
Cuatrecasas,   honra   y  ejemplo  para   todos   nosotros.
Nonagenario,  sigue  trabajando a diario  en  el  Instituto
Smithsonian  de Washington sobre la flora y  vegetación  de
América del Sur con la misma ilusión, eficacia y ahínco que
lo  hiciera  cuando  su  tesis  doctoral  sobre  la  sierra
andaluza  de  Mágina. De allí dio a conocer en 1929,  entre
otras muchas novedades botánicas, la vegetación casmofítica
de   la   alianza   Saxifragion  camposii,   sintaxon   que
veinticuatro años después legitimó otro joven a  la  sazón,
el  fitosociólogo francés Pierre Quézel, en su todavía  hoy
vigente  trabajo,  Sobre la vegetación  de  Sierra  Nevada;
publicación  tan  ejemplar como  su  autor,  al  que  tanto
debemos científicamente.

     Para  relatar de un modo cronológico el desarrollo  de
la  Fitosociología  en España tal vez convenga  tratar  por
separado  cada uno de los períodos que se me ocurre  pueden
distinguirse,   así  como  destacar  en   cada   caso   las
referencias e hitos más significativos:

    I.-Iniciación (1925-1939). Hasta el final de la  Guerra
    Civil de España.
    II.-Reiniciación  (1940-1953).  Hasta  la  X  Excursión
    Internacional de Fitogeografía.
    III.-Consolidación (1954-1980). Hasta el  fallecimiento
    de S. Rivas Goday y R. Tüxen.
    IV.-Difusión (1981-     ). Hasta nuestros días.

     El primer período (1925-1939) fue el del encuentro con
Braun-Blanquet. Los primeros pasos se debieron a  que  Font
Quer  desde Barcelona mantenía contactos con los  botánicos
activos  de  la  época en el mediterráneo y en  Africa  del
Norte,  lo  que le llevó a trabar amistad con Braun  y  sus
discípulos.   Aunque  Font  Quer  no   llegó   a   trabajar
decididamente en Fitosociología comprendió de inmediato  la
importancia  de esta ciencia. Por su influencia  comenzó  a
conocerse  al  poco  en Madrid, a través  de  su  discípulo
Cuatrecasas (1932), quien sucedió en la Cátedra de Botánica
de  la  Facultad  de  Farmacia a  mi  abuelo  Rivas-Mateos,
fallecido prematuramente a los 56 años.

      La  excursión  de  la  Asociación  Internacional   de
Fitosociología  en la Pascua de 1935, dirigida  por  Braun-
Blanquet,  tuvo  lugar en Cataluña bajo la hospitalidad  de
Font  Quer. A ésta acudieron muchos fitosociólogos notables
de  la época, entre los que cabe destacar al entonces joven
de  36  años Reinhold Tüxen, que tanta influencia ejercería
décadas más tarde en la Fitosociología madrileña. El primer
botánico de nuestro país que estuvo una temporada con Braun-
Blanquet  en  la  SIGMA de Montpellier fue  González  Albo,
recién licenciado. A su vuelta a Madrid inició sus estudios
fitosociológicos en la Sierra de Guadarrama y en la  Mancha
de  donde era oriundo; pero lo que es más destacable fue su
publicación en 1934, en las Reseñas Científicas de la  Real
Sociedad de Historia Natural, del trabajo "Introducción  al
estudio de la Sociología Vegetal según el método de  Braun-
Blanquet". El que pudo haber sido primer discípulo de Braun
en España quedó anulado como consecuencia de la tragedia de
la Guerra Civil.
     En  esos  años también se realizaron algunos  estudios
notables  por  el  procedimiento  geobotánico  clásico   de
designar las asociaciones por las especies dominantes, como
el  de  la  flora y vegetación de las Sierras de Málaga  de
Ceballos  y  Vicioso (1933). Pero lo más  sobresaliente  de
todo  ese período fue la publicación  por Huguet del Villar
en  1929 de su tratado de Geobotánica; un sistema inspirado
en  Diels,  pero  con  unos conceptos  y  una  nomenclatura
altamente  original y precisa. Su obra influyó bastante  en
los botánicos españoles de los años treinta ajenos a Braun-
Blanquet,  entre otros  en Modesto Laza y en  Rivas  Goday.
Pero  1936, con el comienzo de la Guerra Civil que  duraría
tres  años,  representó la parada del progreso.  Al  final,
muchos  de  los que el azar dejó del lado de los perdedores
tuvieron  que  exiliarse (Cuatrecasas), fueron encarcelados
(Font Quer y Cortés Latorre) o represaliados (Rivas Goday y
Laza).

     La  segunda época que denomino la reiniciación  (1940-
1953)  fue prácticamente volver a empezar aunque la semilla
estaba  echada. Los años de la guerra europea y del bloqueo
subsiguiente  (1939-48)  fueron  dos  lustros  de   grandes
penurias  económicas pero para los que trabajaban  entonces
fueron   también años de estudio, reflexión  y  aprendizaje
del solar hispano. Se rehicieron las pocas universidades de
entonces  y  se  crearon algunos centros  de  investigación
nuevos en el CSIC, que luego repercutirían positivamente en
nuestra ciencia. Apenas una decena de botánicos interesados
en  la Geobotánica y en la Fitosociología acrecentaron  las
bases  que habían existido y empezaron a publicar  trabajos
de  valor.  Entre  los protagonistas de  aquella  época  de
concordia - además de Pio Font Quer, maestro indiscutido en
todos  los  campos,  de nuevo en el Instituto  Botánico  de
Barcelona, y traductor por cuenta de la Editorial Labor  de
los  libros de Botánica que permitieron el despegue:  Gola,
Negri,  Capelletti (1943), Strasburger (1943)  y  Wettstein
(1944)  -  cabe  mencionar a Ceballos, Losa, Guinea,  Rivas
Goday, Bellot y Muñoz Medina, a los que es necesario añadir
algunos farmacéuticos que colaboraban eficazmente con ellos
tales  como:  Antonio  de  Bolós, Laza,  Calduch  y  Borja.
Podemos  decir  sin  exageraciones  que  nunca  tan   pocos
hicieron tanto.

     La  aparición en 1948 de la obra de Braun-Blanquet "La
végétation  alpine des Pyrénées orientales",  publicada  en
España por el CSIC marca, sin duda, el hito fitosociológico
más importante de la década. Tras esta obra magistral y  la
que  poco después (1952) publicaría también Braun sobre  el
Mediodía de Francia "Les groupements végétaux de la  France
Méditerranéenne",    puede    decirse    que    nada    fue
científicamente igual en la Fitosociología hispana.

     Con  el  paso de la década de los cuarenta aparecieron
nuevos  jóvenes fitosociológos: Monserrat y Oriol de  Bolós
en  Barcelona,  Galiano en Madrid y Casaseca  en  Santiago,
formados respectivamente por Losa, Font Quer, Rivas Goday y
Bellot.  La  amistad de Font Quer con Braun-Blanquet  y  su
ascendiente  sobre  el  joven Oriol  permitieron  que  éste
trabajara  con Braun en el Valle del Ebro y así surgió  ese
maridaje  que convirtió muy pronto al estudioso y reflexivo
Bolós  en  uno de los fitosociólogos más cultos de  Europa.
Sus  distintas  publicaciones, entre las  que  destaco  "El
paisaje  vegetal barcelonés" (1962), "Botánica y Geografía"
(1963) y "Comunidades vegetales de las comarcas próximas al
litoral situadas entre los ríos Llobregat y Segura" (1967),
fueron  esenciales  para mi formación y opino  que  cuentan
entre   las  que  han  favorecido  más  el  sólido   avance
conceptual y descriptivo de la Fitosociología moderna.

     Entre  los  botánicos de la época de  la  reiniciación
(1940-53)  más  tenaces en el estudio de la ciencia  de  la
vegetación y a uno de los que más debemos los que  seguimos
generacionalmente su andadura, es Pedro Monserrat.  Formado
en Barcelona al amparo de Font Quer y de Losa, además de la
profunda  ciencia de ambos, recibió del primero  el  "seny"
catalán  y  del  segundo  la rectitud  castellana;  en  ese
sentido resulta híbrido. Como profesor de investigación  ha
trabajado  sin  tregua  en  casi todas  las  especialidades
florísticas   y   geobotánicas   incluyendo   la   estricta
Fitosociología Braun-blanquetista. Su obra científica,  que
incluye  por  compromiso  ético  el  uso  racional  de  los
recursos naturales, es tan vasta, prolífica y dispersa  que
a sus lectores nos cuesta trabajo seguirla. Además de haber
formado  a  muchos  que a él se acercaron  en  su  postrera
docencia  en la Universidad de Pamplona, ha sabido conducir
con rigor y éxito a la ciencia de calidad a sus tres hijos:
José  María,  Gabriel  y  Juan;  éste  último  trágicamente
ausente entre nosotros. Junto a él y por él formado en  los
secretos  de  la  florística y geobotánica pirenaicas  está
Luis  Villar que, desde hace tiempo por su esfuerzo,  ocupa
posición  de  maestro. Como resumen a  lo  que  pienso  que
Monserrat  representa en el desarrollo de la Fitosociología
en  nuestro país sólo se me ocurre decir que es como fue mi
padre: un ecléctico admirable.

     La  apertura  de  las fronteras  y  el  inicio  de  la
recuperación  española dio pie de nuevo  a  las  relaciones
internacionales.   Los  congresos  luso-españoles   y   los
internacionales  de  Botánica  permitieron  los   contactos
personales con los botánicos y fitosociólogos del resto del
mundo y recomenzar a interesarse por el quehacer ajeno.

     En  el  Congreso Internacional de Stockholm  en  1950,
Rivas Goday presentó el trabajo "Essai sur les climax  dans
la Péninsule Ibérique", una interesante síntesis ecléctica,
a  medio camino entre el sistema geobotánico de Schmid y la
Fitosociología de Braun-Blanquet. Algunos años más tarde me
relataba Tüxen que mientras escuchaban la disertación de mi
padre, Braun y él ya estaban acordando una estrategia  para
llevarlo hacia la Fitosociología ortodoxa. La treta no  fue
otra   que   introducirle  de  inmediato  en  el   ambiente
sigmatista y comprometerle para que organizase en España el
año 1953 la X Excursión Internacional de Fitogeografía.

     La   IPE   del  verano del 53, en la que  participaron
todos  los botánicos fitosociólogos españoles profesionales
de la época, organizada por Rivas Goday con la ayuda eficaz
de Galiano como secretario, marca lo que estimo el comienzo
de  la  tercera época, el de la consolidación de la moderna
Fitosociología en España. Tal efemérides coincidió  con  lo
que  creo  es  la  obra magna y de madurez de  la  Botánica
española:  el "Diccionario de Botánica de Font  Quer"  que,
entre  otros muchos efectos beneficiosos, ha terminado  con
la  "Torre de Babel" interior y ha consolidado, dignificado
y   proyectado  fuera  de  nuestras  fronteras  la  cultura
botánica española.

     En aquellos años mi padre comprendió bien la filosofía
botánica  del sistema de Braun, a la sazón muy  enriquecido
conceptual   y   metodológicamente   por   Tüxen   y    los
fitosociólogos alemanes, sobre todo en lo que respecta a la
vegetación potencial, comunidades permanentes y  etapas  de
sustitución. Su estrategia para conocer tales avances en lo
que  a él respecta, botánico teórico-práctico de amplísimos
conocimientos sistemáticos y vasta cultura naturalista, fue
seguir  como siempre con la lectura reflexiva de los textos
originales  y  con la experimentación en el  campo.  Fueron
años  de  frenesí en la toma de inventarios a lo  largo  de
todo  el  país,  con  Borja  y  conmigo  casi  adolescente,
estimulando  y  visitando  a  sus  corresponsales:  Esteve,
Mansanet  y Rigual. A sus discípulos  jóvenes de  entonces:
Galiano,  Wildpret  y yo, nos empujó o casi  nos  obligó  a
salir  de  España, a aprender ortodoxia con  los  maestros,
como  él  decía. Gracias a tal orientación  yo  estuve  muy
pronto  con  Braun-Blanquet  y  sobre  todo  con  Tüxen  en
Alemania  en  la  Zentralstelle für  Vegetationskartierung,
Instituto    del    Bundestag,    para    la    cartografía
fitosociológica de la Alemania en recuperación. Desde  allí
pude conocer aún muy joven el centro y occidente de Europa.
Prácticamente todos los veranos desde el 55 al 62 estuve en
Stolzenau donde tuve la suerte de trabajar en el campo  con
Tüxen,  Lohemeyer, Trautmann, Oberdorfer, Seibert  y  otros
muchos. Tan "malas compañías" pronto me convirtieron en  lo
que mi padre deseaba que fuese: "ortodoxo" en metodología y
en  los nuevos conceptos fitosociológicos; porque él con su
permanente   ironía   siempre  se   mantuvo   ecléctico   y
heterodoxo,  como  fueron sus orígenes;  circunstancia  que
afortunadamente ha impregnado para bien, un poco,  a  todos
los  que honrosamente podemos decir que pertenecemos  a  su
escuela.  A  parte  de  los  ya  mencionados,  en   primera
generación   directa,  y  casi  todos   con   el   marchamo
sistemático  de Borja -gran botánico, amigo  y  colaborador
sempiterno  de mi padre y de acusada generosidad-  hay  que
nombrar  a F. Esteve, A. Rigual, J. Mansanet, M. Mayor,  C.
Sáenz,  M.  López, J. Izco, M. Ladero, M. Costa, E.  Valdés
Bermejo, E. Fuertes, G. López, C. Navarro y A. Velasco.

     Para  poder  evaluar mejor lo que fue la época  de  la
consolidación de la Fitosociología en España puede ser  una
buena   referencia  la  relación  de  botánicos  con  rango
doctoral  que  se  han  formado en  Fitosociología  (aunque
muchos  de  ellos estén investigando ahora  en  sistemática
vegetal o en otras especialidades).

     En Barcelona, el núcleo fitosociológico tiene adecuada
amplitud y continuidad a través de Oriol de Bolós. Se ubicó
en  la Facultad de Ciencias y en el Instituto Botánico. Por
su  coherencia,  relieve, empleo  frecuente  de  la  lengua
catalana  y  proyección  en los "Paisos  Catalans"  podemos
designarla  como  "Escuela Catalana", o posiblemente  mejor
"Grupo  de  Oriol  de  Bolós".  Simétricamente,  el  núcleo
originario  de  Madrid, hoy disperso  en  el  resto  de  la
geografía   española,  podría  designarse   como   "Escuela
Castellana", o mejor "Grupo de Rivas Goday".

     En  el  grupo formado alrededor de O. de  Bolós   -que
cuenta  desde  hace  30  años con el apoyo  permanente  del
experto fitosociólogo e importante botánico sistemático que
es  J. Vigo- hay que relacionar además: J. Vives, J. Molero
Briones,  X.  Llimona, R. Folch, R. Massalles, T.  Perdigó,
J.M. Monserrat, A. Romo, J. Ninot, E. Carrillo y otros.
     El  núcleo  original de Madrid, tras la Guerra  Civil,
estuvo formado en la Facultad de Farmacia por Rivas Goday y
Bellot.  Ambos  trabajaron ilusionados y publicaron  juntos
durante  aquellos difíciles años cuarenta hasta que Bellot,
más   joven,  consiguió  la  Cátedra  de  Botánica  de   la
Universidad  de Santiago. Nada más llegar a Galicia  inició
Bellot  el  estudio  fitosociológico  de  la  región  y  la
formación  de  discípulos en esa disciplina y  en  Botánica
Sistemática,  halló  pronto en B.  Casaseca  el  discípulo,
compañero y amigo que requería la magna empresa de situar a
Santiago al nivel del resto de los centros de investigación
botánica española partiendo prácticamente de la nada,  cosa
que  lograron gracias a su tesón y bien hacer. Uno  y  otro
continuaron sus quehaceres botánicos fecundos. En Madrid el
maestro  y en Salamanca el fiel discípulo. En el núcleo  de
Bellot  (Santiago y Madrid) hay que relacionar  además:  R.
Alvarez, G. Dalda, M.E. Ron y S. Castroviejo; en el  núcleo
de  Casaseca  (Salamanca): J. Fernández Díez, E.  Rico,  F.
Amich.

     Otro  de  los antiguos discípulos de Rivas  Goday  que
tuvo  que  partir de la nada cuando consiguió por oposición
una  Cátedra en Sevilla (1966) fue Emilio Fernández Galiano
quien, a la formación recibida durante los largos años  que
colaboró con mi padre, añadió la Edafológica en la  Cátedra
de  J.M. Albareda y la Geobotánica con Dansereau en Canadá.
Cuando emprendió la difícil empresa de formar en Sevilla un
equipo  de  investigación tuvo la fortuna de contar  pronto
con  Benito  Valdés,  formado a la sazón  en  taxonomía  en
Inglaterra  por  V.H.  Heywood y con S.  Talavera,  jóvenes
entonces que muy pronto contarían por méritos propios entre
los  más  cualificados  botánicos sistemáticos  de  nuestro
país,  circunstancia que viene corroborada por el amplio  y
valioso plantel de botánicos formados allí así como por  la
reciente  publicación de la espléndida "Flora de  Andalucía
occidental".  Las tareas fitosociológicas, aunque  bastante
menos  intensas, no fueron relegadas del todo en Sevilla  y
la antorcha que portaba Galiano desde Madrid fue pasada con
todo  honor  primero  a B. Cabezudo y luego  a  J.  Ribera.
Trasladado a la Facultad de Ciencias de Madrid,  cuando  yo
ocupé  la  Cátedra  de Farmacia tras la  jubilación  de  mi
padre, siguió apoyando el grupo sevillano y organizando uno
nuevo  en  Madrid, cosas ambas que consiguió  antes  de  su
jubilación, dada la capacidad intelectual y de gestión  que
acredita.

     Muy  próximo  y grato de comentar con brevedad  es  el
grupo  canario creado por Wolfredo Wildpret.  Compañero  de
estudios   universitarios,   con   las   mismas   aficiones
científicas y similares actitudes éticas, ensoñamos  juntos
cuando jóvenes el desarrollo político y cultural de España.
Aquello  selló  a  perpetuidad  nuestra  amistad,  la  suya
siempre  algo  paternal  hacia mi,  a  pesar  de  la  corta
diferencia  de edad. Nuestros primeros pasos con  Tüxen  en
Alemania  los  dimos  también  juntos.  Recuerdo  bien  que
gracias  a  su vasta cultura lingüística y a su generosidad
conmigo, pude aprender no pocas cosas que en lengua alemana
recibíamos  de aquellos maestros de Stolzenau;  todavía  en
una  Alemania  en  la  que  se  veían  pueblos  y  ciudades
arrasados  por  la guerra. La suerte me condujo  al  camino
fácil,  a él al arduo. Cuando hace treinta años comenzó  en
la universidad tinerfeña de La Laguna sólo tenía un paquete
de  tizas para explicar la clase de Botánica; hoy existe un
departamento  ejemplar, en el que trabaja una  quincena  de
profesionales altamente cualificados que cubren  todas  las
especialidades botánicas allí necesarias. En ese equipo  de
fitosociológos  creado por Wildpret se  pueden  relacionar:
P.L.  Pérez de Paz, A. Santos, J.R. Acebes, E. Barquín,  M.
del Arco, O. Rodríguez y A. García Gallo.

     Fernando Esteve primero en Granada y luego en Alcalá y
José    Mansanet    en   Valencia,   ambos    desaparecidos
irremediablemente,  representan  un  enriquecimiento   algo
tardío,  pero  importante, para la  Botánica  universitaria
española, fruto de su irreductible afición y de la  elevada
calidad   científica   de   sus  conocimientos   botánicos.
Discípulos  externos de mi padre, con  el  que  colaboraron
activamente  de  "corresponsales", como  a  él  le  gustaba
decir,  dejaron una huella imborrable no sólo por el  valor
de sus obras sino muy en especial por la calidad científica
de   sus   discípulos,  hoy  en  buena   parte   profesores
universitarios  de  prestigio innegable  y  muchos  con  un
curriculum   vitae  admirable.  Entre  los   fitosociólogos
formados  o  dirigidos por Esteve hay  que  señalar:  López
Guadalupe,  J.  Fernández Casas, A. Asensi,  J.M.  Martínez
Parras,  B. Díaz Garretas, M. Peinado y F. Valle.  Y  entre
los promocionados por Mansanet: G. Mateo y A. Aguilella.

     En  cuanto  a  mi  persona, que por turno  toca  ahora
comentar  como final de la generación veterana, poco  puedo
decir  ya  que  al verme desde dentro carezco de  cualquier
perspectiva.  No obstante, sí puedo narrar que  mi  carrera
universitaria   y   las  responsabilidades  administrativas
coyunturales  me llevaron a peregrinar de un lado  a  otro,
obligándome a dejar discípulos, amigos y proyectos. Mirando
hacia atrás me pesan sobre todo dos cosas: lo mucho que  he
dejado  a  medio  hacer  y  los  discípulos  que  tuve  que
abandonar  o malatendí, cuando acaso todavía pude  haberles
sido  útil. En la lista de los que en Barcelona o en Madrid
dieron    conmigo   los   primeros   pasos   botánicos    y
fitosociológicos, que luego acrecentaron ellos mismos y  lo
han  acreditado  en sus publicaciones, puedo  enumerar:  M.
Costa,  C.  Sáenz,  A. Crespo, C. Arnaiz,  J.  Loidi,  J.M.
Moreno,  P.  Cantó,  P.  Cubas, M. Gutiérrez  Bustillo,  C.
Pardo,  G.  Navarro, D. Sánchez Mata, V. de la  Fuente,  L.
Sancho,  J.A. Molina & J. Pizarro. Además, a pesar  de  que
sus  tesis doctorales fueron dirigidas por otros compañeros
que  menciono  entre paréntesis, tanto por la  ilusión  que
siempre  puse en su formación cuanto por razones  afectivas
mías  deseo adicionar a: J. Izco (Rivas Goday),  T.E.  Díaz
(Mayor),  J.A.  Prieto  (Mayor), A.  Penas  (T.E.Díaz),  A.
Asensi  (Esteve), F. Valle (Esteve), J. Molero  (Losa),  J.
Fernández Casas (Esteve), A. Santos (Wildpret), E.  Barreno
(Crespo),  F.  Alcaraz  (Llimona) y F.  Fernández  González
(Izco). Por último quiero destacar el hecho impar de  haber
contado  durante  treinta años, en  todo  momento,  con  la
eficaz  ayuda, aguda crítica y leal colaboración científica
de mi amigo y compañero Manuel Costa.

     Con  mi persona, como he indicado, termina la relación
de  los  botánicos fitosociólogos veteranos que se formaron
desde  el final de la reiniciación al comienzo de la  época
de  la dispersión, período de consolidación que finaliza en
los  albores de la década de los ochenta, coincidiendo  con
el  fallecimiento  de  los maestros  Braun-Blanquet,  Rivas
Goday y Tüxen.
      Durante  estos  últimos  quince  años  y  gracias  al
esfuerzo  de todos los anteriormente citados, hay casi  dos
centenares de fitosociólogos activos en nuestro país lo que
asegura un fecundo porvenir.
     En el último período, el de la difusión, en el que nos
encontramos, parece necesario distinguir la década  de  los
ochenta  y  la de los noventa. Con los ochenta se iniciaron
las Jornadas de Fitosociología, los grupos territoriales de
trabajo  y  también  la multiplicación  de  los  profesores
numerarios en las universidades. Ya al final de los ochenta
eran     maestros    y    directores    de    investigación
fitosociológica en España: O. Bolós, J. Vigo y R.  Masalles
en Barcelona; M. Costa y E. Barreno en Valencia; F. Alcaraz
en  Murcia; F. Valle y J. Molero en Granada; A. Asensi,  B.
Díaz  Garretas  y  B.  Cabezudo  en  Málaga;  F.  Fernández
González,  C.  Navarro, L.G. Sancho y D.  Sánchez  Mata  en
Madrid;  W.  Wildpret, A. Santos y P.L.  Pérez  de  Paz  en
Tenerife; A. Penas en León; M. Ladero, C. Valle y F.  Amich
en  Salamanca;  J.  Izco  y  J.  Amigo  en  Santiago;  J.A.
Fernández Prieto y T. Díaz en Oviedo; L. Llorens  en  Palma
de Mallorca; M. Peinado en Alcalá y J. Loidi en Bilbao.

     La  década de los noventa está siendo para  todos  los
botánicos  y  en especial para los fitosociólogos  de  gran
avance  y madurez. Estos años están marcados por hitos  tan
importantes  como  las  Jornadas  de  Fitosociología,   las
Itinera  Geobotánica y el macroproyecto de los hábitats  de
la   Directiva  Europea,  donde  oficialmente  el  lenguaje
fitosociológico braunblanquetista pasa a ser el común  para
la Biodiversidad fitocenótica, su conservación y gestión.

     En  lo  que  a  mí respecta, lo digo ya sin  amargura,
comencé la década con una profunda crisis personal derivada
de   lo   que  yo  entendía  como  incomprensión   y   poca
sensibilidad  de  la Administración y de  algunos  valiosos
colegas  de  otras disciplinas, hacia nuestras  ciencias  e
investigaciones.  El  prolongado  discurso  dialéctico  que
mantuve  como miembro de la primera comisión de evaluadores
de  los tramos de la investigación científica en el área de
las  Ciencias  de la Tierra me dejó bastante  agotado.  Ver
escatimar   o  minorar  el  valor  científico  de   colegas
veteranos  que habían realizado con gran escasez de  medios
notables  aportaciones  en  la  investigación  y   en    el
desarrollo  de la Universidad en la década de los  60,  ver
desdeñar lo publicado por otros más jóvenes en las revistas
científicas  españolas,  o  marginar  el  uso  de  nuestras
lenguas  castizas,  me  condujo a un acusado  escepticismo.
Aquel  esfuerzo de raciocinio, que se prolongó durante  más
de  tres meses, dio sus frutos y felizmente el resultado de
la  evaluación no fue demasiado malo para un buen número de
los  compañeros  de  mi área, también hay  que  reconocerlo
gracias a la postrera comprensión y mejor disposición tanto
de  los  miembros de la comisión como del Ministerio.  Otro
hecho  que   potenció  mi escepticismo  coyuntural  fue  la
participación en esas fechas en la comisión de  los  nuevos
planes  de  estudio de mi Facultad  donde vi  que  tras  la
reforma universitaria que teóricamente trataba de favorecer
el  pluralismo y el trabajo en equipo, la realidad  era  un
notable  incremento de individualismo y  un  anteponer  los
intereses  departamentales  a  los  más  globales  de   las
Facultades  y Universidades. En resumen, en el comienzo  de
la década de los noventa casi todo resultó antitético a mis
ideas y quehaceres.
     Como  mi  natural es optimista pensé que  ya  vendrían
tiempos mejores. También pensé que me sería saludable pasar
una  larga  temporada en el exterior. La obtención  de  una
beca de Movilidad del Personal Investigador durante un año,
que luego pude continuar con otro año sabático complutense,
por  llevar  25  años  de profesor en tal  Universidad,  me
permitieron  trasladarme a investigar a Estados  Unidos  lo
que me sanó casi de inmediato devolviéndome la ilusión y la
confianza  de  nuevo en mis viejas ideas  y  planteamientos
científicos,   naturalmente  adecuadamente   rejuvenecidos.
Fruto  de  esa crisis superada fue la decisión de  intentar
realizar  en  un plazo de seis años una nueva clasificación
bioclimática  y   biogeográfica  de  la  Tierra.   En   esa
comprometida pero apasionante aventura intelectual es donde
ahora me hallo.

     Tan difícil como ha sido hacer comentarios históricos,
resulta   tratar  de  compendiar  las  circunstancias   que
permitieron  la  consolidación   de  la  Fitosociología  en
España. Aun a riesgo de errar mucho en el diagnóstico se me
ocurre enumerar como esenciales los siguientes hechos:

    -   Realización  de  más  de  un  centenar   de   tesis
    doctorales   sobre  flora  y  vegetación   de   amplios
    territorios de España.
    -  Multiplicación de las Universidades y de las  plazas
    de  Catedrático y de Profesor Titular en los  distintos
    campos  de la Biología Vegetal, con acceso de numerosos
    jóvenes  botánicos  muy competentes  en  Sistemática  y
    Fitosociología.
    -  Publicación  de  más  de un millar  de  trabajos  de
    calidad sobre vegetación.
    - Creación de nuevas revistas de esta especialidad.
    -  Rápido  flujo  de  la información  y  desarrollo  de
    ciencias       fronterizas      como      Biogeografía,
    Bioclimatología, Sinfitosociología, etc.
    -    Trabajos    en    equipos    multirregionales    y
    multinacionales,   con  amplios   debates   científicos
    teóricos y prácticos.

     Pero  pienso  que aun habiendo sido determinantes  las
razones   expuestas,  el  auténtico  secreto  ha  sido   la
cordialidad   entre  todos,  el  flujo   generoso   de   la
información,  el  respeto  hacia  el  colega  y  hacia   el
discrepante  y, probablemente en buena medida,  la  alegría
del quehacer común.

     Para terminar citaré una máxima que aprendí durante mi
época  de Catedrático en la Universidad de Barcelona en  la
que  además  sigo creyendo "Entre tots ho farem  tot  o  no
farem  res". De todo corazón, muchas gracias. Biotz biotzes
eskerrik asco.

 Glosario geobotánico

Asociación.   f.  Unidad  fundamental  y   básica   de   la
Fitosociología  . Se trata de un tipo de comunidad  vegetal
que  posee unas peculiares cualidades florísticas (especies
características  o diferenciales propias o una  combinación
precisa   de   especies  características  de  mayor   rango
estadísticamente   fieles),   ecológicas,   biogeográficas,
sucesionales, históricas o antropógenas. A su  conocimiento
se  llega mediante el estudio comparativo de los individuos
de  asociación  o  inventarios  (realidad  concreta  de  la
tipología), en los que se anota y cuantifica la composición
florística  y demás caracteres ecológicos y geográficos  de
una  comunidad vegetal homogénea particular.  La  toma  del
inventario de asociación es la operación más importante  de
la   investigación  fitosociológica.  Las  asociaciones  de
composición   florística,  estadio,   biótopo   y   hábitat
semejantes  o  vicariantes  se pueden  reunir  en  tipos  o
unidades de rango superior (alianzas, órdenes, clases).

Bioclimatología.f. Disciplina que estudia la relación entre
el clima y los seres vivos.
Biocenosis.  f.  Unidad bioestructural y ambiental  de  los
ecosistemas. Está formada por las comunidades de organismos
(fitocenosis y zoocenosis), espacio que ocupan (biótopo)  y
ambiente mesológico donde prosperan (hábitat). [Fitocenosis
+ Zoocenosis + Biótopo + Hábitat].

Biócora.   m.   Territorio  y  ambiente   que   ocupa   una
biogeocenosis  u  holócena.  Puede  considerarse  como   la
biogeocenosis sin las comunidades de organismos.

Biogeocenosis.   f.  Bioestructura  y   ambiente   de   los
ecosistemas  terrestres,  es  decir  la  expresión  de  las
biocenosis  de la geobiosfera. Están constituidas  por  las
comunidades de organismos vegetales y animales, su  biótopo
y  su  hábitat.  Comunidades  de  organismos  terrestres  +
biótopo + hábitat. Como sinónimos se puede emplear holócena
y biogeócena.
  Es práctica habitual de los ecólogos botánicos terrestres
sistematizar  las biogeocenosis en base a  sus  comunidades
vegetales (fitocenosistemas o asociaciones), así como a sus
peculiares  factores mesológicos y distribución geográfica.
De  este  modo la vegetación y su entorno pasan  a  ser  el
sustento primordial de su tipología en el contexto  de  las
Ciencias de la Tierra. La validez de esta forma de  operar,
en  el ensayo de una modelización de los biomas a través de
la   biodiversidad  de  sus  comunidades  vegetales,   está
amparada por el éxito de su capacidad de predicción y de la
afinada  jurisdicción  eco-geográfica  de  tales  unidades;
obviamente  si bien estructuradas, definidas y comprobadas.
La  base  filosófica de estos asertos, comprobados por  los
hechos,  ha sido sintetizada no ha mucho por V.B.  Sotchava
(Some axioms of vegetation science - Biogeographica 16:  5-
18    1979)    en    diversos   axiomas:   territorialidad,
sucesionabilidad,    jerarquibilidad,    dimensionabilidad,
etc.).

Biogeografía. f. Disciplina que estudia las  causas  de  la
distribución y localización de las especies y biocenosis en
la  Tierra. Asimismo, teniendo en cuenta las áreas actuales
y   pretéritas  de  táxones  y  sintáxones,  así  como   la
información  procedente de otras ciencias de la  Naturaleza
(Geografía física, Edafología, Bioclimatología, etc.) trata
de   establecer   una  tipología  o  sistemática   de   los
territorios emergidos del planeta, cuyas unidades en  orden
jerárquico   decreciente  son:  reino,  región,  provincia,
sector, distrito y tesela.

Bioindicador.  adj.  m. Se dice tanto de  táxones  como  de
sintáxones que pueden ser utilizados para poner de  relieve
propiedades  del  medio o unidad de  lugar.  Por  extensión
puede  hablarse de bioindicadores geográficos , climáticos,
edáficos,  etc. Los bioindicadores  fitocenóticos  son  los
táxones   (Fitosociología   clásica)   característicos    o
diferenciales. Se utiliza también como sustantivo.

Bioma.   m.   Amplio  conjunto  de  ecosistemas  terrestres
delimitado  por  un  macroclima,  biocenosis  y  ecofunción
peculiares,  donde  el  hombre puede haber  intervenido  en
mayor   o  menor  grado.  Son,  por  tanto,  una  expresión
tipológica   de   los   ecosistemas  terrestres   y   aúnan
biogeocenosis, ecofunción y uso del hombre. [Fitocenosis  +
Zoocenosis + Biótopo + Hábitat + Ecofunción + Hombre].

Biosfera. f.  Capa delgada de la superficie terrestre en la
que  se  hallan confinados los fenómenos vitales. Se  puede
distinguir  entre  la geobiosfera o espacio  principalmente
aéreo (ambiente de los ecosistemas terrestres o biomas,  es
decir,  directamente en contacto con la  tropopausa)  y  la
hidrobiosfera  o espacio principalmente acuático  (ambiente
de  los  ecosistemas acuáticos, es decir inmersos en mares,
ríos y lagos). Geobiosfera + Hidrobiosfera.

Biótopo. m. Espacio, área o lugar ocupado por una comunidad
de organismos o por alguno de sus elementos constituyentes.
Puede  ser ecológicamente homogéneo o estar formado por  un
conjunto de residencias en vecindad.

Catena.  f.  Conjunto  de comunidades  vegetales  contiguas
ordenadas  en  función de algún factor ecológico  cambiante
(temperatura, humedad, topografía, etc.). Es la  concreción
paisajística  del fenómeno de la zonación. Su  adjetivo  es
catenal.

Clima. m. Síntesis estadística de los meteoros atmosféricos
de  un  territorio  acaecidos durante un largo  periodo  de
tiempo   (20-30   años),  Los  datos   meteorológicos   más
utilizados  en  bioclimatología son  la  temperatura  y  la
precipitación y en menor medida la humedad  relativa  y  el
viento.  En base a los valores de los parámetros climáticos
se  distinguen  climas cálidos, fríos,  áridos,  lluviosos,
continentales, etc.

Clímax.  f.  Etapa  final  de  equilibrio  en  la  sucesión
geobotánica. Comunidad vegetal o fitocenosis que representa
territorialmente la etapa de máximo biológico  estable.  Se
puede  emplear  también como expresión de  una  fitocenosis
madura  y como la etapa final o asociación estable  de  una
serie de vegetación. Su adjetivo es climácico.

Comunidad.  f.  Poblaciones  de diferentes  organismos  que
coexisten  e  interaccionan en  un  determinado  biótopo  y
hábitat.  La  ciencia que trata de ellas  es  la  Cenología
(fito- y zoo-).

Comunidad  vegetal.  f. Conjunto más o menos  homogéneo  de
plantas  pertenecientes a distintos táxones, que ocupan  un
biótopo  y  hábitat  determinados.  La  frase  tanto  puede
emplearse  para  designar  individuos  de  asociación  bien
definidos  y  caracterizados como para denominar  tipos  de
vegetación  poco  diferenciados y de valor  fitosociológico
impreciso.  Se emplea a veces como sinónimo de fitocenosis,
asociación o para designar cualquier sintaxon.

Dominio climácico. m. Area en la que una asociación vegetal
climatófila  ejerce  real  o  virtualmente  la  función  de
climax.  Habida cuenta su habitual diversidad pluriteselar,
se pueden reconocer unidades de menor rango más homogéneas.

Ecofunción.  f.  Proceso propio de los sistemas  biológicos
abiertos autorregulados (feed-back), por el que la  materia
producida (output) afecta positiva o negativamente a lo que
entra  (input). En otras palabras, la entrada constante  en
el   biosistema  de  energía  y  sustancias  desde   fuera,
metabolizadas  en  su interior, afecta  y  regula  todo  el
conjunto   de  la  biocenosis.  Por  tanto,  la  regulación
funcional  o  metabólica no es exclusiva de los organismos,
sino   un   rasgo  común  a  todos  los  sistemas  abiertos
(Bertalanfty, L. - 1972. General Systems Theory, New York).

Ecología.  f.   Ciencia que estudia  las  biocenosis  y  su
ecofunción (ecosistemas); es decir las interacciones de los
organismos  entre  si,  las  comunidades  que  constituyen,
ambiente  donde se integran (hábitat), espacio  que  ocupan
(biótopo), así como su regulación respecto al medio en  que
se   hallan   en  la  biosfera  (ecofunción).   [Biocenosis
(comunidades   de  organismos  +  hábitat  +   biótopo)   +
Ecofunción].

Ecosistema.  m.  Sistema  biológico  abierto  autorregulado
constituido   por   la  biocenosis  y  por   los   procesos
funcionales  de su interacción o ecofunción. [Biocenosis  +
Ecofunción].

Estación.   f.   Véase   hábitat.  Conjunto   de   factores
mesológicos  que  actúan  en  una  localidad  geográfica  o
biótopo y configuran una determinada comunidad vegetal. Con
sentido análogo se emplea hábitat.

Estadio.  m.  En  Geobotánica designa a  cada  una  de  las
estructuras  claramente delimitables en el  proceso  de  la
sucesión. Como sinónimo se emplea etapa.

Etapa  serial. f. En Geobotánica sucesionista se  aplica  a
cualquier  comunidad,  asociación o estadio  que  sustituye
(subserial)  o  antecede  (preserial)  a  la  clímax.  Como
sinónimo se emplea etapa de sustitución.

Faciación  de  vegetación.  f.  Unidad  elemental   de   la
Fitosociología integrada (ciencia del paisaje  vegetal)  de
rango  inferior a la serie de vegetación. Trata de designar
el   conjunto  de  estadios  o  comunidades  vegetales  que
pertenecen  a  teselas  íntimamente relacionadas  por  unos
precisos factores ecológicos, es decir, representa tipos de
vegetación ligados por la sucesión y el medio. La faciación
suele  corresponder a una sinsubasociación  o  subsigmetum.
Para  denominarla,  tras  el  nombre  de  la  serie,  deben
añadirse los epítetos geográficos, ecológicos o florísticos
más significativos del medio.

Fitosociología.  f.  Ciencia  ecológica  que  estudia   las
biocenosis  desde una perspectiva botánica  (fitocenosis  o
fitosintáxones).  En  otras  palabras,  se  ocupa  de   las
comunidades vegetales, de sus relaciones con el medio y  de
los  procesos temporales que los modifican. Con  toda  esta
información, a través de un método inductivo y estadístico,
basado  en  la  realidad del inventario fitosociológico  de
vegetación,   trata  de  crear  una  tipología   jerárquica
universal  en la que la asociación es la unidad básica  del
sistema   taxonómico.  Hoy  distinguimos,  además   de   la
Fitosociología  clásica  o  braunblanquetista   (nivel   de
asociación),    la   fitosociología   dinámico-catenal    o
paisajista  en la que sus unidades son la serie o  sigmetum
(Fitosociología dinámica o sucesional) y el  geosigmetum  o
geoserie (Fitosociología catenal).

Formación. f. Conjunto de comunidades vegetales  propio  de
un  amplio  territorio, delimitado en primer lugar  por  la
fisionomía resultante de la organización espacial conferida
por   las  formas  biológicas  (biótipos)  de  las  plantas
predominantes y correspondientes al estadio  maduro  de  la
serie   o  clímax,  pero  que  tiene  en  cuenta  criterios
florísticos,    climáticos,    edáficos,    biogeográficos,
paleohistóricos, antropógenos y catenales.
 Concebida la formación de este modo, se aúnan la tradición
fisionómico-ecológica continental-europea desde Grisebach a
Rübel  y  los  criterios sucesionistas  norteamericanos  de
Clements, lo que permite aproximarla además a los conceptos
de  biogeocenosis  y  bioma. También es  factible,  en  los
territorios  bien estudiados con el método  fitosociológico
de  Braun-Blanquet,  utilizar las asociaciones  sigmatistas
como  unidades diagnósticas elementales. En cualquier caso,
la  formación es un macromodelo geobotánico ecléctico,  que
puede  ser  definido  al  amparo de cualquier  aproximación
ecológica seria.
Geobotánica.  f.  Ciencia  de la  relación  entre  la  vida
vegetal  y  el  medio terrestre (biosfera).  Con  el  mismo
significado  puede utilizarse el término Ecología  Vegetal.
Como  ciencias afines o derivadas más destacables se pueden
citar:  Fitosociología,  Biogeografía,  Bioclimatología   y
Edafología.

Geosigmetum.  m.  Denominado  también  geosigmasociación  o
geoserie,   es   la  unidad  básica  de  la  Fitosociología
integrada o paisajista (Geosinfitosociología). Trata de ser
la  expresión fitosociológica catenal y sucesionista de  la
ciencia  del paisaje vegetal. Se construye con los sigmetum
o  series de vegetación contiguas, es decir tanto  con  las
etapas   maduras  como  con  sus  estadios  o   comunidades
vegetales seriales, delimitados, delimitados por una unidad
fitotopográfica  de  paisaje  (valles,  llanuras,  crestas,
turberas,   ríos,   etc.)  dentro  de  una   misma   unidad
biogeográfica (distrito o sector).

Hábitat.  m.  Ambiente  o conjunto de factores  mesológicos
(luz,  clima,  suelo, etc.), en los que se  desarrolla  una
biocenosis. Se puede utilizar como sinónimo de estación.

Medio.  m.  Suma  de factores que integran  una  unidad  de
lugar. Hay que distinguir entre medio geográfico, en cuanto
físico,  que trata de la configuración del lugar,  y  medio
estacional,  como  la  suma  de  los  factores   ecológicos
naturales que inciden y condicionan dicho lugar.  El  medio
antropógena sería el profundamente modificado por el hombre
y sus actividades.

Nicho.  m.  Espacio  ocupado y papel  desempeñado  por  una
población en un biótopo.

Ombroclima. m. Parte del clima que se refiere a las lluvias
o  precipitaciones. La cantidad de lluvia que  cae  en  una
localidad  se  expresa en litros por metro  cuadrado  o  en
milímetros de altura, que son en mismo número.

Piso  bioclimático. m. Cada uno de los tipos  o  grupos  de
medios  que  se  suceden  en  una  cliserie  altitudinal  o
latitudinal.  Se  delimitan  en  función  de  los  factores
termoclimáticos (termotipos) y ombroclimáticos (ombrotipos)
cambiantes,   a   cada  uno  de  los  cuales   corresponden
determinadas comunidades vegetales. Aunque el  fenómeno  de
la  zonación tiene valor universal, cada región o grupo  de
regiones  biogeográficas afines posee sus peculiares  pisos
bioclimáticos, en los que existen comunidades vegetales  de
estructura y composición florística particulares que se han
denominado cinturas o pisos de vegetación.

Piso  de  vegetación.  m.  Cada uno  de  los  complejos  de
comunidades  vegetales  o  series  de  vegetación  que   se
escalonan en una cliserie altitudinal. Así, en la  cliserie
de los Alpes, en el seno de cada piso bioclimático: alpino,
subalpino,  montano y colino se reconocen, según  sean  sus
peculiaridades   edáfficas,   climáticas   o    históricas,
distintos   tipos  de  cinturas  o  grados  de   vegetación
caracterizados  cada uno por unas comunidades  vegetales  y
flora propias.

Población.  f.  Conjunto de individuos de la misma  especie
que  conviven  en  un  mismo lugar  y  tiempo.  Sus  rasgos
principales    son:   su   nicho,   tamaño,    crecimiento,
competitividad, etc.

Serie  de  vegetación. f. Unidad geobotánica que  trata  de
expresar  todo  el  conjunto  de  comunidades  vegetales  o
estadios  que  pueden hallarse en unos  espacios  teselares
afines  como resultado del proceso de la sucesión.  Lo  que
incluye  tanto el tipo de vegetación representativo  de  la
etapa  madura  o  cabeza  de  serie  como  las  comunidades
iniciales  o  subseriales que le reemplazan.  Concebida  de
este  modo, la serie de vegetación resulta ser sinónima  de
asociación  o  sigmetum, unidad básica de la Fitosociología
dinámica o Sinfitosociología. Si integramos a una serie sus
contiguas,  es  decir, si tenemos en cuenta  además  de  la
sucesión  el  fenómeno  catenal -por  ejemplo,  las  series
climatófilas y edafófilas que pueden hallarse en contacto-,
estamos delante de otra unidad más compleja que se denomina
geoserie,  geosinasociación o geosigmetum, unidad elemental
de  la  Fitosociología  catenal o Geosinfitosociología.  La
ciencia  del  paisaje vegetal o Fitosociología integrada  o
paisajista    tiene   por   el   momento   tres    posibles
aproximaciones   y  métodos  de  trabajo   según   el   fin
perseguido:  a)  la  de  las  asociaciones:  Fitosociología
clásica  o  braunblanquetista,  b)  la  de  las  series   o
sigmetum:   Sinfitosociología,  c)  la  de  las  geoseries:
Geosinfitosociología. Para la correcta denominación de  una
serie  de  vegetación, sinasociación  o  sigmetum  se  debe
construir  una frase diagnóstica que indique ordenadamente,
además  de  los  factores  ecológicos  y  geográficos   más
significativos (a: termotipo climático; b: biogeografía; c:
ombrotipo;  d:  afinidades edáficas;  etc.)  y  la  especie
dominante  o  cabeza de serie de la comunidad madura.  Cabe
distinguir  entre las series climácicas o climatófilas,  es
decir,  las  que  se inician y ubican en  suelos  que  sólo
reciben  el  agua  de lluvia (dominios  climácicos)  y  las
edafófilas, que se hallan en suelos especialmente  secos  o
acuáticos.  Como  unidades de rango  inferior  a  la  serie
pueden  emplearse  las  subseries  y  las  faciaciones   de
vegetación,  como superiores las macroseries e  hiperseries
(sigmion, sigmetalia, sigmetea). Como expresión catenal  de
series que se hallan en contacto y se sustituyen en función
de  un  gradiente  ecológico  (humedad,  topografía,  etc.)
dentro del mismo distrito o sector corológico se emplea  el
término de geoserie, que se hace sinónimo de geosigmetum.

Sigmetum.   m.   Unidad  tipológica  de  la  Fitosociología
dinámica  o  Sinfitosociología. Trata de ser  la  expresión
sucesionista   de  una  serie  de  vegetación   o   dominio
climácico,  es decir, de un territorio homogéneo geográfica
y ecológicamente en el que una asociación ejerce la función
de  clímax.  Se denomina también sinasociación o  serie  de
vegetación.

Sintaxon. m. En la sistemática de las comunidades vegetales
o  taxonomía  fitosociológica (sintaxonomía) cualquiera  de
los rangos o tipos que se reconocen. La unidad básica es la
asociación,  que se designa por una combinación  latina  de
dos  especies de entre las más representativas que  existen
en  su seno, añadiendo la terminación -etum al radical  del
nombre  genérico que figura en segundo lugar, en tanto  que
el  primer  género se termina por una vocal de  unión;  los
epítetos  específicos se declinan en  genitivo  (Código  de
Nomenclatura Fitosociológica). Unidades de rango superior a
la  asociación  son: subalianza (-enion),  alianza  (-ion),
suborden  (-enalia),  orden  (-etalia),  subclase  (-enea),
clase  (-etea); de rango inferior: subasociación (-etosum),
variante y facies.

Sucesión. f. Proceso natural por el que se sustituyen  unas
comunidades  vegetales o estadios por otros  dentro  de  la
misma  unidad de lugar o tesela. Puede hablarse de sucesión
progresiva -la que conduce hacia el óptimo estable o climax-
y  de  sucesión  regresiva la contraria (regresión;  etapas
subseriales). El proceso: progresivo y regresivo  no  sigue
necesariamente las mismas etapas.

Taxon.  m. En la sistemática de los seres vivos o taxonomía
biológica  cualesquiera  de  los  rangos  o  tipos  que  se
reconocen.  La  unidad  básica  de  esta  tipología  es  la
especie,  designada  por un binomen  latino  o  combinación
(genérico-específica). Unidades de rango principal superior
son:  género, familia, orden, clase y división,  y  las  de
rango inferior: subespecie, variedad y forma.

Tesela. f. Unidad elemental de la Biogeografía. Se trata de
un  territorio  o superficie geográfica, de mayor  o  menor
extensión,  homogéneo ecológicamente. Lo que  quiere  decir
que  sólo  posee  un  tipo de vegetación  potencial  y  por
consiguiente   una   sola  secuencia  de   comunidades   de
sustitución.

Vegetación  potencial.  f. Comunidad  vegetal  estable  que
existiría en un área dada como consecuencia de la  sucesión
progresiva  si  el hombre dejase de influir y  alterar  los
ecosistemas.  En la práctica se considera a  la  vegetación
potencial  como sinónimo de clímax e igual a la  vegetación
primitiva  (aún no alterada por el hombre). No obstante  se
debe  distinguir entre vegetación potencial  climatófila  y
las  correspondientes a las series edafófilas  (comunidades
permanentes).

Zonación.  f.  Fenómeno  ecológico  por  el  que  debido  a
factores  mesológicos  gradualmente cambiantes  (aumento  o
disminución  de  temperatura, humedad o trofía  del  suelo,
relieve, etc.), las comunidades vegetales se disponen de un
modo  ordenado y contiguo  en función de tal gradiente.  La
expresión  concreta es la catena (agrupación de  teselas  o
macroteselas en vecindad).

Zonobioma.   m.  Bioma  delimitado  por  unos   amplios   y
peculiares  caracteres climáticos, edáficos y de vegetación
zonal  (clímax).  Walter, creador del  término  y  de  este
importante  concepto,  reconoce  en  la  geobiosfera  nueve
zonobiomas con sus correspondientes zonas climáticas, cuyas
áreas  adyacentes  ambiguas las denomina zonoecótonos.  Las
montañas  elevadas, aunque climáticamente reunidas  en  una
sola  unidad en toda la tierra (zona climática de montaña),
las  trata  como  "orobiomas" particulares  dentro  de  los
territorios delimitados por sus nueve zonobiomas. Asimismo,
en  las  estaciones edáficas excepcionales  con  vegetación
azonal, reconoce los "pedobiomas"; que a su vez designa por
el  factor  edáfico  preponderante como litobiomas  (suelos
rocosos),  psammobiomas (suelos muy  arenosos),  halobiomas
(suelos  salinos), hidrobiomas (suelos cubiertos de  agua),
peinobiomas (suelos pobres en nutrientes), etc..  Zonobioma
= Vegetación zonal + Macroclima + Suelo zonal.


© 2001 S.Rivas-Martínez, Phytosociological Research Center, Spain