ARQUEOWEB.
REVISTA SOBRE ARQUEOLOGÍA EN INTERNET
11, 2009
EL
POBLAMIENTO ALTOMEDIEVAL EN EL CONCEJO DE GRANDAS DE SALIME (ASTURIAS). UN
ACERCAMIENTO DESDE
Pablo Folgueira Lombardero
Arqueólogo,
licenciado en Historia
Resumen: este artículo muestra las primeras conclusiones a las
que hemos llegado sobre el poblamiento altomedieval en el concejo asturiano de
Grandas de Salime. En un primer momento, explicamos cómo el contexto geográfico
condiciona las actividades que se llevan a cabo en el medio, para,
posteriormente, describir las bases económicas desarrolladas en él. Después, el
estudio de la red viaria nos ayudará a comprender la articulación territorial.
Por último, llevaremos a cabo una somera descripción de las características que
definen el poblamiento de esa zona, a la espera de que la evolución de las
labores investigadoras matice nuestras conclusiones.
Abstract: This article shows our first conclusions about the early medieval settlement
in Grandas de Salime (
1. INTRODUCCIÓN.
El concejo de Grandas de Salime está siendo objeto de una
intensa actividad arqueológica desde hace varios años, dentro del marco del
Plan Arqueológico de
2. CONTEXTO
GEOGRÁFICO.
El concejo de Grandas de Salime se encuentra
en la zona suroccidental de Asturias, perteneciendo al partido judicial de
Castropol. Ocupa una superficie total de 118’5 kilómetros cuadrados (Quirós,
1993: 40), y limita con los concejos asturianos de Allande, Pesoz, Santa
Eulalia de Oscos y San Martín de Oscos, y con los concejos gallegos de
Fonsagrada y Negueira de Muñiz. Tiene una población de unos 1400 habitantes, de
los que 640 viven en la capital del concejo (Naveiras, López y Graña, 2001: 11).
No obstante, el municipio sufre una progresiva disminución del número de
habitantes y de la densidad de población durante las últimas décadas.
Para poder comprender en toda su extensión
cómo la geografía y el relieve condicionan la realidad grandalesa, vamos a
referirnos brevemente a las características de este relieve.
Geológicamente, este territorio está en la
zona asturoccidental-leonesa, en terrenos constituidos por materiales del
Paleozoico Inferior, deformados durante la orogénesis herciniana, más
exactamente en la unidad del Navia-Alto Sil. En concreto, la zona
correspondiente a Grandas de Salime, se sitúa en el tercio occidental del
Macizo Asturiano, territorio en el que predominan las pizarras paleozoicas del
Silúrico y el Ordovícico Superior. De hecho, están documentadas las canteras de
pizarra (Muñoz Jiménez, 1982: 23-25; Marcos, 1973: 11; Villa, 1992: 223;
Riesgo, 1992:150; Madoz, 1985: 190).
A ambos flancos del anticlinal de San
Martín, por encima de las Pizarras de Luarca, se sitúa una formación
turbidítica, denominada Formación Agüeira, cuyo techo se halla truncado por la
erosión o por una superficie de cabalgamiento. Esta formación ocupa un surco
longitudinal a las estructuras diferenciado dentro del Dominio del Navia y el
Alto Sil. Además, está constituida por una alternancia de areniscas, formadas
por granos detríticos cementados por una matriz arcillosa, siltitas y pizarras,
con algún nivel de cuarcitas (Marcos, 1973: 34).
Esta zona tiene una importante riqueza
mineral, diferenciándose en ella tres tipos de minerales: en primer lugar los
minerales de hierro, en segundo lugar, las mineralizaciones de plomo-zinc, y
por último las concentraciones de otros metales. Los minerales de hierro
suponen el grupo más amplio, y se concentran en forma de mineralizaciones
filonianas, como la que se encuentra en la zona de Monteserín Pequeño. Las
mineralizaciones de plomo-zinc pueden presentarse juntas, constituyendo
sulfuros, o, como suele ser más habitual, en yacimientos en los que el zinc es
escaso o inexistente. Por último, hay también algunos escasos indicios de
cobre, manganeso y otros metales, que se suelen presentar en relación con los
anteriores. Entre éstos destaca el oro, hasta el punto de que justificó la
presencia romana en esta zona. De hecho, en la zona asturiana, la explotación
de la minería aurífera se habría llevado a cabo por los romanos de manera
estacional debido a la disponibilidad de los recursos hídricos; se habría
desarrollado con seguridad desde mediados del siglo I después de Cristo, aunque
es posible que pudiera remontarse ya a la época de Augusto. De esta manera, la
incorporación al Imperio Romano supondría el inicio de una serie de profundas
transformaciones estructurales, que serán visibles sobre todo a partir de la
época Flavia, momento que supone el cenit de la explotación minera aurífera en
esta zona. Además, el oro asturiano habría servido para comprar fidelidades en
la carrera hacia el trono imperial, como en el caso de Galba, el primero en
levantarse contra Nerón. En este caso se explica porque Galba era el gobernador
de la provincia Tarraconense (a la que pertenecía Asturia) y por ello controlaba las minas de oro de la zona (Villa,
2005a: 209; Fernández y Morillo, 1999: 60-72; Camino y Viniegra, 1993: 149).
3. ELEMENTOS
CARACTERIZADORES DEL POBLAMIENTO ALTOMEDIEVAL EN EL CONCEJO DE GRANDAS DE
SALIME.
Para reconstruir el poblamiento de un lugar en tiempos
pasados no basta con certificar la ocupación de ese lugar, es necesario
reconstruir también los sistemas productivos y organizativos (Ortalli, 1996:
17). Por eso, en este apartado vamos a referirnos a todos aquellos elementos
que sirvieron para definir y articular la ocupación del territorio de Grandas
durante
3.1. Elementos
definidores: las bases económicas.
Las actividades económicas pueden ser
determinantes a la hora de definir el poblamiento de cualquier lugar, ya que
suponen la necesidad de situar los lugares de habitación cerca de los lugares
de aprovechamiento agropecuario o cerca de las fuentes de energía o de las
materias primas. Tal vez resulte complejo poder documentar dónde pudieron estar
los asentamientos medievales, ya que con la vuelta a modos de producción menos
complejos se usarían materiales perecederos y por ello nos faltarían muchos
restos materiales (Valenti, 2004: 19; Christie, 2004: 9). Sin embargo, pese a
la aparente escasez de testimonios, sí podemos intentar acercarnos a las
actividades productivas de las gentes de aquella época y conocer en qué lugares
las llevaban a cabo apoyándonos en diversas fuentes. En este sentido, la
toponimia nos prestará una ayuda fundamental, ya que documenta actividades,
como la metalurgia, que no han dejado ninguna prueba material, aunque debemos
recordar que no nos facilitará referencias cronológicas.
3.1.1. Las
actividades agropecuarias.
Las actividades económicas de mayor importancia durante la Edad Media
y hasta hace relativamente poco tiempo fueron la agricultura y la ganadería. De
hecho, su preponderancia se debe a la cierta regresión que sufrieron las actividades
económicas después del colapso del sistema productivo romano. De este modo, la
ganadería, la agricultura y, en menor
medida, la pesca y la caza, volvieron a ser las actividades más importantes,
especialmente la ganadería. Además, los lugares en los que llevar a cabo
intercambios comerciales no abundaban, lo que además se relaciona con el hecho
de que apenas se conozcan la dedicación comercial o el uso de la moneda. Todo
este cambio en la orientación económica dará lugar a unas formas de propiedad
que dependen enormemente de los aprovechamientos económicos de las tierras
(Benito Ruano, 1990: 351; Benito Ruano y Fernández Conde, 1977: 102-103 y 150).
El actual concejo de Grandas de Salime es una zona en la que, en
general, las tierras son poco fértiles, aunque determinados lugares de ese
concejo, como Castro, Chao de Cereixeira o Salime sí pudieron ser lo bastante
fértiles como para explicar una cierta preferencia por la agricultura (Villa,
1998: 38; Villa, 2005c: 51; Álvarez Castrillón, 2001: 46; Riesgo, 1992:
162-163).
La agricultura tradicional de esta zona
siempre se caracterizó por el predominio del policultivo de subsistencia
orientado al consumo familiar, policultivo en el que también se incluyó durante
ciertas épocas el viñedo (Riesgo, 1992: 155-156).
El mayor problema para acercarnos a la
economía altomedieval en general y a la agricultura y la ganadería en
particular se debe a la falta de evidencias documentales conservadas. En
efecto, en las fuentes diplomáticas no hay testimonios directos de una
orientación agrícola o ganadera, aunque el uso de ciertos términos como “villa”, que aparece en un documento de
En primer lugar, sería deseable conocer qué productos se cultivaban en
la época que es objeto de nuestro estudio en esta zona. Así, sabemos que en la
actualidad, en Grandas se cultivan, entre otros productos, centeno, mijo, avena, trigo y hortalizas, y
parece que algunos debieron ser cultivados también entonces. En general, hoy
predominan en Grandas las tierras de arbolado y, en menor medida, de matorral,
pero en las zonas que aparecen documentadas en los diplomas medievales,
predominan las tierras de orientación agraria (Rodríguez Gutíerrez, 1992: 149;
Madoz, 1985: 190-191).
Si, en general, el pan era el alimento
básico de los pobres, parece lógico pensar que se cultivaría cereal incluso en
lugares poco propicios para ello debido a la escasez de relaciones comerciales.
Para alimentarse, los campesinos del siglo IX necesitaban cultivar cereales,
aunque el clima o la tierra no fueran favorables. Por eso, el cereal fue el
cultivo predominante en muchos lugares. No obstante, en general en el Occidente
de Asturias la producción cerealista siempre ha sido deficitaria, aunque aún
hoy el trigo aparece en esta zona como un cultivo de verano (Bloch, 1978:
119-120; Duby, 1991: 21; Gutiérrez González, 1985: 95; García García, 1980:
362).
Sin embargo, con el paso de los siglos, la
introducción de máquinas, como molinos supondrá un gran avance, y la toponimia
nos permite conocer la existencia de algunos, aunque no nos permite precisar el
momento en el que aparecen. Por ejemplo, el topónimo de “El Molín da Cova”
haría referencia a la existencia de un molino en el que se haría harina (Fossier,
1984: 490-491; García Arias, 2000: 359-360).
También se cultivaría la vid, ya
en general en Europa hubo una gran difusión del viñedo debido a su importancia
en la economía señorial, hasta el punto de que se cultivaba en cualquier parte
que permitiera una producción más o menos importante, igual que ocurría con el
cereal. La vid aparecería en Asturias pronto, cultivándose en los valles del Navia
y del Narcea. De hecho, resulta
llamativo el porcentaje de tierra en la que se cultivaba el viñedo, que en el
Suroccidente de Asturias era particularmente importante, aunque se solía
cultivar en parcelas modestas. En el caso de Grandas, se sabe que la
construcción del embalse de Salime anegó tierras ribereñas del Navia en las que
se cultivaban vides, lo que podría relacionarse con una tradición secular en su
cultivo (Bloch, 1978: 121; Glick, 1991: 123-124; Suárez Álvarez, 1990: 300; García
García, 1980: 364-365; Fernández Conde, 1993: 72).
Además ciertos topónimos grandaleses pueden
indicarnos la existencia de otros cultivos. Así, el topónimo “El Fabal”,
documentado en las parroquias de Grandas y Trabada, nos remite al cultivo de
habas. Tampoco debemos olvidar que ya en época castreña se
conocían los telares, de modo que es probable que se cultivaran plantas
textiles para obtener una producción textil a pequeña escala. De hecho, un
topónimo, “A Lieira”, remite al cultivo del lino. La cría de ovejas, también
conocida desde
Otros topónimos que nos remiten a la
actividad agrícola podemos encontrarlos en la parroquia de Negueira, donde
encontramos “Hortas” (“huertas”) y “Arroto Blanco”, que hace referencia a los
terrenos roturados, igual que el topónimo “Arrotón”, en Penafonte. En la zona
de Castro, la toponimia menor también nos remite a la agricultura, ya que
existen topónimos como “El Arrotu”, “Hortonovo” y “Vilar” (García Arias, 2000:
384)[4].
La toponimia también nos remite a un interés
por poseer la tierra, dándonos medida de la importancia que se le concedía,
como vemos en topónimos como “Valdedo”, que puede venir del término
latino “vallem” al que se habría
añadido el nombre de un antiguo posesor. Asimismo, “Villabolle”, que nos remitiría a un posesor llamado Abullius, o
“Villarpedre”, a uno llamado Pedro, en una forma muy habitual desde época
romana y hasta el siglo X (García Arias, 2000:101 y 277-279; García Arias,
1995: 76).
En lo que se refiere a la ganadería, hay
ciertas zonas como
En la zona de Los Oscos la ganadería
extensiva era muy importante en
En Grandas la toponimia nos remite también a
la actividad ganadera. De este modo, los topónimos “Busmayor” y “Buspol” vienen
del latín “(com)bustum”, que significa “quemado”, es decir, terreno ganado al monte
mediante la quema para obtener pastos (García Arias, 2000: 379-381), ya que además,
en el caso de Buspol, se trata de zonas de matorrales[6] que
sería necesario quemar para que en ellas brotaran los pastos.
“Veigaicima” también parece remitir a un
lugar de pastos o de producción de forraje. Otros topónimos, como “Paradela”,
parecen relacionarse con majadas o paradas de caballos (García Arias, 2000:
121-122 y 249-250). Se documenta igualmente el topónimo “Pastizal de Robledo”,
que también nos parece bastante claro.
Las brañas eran lugares de dedicación
pastoril, relacionadas normalmente con la trashumancia, que implica la
necesidad de mover el ganado en busca de pastos (García García, 1980: 211-212).
En Fonsagrada, muy cerca de la frontera entre este concejo y el de Grandas se
documenta el topónimo “Branavella”[7], que remite claramente a
esta actividad. No es descabellado pensar que las mismas hipotéticas rutas de
trashumancia pasaran por las tierras de lo que hoy es Grandas.
No consideramos correcto referirnos a la
cría de abejas como ganadería, pero es bien sabido que esta actividad tuvo
cierta importancia debido a la producción de un edulcorante tan apreciado como
es la miel. Además, las abejas también producen cera, muy utilizada en las
iglesias en forma de velas. En Grandas, además de por las evidencias
etnográficas[8], la cría de abejas parece
documentada por un topónimo como es “Valabilleiro”. Esta actividad fue algo
habitual hasta hace relativamente poco tiempo, y así a mediados del siglo XVIII
está documentada en el Catastro de
Ensenada (García Arias, 2000: 181; Martínez Cachero, 1960: 56).
En la economía agraria del siglo IX, que
puede que manejara unos medios bastante precarios, tenía también mucha
importancia la explotación forestal. En este caso, la toponimia también puede
ayudarnos a documentar esos aprovechamientos forestales, con topónimos como por
ejemplo “Cereixeira” que remite a un lugar donde se dan las cerezas;
“Nogueiróu” a un lugar donde hay nogales, y “Robledo”, “Carballo de Cuito” y
“Carballofalso” vienen de distintas formas de roble (Fossier, 1984: 483; García
Arias, 2000: 177-185).
Acabamos de ver una orientación económica predominantemente agraria,
gracias a la cual en Grandas habría sucedido lo que ha demostrado Ernesto
Pastor que sucedió en Castilla, es decir, que se produjera un crecimiento
económico debido al trabajo de pequeños campesinos, frente a la aristocracia
ganadera. Su trabajo hizo que entre los siglos XI y XIII se diera un proceso de
desarrollo parejo al que se dio en otras zonas de Europa Occidental. Sin
embargo, ante la importancia de la agricultura y las posibilidades que ésta
ofrecía de cara a la apropiación de excedentes, los aristócratas irán poco a
poco haciéndose también con las tierras agrícolas, obligando a sus habitantes a
aceptar el sistema feudal (Pastor, 1996: 107; Bonnassie, 1988: 9).
3.1.2. La actividad
metalúrgica.
En la Edad Media el metal tuvo mucha
importancia económica, pese al hecho de que la mayor parte del instrumental era
de madera. En realidad, es muy posible que en muchos casos el hierro se
relacionara con las necesidades de las personas más pudientes (Cima, 1991:
42-98; García de Cortázar, 1982: 29-30).
Antes de referirnos de manera detallada a la
actividad metalúrgica en Grandas, vamos a aclarar algunos conceptos, porque en
ocasiones puede haber confusiones entre los diferentes términos que hacen
referencia a la metalurgia; en concreto nos referimos a los términos
“ferrería”, “mazo” y “fragua”. La ferrería es el lugar en que se obtiene el
hierro metal a partir del mineral; el mazo o martinete es el utensilio con el
que se trabaja ese hierro, y en la fragua se acaba y da forma a los utensilios.
La confusión suele deberse al hecho de que muchas veces estos elementos
aparecían asociados en un mismo edificio (López y Graña, 1998: 15).
Las personas que trabajaban en estos lugares
solían tener una consideración especial, ya que el herrero, el que da forma al
hierro y maneja el fuego, es un artesano indispensable que suele trabajar para
los grandes señores (Fossiér, 1984: 356). La importancia que se concedía a los
herreros se ve en la documentación, como en un documento coriense tardío, dado
en Cangas en 1387, en el que uno de los testigos es “Johan Joanes, Ferrero”
(García Leal, 1998: 108-109). Si firma indicando su actividad es porque ésta
estaba bien considerada. Con el paso del tiempo, la metalurgia llegará a tener
una enorme importancia para el suroccidente asturiano, ya que en el siglo XVIII
será una actividad centrada prioritariamente en esta zona de Asturias (Martínez
Cachero, 1960: 61 y 64).
En el caso concreto de Asturias, durante la
Edad Media la actividad metalúrgica fue muy importante. En general, solía
llevarse a cabo en ferrerías de dimensiones modestas, que obtendrían el mineral
de venas próximas y abastecerían las necesidades del vecindario. En el centro y
Occidente de Asturias, los yacimientos férricos se encuentran en formaciones de
materiales paleozoicos. Pero en el Occidente no sólo se explotó el hierro, sino
también el plomo y el estaño (Fernández Conde, 1993: 273; Gutiérrez González,
1999: 4; Gutiérrez, Argüello y Larrazábal, 1993: 905 y 912).
Ya habíamos comentado que en Asturias en
general y en esta zona en particular se conocía desde hacía muchos siglos la
actividad metalúrgica, y, al igual que en el resto de Europa a partir del siglo
X se documentan la explotación del mineral de hierro y la construcción de
edificios en los que transformarlo. En estos tiempos, la ubicación de las
ferrerías dependía de la disponibilidad de combustible, es decir, de la
disponibilidad de madera, lo que suponía situar las ferrerías en las
inmediaciones de los bosques (Villa, 2004: 256-259; Fossier, 1984: 494; López y
Graña, 1998: 17).
A partir de finales del XI o principios del
XII se hace necesario trasladar las ferrerías y mazos del bosque a los cursos
de agua, porque hace falta su fuerza al introducirse el uso de maquinaria
hidráulica. La ferrería pasa así a estar en los dominios de un señor en cuyas
tierras hay bosques y cursos de agua. Entre esos dominios se encuentran los de
los monasterios cistercienses, en los que se llevará a cabo una intensa
actividad metalúrgica. En el Norte de España esta maquinaria hidráulica se
documenta desde el siglo XIII, aunque en Asturias no hay indicios claros hasta
el XV. Su fuerza motriz era, evidentemente, el agua, y en esta época el mineral
usado en Asturias era de origen vizcaíno (Cima, 1991: 177 y 200; Fossier, 1984:
497; López y Graña, 1998: 15; Gutiérrez, Argüello, Larrazábal, 1993: 909-9101;
Gutiérrez et alii, 1999: 25).
En
Asturias la minería y la metalurgia pueden asociarse a producciones de
comunidades rurales controladas por unos señores feudales que hacen que la
producción se incremente, en un proceso iniciado ya en época de
Acercarnos a la actividad metalúrgica en
Grandas nos presenta algunos problemas, siendo el principal de ellos la escasez
de evidencias materiales para épocas pasadas. Otro problema que se nos presenta
es el hecho de que las pocas evidencias conservadas son, como sucede en el caso
de concejos limítrofes, tardías. Entonces, para acercarnos a esta actividad tenemos
que servirnos de otras fuentes.
De este modo, es la evidencia etnográfica la
que nos aporta esas evidencias materiales tardías, y así nos documenta el hecho
de que la metalurgia fue una importante actividad tradicional (Naveiras, López
y Graña, 2001: 37). Por otro lado, la toponimia también nos será muy útil, ya
que en Grandas y en concejos limítrofes la actividad metalúrgica parece
sugerida por una gran cantidad de topónimos que remiten a ella. Por ejemplo,
hay varios topónimos que son “Mazo”, en la parroquia de
Muchos de los topónimos documentados (A
Ferrería, Mazo de Río de Cabalos, Chao da Bola…) se hallan en lugares propicios
para la actividad metalúrgica. En efecto,
Pero esta toponimia no es exclusiva de
Grandas. En concejos cercanos se documentan también topónimos parecidos, como
“Villarmazo”, en San Martín de Oscos; “Mazonovo”, “A Ferrería” o “Ferreiróus”
en Fonsagrada; “Fornos da Fucoca” en Negueira, y “
Vemos así que en Grandas se conoció y se
explotó el hierro en la Edad Media, con referencias etnográficas, toponímicas y
documentales, aunque tardías, que nos llevan a considerar que esta actividad
tuvo una importancia capital en la economía medieval, pero que esa explotación
se dilató en el tiempo de manera muy clara[12].
Sería deseable que en años venideros la investigación arqueológica nos brindara
datos que vinieran a confirmar y completar estas referencias.
3.2. Un
elemento articulador del doblamiento en la Alta Edad Media: la red viaria.
La red viaria medieval fue, en general, un
elemento articulador del poblamiento que permitía el contacto entre los
diferentes núcleos habitados, además de tener un influjo determinante en la
creación de nuevos asentamientos, por un interés lógico por tener acceso a esas
vías de comunicación preexistente. No obstante, en el caso concreto de Grandas
de Salime la red viaria presenta un matiz particular, puesto que no sólo es un
elemento articulador, sino que podemos considerarla también un elemento
definidor, debido al hecho de que el camino medieval de mayor importancia, el
Camino de Santiago, se servía a su paso por Grandas del trazado de la antigua
vía romana, en la que el castro de Chao Samartín, fundado en la Edad del
Bronce, e identificado con
Suele considerarse casi como un tópico que a
lo largo de la Edad Media se conservó, en mayor o menor medida, la antigua red
viaria romana. Esto era debido a que en los caminos medievales españoles
faltaba el firme y tenían una escasa calidad técnica, porque no estaban
planificados por ingenieros especializados, y por eso se usaban las vías
romanas, que no sufrieron reparaciones hasta el siglo X, siglo a partir del
cual se empezaron construir caminos nuevos que permitían comunicar entre sí
monasterios, castillos, ferias… En Asturias además había unas condiciones
especialmente desfavorables para las comunicaciones, por el relieve y la
climatología (Ríu, 1977: 428; Moreno, 2001; Boüard, 1977: 39; Uría, 1993:
193-195).
Un ejemplo de la reutilización de estas vías
romanas a lo largo del Medievo lo tenemos en León, donde
En el norte de
El origen del culto a Santiago habría que
buscarlo en el reinado de Mauregato, aunque el mito de la predicación de
Santiago en
La difusión del culto jacobeo se produce en
época de Alfonso II, en cuyo tiempo se descubrió-inventó el sepulcro del
Apóstol, hecho que, curiosamente, no se menciona en las Crónicas. El culto lo
inició el propio rey, que hacia 829 realizó una generosa donación, ya que
levantó en Compostela una pobre iglesia sobre la que más tarde se levantaría
una más grande construida por Alfonso III el Magno y consagrada en
Con el inicio del culto se inició también la
peregrinación, que llevó a la institucionalización del Camino. Esta ruta
adquirió un carácter internacional en el tránsito del siglo X al XI, y vivió su
momento de esplendor en los siglos XI y XII, decayendo en el XIV por la peste,
las guerras entre cristianos y la división de
Refiriéndonos ya más concretamente al Camino
por el suroccidente asturiano, por allí pasaba la ruta que venía desde León
para pasar por Oviedo y venerar las reliquias de San Salvador, el llamado en
aquella época “Camino Francés” (Suárez Beltrán, 1994: 214-215; Fernández Conde,
1993: 237). Se trata de la vía interior, la más frecuentada en la Edad Media,
por encima de la ruta costera. Desde Oviedo el trazado de la vía se dirigía
hacia Cabruñana, Cornellana, Salas y
Una vez en el concejo de Grandas, el Camino
de Santiago lo cruza de Este a Oeste, a lo largo de 29’6 kilómetros. Llega por
el puerto de El Palo a
En el concejo habría una importante
infraestructura durante las Edades Media y Moderna para atender a los
peregrinos. Así, en
En el Concejo de Grandas, el Camino de
Santiago, además de su evidente función como vía de peregrinación, tendría un
papel determinante en relación con el poblamiento, al unir los núcleos
habitados, permitiendo así un fácil movimiento de gentes y mercancías. El
Camino sería así un elemento vertebrador del poblamiento, al unir los
asentamientos y dinamizarlos, puesto que las fundaciones de albergues y
hospitales convertían esos lugares en puntos de parada obligados. Todo esto
haría que aquellos lugares por los que pasaba el Camino y en los que los
peregrinos se detenían se convirtieran en lugares especialmente activos
económicamente, porque atraerían a comerciantes interesados en vender sus
productos a los peregrinos.
A la vez, el Camino de peregrinación supuso,
no sólo para Grandas, sino en general para todo el Noroeste peninsular, una
nueva organización del espacio y una reactivación de la vida económica. No
obstante, parece que la organización de espacio asturiano no tiene demasiado
que ver con las peregrinaciones. Lo que vemos es la adaptación del flujo de
peregrinos a una vía que ya desde
Hemos visto cómo el Camino de Santiago cruza
Grandas todavía hoy, articulando el espacio como ya lo había hecho en época romana y permitiendo el
contacto entre los núcleos de población. De hecho, si una vía se utiliza es
porque tiene esa capacidad de articulación. La importancia del Camino de
Santiago fue innegable durante la Edad Media, ya que supuso el aumento de los
contactos de diversa índole con otros lugares de Europa y permitió la difusión
de, por ejemplo, el Románico, estilo que también llegó a Grandas, como se ve en
la fábrica de la colegiata de San Salvador, del siglo XIII (García de Cortázar,
1994: 157; Valdeón, 2005: 78-79; Hevia et
alii: 1995-1996: 74).
En el caso de Grandas creemos que su
importancia tuvo que ser capital. En efecto, aunque ahora el Camino de Santiago
es una ruta más turística que otra cosa y las vías de comunicación más importantes
poco tienen que ver con él, no cabe duda de que en la Edad Media canalizó los
flujos de gentes, mercancías e ideas de manera clara, siendo una vía de
comunicación de primer orden. Su paso por Grandas debió de significar la
llegada a esas tierras de gran cantidad de influencias. La cantidad de personas
que cruzaban estos territorios queda demostrada por la cantidad de hospitales y
albergues que se fueron fundando a lo largo de la Edad Media y
4.
PRIMERAS CONSIDERACIONES ACERCA DEL POBLAMIENTO ALTOMEDIEVAL GRANDALÉS.
Con todo lo que hemos comentado hasta el momento, podemos
comentar una serie de características del poblamiento de
En primer lugar, que, como es lógico, se trata de un
poblamiento que depende en gran medida de la disponibilidad de recursos. En
efecto, como habían señalado Hodder y
Orton, la distribución de las unidades poblacionales puede obedecer a la
potencial disponibilidad de recursos (Hodder y Orton, 1990: 99), y eso es lo
que sucede en el concejo de Grandas. A la vez, el poblamiento grandalés se
caracteriza también por la situación de los asentamientos en las inmediaciones
de las vías de comunicación, lo que, unido a lo que acabamos de comentar, da
lugar a un espacio de aprovechamiento económico de carácter radial, tal como
defendía Margarita Fernández Mier (Fernández Mier,1996: 292), en el que el
núcleo de población se sitúa en el lugar central desde el que se accede
igualmente a los espacios de aprovechamiento agrícola, ganadero y a las vías de
comunicación, tal como vemos en este gráfico:

Fig 1. Modelo ideal del poblamiento
altomedieval grandalés.
En el gráfico vemos un modelo ideal del poblamiento
altomedieval en Grandas dentro de una economía que podríamos definir como de
carácter radial. En él, A es el asentamiento que se sitúa en el lugar central
desde el que se accede igualmente a los terrenos de aprovechamiento agrícola
(B), que suelen situarse en las zonas bajas, y a los lugares de aprovechamiento
ganadero (C), que están en zonas más elevadas. A la vez, desde ese lugar
central se tiene acceso a las vías (D) que permiten la comunicación con otros
núcleos habitados (A’ y A’’). Esta estructura del poblamiento continúa siendo
visible aún hoy, como vemos en esta fotografía de Vitos:

Fig 2. Fotografía en
la que se observa cómo el modelo de poblamiento propuesto continúa siendo
observable (Fotografía: P. Folgueira).
Ahora que hemos definido someramente cómo es
el poblamiento altomedieval en Grandas, vamos a ver de qué manera se concretaba
ese poblamiento en los puntos en los que han quedado testimonios.
El primer núcleo grandalés que se cita en la
documentación es una villa en Castro, mencionada en un documento de cesión del
año 857 (García Larragueta, 1962: 136-137), documento que sin embargo, sería
falso (Fernández Conde, 1971: 144-151). No obstante, a pesar de la falsedad del
diploma, sabemos que el lugar estaba habitado porque en el antiguo castro de
Chao Samartín, situado en las inmediaciones, se llevaron a cabo enterramientos
durante los siglos VIII, IX y X (Villa, 2005c: 61 y 116-117; Villa, 2007:
132-133). De hecho, la toponimia del castro, ya catalogado por José Manuel
González (González y Fernández Valles, 1966: 266), había llevado a este mismo
investigador a suponer que allí habría existido un lugar de culto a San Martín
(González y Fernández Valles, 1977: 68), culto que se relacionaría con una
cristianización del culto a Marte (García Arias, 2000: 432). Además, están documentados
expolios de piedra que podrían relacionarse con la construcción de algún tipo
de edificio cultual en relación con la necrópolis (Villa, 2007: 133), tal como
había comentado José Manuel González (González y Fernández Valles, 1977: 68-70).
Nos encontramos aquí con la reutilización de un antiguo asentamiento romano con
un nuevo uso. Se relacionaría con una reocupación llevada a cabo por una
comunidad prefeudal que tiene cierta autonomía y que da un nuevo uso a un
antiguo espacio (Gutiérrez González, 2002: 301-302).
Castro es un lugar más o menos llano[13],
situado en una zona fértil (Villa, 1998: 38; Villa, 2005c: 51), a unos
En el año 972 tenemos el diploma mediante el
cual Tructinus Veremudiz dona varias propiedades (García Larragueta, 1962:
109-112; Suárez Beltrán, 1986: 125; Álvarez Castrillón, 2001: 84). Sin embargo,
este documento también se considera falso en su mayor parte (Fernández Conde,
1972: 119), pero aún así resulta interesante comentar qué propiedades se donan,
porque el diploma hace referencia a lugares que pudieron estar realmente
habitados en el siglo X, debido a que se encuentran en lugares en los que la
toponimia y las características geológicas y de vegetación no son demasiado
diferentes a las de lugares que estaban habitados en esa época[17].
Se menciona el monasterio de San Salvador,
en el lugar de Dubris, en Grandas, en la única mención del diploma que se
considera auténtica (Fernández Conde, 1972: 119). Se trataría de una pequeña
fundación monástica, que no pasaría de ser una pequeña fundación piadosa
(Benito y Fernández, 1977: 90-91). Se encontraría en un valle a unos
En el mismo documento se dona la villa de
Trabada (Tabulata en el diploma),
situada al Oeste de Castro, a unos
La villa de Vitos (Bito en el diploma) también aparece documentada en el diploma de
Tructinus. Está situada a media ladera, a unos
Se menciona en el diploma el topónimo de
Salime, haciendo referencia al pueblo hoy anegado por la construcción del
embalse y que sería el centro de una unidad territorial de cierta importancia.
El hecho de que hoy esté anegado sitúa
ese centro territorial por debajo de los
La villa de Villarpedre, que en el diploma aparece como “Villar Petri”, también se menciona en
ese diploma de donación. El topónimo nos indica propiedad, la villa de Pedro,
en una forma muy habitual en los tiempos anteriores al siglo X (García Arias,
1995: 76), lo que es un indicio de su ocupación en esa época. Se encuentra este
lugar a media ladera, a unos 400 sobre el nivel del mar, con el río Navia
relativamente cerca. Se documenta la advocación a Santa María.
La última villa donada por Tructinus y su
mujer sería la villa de Robledo (Rouoreto
en el diploma), situada a una altura de alrededor de
Las villas que se ceden en este diploma nos
remiten a lugares en general bien comunicados, ya que muchos están cerca de
vías de comunicación y en los que la orientación agropecuaria es bastante
clara, como nos indica la toponimia.
En el siglo XI se documenta la existencia en
Castro y Valdedo de comunidades aldeanas en las que la metalurgia era la
actividad económica que completaba a las actividades agropecuarias (Gutiérrez et alii, 1999: 24). En el caso de
Valdedo, el topónimo además parece indicar posesión (García Arias, 2000: 101).
Valdedo está cerca del regato del Soutón, a unos
En un documento del año 1090 se documenta
una heredad en Pelou, propiedad de Monio Sanxiz y Xemeno Sanxiz (García
Larragueta, 1962: 275-279). Este diploma indica claramente la existencia de un
poder feudal al que se sometían los hombres, porque documenta las pesquisas
orientadas a dividir los siervos de Cartavio y Todox. Pelou es un lugar muy
interesante, ya que allí había habido en época romana un castro relacionado con
la presencia militar orientada a proteger el oro extraído de las minas, lo que
supone además que debía de haber algún ramal que comunicase esta zona con la
relativamente cercana vía principal, sobre la que se asienta el Camino de
Santiago. Pelou está a
En un documento de 1139 se cede la villa de
Villarello, Villareio en el diploma (Floriano,
1981: 136-137). Este lugar está situado a media ladera, por encima de los
La última villa mencionada en la
documentación altomedieval es Villabolle (Villabol
en el diploma), mencionada en un documento de cesión de 1166 (Floriano, 1981:
146-147), aunque la forma del topónimo parece remitir a un momento anterior al
siglo X (Aguadé, 1981: 642-645; García Arias, 1995: 76; García Arias, 2000:
277-279), tal vez indicando una dilatada ocupación de ese lugar. Villabolle
está en una zona llana, al Norte del Camino de Santiago, cerca del Arroyo de
Cereixeira y a unos
Muy probablemente, las referencias
documentales nos remitan a comunidades de aldea que poco a poco van cayendo en
situaciones de dependencia, como probaría el
hecho de que el documento del año1090 se refiera a la presencia de
siervos. Poco a poco, las comunidades que antaño habían estado libres de las
cargas señoriales irían entrando en el sistema feudal, sistema que muy
posiblemente estaría consolidado en el siglo XI, en relación con un proceso de
señorialización iniciado ya en el siglo anterior, y al que sería muy permeable
el Occidente asturiano a partir de ese siglo XI (Pastor, 1994: 121-123; Suárez
Beltrán, 1986: 118)[22]. De
este modo, una lectura crítica de las fuentes nos llevaría a considerar que lo
que hubo en el Norte de
No obstante, aunque parece bastante claro el
hecho de que el campo de Grandas estaba inmerso en el sistema feudal, no se
conservan restos de ningún edificio que indique una materialización del domino,
es decir, ningún castillo ni monasterio, que serían la expresión más clara de
un domino feudal sobre un territorio extenso (Gutiérrez, 1998: 194). Sin
embargo, el topónimo “Castiadelo” parece hacer referencia a la existencia de
algún tipo de fortificación, ya que se relaciona etimológicamente con “Castellum” (García Arias, 2000: 330-331).
El proceso de implantación del feudalismo
culminará con la formación del dominio ya plenamente feudal del Cabildo
catedralicio entre los siglos XII y XIV, proceso en el que Grandas tendrá un importante
papel, ya que su administración llegó a ser vital para la economía de
Y es que el modelo de poblamiento de esta
zona no se limita sólo a las características que acabamos de mencionar. En
efecto, sobre esta estructura que cada vez es más feudal, irá asentándose el
poder de
De hecho
Era muy habitual que los primeros lugares de
culto se asentaran sobre estructuras paganas, y en general, sobre lugares de
antigua ocupación que son cristianizados. Por ejemplo, es habitual la
construcción de edificios cristianos en las últimas fases de ocupación de las villae tardoantiguas del Imperio Romano
de Occidente, a partir del siglo VI, que puede responder a la cristianización
de ese espacio, a la donación post
mortem, o a la reocupación de lugares abandonados en busca de lugares con
tradición, como en el caso de la necrópolis del Chao Samartín. Su uso como
lugares de enterramiento supone una ruptura con la tradición funeraria anterior
(Christie, 2004: 12-14; Chavarría, 2004: 81-89). El aprovechamiento de construcciones
paganas explica la aparición de capillas en castros como la antigua Ocela. Estas capillas se situarían allí
con la intención de erradicar las pervivencias paganas (Santos, 1992-1993:
217-218; Fernández Conde, 1993-1994: 54).
De esta manera, en los primeros momentos de
la Edad Media se instalaron iglesias en los lugares centrales de los valles, en
las inmediaciones de las comunidades no sometidas a presión señorial, lo que
significa que hubo una serie de instituciones que jugaron un importante papel
en la consolidación del cristianismo en la región, pero que también aceleraron
el proceso de feudalización (Calleja, 2000: 49; Fernández Mier, 1999: 239).
Si, como sabemos, los enterramientos
medievales se realizaban en torno a una iglesia y fuera del núcleo de población
(Ríu, 1977: 454), es fácil suponer que la ermita de San Martín aglutinaría a la
población que vivía en Castro y en lugares cercanos. De esta manera, la
arqueología nos demostraría que la villa de Castro (siglo IX) mencionada en un
diploma falsificado (Fernández Conde, 1971: 144-151), existió realmente.
El lugar en el que los habitantes de la zona
reciben los sacramentos se convierte así en un lugar de socialización que
además nos indica claramente la presencia humana, porque si hay una iglesia es
porque, evidentemente, hay población que acude a ella, y cuando esta iglesia
está hecha de piedra supone la existencia de una población radicada de manera
permanente en ese lugar. Además, el lugar de culto y el cementerio suelen ser
los únicos restos de aquella época que nos quedan, ya que las viviendas de los
aldeanos estarían hechas con materiales más perecederos, como es conocido en
otros lugares de Europa (Chavarría, 2004: 90; Fossier, 1984: 84-85; Arthur,
2004: 116). La importancia que llegan a tener estos lugares de culto se nota en
el hecho de que las aldeas muchas veces deben su nombre a los santos a los que
se dedican los templos (Arthur, 2004: 122).
Sobre esta primera “capa” de
cristianización,
Llamamos “parroquia” a la forma tradicional
de organización no sólo religiosa, sino también agraria o incluso
administrativa, por lo que su origen es incierto. Pero en cierto momento
llegará a ser una división de la administración eclesiástica, siendo la
jurisdicción de un párroco, pero también era un modo de organizar la actividad
agraria tradicional y de reglamentar los aprovechamientos comunes, surgiendo
así vínculos de solidaridad entre parroquias (Quirós, 1993: 3).
En general, la organización parroquial en
Europa no está asentada a principios del XI (Fossier, 1984: 235). En el caso de
la organización asturiana, ésta debió de empezar a configurarse alrededor de esa
época, aunque la mayor parte de las parroquias se constituirán durante el siglo
XIII; muchas de estas parroquias no aparecen claramente delimitadas en la
documentación (Fernández Conde, 1972: 72; Calleja, 2000: 89).
La parroquia se convierte
así en el primer marco de reagrupamiento de los hombres. La parroquia supone la
creación de una personalidad jurídica, ya que cuando los hombres se reúnen
surge la conciencia colectiva (Fossier, 1984: 84-85), hasta el punto de que en
los siglos XII y XIII se llegará a invocar más la pertenencia a una parroquia
que la pertenencia a un señor. Era además la célula rural primaria, y suponía
un medio de apropiamiento de producción agropecuaria, porque percibía
exacciones de la renta campesina, es decir, diezmos (Fossier, 1984: 235;
Fernández Conde, 1993: 257-258).
La parroquia o feligresía estaba muy
vinculada a la vida rural. Solía comprender a varias aldeas, desempeñando el
papel de centro de actividad social. Allí no sólo se acudía a cumplir con los
deberes religiosos, sino para anudar todo tipo de relaciones sociales. En la
parroquia se celebraban las fiestas que rompían con la monotonía del trabajo
diario, allí celebraba el campesino los actos más trascendentes de su vida (su
boda, el bautizo de sus hijos, el funeral y entierro de sus padres…). La
parroquia era una institución muy arraigada en la vida rural, ya que los
habitantes obtenían a través de ella la conciencia de que pertenecían a una
entidad más amplia que su aldea, de manera que la parroquia se convertía en el
centro de la unidad social de la vida rural (García Fernández, 1980: 79).
En Grandas tenemos algunos testimonios que
parecen remitir a la división parroquial, ya que algunas de las figuras que
aparecen entre los grabados de
Pero en Grandas, además de la estructura
parroquial, tenemos el papel de
El arciprestazgo de Grandas, que como todos
los de las tierras ribereñas del Eo y de la cuenca del Navia, pertenecía al
arcedianato de Ribadeo, con el tiempo llegará a ser una entidad administrativa
independiente,
A partir del siglo XIII, el modelo de
ocupación del territorio ya está totalmente asentado, y los diplomas comienzan
a recoger cada vez más referencias a lugares relacionados con el Camino de
Santiago, como Buspol, donde habría un hospital de peregrinos y una iglesia en
cuya campana se conserva una inscripción que la data en 1326,

Fig 3. Mapa de
asentamientos medievales documentados en el concejo de Grandas de Salime.
Así culmina el largo proceso de formación
del poblamiento altomedieval. Cada núcleo habitado se encuentra en lugar desde
el que se puede acceder a los recursos naturales y a las vías de comunicación,
pero también en un lugar en el que
Durante el resto de la Edad Media, la
importancia de Grandas iría creciendo de manera paulatina, y, de hecho, el
arciprestazgo de Grandas llegó a ser una entidad administrativa propia,
5. CONCLUSIONES.
Un conocimiento completo del poblamiento
altomedieval exige también conocer el poblamiento romano para poder llevar a
cabo una comparación (Traina, 1994: 85). Sin embargo, aunque la época
altoimperial grandalesa es cada vez mejor conocida gracias al trabajo de Ángel
Villa y su equipo, la época bajoimperial y tardoantigua son bastante
desconocidas. En efecto, en general en el Occidente de Asturias se conocen
pocos restos de esas etapas históricas, y concretamente en Grandas se sitúan
algunos de los pocos restos bajoimperiales, que son las fortificaciones de
Pelou del siglo IV (Villa, 2005b: 133), y un tesorillo hallado en los años 50 y datado en el siglo
III, aunque no hay ningún resto tardoantiguo (Vega, 1980: 279-294; Villa,
2005b: 133), ni tardorromano ni suevo ni visigodo[27]. No
obstante, sí podemos intentar enunciar una serie de hipótesis sobre el
poblamiento altomedieval, aunque sin intención de que éstas sean definitivas,
porque es la propia evolución de la investigación la que debe venir a
demostrarlas o a negarlas.
De este modo, lo primero que podemos decir es que, en
general, el poblamiento es disperso y tiende a situarse en lugares de fácil
aprovechamiento económico y con un buen acceso a las vías de comunicación,
predominantemente a media ladera, salvo en los casos de Castro y Pelou.
Sin embargo, afirmábamos en nuestro Trabajo de
Investigación (Folgueira, 2006: 103-105) que este poblamiento se situaría en
lugares en los que no habría existido anteriormente un poblamiento. Esta
afirmación no puede ser tajante, ya que hay excepciones, como en los casos de
Castro, Pelou y Robledo. Todo ello, unido a la falta de restos tardoantiguos,
podría hacernos suponer que esos casos no fueran excepciones, sino, por el contrario,
ejemplos de la situación más habitual.
Además, es de suponer que los lugares que mencionamos no
serían los únicos núcleos habitados entre los siglos IX y XII, sino que habría
otros que, sin embargo, no habrían dejado indicios.
Esto nos muestra una cierta ruptura con la tradición
anterior en lo referido a los lugares habitados. Pero esta ruptura no sería tal
si comparamos el modelo poblacional altomedieval con el romano altoimperial, ya
que en esa época, el Conventus Lucensis
se caracterizaba por un poblamiento disperso con pocas ciudades y con muchos
asentamientos rurales, dispuestos en función de las vía de comunicación y de la
potencial disponibilidad de recursos, de manera que el poblamiento se
articulaba en función de la explotación de esos recursos, usando las vías como
elementos articuladores (Arias y Villa, 2005: 299).
Ahora bien, ¿cómo podríamos definir el poblamiento de los
núcleos de Castro y Pelou, tan distinto, por lo menos aparentemente, del poblamiento
de los demás lugares habitados en Grandas durante la Edad Media? En este caso
nos encontraríamos con un interés evidente por buscar lugares con una tradición
poblacional que justificara el asentamiento en ellos, precisamente por ser
lugares que antaño habrían estado habitados por antepasados.
Perdida su función defensiva, Castro y Pelou serían
lugares ocupados por su fácil acceso a las zonas de aprovechamiento económico y
por su cercanía a las vías de comunicación. Nos encontraríamos así ante
asentamientos en altura que se relacionarían no con la búsqueda de lugares de
fácil defensa, sino con la aparición de nuevas tendencias poblacionales y
socioeconómicas. Así, se relacionarían con una orientación preferentemente
ganadera alejada de la explotación intensiva del territorio (Gutiérrez, 2006:
65-66).
Además, debemos ser conscientes de que la falta de
evidencias documentales no significa que lugares como Castro o Pelou no
estuvieran habitados desde el final de la ocupación castreña y hasta su
irrupción en los diplomas. De hecho, la existencia de asentamientos de secular
ocupación en tales lugares, y el fácil acceso a los recursos naturales y a las
vías de comunicación nos lleva a suponer que esas zonas de Grandas sí pudieron
estar ocupadas por los antiguos habitantes del concejo, aunque éstos no
vivieran en los antiguos castros sino en sus inmediaciones, y aunque esa
ocupación no haya dejado indicios. El avance de las investigaciones deberá
servir para confirmar esta hipótesis.
Pero el estudio del comportamiento espacial de los
habitantes de Grandas también nos permite extraer conclusiones globales sobre
esos grupos humanos (Orejas, 1995: 217), y así podemos concluir que en un
primer momento el asentamiento que se produce es el de comunidades de aldea
libres de cargas señoriales, que, poco a poco irán cayendo en dependencia
feudal (Gutiérrez, 2002: 310-313). Esto no sería algo único de Grandas, puesto
que algunos autores ya demostraron en su momento que
Progresivamente, estos poderes feudales intentarán ir
controlando los lugares de aprovechamiento económico, como vemos en las
continuas referencias documentales a la posesión de tierras (García Larragueta,
1962: 109-112, 115-118, 136-137, 175-179 y 494-495; Floriano, 1981: 136-137,
143-144 y 146-147). A esta posesión de
tierras se unirá un progresivo control de las personas que las habitan, de
manera que podremos hablar de la existencia de personas sometidas a
servidumbre, como vemos en algunos documentos, como por ejemplo en uno fechado
en 1090 en el que se documentan las pesquisas ordenadas por el conde Pedro para
dividir los siervos de los lugares de Todos y Cartavio (García Larragueta,
1962: 275-279).
A esta estructura feudal se irá superponiendo a partir
del siglo XII el dominio de
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funerario y recinto fortificado de la Edad del Bronce en el castro del Chao
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[1] El presente artículo es un
extracto del Trabajo de Investigación de doctorado, titulado El poblamiento altomedieval en el concejo de
Grandas de Salime. Propuesta de investigación y primeras hipótesis,
defendido por el autor en el Departamento de Historia de
[2] No obstante, según las
investigaciones llevadas a cabo por Fernández Conde, este documento es falso
(1971: 144-151).
[3] No obstante, cuando en un
diploma medieval aparece un topónimo que puede remitirnos a alguna actividad
económica, si bien no podemos saber en qué momento se realizó esa actividad, sí
sabemos que, en el momento de redactarse el diploma, ésta tenía la suficiente
tradición como para que quedara fosilizada en forma de topónimo. Sin embargo,
debemos ser cautos, porque como hace notar Margarita Fernández Mier (2006: 37),
muchas veces el topónimo es independiente del poblamiento al que hace
referencia, ya que incluso puede continuar designando a una comunidad aunque
ésta ya no se halle asentada en el lugar en el que lo estaba originalmente.
[4] Los topónimos de la zona de Castro
nos los proporcionaron los vecinos del lugar Manuel Pérez García y María
Aurelia Martínez Jardón durante sendas entrevistas mantenidas a lo largo del
día 20 de abril de 2006.
[5] Hojas 49 y 50 del Mapa de Cultivos y Aprovechamientos.
[6] Hoja 50 del Mapa de Cultivos y Aprovechamientos.
[7] Hoja 74-II del Mapa Topográfico Nacional.
[8] En el Occidente de Asturias aún se
conservan los “cortinos”, construcciones características de esa zona, de
Galicia y de León que se hacían para proteger las colmenas de animales, de
incendios y de ladrones (Naveiras, López y Graña, 2001: 65).
[9]
Este dato nos lo proporcionó el director del Museo Etnográfico de Grandas,
José Naveiras, en el transcurso de una entrevista mantenida el día 21 de abril
de 2006, entrevista en la que también nos hizo notar el hecho de que este
topónimo aparece mal transcrito en la hoja 49 7-7 del Mapa Topográfico del Principado de Asturias, donde aparece como
“Chao de
[10] Datos facilitados por el
bibliotecario de Grandas de Salime, Antonio Álvarez Monteserín, durante una
entrevista mantenida el día 19 de abril de 2006.
[11] Además, una ojeada al Mapa
Topográfico nos sirve para conocer el hecho de que en Fonsagrada hay varias
explotaciones mineras (hojas 49-IV y 74-II), lo que unido a la toponimia puede
indicar una actividad minerometalúrgica muy dilatada en el tiempo.
[12] Por ejemplo, se documenta la
presencia de un herrero en Castro en
1495 (Gutiérrez, Argüello y Larrazábal, 1999: 26).
[13] Como se ve en la hoja 49 7-7 del Mapa Topográfico del
Principado de Asturias.
[14] Topónimos referidos por los vecinos
de Castro Manuel Pérez García y María Aurelia Martínez Jardón durante sendas
entrevistas mantenidas a lo largo del día 20 de abril de 2006.
[15] Topónimo referido por el director del
Museo Etnográfico de Grandas de Salime, José Naveiras, en el transcurso de una
entrevista mantenida el día 21 de abril de 2006.
[16] Mapa
Topográfico Nacional, hoja 49-IV.
[17] Mapa
Geológico de España, hojas 49, 50 y
74. Mapa de Cultivos y Aprovechamientos,
hojas 49, 50 y 74.
[18] Hoja 49-IV del Mapa Topográfico Nacional.
[19] Mapa
Topográfico Nacional, hoja 49-IV.
[20] Agradecemos al arqueólogo José
Antonio Fanjul Mosteirín los datos facilitados sobre la toponimia de esta zona.
[21] Aparece mencionada también en un
documento recogido por Álvarez Castrilllón (2001: 146-147).
[22] En zonas cercanas, como en la
provincia de Lugo, se dará un proceso parecido, ya que entre 1150 y 1240 el
monasterio de Santa María de Meira va apropiándose paulatinamente de unas
tierras abundantes pero de escaso valor (Mariño, 1981: 43).
[23] Además, podemos observar que la
cristalización del sistema feudal a partir del siglo XI coincide con lo que
otros autores habían observado para otros lugares, como por ejemplo Martín Viso
para el caso del occidente zamorano y el alto Ebro (Martín Viso, 2000:
360-362).
[24] “(…)
totam terram Sancti Salvatoris de Gandras
sic quos ab hoc die nullus qui castellum de Burón (…)” (García Larragueta,
1962 : 494-495 ; Suárez Beltrán, 1986 : 125).
[25] Por ejemplo en un documento dado en
Burgos en 1331 por el Rey Alfonso XI en el que confirma los privilegios del
monasterio de Villanueva de Oscos, ordenando a varios concejos, entre ellos el
de Grandas que los respeten (Álvarez Castrillón, 2001: 161-164), o en otro dado
en Ocaña en 1399 en el que Enrique III ordena a ambos concejos que respeten los
privilegios de ese monasterio (Álvarez Castrillón, 2001: 199).
[26] Por ejemplo está documentada la
existencia de “Pedro Méndez de Grandas” en varios documentos del siglo XIV
(Álvarez Castrillón, 2001: 156-161), del “notario Estevan Perez de Salime”
también en el siglo XIV (García Leal, 1998: 109-111), y de un “Alfonso Eánez de Geestoso” en el siglo XV
(Álvarez Castrillón, 2001: 213-214).
[27] En relación con esto, el
topónimo “Armilda” sí puede que sea de origen germánico (García de Castro
Valdés, 2004: 133).
[28] Como sucede, por
ejemplo, en el caso de
[29] Como ya se había demostrado por
ejemplo para