ANTILIA

REVISTA ESPAÑOLA DE HISTORIA DE LAS CIENCIAS DE LA NATURALEZA Y DE LA TECNOLOGÍA
SPANISH JOURNAL OF HISTORY OF NATURAL SCIENCES AND TECHNOLOGY

Historia de la Biología. Facultad de Biología.
Universidad Complutense de Madrid.

DL: M-34954-1995. 

ISSN: 1136-2049.

 


1997. Vol III. Artículo nº 1. Recibido el 20 de julio de 1997. Editado el 20 de agosto de 1997.


INOCULACION EN LA EPIDEMIA DE VIRUELA DE 1797 EN MEXICO: ¿MITO O SOLUCION REAL?

Ana Cecilia Rodríguez de Romo
Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina.
Facultad de Medicina, Universidad Nacional Autónoma de México.
México 1, D. F. C. P. 06020 (México).


INOCULACION EN LA EPIDEMIA DE VIRUELA DE 1797 EN MEXICO: ¿MITO O SOLUCION REAL?

1. Introducción.

La viruela fue causa de uno de los colapsos demográficos más interesantes en la historia y aunque en términos de cifras los historiadores no se ponen de acuerdo, todos coinciden en que después de la Conquista la población de la Nueva España descendió de modo impresionante, en buena medida debido a la viruela y a otras enfermedades hasta entonces desconocidas en América (1).

La viruela fue un problema mayor para la Nueva España, sociedad y autoridades trataron de combatirla en la medida de sus posibilidades; creencias religiosas, costumbres populares y el conocimiento que entonces se tenía de la enfermedad, así la inoculación fue uno de estos medios. Este trabajo se refiere a la campaña de inoculación que emprendieron las autoridades de la Nueva España para combatir a la epidemia de viruela en 1797. Los que entonces tomaban decisiones, asumieron que la inoculación podía ser una forma de preservar la vida frente a una amenaza de múltiples caras. Amenaza de muerte porque no eran muchos los que sobrevivían a la enfermedad, amenaza física y social ya que la mayoría de la veces los sobrevivientes quedaban desfigurados, y amenaza económica en vista de que la fuerza de trabajo, esclavos y obreros en general, mermaba enormemente.

La epidemia de viruela de 1797 en la Nueva España es importante por múltiples razones, pero tres son particularmente interesantes:

1) La abundancia de materiales originales sobre la epidemia en archivos mexicanos es tan impresionante, que permite reconstruir lo que sucedió de modo muy aceptable y abordar el tema de acuerdo al interés de la sociología, la administración pública, la historia, la economía, etc.
2) En la historia de las epidemias de viruela en México, fue la primera vez que el gobierno impulsó la inoculación como un medio de control de un problema de salud,
3) esta epidemia fue la última en la Nueva España antes de que Eduardo Jenner publicara su descubrimiento sobre la vacunación (2) y de que el médico español Francisco Xavier de Balmis emprendiera la campaña de vacunación en América Latina y Filipinas (3).

La mayoría de los documentos consultados aquí son inéditos y provienen de tres importantes archivos en la ciudad de México, el Archivo General de la Nación (AGN), el Archivo Histórico del Palacio de Minería y el Archivo del Ex-Ayuntamiento de la Ciudad de México (4). Se sabe que existe abundante documentación en archivos de otras ciudades mexicanas y en América del Sur. En Europa, el Archivo General de Indias en Sevilla y el Instituto Wellcome en Londres, tienen importante material que desgraciadamente no fue posible consultar (5). No se modificó la ortografía de los párrafos reproducidos aquí, sólamente se acentuaron.

Varios autores se han interesado en esta epidemia (6), destacan los trabajos de Sherburne F. Cook y Donald B. Cooper. El primero se abocó al aspecto demográfico y el segundo a la reconstrucción histórica (7). Basamos la originalidad de este trabajo en un abordaje diferente y en el uso de fuentes inéditas sobre la inoculación. Aquí se destacan la importancia no sólo médica, sino también las consecuencias ecónomicas, políticas y sociales que tuvo la inoculación.

2. Organización de los servicios de salud en la Nueva España

Para mejor entender el desarrollo de la epidemia y el programa de inoculación, se esbozará brevemente la organización de los servicios de salud en la Nueva España (8).

Para fines prácticos, las políticas de salud en el Virreinato se pueden agrupar en cuatro aspectos:

1) Servicios no personales como recoleccción de basura o drenajes,
2) hospitales,
3) control de las profesiones relativas a la salud y
4) asuntos políticos y normativos relativos a la salud (9).

Estos servicios estaban organizados en "instancias", algo muy semejante a lo que había en España. No todas las instancias tenían el mismo grado de responsabilidad y ésta variaba según la situación. El Ayuntamiento o Cabildo y el Protomedicato eran las autoridades principales; el Virrey, la Audiencia y la Iglesia actuaban ocasionalmente y sobre todo en situaciones de emergencia como las epidemias.

El Ayuntamiento era la autoridad local más importante, sus obligaciones se referían a la limpieza de la ciudad, aprovisionamiento de agua, la inspección sanitaria de farmacias, expendios de comida y cárceles; en algunos lugares donde no había Protomedicato actuaba como tal. Su acción era importante en situaciones que pudieran representar problemas para la sociedad, como la ubicación de los cementerios o el aislamiento en las epidemias (10).

El Protomedicato era el órgano consultivo para las cuestiones médicas, podemos agrupar sus funciones en dos:

1) Funciones académicas relativas a la organización y enseñanza de la medicina, examinaban a la gente que quería practicar actividades relativas a la salud: flebotomianos, comadronas, barberos, farmaceúticos y por supuesto, a los médicos. El Protomedicato también regulaba la cirugía.
2) Funciones administrativas que tenían que ver con la adecuada operación de las farmacias y la administración de de los fondos provenientes de permisos y multas. El Protomedicato controlaba el nuevo conocimiento en medicina y en ocasiones lo difundía en un lenguaje accesible para la población (11).

La iglesia se encargaba de los hospitales y de los cementerios. El papel de la iglesia en la medicina durante el Virreinato fue muy importante, además de que la atención al enfermo era considerada una misión, un deber moral y de caridad, era la que tenía mayor influencia en los indios y clases populares. El arzobispo tomaba las decisiones relativas al control de hospitales y panteones, los que generalmente se encontraban alrededor de las iglesias. Esta situación era problemática, sobre todo en tiempo de epidemias porque la abundancia de cadáveres impedía su correcto enterramiento y al ser un sitio público, la iglesia se convertía en un foco de contagio. En 1877 se prohibieron los enterramientos en las iglesias.

La Audiencia tenía un papel menor en asuntos de salud y generalmente actuaba cuando el Virrey estaba ausente, sobre todo en problemas médico-laborales o en sentencias emitidas por el Protomedicato. La Audiencia actuaba como "Juez de Hospitales" en el caso del Real Hospital de Indios de la ciudad de México (12).

La autoridad más grande en este complejo sistema era el Virrey, él era quien daba el fallo final en materia de salud, su papel era normativo, tomaba las decisiones más importantes y controlaba a las otras instancias (13). Su autoridad era restringida en materia de hospitales, pero la responsabilidad de combatir las epidemias caía sobre él. Sin embargo, a veces sus acciones se obstaculizaban por la extensión del virreinato o los problemas administrativos y políticos. Generalmente la Nueva España no disponía un presupuesto para combatir las epidemias, entonces el Virrey convocaba a individuos y corporaciones para que apoyaran económicamente las medidas contra la enfermedad.

En conclusión, en el virreinato no existía una autoridad especial que se encargara de los asuntos concernientes a la salud. Esta situación ocasionaba ineficiencia y duplicación de funciones, el cuidado de los enfermos dependía de la caridad y no había medicina preventiva. Lo que ahora llamaríamos medicina social estaba condicionada por cuestiones económicas, políticas y sociales.

3. Evolución de la epidemia

Parece que la viruela de 1797 apareció desde 1793 en Sudamérica. Para el 11 de abril ya había cobrado ocho víctimas en Campeche al sur de México (14). El 14 de julio de 1796, el Virrey Branciforte anunció la presencia de la viruela en el sur del país y ordenó aislamiento y cuarentena de los enfermos y habitantes de la zona (15). En un principio el gobierno trató de impedir la diseminación de la epidemia y de preparar a la población para combatirla, con este objeto, el periódico Gazeta de México publicó en febrero y mayo de 1796, dos artículos que elogiaban las ventajas de la inoculación y recomendaban la interrupción del comercio en las zonas afectadas (16).

En agosto de 1796, el Virrey Branciforte ordenó la re-edición de la disertación del médico español Francisco Gil (17) acerca del cuidado de los infectados, pero en contra de la inoculación. El trabajo primero se había publicado en Madrid en 1784 (18) y luego en México en 1788 (19). En este paso es importante recordar que la gran mayoría de la población de la Nueva España no sabía leer, por lo tanto no se puede esperar que el impacto de esas publicaciones haya sido muy alto y por ende, es dudoso su efecto preventivo.

En un esfuerzo por prevenir la llegada de la epidemia a la ciudad de México, Branciforte proclamó un edicto el 28 de febrero de 1797 (20). Las tres ideas más importantes decían que,

1) el aislamiento y la cuarentena eran vitales,
2) los muertos tenían que ser enterrados lejos de las ciudades y
3) se recomendaba la inoculación.

El virrey fue muy cuidadoso en relación a la inoculación, la medida no sería obligatoria y se usaría como último recurso. A pesar de que el edicto era una orden virreinal, algunos gobernadores replicaron que era dfícil de aplicar por problemas económicos.

Aquí surgen dos ideas. La posición de Branciforte en relación a la inoculación parecería ambigua, por un lado ordenó la publicación de los artículos en la Gaceta de México que promovían la inoculación, pero por otro, también ordenó la re-edición de la disertación de Gil contra el procedimiento, además de ser muy cauteloso en su edicto. Sin pasar de la mera especulación, quizá el Virrey creía en la efectividad de la inoculación, pero estaba consciente de que era tan peligrosa como la misma enfermedad. El procedimiento era azaroso ya que podía provocar las llamadas "viruelas benignas", pero también una infección mayor lo cual era imposible de prevenir.

En julio y agosto de 1797, la epidemia entró en las ciudades de Puebla y Orizaba (21). En la ciudad de México un primer caso se registró en mayo, un indio "meco" con viruela fue recibido en el Hospital Real de Naturales (22). A partir de entonces la epidemia se extendió rápidamente.

Aunque Branciforte había ordenado que la mínima seña de viruela fuera reportada y las víctimas se enviaran al hospital donde serían cuidadas y aisladas, la gente prefería esconder a sus seres queridos y no enviarlos a lo que consideraban la muerte segura. El momento era tan crítico al empezar agosto, que el gobierno y la Iglesia consideraron que un programa formal de inoculación debía ser implementado (23), cosa que no se había logrado antes por la falta de claridad en el edicto del 28 de febrero. Así, el 31 de agosto Branciforte "ratificó" la orden de inocular (24). Sin embargo, diez días antes, el 21 de agosto, afirmó: "No estamos, ni quiera Dios ponernos, ante una verdadera epidemia,..." (25). Es sugestivo señalar que dos siglos después, las autoridades reaccionaron de igual forma cuando el cólera apareció en la frontera sur de México.

4. Branciforte

Independientemente del papel que jugó en la epidemia de viruela, la figura del Virrey es muy llamativa. Miguel de la Grúa Talamanca y Branciforte, Marqués de Branciforte era siciliano, su esposa, Antonieta de Godoy era hermana de Manuel de Godoy, Primer Ministro y amante de la Reina María Luisa de Parma. La historia es severa con Branciforte pues lo recuerda con tres adjetivos: Corrupción, nepotismo y rapacidad. Fue Virrey de la Nueva España de 1794 a 1798. Su mala conducta contrastó con la excelente labor de su antecesor, Juan de Güemes Pacheco de Padilla, segundo Conde de Revillagigedo y uno de los mejores virreyes. Branciforte era muy leal a Carlos IV y nunca dejó de enviar dinero a España, que lo demandaba con más urgencia debido a la guerra iniciada con Inglaterra en 1796. El Virrey vivió fuera de la ciudad de México la mayoría de su gobierno, conducta que fue muy criticada. Desde Jalapa preparó la participación del virreinato en la guerra entre España e Inglaterra y huyó a Orizaba cuando se inició la epidemia de viruela. Ambas ciudades son cercanas al Puerto de Veracruz, a 500 km. de la ciudad de México. Realizó por correo la mayoría de los asuntos administrativos y todavía se conserva esta correspondencia. Cuando regresó a España llevaba consigo tres millones de pesos del gobierno y dos millones de fuentes privadas (26).

5. La Junta de Caridad

La ciudad de México estaba totalmente invadida por la viruela al iniciar el mes de septiembre. El día once se le informa a Branciforte que el programa de inoculación ya estaba organizado, para septiembre 15 ya se habían vacunado 373 personas (27).

El 23 de septiembre, el Protomedicato ordenó la re-edición del trabajo que el médico novohispano José Ignacio Bartolache había publicado por primera vez cuando la epidemia de 1779 (28). En esas instrucciones Bartolache explica lo que es la viruela, como curarla y las precauciones que hay que tener. El cuidado de los enfermos estaba tan claramente detallado que seguramente el Protomedicato consideró que podía ser útil su re-aparición. Bartolache pensaba que la viruela era la forma como el organismo desechaba los malos humores y los materiales inútiles heredados de la madre.

En octubre se dan dos medidas que probablemente fueron más efectivas que lo realizado anteriormente.

1) El Arzobispo Nuñez de Haro envió el cuadernillo Método claro, sencillo y fácil para practicar la inoculación (29), a las parroquias de la ciudad de México y a muchas aledañas.
2) El 26 de octubre se crea la Junta de Caridad cuya función primordial era recabar fondos (30).

La acción de enviar el cuadernillo a las iglesias fue inteligente porque era claro que el prelado encargado sabría leer, además en el folleto se explicaba que era muy simple inocular y que cualquiera podía hacerlo. Más adelante se abordará ésto con mayor amplitud.

La Junta de Caridad estaba constituida por un grupo de ciudadanos prominentes con autoridad considerable. A la cabeza de la Junta se puso a Alonso Nuñez de Haro y Peralta, Arzobispo de 1772 a 1800, hombre inteligente y cuya experiencia en la epidemia de 1779 era valiosa. La Junta tenía un representante de cada uno de los principales grupos gubernamentales aunque curiosamente no había representante del Protomedicato (31), tal circunstancia se presta a muchas interpretaciones, quizá una de ellas es que al cuerpo médico no le gusta involucrarse en asuntos de pronóstico incierto como era entonces la viruela. El Tribunal de Minas, organización independiente y poderosa, tenía una gran influencia en la Junta, cosa explicable ya que manejaba la minería, la actividad más lucrativa de la Nueva España. Branciforte les había pedido dinero dos meses antes de la formación de la Junta, su respuesta fue negativa pretextando la guerra con Inglaterra y las recientes inundaciones (32), sin embargo donaron doce mil pesos al día siguiente de que la Junta fue creada (33).

El Tribunal de Minas estaba muy interesado en detener la epidemia y no precisamente por razones humanitarias, sino porque los indios y negros que trabajaban en las minas estaban muriendo y por ende la producción bajaba. Este argumento económico para combatir la enfermedad no fue nuevo en nuestra historia. En la epidemia de 1779, el médico Esteban Morel presentó al gobierno municipal una disertación muy completa sobre las ventajas de la inoculación. El se refería al procedimiento como una excelente forma para incrementar riqueza y poder (34).

La acción concreta derivada de la creación y del apoyo económico de la Junta de Caridad, fue la organización del programa de inoculación que estableció un centro en cada uno de los ocho cuarteles en que estaba dividida la ciudad de México.

6. Inoculación

Esencialmente la inoculación consiste en introducir la secreción de las pústulas virulentas de una persona enferma a otra aparentemente sana. La idea era producir "viruelas benignas" aunque a veces se causaban infecciones serias (35). La inoculación ya se usaba en Europa en el siglo XVIII, los maravillosos relatos de Lady Mary Montagu y sus referencias a la variolozación son muy atractivas (36), sin embargo el procedimiento todavía no estaba ampliamente difundido en América Latina, las explicaciones pueden ser muchas, posiblemente una importante fue la religión; era díficil aceptar que una parte del cuerpo, quizá no ajena al alma, fuera introducida en el cuerpo de otra persona. En la epidemia de 1779 la gente no aceptó ser inoculada y el gobierno tampoco apoyó la medida a pesar de que se había establecido un lugar para inocular en la iglesia de San Hipólito (37). En la epidemia de 1797 la Iglesia fue la primera en apoyar la inoculación, el gobierno estuvo igualmente de acuerdo, la ambigüedad de Branciforte es entendible si se considera que las "viruelas ingeridas" (inoculación) podían causar infecciones tan serias como las "viruelas naturales".

7. ¿Cómo llegó la inoculación a la Nueva España?

El objetivo de este trabajo no es discutir cómo desde la antigüedad los asiáticos sabían que se podía adquirir protección contra la viruela por medio de la inoculación o variolización. Tampoco se estudiará cómo este conocimiento llegó a Europa y la gran controversia que provocó (38).

Timonis y Pylarinos fueron los primeros autores que publicaron sobre la inoculación (39), pero sus trabajos no llegaron a México. Somolinos d'Ardois (40) piensa que el religioso español Benito Gerónimo Feyjoó y Montenegro pudo haber introducido el concepto en América a través de su obra monumental: Demostración apologética del Teatro Crítico Universal, (1724-40). El conocimiento general que contienen los nueve volúmenes que forman el cuerpo es verdaderamente notable (41). Es difícil precisar cómo y cuándo llegó el libro de Feyjóo a México, pero como esta obra, existen otras como la de Anton de Haen (42), que estaban en el acervo de la Universidad Pontificia y que tocaban la inoculación. Más recientemente otro autor menciona que la inoculación se puso en uso en América en 1746 (43). Cualquiera que sea el origen de la idea, es cierto que la gente ilustrada de la Nueva España se interesaba por los nuevos conocimientos a pesar de moverse en una sociedad que oscilaba entre la religión y el pensamiento barroco, en donde lo científico y lo dogmático iban de la mano (44). Es interesante por ejemplo, mencionar la creencia de que la viruela se podía curar con plantas como las "tunas cimarronas" o la "hierba de la viruela", que son parecidas a las cicatrices o a las pústulas que causa la enfermedad (45).

Aquí hay que recordar que la población de la Nueva España estaba formada por indígenas en su gran mayoría, y éstos, los más desprotegidos y los que más enfermaban, no aceptaban la inoculación. El siguiente párrafo es muy ilustrativo.

"Algunos [indios] dicen que Dios les envía la enfermedad, pero que no permitirán que los españoles se la pasen a ellos y a sus hijos" (46).

Por un lado, las autoridades estaban conscientes de esa situación y por eso los documentos favoreciendo y explicando como hacer la inoculación estaban escritos en lenguaje muy simple, pero por otro, la actitud de los indígenas era comprensible, ya que además de que parecía absurdo "no tener viruela teniéndola", no podían esperar nada bueno de una clase de la que normalmente recibían malos tratos. En este sentido fue donde la iglesia jugó un papel primordial al tratar de convencer a la población indígena.

8. El documento de Esteban Morel (47)

Este trabajo acerca de la inoculación es particularmente importante porque fue ordenado por el gobierno cuando la epidemia de 1779. Su objetivo era convencer a las autoridades en general y a las clases acomodadas de las cualidades de la inoculación.

Esteban Morel fue un personaje muy atractivo, su origen es oscuro y no hay referencias comprobables a su respecto, lo que existe son comentarios en fuentes secundarias. Aunque en su disertación dice que estudió en Aix y Montpellier, es aventurado afirmar que era francés. Parece que era judío y que huyendo de la Inquisición, llegó a México.

"En el auto de fe del 9 de agosto de 1795 fue condenado en estatua, profesor de medicina, aprobado y revalidado por el Protomedicato, acusado de hereje formal, deísta y materialista, suicida voluntario con visos de ateísta" (48).

También escapando se va a America del Sur donde se pierde su huella. En la epidemia de 1779 informó al Ayuntamiento que la inoculación era útil para combatir la viruela y éste le pidió escribir sobre el asunto, ofreciéndole una paga y la publicación del escrito. Morel redactó el texto y también inoculó a algunas personas con su propio dinero, el gobierno nunca publicó su trabajo y le pagó hasta 1782 después de una larga disputa (49).

El documento de Morel es muy largo, consta de 60 hojas y es claro que estaba dirigido a la élite porque el lenguaje es pomposo y complejo. Defiende la inoculación en base a razones principalmente económicas y dice que ésta es particularmente ventajosa para las clases acomodadas, por ejemplo, es capaz de preservar la belleza femenina (50). También menciona que el clima de la ciudad de México es muy favorable para inocular.

Esteban Morel desarrolló una larga disertación política y un profundo estudio histórico en su texto (51). Habla del trabajo de Charles de La Condamine quien en París publicó sobre la inoculación en 1754 (52). D. B. Cooper considera que fue él quien pudo haber introducido la inoculación en la Nueva España (53).

Morel hizo su estudio casi al finalizar la epidemia de 1779, y en esto destaca la falta de visión de las autoridades virreinales que sabiendo lo frecuente y devastadora que era la viruela, no tomaron ventaja del documento ni organizaron un plan de contingencia para una próxima catástrofe.

9. La propuesta de Doménech desde Puebla

Ya se mencionó que el 14 de julio de 1796 Branciforte anunció que la viruela estaba en el sur del país, sin embargo, en agosto de 1795 se descubrió un caso en el Real Hospital de San Pedro en Puebla, ciudad a 300 kilómetros de la capital del país (54). El paciente fue aislado lejos de la ciudad, pero el "Comisario" del Hospital, Ignacio Doménech, convencido de las bondades de la inoculación y recordando la terrible experiencia con la epidemia de 1779, pidió permiso al Virrey para escribir un folleto sobre la inoculación.

Este es el inicio de un capítulo interesante en la historia de la epidemia de viruela en 1797. Branciforte aprobó la propuesta y Doménech escribió inmediatamente el cuadernillo. Con el objeto de evitar pérdida de tiempo, el 11 de marzo de 1796 pidió que su trabajo fuera revisado por médicos notables de Puebla en lugar de enviarlo al Protomedicato en la ciudad de México (55). Se hizo caso omiso de la demanda de Doménech, el cuadernillo fue enviado al Protomedicato y la réplica fue firmada por los miembros; José Ignacio García Jove, José Francisco Rada y Joachim Pío de Eguía y Muro. En una lárga crítica, ellos decían que el trabajo sólo eran instrucciones para inocular y que no decía nada del cuidado de los enfermos.

"En este impreso sólo se manifiesta el modo de inocular, la elección de la semilla o materia que ha de introducirse, la de las personas que pueden inocularse y prevenciones oportunas para esta operación, pero nada expresa acerca de la curación y método que deba seguirse durante la fiebre eruptiva, que es cuando las viruelas nacen, ni en la supuratoria cuando inclinan a madurarse y últimamente en el tiempo de la desecación, momentos todos importantísimos y que los médicos observan con la mayor atención" (56).

Doménech hizo las correcciones sugeridas y la orden de imprimir el documento se dió el 17 de abril de 1796.

Para el 19 de noviembre, siete meses después, el trabajo todavía no estaba en prensa porque el "único editor correcto" de Puebla estaba en la ciudad de México (57). Doménech contrató otro editor quien le dió las primeras pruebas el 23 de noviembre (58).

El 31 de diciembre el texto fue enviado al "fiscal" y una vez más el Protomedicato criticó el documento (59). El 5 de enero de 1797 Branciforte lo regresó a Puebla y dos días después, el 7 de enero, ordenó su publicación (60), sin embargo, se le informó a Doménech que el Protomedicato todavía tenía que aprobar el prefacio, así que entre tanto hizo correcciones de estilo y regresó las pruebas corregidas a la imprenta. A partir de entonces ya no se encontraron más documentos relativos al "affair" Doménech en el AGN. El cuadernillo manuscrito o publicado tampoco se encontró. ¿Fue realmente publicado?, ¿dónde está el documento original?

El arzobispo Nuñez de Haro no menciona quien era el autor del folleto Método claro, sencillo y fácil para practicar la inoculación, cuando lo envía a los diferentes distritos de la ciudad de México, tampoco dice cuando fue escrito. Considerando la época de su envío, probablemente fue preparado antes de la aprobación oficial de Branciforte en Agosto de 1797, el impreso no está firmado, antes del título se lee: "Real tribunal del Protomedicato". Resulta un poco difícil aceptar que haya sido preparado por el mismo Protomedicato si se recuerda que la cabeza del grupo era García Jove, médico de corta visión y criterio estrecho que pensaba que las epidemias eran "un flagelo divino". El 28 de octubre el método se publicó en la Gazeta de México (61), publicación que tampoco está firmada. Dos puntos se pueden discutir en este paso.

1. El trabajo de Ignacio Doménech sufrió un largo proceso burocrático antes de que fuera aceptado por las autoridades (del 11 de marzo de 1796 al 7 de enero de 1797), incluso no hay evidencia de su publicación. La burocracia que todavía aqueja a América Latina, fue aquí el obstáculo político y social que aparentemente bloqueó una medida que pudo haber sido preventiva. 2. El Protomedicato conocía perfectamente el trabajo de Doménech ya que lo había criticado y aprobado. ¿Hubiera sido posible que Método claro, sencillo y fácil para practicar la inoculación haya sido el trabajo de Doménech o se haya basado en él? La pregunta no trasciende más alla de la pura especulación. Por otro lado, también hay que recordar que entonces no estaba generalizado firmar las publicaciones pequeñas e incluso los artículos de periódico.

El cuadernillo tan mencionado explica la inoculación en términos muy simples. La secreción de una pústula debe ser removida con una lanceta o una aguja e introducida subcutáneamente. El mejor lugar era entre los dedos pulgar e índice. El texto también explica como curar a la gente antes y después de la inoculación, como alimentarlos, vestirlos y cuidarlos antes, durante y después de que hubieran brotado los granos de viruela.

Aunque el documento estaba dirigido al pueblo y había sido enviado a las iglesias, una vez más hay que recordar que la mayoría de la población no sabía leer.

Después de la aprobación de Branciforte en agosto de 1797, la inoculación fue gratuita para todos y se alentaba su aplicación.

El 20 de noviembre los reportes de inoculación cesaron (62). Cooper piensa que se debió a que la mayoría de la gente educada y quien aceptó muy bien el programa, ya se había inoculado.

El 18 de enero de 1798 el Virrey Branciforte declaró concluida la epidemia de viruela (63).

10. Ultimos reportes (64)

El 17 de febrero de 1798 se cerró la Junta de Caridad y el gobierno municipal de la ciudad de México rindió un informe (65). Tanto entonces como en este estudio, el punto es saber si la inoculación realmente disminuyó el número de muertos en relación a las epidemias anteriores. Se encontraron muchas referencias relativas a cifras que resultan difíciles de analizar porque tienen diferencias entre ellas, los datos son incompletos, el lenguaje es ambiguo y en muchos casos no se menciona cual es la fuente. Un número importante de autores coincide en afirmar que la inoculación fue efectiva, proporcionan cifras, pero no es claro como las obtuvieron. Los siguientes son algunos ejemplos. Swann y Cook dicen que 3.5% de los enfermos e inoculados murieron y que 18.5% de los enfermos no inoculados murieron (66). Smith, refiriéndose a la ciudad de Morelia, dice que de 6,800 inoculados, murieron 1.5 a 2% contra 14% fallecidos no inoculados (67). Tate Lanning apunta que de 1,908 virulentos naturales, murieron 98, en cambio solo murieron 5 de 728 inoculados (68). Por lo anterior se pensaría que la inoculación fue efectiva, pero al trabajar con datos provenientes de fuentes más detalladas surge lo siguiente. Del catálogo de documentos americanos que se encuentra en el Instituto Wellcome para la Historia de la Medicina (69), se concluye que para la ciudad de México, tres son los informes más confiables.

1) El Resumen General, reporte del gobierno municipal a través de la Junta de Caridad y que se hizo el 17 de febrero de 1798. No es completo porque no incluye lo sucedido en hospitales, casas de comunidad y particulares, sólo se refiere a los ocho cuarteles.
2) El informe que hizo el arzobispado el 20 de febrero y que apareció el 11 de abril. Se considera el mejor, se basa en los informes parroquiales que reunieron los datos de todos los sitios.
3) El Estado General, reporte del Protomedicato realizado el 21 de febrero. Parece ser el más deficiente (70).

El Resumen General señala que en la epidemia de viruela en 1797 se "socorrieron" (sic) 44,516 personas de las que murieron 4,451. En la epidemia de 1779 se "socorrieron" 36,865 de las que murieron 8,000. Visto superficialmente, parecería que en la epidemia de 1797 murieron el 10% de los socorridos, contra 20% que murieron en la de 1779, lo que haría pensar que la inoculación fue efectiva ya que se aplicó en 1797 y entonces hubo menos muertos que en 1779. Sin embargo, analizando un poco más el informe del gobierno, se deduce lo siguiente.

Al finalizar la epidemia de 1797 se registraron 7,060 muertos de viruela. De estos, 2,617 murieron antes del programa de inoculación (entre mayo y septiembre) y 4,451 después del programa de inoculación (del 11 de septiembre al 20 de noviembre), en esta cifra se incluyen 21 que se aclara fallecieron a consecuencia de la inoculación. El informe apunta que se socorrieron 44,516 en los que se incluyen los 4,451 fallecidos. A los otros 40,065 el informe los refiere como "sanos", pero se deduce que en esa cifra se incluyen los que recibieron ayuda por otra razón, los que enfermaron de viruela y sanaron y los que fueron inoculados, no enfermaron seriamente y se salvaron. Lo valioso hubiera sido saber cuantos fueron inoculados y entonces si comparar el número de fallecidos en las dos epidemias, una con inoculación y otra sin ella. El término "socorridos" es todavía más confuso pues incluye las categorías de los "sanos" más los que enfermaron y murieron después de pedir ayuda.

El reporte después menciona lo que sucedió en la epidemia de 1779. Entonces sólo dice que de 36,865 "socorridos", murieron 8,000, aquí por socorridos podemos entender personas que recibieron ayuda por otra razón y enfermos de viruela que sobrevivieron. No hubo inoculados.

El informe del arzobispado dice que hubo 7,147 fallecidos entre el 9 de septiembre y el 26 de enero (71). Este informe abarcó la población del Resumen General más la de las parroquias, es decir, el número de "socorridos" debe haber sido mayor de 44,516 pero no se especifica la cifra. Además Cooper piensa que murieron más de 7,147 porque los que obtuvieron esta cifra, aclararon que muchas defunciones no se incluyeron por razones diversas. El informe del Protomedicato apunta que hubo 5,951 muertos de 56,169 "socorridos" (72).

En conclusión, si bien es cierto que proporcionalmente murieron un mayor número de virulentos en la epidemia de 1779 que en la de 1797, también es verdad que el manejo de datos no permite asegurar con certeza que la inoculación o variolización fue la causa clara del menor número de defunciones en la epidemia de 1797 [ver tabla]. Además, de modo unánime las fuentes refieren que la epidemia de 1779 fue particularmente nefasta.

José Joaquín Izquierdo estudió la misma epidemia en Puebla, y las cifras que reporta tampoco permiten conocer la efectividad de la inoculación (73), sin embargo, el considera llanamente que la inoculación no sirvió para detener el avance de la epidemia.

Curiosamente, un estudio sueco sobre el mismo tema y época, revela la misma conclusión que Izquierdo en condiciones muy semejantes a las mexicanas (74).

11. Las "Instrucciones" de Nueva Guatemala

Al finalizar el siglo XVIII, la inoculación era aceptada y recomendada en la Nueva España. Sin embargo, los indios, la población más numerosa, rechazaba el procedimiento, generalmente los amos, los sacerdotes u otras autoridades los obligaban a inocularse. Esta actitud explica el tono simple y cariñoso que tenían los escritos referentes a la inoculación. Ya fue mencionado que no se sabe con certeza donde se inició la epidemia de 1797. En Guatemala la padecieron antes que en México y en 1794, el primer protomédico José Flores escribió sobre la inoculación (75).

Este documento es mucho más completo y mejor hecho que el difundido por el arzobispo Nuñez de Haro. En 21 páginas explica que significa la inoculación, como convencer a los indios, como escoger al más inteligente y enseñarle a inocular, como cuidar a los inoculados, etc. El siguiente párrafo es particularmente atractivo:

"La inoculación de las viruelas es una operación por la cual se pegan las viruelas de uno que las padece de buena calidad a otro que no las tiene, con el fin de que salgan benignas. El principal requisito para que acierte esta operación es que el teniente, los españoles y principales de los pueblos sin asistencia y sin atemorizar a los indios, les hablen con suavidad y buen modo, pongan todo cuidado y esmero en que se observe esta instrucción. Pero de quien principalemente se aguarda el acierto es del cura que interponiendo su respeto y asistencia personalmente a todo, con caridad propia de su ministerio y con sus [ilegible] hablando a los indios en su lengua y con cariño, les haga entender el fin de esta providencia, y como quien conoce mejor a sus feligreses, señalará entre los ladinos a los indios más hábiles y capaces para hacer la operación y cuidar los enfermos" (76).

En las instrucciones sobre la inoculación que se han leído, ésta es la única que enfatiza que la técnica sólo será útil si se trata bien a los indígenas y no se les obliga por la fuerza a hacer lo que no desean. Igualmente enfatiza como cuidar a los inoculados de acuerdo al sexo, edad, ocupación en casos especiales como el embarazo. Termina señalando el castigo para los que no respeten la cuarentena.

En vista de que el documento se encuentra en el AGN, probablemente el autor lo envió a las autoridades de México como el Protomedicato para su revisión o aprobación.

El autor José Felipe Flores nació en Chiapas en el sur de México. Fue conocido como un hombre inteligente y versátil, además de médico, también fue naturalista y físico, hizo estudios en París y en Italia con Galvani. En 1789 diseñó figuras de cera para enseñar antomía. Gracias a sus méritos fue nombrado médico de Carlos IV. Es significativo mencionar que en 1778 concursó por la cátedra de Prima Medicina en la Universidad de Guatemala con el tema: Ventajas de la inoculación de la viruelas y necesidad de establecer esta operación en este Reino para precaver los estragos de esta funesta enfermedad (77).

12. Balmis y la expedición de la vacuna

La viruela fue motivo de gran preocupación para las autoridades del Virreinato. La primera vez que se retuvo dinero en la Nueva España fue a causa de la epidemia de 1797. El 30 de noviembre de 1798 el rey Carlos IV ordenó que en las colonias se realizara la inoculación (78), en 1800 recibió el trabajo de Jenner. La viruela era un problema tan serio en las colonias, que el Rey discutió en el Consejo de Indias la necesidad de enviar una expedición vacunal. La opinión de José Flores fue importante para tomar una decisión, e incluso se le consideró para encabezar la expedición, finalmente Francisco Xavier de Balmis fue el escogido (79). El grupo partió del Puerto de la Coruña el 30 de noviembre de 1803. La expedición de Balmis tomó dos años, estuvo en México (prácticamente todo el país), Colombia, Ecuador, Perú, Filipinas y China.

El último caso de viruela en México se reportó en 1951 (80). El presidente Miguel Alemán declaró erradicada la viruela el 16 de Junio de 1952. En nuestros días, la vacuna contra la viruela ya no forma parte del esquema de vacunación de los niños mexicanos.

13. Conclusión

La viruela fue una de las peores plagas en la historia de la Nueva España. La epidemia de 1797 es particularmente interesante y atractiva por la cantidad asombrosa de documentos originales que sobre ella se conservan, por los elementos políticos, económicos, culturales y sociales que involucró y porque fue la primera vez que se implementó un programa de inoculación para su posible control.

Es evidente que el programa de inoculación significó un gran esfuerzo de parte de las autoridades virreinales, y aunque los informes concluyen que la inoculación disminuyó el número de afectados y por lo tanto de fallecidos, el análisis minucioso de las cifras reportadas no es lo bastante convincente para afirmar que realmente la inoculación detuvo la epidemia. Además, también hay que considerar que la manera como se hicieron los informes no es clara y que quizá mucha gente fue inoculada cuando ya habían sido infectados.

La operatividad del programa de inoculación, puso de manifiesto importantes problemas inmersos en un círculo vicioso. Si bien la autoridad más alta de la nueva España era el Virrey, el estaba saturado por múltiples deberes políticos, económicos, militares e incluso religiosos, de modo que las cuestiones de salud se hacían importantes sólo en situaciones de extrema urgencia, existía una total dispersión de autoridad en cuestiones de salud, el Virrey era el único que podía tomar decisiones importantes, pero una vez más, su atención estaba en otro lado, no había medicina preventiva y se pensaba en la solución ya que el problema era grave.

Particularmente, la principal preocupación de Branciforte era satisfacer las demandas económicas de España así como las suyas propias.

Es muy importante considerar la posición de la población indígena, el grupo más abundante de la Nueva España. Los indios fueron los más sensibles a la enfermedad, constituían la fuerza de trabajo, su muerte era causa de pérdida económica y se oponían a la inoculación. Es verdad que eran mayoritariamente ignorantes, pero también es verdad que naturalmente no podían esperar acciones positivas de una clase que normalmente los reprimía, tomaba sus tierras, cambió su religión y los sometía a condiciones de miseria y explotación. Además, era difícil hacerlos entender que no tendrían viruela, si "se les daba la viruela". Considerando esto, la opinión de S. Cook es un poco excesiva cuando dice que los indios eran "un grupo de salvajes" que rechazaban toda ayuda y que eran indiferentes al problema (81).

La ambigüedad inicial de la posición de Branciforte respecto a la inoculación es explicable. Por un lado estaba consciente de la gravedad del problema y estaba convencido de la utilidad del método, pero por otro, también conocía los riesgos y sabía que no había suficientes lazaretos para aislar a los inoculados y a los enfermos naturales. Además de la dimensión social, también consideró el aspecto económico. En su edicto del 28 de febrero, ordenó la cuarentena y el aislamiento en el interés del bienestar general, pero cuando los encargados de las minas discretamente le sugirieron que la cuarentena estaba perjudicando el comercio de la plata, el bienestar general pasó a segundo término (82).

En 1803, el rey Carlos IV ordenó la campaña de vacunación encabezada por Francisco Balmis. Es interesante puntualizar que el rey español aceptó e impulsó una aportación inglesa, si se recuerda que España e Inglaterra estaban en guerra. Probablemente una vez más, prevalecieron las razones económicas y quizá también la razón personal por la pérdida de su hija María Teresa, quien murió de viruela (83). La viruela en el siglo XVIII y el SIDA en el siglo XX, no diferencian clase social ni económica.

Es difícil aceptar que la inoculación pudo haber sido la solución maravillosa contra una de las más grandes plagas que asolaron a la población americana, pero quizá fue de utilidad, además de que preparó el camino al descubrimiento de la vacunación. Si realmente se hubiera aplicado con método y de modo preventivo, hubiera sido más fácil probar su efectividad. Se sabía por ejemplo, que el invierno era particularmente favorable para la aparición de la viruela, entonces hubiera podido planearse una campaña preventiva.

El estudio de la epidemia de viruela en 1797 es fascinante y está lejos de haber sido agotado. Aunque mi interés se centró principalmente en la inoculación; la epidemia es uno de los raros casos que hacen la felicidad del investigador; la documentación es tan abundante, que es posible abordar el tema desde tantos puntos de vista como la imaginación lo permita: reconstruir la historia día con día, entender la dificultad de las autoridades para tomar decisiones, ver las ambiciones y las intrigas de las élites en el poder, estudiar el impacto social de las revoluciones científicas. La historia de la epidemia de viruela en 1797, hace pensar que la historia a veces se repite de manera asombrosa.

Agradecimientos

Se agradece a W. LeBel, R. McCaa, E. Morman y P. Sköld el valioso material que gentilmente me enviaron. Agradezco también los valiosos comentarios de D. Cooper, la revisión de la versión inglesa de Mónica Salinas y la labor mecanográfica de R. Romo. La investigación fue parcialmente apoyada por: Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, D113-904688, Dirección General de Asuntos del Personal Académico, UNAM, IN600292 y la beca Hannah Visitor Professor, Canadá, que me permitió obtener material de bibliotecas canadienses.

 

Notas

1. Francis J. Brooks, "Revising the Conquest of Mexico: Smallpox, Sources and Population". Journal od Interdisciplinary History, 24 (1993), p. 1. W. George Lovell, "Heavy Shadows and Black Night: Desease and Depopulation in Colonial Spanish America". Annals of the Association of America Geographers, 82-3(1993), pp. 426-43. Robert McCaa, "Spanish and Nahuatl Views on Smallpox Demographic Catastrophe in Mexico". Journal of Interdisciplinary History, 25-3 (1995), 397-431.

2. Edward Jenner, An inquiry into the causes and effects of the variolae vaccinae, a disease discovered in some of Western counties of England, particulary Gloucestershire, and known by the name of the cow pox. (London, 1789).

3. Francisco Fernández del Castillo, Los Viajes de Don Francisco Xavier de Balmis, 2d ed. (México, Sociedad Médica Hispano- Mexicana, 1985).

4. El AGN y el "Archivo General del Ex-Ayuntamiento" están organizados en "ramos". Un "ramo" es una serie de volúmenes encuadernados de acuerdo a un tema común. El "Archivo del Palacio de Minería" está organizado en "cajas". El contenido de una "caja" también se refiere a un tema específico. Aquí se sigue la misma nomenclatura, así como la forma en que cada archivo cita sus materiales.

5. Robin Price menciona que en el Instituto Wellcome tienen 26 documentos al respecto. "State Church Charity and Smallpox: An epidemic crisis in the City of Mexico 1797-98". Journal of the Royal Society of Medicine, 75 (1982), p.357.

6. Angela Thompson T. "To save the children: Smallpox inoculation, vaccination, and public health in Guanajuato, México, 1797- 1848". The Americas, 49-4 (1993), pp. 431-55.

7. Sherburne F. Cook, estuvo en la ciudad de México en la decada de los años treinta, consultó el AGN y el refiere haber hecho un catálogo de los materiales sobre la epidemia de viruela. Desgraciadamente este documento no ha sido encontrado, nadie lo recuerda y actualmente me pregunto si realmente existe. "The smallpox epidemic of 1797". Bull. Hist. Med., 7 (1939), pp.937-969. Donald B. Cooper, Las epidemias en la ciudad de México, 1761-1813. (México, Colección Salud y Seguridad Social, Serie Historia, IMSS, 1980).

8. José Alvarez Amézquita et al. Historia de la Salubridad y Asistencia en México, vol. 1. (México, Secretaría de Salubridad y Asistencia, 1960). John Tate Lanning, The Royal Protomedicato, ed. John Jay Tepaske. (Durham, Duke University Press, 1985), p. 351.

9. Cooper, Las epidemias..., op cit, pp. 31-32.

10. Enrique Moreno Cueto et al. Sociología histórica de las instituciones de salud en México. (México, Instituto Mexicano del Seguro Social, 1982), pp. 16, 19-20.

11. Cooper, Las epidemias..., op cit, pp. 47-51. Lanning, The Royal..., op cit., p. 359.

12. Cooper, Las epidemias..., op cit, p. 52.

13. Lanning, The Royal..., op cit, pp. 369, 371.

14. Cook, Bull. Hist. Med., op cit, 941-2. Lovell, Annals of the Association..., op cit, p. 259. Price, Journal of the Royal..., op cit, p. 359.

15. AGN, Ramo Epidemias, vol. III, exp. 1, f. 1.

16. Anónimo, "Disertación apologética sobre la inoculación de viruelas". Gazeta de México, 20 febrero 1796, tomo VIII, p. 35. Anónimo, "Noticia importante", Gazeta de México, 10 mayo 1796, tomo VIII, p. 80.

17. Francisco Gil, Disertación Físico-Médica, en la cual se prescribe un método seguro para preservar a los pueblos de viruelas, hasta lograr la extinción de ellas en todo el Reyno. (México, D. Mariano de Zúñiga y Ontiveros, 1796).

18. Francisco Gil, Disertación Físico-Médica, en la que se describe un método seguro para preservar a los pueblos de Viruelas hasta lograr la completa extinción de ellas en todo el Reyno. (México, Joachim Ibarra, Impresor de la Cámara de S. M. 1784).

19. Francisco Gil, Disertación Físico-Médica. Extracto de la obra publicada en Medrid en 1784. (México, 1788).

20. AGN, Ramo Epidemias, vol. XVI, exp. 8, ff. 1-3v. S. F. Cook publicó la versión inglesa del edicto en: "Smallpox in Spanish and Mexican California: 1770-1845". Bull. Hist. Med., 7 (1939), pp. 158-163.

21. Cook, Bull. Hist. Med...., op cit, p. 943.

22. AGN. Hispital Real de Indios, vol. III, exp. 3, f. 95.

23. Cooper, Las epidemias..., op cit, pp. 139-41.

24. AGN, Ramo Epidemias, vol. XVI, exp. 6, ff. 49v-55.

25. AGN, Ramo Epidemias, vol. XVI, exp. 6, f. 22.

26. José Antonio Calderón Quijano, Los Virreyes de la Nueva España en el reinado de Carlos IV. (Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla, 1972). Manuel Rivera Cambas, Los Gobernantes de México. Desde Cortés hasta Juárez, tomo I. (México, Imprenta de J. M. Aguilar, 1872), pp. 480-495. Vicente Riva Palacio, Resumen integral de México a través de los siglos, tomo II, Virreinato. (México, Compañía General de Ediciones, S. A., 1951), pp. 459-64. Price, The Journal of..., op cit, p. 357.

27. AGN, Ramo Epidemias, vol. XI, exp. 2, f. 88.

28. Bartolache, José Ignacio, "Instrucciones sobre el método para curar viruelas", Gazeta de México, 25 septiembre 1797, tomo VIII, pp. 341-344.

29. AGN, Ramo Epidemias, vol. XI, exp. 2, f. 151. Método claro, sencillo y fácil que para practicar la Inoculación de viruelas, presenta al Público el Real Tribunal del Protomedicato de esta N. E. por Superior orden del Exmo. Señor Marqués de Branciforte Virrey de este Reyno. (México: Sin pie de imprenta, 1797).

30. AGN, Ramo Epidemias, vol.I, exp. 7, f. 496.

31. AGN, Ramo epidemias, vol. 1, exp. 2, ff. 375-76, 380.

32. Archivo Histórico, Palacio de Minería, 1797, caja 5, exp. 13, ff. 12-13.

33. Ibid, caja 5, exp. 13, ff. 1-3.

34. Archivo del Ex-Ayuntamiento, Ramo Policía, Salubridad, Epidemia Viruela, 1779, legajo 1, vol. 3678, exp. 2, f. 7v.

35. El concepto moderno de vacunación se refiere al procedimiento pasteuriano con virus atenuados, una especie de "forma débil" de la enfermedad y con el objeto de producir inmunidad activa.

36. Anne Marie Moulin et Pierre Chauvin, Lady Mary Montagu. L'Islam au péril de femmes. (Paris, Editions la Découverte, 1987).

37. Ex-Ayuntamiento, Ramo Policía, Salubridad, Epidemia-Viruela, vol. 3678, tomo I, exp. 1, fojas 36. Cooper, Las epidemias...op cit, p.86.

38. Genevieve Miller, The adoption of inoculation for smallpox in England and France. (London, 1957).

39. Emmanuel Timonis, "An account of the history and of the procuring of the small-pox by incision or inoculation, as it has for some time been practised at Constantinople". Philosophical Trans., 29 (London, 1714-16), pp. 78-86. Jacomo Pylarinos, "Nova et tuta variolas excitandi per transplantationem methodus nuper inventa et in usum tracta", Philosophical Trans., 29 (London, 1714-16), pp. 393-99.

40. Germán Somolinos D'ardois, "La viruela en la nueva España". En: Enrique Florescano et al. (Eds.), Ensayos sobre la Historia de las Epidemias en México, tomo I (México, Colección Salud y Seguridad Social, Serie Historia, IMSS, 1982), p.241.

41. Benito Feyjóo y Montenegro, Demostración Crítico-apologética del Teatro Crítico Universal, discurso XI, cap XIV. (Pamplona, España, 4a. impresión, Benito Coscullulla, 1781), pp. 328-331. Ana Cecilia Rodríguez de Romo et al. Tesoros de la Biblioteca Histórica doctor Nicolás León. Libros de Medicina de los siglos XVI, XVII y XVIII. (México, Facultad de Medicina, UNAM, 1996), p. 52.

42. Ver por ejemplo: Anton de Haen, Quaestiones saepius motae super methodo inoculandi variolas, and cuas directa eroditorum responsa Hucusque desideratur; indirecta Minus satiefacere vederitur:... (Naepoli, Felicis Ippoliti Bibliopolae, 1778). Rodríguez de Romo, Tesoros de la Biblioteca ...op cit, p. 63.

43. Paula Demerson, "La práctica de la variolización en España", Asclepio, 45-2(1993), pp.30,31.

44. Historia General de México, tomo 1, 3 ed. (México, El Colegio de México, 1981) pp. 661-665. AGN, Ramo Epidemias, vol. VI, exp. 1, f. 9.

45. AGN, Ramo Epidemias, vol. III, exp. 2, f. 90 y vol. VII, exp. 8, f. 5.

46. Sh. Cook, The smallpox epidemic...,op cit, p. 962.

47. Ex-Ayuntamiento, Ramo Policía, Salubridad, Epidemia-Viruela, vol. 3678, tomo I, exp. 2.

48. Rivera Cambas, Los gobernantes...,op cit, p 491.

49. Ex-Ayuntamiento, Ramo Policía, Salubridad, Epidemia-Viruela, vol. 3678, tomo I, exp. 3.

50. Ibid., exp. 2, f. 16.

51. Ibid. ff. 1-7.

52. Charles de la Condamine, Mémoire sur l'inoculation de la petite vérole. (Paris,1754).

53. Donald B. Cooper, Las epidemias en...,op cit, p. 93.

54. José Joaquín Izquierdo. Raudón cirujano poblano de 1810. (México, D. F., Ediciones Ciencia, 1949) p.63.

55. AGN, Ramo Epidemias, vol. XV, exp. 4, ff. 1-2.

56. Ibid. f. 7.

57. Ibid. ff. 12-13.

58. Ibid. f. 14.

59. Ibid. f. 15

60. Ibid. f. 18.

61. "Método claro, sencillo y fácil para practicar la inoculación de las viruelas". Gazeta de México, sábado 28 de octubre de 1797, tomo VIII, pp. 352-55.

62. AGN, Ramo Epidemias, vol. VII, exp. 7, f. 576. Vol. I, exp. 7, ff. 492, 497v, 500v, 501v.

63. AGN, Ramo Epidemias, vol. I, exp. 1, f. 329.

64. Es útil recordar que de acuerdo al censo del virrey Revillagigedo publicado en 1790, el país tenía entonces 4'530,432 habitantes. 1'147,973 vivían en las "Intendencias" de México y en la ciudad de México. La mera capital estaba rodeada de "garitas" y a su vez estaba dividida en ocho "cuarteles". Se calculo en 112,926 la población que vivía en esa área interna. Primer Censo de Población en la Nueva España, 1790. Censo de Revillagigedo, "Un Censo condenado", (México, Secretaría de Programación y Presupuesto, Dirección General de Estadística, 1977), p. 105.

65. Archivo del Ex. Ayuntamiento, Ramo Policía, Salubridad, Epidemia Viruela, 1797, legajo 1, vol. 3678, exp. 5, f. 5.

66. Michel M. Swann, Tierra adentro: Settlement and Society in Colonial Durango (Bouler, Colorado, Westview Press, 1982), pp. 154, 169. Cook, Bull. Hist. Med...,op cit. pp. 955-956.

67. Michael M. Smith, The "Real Expedición Marítima de la Vacuna" in New Spain and Guatemala. Transactions of the American Philosophical Society, New series, vol. 64-1, (Philadelphia, The American Philosophical Society, 1974), p.11.

68. Tate, The Royal Protomedicato...,op cit, p. 377.

69. Robin Price, An Annotated Calalogue of Medical Americana in the Library of the Wellcome Institute for the History of Medicine. (London, The Wellcome Institute for the History of Medicine, 1983).

70. El Resumen General fue el único que se pudo ver directamente ya que aparece publicado en diferentes trabajos -F. Fernández del Castillo, Los viajes de...,op cit, p. 64. Robin Price, An Annotated...,op cit, p. 109-, los otros dos no se encontraron en el AGN, lo mencionado aquí proviene del catalógo del Instituto Wellcome.

71. Robin Price, An annotated...,op cit, p.98. Donald Cooper, Las epidemias..., p. 195.

72. Robin Price, An Annotated...,op cit, 130. Curiosamente, Tate mezcla las cifras del Resumen General y del Protomedicato. Para él, 44, 516 son los socorridos que incluyen los inoculados y 56,169 son los "naturales". The Royal...,op cit, p. 376.

73. J. J. Izquierdo, Raudón...op cit, pp. 70, 212.

74. Peter Sköld, "From inoculation to vaccination: Smallpox in the 18th and 19th century Sweden". Trabajo inédito consultado gracias a la gentileza del autor.

75. José Flores, "Instrucción sobre el modo de practicar la inoculación de las viruelas y método para curar esta enfermedad, acomodado a la Naturaleza y modo de vivir de los indios y demás castas de gente rústica de los Pueblos del Reyno de Guatemala". AGN, Ramo Epidemias, vol. VII, exp. 10, f. 428-438.

76. Ibid. ff. 1 y 1v.

77. Martha Eugenia Rodríguez P., "El doctor José Felipe Flores, primer Protomédico de Guatemala". Boletín Mexicano de Historia y Filosofía de la Medicina, 13 (1990), pp. 111-123.

78. Francisco Fernández del Castillo, Los viajes de...,op cit, pp. 73-74.

79. Balmis tenía gran experiencia en asuntos de viruela, incluso había traducido el tratado de Moreau. J. L. Moreau de la Sarthe, Tratado histórico y práctico de la vacuna, traducido por Francisco Xavier de Balmis. (Madrid, Imprenta Real, 1803).

80. 400 Años de Viruela. (México, Secretaría de Salubridad y asistencia, 1952) p. 271.

81. Sh. Cook, Bull. Hist. Med....,op cit, p. 963.

82. AGN, Ramo Epidemias, vol. X, exp. 10, f. 107-112, 204-215.

83. Andrés Muriel, "Historia de Carlos IV". En: Biblioteca de Autores Españoles, (Madrid, Editorial Atlas, 1959), p. 59.