OKUPACIONES Y CENTROS SOCIALES EN LA COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID.

 La gente que participa:

 Si hay algo que caracteriza a las personas que participan en las okupaciones es su diversidad. Sería muy difícil encontrar elementos homogeneizantes que coincidiesen con la globalidad de las personas que okupan. Sin embargo sí podemos observar una serie de factores y características que, aunque no generales,  se repiten frecuentemente entre las personas que conforman este grupo social. Estas características podrían ser las siguientes:

 a) Carácter joven de los y las okupas cuyas edades pueden oscilar, más o menos, entre los dieciocho y los treinta años. Es precisamente este grupo de edad el que más castigado se encuentra por la problemática social, política y económica.

 "QUIENES SOMOS: Un kolectivo de OKUPANTES asqueados de la realidad en que vivimos (represión, no kurre o kurre alienado, no pelas, no lokales propios, militarismo, ...<<MUCHA POLICIA POCA DIVERSION>>).
 POR QUE OKUPAMOS: Existen más de 20.000 LOKALES VACIOS y semirruinosos por motivos de especulación o por simple abandono, mientras, miles de jóvenes están viviendo de prestado en kasa de sus padres, sin medios ekonómicos ni lugar donde llevar sus propias actividades." (Asamblea de Okupas de Madrí, 1987).

 Según pasan los años y se va adquiriendo una cierta estabilidad económica y una serie de compromisos, como pueden ser maternidad y paternidad o una mayor estabilidad económica (empleo fijo y con ingresos aceptables) el número de personas que okupan va descendiendo, aunque esto no impide que se siga participando en actividades de centros sociales ni que en estos casos todas las personas dejen de okupar.

 b) Carácter urbano de clase media y media-baja de los y las okupas. Es precisamente en los grandes nucleos urbanos y entre las clases citadas donde encontramos los problemas que más directamente afectan hoy en día a la juventud: paro, marginación social, drogas, imposibilidad de acceder a una vivienda, falta de locales donde poder realizar actividades culturales y políticas. Por tanto no es raro que haya sido en los grandes centros urbanos de nuestra comunidad como Madrid, Móstoles, Pinto, Leganés, Torrejón de Ardoz, Coslada... donde los y las jóvenes han optado por la vía de la okupación como solución a sus problemas y como elemento para reivindicar y provocar un cambio en la realidad social actual (entendido como un cambio en la organización de las relaciones sociales). A diferencia de los primeros años del "fenómeno okupa" en los que los y las jóvenes, procedentes de diferentes puntos de la comunidad, se concentraban en un mismo edificio para okupar un inmueble, hoy en día, con la extensión del fenómeno y la transformación en sus planteamientos, se ha propiciado que los y las jóvenes okupen en sus propios barrios, allí donde conviven a diario con sus problemas y desde donde van a intentar solucionarlos. Dentro de este grupo urbano, de clase media y media-baja, que okupa hay que destacar la existencia de un número significativo de estudiantes de enseñan-zas medias y universitarias, los y las cuales están afectados y afectadas por los mismos problemas que sus compañeros y compañe-ras no estudiantes, problemas que dificultan en gran medida la finalización de sus estudios.

 c) La problemática laboral es otra de las características que afectan a los y las jóvenes okupas. Paro y trabajo precario son dos de los grandes problemas que tiene hoy en día la juventud en nuestra comunidad. La falta de un trabajo digno provoca que los y las jóvenes no se puedan emancipar y desarrollarse como personas adultas y autónomas, esto produce una frustración debido a la falta de expectativas de futuro que se tiene. Esta problemá-tica económico-laboral provoca problemas de marginación social como pueden ser el uso de drogas, la delincuencia, la violencia y "el pasotismo".
 La okupación aparece ante el sector de jóvenes que aquí tratamos como una solución y una forma de luchar contra todos estos problemas mediante la creación de cooperativas autogestio-nadas y otras formas de trabajo no asalariado que permiten vivir fuera de las condiciones de precariedad y explotación imperantes en las actuales relaciones laborales.

 d) Otra característica común a los y las jóvenes okupas es la imposibilidad de acceder a una vivienda digna, tanto en régimen de propiedad como en alquiler. Los escasos medios económicos de los que disponen los y las jóvenes, debido a la falta de trabajo y a la precariedad del que existe, provoca que no puedan hacer frente a los elevados precios que se piden por una vivienda. Este problema provoca que los y las jóvenes permanezcan hasta edades avanzadas en los domicilios familiares no pudiendo desarrollarse individualmente.

 e) La falta de locales donde los y las jóvenes puedan desarrollar actividades culturales organizadas y desarrolladas por ellos y ellas mismas, al margen de las ofertas instituciona-les, es otro de los grandes problemas con los que se enfrentan los y las jóvenes, y que enfrentan los y las okupas, quienes se niegan a participar en las actividades que ofrecen las institu-ciones por ser estas organizadas y dirigidas sin tener en cuenta los intereses y necesidades de los y las propias jóvenes, también debido al alto coste que supone participar en algunas de estas actividades o programas culturales que quedan fuera del pequeño presupuesto de una gran parte de la juventud. Con la Okupación se pretende "crear espacios alternativos a los establecidos, para el ocio, el trabajo y la vida cotidiana..." (Asamblea de Okupas de Madrí 1987).
 Por otro lado tampoco existen lugares en los que los y las jóvenes se puedan reunir y asociarse para tratar por si mismas diferentes temas político-sociales que les afectan como son: Las drogas, el antimilitarismo, sindicalismo, el trabajo de base en los barrios, antifascismo, antirracismo...
 "...al estado y al sistema no les interesa que la juventud tenga locales donde reunirse a discutir temas como la insumisión, la okupación, el socialismo revolucionario, etc..., que no les interesa que l*s jóvenes tengamos donde huir de sus  casi inexistentes centros culturales y de su cultura elitista y manipulada, que no les interesa que haya colectivos autónomos que luchan por fines sociales como el antimilitarismo o la vivienda, que no les interesa que demostremos que se pueden organizar actividades sin grandes presupuestos de forma colectiva y no comercial..." (Comuni-cado a los medios de comunicación del C.S.A. Kampamento y la Koordinadora de Okupaciones de Madrid, 1995).

 f) Otra carácterística común es la disconformidad con la realidad social y la intención de transformarla desde una ideología política de izquierda. Como podemos ver los problemas que afectan a los y las jóvenes okupas en nuestra comunidad no son muy diferentes de los del resto de la juventud, pues no son un grupo aparte. Sin embargo hay algo que sí los puede diferenciar del resto, esto es la disposición que tienen para organizarse, luchar y buscar soluciones inmediatas y a largo plazo de los problemas que se les presentan, en lugar de esperar a que vengan tiempos mejores o a que se los solucionen otras personas o instituciones. Podemos ver como la acción es un argumento central: "No hay derecho a que existan cientos de pisos y locales vacíos y gente sin sitios donde vivir o desarrollar actividades. Mientras esto ocurra reivindicamos la ocupación de todos estos pisos y locales vacíos como freno a la especulación y como solución a nuestras necesidades." (Comunicado de 1986)
 El fenómeno de okupación puede ser entendido de dos formas: Primero, como un medio para satisfacer unas necesidades inmedia-tas como pueden ser el acceso a viviendas y locales y, segundo, como un medio para reivindicar y luchar por una transformación social. Es en esta segunda forma cuando el fenómeno de okupación deja de existir como tal para diluirse dentro de lo que es el movimiento alternativo. Movimiento alternativo que propone una serie de opciones distintas o diferentes para solucionar los problemas políticos y sociales de la sociedad actual. Ambas formas no son contradictorias ya que la transformación y lucha se desarrollan desde la cotidianeidad, desde lo inmediato. Dentro de este movimiento alternativo podemos identificar a un sector importante de los y las jóvenes que participan en la okupación de espacios, este grupo de jóvenes se define como antiautorita-rio, asambleario y autogestionario, entendiendo la autogestión como el sistema organizativo basado en la gestión colectiva y directa de los espacios por parte de sus okupantes quienes se hacen responsables de asumir la organización de dichos espacios y de sí mismos y mismas de una manera asamblearia y horizontal. Rechazan los valores que impone el sistema vigente, disconformes con el sistema económico, político y social al que pertenecemos. Proponen unas relaciones sociales nuevas basadas en la igualdad, la solidaridad, el apoyo mutuo y la autogestión. Rechazan tajantemente la sociedad de consumo, la jerarquización, el autoritarismo, el patriarcado y el capitalismo:

 "...la okupación busca la creación de espacios colectivos, y de relaciones no jerárquicas, a través de la solidaridad y la autogestión." (Casas Okupadas MadR.I.P. y Lucha Autónoma).

 La okupación, o reapropiación de espacios (reapropiación como concepto que se viene manejando dentro del movimiento autónomo para referirse a la recuperación de una usurpación anterior. Así la okupación no es una usurpación de espacio o una simple toma del mismo sino una reapropiación de lo que había sido usurpado por el capital, sustentado en el sistema económico-político vigente, al resto de la sociedad), para estos grupos alternativos no es una simple solución a sus problemas personales de vivienda, sino que representa una crítica y confrontación directa contra la especulación del suelo y aquello que la sustenta. En y desde la okupación se plantea una alternativa política, económica, social y cultural encaminada a la transfor-mación social; propuesta que parte desde la okupación, por ser ésta una manifestación palpable de que las cosas pueden ser tratadas y organizadas de una manera diferente a como el sistema actual nos las hace ver.
 Hay que señalar que dentro del colectivo okupa (teniendo en cuenta que la acción es colectiva pero el grupo no es homogéneo, o no tiene por qué serlo) no sólo se encuentran aquellas personas que viven en viviendas okupadas, sino también aquellas que de alguna manera participan en y apoyan al fenómeno de okupación. Puede haber muchas personas que viviendo en sus domicicilios particulares participen y disfruten de las actividades y espacios reapropiados por los centros sociales okupados. También aquellos que se movilizan y colaboran en las reivindicaciones y luchas que plantea el fenómeno okupa y por extensión el movimiento alterna-tivo.

 Zonas donde se okupa y tipo de edificios que son okupados:

 Las zonas donde más frecuentemente suelen producirse okupaciones y el tipo de inmuebles que se okupan no son cuestio-nes producto de la casualidad o la espontaneidad, sino que se trata de cuestiones mediatizadas por una serie de factores.
 En cuanto a las zonas urbanas madrileñas donde se encuentra mayor número de okupaciones podemos observar una serie de características: Las okupaciones suelen aparecer en aquellos núcleos urbanos de nuestra comunidad en los que la problemática juvenil es más patente (ver capítulo anterior). Estas son las ciudades dormitorio y núcleos industriales del Sur y el Este de nuestra comunidad como son Móstoles, Pinto, Coslada, Torrejón... Y los barrios populares del municipio de Madrid como son Carabanchel, Vallecas, Tetuán, Lavapiés, el barrio de los Austrias, Latina...
 En todas estas zonas podemos encontrar problemas de marginación social: toxicomanías, elevadas tasas de paro... problemas a los que se suman los del acceso a una vivienda y la falta de equipamientos. Muchas de estas zonas y barrios se encuentran dentro de un proceso de remodelación urbana como son los casos de Tetuán y Lavapiés-Arganzuela, afectados por el plan municipal de reordenación urbana (del que ya hablamos en su momento). Lo cual fomenta que exista un caldo de cultivo para que se vengan produciendo procesos especulativos respecto al suelo urbano. La mayor parte de los edificios que se encuentran en estas zonas en remodelación, actual o futura, son edificios antiguos habitados en su mayoría por personas ancianas en régimen de alquiler de renta antigua. La remodelación que se va a producir en estos barrios hace que el precio del suelo donde estos edificios se encuentran suba astronómicamente. La conse-cuencia es que se produce un proceso de especulación en el que los propietarios y la administración intentan desalojar de las zonas a sus antiguos habitantes para que así, una vez conseguidos los inmuebles vacíos, poder derribarlos y vender sus solares a inmobiliarias a precios muy elevados. Otras veces es la misma administración la que actúa como propietaria participando de dichos procesos especulativos, otras son las propias inmobilia-rias las propietarias de las fincas.
 La forma más habitual de obligar a los inquilinos y las inquilinas de renta antigua a que abandonen sus barrios es acelerando el deterioro y degradación de estos. La propiedad de los edificios se desentiende de las reparaciones y reformas que en estos está obligada a hacer, produciéndose así el deterioro progresivo de los inmuebles. La administración por su parte no facilita un equipamiento suficiente ni insta a la propiedad a cumplir sus obligaciones de cara a sus inquilinos, con lo cual el barrio se va haciendo cada vez más inhabitable y degradado, lo que le sirve de escusa para realizar grandiosos y multimillo-narios planes de urbanismo. Como ejemplo de esto podemos recordar el caso de la antigua Imprenta Minuesa en la Ronda de Toledo nº24 (Ver en los capítulos dedicados a la historia y a vivienda) sobre la que tenían intereses tanto la propiedad particular como el Ayuntamiento de Madrid. Con el proyecto de Pasillo Verde Ferroviario, debido a su cercanía, el solar de la imprenta se revalorizó astronómicamente hasta alcanzar un precio de alrededor de mil millones de pesetas. Este inmueble fue "olvidado" por su propiedad con el fin de que se fuera deteriorando cada vez más y así provocar la marcha de los vecinos y las vecinas que allí habitaban junto a los y las okupas. Tras su desalojo en mayo de 1994 el inmueble fue inmediatamente derruido. En su solar se espera que se construyan apartamentos de lujo -de elevado precio claro.
 Otros lugares donde la especulación fue y es latente es en la Cava Baja y los barrios de Lavapiés y Tetuán.

 La problemática que existe en estos barrios ha provocado que en ellos aparezca el fenómeno de okupación. Por un lado, por encontrarase en estos lugares gran número de casas vacías que son habitables y, por otro, porque es en estos lugares donde los postulados antiespeculativos del movimiento alternativo pueden ser llevados a la práctica.
 Los problemas que afectan a estos barrios hacen que un sector de la vecindad se organice, que se creen movimientos vecinales de base que luchan buscando soluciones a tales problemas que de otra forma no se habrían resuelto. Muchas de las veces las okupaciones forman parte estos movimientos vecinales. Un ejemplo de esto pueden ser las cooperativas de gestión de vivienda para jóvenes, que aunque no sigan, como cooperativa, los planteamientos del movimiento alternativo si plantean soluciones a los problemas urbanísticos y sociales de los barrios en que se forman.
 La okupación plantea una crítica y una lucha a la problemá-tica de la especulación del suelo que sufren estos barrios, plantea también  una forma organizativa alternativa, el trabajo de base y el asamblearismo, que permite articular las reivindica-ciones de los habitantes de estas zonas en luchas efectivas para sus intereses. Así "el centro popular es una propuesta por consolidar y reconstruir los lazos sociales que dan verdadera vida e identidad a los barrios, siendo centro de encuentro, de actividades y de reunión y sirviendo de punto de referencia para todo aquel que necesite de la ayuda y la solidaridad de vecinos y vecinas." (Minuesa, centro popular).
 Muchas de las okupaciones han partido de la propia lucha vecinal. Como ejemplos podemos recordar el del colegio okupado Seco en el barrio de Adelfas, distrito de Retiro, okupado tras una asamblea vecinal propuesta por jóvenes del barrio que vio necesaria la "reapropiación" de este espacio para crear en el un Centro Social y Cultural en el que se realizaran actividades y reuniones que suplieran la falta de equipamientos proporcionados por la administración.(ver en capítulo de Historia: Seco)
 Otro ejemplo similar fue la okupación por parte de una Asociación de Vecinos del edificio, proyecto inacabado de guardería, situado en la calle de Pablo Neruda s/n. para crear allí un Centro Cultural gestionado por la propia vecindad que satisficiese las necesidades reales del barrio de Palomeras.
 Muchos vecinos y vecinas en régimen de alquiler de renta antigua han facilitado a los y las okupas la información y medios necesarios para que okupen y rehabiliten inmuebles vacíos. De esta manera conjunta, vecinos y okupas hacen una mayor presión en contra de los intereses de los especuladores defendiéndose así con mayor fuerza.
 En muchos casos el fenómeno de okupación ha supuesto una reabilitación de barrios en proceso de deterioro y abandono.

 El tipo de inmueble que es okupado está estrechamente relacionado con las zonas en las que se okupa, así normalmente estos serán inmuebles antiguos, abandonados y en proceso de deterioro.
 El requerimiento imprescindible para que un inmueble sea okupado es que esté vacío y deshabitado. Esto se hace saber al resto del vecindario mediante comunicados en los que aparecen fragmentos como este:

 "NO OCUPAMOS CUALQUIER VIVIENDA
  Hemos ocupado esta vivienda porque lleva 20 años vacía, con dueño dudoso, hasta ahora ha sido foco de infección e inseguridad..." (Leganés, 1985)

 Son totalmente falsos aquellos rumores que corren diciendo que las casas pueden ser "asaltadas" y okupadas en ausencia de sus propietarios cuando estos se han ido a la compra o marchado de vacaciones. Este caso sería estúpido ya que principalmente lo que busca una o un okupa cuando entra en una inmueble es que pueda durar el mayor tiempo posible y no tener con la propiedad demasiados problemas legales, para poder dar una continuidad a su proyecto. Una persona que okupa no roba la propiedad del inmueble a nadie, no se reclama el derecho de la propiedad, únicamente da valor y uso a aquello que está abandonado reclaman-do sólo el derecho a utilizarlo en tanto en cuanto sus propieta-rios legales no le den un verdadero uso social a ese inmueble.
 Pese a las promesas de los propietarios de reutilizar y de dar un uso a los espacios que han sido okupados muchos de estos han sido convertidos en solares o simplemente continuan cerrados aumentando su proceso de deterioro, posiblemente en espera del momento idóneo en el que la venta del solar suponga un negocio multimillonario.
 Edificios como el de la calle del Amparo nº83, primera okupación de Madrid (1985), lleva ya más de diez años vacío e inutilizado (ver capítulo de Historia: Amparo). La antigua fábrica Pacisa situada en la Ronda de Atocha nº35, perteneciente al Instituto Nacional de Artes Escénicas y de la Música (INAEM) del Ministerio de Cultura desde el año 1986, lleva ya abandonada más de diez años en espera de que el Ministerio decida poner en práctica alguno de los proyectos que ha presentado para la rehabilitación y utilización de este inmueble, siendo el último el de crear aquí el Centro Nacional de Artes Escénicas. No hay que olvidar que este inmueble ya fue okupado en dos ocasiones, en 1987 y en 1994, por jóvenes que crearon sendos proyectos de reabilitación y creación de actividades culturales. En ambas ocasiones fueron desalojados y sus proyectos desestimados (ver capítulo de Historia: Ronda de Atocha 35 y Pacisa).
 A la hora de elegir un edificio para okupar los y las okupas suelen seguir unos criterios básicos empezando por el estado de abandono del inmueble y otros que no creemos pertinente mencionar aquí.
 
 Los Centros Sociales Okupados:

Dentro de los espacios okupados habría que marcar una división general entre aquellos espacios que son okupados para satisfacer una necesidad inmediata como es el de la vivienda y aquellos espacios que son okupados con la intención de crear en ellos un espacio abierto en el que okupas, vecinos y colectivos de base puedan organizar y realizar una serie de actividades en ellos.
 Es sobre este segundo tipo de espacios okupados de los que hablaremos aquí. Para comenzar habría que definir lo que es un Centro Social Okupado. Podríamos definir este como: "Un espacio con una infraestructura útil para el desarrollo de comunicación horizontal y la actividad de grupos de barrio, con el objetivo de extender debates sobre los problemas e inquietudes que se dan entre los sectores explotados y marginados de la población."

 El mensaje transformador y de lucha propuesto desde el movimiento alternativo ha utilizado a las okupaciones y más concretamente a los centros sociales okupados como espacio representativo de experimentación en el cual se pone en práctica la teoría que se plantea. Estos lugares a la vez de grandes tubos de ensayo sirven para demostrar de una manera práctica al resto de la sociedad la posibilidad y viabilidad de establecer un sistema que se ajuste más a lo que podrían ser las necesidades de la población.
 El hecho de okupar un espacio en desuso supone un acto de reapropiación de espacio para dar a este un fin social. Esta reapropiación del espacio supone una confrontación con el sistema, ya que se le arrebata dicho espacio para desarrollar en él proyectos alternativos y de transformación social. Así el Centro Social Okupado ejercerá de punto de encuentro, de comunicación y de organización en los barrios, en el que se articularán los diferentes colectivos de base interesados en buscar y poner en práctica soluciones a sus problemas e ir desarrollando poco a poco un cambio social a través de la experimentación de nuevas formas de convivencia y relaciones basadas en la horizontalidad y la autogestión.
 El Centro Social Okupado intenta potenciar y facilitar la organización en los barrios, fomentar una cultura popular crítica en contra de la cultura que ofrecen y/o fomentan las institucio-nes estatales por considerarla acrítica y propagandística de los valores que impone el sistema.
 Se pretende crear una cultura alternativa que satisfaga los intereses y los problemas reales de la persona, una cultura cuyas actividades nazcan de y sean desarrolladas por las propias personas que van a hacer uso y que, por tanto, se van a benefi-ciar de ellas. Una cultura no dirigida que fomenta la creación de y participación en actividades autogestionadas alternativas a las actividades dirigidas que ofrecen las instituciones culturales del Estado. Para esto se han elaborado proyectos desde una "Universidad Popular, donde tengan cabida todas la expresio-nes culturales que no se aceptan en los centros oficiales por no ser rentables económica o electoralmente (el Ayto. de Madrí debe creer que montar unos conciertos en San Isidro ya cumple con los jóvenes)" (Ronda de Atocha, 1987) hasta los propios fines de los centros sociales, en este caso el proyecto de centro popular en Minuesa donde se comunica:

  "Queremos ofrecer la posibilidad de crear una verdade-ra cultura popular en la que reconocernos como personas, rompiendo con la cultura espectacular que nos obliga a permanecer pasivos y acríticos. Entendemos que el desarro-llo de una verdadera cultura depende de que ésta refleje realidades vivas, no dependientes de la subvención oficial de turno. Queremos vivir y crear estas realidades, trabajar en una cultura que se sitúa en contra de lo que ya hay y construyendo alternativas.
  Nuestra cultura, como toda cultura verdadera, refleja unos contenidos críticos; la cultura del poder refleja unos valores dominantes que al ser difundidos se convierten en propagandistas de aquello que nos oprime, y se va interio-rizando y asumiendo inconscientemente, difundido por cine, TV, radio, etc." (Minuesa, centro popular)

 Para que este proyecto de transformación social sea realizado, el Centro Social Okupado funciona de una manera organizativa determinada basada en el asamblearismo y la autogestión, pudiendo definir a este segundo término como el "sistema alternativo al dominante al que opone nuevas y superio-res formas de democracia basadas en el ejercicio directo y colectivo de la gestión de los asuntos que afectan al espacio liberado y por extensión a las personas que lo utilizan, todo ello basado en el asamblearismo". Como ejemplo explicitado desde un centro social podemos destacar el siguiente:

 "...actividades y todo el Centro Social en general, funcio-na de forma autogestionaria y asamblearia, es decir, que las actividades las organizamos las propias personas que queremos que esa actividad se desarrolle sin intervención de ningún/a director/a - organizador/a - manipulador/a, y que las decisiones que afecten al Centro Social las tomamos tod*s l*s miembros del C.S. reunidos en asamblea por unanimidad, escuchando todas las opiniones hasta llegar a un acuerdo común, sin parlamentarismos ni delegaciones de ningún tipo" (C.S.A. Kampamento y Koordinadora de Okupacio-nes de Madrid. Comunicado a los medios de comunicación, 1995).

 Como hemos podido ver hasta ahora, dentro del Centro Social Okupado se realizan una serie de actividades encaminadas a satisfacer necesidades y problemas de las personas que viven en un barrio determinado. Actividades organizadas y realizadas por estas mismas personas que luchan y solucionan los problemas que les afectan directamente en el entorno en el que viven, que luchan por mejorar su cotidianeidad.
 Las actividades que se ofertan ejercen diferentes funciones, aunque todas ellas van encaminadas a potenciar una mejora de los barrios por aquellas personas que viven en ellos. Una de las funciones sería la de dotar a los barrios del equipamiento cultural que la administración no ofrece. Aunque normalmente los medios de que dispone un centro social okupado suelen ser escasos esto se resuelve con la colaboración e imaginación de todos y todas aquellas que de y en ello participan, siendo los resultados obtenidos satisfactorios y suficientes, como ejemplo podemos recordar el caso del colegio okupado en la calle de Seco, en el barrio de Adelfas, cuya segunda okupación partió de la decisión tomada en asamblea por los propios vecinos y vecinas que vieron necesaria la reapropiación de este espacio para que los y las jóvenes del barrio pudiesen desarrollar actividades culturales y organizativas que de otra manera no hubiesen sido posibles.

 Otra de las funciones de los centros sociales okupados, que ya hemos mencionado anteriormente, sería la de poner a disposi-ción de diferentes colectivos de base que existen en el barrio espacios donde poder reunirse y organizarse. Colectivos que por sus objetivos de transformación social y no dispuestos a aceptar los cauces que el sistema político ofi-cial /institucional ofrece para la participación política no tienen cabida, como es lógico, en los proyectos y planes que las instituciones proponen para dicha participación.

 Y la última de las funciones, por abreviar, que ejerce un centro social okupado es la de servir de espacio de experimenta-ción y demostración de formas alternativas sociales de organiza-ción y convivencia entre las personas. Sería como un tubo de ensayo en el que experimentar la transformación social:
 "...es posible demostrar las relaciones entre personas basadas en la solidaridad y el respeto a la diversidad y que mediante la autoorganización podemos acabar con el egoismo, la intolerancia y la ignorancia que en definitiva, son la base de este sistema." (Minuesa 1994).

 Las actividades y posibilidades que ofrece un centro social okupado son innumerables: clases y talleres de fotografía, serigrafía, cuero, cerámica, malabares, mecánica, peluquería, albañilería, autodefensa, idiomas, música, teatro etc.; activida-des culturales como conciertos de música de todo tipo (Hard Core, Punk, Rock, Flamenco, Celta, Magrebí, Hip Hop, Charangas etc.), pases de vídeo y diapositivas, exposiciones (pintura, escultura, fotografía...), charlas y debates sobre diversos temas de actualidad, fiestas reivindicativas, actividades infantiles, etc.; lugares de encuentro como bares, locales de reunión, comedores populares, distribuidoras de material alternativo etc.; oferta de espacio para su utilización (biblioteca, gimnasio,sala de teatro, sala de conciertos, locales de ensayo, huertos, viveros etc.); cooperativas de trabajo al margen de las relacio-nes de explotación que ofrece el trabajo asalariado y precario que existe en la actualidad.
 Dos de los atractivos que ofrecen estas actividades son su bajo precio, o su carácter gratuito, comparadas con las actividades ofertadas por las instituciones culturales estatales, y la satisfación y autorrealización que se alcanzan al ser uno o una misma quien crea y participa de las actividades que han sido creadas a la medida de sus necesidades. (En el anexo de comunica-dos también se incluyen programas de actividades de los centros sociales).
 Como hemos podido ver, las actividades que se realizan en los centros sociales okupados se organizan en función de las necesidades que tienen las propias personas que las crean y a las que van dirigidas, así pues las actividades dentro de un centro social pueden ser tan variadas como las apetencias o necesidades que tengan todas aquellas personas que están dispuestas a organizarlas y ponerlas en práctica.

 Es indudable el papel que ejercen estos centros para fomentar que las personas se organicen y solucionen sus problemas por sí mismas en lugar de delegar en otras la búsqueda de las soluciones a sus problemas y a su futuro, lo cual degeneraría en un dirigismo de las instituciones sobre las personas que delegan en ellas todo su poder de decisión y maniobra.
 La labor que ejercen estos lugares en los tipos de barrios en que se localizan es de gran importancia. No olvidemos que el fenómeno de okupación en nuestra comunidad es puramente urbano y se da generalmente en aquellos lugares donde la marginalidad y la problemática social aparecen de una manera más patente. La existencia de los centros sociales como alternativa para los y las jóvenes que sufren problemas de paro, inadaptación y marginalidad es importante, ya que en estos lugares pueden encontrar un sentido práctico a sus vidas, y a la vez, mediante la asociación con otros y otras jóvenes que sufren los mismos problemas, buscar y reivindicar soluciones.
 Como podemos ver los centros sociales okupados están dirigidos a las personas que habitan los barrios donde se encuentran, pudiendo participar en ellos todas aquellas que deseen buscar y crear alternativas que solucionen realmente su vida en los lugares donde residen, de una manera solidaria y horizontal. Posiblemente la participación en los centros sociales okupados no es en la actualidad todo lo amplia que se desearía por parte de los y las okupas; diferentes problemas, de los que hablaremos más adelante dificultan que estos proyectos político-sociales puedan llevarse de una manera satisfactoria a la práctica. Por otro lado no hay que olvidar la juventud del fenómeno okupa, y del movimiento alternativo, en el Estado Español en comparación con otro estados como Alemania, Holanda o Italia donde el movimiento lleva ya muchos más años, habiendo conseguido afianzarse hasta cierto punto dentro de la sociedad.

 Sintetizando, los centros sociales autogestionados y okupados ofrecen a la juventud una serie de atractivos: Primero poder ser la propia gente joven quien cree y organice sus propias actividades, aquellas en las que tienen más interés por realizar y que se adaptan mejor a sus problemas y necesidades a diferencia de los centros culturales municipales y otros organismos de cultura y ocio oficial que organizan y presentan actividades que escasamente interesan a la población joven de los barrios ya que estas actividades suelen estar mediatizadas por intereses políticos electoralistas (como la apertura de centros culturales y bibliotecas que llevaban un tiempo construidas en las vísperas de elecciones municipales y autonómicas) y están carentes de cualquier aspecto crítico con el que pueda verse perjudicada o amenazada la institución -las actividades están ahí, son como las lentejas, los y las jóvenes las toman o las dejan. Así por ejemplo temas como la droga, el paro , o la especulación son tratados de una manera muy suave y descontextualizada, de manera que la administración intenta no verse involucrada o salir lo más airosa posible, sin implicación en estos temas. Segundo, la posibilidad de reunirese, asociarse y organizarse al margen de los valores y condicionantes que impone el sistema instituido, pudiendo crear y organizar nuevas formas de vida alternativas y críticas con la forma de vida ofrecida desde el sistema. Tercero, la accesibilidad económica a las actividades que se realizan, siendo la mayoría gratis o con precios simbólicos. Esto contrasta con las actividades que ofrecen las instituciones, siendo estas en muchos casos inaccesibles para algunos bolsillos. Cuarto, el gran número y variedad de actividades que se intentan adaptar a todos los gustos y ser de interés general, claro que dentro de un contexto concreto de participación y organización horizontal. Como ejemplo de esta variedad, en el més de junio de 1995, en el Centro Social Autogestionado David Castilla, en el distrito de Tetuán, se realizaron veintidós actividades (cine, teatro, conciertos, exposiciones, charlas, debates, comidas populares, pases de diapositivas...) y mantuvo en marcha más de ocho talleres y cursos (vivero, baile, gimnasia, juegos de rol, idiomas, locales de ensayo...) frente a las veinticinco que realizaron los cuatro centros culturales municipales del distrito en ese mismo més. En otros distritos, como es el de Latina, las actividades culturales quedan prácticamente reducidas a las que se realizan en los centros sociales okupados, ya que no existe apenas oferta por parte de las instituciones.
 El centro social autogestionado se propone como una infraestructura más dentro del barrio en el que se encuentra y por lo tanto puede ser utilizado por los vecinos y vecinas de este y defendido en el caso de que este quiera ser desalojado.

 Relaciones de las okupaciones con el resto del vecindario:

 Las relaciones mantenidas entre okupas y vecinos y vecinas han sido de diferentes tipos, dependiendo de una serie de factores que analizaremos más abajo.
 Como hemos podido ver en apartados anteriores, la okupación no es algo distinto del vecindario, forma parte de él. Es decir, la okupación no es algo al margen de la realidad social y de los problemas del barrio, sino que comparte estos junto a sus vecinos y vecinas.
 Hay okupaciones en las que mantener una interrelación intensa y viva con el vecindario es un pilar básico de su existencia, como es el caso de lo que se pretende con los  centros sociales okupados. También hemos podido ver cómo algunas okupaciones han surgido de los propios movimientos vecinales, como la segunda okupación del colegio de Seco en el barrio de Adelfas, o del Centro Cultural Popular Pablo Neruda en Palomeras.
 Existen muchas zonas donde aparece una concentración significativa de okupaciones, y se debe en muchos casos a que los vecinos y las vecinas de estos barrios han facilitado, la tarea de entrar en las casas vacías a los y las okupas para poder hacer frente conjuntamente a problemas como el de la especulación con los terrenos. Como ejemplo podemos observar el de la zona de Estrecho, en el distrito de Tetuán, lugar donde los planes de ordenación urbanística del Ayuntamiento de Madrid han provocado fuertes procesos especulativos con el suelo, existiendo gran número de viviendas antiguas abandonadas en espera de ser demolidas. Aquí los y las okupas tienen un gran importante apoyo vecinal por ser esta gente un refuerzo en la lucha por mantener vivo este barrio del norte de Madrid.
 Parece inevitable que exista una relación entre okupas y el resto del vecindario, de esta situación se es consciente en las okupaciones, donde debido a su peculiar situación y por intentar formar parte del movimiento vecinal del propio barrio se necesita la aceptación y colaboración de este. Así, en muchos casos, sobre todo en el de los centros sociales okupados, al okuparse el inmueble se inicia una campaña informativa y de acercamiento por parte de los y las okupas a sus vecinos y vecinas. De este modo, mediante diversos sistemas como el reparto de comunicados como este:

  "A LA ATENCION DE LOS VECINOS/AS DEL BARRIO
 Vecinos/as nos dirigimos a vosotros para comunicaros que hemos ocupado el <<COLEGIO ABRAHAM LINCOLN>> (cerrado hace meses) pues el estado no nos da facilidades para adquirir una vivienda. No queremos que sea sólo para nosotros sino para el barrio con actividades culturales autogestionadas que da lugar a una mayor colectividad en el barrio, entre ellas queremos hacer talleres, jornadas de temas que nos afectan directamente como la heroina, igualdad, racismo, especulación, etc..).
  Les hemos escrito esto para evitar malos entendidos por parte suya debido a temores que puedan entorpecer nuestros esfuerzos para vivir de forma libre, autogestiona-da y alternativa.
  Suponemos que comprendan nuestra postura y les invita-mos a que no duden en plantear cualquier sugerencia, pega, etc. ya que nos abrimos a cualquier opinión racional.
  Esperamos que comprendan y apoyen nuestra OKUPACIÓN.
  GRACIAS." (C.S.A. Kampamento 1994).

la colocación de carteles, reuniones abiertas al barrio etc. los y las okupas intentan explicar a sus vecinos y vecinas las razones que han tenido para okupar un inmueble y lo que tienen proyectado hacer en él. Se invita a los vecinos y las vecinas a pasarse por la okupación para que conozcan directamente a quienes allí se encuentran y lo que están realizando, se pide su solidaridad y su participación. En muchos casos los y las vecinas se solidarizan y colaboran ayudando a habilitar el edifico okupado, regalando muebles, electrodomésticos, ropa y otros bienes de uso, e incluso colaborando y participando de/en las actividades que se realizan o que ellos y ellas mismas proponen y organizan. También se organizan y protestan cuando ocurre algún desalojo, como fue el caso de los comités de apoyo vecinal que se crearon frente a los desalojos de las okupaciones de Argumosa 41, Minuesa y Otamendi.

 Como podemos ver los y las okupas realizan un esfuerzo a la hora de crearse una buena imagen ante su barrio y relacionarse con él, sin embargo debido a distintos factores esta relación se ve en muchos casos dificultada: El caracter juvenil y "radical" del fenómeno de okupación hace que éste choque en muchos casos con los planteamientos del vecindario, gente más mayor que no llega a comprender, y mucho menos a compartir, lo que este grupo "extraño" explica y propone. Además muchos de los vecinos y vecinas de más edad explican en las entrevistas realizadas, como en el siguiente fragmento de una de ellas, que no asisten al centro social debido a su carácter juvenil "no voy al centro cultural (social) porque ya soy un poco carca para ir a las actividades que se hacen aquí, eso es para gente más joven". El choque generacional e ideológico -no hay que olvidar el discurso de ruptura que propone el movimiento alternativo, y dentro de él la okupación- hace que en muchos casos los vecinos y las vecinas recelen de aquellos y aquellas jóvenes que proponen un sistema alternativo antagónico al que siempre habían considerado correcto y único. En muchos casos el mensaje lanzado por el movimiento alternativo desde las okupaciones, concretamente desde los Centros Sociales, es independiente de la edad de los receptores y las receptoras, pero en la mayoría de los casos se asocia la okupación con un fenómeno juvenil, a ello ha contribuido en gran manera la prensa oficial y otras instancias institucionales identificando okupas con tribus urbanas o hablando simplemente de jóvenes.
 Por otro lado, siendo este el segundo factor que crea barreras entre okupas y vecinos, el fenómeno de okupación ha sido criminalizado por el Estado y por los medios de comunicación ante los ojos de la sociedad. El vecindario está mediatizado por esta propaganda criminalizadora a la hora de relacionarse con la okupaciones. Aunque la criminalización en algunos casos es directa: se castiga judicialmente la okupación, se clasifica a los y las okupas como Tribu Urbana violenta en el grupo 10 de la Policía Judicial de Madrid. En otros casos basta con exponer al público una exagerada presencia policial en un desalojo, o resaltar en los medios de comunicación sólamente los disturbios causados por algún grupo de okupas, en algún momento concreto, como si esto fuese lo único que estos grupos hacen. En muchos casos el recelo que sentirán hacia sus nuevos y extraños vecinos desaparecerá al conocerlos de una manera directa, como se observa en algunas de las entrevistas realizadas en la zona de Estrecho: "No dan ningún tipo de problema, todo lo contrario, son muy majos y muy educados, además algunos están estudiando..." En otros casos este recelo levantará barreras difíciles de salvar entre ambos grupos.

 No hay que olvidar que esta relación dependerá también de otros factores como es el tipo de okupación que se encuentra en el barrio, así por ejemplo, la okupación para viviendas pasa más inadvertida y por tanto no resulta tan problemática, sin embargo la creación de un centro social okupado paradójicamente suele generar más recelo y mayor número de problemas en el entorno vecinal; esto es debido a la gran actividad que desde estos lugares se genera, siendo inevitable un continuo tránsito de personas, la generación de ruidos y otros elementos que rompen con la relativa tranquilidad/monotonía a la que estaba acostum-brado el barrio. Muchas veces estos problemas son resueltos con el diálogo entre okupas y vecinos quienes de una manera respetuo-sa llegan a acuerdos que satisfacen a ambas partes, un ejemplo de esto es el del C.S.O Seco donde tras el diálogo con el vecindario se decidió no hacer conciertos por la mala insonoriza-ción del local, en otros centros se pacta el número de concier-tos, el tipo y su duración. Los vecinos del C.S.A. Minuesa hablaron sobre este tema:

  "En nuestra convivencia diaria con ellos, desde hace ya dos años, no podemos ignorar, ni ocultar que han surgido y surgen problemas dada la diferencia de mentalidad, edades y forma de vida de dos colectivos humanos tan dispares (...) Sin embargo también se ha dado y se sigue dando, un diálogo, una colaboración y un apoyo mútuo entre ambos grupos (...) Es decir se comportan como unos vecinos más, sólo un poco <<extraños>> para nuestro ojos, lo mismo que nosotros también se lo pareceremos a ellos."

 La diversidad de personas que participa en las okupaciones genera que se creen distintas relaciones con el resto del  vecindario. Así estamos acostumbrados a ver en ciertos medios de comunicación reaccionarios, partidistas, sensacionalistas y poco veraces (Lease ABC, cualquier artículo sobre okupas desde 1985) los continuos y graves problemas que crean los y las okupas en los barrios y como sus vecinos y vecinas adoptan una posición hostil hacia ellos y ellas. No hay que negar que esto ocurre en cierto sector dentro de las okupaciones en general, un sector más marginal, incluso dentro del propio movimiento alternativo. Así podemos encontrar jóvenes oKupas, vinculados en gran manera al movimiento Punk, más o menos politizado, pero cuyos planteamien-tos políticos no tienen mucho que ver con el movimiento alterna-tivo, aunque muchas veces puedan identificarse con él por razones puramente estéticas: música, vestuario... Esto es algo con lo que se quiere romper desde las okupaciones más vinculadas al movimiento alternativo autónomo, desde allí las posturas hacia estos grupos son dispares, desde quien los acepta sin más, hasta quienes los rechazan por ser perjudiciales para el movimiento, también hay quienes los aceptan con resignación como algo que sucede debido a la extensión del movimiento. Sean alternativos o no, estos grupos plantean también una ruptura, a veces puramente estética, y son muy visibles aunque se tenga una mala opinión generalizada de ellos. También plantean una solución, personal, a la falta de espacio para los y las jóvenes. Sin embargo y aunque los medios de comunicación, ya mencionados, intenten extender y generalizar las acciones de estos grupos marginales al resto de los y las okupas, no hay que olvidar que se trata de un grupo minoritario dentro de lo que es este fenómeno y que no se adapta precisamente a sus planteamientos. Generalizar o meter todo en el mismo saco sería igual de estúpido que afirmar que todas las personas que viven en régimen de alquiler son unos delincuentes sólo porque alguno de ellos lo sea.

 Sea como sea, los distintos factores que obstaculizan una relación buena y satisfactoria entre okupaciones y vecindad han generado que se produzca una escasa participación del vecindario en los planteamientos y proyectos propuestos por el movimiento alternativo. Esta desidia o recelo a participar o relacionarse por parte del vecindario ha provocado que muchos y muchas okupas critiquen las posturas poco aperturistas y poco colaboradoras de los vecinos y las vecinas produciéndose así entre los y las okupas un encerramiento en si mismas, cansadas y sin recursos para hacer llegar su mensaje y sus proyectos a aquellas personas hacia las que van dirigidos.
 Aunque el fenómeno de okupación aun no ha calado demasiado en nuestra sociedad, puede deberse a los pocos años que lleva funcionando, ahora es realmente cuando empieza a ser más conocido por la población y también más apoyado. En otros países como Italia, donde este movimiento tiene ya una mayor trayectoria, las relaciones que existen entre okupas y vecindad suelen ser mucho más satisfactorias, existiendo un mayor apoyo y colaboración por parte de este.
 
 El nuevo Código Penal y las okupaciones:

 Según el artículo 1º de la Constitución Española: "Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general, para impedir la especulación."
 El artículo 7º del Código Civil nos dice: "Los derechos deberán ejercitarse conforme a las exigencias de la buena fe: la ley no ampara el abuso del derecho o el ejercicio antisocial del mismo."
 De estos dos artículos podemos releer que todos y todas tenemos derecho a disfrutar de una vivienda digna y que será el Estado quien cree las condiciones para que esto pueda ser llevado a efecto. Por otro lado el Estado reconoce el derecho a la propiedad privada siempre que esta cumpla una función social, función social que delimita el contenido de la propiedad privada. Así pues tener una propiedad sin utilizar puede ser un ejercicio antisocial del derecho a la propiedad y, por lo tanto, esta propiedad debería quedar desamparada por la ley. Si el Estado no promueve ni crea las condiciones necesarias para que todas las personas tengan acceso a una vivienda digna y adecuada sería legítimo que fuesen estas propias personas quienes reclameasen al Estado el cumplimiento de sus derechos, y en caso de que estos no fueran escuchados sería igualmente legítimo que estas propias personas promoviesen y creasen las condiciones necesarias para acceder a los derecho que la propia Ley les garantiza. En este caso, el que los ciudadanos y las ciudadanas den un uso social a las propiedades privadas que están sometidas a un uso antiso-cial, como puede ser mantener propiedades vacías y/o abandonadas cuando hay un amplio sector social que necesita del uso de estas, sería legal y legítimo.
 Sin embargo nada de esto ocurre así. El derecho a una vivienda digna no está siendo considerado por el Estado como un derecho fundamental, aunque así lo diga la Constitución. Es un derecho que existe pero que puede no darse ni exigirse. La solución que nos ofrece el Estado frente a este grave problema es el de crear un vacío legal alrededor de este derecho, es decir, que aunque sea ilegítimo que este derecho no se promueva, se dé o se creen obstáculos a la consecución de él, el Estado no legisla ni penaliza esta situación. Sin embargo paradójicamente, cuando los ciudadanos y ciudadanas quieren ejercer estos derechos y toman medidas lícitas para conseguirlos son criminalizadas y penalizadas, creando el Estado una legislación represiva cada vez mayor para acabar con este hecho.

 Lo cierto es que la okupación, o reapropiación de un espacio vacío o abandonado que ejercía, como hemos apuntado, una función antisocial para darle una función social no constituye delito en la actualidad. Actualmente, desde el punto de vista penal la okupación no está tipificada, así pues no puede ser criminalizada como tal. Hasta el momento propiedad e instituciones administra-tivas estatales han intentado controlar jurídicamente el fenómeno de okupación por dos medios, el civil y el penal.
 El procedimiento civil es el que se da más usualmente. Se trata del procedimiento más lento pero también más seguro para la propiedad. Existen varios procedimientos por los que la propiedad puede conseguir el desahucio de la okupación, por contra los y las okupas también podrán recurrir, alargando así el tiempo de permanencia en el inmueble hasta que finalmente se lleve a efecto el desahucio o desalojo. Las penas que se pueden aplicar a los y las okupas a través de este procedimiento son las de arrestos domiciliarios y multas, aunque la mayor parte de las veces salen sin cargos.
 El segundo procedimiento se lleva a cabo cuando existen coacciones por parte de los y las okupas hacia la propiedad. Es decir que el primer grupo obligue al segundo a realizar algo que no desea o se realice algún tipo de violencia hacia el inmueble okupado, este medio posibilita un rápido desalojo, aunque son escasos los procedimientos que siguen esta vía de lo penal, ya que la propiedad debe justificar que los y las okupas han realizado algún tipo de violencia sobre la propiedad o coacción sobre los propietarios.
 Hasta ahora la actuación y veredicto de los jueces y las juezas respecto a estos casos han sido variados y, aunque por lo general, salgan mejor parados los propietarios de los inmuebles okupados, también han aparecido sentencias en las que se daba la razón a los y las okupas, como fue el caso de la imprenta Minuesa, cuando en julio de 1993 salió la resolución al interdic-to que los y las okupas habían presentado dos años antes siendo el resultado favorable a las peticiones de los y las okupantes. La resolución aceptó el derecho a posesión de la finca por contrato verbal a siete personas, una por cada una de las viviendas okupadas, por llevar allí viviendo cinco años. También advirtió al Ayuntamiento de Madrid de la resolución para que así no se perturbase la paz vecinal.
 En muchos casos son los propios y propias okupas quienes toman la iniciativa legal en contra de la propiedad y la administración (que muchas veces es también propiedad) entrando en batallas legales con la esperanza de que sus derechos puedan ser finalmente reconocidos.
 Hay que señalar el alto número de irregularidades legales y judiciales que se producen en lo referente a las okupaciones como son los desalojos ilegales, al no presentarse la orden judicial de desalojo necesaria, el hostigamiento hacia los y las okupas por parte de la propiedad y Policía antes de que exista ningún tipo de sentencia sobre su situación, los errores de forma en las sentencias y desalojos contra las okupaciones, la obstrucción de los derechos y labores de los y las abogadas durante los desalojos, la brutalidad y violaciones de derechos humanos por parte de la policía a los y las okupas durante los desalojos, elaboración de filmaciones y de fichas policiales ilegales a los y las okupas etc.

 En la actualidad el Estado intenta sacar adelante una reforma del Código Penal intentando tipificar penalmente una serie de situaciones que hasta el momento no se habían podido reprimir o condenar lo suficiente.
 En este proyecto de código penal aparece un artículo que tipifica la okupación como un delito, este artículo es el 195º y dice: "Será castigado con las penas de prisión de seis meses a un año y multa de seis a diez meses el que entrare o se mantuviere contra la voluntad de su titular en el domicilio de una persona jurídica, pública o privada, despacho profesional u oficina o en establecimiento mercantil o local abierto al público fuera de las horas de apertura. Si el acto fuera hecho con intimidación las penas serán de prisión de uno a tres años y multa de seis a diez meses".
 Como podemos ver el salto cualitativo con que el estado penaliza la okupación es muy grande, pasando de no existir el delito a ser penalizado con penas de hasta tres años de cárcel.
 También con este código penal el Estado aumenta su poder y competencias, ya que hasta ahora tenía que ser la propiedad del inmueble okupado la que denunciara la situación, sin embargo con el nuevo código penal podrá ser el propio Estado quien tome la iniciativa legal, sin tener en cuenta a la propiedad, ya que el hecho de okupar supone un delito en sí mismo. Con esto las fuerzas de seguridad del Estado podrán entrar en una okupación sin que exista denuncia por parte de la propiedad u orden de desalojo dictada por el juzgado y detener a quienes allí se encuentran.
 Aunque el nuevo código penal no sea retroactivo, no significa que se libren de él aquellas okupaciones que hubiesen sido llevadas a efecto anteriormente a la promulgación del código penal en proyecto, ya que lo que se penaliza no es el momento en que el inmueble fue okupado sino el que los y los okupas continuen permaneciendo en él en contra del consentimiento de sus propietarios en el momento en el que el nuevo código penal sea vigente.
 Conceptos que aparecen en el artículo 195º como el de la intimidación, que supondría la pena más alta, pueden ser aplicados con facilidad en muchas circunstancias ya que no queda descrito de una manera precisa.
 Como podemos ver, el carácter represivo del nuevo código penal respecto a las okupaciones es patente pero no todo queda aquí, sino que aparte de las okupaciones de inmuebles para la creación de viviendas o centros sociales también se penaliza a las ocupaciones sindicales de obreros y obreras en fábricas, edificios de gobierno etc. que luchan de esta manera por sus derechos. Con esto se ataca a los derechos adquiridos, como son el derecho a protestar y manifestarse, de un amplio sector de la sociedad, suponiendo el nuevo código un retroceso en la lucha por las libertades en el Estado español.

 Pero queda hacerse una pregunta ¿Por qué ha cambiado el Estado su posición frente a la okupación criminalizándola?
 En teoría lo que se tipifica como delito está en relación con la realidad social que existe y con los conflictos que existen entre los individuos y distintos grupos sociales que en ella se encuentran. Una vez hecho un análisis de estos conflictos se determina lo que es delito y lo que no lo es y el tipo de penas que se aplicarán a cada delito. Como vemos el código penal, en teoría, es creado para cubrir y resolver los problemas que existen en todos los sectores y grupos de la sociedad, siendo el Estado legislador quien crea los mecanismos necesarios para resolver los problemas que la sociedad tiene, es decir, la Ley la crea el pueblo, siendo el aparato legislativo del Estado un medio para que estas reivindicaciones populares se lleven a efecto. Sin embargo esto no suele ocurrir así sino que frecuente-mente es el propio Estado y las clases dirigentes que se encuentran en la cúspide quienes deciden, en lugar de asumir su papel de medio, lo que se debe proteger y lo que no, lo que es peligroso y lo que no lo es, lo que hay que penalizar y lo que no, desoyendo e ignorando los problemas reales de la globalidad social para anteponer sus intereses particulares a los intereses de la mayoría. El Estado, aprovechando los sistemas que posee de control de masas, legitima ante la sociedad las medidas legales tomadas y hace que estas sean aceptadas y defendidas por la mayor parte de la sociedad, pareciendo que los intereses particulares de unos, clases políticas y económicas dirigentes, son los intereses generales de todo el pueblo. El resultado de esta maquiavélica manipulación de los intereses y problemas sociales es que gentes que nunca van a poseer una serie de bienes, ya que estos están distribuidos asimétricamente, defiendan y legitimen las acciones para ello como si estos fueran suyos, en contra de aquellas personas de su mismo estrato social que intentan acceder a estos bienes.
 El código penal aparece como un instrumento del Estado para reprimir a las clases sociales más desfavorecidas mediante la criminalización y división de éstas. Con el artículo 195º del proyecto de código penal el Estado no sólo mantiene a salvo, mediante la represión y la intimidación, uno de los pilares del sistema capitalista defendido y dirigido por las clases más pudientes económicamente, la propiedad privada, sino que también consigue reprimir las luchas de clases y reivindicaciones de las clases más desfavorecidas de la sociedad que en y desde las okupaciones mantienen una postura crítica y de lucha frente a los valores que nos impone el sistema. Que existan personas que piensen, se organicen y creen vías alternativas a la única vía que presenta el sistema puede resultar muy peligroso para el Estado, ya que la "estabilidad y tranquilidad" social impuesta pueden verse perturbadas y rotas por el efecto mimético que produce la lucha de estas personas en el resto de la sociedad.
 Una vez más el Estado manipula el significado de la Constitución Española, en este caso el artículo 1º, mediante una pirueta jurídica que soluciona mediante la represión una de las patatas calientes con las que se debería enfrentar.
 



 
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