LAS OCUPACIONES PRECERÁMICAS DE
LA CUENCA DE MÉXICO.
DEL POBLAMIENTO A LAS PRIMERAS
SOCIEDADES AGRÍCOLAS.
Mtro. Guillermo Acosta Ochoa
Instituto de Investigaciones Antropológicas
Universidad Nacional Autónoma de México
Como ya había comentado acertadamente Luís Aveleyra
(1967) en su obra Los Cazadores Primitivos de
Mesomérica, los datos disponibles sobre las culturas paleoindias en México
son todavía demasiados escasos y
dispersos, más si consideramos exclusivamente la zona correspondiente a la
Cuenca de México. Es posible que en la Prehistoria mexicana se hayan escrito
más paginas sobre síntesis e interpretaciones sobre el escaso material escrito
de manera directa, que las propias fuentes originales que hacen referencia a
las excavaciones particulares de los escasos sitios estudiados en lo que es el
actual territorio mexicano.
UNA BREVE
RESEÑA SOBRE LA LLAMADA PREHISTORIA EN MÉXICO.
Pareciera obvio, que una de las razones principales
por las que el periodo que antecede la aparición de la agricultura, la cerámica
y las primeras sociedades sedentarias en México haya estado abandonado, es en
buena medida porque ha estado sujeta a la arqueología monumental, que ha sido
uno de los principales objetivos políticos de la arqueología institucional en
nuestro país. La necesidad de establecer una identidad nacional, sobre todo a
partir de la época pos revolucionaria en México, ha ocasionado que buena parte
de los estudios y trabajos arqueológicos tengan como finalidad la excavación y
consolidación de sitios monumentales, en particular del periodo inmediato
anterior a la llegada de los españoles (aztecas), o bien los periodos de
supuesto mayor auge en la civilización mesoamericana como es el clásico
teotihuacano y maya.
En cambio, otros periodos de igual interés que los
anteriores han sido marginales en los diseños de investigación de la arqueóloga
tradicional en México. Si bien los estudios sobre el desarrollo de la primeras
sociedades agrícolas o sedentarias han cobrado cada vez mayor fuerza,
principalmente a partir de la década 60’s, épocas anteriores a estos periodos
siguen siendo esencialmente marginales dentro de los intereses de investigación
en la arqueología en México.
Los principales estudios sobre sociedades de
cazadores recolectores se han centrado en la porción norte del país, en buena
medida por las condiciones particulares de esta región. Consideremos que en
ésta área de México las sociedades de cazadores recolectores persistieron en
muchas áreas incluso hasta mediados del siglo XVIII. No obstante aun cuando los
estudios sobre cazadores recolectores han dominado la porción norte del país,
incluso allí los estudios han tenido un enfoque esencialmente sobre arqueología
de superficie, representaciones rupestres y, en mucha menor proporción las
excavaciones arqueológicas han sido llevadas a cabo.
En la Cuenca de México en cambio, si bien se pueden
considerar una cantidad considerable de
sitios asociados a ocupaciones prehistóricas, la mayor parte de estos sitios
han sido investigados como parte de
hallazgos ocasionales o fortuitos, mientras que aquellos que han sido excavados
con la orientación de un proyecto a más largo plazo desgraciadamente no han
dado los resultados que su autores originales pretendían. En particular los
trabajos desarrollados por el extinto Departamento de Prehistoria del INAH, si
bien tuvieron un apoyo considerable del aparato institucional de entonces (70’s
y 80’s), los resultados de la investigación no fueron tan fructíferos como las pretensiones originales de sus
titulares. Cabe señalar que de las investigaciones realizadas en sitios como
Tlapacoya o Santa Isabel Iztapan no se publicaron informes detallados sobre las
implicaciones de los hallazgos, ni descripciones puntuales sobre los contextos
y el desarrollo de las excavaciones principalmente de los procedimientos
metodológicos empleados por los investigadores.
Como resultado de lo anterior veremos que la
información que tenemos de la Prehistoria de la Cuenca de México, es incluso
más fragmentaria que otras regiones como Oaxaca, Tehuacan, Tamaulipas o incluso
el sureste de México, los cuales actualmente presentan una mayor cantidad de
información y propuestas teóricas o explicativas de un mayor alcance.
EL POBLAMIENTO
INICIAL Y LOS MODELOS DE COLONIZACIÓN
Generalmente, la imagen que se difundió durante mucho
tiempo sobre los primeros pobladores del continente americano era la del
ingreso de poblaciones de puntas acanaladas desde el norte de Asia persiguiendo
presas de fauna mayor del Pleistoceno Final en una modelo de poblamiento que
sugería un pulso migratorio único y continuo que habría colonizado Sudamérica
en unos cuantos siglos por las tierras interiores, una vez abierto un corredor
glaciar libre de hielo (figura 1). Esta imagen, sin embargo ha sido cambiada
casi de manera generalizada, pues el “corredor de Alberta” no parece haber
estado libre sino hasta después del 11,000 a.p., además de que la cultura
Clovis no es la más antigua del continente. Un modelo más viable actualmente es
el poblamiento por la zona costera del Pacífico, seguido por un poblamiento
interior del continente, y el cual explicaría la aparición temprana de sitios
en las regiones costeras del Pacífico en Sudamérica.
Figura 1. Modelo de “oleada migratoria” de la
hipótesis clovis-first (Dixon, 1999).
También se ha logrado consolidar la aceptación
generalizada de sitios designados como “preclovis” (esto es, anteriores al
11500 a.p en años de radiocarbono, fecha límite estimada para los sitios Clovis
de Norteamérica). En particular, Monte Verde (Dillehay, 2004) ha sido el sitio
emblemático de este renovado interés en las culturas que precedieron el
desarrollo y dispersión de los cazadores de puntas acanaladas en el continente
Americano.
Asimismo, actualmente se consideran otras rutas de poblamiento.
En particular, la ruta costera del Pacífico parece resolver cuestiones que
habían permanecido insolubles en modelos sobre el poblamiento interior de
Beringia, como el que sugerido para Clovis. En México, no obstante, aquellos
debates generados entre las perspectiva norte y Sudamericana de la Prehistoria
no parecen haber tenido mayor relevancia y el marco teórico y empírico parece
haber quedado incuestionable. Este “paradigma” sobre la llamada etapa lítica en
nuestro país está basado en la conocida propuesta de periodificación de José
Luís Lorenzo quien divide la época precerámica en tres fases que coinciden,
aunque forzadamente, con los periodos paleolíticos y neolítico del Viejo mundo
(Lorenzo, 1968).
A grandes rasgos, este autor propone:
a) Una etapa de poblamiento inicial de México y el
resto del continente hacia 30 o 40 mil años, caracterizado por artefactos
líticos grandes y burdos, manufacturados por técnica de percusión directa
(piedra contra piedra) e incipiente bifacialismo. Este periodo es llamado
Arqueolítico.
b) Hacia el 11,500 a.p., se designa el inicio de un
nuevo periodo. Este es designado Cenolítico y está marcado principalmente por
la aparición de puntas bifaciales, y con ellas, la percusión indirecta y la
talla a presión. Este periodo, a su vez, está separado en Cenolítico Inferior
(11500-9000 a.p.) y Cenolítico Superior (9000-7000 a.p.), el cual corresponde a
grandes rasgos, con los periodos designados “Paleoindio” y “Arcaico” en la
tradición Norteamericana.
En la actualidad, aunque la propuesta anterior sigue
siendo empleada sin crítica, algunos autores (entre los que me incluyo) no
consideramos más esta propuesta como válida pues muchos de los sitios empleados
por Lorenzo no cubrirían los rasgos de confiabilidad mínimos para un sitio
precerámico.
Por otro lado, ésta como otras propuestas de
periodificación no consideran la variabilidad funcional de los sitios
estudiados, por lo que pueden considerarse como parte de una “tradición” o
“fase” sitios contemporáneos que simplemente corresponden a diferencias de
funcionalidad de los sitios de cazadores recolectores (cfr. Binford, 1983, 1996).
Ahora, si bien es cierto que en algún momento del
Pleistoceno antes del 12000 a.p. el continente Americano fue poblado por
primera ocasión, también lo es que la expansión en la variabilidad cultural
entre 12 y 10 mil años nos ha dejado un mosaico regional que dificulta la
reconstrucción del proceso de poblamiento americano (vid Carlson, 1983, Dillehay et
aliiii., 1992, Dixon, 1999). En México particularmente esta variabilidad se
está conociendo sólo recientemente (Acosta, 2005), pero los datos siguen siendo
escasos y fragmentarios.
Hasta el momento no sabemos concretamente el papel
que jugó la Cuenca de México en el proceso de poblamiento de la región media de
América, no obstante y para comprender mejor el proceso, retomaré el modelo de
colonización de los distintos subambientes continentales propuesto por James
Dixon (Dixon,1999:39). Éste considera la colonización como un proceso
caracterizado por las siguientes etapas:
1. Exploración
por los grupos humanos hacia áreas no habitadas en regiones adyacentes al área
de asentamiento (campamentos base o estacionales). Este proceso permite el
conocimiento de las características geográficas y de recursos de la nueva área
explorada, pero ésta permanecería sin ocuparse.
2. Fisión,
la cual requiere que una población reproductivamente viable se separe de otra
originaria. Este proceso, aunque pudiera darse continuamente en épocas de
escasez de recursos donde se pondría en riesgo la capacidad de carga del área
explotada originaria, también podría darse por otros procesos sociales a causa
de conflictos internos y estrategias reproductivas o territoriales que
propicien la continua fisión de las bandas de cazadores-recolectores.
3. Migración y
colonización. Es el proceso dinámico en el que un grupo derivado se
desplaza hacia las regiones conocidas pero desocupadas en posibilidad de ser
colonizadas, estableciendo sentamientos de frontera en un rango variable de
territorio capaz de proveer los recursos necesarios para la reproducción del
sistema social.
4. La última etapa es la de asentamiento (settlement)
que es el proceso por el cual la población colonizadora se expande hasta establecerse y explotar de forma óptima el
entorno del nuevo territorio. Durante este proceso, las comunidades
colonizadoras pueden explorar nuevas formas de explotar eficientemente el
entorno mediante la innovación. Modificaciones en la estructura productiva y
reproductiva pueden desarrollar formas creativas que permiten a los agentes
humanos un mayor éxito en el nuevo entorno (“adaptación”). Ocasionalmente,
estas nuevas vías de interacción con el medio tomarán la forma de innovaciones
tecnológicas y se observarán como un cambio en las formas culturales o
conjuntos líticos de las poblaciones locales. En muchas otras ocasiones, no
obstante, los sistemas productivos y tecnológicos precedentes pueden ser
eficientes para la explotación de los recursos del nuevo entorno, lo cual
producirá la ampliación geográfica o migración de un sistema sociocultural
desde su área original.
Este proceso permite explicar tanto la expansión
geográfica de una “tradición lítica” (las puntas acanaladas, por ejemplo), como
la generación de nuevas formas tecnológicas, por lo que hace necesario pensar
que no todas las tecnologías líticas del Holoceno Temprano proceden
necesariamente de Beringia, pudiendo ser desarrollos locales en áreas discretas
de América. También pueden darse procesos convergentes de desarrollo como parece
ser el caso de las similitudes de las puntas Clovis y Cola de pescado.
Ahora bien, es posible que otros procesos también
incidieran en la diversidad cultural que se observa a fines del Pleistoceno,
por ejemplo el ingreso de distintas poblaciones en épocas diversas. Esto ya ha
sido planteado anteriormente en estudios de diversa índole (lingüísticos,
genéticos, morfología craneal etc.). En todo caso, todo parece indicar que
estas diferencias en poblaciones también pudieron darse desde épocas tempranas
(Schurr, 2004), por lo que tal proceso también debe ser considerado en el
aporte de material genético e incuso, distintas tecnologías líticas y de
organización social.
LOS SUPUESTOS
SITIOS ANTERIORES A 12000 A.P.
Sobre las posibles poblaciones del Pleistoceno
anteriores a 12,000 a.p., los sitios representativos del Nuevo Mundo son
escasos aún a escala continental. Algunos de ellos han sido ampliamente negados
debido a que los materiales, supuestos como de origen antrópico, podrían
deberse en realidad a procesos naturales como la caída de rocas de los abrigos
y la acción de incendios naturales (Pedra Furada, Brasil), a la acumulación y
acarreo de materiales por procesos no humanos (El Bosque, Nicaragua; Muaco,
Venezuela) entre otros.
En cambio, otros sitios, como el Componente MV-III de
Monte Verde, Chile, cuya integridad parece ser más confiable, corresponden a
áreas discretas de actividad humana y materiales que no permiten aún tener un
resultado concluyente de su profundidad temporal (Dillehay, 2004). La escasez
de sitios anteriores al 12,000 en América hace pensar a algunos que es
simplemente porque no se había poblado el continente en ese momento, aunque
esto bien podía ser el resultado de una estrategia demográfica baja, de alta
movilidad y posiblemente vinculada a regiones costeras o ribereñas, por lo que
muchos de los sitios más tempranos pueden estar ahora sumergidos tras el
aumento de los niveles del mar al terminar el Pleistoceno (Chatters, 2001).
Las características climáticas de este lapso cronológico
(>12,000 a.p.) son poco conocidas, tal vez excepto para el centro de México,
donde la información parece indicar alternancia en episodios húmedos y secos,
pero con predominancia en un clima más seco y frío que el actual (González
Quintero, 1986, Lozano y Ortega, 1994). El norte de México, no obstante parece
haber sido más húmedo de lo que actualmente lo es con abundancia de comunidades
de pino y bosques mixtos en zonas más bajas (Meyer, 1973).
De forma similar a otros sitios en Norte y
Sudamérica, los sitios anteriores al 12,000 a.p. en México presentan aún
algunos problemas para su aceptación plena como sitios válidos. Entre los
sitios propuestos por J. L. Lorenzo (Lorenzo,1968, 1976) para el llamado
Arqueolítico, se encuentran muchos basados en hallazgos de superficie cuya
asignación cronológica estaba basada en criterios morfológicos los cuales no
son aceptables actualmente, como Teopisca, Chiapas o el complejo Diablo de
Tamaulipas. Aquellos sitios con fechas de radiocarbono, no obstante también presentan
algunos problemas, principalmente de índole estratigráfico o la naturaleza
antropogénica de los materiales mismos. El Cedral, por ejemplo, corresponde a
un área natural de refugio de fauna que propicia la sedimentación por arrastre
de los materiales (manantial), además no se conoce una publicación final donde
se pueda evaluar la integridad estratigráfica de los materiales y la mayor
parte de los datos procede de informes parciales o preliminares.
En el caso concreto de la Cuenca de México, uno de los
sitios más conocidos y propuestos como anteriores al 12000, es Tlapacoya
(Figura 2), en el estado de México al Sur de la Cuenca (figura 3). Este sitio,
localizado en una península al sureste de la Cuenca, sobre el lago de Chalco,
fue excavado entre 1965 y 1973 por el extinto Departamento de Prehistoria del
INAH. Un total de 18 localidades fueron excavadas en el área, de las cuales las
más interesantes son Tlapacoya I y Tlapacoya XVIII.
Tlapacoya I constituye 2 trincheras de excavación que
descubrieron una playa pleistocénica compuesta de una cama de cantos rodaos y
guijarros volcánicos sobre los cuales fue identificado un posible hogar fechado
en 21 700+-500 y asociado a dos concentraciones de huesos de fauna
pleistocénica; otro hogar fue fechado en 24 000+-1000. Entre los escasos
materiales líticos se encuentran algunas posibles lascas de roca volcánica y
una navajilla de obsidiana (figura 3) (Mirambell, 1967, 1978).

Figura 2. Principales sitios precerámicos de la Cuenca de México:
1.Peñón, 2.Tlapacoya, 3.Los Reyes La Paz, 4.San Vicente Chicoloapan,
5.Tepexpan, 6.Santa Isabel Iztaàn y Tocuila, 7.Chimalhuacán (Modificado de:
González et aliiii. 2003).

Figura 3. Arriba: artefactos de Tlapacoya, abajo: Hogar (Mirambell
1978).
Posiblemente el anterior sea el contexto más
controversial de Tlapacoya, pues se ha criticado que la concentración de huesos
de fauna extinta pueda deberse a procesos naturales mientras que el fogón haya
sido erróneamente interpretado o, incluso, que los materiales hayan intuido las
capas inferiores por bioturbación o procesos edáficos. También se ha destacado
que materiales como la lasca prismática de obsidiana asignada a una fecha de circa 20,000 años, en realidad fue
recuperada del material cribado y no directamente in situ. Aunque este sitio tiene tanto defensores como detractores
(Waters, 1985, Mirambell, 2000), tiene cada vez menos confiabilidad de acuerdo
a los parámetros empleados en la actualidad (Dixon, 1999).
La segunda localidad (Tlapacoya XVIII), es
posiblemente más confiable en cuanto a su datación, no obstante los materiales
y contextos han sido descritos someramente. Esta operación, fechada en
9920+-220 presentó materiales líticos como raspadores, raederas, denticulados y
puntas de proyectil, manufacturados tanto en materiales locales, como exógenos
y asociados a un cráneo humano, el cual no pudo fecharse directamente debido a
la gran cantidad de material de conservación aplicada al mismo. No obstante,
otro cráneo localizado de manera accidental en 1968 por trabajadores al
construir una carretera a escasos 50 metros de Tlapacoya I (Lorenzo y
Mirambell, 1982), aunque sin mayores datos estratigráficos dio recientemente
una fecha directa por AMS de 10, 200+-65 (González et aliiii. 2003:385).
Podemos decir que, en general, no existen sitios en
México confiablemente asignados a una fecha anterior al 12,000. No obstante
este autor es de la opinión que el poblamiento de México, y del Altiplano
central debió realizarse en épocas anteriores al 11500, desgraciadamente estos
sitios aún deberán ser localizados en el futuro cercano, sobre todo
considerando la escasez de trabajos sobre este periodo inicial.
EL PLEISTOCENO TERMINAL Y EL
HOLOCENO TEMPRANO (CA. 11,000-10,000 A.P.)
Existe actualmente creciente información sobre al clima
del Pleistoceno Tardío y el Holoceno en México, no obstante, la información es
variable y a veces contradictoria. En General, el clima parece haber sido más
frío para el Pleistoceno, siendo marcadamente seco en el sur de acuerdo con los
datos para la Península de Yucatán. En contraste, el Norte de México presenta
registros que indican una mayor humedad En el Pleistoceno Tardío y hasta
entrado el Holoceno, lo cual permitió que comunidades de bosque y pradera
colonizaran áreas bajas ahora dominadas por el desierto. Este fenómeno parece
deberse en buena medida a un régimen de lluvias de invierno con menor
evaporación y el pacífico como principal fuente de humedad, este patrón se
modifica hacia el 7 u 8 mil a.p., cuando se establece el actual régimen tropical
de lluvias. Aunque los registros del centro de México no son claros, parece que
la transición Pleistoceno-Holoceno está marcada por el cambio de un régimen más
seco y frío que el actual hacia condiciones más cálidas.
Tabla 1.
Modificaciones paleoclimáticas en México.
|
Años a.p. |
Altiplano
Central |
Norte
de México |
Península
de Yucatán |
|
0 |
Actual |
||
|
1000 |
|
Cálido y seco14,
16 |
Muy seco11,
12 |
|
2000 |
Seco9, 11, 12 |
||
|
3000 |
Ligeramente húmedo14,
16 |
||
|
4000 |
Cálido y muy seco15 |
Húmedo9 |
|
|
5000 |
Templado y húmedo1,
3 o seco5, 6, 8 |
Seco9 |
|
|
6000 |
Seco14, 15 |
Muy húmedo9,
11 |
|
|
7000 |
Seco10 |
||
|
8000 |
¿Cálido1, 2
o frío7 y seco? |
¿Templado y
húmedo?14 |
|
|
9000 |
|||
|
10000 |
Frío y seco13 |
¿Templado y Seco?
11 |
|
|
11000 |
-----Hiato(CdM)---- (¿Húmedo6, 7 o seco8?) |
||
|
12000 |
Frío y húmedo13,
14 |
||
|
13000 |
|||
|
14000 |
Frío y Húmedo2,
3, 8 |
|
|
|
15000 |
|
||
|
16000 |
|||
|
17000 |
Templado y seco3 |
||
|
LGM18000 |
|||
|
19000 |
Templado2 o
Frío y seco3 |
||
|
20000 |
|||
|
21000 |
Frío y húmedo2 |
||
|
22000 |
|||
|
23000 |
|||
|
24000 |
Frío y seco2 |
||
|
25000 |
|||
|
26000 |
|||
|
27000 |
Templado y húmedo1 o frío y húmedo4,
6 |
||
|
28000 |
|||
|
29000 |
|||
|
30000 |
|||
|
31000 |
|||
|
32000 |
|||
|
33000 |
|||
|
34000 |
|
||
|
35000 |
|||
Fuentes: 1González, 1986.
2González y Fuentes, 1980. 3Lozano y Ortega, 1994. 4Straka y Ohngenmach, 1989. 5Xelhuantzi, 1994. 6Lozano García et aliiii., 1993. 7Heine, 1994. 8Lozano et aliiii., 2005. 9Leyden et aliiii., 1996. 10Leyden et aliiii., 1998. 11Hodell et aliiii., 1995. 12Curtis et
aliiii., 1996. 13Meyer, 1973, 14Metcalfe
et aliiii., 2002, 15Holmgren et
aliiii., 2003, 16McAuliffe y Van Devender, 1998.
A fines del Pleistoceno se puede notar un aumento
demográfico en regiones que antes parecen haber sido marginales, y el mejor
ejemplo de ello es la proliferación hacia esta época de restos óseos humanos.
Los restos más antiguos en México están registrados para ésta época y proceden
de cuevas inundadas de Yucatán con una
antigüedad cercana a los 12 mil años (11,760+-60) (Terrazas y Benavente, com. pers., Largent, 2005). Otros restos
procedentes de la Cuenca de México correspondientes al Pleistoceno Terminal
son: Peñón III (10,755-+75) y Tlapacoya I (10,200-+65) (González et aliiii., 2003). Desgraciadamente,
estos materiales no se pueden asociar a alguna “industria lítica” concreta casi
todos corresponden a hallazgos ocasionales y excavaciones poco controladas que
no permiten reconstruir su contexto de hallazgo (figura 4).

Figura 4. Cráneos
fechados del Pleistoceno y Holoceno de la Cuenca de México. (en: González et aliiii., 2006).
Los conjuntos líticos regionales para fines el
Pleistoceno Terminal no son del todo claros pues, además de haber grandes
vacíos regionales, la información disponible es aún fragmentaria. No obstante, un rasgo a destacarse de los
sitios excavados del Pleistoceno Final en México es la escasa aparición de
puntas acanaladas. Si bien las puntas acanaladas son uno de los principales
elementos característicos de fines del Pleistoceno Terminal de Norteamérica y
claramente asociadas a la caza de fauna extinta, no existe hasta el momento un
sitio con puntas de este tipo en México que pueda asignarse al Pleistoceno
mediante fechamiento. Es notable que la mayor parte de las puntas acanaladas
localizadas en nuestro país procedan de hallazgos de superficie y, aunque
generalmente han sido asignadas entre el 11500 y el 10000 a.p. en base a
comparación con otros sitios de Norteamérica, la única ocupación “Clovis”
fechada en México corresponde a niveles del Holoceno Temprano (ca. 9000 a.p.) en la cueva Los Grifos,
Chiapas (García-Bárcena, 1980:5; Santa María y García-Bárcena, 1989:85-88). La
amplia gama de variantes particulares en la forma de las puntas acanaladas de
México y Centroamérica y sus fechas tardías en comparación con las asignadas a las Clovis Típicas (ca.
11,500-10,500) sugieren que variantes regionales pudieron darse entre el sur de
México y Ecuador. Es posible, no obstante, que ocupaciones más tempranas de
grupos de cazadores Clovis pudieran ubicarse al Noroeste de México, donde se
han encontrado la mayor parte de puntas Clovis típicas y los materiales generalmente asociados a su
manufactura como macronavajas y maconúcleos de láminas (Montané, 1985, 1988,
Sánchez y Carpenter, 2003).
Ahora bien, no obstante la ausencia de puntas
acanaladas hasta el momento en la cuenca de México, los hallazgos de materiales
líticos asociados a megafauna han sido recurrentes. Diversos hallazgos
ocasionales en contextos cercanos a playas lacustres indican que el acecho,
caza ocasional y posible carroñeo fueron actividades realizadas por los
antiguos pobladores de la región. Algunos de los sitios no se han fechado, como
Tepexpan (Arellano, 1946), Los Reyes Acozac y San Bartolo Atepehuacan
(Aveleyra, 1967:45), Chimalhuacán (García Cook 1966) y Los Reyes La Paz (García
Cook 1973). En los cuatro primeros se trata de lascas retocada asociadas a restos
de mamut, mientras que el último contiene huesos modificados de megafauna y
posiblemente empleados como artefactos. Este patrón de hueso modificado no es
del todo atípico para fines del Pleistoceno, pues en Tocuila, una zona cercana
a Texcoco al norte de la Cuenca, se han fechado lascas hechas en huesos de
mamut en 11,100+-80 (Morett et aliiii.,
2001).
Posiblemente el mejor caso de asociación de fauna
pleistocénica con materiales culturales son hasta el momento los dos mamutes de
Santa Isabel Iztapan (Aveleyra y Maldonado-Koerdell 1952, 1953, Aveleyra 1955,
1956). Allí, fueron excavados los restos de dos proboscídeos ahora extintos (Mammuthus imperator) donde fueron
recuperadas puntas Lerma, Plainview y Angostura, junto a otros artefactos
asociados al afaenamiento de la presa (figuras 5 y 6). En este sitio la única
fecha disponible corresponde al 9250+-250 (Radiocarbon
2: 44), la cual corresponde con los artefactos asociados no obstante la
aparición de megafauna pleistocénica. En todo caso, ahora sabemos que algunas
especies de proboscídeos persistieron hasta entrado el Holoceno en regiones
como la Cuenca de México, y constituyeron parte de la dieta de los cazadores
del altiplano mexicano. Otra fecha no muy distinta es reportada para
Atepehuacán (9670+-400) (Aveleyra, 1967:46) donde no aparecen puntas, pero sí
desechos de talla.
FIGURA 6
Figura 5. Excavación
del Mamut 1 de Santa Isabel Iztapan (Aveleyra, 1967).
Tabla 2. Sitios
datados para la Cuenca de México.
|
Sitio |
Fechas RCYBP |
Materiales asociados |
Contexto |
Observaciones |
|
Tlapacoya2 |
24,000+-4000 21,700+-500 |
Restos de
hogares?, fauna pleistocénica, lascas y navajilla prismática, raspador |
Playa lacustre |
Artefactos
dudosos, asociación poco clara de los materiales |
|
Tocuila2 |
11,100+-803 |
Lascas de hueso de
mamut |
Lacustre |
Sin otro material
cultural |
|
Peñón III4 |
10,755+-75 |
Entierro humano,
textiles, artefactos en hueso, lascas |
Lomerío en área
lacustre |
Contexto funerario |
|
Tlapacoya I5 |
10,200+-65 |
Restos humanos sin
clara asociación a artefactos |
Playa Lacustre |
Recuperados tras
la construcción de una carretera |
|
Tlapacoya XVIIII6 |
9,920+-220 |
Cráneo humano
asociado a lascas, raederas y punta de proyectil |
Playa Lacustre |
Escasa descripción
contextual |
|
Atepehuacan, DF
7 |
9,670+-400 |
Lascas asociadas a
fauna extinta |
Lacustre |
¿caza, carroñeo? |
|
Santa Isabel
Iztapan8 |
9,250+-250 |
Puntas Lerma,
Scottstbluff, ¿Agate Basin?, láminas, cuchillo, asociados a mamut |
Lacustre |
Sitio de matanza |
1Lorenzo y Mirambell, 1982, 2Morett
et aliiii., 2001, 3Taylor,
1956. 4Romano, 1974, 5González et aliiii., 2003, 6Lorenzo y Mirambell, 1986, 7Aveleyra,
1967, 8de Terra, 1957, Radiocarbon
2:44.
EL HOLOCENO MEDIO Y TARDÍO
(8000-4000 A.P.) Y EL DESARROLLO DE LAS PRIMERAS SOCIEDADES AGRÍCOLAS.
En México, se observa que el desarrollo de las
primeras sociedades cultivadoras posiblemente se llevó a cabo en la región sur
y, particularmente en las regiones asociadas a las tierras bajas tropicales y
las zonas medias templadas. De los escasos sitios estudiados sobre el periodo
agrícola temprano, destacan Guilá Náquitz, Oaxaca, Tehuacan, Puebla y más
recientemente la Depresión Central de Chiapas.
Ya desde el Holoceno Temprano, en los Niveles del
Holoceno Temprano tanto de Guilá Naquitz, Oaxaca (9790+-240), como de la Cueva
Santa Marta, Chiapas (9330+-290, 9280+-290), se observa un patrón de
subsistencia de espectro amplio, donde la recolección y procesamiento de
vegetales son relevantes en las actividades productivas. En ambos fueron
empleados diferentes instrumentos para procesar vegetales (manos y metates de
diferentes formas), además de marcadas similitudes en la explotación de fauna
menor, reptiles y recolección de caracoles de río y un aumento en la
importancia de ciertas plantas, algunas de las cuales se encuentran ya
plenamente domesticadas en fechas tan tempranas como 8990+-60 a.p., como es el
caso de la calabaza de pepita (Cucurbita
peppo) (Flannery, 1999, Smith, 1997).
En la cuenca de México, los restos asociados al
periodo precerámico final son casi nulos, por lo que los datos sobre
agricultura temprana suelen obtenerse de manera indirecta al estudiar la
secuencia polínica y sedimentaria de la cuenca lacustre. Sobre este último, los
datos de las columnas indican que entre 6000 y 4500 a.p. ocurre un periodo de
sequía y disminución de los niveles del lago de México, posiblemente vinculado
con el periodo conocido como altitermal.
Este es seguido por incrementos en el nivel del lago entre 3000 y 2000 a.p. y
una abrupta desecación hacia el 1100 a.p. (hacia fines del Clásico) (Metcalfe
et aliiii. 2002:706).
Aún no sabemos como pudieron afectar estos cambios
continuos del entorno lacustre a los antiguos cazadores-recolectores, pero es
obvio que debieron alterar la predictibilidad de los recursos estacionales
vinculados al medio lacustre, particularmente las aves migratorias y, en menor
medida, los recursos botánicos y la pesca.
En
todo caso, a diferencia de otras regiones de México, donde se aprecia que la
agricultura cobra una importancia preponderante en la subsistencia de los grupos
humanos al menos desde el 6000 a.p., con la domesticación y cultivo de
cereales como el maíz en regiones
semidesérticas como Tehuacan y Oaxaca, o incluso en áreas tropicales como la
costa del Golfo de México, la aparición de especies domesticadas en el registro
palinológico de la Cuenca de México no se da sino hasta el 3500 a.p., aunque a
partir del 5000 se aprecia un incremento en polen de
chenopodiáceas-amarantáceas (bledos) que indican alteración humana del área
posiblemente vinculada a sistemas agrícolas incipientes (Lozano García et alii., 1993; Lozano García y Ortega
Guerrero, 1994).
Posiblemente el único hallazgo asociado claramente a
este periodo agrícola temprano son los materiales de San Vicente Chicoloapan,
al oriente de la Cuenca. Este sitio era conocido por sus minas de arena donde
se localizaban frecuentemente fósiles del Pleistoceno y en 1955, al excavar un
pozo en las cercanías del poblado, se hallaron restos humanos fuertemente
mineralizados, los que se enviaron al Museo Nacional. Posteriormente Luis Aveleyra
(1967) llevó a cabo excavaciones en el lugar del hallazgo y
localizó, a casi 3 metros de profundidad, un suelo fósil identificado como
equivalente de la Formación Totolcingo de época posglacial. Asociado a este
piso se hallaron restos de hogares, piedras calcinadas, además de diversos
artefactos líticos como lascas utilizadas, un fragmento de punta de proyectil,
y una hoja de obsidiana con los bordes retocados. También se localizaron
grandes piedras planas con rasgos de haber sido empleadas como primitivos
metates (molinos o morteros) y bolas de piedra empleadas como manos para moler.
La vinculación de estos materiales con grupos de una
economía mixta de caza- recolección y, posiblemente, agricultura incipiente no
sólo está dada por los materiales líticos, pues la columna polínica de la
excavación analizada por Mónica Bopp (1961) indica un incremento gradual de
gramíneas cultivadas por lo que “…es posible que los restos de Chicoloapan y
sus materiales asociados representen la primera evidencia segura que se posee,
en la Cuenca de México, de la fase cultural de transición entre los cazadores
del Pleistoceno final y las más antiguas manifestaciones de los pueblos
aldeanos, cerámico-agrícolas…” (Aveleyra,1967:35).
Para completar un poco el periodo asignado a los
materiales de Chicoloapan, recientemente se han fechado los restos óseos de
manera directa por AMS y como resultado se obtuvo la fecha de 4410+-50 a.p., lo
cual confirma estos materiales como pertenecientes al periodo agrícola incipiente
(González et alii., 2003:385).
COMENTARIOS FINALES
Hasta aquí el esbozo del periodo posiblemente más
oscuro de las culturas precolombinas en la Cuenca de México. Como el lector ha
podido observar, no obstante la riqueza en materiales asociados a Fines del
Pleistoceno e inicios del Holoceno en la Cuenca de México, los trabajos
sistemáticos son sumamente escasos y el interés académico de los investigadores
de la Prehistoria en nuestro país se ha centrado en regiones más cómodas para
su investigación como los desiertos del norte. Por otro lado, el crecimiento
acelerado de la mancha urbana ha destruido o sepultado muchas de las áreas más
promisorias para conocer a los primeros habitantes del Altiplano Central, así
como evaluar su transito hacia el sedentarismo y la agricultura temprana.
Aspectos que, al menos algunos, seguimos creyendo podrán ser conocidos en un
futuro cercano.
Bibliografía
Acosta,
Guillermo (2005) “Variabilidad
Cultural y modos de vida de los cazadores recolectores del Holoceno Temprano en
el sureste de México”. Ponencia presentada en simposio Prehistoria y
Poblamiento de México, de la XXVII Mesa
Redonda de la Sociedad Mexicana de Antropología e Historia, Xalapa, Ver.
Arellano, Luís(1946)“El elefante fósil de Tepexpan y
el hombre primitivo”. Revista Mexicana de Estudios Antropológicos Vol. 8:89-94.
Aveleyra, Luís(1955) El segundo mamut fósil de Santa Isabel
Iztapan, México y artefactos asociados, Dirección de Prehistoria,
Publicación num. 1, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México D.F.
Aveleyra, Luís (1956) “The Second Mammoth and Associated
Artifacts at Santa Isabel Iztapan, México” American
Antiquity 22 (1):12-28
Aveleyra, Luís 1967 Los cazadores primitivos de Mesoamérica,
Instituto de Investigaciones Históricas-UNAM, México.
Aveleyra, Luis
,Maldonado-Koerdel,Manuel l (1953) “Association
of Artifacts with Mammoth in the Valley of Mexico”. American Antiquity 18(4):332-340.
Binford, Lewis R.(1983) In Pursuit of the Past, Thames and
Hudson, New York.
Binford,
Lewis R.(1996) “Willow smoke and dogs’
tails: Hunte-gatherer settlement systems and archaeological site
formation”, Robert Preucel e Ian
Hodder, Contemporary Archaeology in
Theory, Blackwell Publishers, London:39-60.
Bopp, Mónica (1961)“El análisis de polen, con
referencia especial a dos perfiles polínicos de la cuenca de México”, Homenaje a Pablo Martínez del Rio en el
XXV Aniversario de la Edición de Los
Orígenes Americanos, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México:
49-56.
Carlson, Roy
(1983) “The Far West”, Richard
Shutler (ed.), Early Man in the New World,
Sage Publications, Beverly Hills: 73-96.
Chatters,
James C. (2001) Ancient Encounters. Kennewick Man and the
First Americans, Simon and Schuster, New York.
Curtis Jason H., David A. Hodell y
Mark Brenner (1996) “Climate variability on the Yucatan Peninsula (Mexico)
during the past 3500 years, and implications for Maya cultural evolution”, Quaternary Research 46: 37-47.
De Terra, Helmuth (1957)Man and
Mammoth in Mexico, Hutchinson, Londres.
Dillehay,
Thomas (2004)Monte Verde. Un asentamiento humano del
Pleistoceno Tardío en el sur de Chile, LOM
Ediciones, Santiago.
Dillehay, Thomas, Politis Ardila, y
Beltrao,Gustavo, (1992)“Earliest hunters and gatherers of South
America”, Journal of World Prehistory 6 (2):145-204.
Dixon, E.
James (1999) Bones, Boats and Bison. Archaeology and the First Colonization of
Western North America, University of New Mexico Press, Albuquerque.
Flannery, Kent V.(1999) “Los orígenes de la agricultura en Oaxaca”, Cuadernos del Sur 14, pp. 5-14.
Garcı́a-Bárcena,
Joaquín (1980) Una punta
acanalada de la Cueva de Los Grifos, Ocozocuautla, Chis. Cuadernos de
Trabajo 17, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.
García Cook, Ángel (1966)“Excavación de un sitio
pleistocénico en Chimalhuacan. Edo. De México”, Boletín INAH 25: 22-27.
García Cook, Ángel (1973)“Dos artefactos de hueso en
asociación con restos pleistocénicos en Los Reyes La Paz, México”, Anales 1972-1973:237250.
González Quintero, Lauro(1986) Análisis polínicos de
los sedimentos. en Lorenzo, J. L., Mirambell, L. (Eds.), Tlapacoya: 35000 Años de Historia del
lago de Chalco. Instituto de Antropología e Historia, México:157-166.
González
Quintero, Lauro y Fuentes Mata ,L. (1980) “El
Holoceno de la
porción central de la Cuenca de México”, en: Francisco Sanchez (Ed.), Memorias
III Coloquio sobre Paleobotánica y Palinología. Colección Científica,
Instituto Nacional de Antropologia e Historia:113-132.
Gonzalez, Silvia, Jimenez,
José Concepción, Hedges Robert, Huddart, David, Ohman, , Turner
James C. , Pompa y Padilla, José Antonio (2003) “Earliest humans in the Americas: new
evidence from México”, Journal of Human
Evolution 44: 379–387.
Heine,
Klaus(1994) “The late-glacial moraine sequences in Mexico: is the evidence for
the Younger Dryas event”, Palaeogeography,
Palaeoclimatology, Palaeoecology 112:113-123
Hodell,
David A., Curtis Jason H. Brenner, Mark (1995) “Possible
role of climate in the collapse of Classic Maya
civilization”. Nature 375:391-394.
Holmgren,
Camille A., Peñalba, M. Cristina, Aasen Rylander Kate yBetancourt Julio L.
(2003) “A 16,000 14C yr B.P. packrat midden series from the USA–Mexico
Borderlands”, Quaternary Research
60:319-329.
Jason
H. Curtis, Hodell ,David A. and Brenne Mark, Dillehay, Thomas(1996)”Climate
Variability on the Yucatan Peninsula (Mexico) during the Past 3500 Years, and
Implications for Maya Cultural Evolution”, Quaternary
Research 46:37-47.
Largent,
Floyd B.(2005) Early
Humans South of the Border: New Finds from the Yucatán Peninsula, Mamooth
Trumpet 20 (2):22-25.
Leyden,
Barbara, Brenner, M., Whitmore, T., Curtis, J.H., Piperno ,Dolores,
Dahlin,Bruce (1996)“A record of long and short-term climatic variation from
northwest Yucatan: Cenote San Jose Chulchaca”, en: Scott
L. Fedick, (ed.), The Managed Mosaic:
Ancient Maya Agriculture and Resource Use,
University of Utah Press, Utah:30-50.
Leyden
Barbara W., Brenner Mark, Dahlin Bruce H. (1998) Cultural and Climatic History of Cobá, a Lowland Maya City
in Quintana Roo, Mexico, Quaternary
Research 49:111-122.
Lorenzo, José Luís(1968) La
etapa lítica en México, Departamento de Prehistoria, México
Lorenzo, José Luís (1976) “Los orígenes mexicanos” en: Daniel Cosío (coord.) Historia
General de México, Tomo I, El colegio de México, México: 83-104.
Lorenzo, José Luís
(1982)Tlapacoya: 35000 Años de
Historia del lago de Chalco. Instituto Nacional de Antropología e Historia,
México: 219–224
Lozano, Margarita y Ortega
Beatriz (1994)“Palynological and magnetic susceptibility records of Lake
Chalco, central Mexico”. Palaeogeography,
Palaeoclimatology, Palaeoecology 109:177-191.
Lozano,
Socorro, Sosa Susana, Sugiura Yoko ,Caballero Margarita (2005) “23,000 years of vegetation history
of the Upper Lerma, a tropical high-altitude basin in Central Mexico”, Quaternary Research 64:70-82
McAuliffe Joseph R. Van Devender Thomas (1998) “A 22,000-year record of vegetation
change in the north-central Sonoran Desert” Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology 141:253-27.
Metcalfe,
Sarah, Say, Alison Black, Stuart McCulloch Robert y O'Hara Sarah (2002) “Wet Conditions during the Last
Glaciation in the Chihuahuan Desert, Alta Babicora Basin, Mexico”, Quaternary Research 57:91-101.
Meyer,
Edward R. (1973) “Late Quaternary paleoecology of the Cuatro Ciénegas basin,
Coahuila, Mexico”, Ecology 54:982-985.
Mirambell,
Lorena ( 2000)“Los primeros pobladores del actual territorio mexicano”, en
Linda Manzanilla y Leonardo López Luján (coords.), Historia Antigua de México, Vol. I, Instituto de Antropología e
Historia, Instituto de Investigaciones Antropológicas- UNAM, Porrúa, México:
223-254.
Montané, Luis (1985) “Desde los orígenes hasta 3000
años antes del presente”, en Historia
General de Sonora, Vol. I: Periodo Prehistórico y Prehispánico, Gobierno
del Estado de Sonora, Hermosillo:171-221.
Montané, Luis (1988) “El Poblamiento temprano de Sonora”, en:
Alba González (ed.), Orígenes del Hombre
Americano (Seminario), Secretaría de Educación Pública, México:83-116.
Morett,
Luis, Eileen Jonson, Joaquín
Arroyo-Cabrales (2001) “Huesos de
mamut modificados en Tocuila”, Arqueología
Mexicana 9 (52):12.
Romano,
Arturo(1974) “Restos óseos
humanos precerámicos de México”, México:
panorama histórico y cultural 3,
Antropología física, Época Prehispánica, México, INAH: 29-81.
Schurr,
Theodore (2004) “The peopling of the New
World: perspectives from molecular anthropology”, Annual Review of
Anthopology 33:551-583.
Sánchez, Guadalupe , Carpenter John P. (2003 ) “La ocupación del Pleistoceno
Terminal/Holoceno Temprano en Sonora, México”, en: Noroeste de México, CONACULTA-INAH, México: 27-34.
Santa María, Diana y García-Bárcena Joaquín (1989) Puntas
de proyectil, cuchillos y otras herramientas sencillas de Los Grifos,
Instituto nacional de Antropología e Historia, México.
Smith, Bruce
D.(1997) The initial domestication of
the Cucurbita peppo in the Americas
10,000 years ago, Science
273:934-934.
Straka Henry y David Ohngenmach
(1989) “Late Quaternary
vegetationhistory of the Mexican highland”, Plant
Systematics and Evolution 162:115-132.
Waters,
Michael R.(1985) Early Man in the
New World: An Evaluation of the Radiocarbon Dated Pre-Clovis Sites in the
Americas”, en Jim Mead y David J. Meltzer (eds.), Environments and Extinctions: Man in the Late Glacial North America,
Center for the Study of Early Man, University of Maine, Orono: 125-143.
Xelhuantzi Lopez, Susana(1994) “Estudio palinológico de cuatro sitios ubicados en la Cuenca de
Zacapu: fondo de ciénega, contacto Lomas-ciénega, pantano interno y Loma Alta”.
Cuadernos de Estudios Michoacanos
6:81-93.