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ARTÍCULOS

   
     

LA IMAGEN POPULAR DE LA ARQUEOLOGÍA EN MADRID

Jaime ALMANSA SÁNCHEZ
Dpto. de Prehistoria (UCM)

PLANTEAMIENTOS

            Cuando le hablas a alguna persona no muy docta en la materia sobre la Arqueología, te suele responder con el clásico: “¡Ah! Sí, ¡qué bonito!” y si directamente le preguntas qué es, las respuestas pueden ser verdaderamente curiosas. La verdad es que yo siempre he tratado de adoctrinar a mis conocidos sobre el tema y me he llevado tales disgustos que necesitaba comprobar si lo que llegaba a mis oídos era normal, o es que los amigos de un arqueólogo nunca saben en qué trabaja.

            En este trabajo, voy a intentar dilucidar si esa imagen de la Arqueología que a priori veo equivocada, corresponde a lo real. Pero sobre todo, dado que desgraciadamente creo que la respuesta va a ser afirmativa, voy a tratar de ver a qué se puede deber esta imagen, estudiando las distintas vías de conocimiento que nos pueden informar, o nos deberían informar, sobre la Arqueología. Entre ellas están clásicos como Indiana Jones, algunas aberraciones televisivas, artículos periodísticos que más vale que nunca se hubieran publicado… y por supuesto nuestro sensacional sistema educativo, incluyendo una Universidad en la que con un poco de suerte muchos licenciados en Historia tampoco saben qué es la Arqueología. Con esto y con todo lo demás, creo que podremos ver las carencias que llevan a que un país desconozca cosas, más allá de la Arqueología, que podrían resultar vergonzosas de cara al exterior si no fuera porque seguramente otros están peor. Lo que quiero decir, es que aquí voy a hablar de Arqueología, pero esto mismo se podría hacer con miles de cuestiones de cultura general, en muchos casos de cultura básica, con los que obtendríamos resultados similares.

            En fin, no querría empezar sin agradecer su colaboración a todas las personas que han contestado a estas encuestas, porque en su mayoría no tienen la culpa de que esto sea así. Y sobre todo, a las personas que me han ayudado a distribuir estas encuestas para poder alcanzar a un mayor rango de población y de diversidad.

            Espero que algún día puedan criticar este trabajo con razones…

METODOLOGÍA

            Para este estudio parto de un supuesto, y es que la mayoría de la población madrileña y en extensión española no tiene una idea clara y mucho menos correcta de lo que es la Arqueología. Se continúan repitiendo ideas como la de mezclar dinosaurios y seres humanos, además se reduce siempre al Paleolítico y los fósiles, sobretodo por la fuerte influencia de Atapuerca. Por otro lado, se mantiene del mismo modo ese tinte de gratificación y aventura, lo cual deja en evidencia el desconocimiento de un método que se reduce casi siempre a la excavación. Todo esto por no decir que a partir de esta idea de buscar tesoros excavando, se desprofesionaliza  la Arqueología hasta el punto de convertirse en un pasatiempo.

            A la hora de acercarme a este problema he empleado dos vías de aproximación: por un lado la observación de comentarios en distintos ámbitos, y por otro, encuestas directas.

            En el caso de la observación directa no puedo aportar más pruebas que mi credulidad, pero las encuestas confirman buena parte de lo que he escuchado a lo largo de estos últimos años y el estudio posterior de las posibles causas confirma el resto. Llevo dentro del mundo de la Arqueología unos 6 años y en ese tiempo he tenido la ocasión de hablar con un gran número de personas ajenas a este mundo sobre el tema, sorprendiéndome de lo que oía. Los dos focos principales de contacto fueron, en primer lugar, campañas de excavación y prospección en las que todo el mundo opinaba, e incluso algunos lugareños, “trabajaban” por su cuenta al puro estilo de un expoliador profesional. El segundo foco fue el stand sobre Arqueología que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas montó hace unos años en la Semana de la Ciencia que organizaba la Comunidad de Madrid. Acudí para echar una mano a una amiga y pasé un maravilloso día tratando de explicar a la gente en qué consistía el trabajo arqueológico. La gente salía de allí con una buena imagen, pero mientras tanto sus preguntas y comentarios eran de lo más productivo para el estudio que voy a exponer a continuación. Tal vez ese fue el día en el que se me comenzó a pasar por la cabeza hacer esto.

            A la hora de hacer las encuestas decidí desde el principio que se tratara de preguntas abiertas, pues el hecho de condicionar las respuestas con un cuestionario de si/no me parecía demasiado complicado y poco concluyente a la hora de la verdad. Así, elegí un modelo bien simple basado en tres preguntas clave (ver Apéndice 1). Por un lado qué es la Arqueología en sí. Por otro lado, los contactos que habían tenido con la Arqueología y por último su opinión sobre la utilidad social de esta disciplina. Desde un principio he sido consciente de que sobre todo la última pregunta iba a ser demasiado positiva, pues hay poca gente lo suficientemente sincera para decir que no. Pero es una forma de sacarles más información sobre las dos primeras preguntas, que realmente son la base de todo el estudio. El problema que tiene este punto es que tal vez la representatividad de ciento cincuenta encuestas en una población de cinco millones de habitantes se pueda considerar baja, pero pienso que si lo ampliara a varios miles, el resultado sería el mismo y si lo ampliara a varios millones y a todo el territorio nacional, también.

            Pero no me quiero quedar en qué, sino ver el por qué, y para ello viene el estudio de las posibles causas a través de los principales sistemas de enculturación y educación de nuestra sociedad: la televisión, el cine, los periódicos, la escuela… Me voy a centrar en aspectos muy generales y por todos conocidos a la hora de hablar de cine, televisión o literatura. En el caso de los periódicos estudiaré las noticias sobre Arqueología de los principales periódicos que se leen en Madrid (El País, El Mundo, ABC, La Razón, Metro y 20 minutos), a lo largo del año 2004. Estudiar todos los días de todos los periódicos se sale de mis posibilidades, pero trataré de conseguir un número importante de noticias con las que poder trabajar. Por último, y tal vez uno de los aspectos más interesantes, voy a hacer un análisis de los Planes de Estudio, tanto escolares como universitarios en aquellos campos que van a trabajar en relación con la Arqueología, que son más de los que pensaba en un principio.

            En cada apartado explicaré de un modo más concreto la metodología de acercamiento a cada uno de los campos, pero por ahora convendría hacer una pequeña introducción a la Arqueología en sí

¿QUÉ ES LA ARQUEOLOGÍA?

A menudo hay gente que critica cosas, pero o no da una alternativa, o ni siquiera presenta de forma razonable el objeto de su crítica. Te pueden decir que algo no es blanco, pero nadie te dice qué es blanco. Yo no tengo la verdad absoluta, pero al menos voy a mostrar las últimas tendencias de los que si creen tenerla. Las alternativas vendrán al final…

Una definición básica y bastante extendida, es la que habla de la Arqueología como la ciencia que estudia las culturas del pasado a través de sus restos materiales. Tenemos un problema, y es que se trata de una definición muy amplia y muy poco concreta que por si fuera poco puede dar lugar a malas interpretaciones. Pero por lo menos es un buen punto de partida.

Así tendríamos que empezar por ver qué es una ciencia y si la Arqueología es verdaderamente una ciencia, porque en los últimos años se ha tendido a hacer de todo ciencias, sobre todo de las sociales, como si las humanidades no tuvieran cabida en este mundo. La verdad es que no me quiero poner filosófico, porque para eso ya están otros. Si somos prácticos y vamos a lo que el diccionario dice sobre la ciencia, nos sobrarán las dos primeras entradas: “Conocimiento cierto de las cosas por sus principios y causas. // Cuerpo de doctrina metódicamente formado y ordenado, que constituye un ramo particular del saber humano.”

La primera definición se sale de nuestros límites, porque ante todo la Arqueología es una disciplina interpretativa y por tanto nunca podremos tener un conocimiento cierto de las cosas. Por el resto, no vamos a liar más los comentarios. La definición que verdaderamente nos atañería sería la segunda, que parece encajar perfectamente como mentora de la Arqueología en el campo de las ciencias, pero vista de cerca nos plantea un problema de base, su metodología.

No me cabe la menor duda de que la Arqueología es metódica, ni de que su método es ante todo formado y ordenado, pero hablando de ciencia se ha de hablar de método científico y ahí es donde aparecen los primeros problemas, porque por mucho que se empeñaran en trabajar así nuestros predecesores de la New Archaeology hace unos años, el método hipotético-deductivo de los científicos no encaja muy bien en el trabajo arqueológico. Se pueden plantear hipótesis, sí, pero no se pueden comprobar de forma tangible y exacta, ni mucho menos contrastar, pues el trabajo del arqueólogo es destructivo y repetir los “experimentos” es imposible. Esto lleva a que las hipótesis y las conclusiones terminen siendo perogrulladas para las que no merece la pena perder el tiempo.

Al final, volvemos otra vez al principio. Creo que no se necesita legitimar de ningún modo el carácter científico de la Arqueología, sobretodo cuando otras ciencias que siempre se han considerado como tales no tienen ni siquiera unas bases sólidas, o las que tienen las han conseguido hace cincuenta años sin que nadie discutiera nunca su naturaleza científica. Lo mejor que puedo hacer es mostrar a grandes rasgos el método y que cada cual juzgue por sí mismo.

El método arqueológico es amplio y complejo, porque entre otras cosas, de entrada no es sólo uno. Podemos distinguir varias formas de hacer Arqueología, y épocas muy distintas y distantes. La geografía del terreno, el objeto de la investigación, o la simple preparación del arqueólogo van a ser esenciales en el método que se utilice. Siempre lo he visto como la Santísima Trinidad, tres formas distintas de un mismo Dios, y creo que es la forma más sencilla de explicarlo. Tenemos un método con distintas manifestaciones según el caso. Como apunté anteriormente, la Arqueología es una disciplina en esencia interpretativa y por tanto el método no es más que el camino para llegar a esa interpretación. El problema, como vengo diciendo, es que hay muchos caminos, y lo que es peor, muchas interpretaciones. Pero vamos a dejar de irnos por las ramas y vayamos a la esencia, al método.

Cuando realizamos un estudio arqueológico, lo que hacemos básicamente es interpretar a través de los restos que nos han quedado de una sociedad, su estructuración, su funcionamiento y en definitiva su modo de vida en todos los aspectos que están a nuestro alcance. Si tenemos la suerte o la desgracia de trabajar en periodo histórico, seguramente contemos con textos que nos ayuden a interpretar nuestros hallazgos, pero en un ámbito prehistórico (en el sentido de falta de escritura) nos vamos a ver reducidos a la mera interpretación y como mucho a los paralelos con estudios antropológicos y etnoarqueológicos. No podemos olvidar que lo que nos queda en el registro material es una ínfima parte de la realidad y esto hace que el trabajo interpretativo se complique aún más. Pero sea como fuere, un arqueólogo se terminará teniendo que enfrentar a un yacimiento y una interpretación, y para ello deberá atenerse a un método, no al Método.

A grandes rasgos, las vías de actuación ante un yacimiento van encaminadas en cuatro campos: Documentación, Prospección, Excavación y Procesamiento de los datos (que incluye como colofón la interpretación). En estos primeros párrafos no paro de utilizar la palabra “interpretación” como si fuera la esencia de todo (que lo es), pero curiosamente queda fuera del método y entra dentro del campo de la Teoría, o más bien de la Ideología, que analizaremos más adelante.

Empezando por la documentación nos volvemos a dar de morros con las fuentes escritas, pero con una diferencia, y es que ahora no se trata solo de fuentes primarias o contemporáneas, lo cual sería muy útil, sino de toda la bibliografía que existe al respecto, desde libros de anticuarios hasta el último artículo publicado hace un mes en cualquier revista especializada. Esto es lo que permite actuar con una base teórica (que no ideológica) sobre el periodo y el lugar que vamos a estudiar y que nos permitirá solucionar bastantes interrogantes sobre el terreno.

Visto así, parece que la documentación sea lo más sencillo de todo, pero no, es lo más pesado, hasta tal punto que es algo olvidado por muchos arqueólogos (y así nos va). El segundo paso es el de la prospección, y aquí ya empezamos con la Santísima Trinidad. Prospección es prospección, sin más, pero de nuevo es un proceso complejo que tiene una metodología muy variada. A grandes rasgos se puede entender como el estudio previo de un ámbito geográfico en busca de yacimientos, en definitiva, es un método de localización. Durante mucho tiempo, la prospección ha sido poca y encaminada a encontrar “tesoros” más que yacimientos, pero según se ha ido desarrollando, y dado que a la Administración le interesa más localizar que excavar (dado el coste económico que tiene), la prospección ha alcanzado en los últimos años una importancia trascendental dentro de la Arqueología.

La prospección trata de localizar restos sobre el terreno y para ello se sirve de un método… o de unos cuantos, mejor dicho, porque la prospección es compleja como ella misma y tenemos desde fotogrametría o prospecciones electromagnéticas, hasta paseos bucólicos por el monte mirando al suelo. No me voy a detener ni mucho menos en ir viendo uno a uno los distintos métodos de prospección que existen, porque entre otras cosas ese no es el objeto del trabajo, sino que hay que abstraer la esencia de todos ellos, la idea de localización a través de la observación ya directa o indirecta del terreno.

Una vez que has localizado el yacimiento, el siguiente paso, si es menester, es el de excavarlo, y aquí nos volvemos a encontrar con abismales diferencias en el método. Hay unas pautas generales basadas en respetar la estratigrafía y recoger ordenadamente los materiales, pero tanto la una como la otra se pueden dar de muy distintas formas, sobretodo dependiendo de la época a la que pertenezca el yacimiento, pues se diferencian muy bien el método de trabajo de un paleolitista, excavando con cuchara en estratos de dos milímetros y situando minuciosamente todo, del método de un medievalista que trabaja a pico y pala con estratos de metros de profundidad y con una minuciosidad menor en la recogida de materiales (que no de muestras). Esto así visto puede parecer una injusta generalización y un menosprecio al medievalista que parece más descuidado, pero también hay que tener en cuenta que el objetivo de una excavación es obtener información, y hay que adaptarla a la información que necesites. Sería sensacional que todos utilizáramos un mismo y minucioso método de trabajo que nos diera todos los datos posibles, pero no hay que olvidar el factor económico y el temporal. Donde no hay, no hay que buscar y donde no hace falta, tampoco. El resumen de la excavación podría explicarse como la recogida ordenada de materiales para su posterior estudio, si aquí ya implicamos las ideas de estratigrafía, cronología, tipología… que se desarrollarán en el estudio más largo y productivo de la Arqueología, el de laboratorio.

El trabajo de laboratorio se puede resumir como el estudio de los materiales y muestras que hemos obtenido de la prospección o la excavación. Pero de nuevo es mucho más complejo y en muchos casos se escapa de las manos del arqueólogo. Si queremos reconstruir el modo de vida de nuestros antepasados, hay que tener en cuenta muchos factores, desde el medio en que vivían a cómo eran físicamente. Para este estudio nos servimos de otras ciencias auxiliares (qué bien suena) como la Física, la Química, la Antropología Física, la Botánica… es curioso que muchos duden de la categoría de ciencia de una disciplina que se sirve de auxiliares como la mismísima Física, una ciencia por excelencia. Pero veremos que esto no deja de ser una discusión estúpida por ver quien es más de todos. Si dedicáramos más tiempo a investigar y menos a discutir quién es el más guapo, la ciencia en general seguramente daría más frutos que hoy.

Pero volvamos al laboratorio, donde tras estudiar los materiales y recibir los informes de las muestras que nos han analizado compañeros de otras disciplinas, tenemos una montaña de números, fechas, tipologías y dibujos que nos van a dar respuesta a las preguntas que nos hacíamos al empezar nuestra investigación. Aquí es donde empieza la interpretación.

Si recapitulamos hasta ahora lo que llevamos visto, nos encontramos con un método de trabajo preestablecido, un método que de todos modos se puede amoldar a las necesidades de una investigación y cuanto más se puede amoldar algo, mejor funciona. ¿Significará esto que el método arqueológico es mejor que el método científico? No trato de llegar a esa conclusión, sino simplemente de mostrar como la ciencia está por encima del método y el conocimiento por encima de la ciencia, pero con un freno, la ideología, o lo que otros llaman teoría.

Hablo de freno sí, porque la teoría, tanto en Arqueología como en el resto de las ciencias ha supuesto un sesgo muy grande para la investigación. Ha supuesto y supone parcialidad en los estudios, politización de los resultados y en definitiva medias verdades amoldadas a la ideología del científico, y en nuestro caso del arqueólogo. Con esto no quiero decir que hay que acabar con la ideología, porque es necesaria, pero pienso que hay que adoptar distintos puntos de vista, sobre todo para estudiar una cultura. Yo puedo ser un aplicado funcionalista y ver para qué servían los antiguos bastones de mando, o ser un extraordinario materialista y ver cuánto tardaron en hacerlos. O ser un fantástico difusionista y ver de dónde venían, o ser un buen ciudadano y conformarme con verlo en el museo, que al fin y al cabo es lo que va a trascender. Ese bastón de mando tal vez lo puedan estudiar veinte sensacionales arqueólogos de distinta ideología, pero el estudio de un yacimiento por muchos testigos que dejes es uno, único, destructible y efímero. Y la información que yo pueda sacar de él, tal vez sea la única que nos quede sobre una cultura. Si hablamos del mundo romano tal vez no pase nada, porque allá donde vayas tendrás otro yacimiento que abrir y pocas cosas nuevas que aprender, pero hay cientos y miles de culturas a lo largo de la historia que no nos han dejado prácticamente nada y limitarnos a estudiar cuánto tardaron en tallar una piedra o si la piedra la habían traído de la Conchinchina es cerrar un mundo de interpretaciones y posibilidades amplísimo. Como apunta Gamble (2002: 13), “Arqueología rima con emoción, con curiosidad intelectual y con la manera de transformar esta curiosidad en conocimiento.” En efecto es así, pero la curiosidad no se puede ceñir sin más a una idea, o lo que es peor a la confirmación de una idea. La discusión entre Política y Ciencia está hoy en boga no sin razón, y es que la Política está tan metida en el mundo, que afecta a todos los aspectos de la investigación hasta el punto de convertir a la Ciencia en un mecanismo de confirmación de su ideología. Normalmente se habla de la Arqueología Nacionalista, Colonialista o Imperialista, pero se oculta la verdadera Arqueología política, que es precisamente la otra, la de cada día, la que trata de justificar los preceptos ideológicos de grandes grupos de pensamiento a través de su conexión con el pasado. Se podría decir que se trata de la misma Arqueología Nacionalista, pero es que va mucho más allá y desde el Funcionalismo o el Evolucionismo hasta el Feminismo, están representados en Arqueología y en Política. ¿Por qué hemos ocultado la historia de las mujeres hasta hoy? Por pura política conservadora. ¿Por qué es necesaria una Arqueología feminista? Porque esa política conservadora, a través de la investigación arqueológica ha sesgado los resultados.

Ahora vamos a hacer una pequeña revisión de la historia teórica de la Arqueología y veremos como cada una de las tendencias ofrece un claro sesgo hacia algún lado de la política occidental de los siglos XIX y XX (y por supuesto del siglo XXI).

Realmente, los primeros pasos de la Arqueología fueron encaminados en el propósito último de buscar tesoros y tal vez sea eso lo que ha hecho que hoy, una gran cantidad de gente siga pensando que es así. Nos podemos remontar a la propia Prehistoria para estudiar expoliaciones de tumbas. De un modo profesional, tenemos expoliadores en plena Edad Media, tanto desde el lado musulmán como desde el cristiano. La gran mayoría de las sociedades han utilizado la memoria y la historia como forma de identidad y de afirmación, aunque en los primeros trabajos “arqueológicos” fue más la curiosidad que otra cosa lo que llevó a la excavación, por ejemplo de túmulos (el ejemplo más conocido es el de Thomas Jefferson en el Mississippi). El siglo XIX fue el de la búsqueda de las míticas ciudades de los textos clásicos, unidos a la discusión sobre los orígenes de la humanidad, donde tal vez encontramos la primera gran teoría arqueológica, el Evolucionismo darwinista. De todos modos, en Arqueología propiamente dicha nos tendríamos que centrar en las visiones historicistas y funcionalistas que dominaron los primeros pasos de lo que por entonces sólo era excavación e interpretación (aunque en menor medida). Los años cincuenta, el desarrollo de los sistemas de datación, un mayor conocimiento geológico y la mejora de las técnicas, hicieron posible el surgimiento de la Nueva Arqueología. Hay que reconocer que los planteamientos de esta Arqueología, que se conoció posteriormente como procesual, eran bastante buenos y se buscaba una mayor objetividad y un peso superior para la interpretación y en definitiva el mejor conocimiento de las sociedades. Se quería acabar con la Arqueología descriptiva que reinaba hasta entonces y que se limitaba mayoritariamente a la cuantificación y exposición de restos sin buscar nada más allá. El problema de esta Nueva Arqueología es que trataba de ser tan científica que se quedaba en aspectos obvios. De todos modos ha dejado un legado importantísimo, que realmente es la base de la Arqueología de hoy, desde la redacción de proyectos que orienten la investigación, hasta la búsqueda y explicación de procesos.

Desde la eclosión de la Nueva Arqueología, el desarrollo de tendencias y teorías arqueológicas se disparó de un modo brutal y en los últimos cincuenta años podemos distinguir gran cantidad de ellos, unos propios y otros, evolución de los anteriores y de estos. Tal vez los dos principales paradigmas sean el marxista y el estructuralista, que se terminarían confundiendo en las posturas “neo” que les sucederían, pues se combinan bastante bien. En el primer caso se trata del estudio dialéctico de las relaciones de producción y socialización de los grupos. Por su parte, el Estructuralismo viene a defender la existencia de una estructura interna de los procesos basada en la oposición de contrarios, que explica la percepción que tenemos del mundo y a partir de ahí todo lo demás. Pero aunque tal vez estos sean los dos principales paradigmas tenemos toda una serie de arqueologías difíciles de cuantificar.

Podría continuar enumerando todas ellas, pero no vienen a ser más que estudios parciales de determinados ámbitos de la sociedad que se fijan en unos u otros aspectos y que beben en su mayoría de una base estructuralista, marxista, funcionalista o procesualista. Tal vez cabría destacar tres tendencias hoy en boga: la Arqueología Feminista, que trata de estudiar la historia desde una perspectiva de género, devolviéndole a la mujer el papel que nunca se le tuvo que haber quitado. La Arqueología Postcolonial, que trata de acercarse a la Historia de los pueblos colonizados a lo largo del siglo XIX. Este caso tiene un pequeño problema y es que en su mayoría está hecha por los colonizadores, aunque por suerte hoy se tiende a extender a los arqueólogos locales. Y por último la Arqueología Cognitiva, tal vez la más filosófica de todas, que trata de acercarse a la mente, explicando a través de los restos materiales el comportamiento social de los grupos estudiados.

En definitiva, como apunta Hodder (1992: 179), “nuestro entendimiento de nosotros mismos deriva de experiencias en el mundo que pueden incluir las del lejano pasado. Contamos historias sobre nosotros mismos reflexionando sobre el registro arqueológico, pero esas historias están influidas por la experiencia de ese registro. El registro arqueológico y la sociedad contemporánea se constituyen el uno al otro.”

Con esto quiero concluir que sociedad y Arqueología, y en definitiva política y Arqueología, están íntimamente unidas y la una sin la otra no tienen sentido, pero hay que mirarlas con cuidado y no dejarse mediar por ellas. Ante todo, hay que buscar el conocimiento y para ello tenemos que fijarnos en la mayor parte de aspectos posibles sin tratar de justificar desde el principio una ideología, porque con la Arqueología, igual que con la Estadística, es muy fácil mentir, a base de interpretación y ocultación

  1. ¿QUÉ PIENSA LA GENTE QUE ES LA ARQUEOLOGÍA?

Nos hemos parado a ver un pequeño resumen de lo que es la Arqueología, para ahora contrastarlo con la imagen que la sociedad tiene de ella. A la hora de acercarme a esta visión, como ya apunté al inicio de este trabajo, me he fijado en distintos aspectos, pero para este punto me voy a detener sólo en uno de ellos, las encuestas.

La parte más compleja de éste punto fue elegir un modelo de encuesta que me permitiera hacer el estudio con los escasos medios de que disponía sin perder información. Para ello, me terminé decantando por un modelo abierto de encuesta, reducido a tres preguntas (ver apéndice 1). El objetivo era que cada encuestado tuviera libertad para contestar lo que supiera, o lo que quisiera, sin ninguna restricción, y así poder complementar la información de unas preguntas con otras. Además, no quería coartar los resultados orientando las respuestas en preguntas de si/no, en las que lo más normal es que al responder, trates de agradar al encuestador o disimular tu ignorancia. Con éste modelo no hay salida, hay que escribir lo que se sepa. Pero tal vez el mayor problema sea que se pierde capacidad de análisis estadístico y el estudio aumenta en subjetividad, pues veremos que el vaso está a medias, y puede verse medio lleno, o medio vacío. Yo lo veo medio vacío, y trataré de exponer mis razones a continuación.

He realizado 150 encuestas aleatorias entre la población madrileña, y el resultado ha sido bastante equilibrado con respecto a su distribución por edades y nivel cultural. El primer problema llegó cuando me fue imposible extender la encuesta a estudiantes de Secundaria y Bachillerato, con lo que además de perder en número, el rango de edad por debajo de 18 años ha quedado representado tan solo por 4 individuos.  Y ahora que hablo de individuos, es el momento de mencionar uno de los aspectos que más me trajo de cabeza a la hora de hacer las encuestas. Dado que el objetivo es simplemente ver la idea que la sociedad tiene de la Arqueología, no he preguntado el sexo, pues creo que no es relevante al tener información sobre el nivel de estudios, que debería ser el punto de diferencia con respecto a los conocimientos.

Al analizar las respuestas, esperaba sacar diferencias significativas entre los resultados y el nivel de estudios, pero curiosamente no fue así. Las mejores respuestas no correspondían necesariamente a los individuos con más estudios. Doctores en su materia, no sabían qué es la Arqueología, mientras amas de casa sin estudios, sí. De todos modos se aprecia una ligera tendencia a que cuanto más joven se fuera, mayor idea se tendría.

 

 

 

 

En definitiva, resulta difícil vincular un nivel social o académico al conocimiento que se tiene sobre la Arqueología, y por tanto he creído más conveniente fijarme en cuestiones de opinión y contenido, de cara a contrastar unos resultados flojos con la difusión que existe y se reconoce como medio de contacto con la Arqueología.

 

 

 

 

La primera parada en el análisis de las encuesta, viene marcada por su valoración. He de reconocer que la evaluación de las encuestas es bastante subjetiva, pues soy yo quien pongo el baremo. De todos modos no he sido excesivamente exigente y sólo he tenido en cuenta la falta de dos aspectos fundamentales: el método, que he reducido a la excavación por ser lo más evidente y el objeto de estudio. Como veremos más adelante, si hubieran tenido que cumplir estrictamente estos dos aspectos, no habríamos tenido más de 30 encuestas correctas. De todos modos, se puede observar cómo hay gente que sin mencionar exactamente todo, tiene una idea encaminada sobre lo que se le pregunta. Con esto, los resultados son un poco más halagüeños, y tenemos que algo más del 53% de los encuestados no pecan del todo en ignorancia con respecto a la Arqueología.

 

 

 

 

 

El conocimiento del método, sin embargo, es muy limitado. La mayoría de los encuestados no lo conocen, y otra buena parte lo reducen a la excavación, sin fijarse en otros puntos de tanta importancia como el trabajo posterior de laboratorio. De entrada, un 17,3% de los encuestados no tienen la menor idea de qué es la Arqueología. Dentro de los que se aventuran a decir algo, un 51,3% no sabe cuál es el método. Quiero pensar que el hecho de responder la encuesta de repente, puede hacer que las respuestas sean peores. De todos modos, si bien no se puede exigir que todo el mundo conozca el método de todas las ciencias, hay ciertos aspectos, sobretodo cuando se trata de una actividad tan mediatizada como la Arqueología, que si se deberían conocer. Más preocupante me parece todavía el hecho de que, a pesar de advertirlo en la hoja de encuestas, y de que ni conozco a los encuestados, ni les he hecho las encuestas directamente, hay gente que ha copiado las definiciones de diferentes enciclopedias. No alcanzo a entender el por qué de esto, pero hay, al menos, ocho encuestas seguramente copiadas, e incluso dos personas que se han copiado entre ellas. Por lo demás, tan sólo otras ocho personas hablan de trabajo de laboratorio y dos de prospección. Eso sin tener en cuenta aspectos más concretos que nadie menciona, y que a decir verdad, no tiene por qué.

 

 

 

 

 

En definitiva, podemos decir que el método es muy poco conocido y se reduce a lo que más aparece, la excavación. Pero entonces… ¿de qué habla la gente? Es curioso, pero la idea va por una doble vertiente que ahora veremos:

 

 

 

 

 

 

 

Las dos vertientes a las que hacía referencia, son la del Paleolítico Inferior y la de las Grandes Civilizaciones. Por un lado son muchas las personas que apuntan la idea de fósil, huesos, orígenes y evolución, relacionados con el origen de la humanidad. Teniendo en cuenta que las encuestas con verdadero contenido son menos del total, es representativo que un 60% se refiera a esos términos. Pienso que la presencia de Atapuerca y el impacto mediático de los hallazgos de los primeros homínidos, hacen que la imagen de muchos vaya encaminada por ahí. Con respecto al mundo antiguo, no se si tomar con alivio o con preocupación que en torno a un 25% haga referencia explícita éstas civilizaciones. Lo tomaría como algo bueno, si el otro 75% restante hablara de las diferentes culturas pasadas, pero es que ni siquiera se hace mención a ésta palabra en las encuestas. La Arqueología se reduce al origen de la humanidad y las Grandes Civilizaciones, dejando de lado los miles de culturas que representan un amplio porcentaje de los estudios de Arqueología. El lastre del siglo XIX sigue pesando mucho aun hoy.

Hemos visto como buena parte de los encuestados no tienen demasiado claro en qué consiste o qué estudia la Arqueología, por eso, la tercera pregunta, además de darme más información sobre las dos primeras, me mostró algo muy curioso. Se trata de la referente al valor que la Arqueología tiene para la sociedad, y parece que tiene mucho.

 

 

 

 

Sólo hay dos personas que digan con sinceridad que la Arqueología no ofrece ningún beneficio a la sociedad. La cuestión está en si tendrán razón o no, pues muchas veces lo que dice la mayoría no tiene por qué ser lo correcto. Parece ser que el hecho de que el 95% de los encuestados diga que sí tiene beneficio (y mucho), podría resultar determinante a la hora de analizar el valor social de la Arqueología. No dudo que una buena parte lo piense de verdad, pero creo que cuando no se sabe de qué se está hablando, no se puede opinar sobre su valor, y además soy consciente de que muchas de las respuestas afirmativas se producen por compromiso. Un sí, es la salida más fácil en una pregunta de éste tipo, sobretodo cuando no tienes una implicación especial con el objeto del que se pregunta. De hecho, es curioso que las dos personas que han contestado “no”, saben bastante bien qué es la Arqueología.

En consecuencia, los resultados de ésta pregunta no creo que deban ser considerados como un buen posicionamiento de la sociedad con respecto a la Arqueología, sino más bien, como un signo de indiferencia. No podemos olvidar que cuando la Arqueología se cruza en la vida de una persona, no suele hacerlo muy para bien, pues, salvo que te dediques a ella, suele venir de la mano de expropiaciones, paro de obras, restricciones… Así las cosas, sólo me queda decir que me halagó mucho ver que tanta gente viera útil ésta disciplina, pero no me lo puedo creer.

Pienso que ahora yo me debería posicionar al respecto. La mayoría de los encuestados aluden a una razón muy extendida por la que el conocimiento del pasado nos permite afrontar mejor el presente y no volver a cometer los mismos errores. Sólo hay que echar una mirada al mundo para darse cuenta de que conociendo el pasado o no, seguimos tropezando una y otra vez con las mismas piedras. El valor de la Arqueología nos lleva mucho más allá, a un punto con el que pocos cuentan, que es la conformación de nuestra identidad. A lo largo de la Historia de ésta disciplina se ha tratado de justificar el orden dominante hoy. Pero por detrás vamos reconstruyendo los pasos que nos han llevado a ser lo que ahora somos, los pasos que han formado nuestra identidad.

Pero volviendo a la ciencia, hace poco el FECYT realizó una encuesta sobre la percepción social de la ciencia en España (VV. AA. 2003) que nos puede venir muy bien para terminar de analizar éste punto. Estimaron el interés por la ciencia en un 5,7 sobre 10, lo cual nos sitúa en un punto de partida bastante bajo. Obviamente en ésta encuesta no se hablaba de Arqueología, pero la Historia sólo fue considerada ciencia por el 14,3% de los encuestados, lo cual contrasta con mis datos, donde lo hace el 38%. ¿A qué se puede deber esto? Seguramente a que no es lo mismo colocar ésta disciplina al lado de la Física o las Telecomunicaciones, que sola.

El punto más preocupante se situaba en la juventud, donde un 41,7% aseguraba no leer, otro tanto, sólo literatura, y sólo un 1,4% leía Humanidades, Historia, Filosofía y ensayos. De entrada, éstos datos seguramente no sean correctos, pues buena parte de lo que llaman literatura, son “Humanidades camufladas”. A pesar de todo, lo más preocupante es que casi la mitad de los jóvenes directamente no lean, la Historia es lo de menos,

Aparecen reflejados problemas como el de la financiación y la lejanía de la ciencia con respecto a la sociedad. Se puede observar como la ciencia tiende al desencanto (Navas 2000), y cómo existe un abismo casi infranqueable entre la sociedad y la ciencia (Polino 2000). De todos modos la juventud sigue viendo atractiva la profesión de científico por ese aliciente de descubrir cosas nuevas y útiles.

Otro aspecto que toca el trabajo del FECYT es el de la difusión, y queda claro que la televisión, como veremos después representa al principal medio de contacto. Por su parte, hay un apartado en el que se habla de museos (de arte), exposiciones y monumentos. Como veremos, es otro de los principales focos de contacto. Se valora la información que se da sobre ciencia, con un 4,4 sobre 10. Tranquiliza saber que somos conscientes de que se nos dice poco y no demasiado bien, el problema es que los medios en los que más se confía no siempre son los mejores.

Pero cuando se habla de ciencia en general, el tema de la Arqueología queda muy de lado, pues si se considera ciencia, no es en lo que uno piensa cuando le hablan de ciencia. Por ello, es mejor volver a hablar de nuestra ciencia.

He comprobado finalmente que los amigos de un arqueólogo no saben en qué trabaja, pues, además de los míos, una encuesta presenta una situación igual. Entonces es el momento de ver de dónde llega la idea que los madrileños tienen de la arqueología y analizarlo.

 

 

 

 

 

 

  Uno de los factores que no he podido controlar en ésta encuesta, pero del que estoy seguro, es que muchos de los encuestados no tenían claro en absoluto cuál había sido su contacto con la Arqueología. Por ejemplo, si hubiera preguntado concretamente sobre alguna de las películas de indiana Jones, seguramente todos me habrían contestado de forma afirmativa, o al menos la inmensa mayoría. En cambio, sólo hay 7 personas que admitan el cine como contacto con la Arqueología. Si le sumamos los datos de la televisión, por ser una de las vías de difusión del cine, alcanzamos sólo al 50% de los encuestados. Esto se puede ver de un modo positivo y pensar que es que la sociedad madrileña no identifica a Indiana Jones como un arqueólogo. Pero esto no es así, hasta el punto que Indiana Jones representa un mito de la Arqueología superior a cualquier otro arqueólogo de verdad. Creo que a la mayoría se le ha pasado mencionarlo, pues la gente entiende el cine como un entretenimiento y no como un medio de enculturación. Creo que ésta situación sería equiparable a que en una encuesta sobre sanidad no se mencionaran series como Hospital Central o Urgencias.

De todos modos, algo que si me ha dado una buena impresión en éste punto, es que mucha gente me haya hablado de contactos que yo no he nombrado. En la encuesta hago mención a estudios, trabajo, prensa y televisión. La suma de los resultados no es representativa, ya que se podía anotar más de una opción, pero de todos modos, las opciones dadas son las más utilizadas, tal vez por ser las más obvias, sobretodo en el caso de la televisión. Además, hay que tener en cuenta que la televisión por si sola abarca casi un tercio de las respuestas, y que el trabajo no ha tenido ningún adepto. Por tanto, mis opciones se reducen a los estudios y la prensa, que conforman el 20%. Además, en el caso de los que han apuntado los estudios, 4 de los encuestados hablan de una asignatura sobre evolución humana en la carrera de Ciencias Biológicas, y hay dos licenciados en Historia. De todos modos, que aparezcan los museos, yacimientos visitables o libros, en un porcentaje interesante, es uno de los buenos signos que presenta la encuesta con respecto al interés que despierta la Arqueología en la sociedad. Es posible que no se sepa demasiado bien en que consiste la disciplina, pero levanta interés entre la gente.

Un punto que me preocupa un poco, es el de la gente que no admite haber tenido ningún contacto con la Arqueología (17,3%), pues sobretodo últimamente ha habido un cierto bombardeo en relación con Atapuerca, o eventos como la exposición de los Guerreros de Xián, visitada por casi medio millón de personas en Madrid (no olvidemos que previamente estuvo en el Forum de Barcelona y ahora en Valencia). Supongo que éstas personas no son conscientes de qué es la Arqueología (hay relación con el resultado general de la encuesta) y de sus contactos a través de alguno de los medios que iremos presentando posteriormente.

Podemos concluir que el problema no es tan negro como lo veía al principio, pero sí es de un gris bastante oscuro. Falla algo en la visión que tenemos de la Arqueología, cuestiones fundamentales más allá del método que, como veremos, son el resultado de una mala difusión desde todos los ámbitos.

Pero sin más, vamos a analizar estos ámbitos y la visión que nos ofrecen de la Arqueología.

¿A QUÉ SE DEBE ESTA IMAGEN?

Ya hemos visto qué es lo que la gente piensa sobre la Arqueología, y la verdad es que no estaba muy desencaminado en mis planteamientos iniciales. Si nos ponemos a buscar culpables hay uno principal, el de siempre, la educación, o más bien la falta de ella. Lo peor de todo, es que esto no se reduce a la idea de Arqueología, que al fin y al cabo es algo secundario, sino que la maleducación que tenemos, afecta a todos los campos desde un puesto de desmotivación y falta de expectativas, y unos modelos sociales que no aportan más valores que el de la vagancia y el cuento.

El principal foco de emisión de estos valores es la televisión, y por ello, ese será el inicio de nuestro estudio:

TELEVISIÓN Y CINE

Recientemente, algunos altos nombres de la comunicación española han definido la televisión actual como la mejor que ha existido en la historia de España (Elías Pérez 2004), pero no todo el mundo opina lo mismo.

La mayoría de los estudios que versan sobre la televisión, se fijan en los niños, dado que son el grupo de edad que más y peor la consume. La razón es sencilla; no existe una alternativa de ocio, ni una programación acorde, debido en parte al auge de la telebasura. Esto lleva a que el desarrollo social e intelectual del niño, quede en parte mermado (Urra, Clemente y Vidal 2000) y sobre todo a que su educación se vea afectada por contenidos poco apropiados y valores que, en opinión de muchos, no son tampoco los más adecuados (Popper y Condry 1998).

Pero la situación va mucho más allá, y según nos vamos aproximando a la ciencia, nos vamos dando más cuenta de la importancia de la televisión y del papel que ésta, y en especial la Arqueología, juegan en ella. “El lema según el cual lo que no aparece en los medios no existe, ha hecho que cualquier investigador deba necesariamente pasar por ellos incluso para ser conocido en el ámbito académico” (Caspístegui 2000: 224). Puede parecer una afirmación un tanto extrema, pero lo cierto es que de cara a la sociedad, son los medios de comunicación, y en especial la televisión (recordemos que la mitad de los encuestados reconocen a la televisión como su punto de contacto con la Arqueología), los que hacen la labor divulgadora de cualquier hallazgo. De hecho, sólo hay que ver cómo Atapuerca ha alcanzado un grado de aceptación social e incluso “fama” a través de ésta vía, pues todo el mundo conoce éste espléndido yacimiento, pero pocos saben algo más de él.

Pero conviene hacer un estudio un poco más pormenorizado de la programación de la televisión española, para poder ver el grado de implicación y la imagen que ofrece de la Arqueología.

En primer lugar, me voy a detener en las noticias, en un principio sin discriminar cadenas. Hay que reconocer que la trascendencia de cualquier hallazgo arqueológico rara vez superará a la política internacional, pero existen determinados hitos, sobretodo dentro del ámbito de los orígenes de la humanidad, que no pueden pasar desapercibidos. Recientemente hemos sido testigos del hallazgo de un homínido espectacular en la isla de Flores, pero el eco de ésta noticia no trascendió de igual modo en todos los noticiarios. Aquí es donde vamos a comenzar a discriminar un canal, La 2 de Televisión Española, cuyas noticias fueron las primeras en divulgar el hallazgo y además de un modo sensacional, incluso con parte de una entrevista a uno de los descubridores, dentro de un espacio bastante amplio de tiempo. Algo similar ocurrió a la hora de tratar el expolio arqueológico que supuso la guerra de Irak, o el régimen talibán en Afganistán (sin mencionar los descubrimientos de otros homínidos, u otras noticias de interés). Junto a éste noticiario, podemos colocar a los informativos regionales de la misma cadena, o de otras cadenas locales, que “bajan el listón” y difunden para su escaso público, otras noticias de interés arqueológico. En líneas generales, se podría resumir que las grandes cadenas sólo se hacen eco de una noticia sobre arqueología si se trata de Atapuerca o de un descubrimiento de primer nivel, aunque lo suelen tratar de un modo rápido y demasiado escueto. Da la impresión de que son noticias que no importan, y si de verdad no importan, habría que replantearse seriamente qué estamos haciendo.

Un campo que en líneas generales se libra de una buena carga de crítica, es el de los documentales. Es cierto que hay documentales mejores y peores, además de un nuevo modelo televisivo, el docushow[1], que también analizaremos.

Si comenzamos analizando el documental tradicional, la calidad no suele ser un problema, dado que lo único criticable sería la reposición de documentales antiguos que plasman teorías hoy superadas. La gran mayoría de los documentales guardan una calidad científica y una verosimilitud bastante buena, pero la mayor traba son los horarios. Hay documentales de gran impacto, firmados por grandes cadenas como la BBC inglesa, o la Nacional Geographic Society, que ocupan franjas horarias de máxima audiencia, e incluso la consiguen a efectos reales. Pero esto es la excepción, y de todos modos, se suelen fijar más en la interpretación que en cómo se ha llegado hasta ella. El resto de los documentales, se colocan en dos cadenas, a dos horas un tanto conflictivas: por un lado, los documentales de La 2, en la sobremesa, o también conocida como la “hora de la siesta”. Todo el mundo dice verlos, pero las cuotas de pantalla no plasman eso, y por otro lado, se por experiencia, que a esa hora, aunque la televisión esté puesta en La 2, poca gente permanece atenta al documental. Además de ésta franja horaria, que se desarrolla de lunes a viernes, los fines de semana, y en especial los domingos, están llenos de documentales, si bien no vuelve a ser ni el día ni las horas propicias para atraer audiencia. El otro canal, es Telemadrid (Televisión Autonómica de Madrid), que programa los documentales sábados y domingos antes de la hora de comer, cuando tampoco suele haber mucha audiencia. Una excepción de las antes mencionadas se da precisamente en ésta cadena, que tenía un programa de documentales en franja de máxima audiencia, donde algunos documentales sobre Prehistoria y Arqueología fueron mostrados. Pero no podíamos dejar de mencionar le existencia de los  documentales de Canal+ (y otros canales temáticos por satélite o cable), cuya única pega es que no se programan en abierto. Y tampoco, los de una nueva cadena en proceso de crecimiento, Localia televisión, que en ocasiones también programa documentales de calidad, aunque dirigidos de nuevo a un público reducido. El problema de la televisión es que la programación varía incluso sin aviso (gracias a esa práctica en boga de la contraprogramación), y lo que hoy dan, mañana ya ni se recuerda. Pero por encima de todo, que a pesar de todo, los documentales no dejan de ser un recurso para cuando no hay otra cosa que ver, y que la proporción de documentales sobre Arqueología o Historia en general, es bastante baja con respecto a los de naturaleza o viajes.

Un programa que no he mencionado aún, es Memoria de España, emitido por Televisión Española en horario de máxima audiencia. Se trata de una serie documental cercana al mencionado docushow, donde se reproduce la Historia de España desde los orígenes de la vida en la península, hasta casi hoy. En lo referente a la Arqueología hay poco que decir, pues las referencias son mínimas. Por lo demás, está un poco sobreactuado. De todos modos, a pesar de las críticas que ha recibido, me parece una genial iniciativa que al menos trata de acercar a la sociedad algo que rara vez se muestra en televisión.

Sin dejar del todo el hilo de los documentales, otro programa que merece una mención especial, es La aventura del saber, emitido por las mañanas en La 2. Es un espacio que ofrece distintos reportajes sobre temas varios, relacionados con la ciencia y el arte. Dentro de estos espacios, se emiten con cierta frecuencia reportajes relacionados con la Arqueología. Obviamente no los he visto todos, con lo cual no puedo juzgarlos minuciosamente, pero por lo que he podido ver, la valoración vuelve a ser bastante buena, pues suelen ser espacios muy bien documentados en los que colaboran especialistas. En definitiva es otro de los puntos positivos de éste apartado, aunque por desgracia el horario de emisión hace que no llegue a demasiado público.

Pero en los últimos párrafos estamos siendo muy positivos, y es algo que no podía durar mucho. Hasta ahora, Televisión Española estaba emitiendo los mejores programas en relación con la Arqueología, y por suerte hoy, vuelve a ser así, pero por un tiempo, un programa, también cercano a ese formato del docushow, levantó bastantes yagas entre el mundo de la Arqueología por sus contenidos. Se trata de una producción de J. J. Benítez, de cuyo nombre no quiero acordarme, emitida los domingos por la noche (por suerte tarde), en la que trataba de demostrar sus curiosas teorías con un despliegue de medios espectacular. Sobre el contenido hablaré en el apartado de la literatura, pero aquí me gustaría resaltar el hecho de que se fomente un tipo de programa en el que se desprestigia la labor de trabajo de los arqueólogos y arqueólogas de todo el mundo, sembrando la duda con relaciones inconexas y atribuciones imposibles, en las que tienen más que ver los extraterrestres que los seres humanos. Estamos en un país con libertad de expresión, pero desde pequeño me enseñaron que mi libertad termina donde empieza la del que está a mi lado. Cada cual es libre de proponer lo que quiera, pero tratar de imponer una idea a través del menosprecio y la crítica infundamentada del trabajo de unos profesionales no es ético. Pero lo más vergonzoso es que esa clase de telebasura sensacionalista (porque no se le puede dar otro nombre), tenga más audiencia que otros programas bastante más serios y productivos en todos los sentidos. En definitiva, la culpa de esto sigue siendo nuestra, o de nuestra ignorancia.

Pero lo que más se consume, son programas de entretenimiento, sobre todo teleseries y películas. El cine tendrá su espacio propio más adelante, y dentro de las teleseries, me voy a detener en una en particular, emitida por Tele 5, y que es una copia a peor del mito de Indiana Jones. Se trata de Cazatesoros, y el mismo nombre ya apunta lo que viene. El argumento es sencillo: Una joven profesora de buen ver, y muy hábil en todos los sentidos, recorre el mundo junto a su becario para recuperar tesoros míticos. En éstas aventuras tiene que luchar contra malvados expoliadores (su competencia) y entiende de todo. Da igual que se encuentre en Grecia o en Egipto, en China o en Etiopía. Sabe de todo. Por un lado esto podría transmitir la idea de que los arqueólogos somos omnipotentes y omnipresentes, pero todavía no conozco a ninguno que sepa sobre tanto, ni que haya corrido tantas aventuras. En toda la serie, y la he visto casi toda, no se hace la más mínima referencia al método arqueológico, ni aparece ninguna excavación formal. En definitiva, no se transmite una idea, ni siquiera cercana a la Arqueología de verdad. Lo único que transmite ésta serie son las ideas de aventura y misterio que tanto distorsionan la imagen social de la verdadera Arqueología.

Y dentro de las teleseries, el formato más interesante es el de los dibujos animados, pues es el que afecta a los niños, y por tanto el que más marca la idea que vayan a tener de mayores. Sobre Arqueología, existen muy pocas referencias directas, y por suerte, la única que he visto (hace poco en una serie al mediodía en La 2), fue bastante buena. De todos modos, lo que sí aparece en los dibujos animados, es una ambientación prehistórica o dentro del mundo antiguo, que transmite tremendos errores. Suelen ser relaciones con la tecnología, el modo de vida o el pensamiento de éstas sociedades, pero la serie más emblemática, se lleva la palma. Se trata de Los Picapiedra, una serie, donde dinosaurios y seres humanos conviven en relativa armonía, sirviéndose los otros de los unos (se entiende que nosotros dominamos a los dinosaurios), y en un claro traslado de la sociedad americana de mediados del siglo XX a unos miles de años más atrás. No se gasta el dinero en investigaciones arqueológicas, para que después los niños (como me ha sucedido en varias ocasiones) digan que buscamos dinosaurios.

Cada uno de estos apuntes por separado no parece tener mayor importancia, son cosas nimias e inocentes que no hacen mal a nadie, pero cuando se trata de todo un cúmulo de situaciones sin apenas resistencia, la pelota se va haciendo cada vez más grande y es difícil arreglar una imagen ya muy distorsionada.

Nos vamos acercando al mayor mito arqueológico de la historia, pero antes de dejar del todo la televisión para pasar al cine, es menester detenerse en el mayor fenómeno televisivo de los últimos años. La publicidad. Son campos que se están comenzando a tratar en el mundo anglosajón (Talalay 2004), pero no aquí, y lo cierto es que tienen una gran repercusión social. No me puede parar a analizar anuncios concretos, y más adelante no me pararé a hacer lo propio con la publicidad en prensa, pero conviene hacer una pequeña reflexión sobre la imagen que se muestra. Tenemos dos vertientes: la que sigue la línea fantástica y la transposición de valores actuales al pasado (por ejemplo, un anuncio de cerveza donde una legión romana le hace el control de alcoholemia a un grupo de bárbaros que acaban de salir de la taberna). Y la que sigue un carácter más formal en el que, incluso se pone en valor la importancia de la Arqueología (en concreto, sendos anuncios de coches, uno en relación con una excavación paleontológica y otro poniendo en valor el hallazgo del Homo floresiensis).

Y por fin, llegamos al cine, donde nos espera una nueva entrega del que ha sido el mayor arqueólogo de todos los tiempos. Indiana Jones. Y lo afirmo así, porque por mucho que nos pueda pesar, todo el mundo le conoce, lo que no ocurre con cualquier otro arqueólogo de verdad, por muy famoso que sea.

Pero antes de entrar a ver a nuestro héroe cinematográfico, conviene ver algo más. El cine puede ser una buena fuente etnoarqueológica (Pratap 1988), pero cuando se trata de reconstruir el pasado o la imagen de la arqueología actual, la cosa cambia. Dentro del mundo del cine, el tratamiento de la Arqueología como disciplina no es muy amplio, pero el cine histórico y de aventuras guarda en ocasiones alguna relación. Existen algunos trabajos sobre el tema (por ejemplo, Hernández Descalzo 1997) donde se puede observar cómo el cine guarda los tópicos de cada época.

Centrándonos en la Arqueología, la ambientación principal viene marcada por el Egipto de principios del siglo XX. Películas como La Momia y su secuela, son un claro ejemplo de ello. Salvo por el tinte de misterio, aventura y fantasía que transmite, es un retrato de la arqueología de principios de siglo, donde lo que prima es el tesoro. El problema es que cuando llegamos al siglo XXI, la idea que se sigue manteniendo es la misma, y prueba de ello son la cuarta entrega de Indiana Jones que se va a estrenar éste año, o la adaptación al cine del famoso videojuego Tomb Raider, donde las dosis de acción, aventura y fantasía, llegan a límites insospechados, de mano de una sugerente arqueóloga de armas tomar, interpretada por Angelina Jolie.

Y éste mismo año, también se ha estrenado una película del famoso productor Jerry Bruckheimer, La búsqueda, que se vendió como algo relacionado como la Arqueología, cuando no tenía nada que ver y ni siquiera la promoción oficial lo hacía. Ésta puede ser otra de las pruebas de que no se sabe lo que realmente es la Arqueología, pues el simple hecho de buscar un tesoro escondido, lo consideran ya algunos Arqueología.

Y sin más preámbulos, es el momento de hablar de Indiana Jones, el tópico de arqueólogo que aún hoy sigue vigente. Se trata de un hombre bien parecido de mediana edad que recorre el mundo en busca de objetos valiosos a la vez que vive emocionantes aventuras. No voy a decir que la vida de un arqueólogo no sea emocionante, y mucho menos que no viaje, pero desde luego no lo hace en ese sentido.

Una primera puntualización que se podría hacer, es la que muestra Hernández descalzo con respecto a las diferencias entre padre e hijo, pues la comparación “es significativa también por cuanto, perteneciendo ambos al mundo de la docencia de la Historia, Henry Jones personifica al estudioso medieval y su hijo al intrépido aventurero, señalando nítidamente en la conciencia del espectador una separación metodológica y conceptual absolutamente irreal entre ambos campos de la investigación del pasado.” (Hernández Descalzo 1997: 332). El problema es que se queda ahí. Las películas de Indiana Jones son una oda al expolio. Se puede decir que son unos años de preguerra en los que la legislación era distinta, pero ya existe incluso en España, una ley de protección del patrimonio desde 1933, además de multitud de directivas internacionales que se salta a la torera.

De todos modos, dado que trato de atender también en éste trabajo al método, no puedo dejar de apuntar que el método que muestran éstas películas, al igual que otras citadas anteriormente, y sobretodo la teleserie Cazatesoros (una copia fiel de Indiana Jones con protagonista femenina), no atiende en absoluto a la realidad. Nos muestra contextos perfectamente preservados, cámaras repletas de tesoros y una mínima remoción de tierras que se puede hacer perfectamente con la mano. Las escenas en la que aparece algo más parecido a la realidad, son las protagonizadas por soldados nazis (y el simple hecho de que sean “los malos” hace que, de cara al espectador, lo que hagan también se vea mal).

En definitiva, un análisis pormenorizado de las películas nos llevaría a páginas y páginas de pegas, pero Indiana Jones va más allá de todo eso. Se ha convertido en un mito y al menos ha conseguido que la Arqueología exista de cara a la sociedad, aunque la visión que ofrece no sea la mejor.

Y aunque las referencias directas a la Arqueología no son muchas, lo que sí ha desarrollado el cine, ha sido una ambientación en épocas pasadas que representan nuestro principal objeto de estudio. Se trata en la mayor parte de las veces de un cine fantástico y lleno de misterio y aventuras donde se muestran los tópicos de cada época, tópicos que se siguen manteniendo hoy a pesar de estar más que demostrado que son falsos. Así vemos cómo la Prehistoria se reduce a historias de rudos hombres y bellas mujeres que conviven con dinosaurios, cómo Oriente está lleno de magia, lujo y exotismo, o Roma es sinónimo de violencia (Hernández Descalzo 1997).

Lo que nos tenemos que parar a analizar es de quién es la culpa de todo ésto, pero el problema es que seguramente sea nuestra. Si queremos romper los tópicos de la Historia y la Arqueología, tenemos que conseguir una buena difusión tanto de la disciplina, como de los resultados de nuestras investigaciones, y esto pasa por llegar más allá de una revista científica que a veces no leemos ni nosotros. Mientras los mitos se mantengan en la sociedad, todo los seguirá reproduciendo, y el cine es algo que ayuda mucho a asentarlos.

LITERATURA, MUSEOS Y OCIO EN GENERAL

            Como ya apunta el propio título de éste punto, nos vamos a fijar en otros muchos aspectos relacionados con la cultura y el ocio. Tantos, que obligan a hacerlo de un modo, tal vez demasiado sintético. De todos modos, si bien la televisión representa un punto central de la enculturación en todos los sentidos, tal vez el ámbito de la arqueología se vea más marcado por otros aspectos que vamos a tratar aquí.

            No sólo por ser lo primero del título, sino porque representa un punto fundamental (reconocen contacto con libros más que con cine), vamos a comenzar por hacer un pequeño análisis de la literatura y su implicación en la imagen social de la Arqueología. Actualmente, los kioscos españoles son destino de otra de esas colecciones a las que me referiré más adelante. En éste caso me refiero a una colección de literatura sobre la Prehistoria. Si nos paramos a analizar las interpretaciones “serias” sobre la materia, nos damos cuenta de que en muchos casos la imaginación supera a la ciencia, y la excesiva interpretación se ha convertido en la táctica de “marketing arqueológico” al uso. Una lectura de la mayoría de estas obras, entre las que se podría citar, por poner un ejemplo, El clan del oso cavernario (o cualquier otro título de la conocida serie de Auel Los hijos de la tierra), nos llevan a un mundo un tanto mítico, pero no descabellado, donde la mayor crítica que se podría hacer es que extrapolen nuestra mentalidad miles de años atrás, cuando seguramente la concepción que nuestros antepasados tenían del mundo y sus relaciones con él, sería distinta. Por lo demás, se trata de una literatura inofensiva de cara a la imagen de la arqueología, que incluso puede resultar atractiva a la hora de crear vocación.

            A un nivel un tanto diferente, tenemos otros títulos, elaborados por especialistas, en los que se busca una difusión de muy buena calidad, como puede ser el caso de Juan Luís Arsuaga con el yacimiento de Atapuerca en obras como La especie elegida. En este caso, me gustaría detenerme un poco más en una obra que en su momento me pareció de gran calidad divulgadora. Se trata de un libro a modo de cuento, con ilustraciones de Ricardo y Nacho, escrito por dos arqueólogas, Mª Ángeles Querol y Alicia Castillo (Querol y Castillo 2002). En él se plasma de forma concisa y amena toda una doctrina de respeto a la Arqueología y de Arqueología en sí misma, sensacional. Libros como éste deberían extenderse por las bibliotecas, pero la realidad por desgracia es otra, y los libros que abundan representan a la pseudoarqueología del misterio y la aventura.

            Así nos encontramos con títulos como El tesoro de Atocha. Una aventura arqueológica de 400 millones de dólares. Si se observa el contenido, se refiere a un galeón expoliado en aguas caribeñas, pero la ley lo permite, así que no se puede criticar desde ese punto de vista. El problema es que ésta irregularidad, o heterogeneidad legal que existe, hace que después haya malentendidos, y en España, a pesar de tener una ley bastante prolija, es también bastante desconocida. Junto a títulos como éste, tenemos otros (ver la segunda parte de la bibliografía), que nos llevan al mundo de la aventura y el misterio. Lo pero de todo, si cabe, es que en la contraportada de muchos de ellos, ponga cosas como “obras de obligada lectura”, “documentos inéditos atestiguan realidades ocultas durante siglos”, o cosas similares. Pero de entre todos esos libros que prefiero no calificar, me veo en la obligación de destacar uno, Existió otra humanidad, de J. J. Benítez. Lo cierto es que cualquiera de sus libros es del mismo modo criticable, pero éste es uno de los primeros y de los mejores (en el sentido irónico de la palabra). Para comenzar, voy a transcribir la contraportada del libro (editado por Plaza y Janés):

 

“J. J. Benítez explica en esta obra lo que él considera la prueba definitiva de que, hace millones de años, existió otra civilización en nuestro planeta. Más de once mil piedras, perfectamente grabadas con sugestivos dibujos, dan testimonio de que ciertos habitantes de la remota Prehistoria tenían conocimientos de las ciencias de hoy: medicina, biología, botánica, náutica, astronomía… Su saber y sus experiencias se hallan reflejados en las piedras halladas en Ica (Perú), cuya descripción e historia se ofrecen en este libro.”

           

La primera vez que lo leí me pareció aberrante, pero hoy al transcribirlo, y al compararlo con lo que dice en su interior, no me parece para tanto. Animo a su lectura, pues da qué pensar. No voy a contar el libro entero, pero sí haré un breve resumen casi de títulos. Basa su teoría en que unas piedras grabadas, totalmente descontextualizadas y sospechosas de falsas, tienen varios millones de años, y fueron hechas por unos “seres humanos” que vivieron entonces en convivencia con los dinosaurios. Habla de Carbono 14, que no se le puede hacer a una piedra y después de explicarlo perfectamente, lo critica con fundamentos poco sólidos para desmontar las cronologías prehistóricas. Incluso hace una entrevista a un arqueólogo, que por supuesto no se lo cree, y cuestiona sus razones comparándose con el propio Wegener, padre de la tectónica de placas. En fin, no me quiero seguir entreteniendo con esto, pues no merece la pena, pero si me gustaría hacer la puntualización más importante de todas, y es que mientras éste libro se ha cogido 4 veces en el último año, el anteriormente citado de Querol y Castillo, sólo 2, siendo incluso más atractivo a la vista y estando justo en la estantería de debajo, mucho más accesible.

            Y por último, para terminar con la literatura, me gustaría apelar a una experiencia personal, el libro de Trease, Investigación en Calabria. Literatura juvenil que disfruté hace ya años, en la que un grupo de jóvenes se embarcaba, detector de metales en mano, a la búsqueda de la tumba de un rey visigodo. Ni que decir tiene que la imagen que daban de la Arqueología no pasaba de la afición de verano.

            De la literatura, pasamos a los museos, reconocidos por 25 de los encuestados como contacto con la Arqueología y de forma paralela, a los yacimientos visitables, reconocidos por otros 28 encuestados, lo que les coloca en el segundo puesto del nivel de influencia. Éste hecho puede resultar positivo, de no ser porque tanto la mayoría de los museos arqueológicos como de los yacimientos, no dejan de ser museos de arte y arquitectura antigua. No voy a entrar en el tema del contenido de la cartelería, pues el caso del Museo Arqueológico Nacional es lamentable (Almansa y Señorán 2005), pero me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre el tema en general. Podemos poner un sensacional ejemplo de museo en el MARQ de Alicante, pero dado que me estoy refiriendo a Madrid, voy a centrarme en los principales museos madrileños, que son el MAN y el MAR (Nacional y Regional, respectivamente). Cuando se visitan estos museos, se ofrece una visión parcial y en muchos casos falsa de la Prehistoria, en la que por ejemplo todas las calzadas romanas de España pasaban por Complutum. El caso del MAR, por ser de nueva fundación, adjunta a la exposición una sala sobre la Arqueología en sí, bastante aceptable, y el discurso arqueológico dura unas salas más hasta que termina siendo una nueva “cacharrería” que al menos está explicada. Para el MAN la situación empeora, pues no deja de ser una serie de objetos casi    descontextualizados con unos pobres y malos carteles que apenas se salvan en la nueva sala de orígenes. Los museos de Arqueología son museos de arte antiguo en el que prima la pieza sobre el contexto y lo que realmente está detrás de la Arqueología, las formas de vida de las sociedades del pasado. Esto hace que la imagen que transmite el museo, además del “¡qué bonito!” sea la del tesoro, la gran pieza. A raíz de esto, no puedo omitir unas palabras del Profesor Víctor Fernández (Fernández Martínez 1997: 344). “Todos los arqueólogos afirman con contundencia que no son buscadores de tesoros sino científicos, pero albergan secretamente en su interior la esperanza de que la suerte les lleve a ejercer con éxito de lo primero.” Y en esencia es así, la culpa es nuestra por seguir primando en nuestro corazón lo que nuestros abuelos nos enseñaron. Parece que hoy comienza a dejarse de lado la importancia por el Objeto, pero no podemos ocultar que las grandes publicaciones y la verdadera trascendencia social, e incluso científica, sigue llegando por los grandes hallazgos y las imaginativas interpretaciones. Vende lo atractivo, y la rigurosa arqueología científica no lo es, si no presenta oro, bonitas estatuas o antiquísimos hallazgos. Los yacimientos no dejan de ser la muestra de la arquitectura, en vez de conformar lo que es un marco perfecto para la reconstrucción de los modos de vida. Hay muchos proyectos dentro y fuera de España que van por ese camino, pero como veremos más adelante, cuando viajas a Grecia, lo que quieres ver es el Partenón y las cráteras de figuras rojas, no cómo vivían los antiguos griegos.

            Por ahora estoy siendo muy pesimista, y la verdad es que me sabe mal, pero de vez en cuando, hay cosas que levantan el ánimo, y recientemente he podido ver una de ellas. Al comienzo de este trabajo mencioné un stand del CSIC en el que reconstruyendo una excavación explicábamos a la gente el método arqueológico con una pequeña práctica incluida. Pues en la actualidad, uno de los talleres que el museo Cosmocaixa de Alcobendas organiza para los niños, en el que se hace esto mismo. De hecho, me acerqué a comprobar cómo era y no puedo menos que loar una iniciativa muy positiva de cara a la imagen de ésta disciplina, pues se trataba de un taller sencillamente sensacional.

            Pero la alegría dura poco, o al menos nunca es plena, y el siguiente tema, el turismo, nos vuelve a proporcionar una de cal y otra de arena.

            Éste trabajo no tiene como objetivo un análisis pormenorizado del turismo y la Arqueología, pero es necesario mencionarlo por la importancia que tiene, al menos desde mi punto de vista.

            En éstos momentos estamos viendo cómo la Arqueología comienza a jugar un papel muy importante en el desarrollo del turismo. Comenzando por la encuesta, hay más gente que dice haber visitado un yacimiento que un museo, siendo ambos un reclamo turístico. Además, el desarrollo de centros de interpretación por todo el territorio nacional, está siendo un fenómeno interesante de los últimos años. Pero tampoco podemos olvidar, la influencia, normalmente mala, del turismo en la Arqueología, con episodios como el cierre de la cueva de Altamira, o los litigios políticos con respecto a la dama de Elche.

            Creo que la relación Arqueología-Turismo es un punto importante de la actualidad, y para el análisis de éste punto, me voy a ceñir al acontecimiento más importante sobre turismo que se celebra en España, Fitur. Visité la edición de éste año con el objetivo de ver si de verdad se usaba la Arqueología como reclamo turístico, y en efecto así fue. En el plano internacional, podemos señalar a Egipto, Grecia, México o Perú, como típicos destinos arqueológicos, y haber, hay más. Pero me detuve más en analizar ese turismo rural tan cercano que se está desarrollando tanto últimamente. En todas las provincias donde existía algún resto importante, éste era uno de los principales reclamos, pero en definitiva, todo el turismo rural se puede reducir a cultura y naturaleza. Se vende un paisaje bucólico en el que desde tiempos remotos se viene desarrollando una cultura peculiar muy distinta a la de la ciudad, con una artesanía característica, un folklore atractivo y un patrimonio arqueológico o arquitectónico rico.

            En el Levante español, existen varias menciones a la cultura ibérica, con rutas, museos y yacimientos visitables. Caso a parte puede ser la propia Ampurias, con un despliegue de medios importante. En la cornisa cantábrica, cuevas y castros se llevan la palma. Un ejemplo es cómo Cantabria tenía un stand propio de patrimonio subterráneo. En Castilla y León, Soria se entregaba a Numancia casi por completo y León a Las Médulas. Numerar todos los casos, llevaría tiempo, pues raro es el pueblo con yacimiento que no trata de explotarlo turísticamente. Y para contribuir a ellos, puedo poner el ejemplo de mi propio pueblo, El Cabaco, en Salamanca, donde desde que se estudiaron las Cavenes (unas minas de oro romanas) y el asentamiento asociado de la Fuente de la Mora, han surgido en su entorno alojamientos rurales, un nuevo camping y un centro de interpretación que han traído en los últimos años un turismo mayor del que ya había antes de por sí, pero que se orientaba en exclusiva a La Alberca o la Peña de Francia.

            Puede que éste turismo arqueológico represente el modo de difusión más importante de los próximos años y por tanto debe ser cuidado. Además, los centros de interpretación, suelen ser de creación reciente, y por tanto sus contenidos están normalmente bien dirigidos, lo que permite que sea productivo de cara a la imagen de la Arqueología. El problema que nos encontramos es el de la conservación de unos restos sometidos al ajetreo de las visitas diarias. Sea como fuere, hoy por hoy el turismo es uno de los principales motores económicos de buena parte del planeta, y la Arqueología comienza a jugar un papel interesante.

            Pero dentro del turismo no puedo dejar de comentar el punto que me parece negativo, y es el de determinados parques temáticos, que en ocasiones usan reclamos arqueológicos. Me estoy refiriendo en particular a Terra Mítica, que ya sólo por el nombre apunta maneras. El tema de éste parque recreativo es el de las antiguas culturas del Mediterráneo, y tanto las atracciones como los espectáculos proyectan una visión mágica y mítica de éstas culturas. Dado que está dirigido principalmente a un público infantil, es uno de los modos de asentar falsos tópicos.

            Pero si tenemos que hablar de un público infantil, tal vez nos tengamos que fijar en otro tema, los videojuegos. Para  este punto, no voy a hacer referencia a los últimos títulos, sino a dos clásicos de hace unos años: Age of Empires y Tomb Raider. Son la cara y la cruz de la Arqueología en el mundo de los videojuegos. Empezaré por Tomb Raider, que ya hemos tratado en el punto sobre el cine, y cuyo argumento en el videojuego, no difiere mucho del antes visto. Lo cierto, es que no se lo que realmente busca la protagonista Lara Croft, pues nunca me he llegado a pasar ninguna de las versiones. Lo único que se encuentra además de malos y monstruos, son un arsenal impresionante de armas y municiones que te ayudan a pasar las diferentes pantallas. Creo que sobran los comentarios sobre la imagen de la Arqueología que se muestra, pues Lara Croft no es militar ni nada parecido, es arqueóloga. En el caso del otro juego, Age of Empires, se trata de una imagen totalmente distinta. Es más Prehistoria que Arqueología, pero se plasma una muy buena imagen de los diferentes desarrollos culturales de las grandes civilizaciones antiguas, donde el jugador tiene un papel protagonista como director de todos éstos procesos. Se ha señalado como una buena fuente de cara a la educación (Santacana y Hernández 1999) debido a la buena correspondencia que tiene con la realidad en el desarrollo de las distintas tecnologías que se desarrollan desde el paleolítico hasta época histórica. Pero esto es sólo un ejemplo, y hoy en día con el desarrollo de las nuevas tecnologías y los diferentes medios interactivos, la difusión que cabe dentro de éste mundo tiene pocos límites (Watrall 2002).

            En estrecha relación también con la juventud, están los comics, que nos transportan a un mundo pasado, y en muchas ocasiones inventado, en el que transcurren historias derivadas de la Arqueología. Algunos autores (Vich 1993 y Ruiz Zapatero 1997) han analizado éste género en España, con un resultado predecible en el que abunda más lo malo que lo bueno. Hay algunas historias de calidad en Francia e Inglaterra, pero en líneas generales, “la Prehistoria no dejaba de ser un periodo lejano donde los hombres con cachiporras se las veían con imposibles dinosaurios” (Ruiz Zapatero 1997: 285). De todos modos, al igual que pasa con otros soportes como la televisión o los videojuegos, hay que apreciar el valor divulgador de un comic que bien hecho puede ser muy bueno.

            Y para terminar con ésta miscelánea de contactos, me quería referir a un aspecto curioso de la Arqueología… El humor. Son diversos los autores que se han parado a analizar el humor en Arqueología (un número casi monográfico de Archaeological review from Cambridge en 1992 y su versión española en Víctor Fernández 1997). En líneas generales se puede ver esa imagen del arqueólogo totalmente diferente a Indiana Jones, como un hombre con barba, metido en un agujero, borracho y mentiroso. Lo cierto es que suena un poco mal, pero está más cerca de la realidad que la versión cinematográfica. El problema que tiene el humor en Arqueología, es que suele ser un humor de arqueólogos para arqueólogos, por lo que no tiene mayor trascendencia social. Y que como veremos en el capítulo próximo, lo poco verdaderamente público y accesible, deja bastante que desear. De todos modos, el humor gráfico español ha dejado bastantes chistes de calidad de manos de personajes como Forges.

INTERNET

Internet ha puesto al alcance de nuestras manos una cantidad de información impresionante que crece día a día. Poniendo la palabra “Arqueología” en un buscador como puede ser Google, aparecen más de medio millón de enlaces. Si esto mismo lo hacemos con la palabra inglesa, los resultados se multiplican. El problema que tiene Internet, es precisamente que tanta información no se puede asimilar, y además hay que discriminarla, pues no todo lo que aparece en Internet es correcto. Buen ejemplo de esto es el pequeño estudio que voy a hacer a continuación.

Pasar revista a toda la información que aparece en Internet sería de locos, con lo que me remitiré a las diez primeras páginas que aparecen en el buscador cuando se teclea la palabra “Arqueología” y “Arqueólogo”.

En el primer caso, realicé dos búsquedas, el 20 de enero y el 7 de marzo, para ver cómo variaba. El resultado fue, que tan sólo había desaparecido la página del Museo de Arqueología de Álava, y el resto seguía más o menos igual, salvo por el hecho de que existían unas 130.000 páginas más. Éste primer acercamiento tuvo un resultado bastante satisfactorio, aunque la mayoría de las páginas resultaban ser enlaces sobre arqueología americana, y la española sólo estaba representada por Arqueoweb, la página del Museo de Arqueología de Cataluña y la del departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Navarra, además de una página bastante interesante (www.dearqueologia.com) que recoge artículos sobre Arqueología del mediterráneo a iniciativa de un grupo de arqueólogos. El contenido de las páginas que aparecen no era estrictamente científico, pero al menos daba una imagen correcta de la Arqueología, alejada de ese carácter mistérico tan común en la representación de lo relacionado con ésta disciplina. Punto a parte merecen los anuncios de enlaces recomendados, con un museo, dos consultorías y dos casas de subastas. Examiné por curiosidad el enlace con eBay (www.eBay.com), una de las más importantes, y no cabía en mi sorpresa al ver que se subastaban algunos artículos claramente expoliados como fragmentos de escultura romana. En el apartado de Arqueología, había un poco de todo, incluyendo una gran variedad de objetos egipcios y reproducciones desde 1 euro. Entré también en el apartado de Prehistoria y fósiles, y cuál fue de nuevo mi sorpresa cuando sólo vi fósiles de hace unos cuantos millones de años entre los que destacaban trilobites y ¡dinosaurios! No está de más que en un apartado de fósiles lo haya, pero deberían de quitar lo de Prehistoria, porque es otro de los aspectos que alimenta esa falsa idea sobre humanos y dinosaurios conviviendo juntos.

En el caso de la palabra “Arqueólogo” las aguas volvieron, por desgracia, a su cauce. Ya el segundo enlace tiene por título “Ciência e Misticismo nos Mistérios da Ilha de…” pero lo más curioso, es que el primero pertenece a un hotel (www.hotelarqueologo.com) de Cuzco. Con respecto al resto de los enlaces, la situación es variada. “¿Cómo te puedes quedar con un arqueólogo?” es el tercer enlace, y proporciona un chiste sobre arqueólogos de tal mal gusto que no quiero ni reproducir. En el campo de lo bueno, es de destacar un portal brasileño de Arqueología (www.arqueologyc.hpg.ig.com.br) que en el subtítulo de la página viene a decir que el arqueólogo es el único capacitado para analizar un sitio arqueológico. Y de lo malo, destacar también una reseña de la página de náutica cubana donde aparece el “arqueólogo buzo”, referencia a esa idea caribeña de ven a buscar tu tesoro y si lo encuentras, te lo quedas.

En definitiva, aunque las posibilidades que ofrece Internet son muchas, hay que mirar con lupa los contenidos de las páginas. De todos modos pienso que la Arqueología debería tener un mejor ámbito de difusión dentro de la red. Un reciente estudio del CSIC (VV.AA. 2001) pone de relieve centenares de enlaces relacionados con la Arqueología, desde instituciones a revistas, pero su difusión en muchos casos es mínima y está restringida a usuarios registrados que suelen pertenecer al mundo de la Arqueología. Como creo que ya he apuntado en más de una ocasión, la Arqueología debería ir dirigida a la gente más que a los arqueólogos (Mapunda y Lane, en Merriman 2004) y Internet representa uno de los principales medios para conseguirlo.

PRENSA

            El segundo foco de contacto que reconocían los encuestados era la prensa (22,67%), y por ello, también se merece un apartado propio.

            Por un lado podemos distinguir los periódicos, y por otro, merecen ser tratadas las revistas. No voy a tratar las revistas estrictamente científicas por dos razones básicas. En primer lugar, que no deberíamos dudar de la calidad de su contenido, y en segundo lugar, porque el acceso a esas revistas está mayoritariamente reservado a los especialistas y su difusión no alcanza unos mínimos niveles de cara a la sociedad. Así, me remitiré a esas otras revistas de mayor difusión que se encuentran con facilidad en los kioscos y que la gente compra o al menos conoce.

            Dentro de ese grupo de revistas tenemos algunas como Historia y Vida, Revista de Arqueología, National Geographic (y su revista de Historia), Muy Interesante… Que algunas más y otras menos, tratan de vez en cuando temas relacionados con la Arqueología. La Revista de Arqueología ha sido una de las publicaciones españolas clásicas, y su contenido está muy cuidado, con colaboraciones de verdaderos profesionales. Otras revistas como National Geographic o Historia y Vida, tratan alguna que otra vez artículos relacionados con la disciplina, de nuevo de un modo bastante correcto, y por ejemplo, el caso de la revista Historia de National Geographic ha sido premiada como mejor revista nueva del año 2004 y es leída por miles de personas. Un clásico de la divulgación científica en España, ha sido la revista Muy Interesante, donde se han expuesto temas con gran rigurosidad, aunque en ocasiones contrastan con artículos que dan más lugar al misterio que a la ciencia. Pero en líneas generales, este grupo de revistas y otras similares cumplen una función divulgadora muy importante que consigue llevar la verdadera Arqueología al conjunto de la sociedad, más allá de lo que los propios arqueólogos y la Administración lo hacen.

            Con estas revistas, contrastan otras del estilo de Año Cero, donde los principales protagonistas son el misterio, la magia y el esoterismo en general. Son publicaciones donde la Atlántida, los ritos mistéricos de Stonehenge o interpretaciones del pasado del estilo de las vistas con J. J. Benítez o Jiménez del Oso, cobran un carácter protagonista. Éste tipo de revistas también son leídas por mucha gente, y esto hace que se expandan ideas equivocadas sobre la Arqueología y el pasado en general.

            Pero el medio que más repercusión tiene dentro de éste campo, son los distintos periódicos que se distribuyen en nuestro país. Me gustaría analizar una por una todas las noticias sobre Arqueología que hubieran publicado éstos periódicos últimamente, pero de nuevo, vuelvo a ser consciente de mis limitaciones y voy a reducir el estudio a un episodio concreto de gran repercusión; el hallazgo del Homo floresiensis. Y a los periódicos de mayor difusión en Madrid; El País, El Mundo, ABC, La Razón, y los gratuitos 20 minutos y Metro, que lo publicaron el mismo día que la revista Nature (28 de octubre de 2004).

            En líneas generales, el tratamiento que se le da a la noticia en todos los periódicos es bastante correcto, pero conviene verlos uno a uno para observar los ligeros matices que existen entre ellos.

            En primer lugar, tenemos El País. En portada, coloca un pequeño recuadro con el titular, “Hallada una especie extinguida que coexistió con el hombre moderno.” En el interior, le dedica dos páginas completas a la noticia. Se encuentra en la sección de Sociedad, y tiene una documentación gráfica bastante interesante. Con respecto al contenido, es bastante correcto, salvo un pequeño párrafo que resalta ese carácter estrictamente evolucionista (hacia mejor) que impera en la sociedad, diciendo: “En ella (la cueva donde se realizó el hallazgo) también hay numerosos restos de herramientas que un ser tan primitivo podía tallar piedra y hacer otras cosas que hasta ahora se asociaban con homínidos mucho más desarrollados.” Pero además de esto, recoge unas declaraciones de Juan Luís Arsuaga bastante irrespetuosas hacia el hallazgo, que analizaremos más adelante. A parte, en la segunda página, tenemos una entrevista con los descubridores. Así, en líneas generales, podemos decir que se trata de una información bastante correcta, salvo por algún pequeño matiz como el que hemos visto, pero el tratamiento en sí de la noticia resulta interesante.

            El Mundo por su parte, presenta también un pequeño recuadro en portada con el titular, “Descubren en Indonesia el cráneo de una especie humana desconocida que medía sólo un metro.” El titular es de una calidad explicativa menor y en el interior, tan sólo le dedica una página, pero curiosamente, es el único periódico que lo hace en la sección de Ciencia. En éste periódico, como pasará más adelante, se trata también el tema del enanismo, utilizando una comparación con los famosos hobbits de Tolkien, y dándole explicación a través del aislamiento, que ha dado lugar también a elefantes enanos. Recoge por su parte, declaraciones de otro de los directores de Atapuerca, Bermúdez de Castro, en éste caso, aceptando de buen grado el hallazgo. Además, publica una columna de Eduald Carbonell, también de Atapuerca, de bastante calidad literaria y divulgadora. En definitiva, aunque el tratamiento es menos extenso, también resulta bastante bueno.

            En tercer lugar, voy a analizar La Razón, donde no aparece noticia en portada, sino de un modo un poco más extenso en el sumario. Le dedica también una página completa en el interior, y aquí aparece en escena un nuevo dato que no se había mencionado hasta ahora. Se trata de una leyenda indonesia que colocaba a hombres enanos en esa misma isla hace quinientos años. La documentación gráfica es también interesante y en líneas generales el contenido no es en absoluto malo, básicamente porque el volumen de citas desde las declaraciones de los descubridores es bastante alto.

            Por su parte, el periódico que da un tratamiento mejor a la noticia, es el ABC. De entrada, nos presenta foto de portada, como noticia principal, y le dedica cuatro páginas completas en el interior, además de otra quinta, en la que Arsuaga da su opinión sobre el hallazgo. Se encuentra también en la sección de Sociedad, lo cual me lleva a pensar si la Arqueología es un evento social o científico. Pero de todos modos el tratamiento que recibe es impecable, con un desglose de todas las características del homínido en cuestión. La documentación gráfica también es excelente, sacada del artículo de Nature, e incluso una de las páginas está dedicada a una reconstrucción de la Tierra hace 18.000 años, cuando vivió el Homo floresiensis. Pero lo que más me ha desagradado de todo lo referente a la prensa, han sido las declaraciones de Juan Luís Arsuaga en su columna de opinión (de una página completa). Se trata de la tercera página del periódico, lo que la hace una de las más leídas. Estamos en un país con libertad de expresión y de prensa, lo cual hace que cada uno sea libre de decir lo que quiera y publicarlo. El problema viene cuando tras un hallazgo de las características del Homo floresiensis, el representante más conocido de la paleoantropología española, lo tacha en resumidas cuentas de falso. Él puede mostrarse escéptico o en desacuerdo, pero no creo que sea ético llegar a extremos de desprestigio como comparar éste descubrimiento con el famoso fraude de Piltdown. Es más, no creo que deba hacer comentarios como “no, mi colega jamás habría picado con esa inocentada” (hablando de que el hallazgo pudiera ser una inocentada), cuando nosotros tenemos que tragar con educación, día a día, con sus inocentadas. En definitiva, creo que en ésta columna ha mostrado la peor cara de la Arqueología, la de la envidia y la competencia, aunque como él no es arqueólogo, tal vez no le importe.

            Y finalmente, los periódicos gratuitos de Madrid (20 minutos y Metro), presentan la noticia de un modo más escueto, por falta de espacio, pero también con bastante corrección. En resumen podríamos decir que la información en prensa suele ser bastante buena, salvando alguna excepción, pero que en definitiva, no se transmiten demasiado los tópicos y desatinos que otros medios presentan con la Arqueología.

            Aunque es por mera curiosidad, me gustaría recoger los datos de un estudio realizado en Inglaterra entre los lectores de distintos periódicos, en relación con sus hábitos culturales (Stone y MacKenzie 1990).

 

Yacimientos Arqueológicos

Monumentos

Museos

Independent

20,4

45

53,4

Guardian

19,2

43,4

56,5

Times

13,9

43,4

51,5

Express

6,5

27,8

30,1

Sun

3,1

14,9

19,6

Cuadro de texto: Porcentaje de lectores que visitan cada uno de los sitios

El estudio nos presenta el porcentaje de lectores de cada uno de los periódicos que visitó yacimientos arqueológicos, monumentos o museos. Lo más interesante es la clara relación que existe entre la seriedad del periódico y la cantidad de gente que visita cualquiera de los tres lugares. Por fijarnos en el contraste más marcado, tenemos The Independent, tal vez el periódico de más prestigio de Inglaterra, y The Sun, el más sensacionalista. El porcentaje de lectores de The Independent  que visita monumentos y museos, es tres veces superior al de los lectores de The Sun, y en el caso de los yacimientos arqueológicos, seis veces superior. Ésta relación no es equiparable a lo que sucede en España, entre otras cosas porque los principales periódicos no responden a un matiz de sensacionalismo o rigor. Éste estudio podría hablarnos de matices sociales y grado de implicación cultural, aunque no queda políticamente correcto, ni creo que sea justo generalizar, el hecho de que cuanto menor nivel cultural, menos interés se tenga por la cultura.

Y antes de pasar al siguiente punto, no podía dejar de comentar el último ejemplo que ha llegado a mis manos. Se trata del suplemento dominical del periódico El País (El País Semanal). Éste coloca en portada un reportaje sobre las excavaciones de un equipo de arqueólogos en Luxor. El título ya dice mucho de lo que viene: “Los enigmas de Luxor. Arqueólogos españoles descubren secretos del Egipto faraónico de 1500 años antes de Cristo.” Cuando se lee el reportaje, resulta ser de un contenido divulgador muy interesante, pero está plagado de las mágicas palabras que se relacionan con la Arqueología; enigma, aventura, tesoro… No se debe en absoluto criticar que éste tipo de reportajes aparezcan publicados, pero se debería cuidar el lenguaje. Lo que está claro es que la mayoría de éstos reportajes no pasan por las manos de ningún especialista, y de aquí viene que se sigan manteniendo los tópicos de la Arqueología y de otras disciplinas. Aun así, no podemos despreciar el hecho de que, aunque sea de un modo un tanto distorsionado, la Arqueología reciba una atención especial por parte de los medios.

EDUCACIÓN

            La educación es el principal pilar sobre el que se sustenta la cultura y el conocimiento de cualquier sociedad. Da igual que estemos en la selva amazónica aprendiendo a cazar monos con una cerbatana, o en Madrid aprendiendo a leer. La cualidad de enseñar nuestros conocimientos a otros es uno de los principales rasgos que nos diferencian de otros animales.

            El objetivo de éste punto es analizar la presencia de la Arqueología en la educación madrileña. Para ello nos acercaremos a los planes de estudio, desde educación primaria, hasta titulaciones universitarias que pueden tener algún contacto con la Arqueología.

            Este va a ser el primer momento en que tratemos la pugna entre Naturaleza y Cultura. Es algo que en los últimos años subyace en la sociedad occidental, y que está ganando la Naturaleza. Lo cierto es que la pugna es un tanto falsa, dado que realmente son dos aspectos a los que se presta atención, pero en todos los sentidos, la naturaleza consigue un grado de concienciación e interés social que supera con creces al de la cultura. Esto será algo, que como veremos, se plasma también en los planes de estudio.

            Nos encontramos en un momento de la educación que veo un tanto contradictorio. Por un lado, cuesta conseguir un grado suficiente de motivación e interés entre los estudiantes, pero por otro, nos encontramos con un mercado laboral donde se manifiesta esa enfermedad que algunos llaman “titulitis” no sin razón (Marchesi y Hernández 2003). Y de hecho, el primer punto donde se manifiestan las carencias educativas de la Arqueología, es precisamente en el título, que no existe. No es el momento de hablar de la Universidad, pero ya veremos en su momento que éste en un serio problema.

            A lo largo de la Historia, la educación española ha pasado por una serie de etapas, y dentro de ellas, la enseñanza de la Prehistoria y la Historia Antigua (feudos del estudio de la Arqueología), también (Ruiz Zapatero y Álvarez-Sanchís 1997). Podemos observar cómo se van siguiendo las tendencias de la política de cada momento, tratando de justificar desde la Antigüedad, la sociedad. Así tenemos ejemplos como la manipulación nacionalista de época franquista. En la actualidad, lo que se plasma en la educación, desde el preámbulo de la LOGSE, es una gran preocupación por el Medio Ambiente que se plasma en asignaturas específicas sobre el tema. No se trata de pedir una asignatura de Arqueología (uno de los cuatro niños que contestaron a la encuesta lo pedía como “octativa”), pero si de prestarle un poco más de atención dentro del currículo oficial, pues hasta ahora todo se reduce a la voluntad de algunos profesores de Historia. De todos modos, se puede ver sin duda que “los logros conseguidos en la perfección de la actividad docente no han tenido su paralelo en la renovación de lo que se ha de enseñar” (Pérez González 1986: 52) al menos dentro del campo de la Arqueología, antes, y en ocasiones después, de llegar a la Universidad.

            Santacana habla de cómo “la Prehistoria, por su carácter enigmático, de búsqueda de lo desconocido, de introducción a un pasado mágico y misterioso, constituye, en general, una disciplina con un cierto atractivo para el público adolescente” (Santacana y Hernández 1999: 113). De nuevo parece que los tópicos de la Prehistoria y la Arqueología reaparecen, ésta vez como incentivo al estudio. Resulta, que al fin y al cabo, la figura de Indiana Jones y todo lo que he venido criticando a lo largo de éste trabajo, va a ser bueno. Pero no estoy en absoluto de acuerdo con lo que plantean éstos autores y sigo pensando que, si bien es cierto que esa puede ser una buena forma de captación, creo que la Arqueología vale por sí misma lo suficiente como para captar adeptos, sin necesidad de magia o aventura.

            Tenemos algunas iniciativas interesantes en la docencia de la Arqueología dentro del ámbito escolar (por ejemplo, Pérez González 1986), y se puede observar cómo realmente es algo que atrae a los estudiantes. Vuelvo a poner el ejemplo de mi encuestado, que tras conocer de un modo práctico en clase el mundo de la Arqueología, se interesó por él. Pero no es menos cierto que en mi experiencia el día que estuve en el stand del CSIC en la Semana de la Ciencia de hace unos años, pude observar cómo lo que verdaderamente atraía de la Arqueología era el proceso de excavación, ese encontrar tesoros que como bien señalaba Víctor Fernández (Fernández Martínez 1997), está en el subconsciente de todo arqueólogo. Cuando preguntaba a los niños qué era lo que más les había gustado, todos coincidían en la excavación, y lo que menos el laboratorio (sólo dibujábamos).

            En definitiva, habría que decir que para estudiar qué es la Arqueología se debe esperar a la Universidad, o tener un profesor del gremio en el colegio, que te lo enseñe por iniciativa propia. Por tanto, toca ahora darse un paseo por la Universidad.

            Podemos hacer una crítica del profesorado, los planes de estudios, o la propia estructura de la Universidad, que en relación con la Arqueología, está muy pobre (Ruiz Zapatero 1991). Y ciertamente, no iríamos desencaminados. Si nos centramos en la enseñanza de la Arqueología, esto se puede concretar todavía más. La vía natural para terminar siendo arqueólogo en España, es estudiar la carrera de Historia, lo cual te lleva a un cúmulo de asignaturas que nada tienen que ver con la Arqueología (por ejemplo, seis Historias Contemporáneas obligatorias contra una Prehistoria y otra Arqueología, en el caso de la Complutense), y a que, cuando cursas la asignatura, estés a punto de terminar la carrera (se cursa en cuarto). Como optativas, se pueden cursar otras asignaturas relacionadas de algún modo con la Arqueología, pero no demasiadas. El mejor caso, lo encontramos en la Universidad Autónoma de Madrid, donde la oferta en relación con la Arqueología, es más variada. Y el más lamentable, en la Universidad Complutense, donde es el departamento de Prehistoria el que se encarga de la enseñanza de la Arqueología, en pugna con un teórico departamento de Arqueología y otras cosas, que se dedica a enseñar Arte Antiguo al puro estilo del siglo XIX con pocas excepciones. Lo cierto es que si existe interés por la Arqueología, el alumno acabará aprendiendo todo lo que necesita, pero una buena parte vendrá del trabajo que realice fuera de la Universidad. Junto a la carrera de Historia, surgen otras como Humanidades, un mayor popurrí de todo, donde la Arqueología tiene un papel todavía menor. El problema, no deja de residir en el plan de estudios, con asignaturas sin tiempo para impartirse, ni tiempo para impartir otras. Pero por encima de esto, está el desinterés que existe desde la propia administración central por remediar la situación, pues parece ser que tras muchos años de esfuerzo, se va a reconocer una carrera propia de Arqueología, auspiciada por  el Plan de Bolonia, para el 2010. Las incógnitas con respecto a esto son todavía muchas, pero será algo que habrá que esperar a que llegue para poder hablar de ello con conocimiento.

            Pero además de la falta de una carrera propia de Arqueología, tenemos un segundo problema, relacionado con otras disciplinas. Cuando veíamos qué es la Arqueología, nos fijamos en que se sirve de la ayuda de otras disciplinas de cara a la datación, la reconstrucción ecológica o el estudio de huesos. Además de esto, no podemos olvidar que los restos arqueológicos son algo que está ahí, y que casi nunca somos los primeros en llegar hasta ellos. Esto nos lleva a fijarnos en un aspecto poco tratado, que viene a ser el conocimiento que otros profesionales que van a tener que trabajar con restos arqueológicos, tienen sobre Arqueología. No vamos a hablar de un restaurador o de un antropólogo físico, sino de algo aparentemente más lejano.

            Tenemos que hablar de arquitectos, ingenieros de caminos o de minas, abogados, periodistas, diplomados en turismo o artistas de diferente índole, que tarde o temprano van a tener que tratar con la Arqueología y no suelen saber cómo, con un resultado decepcionante. El origen de que en los anteriores puntos existan críticas negativas, viene de que estos otros profesionales que tratan la Arqueología, desconocen qué es a la vez que son quienes la difunden en mayor o menor medida. El caso de un abogado es más claro, pues no conoce el marco legal sobre patrimonio a la hora de defender un bien cultural, que normalmente suele ser arqueológico. O un periodista que no es capaz de dar una información decente, pues en el apartado de la prensa, hemos visto algunos casos positivos, pero todos conocemos ese reportaje en el que se dice que estamos haciendo una excursión y que hemos encontrado un oro que realmente no existe. La mayoría de las titulaciones de estos profesionales, tienen alguna asignatura sobre Naturaleza o protección del Medio Ambiente, pero lo más cercano a la Arqueología, es alguna asignatura sobre cultura en general, o si existe algo más concreto, es ya en algún programa de doctorado.

            Con esto, quiero decir en definitiva, que la Arqueología se encuentra desnuda dentro de la educación española, y que ese es uno de los principales motivos de que la sociedad no tenga una idea clara de qué es. No se trata de llevar la Arqueología al último rincón de España, pero hemos visto que llega por sí sola, y que hoy cada pueblo tiene su yacimiento y dentro de poco, millones de españoles verán la cuarta entrega de Indiana Jones. Se trata de promover iniciativas como las que se están empezando a desarrollar a través de empresas, de cara a preparar jornadas sobre Arqueología en colegios. La pena es que esto se tenga que hacer desde el ámbito privado. Y más todavía, que se tenga que recurrir a suplementos de formación tras la Universidad, porque lo existente por sí solo no resulta suficiente. Desde dentro, se trata de mejorar lo que se puede, pero hay que arreglarlo desde arriba y el primer paso es crear una titulación propia de Arqueología como en otros países.

CONCLUSIONES

            Hemos podido ver a grandes rasgos lo que la gente piensa que es la Arqueología, y de dónde puede venir ésta imagen. En los objetivos del trabajo era precisamente lo que me planteaba, pero llegados a éste punto, no nos podemos quedar ahí. Sería fácil culpar a la educación, o al gobierno, que viene a ser parecido. Pero no se trata de buscar salidas rápidas. Unas páginas atrás criticaba que los encuestados no se implicaran en las respuestas a la hora de hablar del beneficio social de la Arqueología y lo que no puedo hacer ahora es esconderme detrás de tópicos para ser yo el que de una respuesta fácil.

            Si volvemos sobre las principales ideas destacadas por los encuestados, nos encontramos con esa doble tendencia hacia los orígenes de la Humanidad y las Grandes Civilizaciones antiguas. Por otro lado, hay que destacar la mayor apreciación de los grandes “tesoros” rescatados por la Arqueología frente al resto de la información que se recoge. Estas ideas marcan la tendencia de la propia Arqueología. En un inicio, la Arqueología iba dirigida al descubrimiento de ciudades míticas citadas por los textos clásicos, o de los tesoros de las tumbas de grandes personajes del viejo mundo. En la actualidad, el mayor impacto mediático, ante la escasez de grandes tesoros, repercute en los estudios sobre el origen de la humanidad, lo que hace que el segundo foco de atención vaya en esa dirección. Así las cosas, el primer aspecto llega de manos de la propia mediatización de la Arqueología que tanto deseamos, pero tanto criticamos. Un ejemplo claro lo tenemos en la propia España, donde a pesar de existir centenares de yacimientos arqueológicos, muchos de ellos de gran valor, la atención de los medios y de la propia sociedad se centra en uno, Atapuerca.

            Más allá de de todo esto, tenemos que fijarnos por obligación en la educación. Lo hemos tratado en el punto anterior, pero se debe remarcar el problema de formación que existe en nuestro país, no sólo con respecto a la Arqueología, sino también con muchas otras cosas básicas, empezando por la Geografía. No se trata de convertirnos en enciclopedias andantes que saben de todo pero no saben nada, sino de tener unos conocimientos básicos sobre la mayoría de las cosas posibles, pues a la hora de la verdad, siempre termina siendo necesario conocer todo lo que muchas veces se ve como inútil.

            Se está tendiendo, siguiendo pautas anglosajonas a hiperespecializarse en determinados ámbitos, dejando de lado otros, incluso de la propia disciplina, y esto es algo que nos lleva a ver las cosas desde un punto de vista muy cerrado, y a no tener un grado de autosuficiencia mínimo en cualquier trabajo, desde el peón de albañil que usa muy bien el carretillo, pero no sabe hacer cemento, hasta el mejor neurocirujano que no tiene seguridad para diagnosticar una apendicitis. Se podrá decir que cada uno tiene su trabajo, y es el mejor en su trabajo, pero la vida te puede llevar por muchos derroteros, y la Historia, la Cultura en general, o la Geografía acaban sirviendo para más que ir a un concurso de la televisión. De hecho, esto es algo que los arqueólogos deberíamos saber bastante bien, pues no sólo no hay una titulación oficial de Arqueología, sino que aparte de lo que aprendamos sobre Arqueología en la facultad, debemos saber Estadística, Anatomía, Botánica, Química, Topografía y decenas de cosas más, aunque sólo sea hasta el punto de que no nos engañen los que lo hagan por nosotros y poder entender los estudios de los demás.

            En definitiva, no puedo dejar de volver a decir, que la educación representa el pilar principal que nos sustenta como sociedad, más allá de lo que nos enseñen sobre Arqueología. Y la falta de motivación por parte de alumnos y profesores, hace que éste pilar se resquebraje. La solución pasa por una reforma de la enseñanza, enseñanza que ha ido perdiendo calidad a lo largo de las últimas reformas. Pero sobretodo por una renovación de los valores, que se van degradando cada vez más.

            Pero nos estamos saliendo del tema, y la conclusión principal pasa por entonar el mea culpa. Muchos no verán por qué, pero los arqueólogos somos los primeros responsables de la mala difusión de la Arqueología, y sobretodo de las ideas que la gente tiene de la Arqueología. Veíamos antes cómo la ciencia se va distanciando cada vez más de la sociedad, y cómo la sociedad, aunque la aprecia por lo que representa, se desencanta día a día.

            Pero el trabajo no versa sobre ciencia en general, sino sobre Arqueología. En la sociedad se ha implantado la idea de una Arqueología misteriosa, llena de aventuras, donde el objeto es estudiar grandes culturas con grandes tesoros. Es una idea que en un momento fue real, pero hoy no, al menos para la mayoría, que trata de estudiar y entender las culturas del pasado más allá de sus tesoros, e incluso de sus restos materiales, aunque haya que recurrir a ellos. El problema es que muchos arqueólogos conservan ésta idea, que los museos de Arqueología, difunden ésta idea y que las interpretaciones que sustentan ésta idea se siguen enseñando en los colegios. La culpa no es de Indiana Jones, ni de Lara Croft. La culpa fue de Evans y Schliemann, de decenas de egiptólogos que en el siglo XIX se enfrentaban a la magia y al misterio en busca de las tumbas de los grandes faraones… pero sobretodo, de los arqueólogos que hoy mantienen esas ideas y de los que no tratamos de transmitir las nuestras. El método de trabajo de algunos de estos arqueólogos clásicos es tan respetable como ninguno, aunque no se comparta desde otras esferas. Lo que no se puede sostener es ese marketing arqueológico de subvenciones y descubrimientos, de ocultar e inventar… y todo esto entre nosotros, sin ninguna preocupación por que llegue a la sociedad. Memorias que ni se publican ni se difunden, yacimientos que se abandonan a expensas de la naturaleza o museos donde los carteles no se han tocado desde 1975, son pequeños ejemplos. Es cierto que no hay dinero para difundirlo todo, pero tampoco hay interés en que los contenidos de los libros de Historia sigan siendo los mismos que a principios del siglo XX en una disciplina que hace que muchas cosas cambien cada año.

            Merriman definía la Arqueología Pública como una Arqueología sostenida por el estado y orientada a la sociedad (Merriman 2004). No vamos a defender la implicación del estado, pues todos queremos más dinero y hay cosas más importantes en qué gastarlo, aunque no siempre se gaste como se debe. Lo que hay que defender es la segunda idea. Debemos orientar nuestro trabajo a la sociedad, porque al fin y al cabo van a ser los que disfruten de ello en el futuro. Los debates académicos quedarán enterrados y no se volverán a desenterrar hasta que no se crea conveniente, pero el conocimiento no muere, y nuestra labor como agentes sociales es difundirlo del modo más amplio posible y no en una revista que leen doscientos arqueólogos de todo el mundo y poco más. Se trata de implicarse en la renovación de los contenidos de los libros de texto, de revisar de vez en cuando el mensaje expositivo de los museos, pues ver las piezas está bien, pero dentro de su contexto y explicadas según se entienden en cada momento. Y sobretodo dar una imagen real de la Arqueología, terminar con la aventura y el misterio.

            En definitiva, la principal conclusión que he sacado de éste trabajo, es que la sociedad madrileña (y lo podríamos extender a la española), no tiene en su mayoría una idea clara de la Arqueología. Idea, que se acerca más a la concepción decimonónica que a la moderna, y que en el mejor de los casos se reduce a los orígenes de la humanidad. Idea que es como es, por dos causas básicas: una falta en la educación, pero sobretodo un descuido por parte de los propio arqueólogos, que no se preocupan de hacer de la Arqueología algo en lo que se implique la sociedad más allá de la visita a un anticuado Museo de Arte Antiguo. La Arqueología puede ofrecer mucho, pero para ello no sólo debe practicarse, sino practicarse bien, y esto incluye de un modo preferente la difusión en todos los ámbitos.

            Podemos dejar claro qué es la Arqueología y qué ofrece a la sociedad. La pregunta es… ¿Por qué no lo hacemos?

APÉNDICE 1. Modelo de encuesta

APÉNDICE 2. Las mejores respuestas

            Me pareció interesante plasmar en este apéndice algunas de las respuestas más curiosas. Creo que estas respuestas representan bastante bien los aspectos que he tratado en los puntos anteriores. No tienen por qué estar bien, sino simplemente son respuestas que me llamaron la atención mientras hacía el análisis, unas por buenas, otras por malas y otras por extravagantes.

            En la trascripción, cuando hacen referencia a 1º, 2º, 3º, A, B, o C, se refieren al orden de las preguntas, que siempre es el de la encuesta. La ortografía es la original, guardando en su caso las faltas.

Es una ciencia que estudia las civilizaciones antiguas. Conocer como vivían los hombres antiguamente sus sistemas politicos, su sociedad su arte etc….

Pues me imagino que excavando ciudades antiguas o cualquier tipo de resto que hayan dejado esas culturas.

Me gusta la historia y veo documentales y revistas.

El trabajo me parece importante para saber como ha evolucionado el ser humano desde sus comienzos hasta la actualidad; las aportaciones que ha realizado cada cultura concreta y que han servido para que el mundo avance etc…

(Limpiador de 37 años con estudios primarios)

2- A través de televisión, prensa y radio. Algunos interesantes y bien documentados, otros son de carácter fantástico y especulativo.

3- Desde el momento que significan algun bien médico ya sea a través de remedios curativos o médicos, sí.

(Auxiliar de investigación de 62 años con estudios preuniversitarios)

1º) Ciencia que intenta arrojar luz sobre la Historia, a partir de huesos, objetos y escritos, hallados en su mayor parte bajo tierra.

2º) Los hallazgos arqueológicos que aparecen en documentales, casi siempre tienen que ver con los huesos y fósiles “prehistóricos”. En su mayor parte obedecen a mera propaganda turística y a la búsqueda de fama, más que a datos objetivos sobre hechos históricos. He leído algunos libros que contienen citas de arqueólogos y documentos en formas de tablillas de piedra o papiro que arrojan luz sobre hechos históricos, hasta hece poco desmentidos o desconocidos.

En mis investigaciones, he hallado que la Arqueología solo es “fiable”, allá hasta donde se remontan los primeros escritos (como la Biblia).

Anterior a estos escritos, las fechas que proporciona la Arqueología se basan en suposiciones que no se pueden probar. La Tierra ha experimentado muchos cambios y cataclismos (como el diluvio mundial del tiempo de Noe), que han alterado mucho los estratos rocosos y los yacimientos de fósiles, y esto hace que cualquier declaración científica sobre fechas anteriores al diluvio (aprox. 2370 a. C.) sean meras conjeturas.

3º)  Aun así, mi opinión es que la Arqueología ha cumplido, cumple, y cumplirá un papel fundamental en las sociedades civilizadas. Ha ayudado a muchos a convencerse de que sucesos que citaba la Biblia, existieron y fueron tal y como se describen en ella, aunque por mucho tiempo se negaran. (Ej. Reinado de Asurbanipal, palacio de Sargón, costumbres y modo de vida de pueblos y ciudades como Sodoma y Gomorra, etc…) Un claro ejemplo de esto es el libro: “Y la Biblia tenía razón”.

Además nos ayuda a conocer y corroborar los hechos históricos que sí pasaron. Y esto es algo fundamental, porque como dijo alguien sabio: “Quien no conoce su pasado, está condenado a repetirlo en su futuro”. Si la mayor parte de la gente se diera cuenta de lo ciertas que son estas palabras, habría más interés por la Historia y la Arqueología (veraces). Y quizá eso podría cambiar no solo el presente cruel de la humanidad, sino el futuro sombrío que se cierne sobre ella.

Algunos pensamos que la educación puede cambiar a la gente.

Fdo: Un estudiante de la Historia y de la Biblia.

(Auxiliar de laboratorio de 30 años con estudios de grado medio)

1- Estudio de civilizaciones antiguas, basándo(nos) en restos tanto biológicos como no biológicos.

(Biólogo de 29 años con estudios universitarios)

Sí, es importante saber como vivíamos o que hacíamos cuando todavía no había manera de informar a los demás.

(Empleado de 47 años con estudios primarios)

2. Sí he tenido contacto a través de la televisión y la impresión que me ha dejado es que debería saber algo más sobre esta actividad.

(Becaria predoctoral de 30 años con estudios universitarios)

1º Se estudian restos de edificios, enterramientos de muchos siglos.

2º Nó

3º Sí, porque se pueden identificar, pueblos y razas que poblaron y desaparecieron hace millones de siglos. Se identifican, arquitectura, cerámica etc. tipos de tierras (clases).

(Técnico especialista de 58 años con estudios de grado medio)

La Arqueología además de ciencia es un arte y una aventura.

(Administrativo de 51 años con estudios universitarios ¡de Historia!)

1. La arqueología es la ciencia que trata de descubrir la manera de vivir de nuestros antepasados. También la vida y desaparición de algunos animales como dinosaurios,…

(Ama de casa de 70 años con estudios primarios)

2. Si. En los estudios cuando estaba estudiando las civilizaciones antiguas, nos hicieron hacer un pequeño trabajo sobre ello. También lo he visto en la televisión, en documentales te dan mucha información pero me quede con la gran mayoría. En el periódico también cuando encuentran restos como hace poco tiempo cuando encontraron un ser que descendía del mono que no era aún humano y que estaba aislado en una isla. También lo he visto en museos y excursiones en la calzada romana, etc. En los libros también lo he visto.

A mi me ha gustado mucho estudiar todo eso porque me interesa bastante, es algo muy interesante.

Me parece que en el instituto tendrían que poner más información de esto (una octativa).

(Estudiante de 12 años en 1º de la E.S.O.)

3. Realmente no se si producen algún beneficio a la sociedad actual, porque el hombre siempre cae en la misma piedra. Los errores pasados no enseñan a mejorar el presente. Si no echemos una ojeada, al mundo que nos rodea. Mucha tecnología, mucho invento, pero al fin siempre lo mismo, hombre, guerras, miserias.

(Técnico de laboratorio de 47 años con estudios de grado medio)

Creo que la arqueología ofrece un evidente beneficio cultural pero no me parece que tenga un beneficio para la sociedad como pueden tener otras ciencias como medicina, biología, química…

(Doctorando de 28 años con estudios universitarios)

El único contacto que recuerdo haber tenido es muy lejano. Fue una excursión cuando estaba en el colegio, al museo arqueológico. Era muy niña con lo que únicamente recuerdo la gran impresión que me causó ver los restos de animales prehistóricos, y ser consciente de que millones de años atrás habían existido formas de vida totalmente distintas a las de hoy.

(Técnico de laboratorio de 26 años con estudios de grado medio)

1) Una actividad investigadora

2) Sí, principalmente en la infancia a traves de mi familia.

3) Sí, como toda actividad que investiga, requiere el planteamientos de preguntas y respuestas.

(Médico de 60 años con estudios universitarios)

3º) Creo que sin saber de donde venimos nos encontraríamos huérfanos. Juzgar ciertas culturas y ciertos pueblos sin conocer a sus antepasados me parece a veces pretencioso. Todos nuestros actuales actos han tenido  un precedente en nuestros antepasados.

(Auxiliar de enfermería de 45 años con estudios de grado medio)

1. Es una ciencia importantísima. Descubrir los orígenes y formas de vida de las civilizaciones. Normalmente la gente piensa que la arqueología busca tesoros pero es una idea equivocada. La arqueología busca formas de cultura en todas sus facetas.

(Informático de 40 años con estudios universitarios)

Desde el punto de vista económico es un tipo de turismo que está en auge. Desde el punto de vista cultural es fundamental.

(Funcionario de 53 años con estudios universitarios)

El conocimiento siempre es positivo, aunque dando una visión general de lo que piensa la sociedad no va a ser muy apreciado el trabajo de investigación que llevan a cabo los arqueólogos.

(Técnico de laboratorio de 23 años con estudios de grado medio)

3. Creo que gran parte de lo que sabemos acerca de nuestro devenir es gracias a la arqueología. Además es una bonita forma de conjugar ciencia y fantasía (esto es una opinión personal). Sin embargo, creo que no trae el beneficio final que debería, pues como dice el dicho “El hombre es el único animal que cae dos veces con la misma piedra”. Aún así, me parece que trae más beneficios que perjuicios.

(Ingeniero agrícola de 32 años con estudios universitarios)

2. En documentales varios, exposiciones, excursiones… Depende del formato mostrado me ha parecido aburrido o, por el contrario, bastante interesante.

(Estudiante de Psicología de 23 años)

 3º) Supongo que sí. La arqueología ofrece entender y conocer la forma de vida y saber cómo éramos tanto hace poco tiempo como hace miles de millones de años.

(Celadora de 23 años con estudios básicos)

1º La ciencia que estudia los restos humanos y se trabaja sobre el terreno. Paciencia mucha paciencia.

(Sanitario de 45 años con estudios de grado medio)

“-Si algunos programas sobre Atapuerca; me interesa ese tema al fin y al cabo. Son nuestros antepasados.

-Si, aunque parezca que es un trabajo sin importancia. Son nuestros origenes. algo muy importante para realizarnos como personas y saber de donde y como venimos.

(Auxiliar de enfermería con estudios de grado medio)

1º) El estudio de viejas o antiguas culturas humanas. La mayoria de los arqueologos definierón la arqueologia. Como el “estudio sistematico de los restos materiales de la vida humana ya desaparecida.”

(Técnico de laboratorio de 52 años con estudios de grado medio)

1º Creo que con escavaciones y estudios saben la evolución humana.

(Auxiliar de enfermería de 23 años con estudios de grado medio)

1) Ciencia que estudia la culturas antepasadas. Su forma de trabajo es la correcta, investigando todos los datos.

(Técnico de laboratorio de 29 años con estudios de grado medio)

2. A través de la T. V.

Los arqueólogos son personas que dedican su vida a viajar y encontrar cosas nuevas.

(Enfermera de 29 años con estudios universitarios)

El objeto de la arqueología es el conocimiento del hombre en la prehistoria. Su trabajo es de campo a través de la observación, comparación, así como de otras disciplinas y técnicas auxiliares.

Televisión. Impresión; cuanto más se estudia, más conscientes somos de lo poco que se sabe de la humanidad.

Sí. Todo el mundo debe saber sobre sus orígenes para poder planificar su futuro.

(Trabajadora social de 39 años con estudios universitarios)

1/ La ciencia que estudia los restos tanto humanos como materiales de nuestros antepasados.

2/ Revistas, TV,… (En campo). (Mi hijo estudia historia).

3/ Sí. Porque así descubrimos nuestros orígenes, modos, costumbres y medios de vida. A través de los restos… huesos, vasijas, construcciones, etc. Todo ello recogido en el trabajo de campo y luego clasificado y estudiado en el laboratorio.

(Electricista de 46 años con estudios de grado medio)

1. Estudia los restos pasados de otras civilizaciones. Tiene varias maneras de estudio, desde cepillos de dientes para buscar minuciosamente entre la tierra hasta modernas máquinas q restauran piezas extraídas de hace miles de años.

2. He tenido q ir al Museo Arqueológico alguna vez d pequeño xa hacer algún trabajo, la verdad es q me gustaba bastante, xo no recuerdo de q trataban los trabajos.

(Estudiante de Periodismo de 21 años)

 1º Creo que la arqueología tiene como función traernos de vuelta todos aquellos restos históricos que se han ido perdiendo con el tiempo, restos que nos ayudan a entender lo que somos ahora, lo que ha sido la humanidad y el mundo y lo que actualmente es; en definitiva, nos ayuda a comprender la evolución del universo a través del pasado de forma científica y tangible.

2º En la actualidad no he tenido ningún contacto cercano a la arqueología, aunque en mis sueños de infancia si quise ser una Indiana Jones.

(Estudiante de Comunicación Audiovisual de 21 años)

2. Sí, en la secundaria. En la materia Historia hicimos un poco de práctica desenterrando cosas y pensando que podían ser (paleontología y arqueología)

(Doctoranda argentina de 29 años con estudios universitarios)

BIBLIOGRAFÍA

            Dado que los aspectos de que hablo en el trabajo no han sido muy tratados por la bibliografía, lo que recojo son sobretodo manuales sobre teoría y otros trabajos de interés, así como las pocas referencias que he encontrado y los títulos, artículos de prensa, páginas web… de que hablo en el trabajo.

            A la hora de citar, sólo voy a indicar las citas textuales y las ideas originales, pues la mayoría de las generalidades de las que hablo pueden venir recogidas en otros trabajos, pero no están tomadas directamente de ellos, sino que pienso que forman parte del bagaje cultural y teórico de cualquier arqueólogo.

MANUALES Y TÍTULOS DE INTERÉS

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“Sólo cuando la ciencia sea vista como una institución social –con preocupaciones sociales- por la inmensa mayoría de la población, y no únicamente como algo bueno que no se sabe muy bien qué hace y quiénes la practican, será posible emprender la tarea de una cultura de la alfabetización científica eficaz.”  

 (Polino 2000: 61)


[1] El docushow puede definirse como un documental o un reportaje informativo y que se distingue del reportaje periodístico televisivo habitual porque puede incorporar algunas técnicas polémicas como la cámara oculta o la simulación de una situación real, que sucedió en el pasado, pero que se ficciona para que el espectador no tenga que imaginarse cómo pasó.” (Elías Pérez 2004: 171).