Las modelos artísticas en el siglo XIX: unos rostros invisibles, unos nombres olvidados
Sandra Val Cubero
   
         
 
Las "modelos", he aquí un colectivo social que ha sido fundamental en la pintura moderna y que en raras ocasiones ha sido estudiada en profundidad. Son muchas las cuestiones que podríamos hacernos para comprender cuáles eran las razones por las que se decidían a posar desnudas, delante de la atenta mirada del pintor, pero ¿cómo se accedía a la profesión de modelo?, ¿cuáles eran sus condiciones de trabajo y de remuneración?, ¿de dónde provenían?, ¿cómo eran consideradas socialmente? ¿qué relación mantenían con los artistas?. Las "modelos" en el arte no sólo esconden tras de sí una historia que merece ser contada sino que, a nuestro parecer, son protagonistas claves para entender cómo se configura el campo del arte en el siglo XIX.

Cuando hablamos de "la modelo" nos referimos a una mujer que posaba y que a cambio obtenía una contraprestación económica. Existen algunas mujeres de la clase aristocrática que posaron desnudas para ser retratadas, pero la relación que se establecía entre "ellas" y "el artista" era completamente distinta, pues eran mujeres que tenían bienes y una posición social que les permitía encargar cuadros de estas características.

Existían diferencias en el trato que recibían "las modelos" en las academias y en las escuelas de arte; mientras que en las escuelas de arte era frecuente trabajar con modelos, en las academias el empleo de modelos para las clases de dibujo al natural dependía de quién gestionara la institución. ."Las modelos" comenzaron a tener un papel imprescindible a partir del momento en el que se exigió a los artistas habilidades de anatomía, perspectiva, composición y color, lo cual llegaría con el desarrollo de las ideas humanistas. El historiador de arte Nikolaus Pevsner ha manifestado que la única academia oficial que admitió modelos femeninos en el siglo XVIII era la Royal Academy, quizá por la naturaleza no gubernamental de la institución, aunque no está muy claro hasta qué punto se puede interpretar esto como signo de mayor apertura, ya que no fueron admitidas estudiantes femeninas a la clase de dibujo al natural hasta 1893, e incluso entonces "el modelo" masculino tenía que estar parcialmente cubierto .

En las academias, la apariencia de "las modelos" era observada de cerca y el comportamiento que debían seguir se mencionaba en los estatutos de cada institución. Estaba totalmente prohibido que hablaran entre ellas o con los artistas: una mujer inteligente que al comienzo de esta profesión esté bien preparada para el peligro, tendrá muchos menos problemas que las pobres criaturas inocentes con mentes distraídas que se ven arrojadas sin experiencia al brillante mundo de la pintura, repleto de rostros sonrientes y maneras aduladoras .

"Las modelos", debían observar en todo momento una conducta correcta y no manifestar ningún tipo de inclinación malsana. La puntualidad era otra de las cualidades más valoradas, ya que el retraso significaba dejar en suspenso a "los artistas", los cuales se habían acostumbrado a pintar con "la modelo" y no podían hacerlo sin su presencia.

La visión realista y naturalista que había alcanzado la pintura en el siglo XIX promovió la idea de que no se podía pintar un desnudo femenino sin la presencia de una "modelo". Es decir, las modelos eran imprescindibles para la buena práctica artística, aunque su papel estuviera en todo momento subordinado al del artista.

La Royal Academy prohibió la entrada a las salas donde se dibujaba o pintaba con modelos a todas las personas que no pertenecieran a la Academia, a excepción de la familia real. Tanto en Francia como en Inglaterra, los menores de veinte años tampoco podían asistir a las clases de desnudo a menos que estuvieran casados. Los estudiantes debían permanecer en silencio durante la lección y mantener una distancia respetable respecto a "la modelo". En 1860, algunos académicos de la Royal Academy propusieron la entrada de los jóvenes solteros en la clase de "modelo al natural", propuesta que fue aceptada una década más tarde.

En las academias de arte "los modelos" no sólo debían seguir normas de comportamiento estrictas, sino que además las poses que reproducían debían ser poses de figuras clásicas. Mientras que los hombres imitaban personajes mitológicos o históricos, donde lo importante era destacar la fuerza por medio de la correcta representación de la musculatura, las mujeres debían simular las poses de las estatuas de la antigüedad, poses en las que las modelos cubrían siempre el sexo con las manos, como si quisieran ocultarlo por pudor.

La aparición y el desarrollo de los estudios privados de arte, que no fueron legalizados hasta 1800, dio lugar a una mayor demanda de "modelos". En Francia los estudios privados o "ateliers" proliferaron antes que en el resto de Europa. Al principio las clases siguieron estando supervisadas por los profesores de l´ Ecole des Beaux Arts, pero pronto se fueron independizando de ella. La diferencia fundamental entre estas escuelas privadas y l´Ecole des Beaux Arts era la ausencia de una normativa precisa que regulara el estudio del cuerpo. Se estaba introduciendo así el nuevo concepto de "arte", que comenzó a gestarse a mediados del siglo XIX en el que la importancia del cuerpo ya no se ligaba a cuestiones de proporciones ni de cánones. El objetivo era otro: representar el cuerpo "tal como era", introduciendo incluso una parte de creación del "artista" alejada de la idealización que promovían los estudios académicos.

A finales de siglo, en los estudios franceses e ingleses tanto hombres como mujeres trabajaban conjuntamente con un "modelo", independientemente de cual fuera su sexo, aunque todavía se veía "peligroso" (y se ridiculizaba, a través de la prensa) que una pintora contratara los servicios privados de un "modelo".

En Norteamérica la situación no era muy diferente a la de Europa; en Pennsylvania, en 1868, ya existía la Ladies´Life Class con modelos femeninos, y, en 1877 comenzó a utilizarse el modelo masculino, lo que provocó intensos comentarios de los que se hizo eco la prensa. Es destacable el caso del pintor Thomas Eakins quien intentó recurrir a modelos femeninos en las clases de la academia y se encontró con que algunos de sus compañeros pidieron su dimisión como profesor, pese a que gozaba de una excelente reputación como maestro y como artista .
En España, habrá que esperar hasta mediados del siglo XIX para hablar de los primeros estudios privados de arte. Estos estudios se concentraron principalmente en Cataluña, País Vasco y Madrid.

Es el siglo XIX cuando el desnudo femenino, y con ello la utilización y preferencia de las modelos se antepone al uso de modelos masculinos. Desde el Renacimiento las modelos habían sido utilizadas en Italia y Alemania antes que en el resto de Europa, consolidándose esta práctica en la mayoría de los países europeos en el siglo XIX. El pintor inglés William Hogarth llegó incluso a comentar que la razón de utilizar modelos era que hacía más atractivo el dibujo a los estudiantes . Es decir, que la facilidad de acceso a las clases con modelo influía claramente en la elección que hacían los futuros artistas en una u otra escuela artística.

En París se concentraba en el siglo XIX el mayor número de "artistas" y también de "modelos". Las plazas, mercados o cafés, eran los lugares de encuentro y de reunión de las modelos, los pintores y los escritores, pero había otro modo de obtener "modelos": a través de amigos. Por ello no era difícil que una misma mujer posara para el mismo grupo de "artistas", tal fue el caso de las modelos que posaron para los prerrafaelitas, los simbolistas o los decadentistas. Otra forma de contactar con las modelos era por medio de la prensa. Desde mediados del siglo XIX los anuncios por palabras se convirtieron en una práctica habitual de encuentro. El "artista", a través de las revistas de arte, publicaba anuncios para fijar las características precisas que tenía que tener "la modelo" o "modelos" que posaran para él, características todas ellas de carácter físico.

En el caso de París, la Place Pigalle, la tradicional zona de cabarets y prostitución, cerca del mercado de las pulgas, era uno de los lugares en el que se daban cita los "artistas" en busca de "modelos".

El siguiente texto describe así la apariencia de esta plaza: … las mujeres, a veces con niños, resplandecientes con sus trajes tradicionales, los hombres sentados relajadamente en el borde de la acera, todos ellos hablando animadamente, esperando a que los artistas y maestros de las academias vinieran a contratarles para lo que normalmente era una semana de trabajo como madonas, legionarios romanos, Jerónimos o gladiadores .

Por último, otra manera de encontrar "la modelo" adecuada era a través de agencias, cuyos catálogos describían minuciosamente cada parte de su cuerpo: ... Julie Waill tiene elegantes piernas del siglo XVI, Julie Waill tiene una constitución clásica, Thomas "el oso" tiene el cuerpo de un condenado de Miguel Ángel, la señora Lefois posó de modelo para vientres y piernas clásicas, la delgada Marie Poiton posó para santas, mártires y místicas, Juliette tiene un cuerpo rubensiano .

Con la aparición de la fotografía este tipo de catálogos se multiplicaron y se crearon agencias especializadas que cumplían el papel de intermediarias entre "los artistas" y "las modelos".

En estas agencias se podían adquirir álbumes de fotos por una cantidad menos costosa que el precio que se pagaba por contratar a una modelo. Tanto Delacroix, Degas, Toulousse Lautrec, como Mucha, Munch, Bonnard, Khnopff... recurrieron a la fotografía como un medio rápido de conseguir modelos. En un principio estas fotografías imitaban las poses de los cuadros más famosos de la antigüedad, pero posteriormente se estableció la "pose fotográfica", donde las convenciones sociales de posturas y gestos eran transgredidas. Una de las grandes ventajas que representaba la fotografía frente a la pintura del natural es que era posible cuadricular una foto fija y por tanto conseguir una mayor perfección en el dibujo.

Lo interesante de la fotografía es que, gracias el desarrollo de esta nueva técnica, el número de modelos aumentó considerablemente. Este incremento, que se produjo a finales de siglo XIX y no se detendría en todo el siglo XX, originó que las modelos comenzaran a organizarse para reivindicar sus derechos y deberes, una de las primeras asociaciones fue la Association of artist´s models que abrió sus puertas en 1920 .

Modelos y prostitutas: relación entre dos profesiones "públicas"

A lo largo del siglo XIX, "las modelos" fueron vistas como seres depravados que asumían las características de las prostitutas. Su papel era ambivalente porque por un lado la sociedad burguesa las asociaba con la naturaleza, la sexualidad y la inmoralidad y, por otro, se las relacionaba con la pureza y la belleza, convirtiéndolas en verdaderas "musas" para los pintores.

Una razón para establecer esta imagen ambivalente, contradictoria, la encontramos en el pasado. En los tratados renacentistas -de los que derivaban la mayor parte de las enseñanzas académicas hasta el siglo XIX- se habla del modelo masculino en términos de fuerza, fortaleza, energía y firmeza, mientras que a las modelos femeninas se les califica como débiles, pasivas, frágiles...

Las "modelos", aunque procedieran del mismo estrato social que los "modelos" eran observadas con cierta sospecha de promiscuidad sexual. Mientras que a los modelos se los comparaba con los héroes clásicos porque se suponía que sus cuerpos eran más adecuados para representar los temas históricos, -género artístico por excelencia hasta bien entrado el siglo XIX-, las "modelos" debían imitar cuerpos pasivos e indefensos… Por otra parte, se pensaba que las mujeres de las clases más marginales no sabían controlar sus instintos, y que por ello, las modelos eran más promiscuas y, en palabras de la época, más "ligeras". Durante el siglo XIX se dividía a las mujeres entre "buenas" (madres, esposas e hijas) y "malas", y sin duda alguna, las modelos, por hacer caso omiso a las normas de decencia burguesa, se las incluían dentro de esta segunda categoría. Las similitudes entre el trabajo de "modelo" y el de prostituta se vieron además favorecidas porque ambas ocupaciones tenían lugar en "espacios privados", lo que hacía que el taller del "artista" fuera visto como la sala de un burdel donde las mujeres desnudas posaban y accedían a los deseos de quienes las retrataban.

Tanto para el movimiento puritano burgués como para los movimientos feministas de mediados de siglo XIX, la modelo se convirtió en objeto de escrutinio y de compasión, una víctima inocente del artista libertino que ejercía su trabajo para satisfacer los apetitos de un sector "corrupto" de la población que se aprovechaba de ella. La relación que se estableció entre posar y ser prostituta sirvió para reforzar la idea de que "las modelos" eran mental y físicamente vulnerables y que tenían una necesidad constante de protección y de cuidado.

Las mujeres que pintaban desnudos fueron también acusadas con dureza dentro de los propios movimientos feministas, ya que se pensaba que al pintar su propio cuerpo o el de otras mujeres contribuían a la denigración de su propio sexo. Las campañas en contra y a favor de las "modelos" dividieron a artistas, a críticos y al público en general. Los incipientes movimientos de mujeres, creían que "las modelos" eran utilizadas de manera abusiva por "los artistas" y que por lo tanto, las clases al natural debían desaparecer. Los chistes publicados en la revista inglesa Punch también son una buena referencia para hacerse una idea del debate que reinaba en torno a "las modelos". En estos chistes los propios "artistas" persuadían a los amigos o familiares para que posaran, pues posar, era visto como un trabajo inadecuado para aquellas mujeres que quisieran salvaguardar su decencia y su respetabilidad.

Los periódicos, que se convirtieron en órganos importantes de expresión de la mentalidad de la época, no fueron ajenos a esta problemática. The Times publicó el 22 de Mayo de 1885 un artículo a petición de la House of Commons exigiendo una mayor y mejor protección para las modelos jóvenes. En dicho artículo se mencionaba lo difícil y lo vergonzoso que debía ser para "las modelos" ver su cuerpo desnudo en exposiciones y concursos ante la mirada y la observación de "extraños" . Otro periódico inglés, el Seeking and Saving, se convirtió en el abanderado de una campaña que comenzó en 1885, y que curiosamente tenía como finalidad "rescatar" y "reformar" a "las modelos" femeninas, pues consideraban que ejercían este trabajo debido a su precaria situación económica y a su débil situación mental .

También en la prensa, se ridiculizaba a "la artista" cuando se servía de un modelo masculino. El escritor francés Charles Aubert escribió L´Auvegle (el ciego) que forma parte de una serie de relatos eróticos conocidos como Les nouvelles amoreuses. En L´Auvegle narra como una joven pintora es seducida por su modelo masculino. La historia es más complicada de lo que en un primer momento pueda parecer porque creía que su modelo era ciego (se intercambian los papeles, ella es la que pinta y ve, y él es el que posa y es observado) pero, de hecho, no era ciego como pretendía hacer creer y en el momento en que la protagonista, Isabelle se ausenta, el modelo que no está satisfecho con la obra, retoca el cuadro terminándolo.

Historias de este tipo se repitieron tanto en periódicos de información general, como en revistas artísticas que mostraban, de manera humorística e irónica la inutilidad de "la mujer" para la profesión artística.

Para comprender esa ambivalencia quizás sea preciso analizar con mas detenimiento la procedencia social de las modelos.

Se sabe que una gran mayoría de ellas provenían de la clase trabajadora, y que a menudo, al mismo tiempo que se dedicaban a posar, ejercían los oficios más variados, tales como dependientas en comercios, empleadas del hogar, actrices en los teatros y cabarets...

Por las memorias de "los artistas" sabemos que algunas "modelos" habían comenzado a posar desde niñas y seguían posando hasta apenas los treinta años, ya que "los artistas" las preferían jóvenes. En el caso de "los modelos" no sucedía lo mismo ya que interesaba conseguir modelos de edad avanzada para pintar santos o héroes.

Un buen ejemplo nos lo proporciona el discurso que Enrique Estrade Gutiérrez pronunció en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, titulado, la enseñanza de la pintura en la Academia de Bellas Artes de San Fernando: (…) el ideal femenino, debe elegirse en el momento de vital florescencia, no muy alejado de los quince años, periodo en que el atractivo deslumbrador de la doncellez modelo, apenas salida del capullo, se contiene en el cuerpo de línea impecable, de talle flexible y esbelto en posesión de pequeños pechos turgentes, suaves y erguidos, altos y de amplio seno, de delicadas caderas y pelvis poco desarrollada; de brazos y piernas de correcto dibujo, rectos, largos y de finas articulaciones (...), sin embargo, en el caso del modelo masculino, el ideal divino del cristianismo lo representa en la plenitud del desarrollo físico .

Se sabe, no obstante, que algunas "modelos" eran de origen acomodado e incluso aristocrático, como la duquesa de Colonna, modelo de Courbet y Fortuny, Mary Zambaco, musa de Edward Burne Jones, o Dorothy Dene, modelo de Leighton, cuyo nombre real era Alice Pullen, quien recibió parte de la herencia del pintor tras su muerte. Estas mujeres deben su fama no tanto a su labor como modelos sino a que fueron musas de pintores conocidos. En otros casos, ya fuera debido a su belleza o a su particular talento, "las modelos" podían destacar en los círculos artísticos o intelectuales. Este es el caso de Mery Laurent, sobrenombre de Anne Rose Louviot, que fue modelo del hijo de Raimundo de Madrazo y que asistía a la tertulia de Reinaldo Hann, Marcel Proust, Whistler..., al igual que Emma Dobigny, que posó para Corot y Degas.

Una de las pocas modelos que ha dejado pruebas escritas de la relación que mantuvo con el pintor que la retrataba es Victorine Meurent, quien posó para Manet en su obra l´Olympia y para otros ocho cuadros realizados por este pintor entre 1862-1873. Victorine Meurent también fue la modelo de Almuerzo Campestre y aparece en el cuadro sentada desnuda entre su hermano y su futuro cuñado.

Este cuadro se iba a llamar el baño, quizá para resaltar aún más la desnudez de "la modelo". Ambas obras fueron retiradas del salón oficial y despreciadas por la crítica académica, porque Manet había retratado un cuerpo femenino vulgar: se hicieron alusiones a sus pies sucios, sus piernas cortas, su cadera demasiado estrecha, su pelo rojo y, en definitiva, a la peculiaridad de su mirada considerada demasiado incisiva y penetrante. ¿Esta percepción negativa no refleja bien las características atribuidas por la burguesía a las mujeres de las clases populares?.

Victorine nació en París en 1844 y murió en las afueras de la capital en 1927. Además de modelo era pintora, y no sólo expuso en el Salón sino que fue miembro de la Sociedad de Artistas Franceses: las mejores obras de Manet fueron retratos míos. Teníamos una buena relación... ¿Por qué ninguno de esos escritores entendió la fuerza de Olympia? Era mi cara, odiaban mi cara. Manet sabía lo que estaba haciendo y adoraba mi cara.... Le estaba diciendo al mundo, "esta mujer no es vuestra". Mis ojos, mi sonrisa, era para las chicas y no para los chicos, él lo sabía .

Los ejemplos de modelos conocidas por su nombre y apellido no dejan de ser representativos de una minoría. Lo habitual era "la invisibilidad" de las mujeres que posaban, cuyos cuerpos sin nombre han pasado a la historia del arte. No se sabe demasiado acerca de cómo las modelos entendían su profesión. Es más común encontrar testimonios sobre las características que los artistas apreciaban y valoraban a la hora de trabajar con una modelo. La ausencia de temperamento era uno de los requisitos más valorados, era mejor una mujer de carácter apaciguado y tranquilo que una mujer con carácter impulsivo y nervioso. El artista Harry Furniss describió así a su modelo Nellie, una modelo ideal: apenas hablaba; no estaba dotada de mucha inteligencia, pero tenía la suficiente para comprender la pose que querías, y, lo que es más, el sentido para mantenerla .

Además de la importancia que daban "los artistas" a la puntualidad y al carácter tranquilo, los comentarios que hacían de sus "modelos" se centraban sobre todo en sus características físicas, y rara vez en las intelectuales . El pintor Delacroix anotaba de una manera meticulosa y ordenada en sus diarios el tipo de piel de cada una de "las modelos", las describía con precisión, como si el conocimiento de todas sus características físicas, pelo, color, talla, peso... fuese vital a la hora de representarlas en sus pinturas.: ...bello tono de piel morena, muy sanguínea, color amarillo oscuro y tono violeta lacado marrón y blanco (…)Para el tono rosa cálido de la mejilla de una mujer tierna y rubia, el color carmín y el blanco, amarillo zinc claro y verde, esmeralda, blanco y lacado .

Delacroix no era el único que realizaba este tipo de anotaciones, Ingres escribía el nombre y la dirección de "las modelos", también Degas apuntaba las cualidades físicas de las mujeres que posaban para él, (color de pelo, de ojos...): fíjense cómo pesa sobre nosotros la diferencia entre distintas épocas. Hace dos siglos hubiera presentado "Suzanne en el baño", mientras que yo sólo pinto mujeres en el baño. Hasta ahora, siempre se ha representado el desnudo en poses que suponían la existencia de un público. Pero las mujeres son gente simple y honesta que únicamente se ocupan de su cuidado físico. Ve ésta que se lava los pies... es como si mirara por el ojo de la cerradura .

El grupo artístico que dejó más datos acerca de la relación con "las modelos" fue, sin duda, el de los Prerrafaelitas. A Gaetano Meo le impresionó la forma tan distinta en que "las modelos" eran tratadas en Londres y París: En París -decía- los artistas trataban a sus modelos como amigas, las consideraban compañeras de trabajo. Después del trabajo, el artista y su modelo cenaban juntos y charlaban, y la modelo si era inteligente, aprendía mucho de arte .

Del grupo prerrafaelista, tanto Dante Gabriel Rossetti, Willian Holman Hunt o Millais trabajaron con Annie Miller, que logró ser una reputada modelo en los años cincuenta. Nacida en el 1835, en el elegante barrio londinense de Chelsea, trabajaba en un cabaret de Londres antes de dedicarse a posar. Otra de las modelos de este grupo artístico inglés fue Fanny Cornforth, cuyo verdadero nombre era Sarah Cox quien posó para Rossetti más de veinte años, hasta su muerte en 1885.

Otro de los aspectos que nos ha parecido interesante resaltar una vez que hemos destacado las condiciones de trabajo de "las modelos", es el salario que recibían, un salario sujeto a múltiples factores. Si trabajaban para un "artista" estaban mejor pagadas que si lo hacían para la academia, ya que en su salario "el artista" incluía una comida diaria. Otro de los factores que determinaba la remuneración era el sexo de los modelos: las tarifas de los hombres solían ser inferiores a los de las mujeres, en proporción de dos a uno. A mediados de siglo XIX, las modelos en Francia cobraban de seis a diez francos por sesión de cuatro horas mientras que sus compañeros ganaban solamente cinco francos. En Inglaterra "los modelos" ganaban cinco chelines por semana, con un chelín adicional por cada dos horas más de pose, mientras que las modelos recibían un chelín cada vez que posaban. El salario de las modelos comparado con el de otras profesiones femeninas era relativamente más elevado. Una sirvienta y una costurera, por ejemplo, tenían que trabajar doce horas al día, seis días a la semana para conseguir los mismos ingresos. Según Claude Bédat, los modelos cobraban poco más que los porteros, su paga, a finales del siglo XVIII, alcanzaba dos mil seiscientos reales al año, que correspondían a siete reales cada día .

Los modelos, tanto hombres como mujeres, eran remplazados cuando engordaban y no cumplían la figura exigida por los cánones académicos. En 1782, la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando despidió al modelo Juan del Valle, por haber engordado mucho de barriga . También estaban expuestos a las bromas del público. En la Junta Ordinaria del 4 de julio de 1775 se ordenó que se dejara libre de las salas de mucha gente indecente, como chisperos, mozos de trabajo, arrieros y calesineros, y otros que hacen burla y se están riendo de las actitudes o posiciones en que se colocan los modelos.

En 1800, el modelo Ramón Fernández Castañeda, pidió la intervención de la academia por los insultos que recibía de sus vecinos debido a que ejercía dentro de la Academia un oficio ruin y una ocupación baja la de servir de modelo .

Pero no todas "las modelos" ganaban el mismo salario, las mujeres jóvenes judías eran especialmente buscadas y su sueldo podía llegar hasta los seis francos por sesión. Se preferían las judías y las italianas al resto de las nacionalidades porque se pensaba que además de tener mejores dotes para posar, eran más finas y bellas y menos púdicas que el resto, es decir, eran más dóciles y sumisas. El recuerdo del pasado glorioso de la antigüedad también era otra de las razones que motivaba a los artistas a contratar a estas modelos: entre las italianas no había falsa modestia. Por entonces ser modelo era un trabajo serio con el que se ganaba dinero si se tenía disposición, y que se transfería de generación en generación .

De la misma opinión era el académico Jacques Nicolas Paillot de Montabert, quien en su tratado de pintura escribió: los modelos más bellos son aquellos que mejor conservan la intención primordial de la naturaleza, y que por lo tanto ofrecen mayor carácter; ahora bien, esa clase primordial se ha mantenido mejor en los países en los que las razas que se han conservado puras, que en las rancias en sus usos y costumbres .

Aunque el salario de los modelos era superior al de cualquier otra actividad manual, su trabajo, ya fuera en la academia o en las escuelas privadas, era pesado. En las academias las sesiones solían durar de dos a tres horas y en las escuelas privadas podían prolongarse desde las de ocho de la mañana hasta las doce del mediodía para comenzar de nuevo por la tarde de una a cinco, con un descanso después de cada hora de pose que solía ser de diez minutos .

"Las modelos" en el siglo XIX estaban clasificadas en función de su etnia y de su nacionalidad. Eran judías, negras, parisinas, españolas… Un dato curioso es que entre los años 1850 y 1870, gran parte de las modelos que posaron en Francia eran italianas, debido, en parte, a la fuerte inmigración italiana existente de ese periodo. A través del escritor francés Le Roux sabemos que si sólo tres familias italianas trabajaban como modelos en el París de 1868, había más de 500 modelos trabajando en la profesión veinte años más tarde . El número de modelos italianas concentradas en París, y luego en Londres, es un hecho destacable: familias enteras se dedicaban a esta profesión, a los niños se les enseñaba a posar como angelitos o cupidos, mientras que los más ancianos interpretaban papeles de vagabundos o santos . Incluso cuando se inauguró La Slade en Inglaterra, el profesor Pointer prometió a sus estudiantes que intentaría conseguir a las mejores "modelos italianas": no sólo en su constitución y en sus proporciones, o en su gracia y dignidad naturales, son con diferencia superiores a nuestras modelos inglesas; sino que tienen una belleza natural, especialmente en sus extremidades que ni el trabajo más duro parece estropearlas .

Al igual que las italianas y las judías, las españolas eran otro tipo de mujeres que atraían a los pintores por su supuesto exotismo. Pintores franceses -como Manet- pintaron numerosos cuadros donde reflejaban los tópicos españoles: los toros, la fiesta y el flamenco. Los pintores españoles también supieron sacar provecho de esta curiosidad exótica y se dedicaron a pintar cuadros de gitanas y corridas que se vendían fácilmente en los salones oficiales franceses. Sin embargo, esta curiosidad por otros países también sirvió para ridiculizar y mostrar la inferioridad cultural.

Entre las modelos españolas que hicieron fortuna en París destacan Juana o Jeanne Avril, vedette del Moulin Rouge que posó para Toulouse Lautrec; Mini López, modelo de Renoir entre 1875-1879; y Rosita Marín, que posó para alguna de las obras de Degas. Pero en un siglo en el que el sentimiento nacionalista se acentuó, la utilización de modelos de otras nacionalidades levantó críticas entre ciertos sectores relacionados con el mundo del arte. Se argumentaba que el empleo de modelos italianas, judías… no era comprensible, ya que en Francia también había bellas mujeres.

En 1907 en el semanario L´Humanité femenine, se escribía: las chicas bellas no son más raras que las bellas ideas bajo nuestro cielo francés, y sin embargo pedimos prestados a Italia nuestros modelos .

Este ha sido un breve ensayo en torno a la imagen de "las modelos" en el siglo XIX. Se podía continuar discutiendo sobre el tema, el cual, sin duda alguna nos llegaría hasta nuestros días.

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