-UNA ARQUEOLOGÍA CRÍTICA: Ciencia, Ética y Política en la
construcción del pasado, Víctor M. Fernández Martínez, Ed. Crítica 2006

Reseña:
En la incipiente literatura sobre teoría arqueológica que desde hace
pocos años comienza a fraguarse en España, Víctor Fernández es tal vez uno de
los principales nombres a tener en cuenta desde que años atrás llegó a nuestro
país la Nueva Arqueología.
En esta ocasión, su nuevo libro “Una Arqueología Crítica” nos acerca a
tres de las corrientes más representativas del panorama crítico arqueológico.
Pero tal vez uno de los puntos más interesantes sea su análisis inicial del
conflicto entre verdad y valor.
El primer punto que cabría valorar en esta reseña es el último, la
bibliografía. Pocas veces se ha podido disfrutar de una lista de referencias
tan completa y rebuscada, que sus treinta y cinco páginas no deja escapar un
solo título digno de mención. Aparecen Bourdieu, Laclau, Jameson, Said, Rorty o
Zizek en el campo de la filosofía postmoderna y de izquierdas, o Hodder,
McGuire, Díaz-Andreu, Gilman, Trigger, Vicent o Hernando como representantes de
esas arqueologías “críticas” que llevan a la práctica interpretativa las ideas
de resistencia, dominación, identidad… que tanto han preocupado a la filosofía
pero que han tardado mucho tiempo en ser tenidas en cuenta por los arqueólogos
(sobre todo españoles). Podemos encontrar desde artículos de opinión en
diferentes periódicos, hasta las principales obras de referencia en cada campo.
Desde nombres tan conocidos como los anteriormente citados, a otros como
Barinaga, Chakrabarty, Feder, González Ruibal, Meillasoux o Pluciennik, que
representan nuevos valores o viejos valores menos conocidos.
Pero si la bibliografía es interesante, no lo es menos el contenido al
que hace referencia. El primer capítulo analiza la relación entre Ciencia,
Ética y Política desde una perspectiva postmoderna. Después, en la misma línea
centra su análisis en la Ética de las Ciencias Sociales, siguiendo su
desarrollo hasta nuestros días, con especial atención a la Arqueología y la
creación de códigos deontológicos para la buena praxis, que en los últimos años
tratan de regular una actividad en la que la trampa y la mentira siguen estando
a la orden del día. Y ya sin salir del ámbito de la Arqueología, los últimos
capítulos pasan a analizar el desarrollo y el estado actual de Marxismo,
Feminismo y Postcolonialismo.
El primer punto que me gustaría analizar con más detenimiento es la
aclaración que el profesor Fernández hace del concepto de postmodernismo. En
muchos ámbitos, y sobre todo desde los sectores más reaccionarios de la
Arqueología, se ha criticado el excesivo relativismo al que lleva el
postmodernismo, lo cual dejaría la investigación en un callejón sin salida. Se
basaban en afirmaciones como que el postmodernismo niega la realidad. Sin
embargo, lo que hace es advertir diferentes realidades para un mismo hecho
dependiendo del observador y eso en sí mismo no deja de ser una realidad. Más
allá, el postmodernismo crítico sitúa al observador en su contexto social
(posiciones del sujeto), dotando de contenido crítico las diferentes realidades
que pone de manifiesto. En definitiva, la misión fundamental del postmodernismo
es poner la nota de atención sobre todo aquello que la filosofía tradicional
había obviado, en ocasiones de forma equivocada.
Los capítulos dedicados a las Arqueologías Críticas hacen un repaso de
su desarrollo y sus principales planteamientos. La Arqueología marxista es tal
vez la que tiene un tratamiento más cuidado, con especial atención al concepto
de resistencia. De ahí, la arqueología del capitalismo o la arqueología social
latinoamericana, que responden a la necesidad de una arqueología que no atienda
solo a las elites, a través de rasgos de resistencia en el registro material,
de no centrarse sólo en los elementos de prestigio, etc. La Arqueología
feminista, representa otro de los atractivos de los últimos años a través de
los estudios de género. Aquí el punto fuerte es un análisis a favor de un
feminismo coherente, de una arqueología del género, sin excesos, pues la
esencia de una arqueología crítica pasa por darle la voz a quien no la tenía,
no por quitársela a los demás. Por último, trata el Postcolonialismo y el
Multiculturalismo, un tema mucho más delicado y que podría dar lugar a una
ingente literatura, al entroncar con problemas tan actuales como el
nacionalismo o la etnicidad.
Pero antes de concluir esta reseña, me gustaría detenerme especialmente
en el que es tal vez el punto débil del libro, a la vez que uno de los más
interesantes. La Ética en Arqueología. No estoy en desacuerdo con nada de lo
expuesto y de hecho, me parece un repaso bastante correcto de la poca ética de
trabajo que nuestro colectivo ha tenido y tiene. La flaqueza de este punto está
en lo que no aparece escrito.
Es obvio que un arqueólogo jamás será objetivo en sus interpretaciones,
desde el momento en que lo que hacemos son precisamente eso, interpretaciones.
Pero la Ciencia, la Ética y la Política, nos tocan incluso antes de interpretar
y tal vez de un modo mucho más peligroso. Principalmente me refiero a Ética y
Política. La Arqueología ha cambiado mucho en los últimos años y una parte muy
importante de ese cambio ha venido a través de los diferentes modelos de
gestión patrimonial que se han venido aplicando dentro y fuera de España. Si
nos centramos en nuestro país (sin ser el único caso), la “profesionalización”
de la arqueología derivada de las leyes de patrimonio, ha dejado abierta una
vía de debate en torno a las implicaciones económicas y políticas de la
Arqueología, que van ligadas a la necesidad no sólo de esos códigos éticos que
se mencionan, sino también de un control serio y una regulación de la
actividad. Desde el momento en que la Arqueología se convierte en empresa
entran en juego intereses económicos tanto para los arqueólogos como para
quienes los tienen que “sufrir” en mayor medida, los constructores. La
obligación de pagar todas las intervenciones arqueológicas que se deriven de
una obra, sumado al tiempo que esa obra permanece parada, han creado un mito
contra el mundo de la Arqueología por parte del sector de la construcción, que
no sólo pone en peligro al patrimonio, sino que además fomenta la mala praxis
de determinados individuos (arqueólogos). Esto se añade a las implicaciones
políticas que muchas veces tiene y que se acentúan con cuestiones de identidad
nacional en territorios donde las intervenciones de urgencia están sacando a la
luz un pasado que no se corresponde con el discurso clásico nacionalista. Éstos
no son los únicos problemas ni las únicas reflexiones que se pueden obtener de
aquí, es tan sólo una muestra de hasta donde llega la importancia de una
Arqueología Crítica.
Para terminar, me gustaría hacer un último apunte. Publicar es hacer
algo público. Algo que en el caso de la Arqueología ya es público antes incluso
de que lo conozcamos. Así, la propiedad intelectual de los resultados puede
demandarla el arqueólogo, pero los resultados son de todos y por tanto el
arqueólogo está obligado a hacerlos públicos con la mayor brevedad y el mayor
rigor posible. Hoy esto se materializa en forma de una memoria que se debe
entregar a la Administración, pero sigue faltando un paso fundamental, la
sociedad.
Y sin entrar en más debates, no puedo menos que recomendar la lectura de
éste libro a todo aquel que le guste la Teoría y en definitiva a todo aquel que
le guste la Arqueología. Ayuda a pensar y a ser consciente de muchas de
nuestras carencias.
JAIME ALMANSA SÁNCHEZ
Dpto. de Prehistoria (UCM)