RESTOS FÓSILES HUMANOS EN EL PALEOLÍTICO SUPERIOR DE LA PENÍNSULA
IBÉRICA
José María Pérez Iglesias
Área de
Prehistoria. U. A. H.
Resumen:
El documento es una síntesis del Trabajo de Investigación
Tutelado realizado por el autor, dirigido por el Dr. D. Rodrigo de Balbín
Behrmann (Catedrático de Prehistoria de la UAH). 25 yacimientos han
proporcionado fósiles humanos pertenecientes al Paleolítico Superior de la
Península. El inventario constatado hasta el momento consiste en 89 fragmentos
de hueso, 56 dientes y 1 esqueleto (Lagar Velho). El porcentaje de huesos
craneales encontrado (82%), es suficientemente elevado como para ser
considerado resultado del azar, por lo que se plantea que durante todas las
etapa culturales del Paleolítico Superior, al menos en la cornisa Cantábrica,
se solía actuar sobre la cabeza del esqueleto, una vez dejado éste descarnar,
transportándola hasta el lugar de habitación y colocándola en algún lugar
especial. No puede probarse que los cráneos se utilizaran como elementos
rituales, más bien parecen recuerdos familiares. Se analizan dos posibles enterramientos
secundarios: Parpalló y Beneito y tres posibles primarios: Morín, Lagar Velho y Nerja.
Abstrac:
Human fossils in the Iberian Peninsula
Upper Paleolithic
This document is a synthesis of the
investigation job done to obtein de degree of Investigation Sufficiency,
writing by the author an directed by Dr. D. Rodrigo de Balbín Behrmann (UAH
Prehistory Professor). 25 sites have provided human fossils which belong to the
Iberian Peninsula Upper Paleolithic. The inventory, found until now, is the
following: 89 bones fragments, 56 teeth and 1 skeleton (Lagar Velho). The
percentage of skull bonds (82%) found, is enough to be considered as a result
of the chance, reason why, we propose that during all the Upper Paleolithic, at
least in the Cantábrico, it was used tu act on the head of the skeleton, after
the decarnation, and transport it to the occupation site, and place it in a
special place. It can not proved that the skulls were used like ritual elements rather seem like familiars
souvenirs. Two possible secundary burials are analyzed: Parpalló and Beneito,
and three possibles burials: Morín, Lagar Velho y Nerja.
Pocos restos fósiles humanos han
sido localizados, hasta ahora, pertenecientes al Paleolítico Superior de la
Península Ibérica y, probablemente sea ésta la razón de los escasos trabajos de
investigación publicados sobre el asunto. Cuatro recopilaciones son las
referencias en este momento: El trabajo de Blas Cortina (1997), que resume los
restos esqueléticos del Paleolítico y Epipaleolítico en el Cantábrico, el de
Villaverde Bonilla (2001) que analiza
los restos fósiles humanos de los yacimientos del Levante, el de Arias Cabal,
Álvarez Fernández (2004), que recoge las evidencias de prácticas rituales en el
Paleolítico y Mesolítico de la Península y el de Balbín Behrmann y Alcolea
González (2005), que trata ampliamente
sobre los restos humanos del Paleolítico en el Cantábrico. Hay que citar
también las obras de Garralda (1975, 1976, 1978, 1982, 1986, 1992 y 1994), que
contienen estudios antropológicos de
varios de los fósiles reseñados.
Basándonos en estos trabajos,
especialmente en el de Balbín Behrmann y Alcolea González (2005) y el de
Villaverde Bonilla (2001) hemos completado un inventario de piezas sustentado
por los documentos de las publicaciones realizadas por los investigadores de
cada una de las excavaciones en las que se localizaron restos fósiles humanos.
Los 25 yacimientos que han
proporcionado algunos restos, en forma de esqueleto completo (Lagar Velho),
cráneos, o fragmentos de hueso son los siguientes:
Asturias: La Paloma (Soto de las
Regueras), Las Caldas (Soto de las Regueras), El Buxu (Cangas de Onís), La
Lloseta (Ribadesella), Tito Bustillo (Ribadesella), Cueto de la Mina (Posada de
Llanes) y La Riera (Posada de Llanes).
Cantabria: La Pasiega (Puente
Viesgo), El Castillo (Puente Viesgo), Cobalejos (Velo, Puente Arce), Santián
(Puente Arce), El Pendo (Escobedo de Camargo), Morín (Villanueva de
Villaescusa), Rascaño (Mirones, Miera) y La Chora (San Pantaleón de Aras).
País Vasco: Santimamiñe (Kortézubi,
Vizcaya) y Erralla (Cestona, Guipúzcoa).
Levante: Beneito (Muro de Alcoy,
Alicante), Parpalló (Gandia, Valencia), Malladetes (Barx, Valencia) y Foradada
(Xábia, Alicante).
Andalucía: La Carigüela (Piñar,
Granada) y Nerja (Nerja, Málaga).
Portugal: Lapa do Suao (Bombarral) y
Lagar Velho (Leiria).
Otros 6 yacimientos contienen restos
de dudosa cronología para inscribirlos en el Paleolítico Superior, por lo que
no han sido incluidos en el cómputo realizado:
Cuartamentero (La Portilla, Llanes,
Asturias). La asignación es problemática por desconocerse exactamente el nivel.
Podrían ser, en opinión de González Morales, Asturienses (GARRALDA, 1982: 7-29)
o Magdaleniense final (BALBÍN BEHRMANN; ALCOLEA GONZÁLEZ, 2005: 193-206). Se trata de 1 neurocráneo y 2 piezas
dentales (GARRALDA, 1982: 7-29)
Les Cendres (Moraira, Alicante). En
un nivel sin definir, con tierras revueltas se encontraron 1 canino y 1 falange
de pie (VILLAVERDE, 2001: 316-317)
Foradada (Xábia, Alicante). Se localizaron
en el nivel I del sector II, 18 restos humanos en un contexto Auriñaciense,
pero con unas dataciones de 310 ± 40 BP y 2820 ± 80 BP (VILLAVERDE, 2001: 299-300)
Barranc Blanc (Rótova, Valencia): 1
frontal (Barranc Blanc 1), 1 cráneo fragmentario (Barranc Blanc 2), 8
fragmentos de parietal y 1 fragmento de frontal (VILLAVERDE, 2001: 317-320)
Parpalló (Gandia, Valencia): 1
parietal izquierdo (Parpalló 54 a), 1 parietal derecho, 1 canino (Parpalló 30
a), 2 fémures y 3 fragmentos vertebrales. Se desconoce su posición
estratigráfica. (VILLAVERDE, 2001: 306)
Urtiaga (Iziar, Guipúzcoa). Las
dataciones realizadas, mediante C 14, en el
Laboratorio Svedberg de la Universidad de Uppsala dieron como resultado
para el cráneo A1: 3430±100 BP, y para B1: 3475±120 BP y 3445±110 BP (ALTUNA;
RUA, 1989: 23-28), dataciones que confirman una cronología moderna para los
mismos.
Se han divido los Fósiles Humanos en
dos grandes grupos: Restos sueltos y Esqueletos. La mayoría de los huesos
encontrados, son fragmentos, con dimensiones, en ocasiones, mínimas como es el
caso de La Riera donde en el nivel 7 fue localizada una pieza formada por fragmentos de occipital y
parietal que medía 22 x 16 mm. (STRAUS; CLARK, 1986: 94), que a juzgar por el
espesor de la pieza pudo pertenecer a un niño (GARRALDA, 1986: 323). Algunas
piezas son más relevantes y constituyen cráneos bastante completos o partes
importantes del mismo. Con objeto de obtener datos uniformes se ha definido
para cada cráneo un número de huesos determinado, basado en el estudio
antropológico correspondiente. De éste modo se ha obtenido un resultado de 89
huesos, 56 piezas dentales y 1 esqueleto (Lagar Velho).
Las únicas dataciones absolutas
disponibles, por el momento, para éste conjunto, corresponden a Rascaño (Mirones, Miera, Cantabria), donde fueron
localizados 2 fragmentos mínimos (parietal y occipital) en el nivel IV del
sector VIII (15.988 ± 193 BP) y 1 incisivo en el nivel V (16.433 ± 131 BP),
todos ellos en contexto Magdaleniense (GUERRERO SALA; LORENZO LIZALDE, 1981:
278-321).
La tabla general [TG 1] contiene los
restos fósiles humanos sueltos, indicando la descripción, los niveles arqueológicos en que fueron
encontrados, la asignación cultural, la edad, sexo y la correspondiente referencia
bibliográfica. Las tablas [TG 2], [TG
3] y [TG 4], contienen elementos incluidos en la tabla general [TG 1] y corresponden a: cráneos, mandíbulas y piezas
dentales respectivamente.
Hay
un caso destacable que aunque no se puede integrar en el conjunto analizado, se
debe citar porque podría estar relacionado con alguna práctica mortuoria
especial. Se trata de La Galería de los Antropomorfos de Tito Bustillo
(Ribadesella, Asturias), en la que se encontraron, en la denominada Cata 1,
realizada en el lado sur del muro existente «restos abundantes de hueso
completamente machacado y fragmentado, de imposible reconstrucción formal,
situados en el interior de una fosa oval rodeada de piedras y con abundante
colorante, pero sin otro resto alguno» (BALBÍN BEHRMANN; ALCOLEA GONZÁLEZ, 2005). Estos restos tienen una fecha de
Carbono 14 AMS: Beta Nº 170.181 de
32.990 ± 40 BP, dato que «no sería incompatible con la datación estilística de
las figuras antropomórficas, en época Auriñaciense» (BALBÍN BEHRMANN; ALCOLEA
GONZÁLEZ, 2005).
2. CRÁNEOS DEL PALEOLÍTICO SUPERIOR [TG 2]
Algunos
elementos, bien por ser cráneos bastante completos o por tratarse de elementos
importantes del mismo, se consideran suficientemente importantes como para ser
analizados independientemente:
El
cráneo de La Lloseta (Ribadesella, Asturias), encontrado en la galería
inferior, en contexto Magdaleniense, tuvo que ser depositado premeditadamente
en ese lugar. Se encuentra, en este momento, en fase de estudio antropológico
(BALBÍN BEHRMANN; ALCOLEA GONZÁLEZ,
2005). Se trata de un neurocráneo bastante completo.
El Castillo (Puente Viesgo,
Cantabria) ha proporcionado tres cráneos fragmentarios, todos hallados en
contexto Magdaleniense. Los denominados frontales F 1, femenino de 40 años y F
2, masculino de 35-55 años, encontrados en el nivel 8 (VALLOIS; DELMAS, 1976: 113-120) y el denominado por Basabe
“hemicráneo”, correspondiente a una mujer adulta (BASABE; BENNASAR, 1980:
653-666). Se ha debatido sobre la utilización de los cráneos del Castillo como
copas pero este hecho no ha sido probado (GARRALDA, 1992)
En Santián (Puente Arce, Cantabria),
se encontró un cráneo cuando se realizaban unas obras de acondicionamiento de
la entrada de la cueva para facilitar el acceso. El estudio antropológico de
Andérez indica que perteneció a un anciano. Presenta en sus caracteres
morfológicos algún rasgo Neandertal, lo que sugirió a Andérez la pregunta de si estaríamos ante un intermedio entre
Neandertal y Cromañón, aunque finalmente lo clasificó como «esencialmente
perteneciente al tipo Cromañón y accidentalmente modificado por rasgos de
apariencia neandertalense» (ANDÉREZ,
1954: 18). El cráneo tenía implantados en su maxilar superior tres
piezas dentales: segundo premolar derecho, segundo premolar izquierdo y tercer
molar izquierdo. Presentaba signos, en el lado derecho de la caja craneal, así
como en el frontal y la cara, de haber estado en contacto indirecto con el
fuego «… el lado derecho de la caja craneal, así como el frontal y la cara toda
han sufrido los efectos de un fuego, no
directo, a lo que parece, sino separado por algo de tierra, por lo que
presentan dichas regiones el aspecto manchoso negruzco de la tostación, incluso
en la misma superficie endocraneal» (ANDÉREZ, 1954: 10-11). Aunque falta el
contexto arqueológico ha sido atribuido al Auriñaciense por sus características
antropológicas arcaicas y porque encajaría con la presunta cronología de las
pinturas de la cueva (GONZÁLEZ SÁINZ; GONZÁLEZ MORALES, 1986: 150).
La cueva de El Pendo (Escobedo de
Camargo, Cantabria) ha proporcionado un esplacnocráneo infantil, masculino, de
8 a 10 años, encontrado en niveles Magdalenienses por Carballo (CARBALLO, 1933). Presenta un frontal cortado, según
Basabe, intencionadamente por encima de las órbitas, además de una perforación postmortem en el techo de la órbita
derecha, signos evidentes, en opinión de Basabe, de manipulación (BASABE;
BENNASAR, 1980: 661-666). El cráneo de El Pendo podría constituir una prueba
más de que, durante el Paleolítico Superior, se trataba de una manera especial
ésta parte del cuerpo ya que el esplacnocráneo es una de las piezas del
esqueleto de mayor fusibilidad CAMPILLO, 2001: 550). Carballo hacía referencia
a éste asunto «sólo conserva de los huesos craneales el esfenoides, etmoides y
la parte inferior del frontal (otra prueba de la buena conservación de las
tierras de El Pendo, puesto que los dos primeros son los huesos más deleznables
del cráneo» (CARBALLO; LARIN, 1933: 53).
En Cova Beneito (Muro de Alcoy,
Alicante) se localizaron, en el denominado nivel 96-100, junto a industria
lítica Solutrense, dos fragmentos de cráneos humanos: 1 frontal, 2 parietales y
1 occipital (Beneito 1) y 1 parietal (Beneito 2), pertenecientes a una joven y
un niño respectivamente (ITURBE;
CORTELL, 1982: 21), (GARRALDA; VANDERMEERSCH, 1994).
El
cráneo de Parpalló (Gandia, Valencia) fue encontrado por Pericot en 1930, en el
sector Centro-Este, capa 6,25-6,50 en una situación extremadamente delicada.
Tal como indica Pericot «Al quedar descubierto el cráneo se agrietó y sólo pudo
sacarse en fragmentos» (PERICOT, 1942: 273). La recuperación se efectuó en
forma de cincuenta y siete fragmentos con los que se tuvo que efectuar la
reconstrucción del mismo. Cercano al cráneo, Pericot encontró un fragmento de
húmero «que puede suponerse pertenece al mismo individuo» (PERICOT, 1942: 273).
El cráneo, constituido por neurocráneo, esplacnocráneo y 9 molares implantados,
fue estudiado por Bubner quien le atribuyó, con mucha probabilidad, sexo
femenino y una edad aproximada de 17-18 años (BUBNER, 1975: 21-35).
En
el yacimiento de Les Malladetes (Barx, Valencia) se localizó 1 occipital «…en
la capa 12 del sector E, a una profundidad de 2.75 a 2.90 m, en un sedimento de
color rojizo con abundante fracción» (VILLAVERDE, 2001: 300). Corresponde a un
niño de corta edad y apareció en «…una pequeña hornacina abierta en la pared
interior de la cavidad, apareciendo el resto bajo un bloque, junto al que se
localizaron algunos carbones y abundantes restos óseos» (VILLAVERDE, 2001:
300). El occipital de Les Malladetes y el esqueleto de Lagar Velho son, por el
momento, los dos únicos casos de restos humanos pertenecientes a niveles
Gravetienses en la Península Ibérica.
El
número importante de cráneos, dentro del conjunto de huesos localizados,
plantea algunos interrogantes: ¿Porqué se daba un tratamiento especial a los
cráneos?, ¿Eran utilizados como trofeos?, ¿Elementos rituales?, ¿Se trataba de
un elemento, de recuerdo familiar o de alguna persona de relevancia, que se
mantenía cercano al lugar de habitación?. En definitiva, ¿Trofeos o recuerdos
familiares?.
Es importante averiguar si existió decapitación o simplemente se
efectuaba la separación del cráneo una vez descarnado el esqueleto. En el caso
de decapitación debería haber alguna vértebra
cervical conectada con el cráneo, situación que se constató en los
cráneos de Ofnet (Nördlingen, Alemania), donde se localizaron 33 cráneos con la
mandíbula inferior y las primeras vértebras cervicales incluidas, enterrados en
dos fosas y con numerosos adornos, adscritos al Magdaleniense (MENÉNDEZ;
JIMENO; FERNÁNDEZ, 2002) en los que la presencia de algunas de las primeras
vértebras cervicales parece indicar la posible decapitación (MAY, 1986: 164),
pero esta circunstancia no se ha constatado, por el momento, en ninguno de los
casos estudiados en la Península, lo que constituye un argumento para
establecer que, muy probablemente, los cráneos encontrados fueron separados del cuerpo una vez descarnado el
esqueleto.
3. MANDÍBULAS
[TG 3]
La mandíbula es una de las
piezas más resistente a la destrucción, sin embargo solamente se han recuperado
5 maxilares inferiores (El Castillo, La Chora, Parpalló 1, Parpalló 3 y La
Carigüela) con un total de 22 dientes incluidos. La presencia de piezas
dentales, implantadas en los correspondientes alvéolos, en las 5 mandíbulas
encontradas se contabiliza en: 0 incisivos, 1 canino, 2 premolares y 14
molares.
De la mandíbula de El
Castillo únicamente disponemos de la referencia de Obermaier «Al Auriñaciense pertenecen… y también una mandíbula
inferior de niño aislada…» (OBERMAIER,
1925: 324).
La cueva de La Chora
proporcionó un fragmento reducido de maxilar inferior con un molar M1 derecho in situ, encontrada en la capa 2 junto a
otras piezas de maxilar superior y varios molares aislados (GONZÁLEZ ECHEGARAY,
1963: 49).
La única mandíbula
localizada asociada a un cráneo es la correspondiente al de Parpalló (Parpalló
1) localizado por Pericot «En el departamento C. E., al excavar la capa de
6.25-6.50 metros, el 9 de Junio de 1930, en medio de una tierra arenosa y
escasa en hallazgos, apareció el cráneo, que tenía ya la mandíbula inferior
rota y algo separada del resto» (PERICOT, 1942: 273).
La mandíbula de Parpalló
denominada «Parpalló 3», estaba depositada en una caja en el Museo Arqueológico
Nacional con una etiqueta que marcaba «solutrense-magdaleniense» Los pequeños
raspadores que acompañaban a los restos humanos no eran Solutrenses y sí,
probablemente, Magdalenienses (GARRALDA, 1975: 38). En cuanto a la edad y sexo
Garralda propone que «… se trata de un ejemplar femenino, en el límite entre la
edad juvenil y la adulta, dado que emergió el M 3 derecho, cuyo alvéolo muestra
los bordes bien delimitados. Su pertenencia a Homo sapiens sapiens no ofrece lugar a duda…» (GARRALDA, 1975: 39).
La mandíbula de La
Carigüela se encontró en el nivel 2 (50-175 cm.), 1 maxilar inferior con 5
molares, en una «capa de color rojo, con piedras, rica en industria
Musteriense. Huesos de animales (Equus,
Cervus, Ursus, Felix Pardus, Ibex, etc.» (GARCÍA SÁNCHEZ, 1960: 21). Los
restos pertenecen a un adulto masculino de 25-30 años de edad, conserva “in
situ” M1, M2 y M3 derecha y M1 y M2 izquierda, habiéndose caído las restantes post mortem según se desprende del
estado de los alvéolos (GARCÍA SÁNCHEZ, 1960: 34). Aunque los restos fueron
localizados en niveles con industria Musteriense, su pertenencia a Homo sapiens sapiens justifica que hayan
sido incluidos en el cómputo del P. S.
4. PIEZAS DENTALES
[TG 4]
Los dientes constituyen la parte más dura del
cuerpo y, por ello, es la que mayor resistencia presenta a la destrucción y, en
consecuencia, debería ser la que mejor se hubiese conservado, constituyendo, en
muchos casos, el único elemento que nos ha quedado. Este es el caso de La
Paloma, Las Caldas y Tito Bustillo en Asturias, Cobalejos y Morín en Cantabria,
y Santimamiñe y Erralla en el País Vasco. Los 41 individuos mínimos detectados
a través de los restos, suponiendo que fuesen todos adultos, podrían haber
aportado un máximo de 32*41= 1.312 piezas dentales, de las que hemos localizado
56, es decir, el 4.3 %. Teniendo en cuenta que únicamente se ha localizado el
1% (89/8.446) de los huesos posibles para esos 41 individuos, las piezas
dentales constituyen una información muy valiosa.
Las piezas localizadas son:
5 piezas indeterminadas (La Paloma), 3 incisivos (Tito Bustillo, La Chora y
Lapa do Suao), 4 caninos (Tito Bustillo, El Pendo, La Chora y Erralla), 6
premolares (Tito Bustillo, Santián (2), La Chora (2) y Lapa do Suao) y 38
molares (La Paloma (1), Las Caldas (2), El Buxu (1), La Riera (1), La Pasiega
(1), El Castillo (1), Cobalejos (1), Santián (1), El Pendo (4), Morín (1), La
Chora (4), Santimamiñe (1), Erralla (1), Parpalló (13), Carigüela (5)). Los 38
molares representan el 68% del total de piezas dentales y el 8% de las posibles
(38/492) para los 41 individuos detectados. La cifra de molares es muy
significativa y contrasta con el pequeño número de incisivos y caninos,
circunstancia que podría explicarse por la mayor implantación de los molares en
los alvéolos dentales.
5. POSIBLES ENTERRAMIENTOS SECUNDARIOS
En
Cova Beneito y en Parpalló se dan algunas circunstancias especiales que
permiten plantear que existió un tratamiento especial, que pudo consistir, al
menos, en un posicionamiento especial de las piezas en un lugar protegido.
Tanto el
cráneo (Parpalló 1) como el húmero (Parpalló 2) se localizaron en el mismo
nivel perteneciente al Solutrense inferior (VILLAVERDE, 2001: 306-308). Pericot
plateó que pudieran pertenecer al mismo individuo, aunque la posibilidad de que
formasen parte de un enterramiento no estaba suficientemente clara «Alrededor
había numerosas piedras que es imposible decidir si acompañaban al cráneo,
rodeándolo o cubriéndolo, aunque nos inclinaríamos por la negativa» (PERICOT,
1942: 273).
Una
revisión de los materiales existentes aportó 2 tibias, que podrían pertenecer a
un mismo individuo, que tendría alrededor de 17 años, adscritas también al
sector CE, a una profundidad de 6.25-6.50 (VILLAVERDE, 2001: 315)
Analizando
la posición del cráneo y las tibias, así como las posibles edades de muerte,
17-18 años, de los individuos a los que pertenecieron, Villaverde plantea la posibilidad de que nos
encontremos ante un posible enterramiento «… pero vincular las tibias al
cráneo, puesto que son compatibles las edades de muerte y el nivel en el que se
encontraron es el mismo, no parece forzado. Al añadir a estos el fémur que
menciona Pericot y que no hemos localizado ahora, el panorama que se dibuja con
respecto a este individuo parece bastante definido: todo parece indicar que
estamos ante los restos de un enterramiento» (VILLAVERDE, 2001: 306).
Hay dos aspectos dudosos que necesitarían ser
resueltos: Averiguar si el cráneo, el húmero y las dos tibias corresponden al
mismo individuo y recomponer el contexto en el que se encontró el cráneo para
determinar si existían algunos elementos de protección de las piezas.
Las piezas craneales de Beneito se
localizaron cerca de una gran piedra, con ocre en su parte superior y en la
cara que daba a los cráneos, junto a ellos una gran bola de ocre, una pequeña
concha perforada y un pequeño raspador, indicios, en opinión de Iturbe, de
haber constituido un enterramiento secundario ya que, además, las piezas
aparecen colocadas con cierto orden «Los fragmentos humanos aparecieron
colocados de la siguiente manera: En la base un hueso occipital, sobre él un
parietal que no corresponde al mismo cráneo y sobre él el frontal del primero.
Junto a ellos había restos de cráneo sueltos, situados en torno a los primeros.
Las fracturas son antiguas y su colocación responde claramente a una
intencionalidad, lo que nos habla de un enterramiento secundario. No hay
ninguna huella de remoción posterior. Junto a los cráneos aparecieron dos
núcleos con ocre y un percutor» (ITURBE, et
alii. 1993: 73).
El estudio antropológico realizado
por Garralda y Vandermeersch confirma la muy probable pertenencia de Beneito 1
a una persona joven, de sexo femenino y, en el caso de Beneito 2, a un
individuo probablemente juvenil (GARRALDA; VANDERMEERSCH, 1994).
6. POSIBLES ENTERRAMIENTOS PRIMARIOS
Únicamente disponemos, por el
momento, de tres posibles enterramientos del Paleolítico Superior en la
Península Ibérica: Morín, Lagar Velho y Nerja, y cada uno de ellos tiene aspectos
a resolver. Morín no tiene esqueletos y Nerja tiene unas dataciones claramente
postpaleolíticas que aconsejan, por el momento, su no inclusión para el
Paleolítico Superior. Para tratar de establecer si se trata de un hecho
sepulcral hemos seguido los criterios propuestos por May (1986).
En
1968 se excavaron un fondo de cabaña y una alineación de postes de época
Auriñaciense y durante la campaña de 1969 se descubrió un complejo mortuorio
constituido por dos túmulos que cubrían
dos fosas, Morín I y Morín II, ambos en niveles Auriñacienses (capa 8ª).
Posteriormente se comprobó que habían sido sucesivamente emplazadas en el mismo
lugar las fosas correspondientes a
Morín IV y Morín III (GONZÁLEZ ECHEGARAY; FREEMAN, 1978: 140). La
datación absoluta de los niveles, efectuada por carbono 14, ha proporcionado
fechas de 28.435 ± 556 BP (SI 952)para unos carbones del hogar situado encima
de Morín I, en el nivel 8 a, y 28.515 ± 1324 BP (SI 956) para un carbón sobre
la pierna de Morín III, en el mismo nivel 8 a (GONZÁLEZ ECHEGARAY; FREEMAN,
1978: 215).
En
el interior de la fosa de Morín I los investigadores encontraron unos moldes
con la forma del cuerpo que había contenido la sepultura. La explicación
propuesta fue que los cadáveres desaparecieron por un proceso de adipocira, mediante el cual, los
cuerpos, en unas condiciones determinadas de humedad, temperatura, suelo
arcilloso y ausencia de aire, entran en una fase de putrefacción incompleta y
se van transformando en una sustancia dura conocida como “grasa cadavérica” que conserva la forma del cuerpo. Durante el
tiempo que duró este proceso, los sedimentos del entorno del cadáver se
endurecieron y tomaron una consistencia suficiente como para formar un molde
negativo natural en la fosa. En una fase posterior, la “grasa cadavérica” se
descompuso, y fue dejando espacios huecos, que se rellenaron, debido a la
filtración de las aguas, con sedimentos de arcilla, de manera que, se formó un
molde positivo en tres dimensiones con la forma de los huesos y del tejido
muscular, deformado por la propia descomposición del cadáver. Este molde fue el
que descubrieron los excavadores. Los
análisis efectuados sobre las muestras de tierra de la cueva confirmaron, según
Madariaga, que las condiciones eran las adecuadas para que se produjera el
proceso de adipocira (MADARIAGA, 1973: 259-265).
Morín
I: Una fosa de 210 x 52 cm., túmulo espolvoreado de ocre rojo conteniendo un
hogar en su parte superior. Un pozo exterior de 17 cm., de diámetro, comunicado
con la fosa que contenía fragmentos de hueso quemado ocre y tierra orgánica. Un
cuchillo de cuarcita, junto al cuello, una raedera simple junto al muslo y un
hueso con marcas, varios raspadores y hojas cerca de la zona (GONZÁLEZ
ECHEGARAY; FREEMAN, 1973: 227). Cuerpo posicionado en decúbito supino,
recostado sobre el lado izquierdo, con los brazos flexionados sobre el pecho.
La altura del individuo podría ser de 1.85 m., (deducida por la longitud del
brazo izquierdo). La cabeza estaba separada del cuerpo. Sobre la cabeza un molde
de ungulado, y sobre las piernas un posible costillar de mamífero. También
fueron detectadas, en el fondo de la fosa, huellas de palo cavador.
Morín
II: Una fosa de 168 X 47 cm., con túmulo. Un pozo exterior comunicado con la
misma conteniendo hueso quemado, ocre y tierra orgánica.
Morín
III: Vestigios de fosa situada debajo de Morín I. Molde de la pierna izquierda,
parte superior de la derecha y región glútea.
Morín
IV: Fragmento de fosa y del túmulo
Análisis de enterramiento Morín I
·
Conexión anatómica: Cabeza separada del cuerpo
·
Posición: Acostado sobre la espalda.
·
Fosa: 2.1 X 0.52 m. Pozo exterior de 0.17 m
comunicado con la fosa conteniendo fragmentos de hueso quemado, ocre y tierra
orgánica.
·
Adornos:
·
Fuego: Hogar encima del túmulo
·
Industria: 1 cuchillo de
cuarcita junto al cuello. 1 raedera simple junto al muslo. 1 hueso con marcas.
Hojas.
·
Fauna: Sobre la cabeza molde de ungulado. Sobre las
piernas costillar de mamífero.
·
Colorante: Ocre en túmulo
Cueva Morín presenta una situación inusual al no
existir esqueletos, lo que determina que su análisis se centre principalmente
en la discusión de esta circunstancia especial. La falta de esqueletos y el
contexto en el que fueron encontrados los moldes plantea algunas objeciones,
siendo la principal la conservación, a menos de un metro de esos sedimentos, de
numerosos huesos de animales que no habrían sufrido el proceso de adipocira,
aunque esta situación podría explicarse si los huesos de animales
correspondiesen a restos de comida, en cuyo caso, faltaría la carne que pudiera
proporcionar la grasa necesaria para producir el mencionado proceso.
Síntesis: Hay evidencia de la presencia de
4 sepulturas. Los pozos, comunicados
con las fosas, de Morín I y Morín II, sugieren algún tipo de ritual en el
enterramiento, aspecto que se refuerza al comprobar, en Morín I, la cabeza
separada del cuerpo, el molde de ungulado sobre la cabeza, el costillar sobre
las piernas, el cuchillo cerca del cuello y la presencia de ocre espolvoreado
en el túmulo. Si se admite la existencia del proceso de adipocira disponemos de
un enterramiento Auriñaciense con ritual.
El
yacimiento se encuentra en el valle de Lapedo, cerca de Leiria en Portugal. Un
movimiento de tierra realizado en 1998 facilitó el descubrimiento de una
estratigrafía del Paleolítico Superior en la que, en niveles Gravetienses, fue
descubierto un esqueleto humano correspondiente a un niño de 4 años, acostado
sobre su espalda, paralelo a la base del acantilado, con la cabeza hacia el
este y el costado izquierdo mirando hacia el acantilado (aunque cráneo y
mandíbula estaban dañados por las operaciones del movimiento de tierras, la
conservación del hueso temporal izquierdo y la mandíbula, indican que la
posición del cráneo estaba orientada hacia la roca). La pelvis estaba
horizontal y los pies cruzados.
En
el mismo contexto, cercana a una vértebra cervical, se encontró una concha
perforada de Littorina obstusata. Los
carbones de Pynus sylvestris
encontrados bajo las piernas parecen indicar, según los autores, la posibilidad
de que se produjese el quemado de una rama, antes de efectuar el enterramiento.
Tanto el esqueleto como los sedimentos contenían gran cantidad de ocre. La
coloración de los sedimentos se detenía en el borde del esqueleto lo que sugiere
la presencia de una envoltura alrededor del cadáver.
No existe datación directa
del esqueleto. Antes de sacar los huesos se aplicó un pegamento para
consolidarlos. Cuando se iba efectuar el pretratamiento se consideró que se
podría deshacer el hueso por lo que se optó por diluir la mezcla al 1 % de HCl,
en lugar del 4% normal. En consecuencia no pudo eliminarse la contaminación y
las dataciones obtenidas no se consideraron (ZILHAO; TRINKAUS, 2002: 135). Las dataciones, realizadas
sobre unas vértebras de conejo en contacto con las piernas del esqueleto, proporcionan unas fechas de 23.920 ± 220 BP
(Ox A- 8422) y 24.860 ± 200 BP (Gr A-13310), (ZILHAO; TRINKAUS, 2002: 37 y
136). Basándose en las suturas craneales y la estructura del esqueleto, así
como en la composición decidual de los dientes, los autores establecen una edad entre 4 y 5 años en el momento de
la muerte (ZILHAO; TRINKAUS, 2002: 242-251)
Análisis de enterramiento Lagar Velho:
·
Conexión anatómica: Exceptuando el cráneo, brazo
superior derecho y hombro, la mayoría del esqueleto está conexionado.
·
Posición: Acostado sobre la espalda
·
Fosa: No parece que se hubiese excavado o preparado
una fosa. Si existió debió ser de poca profundidad.
·
Adornos: El único elemento encontrado en las
cercanías es una concha perforada de Littorina obstusata.
·
Fuego: Un
carbón procedente de una rama de Pinus
Sylvestris fue encontrado debajo del esqueleto.
·
Industria: No
aparece industria asociada al esqueleto
·
Fauna: Se encontraron en la cercanía, unos huesos de
ciervo y de pequeño conejo que los autores consideran ofrendas.
·
Colorante: Presencia de
ocre envolviendo los huesos y sedimentos.
Síntesis: Se trata de un
enterramiento de un niño. La presencia de una única concha perforada, un carbón
encontrado debajo de las piernas, y
ocre en los huesos y sedimentos, parecen pocos indicios para aceptar que
existió un ritual.
A la
campaña de 1959 dirigida por Pellicer (PELLICER, 1962) siguieron otras
realizadas por Cuadra Salcedo, A. M. Durante la realizada en 1963 se encontraron
cuatro esqueletos, sin que quedase claramente establecida la industria asociada
y sin que se publicasen los hallazgos. En 1965 Fusté analizó desde el punto de
vista antropológico los cráneos correspondientes a dos de los individuos
relacionados, concretamente el denominado A (Femenino) y el B (Masculino),
llegando a la conclusión de que eran claramente de tipo Cromañón. Un incendio
en el Laboratorio de Antropología de la Universidad de Barcelona, la muerte del
profesor Fusté y la falta de publicaciones
sobre el hallazgo dejaron muchas dudas sobre el posible enterramiento.
Los
individuos fueron depositados en el suelo, sin fosa, en decúbito supino los
tres asignados al Solutrense y en posición fetal el correspondiente al
Magdaleniense (GONZÁLEZ TABLAS, 1990)
En 1994,
Turbón publicó un trabajo, en el que presentaba una datación por radiocarbono y
planteó varias dudas respecto a la asignación paleolítica de los esqueletos:
·
Junto al corte estratigráfico que contenía los
restos humanos se realizaron nuevas excavaciones sin que se mencionase nada de
los citados restos (TURBÓN; PÉREZ;
LALUEZA, 1994: 52)
·
Tres muestras datadas por radiocarbono dieron como
resultado la fecha de 7.360 ± 830 BP (UBAR- 134), lejos de la primera
presunción que adjudicaba los restos al Solutrense, aunque existe la
posibilidad de que las muestras estuviesen contaminadas por el incendio al que
se vieron sometidos los esqueletos (TURBÓN; PÉREZ; LALUEZA, 1994: 52)
·
Aunque los rasgos morfológicos indicados por Fusté
son claramente de tipo Cromañón, el mismo Fusté indicaba que ese tipo pudo
permanecer hasta épocas posteriores «Señalaremos ahora, que en un frontal
procedente de las capas superiores con cerámica del yacimiento, concurren
características semejantes a las indicadas para el frontal masculino, por lo
que es de suponer que, al igual que ocurre en otros yacimientos neoeneolíticos
peninsulares, el tipo de Cromagnon persistió hasta períodos recientes entre los
pobladores prehistóricos de la comarca» (FUSTÉ, 1965: 300)
·
El estudio de los materiales líticos plantea nuevas
dudas puesto que las 16 piezas de sílex y un posible pulidor de arenisca, son
elementos que pueden haber sido utilizados desde el Solutrense hasta el
Epipaleolítico (TURBÓN; PÉREZ; LALUEZA, 1994: 52)
En 1998
Aura Tortosa, González Tablas y Jiménez publican el descubrimiento, realizado
durante la campaña de 1984, de un pie humano (2 metatarsos y 5 falanges de pie)
en la capa NV 8, de la Sala del vestíbulo. Unas dataciones efectuadas sobre
carbones de la capa NV7 que sellaba a la NV 8,
proporcionaron el resultado de 12.130 ± 130 BP. La capa NV8, en la que
se encontraron los restos, dio como resultado 17.940 ± 200 BP. No apareció
ningún tipo de industria que se pudiera referenciar (AURA TORTOSA; GONZÁLEZ
TABLAS; JIMÉNEZ, 1998: 240)
Análisis de enterramiento Nerja:
·
Conexión anatómica: Los esqueletos estaban en
conexión anatómica
·
Posición: 3 en decúbito supino (Solutrense), 1 en
posición fetal (Magdaleniense)
·
Fosa: No existe.
·
Adornos: No aparecen
·
Fuego: No hay presencia
·
Industria: No
aparece en las cercanías
·
Fauna: No existe
Síntesis:
Las dataciones obtenidas para los esqueletos, sitúan a estas piezas en fechas
claramente postpaleolíticas, lo que anula totalmente la posibilidad de admitir
el caso como un enterramiento del Paleolítico Superior, sin embargo, los
metatarsos y falanges de pie encontrados en 1984 y su proximidad a los
esqueletos descubiertos en 1962, unido a la posibilidad de que las dataciones
realizadas por Carbono 14 estuviesen contaminadas por el incendio que
sufrieron, debería reabrir la discusión
sobre la edad de los esqueletos.
La
información que pueden suministrarnos los 89 huesos y 56 dientes encontrados es
mínima, pero aún así, se ha podido determinar la presencia de 41 individuos con
representantes de todas las edades: anciano, adulto, joven y niño, de los que
el 18% corresponde al sexo femenino y el 15% al masculino, siendo el resto no
identificado.
Los
huesos del esqueleto humano son 206 (en algunas ocasiones existe una vértebra más en el
cóccix). En este conjunto, el cráneo, que se compone de 22
huesos, representa el 11% del total
mientras que el resto del esqueleto, que denominaremos postcraneal, está
compuesto por 184 huesos (89%). Esto quiere decir que, si se hubiesen enterrado
los 41 individuos que hemos detectado, y hubiesen fosilizado convenientemente,
suponiendo un grado igual de conservación para todos los huesos, la
probabilidad de encontrar huesos postcraneales sería mucho mayor (89%) que la de
encontrar huesos craneales (11%). Sin embargo, los datos obtenidos muestran una
distribución totalmente invertida ya que el 82 % de los huesos son craneales,
porcentaje que llega hasta el 97% si el
análisis se circunscribe al Cantábrico (El 3 % de huesos postcraneales del Cantábrico
corresponde a dos falanges de mano, una encontrada en Cueto de La Mina y otra
en El Buxu). Este resultado, obtenido en un conjunto de 24
yacimientos, no parece resultado del azar y constituye un argumento sólido para
mantener la hipótesis de que, muy probablemente, se realizó algún tipo de
manipulación sobre éstas partes del esqueleto. Hipótesis que se refuerza ante
la presencia, dentro de este conjunto de huesos, de varios cráneos completos o
casi completos encontrados en La Lloseta, El Castillo, Santián, El Pendo, Beneito, Parpalló y Malladetes.
La utilización del cráneo
con fines rituales fue propuesta por Breuil y Obermaier (BREUIL; OBERMAIER, 1909) y (BREUIL, 1951) para los
casos de Placard (Charente, Francia) y El Castillo (Puente Viesgo, Cantabria).
Después de visitar los cráneos de Placard, Breuil y Obermaier estuvieron en El
Castillo y propusieron la existencia de una intencionalidad en las roturas
rectilíneas de los cráneos allí encontrados, aspecto que ha sido totalmente
descartado al constatarse que los frontales sufrieron varias fracturas durante
la propia excavación efectuada por Breuil, Obermaier y Wernert en 1911 y que un
examen detallado al microscopio muestra que no existen trazas visibles que
permitan afirmar la existencia de una intervención humana (GARRALDA, 1992). En
algunos casos, existen indicios que pueden hacer sospechar la existencia de
acciones rituales: el efecto de un fuego no directo sobre el cráneo de Santián,
los cortes efectuados sobre el frontal y la perforación de la órbita derecha
del esplacnocráneo infantil de El Pendo, la existencia de una posible fosa y la
presencia de ocre y de una concha perforada en Beneito, las piedras alrededor
del cráneo en Parpalló (dudosas para
Pericot) y la hornacina en la pared en la que se encontró el occipital de Malladetes, pero no existen pruebas
consistentes que permitan afirmar que los cráneos encontrados en la Península
hayan sido utilizados como elementos rituales ni como cráneos copa para
efectuar libaciones.
Los datos disponibles
permiten plantear que, muy probablemente, los cráneos no se utilizaban como
trofeos, entendido el trofeo como el resultado de una acción guerrera, por dos
razones: Ausencia de vértebras cervicales, lo que parece indicar que no existió
decapitación y presencia de un anciano, un niño y una joven representados en
los cráneos de Santián, El Pendo, Beneito y Malladetes respectivamente
Si
descartamos la utilización como cráneos copa y trofeos, queda la relación con
elementos de la vida cotidiana. Podrían ser piezas pertenecientes a algunos
familiares o personas relevantes dentro del grupo, que se conservaban como
recuerdo y que, posiblemente, se transportaban de un lugar a otro, o, en el
caso de ocupaciones duraderas, se colocaban en lugares especiales, en el mismo
lugar de habitación, pero fuera del lugar de paso habitual, circunstancia que
ha podido permitir su conservación.
La hipótesis de que se tenía un tratamiento
especial con los cráneos plantea otros interrogantes: ¿Dónde se efectuaba la
descarnación y porqué no se ha encontrado ningún vestigio del resto de los
esqueletos?, ¿Dónde se depositaban los cadáveres?, ¿En alguna fosa cercana al
lugar en que se habitaba?, ¿Se dejaban a la intemperie, o en algún lugar
abrigado?.
Leroi Gourhan advertía
sobre lo extraño de no encontrar sepulturas en las cuevas «Las posibilidades de
supervivencia geológica de un cuerpo inhumado en una cueva, en un medio químico
a menudo neutro, son muy buenas, y en las cuevas no deberían encontrarse dos o
tres decenas de sepulturas en el mundo entero, sino millares. Según parece, los
paleolíticos, por el contrario, practicaban las inhumaciones fuera del hábitat,
en la naturaleza, o, accidentalmente, también en una cueva que en aquel momento
estuviera deshabitada. Pero dado que las cuevas han sido muchas veces
respetadas por la erosión y que los depósitos que había en ellas han
sobrevivido, la mayor parte de las sepulturas conocidas se han encontrado en
ellas. Así como los fragmentos de cuerpos no inhumados son bastante numerosos
en las cuevas, como hemos visto antes, las sepulturas encontradas en ellas son
ocasionales» (LEROI GOURHAN, 1964: 52).
Existen en Europa suficientes sepulturas de época
paleolítica (BINANT, 1991a) como para reflexionar sobre la escasez de
sepulturas encontradas en la Península Ibérica donde únicamente disponemos,
hasta el presente, de tres casos posibles y todos ellos con algún problema por
resolver: Morín por la dificultad de demostrar el proceso de
desaparición del esqueleto, Lagar Velho por la escasez de elementos rituales y
Nerja porque además de que las fechas absolutas obtenidas son claramente
postpaleolíticas, no contiene ninguno de los elementos que hemos considerado
necesarios para poder considerarlo como un enterramiento con ritual. En ninguno
de los casos puede probarse, por el momento, la existencia de ritos o
ceremonias relacionadas con la muerte. El hallazgo de
enterramientos correspondientes a fechas postpaleolíticas agranda el
interrogante de la inexistencia de los mismos en época Paleolítica.
La información obtenida en
la Península Ibérica, por el momento, indica que, al menos en la cornisa
cantábrica, los hombres del Paleolítico Superior no inhumaban habitualmente a
sus muertos en las cuevas porque, de lo contrario, dadas las buenas condiciones
de las mismas para la conservación, se debería haber encontrado un elevado número de esqueletos o, al menos, un número
importante de dientes y de huesos postcraneales.
No podemos concluir que,
durante el Paleolítico Superior, los rituales de la muerte consistían,
exclusivamente, en efectuar una separación del cráneo y transportarlo al lugar
de habitación o depositarlo en algún lugar especial dentro de la cueva o
llevarlo consigo en sus desplazamientos. Posiblemente existieron otras formas
de inhumación tales como la incineración, tumbas colectivas, individuales y
enterramientos secundarios, pero la escasa información disponible por el
momento hace suponer que, o no han llegado hasta nosotros los indicios, o aún
no los hemos encontrado. Lo que sí podemos concluir es que, además de los
posibles enterramientos de Morín, Lagar Velho y Nerja y los secundarios de Cova
Beneito y Parpalló, una de las formas en las que los hombres del Paleolítico
que habitaron la Península se relacionaban con la muerte fue mediante la
separación de los cráneos del esqueleto, transportándolos hasta el lugar de
habitación y colocándolos en algún lugar especial, situación que habría
favorecido su conservación. Posiblemente existieron otros elementos de
protección que por ser perecederos han desaparecido sin dejar rastro pero es
muy probable que la actuación especial que tuvieron sobre los cráneos haya
permitido que algunos fósiles humanos, a pesar de las actuaciones destructivas
originadas por la acción antrópica, animal, climática y geológica, llegasen
hasta nosotros como una mínima muestra de lo que debió representar el
tratamiento de la muerte durante el Paleolítico Superior.
Las tecnologías y culturas sucesivas siempre tuvieron
que basarse en alguna tecnología o cultura anterior. Hemos comprobado que, a lo
largo de un período de tiempo de 30.000 años, la preservación o utilización de
los cráneos se mantiene como una constante a través de las distintas culturas
que se suceden durante el mismo. La presencia de cráneos desplazados de los
esqueletos en las tumbas colectivas Megalíticas aporta un dato más para
proponer la posible conexión entre la cultura de los cazadores recolectores y
la correspondiente a las etapas Epipaleolíticas, lo que conllevaría la conexión
entre los ritos funerarios de éstas
etapas culturales (CAUWE, 1997). Se plantea por ello la necesidad de
establecer una línea de investigación sobre los fósiles humanos Epipaleolíticos
inmediatamente posteriores al Paleolítico Superior, que trate de establecer
alguna posible conexión entre ambas etapas culturales, lo que nos permitiría,
en caso de encontrarse, entender mejor los rituales funerarios del Paleolítico
Superior.
|
|
|
Indiv.
|
Cráneo |
Postcr. |
Total |
Nivel |
Cultura |
Edad |
Sexo |
Referencia
bibliográfica |
|
PALOMA |
2
Maxilares superiores y 3 dientes indeterm. |
1 |
2 |
0 |
2 |
8-P |
M |
|
|
Hoyos
Gómez, M., Martínez Navarrete, I., Chapa Brunet, T., 1980: 120 |
|
BUXU |
1 Molar, 1 falange |
1 |
0 |
1 |
1 |
|
S |
|
|
Soto,
E. 1984: 803 |
|
LLOSETA |
1
Neurocráneo |
1 |
8 |
0 |
8 |
|
M |
|
|
Balbín
Behrmann, R. de.; Alcolea González, J. J. 2004 |
|
CUETO |
1
Falange de mano |
1 |
0 |
1 |
1 |
V |
S |
|
|
Balbín
Behrmann, R. de.; Alcolea González, J. J. 2004 |
|
RIERA |
1
Occipital, 1 parietal (mínimo tamaño) |
1 |
2 |
0 |
2 |
7 |
S |
|
|
Garralda, M. D., 1986: 323-324 // Straus, L. G.; Clark, G. 1986: 94 |
|
RIERA |
1
Frontal (mínimo tamaño) |
1 |
1 |
0 |
1 |
14 |
S |
|
|
Garralda, M. D., 1986: 323-324 //
Straus, L. G.; Clark, G. 1986: 124 |
|
PASIEGA |
2
Maxilares superiores y 1 molar |
1 |
2 |
0 |
2 |
Magd |
M |
Adulto |
M |
González
Echegaray, J.; Ripoll Perelló, E. 1954: 55 // Garralda, M. D. 1992: 64 |
|
CASTILLO |
1
Frontal F 1, trozo de parietal, fragmento indet. |
1 |
4 |
0 |
4 |
8 |
M |
35-40 |
F |
Vallois,
H. V.; Delmas, L. 1976: 113-120 |
|
CASTILLO |
1
Frontal F 2 |
1 |
1 |
0 |
1 |
8 |
M |
35-40 |
M |
Vallois,
H. V.; Delmas, L. 1976: 113-120 |
|
CASTILLO |
1
"Hemicráneo" F 3 |
1 |
2 |
0 |
2 |
|
M |
Adulto |
F |
Basabe,
M.; Bennasar, I. 1980: 653-660 |
|
CASTILLO |
1
Maxilar inf. de niño y 1 molar de adulto (F 4) |
2 |
1 |
0 |
1 |
18 |
A |
Niño |
|
Obermaier,
H. 1925: 324 |
|
SANTIÁN |
1
Neurocráneo, 1 esplacnocráneo |
1 |
11 |
0 |
11 |
|
A |
Anciano |
M |
Andérez,
V. 1954: 10 |
|
PENDO |
1
Neurocráneo, 1 esplacnocráneo |
1 |
12 |
0 |
12 |
|
M |
10 |
M |
Basabe,
M.; Bennasar, I. 1980: 661-666 / / Garralda, M. 1992: 66/ Carballo, J. 1933:
53 |
|
RASCAÑO |
2
Fragmentos mínimos parietal y occipital |
1 |
2 |
0 |
2 |
4-
Sector 8 |
M |
35-45 |
F |
Guerrero,
L. A.; Lorenzo, J. L. 1981: 278-321. |
|
CHORA |
1
Maxilar superior, 1 maxilar inferior, 1C, 2P, 4M |
1 |
2 |
0 |
2 |
2 |
M |
|
|
González
Echegaray, J.; García Guinea, M. A. 1963: 49 |
|
BENEITO |
1
Frontal, 2 parietales, 1 occipital (Beneito 1) |
1 |
4 |
0 |
4 |
B
(96-101). Cuadro 5C, 5D |
S |
Joven |
F |
Garralda,
M. D.; Vandermeersch, B. 1994 |
|
BENEITO |
1
Parietal (Beneito 2) |
1 |
1 |
0 |
1 |
B
(96-101). Cuadro 5C, 5D |
S |
Joven |
|
Garralda,
M. D.; Vandermeersch, B. 1994 |
|
PARPALLÓ |
1
Cráneo(N+E), 9 M, 1 húmero(P2), 2 tibias |
1 |
13 |
3 |
16 |
Sector
CE, capa 6,25-6,50 |
S |
17-18 |
F |
Villaverde,
V. 2001: 305-315// Bubner, T. 1975: .21-35//
Pericot, L. 1942: 273 |
|
PARPALLÓ |
1
Mandíbula (Parpalló 3) |
1 |
1 |
0 |
1 |
|
M |
Joven |
F |
Garralda,
M. D. 1975: 37-47 |
|
MALLADETES |
1
Occipital |
1 |
1 |
0 |
1 |
Capa
12, sector E. 2,75-2,90 |
G |
Infantil |
|
Villaverde,
V., 2001: 300-303 |
|
FORADADA |
1
Parietal |
1 |
1 |
0 |
1 |
Nivel 2. Sector II |
A |
Inmaduro |
|
Villaverde,
V., 2001: 299 |
|
FORADADA |
1Fémur,
1tibia, 1 falange pie |
1 |
0 |
3 |
3 |
Nivel 2. Sector II |
A |
Adulto |
|
Villaverde,
V., 2001: 299 |
|
CARIGÜELA |
1
Parietal (fragmento), 1 maxilar inferior, 5M |
1 |
2 |
0 |
2 |
Nivel
2 |
Must. |
25-30 |
M |
García
Sánchez, M. 1960 // Garralda, M. D. 1975: 39 |
|
CARIGÜELA |
1
Tibia |
1 |
0 |
1 |
1 |
Nivel
3 |
Must. |
Adulto |
F |
García
Sánchez, M. 1960 |
|
NERJA |
2
Metatarsos, 5 falanges de pie |
1 |
0 |
7 |
7 |
NV
8 |
S |
|
|
Aura
Tortosa et al. 1998 |
|
TOTAL |
|
41 |
73 |
16 |
89 |
|
|
|
|
|
Tabla TG 1: Restos Fósiles Humanos del Paleolítico Superior.
|
CRÁNEOS |
Descripción |
Neurocráneo |
Esplacnocráneo |
Total
huesos |
Dientes |
Nivel |
Asig.
Cultural |
Edad |
Sexo |
Referencia |
|
LLOSETA
(LA) (Ribadesella, Asturias) |
Neurocráneo |
8 |
0 |
8 |
|
|
M |
|
|
Balbín
Behrmann, R. de., Alcolea González, J. J., 2004 |
|
CASTILLO
(EL) (Puente Viesgo, Cantabria) |
Frontal F1 |
4 |
0 |
4 |
|
8 |
M |
35-40 |
F |
Vallois,
H. V.; Delmas, L. 1976: 113-120 |
|
CASTILLO
(EL) (Puente Viesgo, Cantabria) |
Frontal F2 |
1 |
0 |
1 |
|
8 |
M |
35-40 |
M |
Vallois,
H. V.; Delmas, L. 1976: 113-120 |
|
CASTILLO
(EL) (Puente Viesgo, Cantabria) |
Neurocráneo
F3 |
2 |
0 |
2 |
|
|
M |
Adulto |
F |
Basabe,
M., Bennasar, I. 1980: 653-660 |
|
SANTIÁN
(Puente Arce, Cantabria) |
1
Cráneo (N+E) |
7 |
4 |
11 |
3 |
|
A |
Ancian |
M |
Andérez,
V. 1954: 10 |
|
PENDO
(EL) (Escobedo, Camargo,Cantabria) |
1
Esplacnocráneo |
4 |
8 |
12 |
5 |
|
M |
10 |
M |
Basabe,
M.; Bennasar, I. 1980: 661-666 // Garralda, M.D. 1992: 66 // Carballo, J. 1933: 53 |
|
BENEITO (Muro de Alcoy, Alicante) |
Neurocráneo
(B1) |
4 |
0 |
4 |
|
B(96-101)
5C y 5D |
S |
Joven |
F |
Garralda,
M. D.; Vandermeersch, B. 1994 |
|
BENEITO (Muro de Alcoy, Alicante) |
1
Parietal (B 2) |
1 |
0 |
1 |
|
B(96-101)
5C y 5D |
S |
Joven |
|
Garralda,
M. D.; Vandermeersch, B. 1994 |
|
PARPALLÓ
(Gandía, Valencia) P 1, P 2 |
1Cráneo
(N+E) |
8 |
5 |
13 |
9 |
CE, 6,25-6,50 |
S |
17-18 |
F |
Villaverde,
V. 2001: 305-315 // Bubner, T. 1975:
21-35 // Pericot, L. 1942: 273 |
|
MALLADETES
(LES) (Barx, Valencia) |
1
Occipital |
1 |
0 |
1 |
|
Capa
12, sector E. 2,75-2,90 |
G |
Niño |
|
Villaverde,
V. 2001: 300-303 |
|
|
TOTAL |
40 |
17 |
57 |
17 |
|
|
|
|
|
Tabla TG 2: Cráneos del Paleolítico Superior.
|
MANDÍBULAS |
Maxilar
inferior |
Incisivo |
Canino |
Premolar |
Molar |
Total
dientes |
Nivel |
Cultura |
Edad |
Sexo |
Referencia |
|
EL
CASTILLO |
1 |
0 |
0 |
0 |
1 |
1 |
18 |
A |
Niño |
|
Obermaier,
H. 1925: 324 |
|
LA
CHORA |
1 |
0 |
1 |
2 |
4 |
7 |
2 |
M |
|
|
González
Echegaray, J. 1963: 49 |
|
PARPALLÓ 1 |
1 |
0 |
0 |
0 |
9 |
9 |
CE, 6,25-6,50 |
S |
17-18 |
F |
Pericot,
L. 1942: 273 |
|
PARPALLÓ
3 |
1 |
0 |
0 |
0 |
0 |
0 |
? |
M |
Joven |
F |
Garralda,
M. D. 1975: 39 |
|
LA
CARIGÜELA |
1 |
0 |
0 |
0 |
5 |
5 |
2 |
Must. |
25-30 |
M |
García
Sánchez, M. 1960: 34 |
|
TOTAL |
5 |
0 |
1 |
2 |
19 |
22 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Tabla TG 3: Mandíbulas
del Paleolítico Superior.
|
Yacimiento |
Descripción |
Dientes |
Nivel |
Cultura |
Edad |
Sexo |
Referencia |
|
PALOMA |
2 Maxilares superiores y 3 dientes
indeterm. |
3 |
8-P |
M |
|
|
Hoyos Gómez, M.; Martínez
Navarrete, I.; Chapa Brunet, T. 1980: 120 |
|
PALOMA |
2 Dientes indeterminados |
2 |
8-I |
M |
|
|
Hernández Pacheco, E. 1923: 36 |
|
PALOMA |
1 Molar |
1 |
4-P |
M |
|
|
Hoyos Gómez, M.; Martínez
Navarrete, I.; Chapa Brunet, T. 1980: 121 |
|
CALDAS |
1 Molar |
1 |
0-V Sala II |
M |
Infantil |
|
Corchón Rodríguez, M. S. 1990: 42 |
|
CALDAS |
1 Molar |
1 |
2 (G´4, sc 2) |
S |
Infantil |
|
Corchón Rodríguez, M. S. 1990: 43 |
|
BUXU |
1 Molar, 1
Falange |
1 |
|
S |
|
|
Soto, E. 1984: 803 |
|
TITO BUSTILLO |
1 Canino |
1 |
1 b |
M |
|
|
Moure
Romanillo, J. A. 1989: 426 |
|
TITO BUSTILLO |
1 Incisivo |
1 |
1 c |
M |
Infantil |
|
Garralda, M. D. 1976: 197-200 |
|
TITO BUSTILLO |
1 Premolar |
1 |
1c |
M |
Adulto |
|
Garralda, M. D. 1976: 197-200 |
|
RIERA |
1 Molar |
1 |
16 |
S |
|
|
Garralda, M. D. 1986: 323-324 // Straus, L. G.; Clark, G. 1986:
124 |
|
PASIEGA |
2 Maxilares superiores y 1 Molar |
1 |
Magdalen. |
M |
Adulto |
M |
González Echegaray, J.; Ripoll
Perelló, E. 1954: 55 // Garralda, M. D. 1992: 64 |
|
CASTILLO |
1 Maxilar inf. de niño y 1 Molar de
adulto (F 4) |
1 |
18 |
A |
Niño |
|
Obermaier, H. 1925: 324 |
|
COBALEJOS |
1 Molar |
1 |
Magdalen. |
M |
|
|
Obermaier, H. 1925: 181 y 324 |
|
SANTIÁN |
1 Neurocráneo, 1 Esplacnocráneo |
3 |
|
A |
Anciano |
M |
Andérez, V. 1954: 10 |
|
PENDO |
1 Neurocráneo, 1 Esplacnocráneo |
5 |
|
M |
10 |
M |
Basabe, M.; Bennasar, I. 1980:
661-666 // Garralda, M.D. 1992: 66
// Carballo, J. 1933: 53 |
|
MORÍN |
1 Molar de leche |
1 |
3 |
M |
Niño |
|
Obermaier, H. 1925: 324 // González
Sainz, C.; González Morales, M. 1986: 134 |
|
RASCAÑO |
1 Incisivo |
1 |
5 |
M |
45-50 |
M |
Guerrero, L. A.; Lorenzo, J. L.
1981: 278-321. (1 Molar desechado
por nivel Aziliense) |
|
CHORA |
1 Maxilar superior, 1 Maxilar
inferior, 1C, 2P, 4M |
7 |
2 |
M |
|
|
González Echegaray, J.; García
Guinea, M. A. 1963: 49 |
|
SANTIMAMIÑE |
1 Molar |
1 |
IV b |
M |
|
|
Barandiarán Maestu, J. M. 1962: .8 |
|
ERRALLA |
1 Canino, 1 Molar |
2 |
III-IV |
M |
|
|
Rua, C. De la. 1985: 195-198 //
Garralda, M. D., 1992: 66 |
|
PARPALLÓ |
1 cráneo(N+E), 9 M, 1 Húmero(P2), 2
Tibias |
9 |
Sector CE, capa 6,25-6,50 |
S |
17-18 |
F |
Villaverde, V. 2001: 305-315 //
Bubner, T. 1975: 21-35 // Pericot, L. 1942: 273 |
|
PARPALLÓ |
4 Molares (Parpalló 4) |
4 |
|
M |
|
|
Garralda, M. D. 1975: 37-47 |
|
CARIGÜELA |
1 Parietal (fragmento), 1 Maxilar
inf. con 5 Molares |
5 |
Nivel 2 |
Must. |
25-30 |
M |
García Sánchez, M. 1960 // Garralda, M. D. 1975: 39 |
|
LAPA |
1Iincisivo, 1 Premolar |
2 |
9 |
S |
|
|
Roche, J.
1982 |
|
TOTAL |
|
56 |
|
|
|
|
|
Tabla TG 4: Piezas
dentales del Paleolítico Superior.
ALCOBÉ, S. 1954. "Guía para el
estudio antropológico de las poblaciones prehistóricas de España". IV
Congreso Internacional de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas. Madrid
ALTUNA, J.; RUA, C. De la. 1989.
"Dataciones absolutas de los cráneos del yacimiento prehistórico de
Urtiaga". Munibe. 41: 23-28
ANDÉREZ, V. 1954. El cráneo
prehistórico de Santián. Estudio antropológico. Patronato de las cuevas
prehistóricas de la Provincia de Santander. Santander
ARIAS CABAL, P.; ÁLVAREZ
FERNÁNDEZ, E. 2004. "Iberian Foragers and Funerary Ritual- a Review of
Paleolithic and Mesolithic Evidence on the Peninsula". En: GONZÁLEZ
MORALES, M.; CLARK, G.A. (eds). The mesolitihic of the atlantic façade:
Proceedings of the Santander Symposium. Arizona State University
Anthropological Research Papers Nº 55. U.S.A: 225-248
AURA TORTOSA, J. E.; GONZÁLEZ TABLAS, J.;
JIMÉNEZ, S. 1998. "Los enterramientos «Solutrenses» de la cueva de
Nerja". En: SANCHIDRIÁN TORTI, J. L. 1998. Las culturas del Pleistoceno
Superior en Andalucía. Patronato de la cueva de Nerja. Málaga: 237-249
BALBÍN BEHRMANN, R de.; ALCOLEA GONZÁLEZ,
J. J. 2005. "Espace d´habitation, espace d´enterrement, espace
graphique. Les coincidences et les divergences dans l´art paléolithique de la
corniche cantabrique". En: VIALOU, D.; RENAULT-MISKOWSKY, J.;
PATHOU-MATHIS, M. (eds). 2005. Comportements des hommes du Paléolithique
moyen et supérieur en Europe: territoires et milieux. Actes du colloque du G.
D. R. 1945 du CNRS. Paris. 8-10 Janvier2003. ERAUL. Nº111. Liége: 193-206
BARANDIARÁN J. M. 1962.
"Santimamiñe". En: Excavaciones Arqueológicas en España. Nº 7.
Madrid
BASABE, M.; BENNASAR, I. 1980.
"Algunos restos humanos del Paleolítico santanderino". En: II Symposium de Antropología Biológica de
España. Oviedo: 653-661
BAUD, C. A. 1982. "La taphonomie.
La transformation des os aprés la mort". Dossiers D´Archeologie. Nº 66: 33-35.
BERNALDO DE QUIRÓS, F. 1995. "El
nacimiento de la muerte". En: FÁBREGAS VALCARCE, R.; PÉREZ LOSADA, F.;
FERNÁNDEZ IBAÑEZ, C. (eds). 1995. Arqueoloxia da Morte na Península Ibérica
desde as Orixes ata o Medievo. Concello de Xinzo de Limia. Vigo: 34-59
BILLY, G. 1982.
"Tombes d´enfants du Paléolithique supérieur". Dossiers
D´Archeologie. Nº 66: 22-23.
BINANT, P. 1982
"Les pratiques funéraires au Paléolithique supérieur et au
Mésolithique". Dossiers D´Archeologie. Nº 66: 15-18.
BINANT, P. 1991a. Les
sépultures du Paléolithique. Archéologie Aoujourd´hui. Errance. París
BINANT, P. 1991b. La
préhistoire de la mort. Editions
Errance. París
BLAS CORTINA, M. A. DE. 1997. "En torno a los
restos esqueléticos humanos del paleolítico superior- epipaleolítico
cantábrico". En: Homenaje a Juan Uría Ríu. Vol. 1. Servicio de
Publicaciones de la Universidad de Oviedo. Oviedo: 147-170
BREUIL, H. 1951. Les
hommes de la Pierre Ancienne (paleolithique et mesolithique). Payot. París
BREUIL,H.; OBERMAIER,
H. 1909. "Crânes paléolithiques façonnés en coupes". L´Anthropologie.
XX: 523-530
BREUIL, H.;
OBERMAIER, H. 1912. "Les premiers travaux de l´Institut de Paléontologie
Humaine". Extrait de L´Anthropologie XXIII. Masson et Cie. París
BROTHWELL, D. R.
1993. Desenterrando
huesos. Fondo de
Cultura Económica. Madrid
BUBNER, T. 1975. "Acerca del cráneo
paleolítico de la Cueva del Parpalló (Gandía, Valencia)". En: Archivos
de Prehistoria Levantina. 14: 21-35
CABRERA, V. 1978. "El Magdaleniense B
de la cueva de El Castillo: Los restos humanos y su entorno cultural". En:
I simposio de Antropología Biológica de España. Edit. María Dolores
Garralda. Madrid: 63-65
CAMPILLO, D. 2001. Introducción a la
Paleopatología. Bellaterra Arqueología. Barcelona
CARBALLO, J.; LARIN, B. 1933.
"Exploración de la cueva del Pendo, Santander". Junta Superior de
Excavaciones y Antigüedades. Memoria Nº 123. Madrid
CASABÓ, J. A. 2001. "Cova
Foradada". En: VILLAVERDE, V. (ed.) 2001. De Neanderthales a
cromañones. El inicio del poblamiento humano en las tierras valencianas. Valencia:
407-410
CAUWE, N. 1997.
"Les morts en mouvement. Essai sur l´origine des rites funéraires
mégalithiques". En:
RODRIGUEZ CASAL, A. (ed). O Neolitico Atlántico e as orixes. Santiago de
Compostela: 719-737
CAUWE, N. 2001. L´héritage
des chasseurs-cueilleurs dans le nord-ouest de l´Europe (10.000 - 3.000 avant
notre ère). Collection
des Hespérides. Errance. París
CORCHÓN RODRÍGUEZ, M. S. 1990. "La
cueva de las Caldas, (Priorio, Oviedo): Investigaciones efectuadas entre 1980 y
1986". En: Excavaciones Arqueológicas en Asturias 1 (1983-1986): 37-53.
DEFLEUR, A. 1993. Les Sépultures
Moustériennes. C.N.R.S. (ed). París
DUARTE, C. et alii. 1999. "The early Upper
Paleolithic human skeleton from the Abrigo do Lagar Velho (Portugal) and modern
human emergence in Iberia". En: Proceedings of National Academy of
Sciences. USA. Vol. 96: 7604-7609
DUDAY, H.;
VANDERMEERSH, B. 1982. "L´Archeologie et la mort". Dossiers
D´Archeologie. Nº 66: 7
FUSTÉ, M. 1965. "Restos humanos paleolíticos
de la cueva de Nerja". En: Actas del XXVII Congreso Luso-Español para
el progreso de las Ciencias (Bilbao, 1964). Bilbao. pp. 297-300
GAMBIER, D. 1992.
"Le populations magdaléniennes en France". En: Le peuplement
magdalénien, páleogéographie physique et humaine. Documents Préhistoriques
Nº 2. Comité de Travaux Historiques et Scientifiques. París. pp. 41-51.
GAMBLE, C. 1991. El poblamiento paleolítico de
Europa. Edit. Crítica. Barcelona
GARANGER, J. 2002 (ed.). La Prehistoria
en el mundo. Nueva edición de la Prehistoria de André Leroi Gourhan. Ediciones
Akal. Madrid.
GARCÍA SÁNCHEZ, M. 1960. Restos humanos
del paleolítico medio y superior y del neo-eneolítico de Píñar (Granada).Trabajos
del Instituto Bernardino Sahagún de Antropología y Etnología. Vol. XV. Nº 2. Barcelona
GARRALDA, M. D. 1975. "Nuevos restos
humanos de la Cueva del Parpalló (Gandía, Valencia)". En: Archivos de
Prehistoria Levantina. 14: 37-47
GARRALDA, M. D. 1976. "Dientes
humanos del magdaleniense de Tito Bustillo (Asturias)". En: MOURE
ROMANILLO, J. A., CANO HERRERA, M. 1976. Excavaciones en la cueva de Tito
Bustillo (Asturias). Diputación Provincial de Oviedo. Instituto de Estudios
Asturianos. Oviedo: 197-200
GARRALDA, M. D. 1982. "El cráneo
asturiense de Cuartamentero (Llanes, Oviedo)". Kobie. Nº 12. Bilbao:
7-29
GARRALDA, M. D.
1986. "Human remains from Solutrean levels at La Riera cave". En:
STRAUS, L.G.; CLARK, G. 1986. La Riera Cave. Stone Age Hunter-Gatherer
Adaptations in Northern Spain. Arizona State University. Anthropological
Research Papers Nº 36. Tempe. Arizona: 323-324
GARRALDA, M. D. 1992. "Les
magdaléniens en Espagne: anthropologie et contexte paléoécologique". En: Le
peuplement Magdalénien. Comité de Travaux Historiques et Scientifiques. París: 63-70
GARRALDA, M. D.; VANDERMEERSCH, B.
1994. "Nuevos datos sobre el
paleolítico superior. Los Solutrenses de Cova Beneito (Alicante)". En: Actas
VIII Congreso de la Sociedad Española de Antropología Biológica (Madrid,
septiembre de 1993):63-73
GARRALDA, M. D.; VANDERMEERSCH, B. 2004. "El origen del hombre moderno en
Europa. Más preguntas que respuestas". En: BAQUEDANO, E.; RUBIO JARA, S.
(ed). 2004. Miscelánea en homenaje a Emiliano Aguirre. Vol. 4. Museo
Arqueológico Regional. Alcalá de Henares: 197-203
GONZÁLEZ ECHEGARAY, J. et alii.
1963. "Cueva de la Chora (Santander)". En: Excavaciones
Arqueológicas en España. Nº 26. Madrid
GONZÁLEZ ECHEGARAY, J.; BARANDIARÁN
MAESTU, I. 1981. El Paleolítico Superior de la cueva del Rascaño
(Santander). Centro de Investigación y Museo de Altamira. Monografía Nº 3.
Santander
GONZÁLEZ ECHEGARAY, J.; FREEMAN, L. G.
1971. Cueva Morín: Excavaciones 1966-1968. Publicaciones del Patronato
de las Cuevas Prehistóricas de la Provincia de Santander. Santander
GONZÁLEZ ECHEGARAY, J.; FREEMAN, L. G.
1973. Cueva Morín: Excavaciones 1969. Publicaciones del Patronato de las
Cuevas Prehistóricas de la Provincia de Santander. Santander
GONZÁLEZ ECHEGARAY, J.; FREEMAN, L. G.
1978. Vida y muerte en cueva Morín. Institución Cultural de Cantabria,
Diputación Provincial. Santander
GONZÁLEZ ECHEGARAY, J.; RIPOLL PERELLÓ, E.
1954. "Hallazgos en la cueva de La Pasiega (Puente Viesgo,
Santander)". Ampurias XV- XVI: 43-65.
GONZÁLEZ SÁINZ, C.; GONZÁLEZ MORALES, M.
1986. La Prehistoria en Cantabria. Edic. Tantín. Santander
GONZÁLEZ TABLAS, J. 1990. "La cueva de Nerja como santuario funerario".
En: Zephyrus. XLIII: 61-64
GUERRERO SALA, L. A.; LORENZO LIZALDE, J.
L. 1981. "Antropología Física en Rascaño". En: GONZÁLEZ ECHEGARAY,
J.; BARANDIARÁN MAESTU, I. 1981. El Paleolítico Superior de la cueva del
Rascaño (Santander). Centro de Investigación y Museo de Altamira.
Monografía Nº 3. Santander: 278-321
HERNANDEZ PACHECO, E. 1923. "La vida
de nuestros antecesores paleolíticos según los resultados de las excavaciones
de la caverna de La Paloma (Asturias)". En: Comisión de Investigaciones
Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria Nº 31. Madrid
HOYOS GÓMEZ, M.; MARTINEZ NAVARRETE, M.
I.; CHAPA BRUNET, T. 1980. "La cueva de la Paloma, Soto de las Regueras
(Asturias)". En: Excavaciones arqueológicas en España. Nº 116.
Madrid
HOYOS SAINZ, L. 1949. "Una calavera
fósil vasca". Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural.
Tomo XLVII. Madrid: 335-343
ITURBE, G. et alii. 1993.
"Cova Beneito (Muro, Alicante): Una perspectiva interdisciplinar". En:
Recerques del Museu d´Alcoi. Nº 2: 23-83
ITURBE, G.; CORTELL, E. 1982. "Cova
Beneito: Avance Preliminar". En: Saguntum. 17: 9-44
ITURBE, G.; CORTELL, E. 1987. "Las
dataciones de Cova Beneito y su interés para el Paleolítico Mediterráneo".
En: Trabajos de Prehistoria. 44: 267-270
KITT, T. 1942. Patología General
Veterinaria. Traducción de la sexta edición alemana revisada y ampliada de
J. G. Sánchez Lucas. Edit. Labor. Barcelona.
LE MORT, F. 1982.
"Actions intentionnelles sur les os humains". Dossiers D´Archeologie.
Nº 66: 28-32.
LE MORT, F., GAMBIER,
D., 1992, "Diversité du traitement des os humaines au Magdalénien: Un
exemple particulier, le cas de gisement du Placard (Charente)", En: Le
peuplement Magdalénien. Paléographie physique et humaine. Comité de Travaux
Historiques et Scientifiques. París: 29-40
LEROI GOURHAN, A. 1964. Las religiones
de la Prehistoria. Laertes, S.A. Barcelona
MADARIAGA, B. 1973. "Nota preliminar
acerca de los posibles fenómenos de conservación del hombre de Morín". En:
GONZÁLEZ ECHEGARAY, J.; FREEMAN, L. G. 1973. Cueva Morín: Excavaciones 1969.
Publicaciones del Patronato de las Cuevas Prehistóricas de la Provincia de
Santander. Santander: 258-265
MAY, F. 1986. Les
sépultures préhistoriques. Centre National de la Recherche Scientifique. París.
MENARD, J.1982. "Las piezas dentarias
de la cueva de Cuartamentero (Llanes, Oviedo)". Kobie. Nº 12: 31-32
MENÉNDEZ, M.; JIMENO, A.; FERNANDEZ, V. M.
2002. Diccionario de Prehistoria. Alianza Editorial. Madrid
MORIN, E. 1982.
"Les premiers morts inhumaines". Dossiers D´Archeologie. Nº
66: 6-7.
MORTILLET, P. DE.
1914. Origine du culte des morts: Les sepultures préhistoriques.
Bibliothéque Préhistorique. Vol 1. Librairie J. Gambier. París.
MOURE ROMANILLO, A.
1989. "La caverne de Tito Bustillo (Asturies, Espagne), Le gisement
paléolithique". L´Anthropologie, 93-2: 407-434
OBERMAIER, H. 1925. El hombre Fósil.
Ediciones Istmo. Madrid. 1985
PAUTREAU, J. P. 1982.
"Les incinérations". Dossiers D´Archeologie. Nº 66: 90-96.
PELLICER, M.; ACOSTA, P. 1986."Neolítico
y Calcolítico de la Cueva de Nerja". En: JORDÁ PARDO, J. F. (ed). La
Prehistoria de la Cueva de Nerja (Málaga). Patronato de la cueva de Nerja.
Málaga: 341-450
PERICOT, L. 1942. La cueva del Parpalló
(Gandía). Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Instituto
Diego Velázquez. Madrid
PERINET, G. 1982.
"Détermination des températures de cuisson des ossements humaines". Dossiers
D´Archeologie. Nº 66: 96-97.
PERLÉS, C. 1982.
"Les rites funéraires du Paléolithique mythe ou réalité?". Dossiers D´Archeologie. Nº 66: 8-9.
PLATZER, W. 2003. Atlas de anatomía. 1
Aparato locomotor. Ediciones Omega S. A. Barcelona
RIQUET, R. 1962. "Les crânes
d´Urtiaga en Iziar (Guipúzcoa)". Munibe 1-2. San Sebastián: 84-104
ROCHE, J. 1982. "A gruta chamada Lapa
do Suao". En: Arqueología. Nº 5: 5-18
RUA, C. DE LA. 1985. "Restos humanos
de Erralla". Munibe. 37: 195-198
SOTO, E. 1984. "Restos faunísticos de
la cueva del Buxu (Oviedo)". En: Boletín del Instituto de Estudios
Asturianos. 111: 803-810
STRAUS, L. G.; CLARK, G. 1986. La Riera Cave.
Stone Age Hunter-Gatherer Adaptations in Northern Spain. Arizona State
University. Anthropological Research Papers.
Nº 36. Tempe. Arizona: (94; 124; 131)
TABORIN, Y. 1982. "La
parure des morts". Dossiers D´Archeologie. Nº 66: 42-51.
TATTERSALL, I.; SCHWARTZ, J.
H. 1999. "Hominids and hybrids: The place of Neanderthals in human
evolution". En: Proceedings of National Academy of Sciences USA.
Vol.96: 7117-7119
THOMAS, L. V.
1980. Le cadavre. Bruxelles: Complexe
TILLIER, A. M. 1982.
"Les inhumations d´enfants au Paléolithique ancien et moyen". Dossiers
D´Archeologie. Nº 66: 19-22.
TURBÓN, D.;
PÉREZ-PÉREZ, A.; LALUEZA, C. 1994. "Los restos humanos del nivel Solutrense de la cueva de Nerja
(Málaga)". En: Actas del VIII Congreso de la Sociedad Española de
Antropología Biológica (Madrid, Septiembre de 1993). Universidad Autónoma
de Madrid. Madrid: 51-62
VALLOIS, H. V.; DELMAS, L. 1976. "Los
frontales de la cueva de El Castillo (España)". Trabajos de
Prehistoria. Vol. 33: 113-120
VANDERMEERSH, B.
1982. "Les premières sépultures". Dossiers D´Archeologie. Nº 66: 10-14.
VICENT GARCÍA, J. M. 1995. "Problemas
teóricos de la arqueología de la muerte. Una introducción". En: FÁBREGAS
VALCARCE, R.; PÉREZ LOSADA, F.; FERNÁNDEZ IBAÑEZ, C. (eds). 1995. Arqueoloxía
da Morte na Península Ibérica desde as Orixes ata o Medievo . Concello de
Xinzo de Limia. Vigo: 14-31
VIGNE, J. D. 1982.
"Les ossements animaux dans les sépultures". Dossiers
D´Archeologie. Nº 66: 78-83.
VILLAVERDE BONILLA,
V. 2001. De Neandertales a cromañones. El
inicio del poblamiento humano en las tierras valencianas. VALENTÍN
VILLAVERDE (ed). Valencia
YOKOYAMA, Y. 1992.
"Datation non destructive des restes humains et de pièces d´art mobilier
par la spectrométrie gamma". En : Le peuplement Magdalénien. Comité de
Travaux Historiques et Scientifiques. París: 443-447
ZILHAO, J.;
TRINKAUS, E. 2002. Portrait of the Artist as a Child. The Gravettian Human
Skeleton from de abrigo do Lagar Velho and its archeological context. Trabalhos de Arqueología 22.
Instituto Portugués de Arqueología. Lisboa