La gente que participa:
Si hay algo que caracteriza a las personas que participan en las okupaciones es su diversidad. Sería muy difícil encontrar elementos homogeneizantes que coincidiesen con la globalidad de las personas que okupan. Sin embargo sí podemos observar una serie de factores y características que, aunque no generales, se repiten frecuentemente entre las personas que conforman este grupo social. Estas características podrían ser las siguientes:
a) Carácter joven de los y las okupas cuyas edades pueden oscilar, más o menos, entre los dieciocho y los treinta años. Es precisamente este grupo de edad el que más castigado se encuentra por la problemática social, política y económica.
"QUIENES SOMOS: Un kolectivo de OKUPANTES asqueados de la realidad
en que vivimos (represión, no kurre o kurre alienado, no pelas,
no lokales propios, militarismo, ...<<MUCHA POLICIA POCA DIVERSION>>).
POR QUE OKUPAMOS: Existen más de 20.000 LOKALES VACIOS
y semirruinosos por motivos de especulación o por simple abandono,
mientras, miles de jóvenes están viviendo de prestado en
kasa de sus padres, sin medios ekonómicos ni lugar donde llevar
sus propias actividades." (Asamblea de Okupas de Madrí, 1987).
Según pasan los años y se va adquiriendo una cierta estabilidad económica y una serie de compromisos, como pueden ser maternidad y paternidad o una mayor estabilidad económica (empleo fijo y con ingresos aceptables) el número de personas que okupan va descendiendo, aunque esto no impide que se siga participando en actividades de centros sociales ni que en estos casos todas las personas dejen de okupar.
b) Carácter urbano de clase media y media-baja de los y las okupas. Es precisamente en los grandes nucleos urbanos y entre las clases citadas donde encontramos los problemas que más directamente afectan hoy en día a la juventud: paro, marginación social, drogas, imposibilidad de acceder a una vivienda, falta de locales donde poder realizar actividades culturales y políticas. Por tanto no es raro que haya sido en los grandes centros urbanos de nuestra comunidad como Madrid, Móstoles, Pinto, Leganés, Torrejón de Ardoz, Coslada... donde los y las jóvenes han optado por la vía de la okupación como solución a sus problemas y como elemento para reivindicar y provocar un cambio en la realidad social actual (entendido como un cambio en la organización de las relaciones sociales). A diferencia de los primeros años del "fenómeno okupa" en los que los y las jóvenes, procedentes de diferentes puntos de la comunidad, se concentraban en un mismo edificio para okupar un inmueble, hoy en día, con la extensión del fenómeno y la transformación en sus planteamientos, se ha propiciado que los y las jóvenes okupen en sus propios barrios, allí donde conviven a diario con sus problemas y desde donde van a intentar solucionarlos. Dentro de este grupo urbano, de clase media y media-baja, que okupa hay que destacar la existencia de un número significativo de estudiantes de enseñan-zas medias y universitarias, los y las cuales están afectados y afectadas por los mismos problemas que sus compañeros y compañe-ras no estudiantes, problemas que dificultan en gran medida la finalización de sus estudios.
c) La problemática laboral es otra de las características
que afectan a los y las jóvenes okupas. Paro y trabajo precario
son dos de los grandes problemas que tiene hoy en día la juventud
en nuestra comunidad. La falta de un trabajo digno provoca que los y las
jóvenes no se puedan emancipar y desarrollarse como personas adultas
y autónomas, esto produce una frustración debido a la falta
de expectativas de futuro que se tiene. Esta problemá-tica económico-laboral
provoca problemas de marginación social como pueden ser el uso de
drogas, la delincuencia, la violencia y "el pasotismo".
La okupación aparece ante el sector de jóvenes
que aquí tratamos como una solución y una forma de luchar
contra todos estos problemas mediante la creación de cooperativas
autogestio-nadas y otras formas de trabajo no asalariado que permiten vivir
fuera de las condiciones de precariedad y explotación imperantes
en las actuales relaciones laborales.
d) Otra característica común a los y las jóvenes okupas es la imposibilidad de acceder a una vivienda digna, tanto en régimen de propiedad como en alquiler. Los escasos medios económicos de los que disponen los y las jóvenes, debido a la falta de trabajo y a la precariedad del que existe, provoca que no puedan hacer frente a los elevados precios que se piden por una vivienda. Este problema provoca que los y las jóvenes permanezcan hasta edades avanzadas en los domicilios familiares no pudiendo desarrollarse individualmente.
e) La falta de locales donde los y las jóvenes puedan desarrollar
actividades culturales organizadas y desarrolladas por ellos y ellas mismas,
al margen de las ofertas instituciona-les, es otro de los grandes problemas
con los que se enfrentan los y las jóvenes, y que enfrentan los
y las okupas, quienes se niegan a participar en las actividades que ofrecen
las institu-ciones por ser estas organizadas y dirigidas sin tener en cuenta
los intereses y necesidades de los y las propias jóvenes, también
debido al alto coste que supone participar en algunas de estas actividades
o programas culturales que quedan fuera del pequeño presupuesto
de una gran parte de la juventud. Con la Okupación se pretende "crear
espacios alternativos a los establecidos, para el ocio, el trabajo y la
vida cotidiana..." (Asamblea de Okupas de Madrí 1987).
Por otro lado tampoco existen lugares en los que los y las jóvenes
se puedan reunir y asociarse para tratar por si mismas diferentes temas
político-sociales que les afectan como son: Las drogas, el antimilitarismo,
sindicalismo, el trabajo de base en los barrios, antifascismo, antirracismo...
"...al estado y al sistema no les interesa que la juventud tenga
locales donde reunirse a discutir temas como la insumisión, la okupación,
el socialismo revolucionario, etc..., que no les interesa que l*s jóvenes
tengamos donde huir de sus casi inexistentes centros culturales y
de su cultura elitista y manipulada, que no les interesa que haya colectivos
autónomos que luchan por fines sociales como el antimilitarismo
o la vivienda, que no les interesa que demostremos que se pueden organizar
actividades sin grandes presupuestos de forma colectiva y no comercial..."
(Comuni-cado a los medios de comunicación del C.S.A. Kampamento
y la Koordinadora de Okupaciones de Madrid, 1995).
f) Otra carácterística común es la disconformidad
con la realidad social y la intención de transformarla desde una
ideología política de izquierda. Como podemos ver los problemas
que afectan a los y las jóvenes okupas en nuestra comunidad no son
muy diferentes de los del resto de la juventud, pues no son un grupo aparte.
Sin embargo hay algo que sí los puede diferenciar del resto, esto
es la disposición que tienen para organizarse, luchar y buscar soluciones
inmediatas y a largo plazo de los problemas que se les presentan, en lugar
de esperar a que vengan tiempos mejores o a que se los solucionen otras
personas o instituciones. Podemos ver como la acción es un argumento
central: "No hay derecho a que existan cientos de pisos y locales vacíos
y gente sin sitios donde vivir o desarrollar actividades. Mientras esto
ocurra reivindicamos la ocupación de todos estos pisos y locales
vacíos como freno a la especulación y como solución
a nuestras necesidades." (Comunicado de 1986)
El fenómeno de okupación puede ser entendido de
dos formas: Primero, como un medio para satisfacer unas necesidades inmedia-tas
como pueden ser el acceso a viviendas y locales y, segundo, como un medio
para reivindicar y luchar por una transformación social. Es en esta
segunda forma cuando el fenómeno de okupación deja de existir
como tal para diluirse dentro de lo que es el movimiento alternativo. Movimiento
alternativo que propone una serie de opciones distintas o diferentes para
solucionar los problemas políticos y sociales de la sociedad actual.
Ambas formas no son contradictorias ya que la transformación y lucha
se desarrollan desde la cotidianeidad, desde lo inmediato. Dentro de este
movimiento alternativo podemos identificar a un sector importante de los
y las jóvenes que participan en la okupación de espacios,
este grupo de jóvenes se define como antiautorita-rio, asambleario
y autogestionario, entendiendo la autogestión como el sistema organizativo
basado en la gestión colectiva y directa de los espacios por parte
de sus okupantes quienes se hacen responsables de asumir la organización
de dichos espacios y de sí mismos y mismas de una manera asamblearia
y horizontal. Rechazan los valores que impone el sistema vigente, disconformes
con el sistema económico, político y social al que pertenecemos.
Proponen unas relaciones sociales nuevas basadas en la igualdad, la solidaridad,
el apoyo mutuo y la autogestión. Rechazan tajantemente la sociedad
de consumo, la jerarquización, el autoritarismo, el patriarcado
y el capitalismo:
"...la okupación busca la creación de espacios colectivos, y de relaciones no jerárquicas, a través de la solidaridad y la autogestión." (Casas Okupadas MadR.I.P. y Lucha Autónoma).
La okupación, o reapropiación de espacios (reapropiación
como concepto que se viene manejando dentro del movimiento autónomo
para referirse a la recuperación de una usurpación anterior.
Así la okupación no es una usurpación de espacio o
una simple toma del mismo sino una reapropiación de lo que había
sido usurpado por el capital, sustentado en el sistema económico-político
vigente, al resto de la sociedad), para estos grupos alternativos no es
una simple solución a sus problemas personales de vivienda, sino
que representa una crítica y confrontación directa contra
la especulación del suelo y aquello que la sustenta. En y desde
la okupación se plantea una alternativa política, económica,
social y cultural encaminada a la transfor-mación social; propuesta
que parte desde la okupación, por ser ésta una manifestación
palpable de que las cosas pueden ser tratadas y organizadas de una manera
diferente a como el sistema actual nos las hace ver.
Hay que señalar que dentro del colectivo okupa (teniendo
en cuenta que la acción es colectiva pero el grupo no es homogéneo,
o no tiene por qué serlo) no sólo se encuentran aquellas
personas que viven en viviendas okupadas, sino también aquellas
que de alguna manera participan en y apoyan al fenómeno de okupación.
Puede haber muchas personas que viviendo en sus domicicilios particulares
participen y disfruten de las actividades y espacios reapropiados por los
centros sociales okupados. También aquellos que se movilizan y colaboran
en las reivindicaciones y luchas que plantea el fenómeno okupa y
por extensión el movimiento alterna-tivo.
Zonas donde se okupa y tipo de edificios que son okupados:
Las zonas donde más frecuentemente suelen producirse okupaciones
y el tipo de inmuebles que se okupan no son cuestio-nes producto de la
casualidad o la espontaneidad, sino que se trata de cuestiones mediatizadas
por una serie de factores.
En cuanto a las zonas urbanas madrileñas donde se encuentra
mayor número de okupaciones podemos observar una serie de características:
Las okupaciones suelen aparecer en aquellos núcleos urbanos de nuestra
comunidad en los que la problemática juvenil es más patente
(ver capítulo anterior). Estas son las ciudades dormitorio y núcleos
industriales del Sur y el Este de nuestra comunidad como son Móstoles,
Pinto, Coslada, Torrejón... Y los barrios populares del municipio
de Madrid como son Carabanchel, Vallecas, Tetuán, Lavapiés,
el barrio de los Austrias, Latina...
En todas estas zonas podemos encontrar problemas de marginación
social: toxicomanías, elevadas tasas de paro... problemas a los
que se suman los del acceso a una vivienda y la falta de equipamientos.
Muchas de estas zonas y barrios se encuentran dentro de un proceso de remodelación
urbana como son los casos de Tetuán y Lavapiés-Arganzuela,
afectados por el plan municipal de reordenación urbana (del que
ya hablamos en su momento). Lo cual fomenta que exista un caldo de cultivo
para que se vengan produciendo procesos especulativos respecto al suelo
urbano. La mayor parte de los edificios que se encuentran en estas zonas
en remodelación, actual o futura, son edificios antiguos habitados
en su mayoría por personas ancianas en régimen de alquiler
de renta antigua. La remodelación que se va a producir en estos
barrios hace que el precio del suelo donde estos edificios se encuentran
suba astronómicamente. La conse-cuencia es que se produce un proceso
de especulación en el que los propietarios y la administración
intentan desalojar de las zonas a sus antiguos habitantes para que así,
una vez conseguidos los inmuebles vacíos, poder derribarlos y vender
sus solares a inmobiliarias a precios muy elevados. Otras veces es la misma
administración la que actúa como propietaria participando
de dichos procesos especulativos, otras son las propias inmobilia-rias
las propietarias de las fincas.
La forma más habitual de obligar a los inquilinos y las
inquilinas de renta antigua a que abandonen sus barrios es acelerando el
deterioro y degradación de estos. La propiedad de los edificios
se desentiende de las reparaciones y reformas que en estos está
obligada a hacer, produciéndose así el deterioro progresivo
de los inmuebles. La administración por su parte no facilita un
equipamiento suficiente ni insta a la propiedad a cumplir sus obligaciones
de cara a sus inquilinos, con lo cual el barrio se va haciendo cada vez
más inhabitable y degradado, lo que le sirve de escusa para realizar
grandiosos y multimillo-narios planes de urbanismo. Como ejemplo de esto
podemos recordar el caso de la antigua Imprenta Minuesa en la Ronda de
Toledo nº24 (Ver en los capítulos dedicados a la historia y
a vivienda) sobre la que tenían intereses tanto la propiedad particular
como el Ayuntamiento de Madrid. Con el proyecto de Pasillo Verde Ferroviario,
debido a su cercanía, el solar de la imprenta se revalorizó
astronómicamente hasta alcanzar un precio de alrededor de mil millones
de pesetas. Este inmueble fue "olvidado" por su propiedad con el fin de
que se fuera deteriorando cada vez más y así provocar la
marcha de los vecinos y las vecinas que allí habitaban junto a los
y las okupas. Tras su desalojo en mayo de 1994 el inmueble fue inmediatamente
derruido. En su solar se espera que se construyan apartamentos de lujo
-de elevado precio claro.
Otros lugares donde la especulación fue y es latente es
en la Cava Baja y los barrios de Lavapiés y Tetuán.
La problemática que existe en estos barrios ha provocado
que en ellos aparezca el fenómeno de okupación. Por un lado,
por encontrarase en estos lugares gran número de casas vacías
que son habitables y, por otro, porque es en estos lugares donde los postulados
antiespeculativos del movimiento alternativo pueden ser llevados a la práctica.
Los problemas que afectan a estos barrios hacen que un sector
de la vecindad se organice, que se creen movimientos vecinales de base
que luchan buscando soluciones a tales problemas que de otra forma no se
habrían resuelto. Muchas de las veces las okupaciones forman parte
estos movimientos vecinales. Un ejemplo de esto pueden ser las cooperativas
de gestión de vivienda para jóvenes, que aunque no sigan,
como cooperativa, los planteamientos del movimiento alternativo si plantean
soluciones a los problemas urbanísticos y sociales de los barrios
en que se forman.
La okupación plantea una crítica y una lucha a
la problemá-tica de la especulación del suelo que sufren
estos barrios, plantea también una forma organizativa alternativa,
el trabajo de base y el asamblearismo, que permite articular las reivindica-ciones
de los habitantes de estas zonas en luchas efectivas para sus intereses.
Así "el centro popular es una propuesta por consolidar y reconstruir
los lazos sociales que dan verdadera vida e identidad a los barrios, siendo
centro de encuentro, de actividades y de reunión y sirviendo de
punto de referencia para todo aquel que necesite de la ayuda y la solidaridad
de vecinos y vecinas." (Minuesa, centro popular).
Muchas de las okupaciones han partido de la propia lucha vecinal.
Como ejemplos podemos recordar el del colegio okupado Seco en el barrio
de Adelfas, distrito de Retiro, okupado tras una asamblea vecinal propuesta
por jóvenes del barrio que vio necesaria la "reapropiación"
de este espacio para crear en el un Centro Social y Cultural en el que
se realizaran actividades y reuniones que suplieran la falta de equipamientos
proporcionados por la administración.(ver en capítulo de
Historia: Seco)
Otro ejemplo similar fue la okupación por parte de una
Asociación de Vecinos del edificio, proyecto inacabado de guardería,
situado en la calle de Pablo Neruda s/n. para crear allí un Centro
Cultural gestionado por la propia vecindad que satisficiese las necesidades
reales del barrio de Palomeras.
Muchos vecinos y vecinas en régimen de alquiler de renta
antigua han facilitado a los y las okupas la información y medios
necesarios para que okupen y rehabiliten inmuebles vacíos. De esta
manera conjunta, vecinos y okupas hacen una mayor presión en contra
de los intereses de los especuladores defendiéndose así con
mayor fuerza.
En muchos casos el fenómeno de okupación ha supuesto
una reabilitación de barrios en proceso de deterioro y abandono.
El tipo de inmueble que es okupado está estrechamente relacionado
con las zonas en las que se okupa, así normalmente estos serán
inmuebles antiguos, abandonados y en proceso de deterioro.
El requerimiento imprescindible para que un inmueble sea okupado
es que esté vacío y deshabitado. Esto se hace saber al resto
del vecindario mediante comunicados en los que aparecen fragmentos como
este:
"NO OCUPAMOS CUALQUIER VIVIENDA
Hemos ocupado esta vivienda porque lleva 20 años vacía,
con dueño dudoso, hasta ahora ha sido foco de infección e
inseguridad..." (Leganés, 1985)
Son totalmente falsos aquellos rumores que corren diciendo que
las casas pueden ser "asaltadas" y okupadas en ausencia de sus propietarios
cuando estos se han ido a la compra o marchado de vacaciones. Este caso
sería estúpido ya que principalmente lo que busca una o un
okupa cuando entra en una inmueble es que pueda durar el mayor tiempo posible
y no tener con la propiedad demasiados problemas legales, para poder dar
una continuidad a su proyecto. Una persona que okupa no roba la propiedad
del inmueble a nadie, no se reclama el derecho de la propiedad, únicamente
da valor y uso a aquello que está abandonado reclaman-do sólo
el derecho a utilizarlo en tanto en cuanto sus propieta-rios legales no
le den un verdadero uso social a ese inmueble.
Pese a las promesas de los propietarios de reutilizar y de dar
un uso a los espacios que han sido okupados muchos de estos han sido convertidos
en solares o simplemente continuan cerrados aumentando su proceso de deterioro,
posiblemente en espera del momento idóneo en el que la venta del
solar suponga un negocio multimillonario.
Edificios como el de la calle del Amparo nº83, primera okupación
de Madrid (1985), lleva ya más de diez años vacío
e inutilizado (ver capítulo de Historia: Amparo). La antigua fábrica
Pacisa situada en la Ronda de Atocha nº35, perteneciente al Instituto
Nacional de Artes Escénicas y de la Música (INAEM) del Ministerio
de Cultura desde el año 1986, lleva ya abandonada más de
diez años en espera de que el Ministerio decida poner en práctica
alguno de los proyectos que ha presentado para la rehabilitación
y utilización de este inmueble, siendo el último el de crear
aquí el Centro Nacional de Artes Escénicas. No hay que olvidar
que este inmueble ya fue okupado en dos ocasiones, en 1987 y en 1994, por
jóvenes que crearon sendos proyectos de reabilitación y creación
de actividades culturales. En ambas ocasiones fueron desalojados y sus
proyectos desestimados (ver capítulo de Historia: Ronda de Atocha
35 y Pacisa).
A la hora de elegir un edificio para okupar los y las okupas
suelen seguir unos criterios básicos empezando por el estado de
abandono del inmueble y otros que no creemos pertinente mencionar aquí.
Los Centros Sociales Okupados:
Dentro de los espacios okupados habría que marcar una división
general entre aquellos espacios que son okupados para satisfacer una necesidad
inmediata como es el de la vivienda y aquellos espacios que son okupados
con la intención de crear en ellos un espacio abierto en el que
okupas, vecinos y colectivos de base puedan organizar y realizar una serie
de actividades en ellos.
Es sobre este segundo tipo de espacios okupados de los que hablaremos
aquí. Para comenzar habría que definir lo que es un Centro
Social Okupado. Podríamos definir este como: "Un espacio con una
infraestructura útil para el desarrollo de comunicación horizontal
y la actividad de grupos de barrio, con el objetivo de extender debates
sobre los problemas e inquietudes que se dan entre los sectores explotados
y marginados de la población."
El mensaje transformador y de lucha propuesto desde el movimiento
alternativo ha utilizado a las okupaciones y más concretamente a
los centros sociales okupados como espacio representativo de experimentación
en el cual se pone en práctica la teoría que se plantea.
Estos lugares a la vez de grandes tubos de ensayo sirven para demostrar
de una manera práctica al resto de la sociedad la posibilidad y
viabilidad de establecer un sistema que se ajuste más a lo que podrían
ser las necesidades de la población.
El hecho de okupar un espacio en desuso supone un acto de reapropiación
de espacio para dar a este un fin social. Esta reapropiación del
espacio supone una confrontación con el sistema, ya que se le arrebata
dicho espacio para desarrollar en él proyectos alternativos y de
transformación social. Así el Centro Social Okupado ejercerá
de punto de encuentro, de comunicación y de organización
en los barrios, en el que se articularán los diferentes colectivos
de base interesados en buscar y poner en práctica soluciones a sus
problemas e ir desarrollando poco a poco un cambio social a través
de la experimentación de nuevas formas de convivencia y relaciones
basadas en la horizontalidad y la autogestión.
El Centro Social Okupado intenta potenciar y facilitar la organización
en los barrios, fomentar una cultura popular crítica en contra de
la cultura que ofrecen y/o fomentan las institucio-nes estatales por considerarla
acrítica y propagandística de los valores que impone el sistema.
Se pretende crear una cultura alternativa que satisfaga los intereses
y los problemas reales de la persona, una cultura cuyas actividades nazcan
de y sean desarrolladas por las propias personas que van a hacer uso y
que, por tanto, se van a benefi-ciar de ellas. Una cultura no dirigida
que fomenta la creación de y participación en actividades
autogestionadas alternativas a las actividades dirigidas que ofrecen las
instituciones culturales del Estado. Para esto se han elaborado proyectos
desde una "Universidad Popular, donde tengan cabida todas la expresio-nes
culturales que no se aceptan en los centros oficiales por no ser rentables
económica o electoralmente (el Ayto. de Madrí debe creer
que montar unos conciertos en San Isidro ya cumple con los jóvenes)"
(Ronda de Atocha, 1987) hasta los propios fines de los centros sociales,
en este caso el proyecto de centro popular en Minuesa donde se comunica:
"Queremos ofrecer la posibilidad de crear una verdade-ra cultura
popular en la que reconocernos como personas, rompiendo con la cultura
espectacular que nos obliga a permanecer pasivos y acríticos. Entendemos
que el desarro-llo de una verdadera cultura depende de que ésta
refleje realidades vivas, no dependientes de la subvención oficial
de turno. Queremos vivir y crear estas realidades, trabajar en una cultura
que se sitúa en contra de lo que ya hay y construyendo alternativas.
Nuestra cultura, como toda cultura verdadera, refleja unos contenidos
críticos; la cultura del poder refleja unos valores dominantes que
al ser difundidos se convierten en propagandistas de aquello que nos oprime,
y se va interio-rizando y asumiendo inconscientemente, difundido por cine,
TV, radio, etc." (Minuesa, centro popular)
Para que este proyecto de transformación social sea realizado, el Centro Social Okupado funciona de una manera organizativa determinada basada en el asamblearismo y la autogestión, pudiendo definir a este segundo término como el "sistema alternativo al dominante al que opone nuevas y superio-res formas de democracia basadas en el ejercicio directo y colectivo de la gestión de los asuntos que afectan al espacio liberado y por extensión a las personas que lo utilizan, todo ello basado en el asamblearismo". Como ejemplo explicitado desde un centro social podemos destacar el siguiente:
"...actividades y todo el Centro Social en general, funcio-na de forma autogestionaria y asamblearia, es decir, que las actividades las organizamos las propias personas que queremos que esa actividad se desarrolle sin intervención de ningún/a director/a - organizador/a - manipulador/a, y que las decisiones que afecten al Centro Social las tomamos tod*s l*s miembros del C.S. reunidos en asamblea por unanimidad, escuchando todas las opiniones hasta llegar a un acuerdo común, sin parlamentarismos ni delegaciones de ningún tipo" (C.S.A. Kampamento y Koordinadora de Okupacio-nes de Madrid. Comunicado a los medios de comunicación, 1995).
Como hemos podido ver hasta ahora, dentro del Centro Social Okupado
se realizan una serie de actividades encaminadas a satisfacer necesidades
y problemas de las personas que viven en un barrio determinado. Actividades
organizadas y realizadas por estas mismas personas que luchan y solucionan
los problemas que les afectan directamente en el entorno en el que viven,
que luchan por mejorar su cotidianeidad.
Las actividades que se ofertan ejercen diferentes funciones,
aunque todas ellas van encaminadas a potenciar una mejora de los barrios
por aquellas personas que viven en ellos. Una de las funciones sería
la de dotar a los barrios del equipamiento cultural que la administración
no ofrece. Aunque normalmente los medios de que dispone un centro social
okupado suelen ser escasos esto se resuelve con la colaboración
e imaginación de todos y todas aquellas que de y en ello participan,
siendo los resultados obtenidos satisfactorios y suficientes, como ejemplo
podemos recordar el caso del colegio okupado en la calle de Seco, en el
barrio de Adelfas, cuya segunda okupación partió de la decisión
tomada en asamblea por los propios vecinos y vecinas que vieron necesaria
la reapropiación de este espacio para que los y las jóvenes
del barrio pudiesen desarrollar actividades culturales y organizativas
que de otra manera no hubiesen sido posibles.
Otra de las funciones de los centros sociales okupados, que ya hemos mencionado anteriormente, sería la de poner a disposi-ción de diferentes colectivos de base que existen en el barrio espacios donde poder reunirse y organizarse. Colectivos que por sus objetivos de transformación social y no dispuestos a aceptar los cauces que el sistema político ofi-cial /institucional ofrece para la participación política no tienen cabida, como es lógico, en los proyectos y planes que las instituciones proponen para dicha participación.
Y la última de las funciones, por abreviar, que ejerce
un centro social okupado es la de servir de espacio de experimenta-ción
y demostración de formas alternativas sociales de organiza-ción
y convivencia entre las personas. Sería como un tubo de ensayo en
el que experimentar la transformación social:
"...es posible demostrar las relaciones entre personas basadas
en la solidaridad y el respeto a la diversidad y que mediante la autoorganización
podemos acabar con el egoismo, la intolerancia y la ignorancia que en definitiva,
son la base de este sistema." (Minuesa 1994).
Las actividades y posibilidades que ofrece un centro social okupado
son innumerables: clases y talleres de fotografía, serigrafía,
cuero, cerámica, malabares, mecánica, peluquería,
albañilería, autodefensa, idiomas, música, teatro
etc.; activida-des culturales como conciertos de música de todo
tipo (Hard Core, Punk, Rock, Flamenco, Celta, Magrebí, Hip Hop,
Charangas etc.), pases de vídeo y diapositivas, exposiciones (pintura,
escultura, fotografía...), charlas y debates sobre diversos temas
de actualidad, fiestas reivindicativas, actividades infantiles, etc.; lugares
de encuentro como bares, locales de reunión, comedores populares,
distribuidoras de material alternativo etc.; oferta de espacio para su
utilización (biblioteca, gimnasio,sala de teatro, sala de conciertos,
locales de ensayo, huertos, viveros etc.); cooperativas de trabajo al margen
de las relacio-nes de explotación que ofrece el trabajo asalariado
y precario que existe en la actualidad.
Dos de los atractivos que ofrecen estas actividades son su bajo
precio, o su carácter gratuito, comparadas con las actividades ofertadas
por las instituciones culturales estatales, y la satisfación y autorrealización
que se alcanzan al ser uno o una misma quien crea y participa de las actividades
que han sido creadas a la medida de sus necesidades. (En el anexo de comunica-dos
también se incluyen programas de actividades de los centros sociales).
Como hemos podido ver, las actividades que se realizan en los
centros sociales okupados se organizan en función de las necesidades
que tienen las propias personas que las crean y a las que van dirigidas,
así pues las actividades dentro de un centro social pueden ser tan
variadas como las apetencias o necesidades que tengan todas aquellas personas
que están dispuestas a organizarlas y ponerlas en práctica.
Es indudable el papel que ejercen estos centros para fomentar
que las personas se organicen y solucionen sus problemas por sí
mismas en lugar de delegar en otras la búsqueda de las soluciones
a sus problemas y a su futuro, lo cual degeneraría en un dirigismo
de las instituciones sobre las personas que delegan en ellas todo su poder
de decisión y maniobra.
La labor que ejercen estos lugares en los tipos de barrios en
que se localizan es de gran importancia. No olvidemos que el fenómeno
de okupación en nuestra comunidad es puramente urbano y se da generalmente
en aquellos lugares donde la marginalidad y la problemática social
aparecen de una manera más patente. La existencia de los centros
sociales como alternativa para los y las jóvenes que sufren problemas
de paro, inadaptación y marginalidad es importante, ya que en estos
lugares pueden encontrar un sentido práctico a sus vidas, y a la
vez, mediante la asociación con otros y otras jóvenes que
sufren los mismos problemas, buscar y reivindicar soluciones.
Como podemos ver los centros sociales okupados están dirigidos
a las personas que habitan los barrios donde se encuentran, pudiendo participar
en ellos todas aquellas que deseen buscar y crear alternativas que solucionen
realmente su vida en los lugares donde residen, de una manera solidaria
y horizontal. Posiblemente la participación en los centros sociales
okupados no es en la actualidad todo lo amplia que se desearía por
parte de los y las okupas; diferentes problemas, de los que hablaremos
más adelante dificultan que estos proyectos político-sociales
puedan llevarse de una manera satisfactoria a la práctica. Por otro
lado no hay que olvidar la juventud del fenómeno okupa, y del movimiento
alternativo, en el Estado Español en comparación con otro
estados como Alemania, Holanda o Italia donde el movimiento lleva ya muchos
más años, habiendo conseguido afianzarse hasta cierto punto
dentro de la sociedad.
Sintetizando, los centros sociales autogestionados y okupados
ofrecen a la juventud una serie de atractivos: Primero poder ser la propia
gente joven quien cree y organice sus propias actividades, aquellas en
las que tienen más interés por realizar y que se adaptan
mejor a sus problemas y necesidades a diferencia de los centros culturales
municipales y otros organismos de cultura y ocio oficial que organizan
y presentan actividades que escasamente interesan a la población
joven de los barrios ya que estas actividades suelen estar mediatizadas
por intereses políticos electoralistas (como la apertura de centros
culturales y bibliotecas que llevaban un tiempo construidas en las vísperas
de elecciones municipales y autonómicas) y están carentes
de cualquier aspecto crítico con el que pueda verse perjudicada
o amenazada la institución -las actividades están ahí,
son como las lentejas, los y las jóvenes las toman o las dejan.
Así por ejemplo temas como la droga, el paro , o la especulación
son tratados de una manera muy suave y descontextualizada, de manera que
la administración intenta no verse involucrada o salir lo más
airosa posible, sin implicación en estos temas. Segundo, la posibilidad
de reunirese, asociarse y organizarse al margen de los valores y condicionantes
que impone el sistema instituido, pudiendo crear y organizar nuevas formas
de vida alternativas y críticas con la forma de vida ofrecida desde
el sistema. Tercero, la accesibilidad económica a las actividades
que se realizan, siendo la mayoría gratis o con precios simbólicos.
Esto contrasta con las actividades que ofrecen las instituciones, siendo
estas en muchos casos inaccesibles para algunos bolsillos. Cuarto, el gran
número y variedad de actividades que se intentan adaptar a todos
los gustos y ser de interés general, claro que dentro de un contexto
concreto de participación y organización horizontal. Como
ejemplo de esta variedad, en el més de junio de 1995, en el Centro
Social Autogestionado David Castilla, en el distrito de Tetuán,
se realizaron veintidós actividades (cine, teatro, conciertos, exposiciones,
charlas, debates, comidas populares, pases de diapositivas...) y mantuvo
en marcha más de ocho talleres y cursos (vivero, baile, gimnasia,
juegos de rol, idiomas, locales de ensayo...) frente a las veinticinco
que realizaron los cuatro centros culturales municipales del distrito en
ese mismo més. En otros distritos, como es el de Latina, las actividades
culturales quedan prácticamente reducidas a las que se realizan
en los centros sociales okupados, ya que no existe apenas oferta por parte
de las instituciones.
El centro social autogestionado se propone como una infraestructura
más dentro del barrio en el que se encuentra y por lo tanto puede
ser utilizado por los vecinos y vecinas de este y defendido en el caso
de que este quiera ser desalojado.
Relaciones de las okupaciones con el resto del vecindario:
Las relaciones mantenidas entre okupas y vecinos y vecinas han
sido de diferentes tipos, dependiendo de una serie de factores que analizaremos
más abajo.
Como hemos podido ver en apartados anteriores, la okupación
no es algo distinto del vecindario, forma parte de él. Es decir,
la okupación no es algo al margen de la realidad social y de los
problemas del barrio, sino que comparte estos junto a sus vecinos y vecinas.
Hay okupaciones en las que mantener una interrelación
intensa y viva con el vecindario es un pilar básico de su existencia,
como es el caso de lo que se pretende con los centros sociales okupados.
También hemos podido ver cómo algunas okupaciones han surgido
de los propios movimientos vecinales, como la segunda okupación
del colegio de Seco en el barrio de Adelfas, o del Centro Cultural Popular
Pablo Neruda en Palomeras.
Existen muchas zonas donde aparece una concentración significativa
de okupaciones, y se debe en muchos casos a que los vecinos y las vecinas
de estos barrios han facilitado, la tarea de entrar en las casas vacías
a los y las okupas para poder hacer frente conjuntamente a problemas como
el de la especulación con los terrenos. Como ejemplo podemos observar
el de la zona de Estrecho, en el distrito de Tetuán, lugar donde
los planes de ordenación urbanística del Ayuntamiento de
Madrid han provocado fuertes procesos especulativos con el suelo, existiendo
gran número de viviendas antiguas abandonadas en espera de ser demolidas.
Aquí los y las okupas tienen un gran importante apoyo vecinal por
ser esta gente un refuerzo en la lucha por mantener vivo este barrio del
norte de Madrid.
Parece inevitable que exista una relación entre okupas
y el resto del vecindario, de esta situación se es consciente en
las okupaciones, donde debido a su peculiar situación y por intentar
formar parte del movimiento vecinal del propio barrio se necesita la aceptación
y colaboración de este. Así, en muchos casos, sobre todo
en el de los centros sociales okupados, al okuparse el inmueble se inicia
una campaña informativa y de acercamiento por parte de los y las
okupas a sus vecinos y vecinas. De este modo, mediante diversos sistemas
como el reparto de comunicados como este:
"A LA ATENCION DE LOS VECINOS/AS DEL BARRIO
Vecinos/as nos dirigimos a vosotros para comunicaros que hemos
ocupado el <<COLEGIO ABRAHAM LINCOLN>> (cerrado hace meses) pues
el estado no nos da facilidades para adquirir una vivienda. No queremos
que sea sólo para nosotros sino para el barrio con actividades culturales
autogestionadas que da lugar a una mayor colectividad en el barrio, entre
ellas queremos hacer talleres, jornadas de temas que nos afectan directamente
como la heroina, igualdad, racismo, especulación, etc..).
Les hemos escrito esto para evitar malos entendidos por parte
suya debido a temores que puedan entorpecer nuestros esfuerzos para vivir
de forma libre, autogestiona-da y alternativa.
Suponemos que comprendan nuestra postura y les invita-mos a
que no duden en plantear cualquier sugerencia, pega, etc. ya que nos abrimos
a cualquier opinión racional.
Esperamos que comprendan y apoyen nuestra OKUPACIÓN.
GRACIAS." (C.S.A. Kampamento 1994).
la colocación de carteles, reuniones abiertas al barrio etc. los y las okupas intentan explicar a sus vecinos y vecinas las razones que han tenido para okupar un inmueble y lo que tienen proyectado hacer en él. Se invita a los vecinos y las vecinas a pasarse por la okupación para que conozcan directamente a quienes allí se encuentran y lo que están realizando, se pide su solidaridad y su participación. En muchos casos los y las vecinas se solidarizan y colaboran ayudando a habilitar el edifico okupado, regalando muebles, electrodomésticos, ropa y otros bienes de uso, e incluso colaborando y participando de/en las actividades que se realizan o que ellos y ellas mismas proponen y organizan. También se organizan y protestan cuando ocurre algún desalojo, como fue el caso de los comités de apoyo vecinal que se crearon frente a los desalojos de las okupaciones de Argumosa 41, Minuesa y Otamendi.
Como podemos ver los y las okupas realizan un esfuerzo a la hora
de crearse una buena imagen ante su barrio y relacionarse con él,
sin embargo debido a distintos factores esta relación se ve en muchos
casos dificultada: El caracter juvenil y "radical" del fenómeno
de okupación hace que éste choque en muchos casos con los
planteamientos del vecindario, gente más mayor que no llega a comprender,
y mucho menos a compartir, lo que este grupo "extraño" explica y
propone. Además muchos de los vecinos y vecinas de más edad
explican en las entrevistas realizadas, como en el siguiente fragmento
de una de ellas, que no asisten al centro social debido a su carácter
juvenil "no voy al centro cultural (social) porque ya soy un poco carca
para ir a las actividades que se hacen aquí, eso es para gente más
joven". El choque generacional e ideológico -no hay que olvidar
el discurso de ruptura que propone el movimiento alternativo, y dentro
de él la okupación- hace que en muchos casos los vecinos
y las vecinas recelen de aquellos y aquellas jóvenes que proponen
un sistema alternativo antagónico al que siempre habían considerado
correcto y único. En muchos casos el mensaje lanzado por el movimiento
alternativo desde las okupaciones, concretamente desde los Centros Sociales,
es independiente de la edad de los receptores y las receptoras, pero en
la mayoría de los casos se asocia la okupación con un fenómeno
juvenil, a ello ha contribuido en gran manera la prensa oficial y otras
instancias institucionales identificando okupas con tribus urbanas o hablando
simplemente de jóvenes.
Por otro lado, siendo este el segundo factor que crea barreras
entre okupas y vecinos, el fenómeno de okupación ha sido
criminalizado por el Estado y por los medios de comunicación ante
los ojos de la sociedad. El vecindario está mediatizado por esta
propaganda criminalizadora a la hora de relacionarse con la okupaciones.
Aunque la criminalización en algunos casos es directa: se castiga
judicialmente la okupación, se clasifica a los y las okupas como
Tribu Urbana violenta en el grupo 10 de la Policía Judicial de Madrid.
En otros casos basta con exponer al público una exagerada presencia
policial en un desalojo, o resaltar en los medios de comunicación
sólamente los disturbios causados por algún grupo de okupas,
en algún momento concreto, como si esto fuese lo único que
estos grupos hacen. En muchos casos el recelo que sentirán hacia
sus nuevos y extraños vecinos desaparecerá al conocerlos
de una manera directa, como se observa en algunas de las entrevistas realizadas
en la zona de Estrecho: "No dan ningún tipo de problema, todo lo
contrario, son muy majos y muy educados, además algunos están
estudiando..." En otros casos este recelo levantará barreras difíciles
de salvar entre ambos grupos.
No hay que olvidar que esta relación dependerá también de otros factores como es el tipo de okupación que se encuentra en el barrio, así por ejemplo, la okupación para viviendas pasa más inadvertida y por tanto no resulta tan problemática, sin embargo la creación de un centro social okupado paradójicamente suele generar más recelo y mayor número de problemas en el entorno vecinal; esto es debido a la gran actividad que desde estos lugares se genera, siendo inevitable un continuo tránsito de personas, la generación de ruidos y otros elementos que rompen con la relativa tranquilidad/monotonía a la que estaba acostum-brado el barrio. Muchas veces estos problemas son resueltos con el diálogo entre okupas y vecinos quienes de una manera respetuo-sa llegan a acuerdos que satisfacen a ambas partes, un ejemplo de esto es el del C.S.O Seco donde tras el diálogo con el vecindario se decidió no hacer conciertos por la mala insonoriza-ción del local, en otros centros se pacta el número de concier-tos, el tipo y su duración. Los vecinos del C.S.A. Minuesa hablaron sobre este tema:
"En nuestra convivencia diaria con ellos, desde hace ya dos años, no podemos ignorar, ni ocultar que han surgido y surgen problemas dada la diferencia de mentalidad, edades y forma de vida de dos colectivos humanos tan dispares (...) Sin embargo también se ha dado y se sigue dando, un diálogo, una colaboración y un apoyo mútuo entre ambos grupos (...) Es decir se comportan como unos vecinos más, sólo un poco <<extraños>> para nuestro ojos, lo mismo que nosotros también se lo pareceremos a ellos."
La diversidad de personas que participa en las okupaciones genera que se creen distintas relaciones con el resto del vecindario. Así estamos acostumbrados a ver en ciertos medios de comunicación reaccionarios, partidistas, sensacionalistas y poco veraces (Lease ABC, cualquier artículo sobre okupas desde 1985) los continuos y graves problemas que crean los y las okupas en los barrios y como sus vecinos y vecinas adoptan una posición hostil hacia ellos y ellas. No hay que negar que esto ocurre en cierto sector dentro de las okupaciones en general, un sector más marginal, incluso dentro del propio movimiento alternativo. Así podemos encontrar jóvenes oKupas, vinculados en gran manera al movimiento Punk, más o menos politizado, pero cuyos planteamien-tos políticos no tienen mucho que ver con el movimiento alterna-tivo, aunque muchas veces puedan identificarse con él por razones puramente estéticas: música, vestuario... Esto es algo con lo que se quiere romper desde las okupaciones más vinculadas al movimiento alternativo autónomo, desde allí las posturas hacia estos grupos son dispares, desde quien los acepta sin más, hasta quienes los rechazan por ser perjudiciales para el movimiento, también hay quienes los aceptan con resignación como algo que sucede debido a la extensión del movimiento. Sean alternativos o no, estos grupos plantean también una ruptura, a veces puramente estética, y son muy visibles aunque se tenga una mala opinión generalizada de ellos. También plantean una solución, personal, a la falta de espacio para los y las jóvenes. Sin embargo y aunque los medios de comunicación, ya mencionados, intenten extender y generalizar las acciones de estos grupos marginales al resto de los y las okupas, no hay que olvidar que se trata de un grupo minoritario dentro de lo que es este fenómeno y que no se adapta precisamente a sus planteamientos. Generalizar o meter todo en el mismo saco sería igual de estúpido que afirmar que todas las personas que viven en régimen de alquiler son unos delincuentes sólo porque alguno de ellos lo sea.
Sea como sea, los distintos factores que obstaculizan una relación
buena y satisfactoria entre okupaciones y vecindad han generado que se
produzca una escasa participación del vecindario en los planteamientos
y proyectos propuestos por el movimiento alternativo. Esta desidia o recelo
a participar o relacionarse por parte del vecindario ha provocado que muchos
y muchas okupas critiquen las posturas poco aperturistas y poco colaboradoras
de los vecinos y las vecinas produciéndose así entre los
y las okupas un encerramiento en si mismas, cansadas y sin recursos para
hacer llegar su mensaje y sus proyectos a aquellas personas hacia las que
van dirigidos.
Aunque el fenómeno de okupación aun no ha calado
demasiado en nuestra sociedad, puede deberse a los pocos años que
lleva funcionando, ahora es realmente cuando empieza a ser más conocido
por la población y también más apoyado. En otros países
como Italia, donde este movimiento tiene ya una mayor trayectoria, las
relaciones que existen entre okupas y vecindad suelen ser mucho más
satisfactorias, existiendo un mayor apoyo y colaboración por parte
de este.
El nuevo Código Penal y las okupaciones:
Según el artículo 1º de la Constitución
Española: "Todos los españoles tienen derecho a disfrutar
de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán
las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes
para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo
de acuerdo con el interés general, para impedir la especulación."
El artículo 7º del Código Civil nos dice:
"Los derechos deberán ejercitarse conforme a las exigencias de la
buena fe: la ley no ampara el abuso del derecho o el ejercicio antisocial
del mismo."
De estos dos artículos podemos releer que todos y todas
tenemos derecho a disfrutar de una vivienda digna y que será el
Estado quien cree las condiciones para que esto pueda ser llevado a efecto.
Por otro lado el Estado reconoce el derecho a la propiedad privada siempre
que esta cumpla una función social, función social que delimita
el contenido de la propiedad privada. Así pues tener una propiedad
sin utilizar puede ser un ejercicio antisocial del derecho a la propiedad
y, por lo tanto, esta propiedad debería quedar desamparada por la
ley. Si el Estado no promueve ni crea las condiciones necesarias para que
todas las personas tengan acceso a una vivienda digna y adecuada sería
legítimo que fuesen estas propias personas quienes reclameasen al
Estado el cumplimiento de sus derechos, y en caso de que estos no fueran
escuchados sería igualmente legítimo que estas propias personas
promoviesen y creasen las condiciones necesarias para acceder a los derecho
que la propia Ley les garantiza. En este caso, el que los ciudadanos y
las ciudadanas den un uso social a las propiedades privadas que están
sometidas a un uso antiso-cial, como puede ser mantener propiedades vacías
y/o abandonadas cuando hay un amplio sector social que necesita del uso
de estas, sería legal y legítimo.
Sin embargo nada de esto ocurre así. El derecho a una
vivienda digna no está siendo considerado por el Estado como un
derecho fundamental, aunque así lo diga la Constitución.
Es un derecho que existe pero que puede no darse ni exigirse. La solución
que nos ofrece el Estado frente a este grave problema es el de crear un
vacío legal alrededor de este derecho, es decir, que aunque sea
ilegítimo que este derecho no se promueva, se dé o se creen
obstáculos a la consecución de él, el Estado no legisla
ni penaliza esta situación. Sin embargo paradójicamente,
cuando los ciudadanos y ciudadanas quieren ejercer estos derechos y toman
medidas lícitas para conseguirlos son criminalizadas y penalizadas,
creando el Estado una legislación represiva cada vez mayor para
acabar con este hecho.
Lo cierto es que la okupación, o reapropiación de
un espacio vacío o abandonado que ejercía, como hemos apuntado,
una función antisocial para darle una función social no constituye
delito en la actualidad. Actualmente, desde el punto de vista penal la
okupación no está tipificada, así pues no puede ser
criminalizada como tal. Hasta el momento propiedad e instituciones administra-tivas
estatales han intentado controlar jurídicamente el fenómeno
de okupación por dos medios, el civil y el penal.
El procedimiento civil es el que se da más usualmente.
Se trata del procedimiento más lento pero también más
seguro para la propiedad. Existen varios procedimientos por los que la
propiedad puede conseguir el desahucio de la okupación, por contra
los y las okupas también podrán recurrir, alargando así
el tiempo de permanencia en el inmueble hasta que finalmente se lleve a
efecto el desahucio o desalojo. Las penas que se pueden aplicar a los y
las okupas a través de este procedimiento son las de arrestos domiciliarios
y multas, aunque la mayor parte de las veces salen sin cargos.
El segundo procedimiento se lleva a cabo cuando existen coacciones
por parte de los y las okupas hacia la propiedad. Es decir que el primer
grupo obligue al segundo a realizar algo que no desea o se realice algún
tipo de violencia hacia el inmueble okupado, este medio posibilita un rápido
desalojo, aunque son escasos los procedimientos que siguen esta vía
de lo penal, ya que la propiedad debe justificar que los y las okupas han
realizado algún tipo de violencia sobre la propiedad o coacción
sobre los propietarios.
Hasta ahora la actuación y veredicto de los jueces y las
juezas respecto a estos casos han sido variados y, aunque por lo general,
salgan mejor parados los propietarios de los inmuebles okupados, también
han aparecido sentencias en las que se daba la razón a los y las
okupas, como fue el caso de la imprenta Minuesa, cuando en julio de 1993
salió la resolución al interdic-to que los y las okupas habían
presentado dos años antes siendo el resultado favorable a las peticiones
de los y las okupantes. La resolución aceptó el derecho a
posesión de la finca por contrato verbal a siete personas, una por
cada una de las viviendas okupadas, por llevar allí viviendo cinco
años. También advirtió al Ayuntamiento de Madrid de
la resolución para que así no se perturbase la paz vecinal.
En muchos casos son los propios y propias okupas quienes toman
la iniciativa legal en contra de la propiedad y la administración
(que muchas veces es también propiedad) entrando en batallas legales
con la esperanza de que sus derechos puedan ser finalmente reconocidos.
Hay que señalar el alto número de irregularidades
legales y judiciales que se producen en lo referente a las okupaciones
como son los desalojos ilegales, al no presentarse la orden judicial de
desalojo necesaria, el hostigamiento hacia los y las okupas por parte de
la propiedad y Policía antes de que exista ningún tipo de
sentencia sobre su situación, los errores de forma en las sentencias
y desalojos contra las okupaciones, la obstrucción de los derechos
y labores de los y las abogadas durante los desalojos, la brutalidad y
violaciones de derechos humanos por parte de la policía a los y
las okupas durante los desalojos, elaboración de filmaciones y de
fichas policiales ilegales a los y las okupas etc.
En la actualidad el Estado intenta sacar adelante una reforma
del Código Penal intentando tipificar penalmente una serie de situaciones
que hasta el momento no se habían podido reprimir o condenar lo
suficiente.
En este proyecto de código penal aparece un artículo
que tipifica la okupación como un delito, este artículo es
el 195º y dice: "Será castigado con las penas de prisión
de seis meses a un año y multa de seis a diez meses el que entrare
o se mantuviere contra la voluntad de su titular en el domicilio de una
persona jurídica, pública o privada, despacho profesional
u oficina o en establecimiento mercantil o local abierto al público
fuera de las horas de apertura. Si el acto fuera hecho con intimidación
las penas serán de prisión de uno a tres años y multa
de seis a diez meses".
Como podemos ver el salto cualitativo con que el estado penaliza
la okupación es muy grande, pasando de no existir el delito a ser
penalizado con penas de hasta tres años de cárcel.
También con este código penal el Estado aumenta
su poder y competencias, ya que hasta ahora tenía que ser la propiedad
del inmueble okupado la que denunciara la situación, sin embargo
con el nuevo código penal podrá ser el propio Estado quien
tome la iniciativa legal, sin tener en cuenta a la propiedad, ya que el
hecho de okupar supone un delito en sí mismo. Con esto las fuerzas
de seguridad del Estado podrán entrar en una okupación sin
que exista denuncia por parte de la propiedad u orden de desalojo dictada
por el juzgado y detener a quienes allí se encuentran.
Aunque el nuevo código penal no sea retroactivo, no significa
que se libren de él aquellas okupaciones que hubiesen sido llevadas
a efecto anteriormente a la promulgación del código penal
en proyecto, ya que lo que se penaliza no es el momento en que el inmueble
fue okupado sino el que los y los okupas continuen permaneciendo en él
en contra del consentimiento de sus propietarios en el momento en el que
el nuevo código penal sea vigente.
Conceptos que aparecen en el artículo 195º como el
de la intimidación, que supondría la pena más alta,
pueden ser aplicados con facilidad en muchas circunstancias ya que no queda
descrito de una manera precisa.
Como podemos ver, el carácter represivo del nuevo código
penal respecto a las okupaciones es patente pero no todo queda aquí,
sino que aparte de las okupaciones de inmuebles para la creación
de viviendas o centros sociales también se penaliza a las ocupaciones
sindicales de obreros y obreras en fábricas, edificios de gobierno
etc. que luchan de esta manera por sus derechos. Con esto se ataca a los
derechos adquiridos, como son el derecho a protestar y manifestarse, de
un amplio sector de la sociedad, suponiendo el nuevo código un retroceso
en la lucha por las libertades en el Estado español.
Pero queda hacerse una pregunta ¿Por qué ha cambiado
el Estado su posición frente a la okupación criminalizándola?
En teoría lo que se tipifica como delito está en
relación con la realidad social que existe y con los conflictos
que existen entre los individuos y distintos grupos sociales que en ella
se encuentran. Una vez hecho un análisis de estos conflictos se
determina lo que es delito y lo que no lo es y el tipo de penas que se
aplicarán a cada delito. Como vemos el código penal, en teoría,
es creado para cubrir y resolver los problemas que existen en todos los
sectores y grupos de la sociedad, siendo el Estado legislador quien crea
los mecanismos necesarios para resolver los problemas que la sociedad tiene,
es decir, la Ley la crea el pueblo, siendo el aparato legislativo del Estado
un medio para que estas reivindicaciones populares se lleven a efecto.
Sin embargo esto no suele ocurrir así sino que frecuente-mente es
el propio Estado y las clases dirigentes que se encuentran en la cúspide
quienes deciden, en lugar de asumir su papel de medio, lo que se debe proteger
y lo que no, lo que es peligroso y lo que no lo es, lo que hay que penalizar
y lo que no, desoyendo e ignorando los problemas reales de la globalidad
social para anteponer sus intereses particulares a los intereses de la
mayoría. El Estado, aprovechando los sistemas que posee de control
de masas, legitima ante la sociedad las medidas legales tomadas y hace
que estas sean aceptadas y defendidas por la mayor parte de la sociedad,
pareciendo que los intereses particulares de unos, clases políticas
y económicas dirigentes, son los intereses generales de todo el
pueblo. El resultado de esta maquiavélica manipulación de
los intereses y problemas sociales es que gentes que nunca van a poseer
una serie de bienes, ya que estos están distribuidos asimétricamente,
defiendan y legitimen las acciones para ello como si estos fueran suyos,
en contra de aquellas personas de su mismo estrato social que intentan
acceder a estos bienes.
El código penal aparece como un instrumento del Estado
para reprimir a las clases sociales más desfavorecidas mediante
la criminalización y división de éstas. Con el artículo
195º del proyecto de código penal el Estado no sólo
mantiene a salvo, mediante la represión y la intimidación,
uno de los pilares del sistema capitalista defendido y dirigido por las
clases más pudientes económicamente, la propiedad privada,
sino que también consigue reprimir las luchas de clases y reivindicaciones
de las clases más desfavorecidas de la sociedad que en y desde las
okupaciones mantienen una postura crítica y de lucha frente a los
valores que nos impone el sistema. Que existan personas que piensen, se
organicen y creen vías alternativas a la única vía
que presenta el sistema puede resultar muy peligroso para el Estado, ya
que la "estabilidad y tranquilidad" social impuesta pueden verse perturbadas
y rotas por el efecto mimético que produce la lucha de estas personas
en el resto de la sociedad.
Una vez más el Estado manipula el significado de la Constitución
Española, en este caso el artículo 1º, mediante una
pirueta jurídica que soluciona mediante la represión una
de las patatas calientes con las que se debería enfrentar.