Partiremos de la situación social problemática que
afecta a nuestra sociedad y muy especialmente a la juventud. Situación
social problemática que las instituciones reconocen -como hemos
visto anteriormente- pero no atajan. Situación que se sufre por
algunos sectores de la población cotidianamente y se intentan superar
mediante formas más o menos legales de "supervivencia": no pagar
el transporte público, recuperar tiempo mediante el absentismo laboral,
robos en grandes superficies comerciales... Todas las técnicas de
"supervivencia" o de sobrellevar los problemas cotidanos que se dan de
forma individual no atacan directamente a la situación que las provoca,
sobre todo porque no la cuestionan, son adaptaciones a esa situación
concreta. La gran abundancia de problemas -paro, empleo precario, drogas,
violencia, falta de vivienda, marginación...- existentes hacen que
las expectativas de futuro sean bastante oscuras y distantes para la juventud.
Las instituciones estatales por incapacidad o porque al sistema no le interesa
no crean soluciones reales a los problemas existentes, haciendo así
que su credibilidad entre los ciudadanos disminuya. No nos extenderemos
más en los motivos y causas que han provocado esta problemática
social. El hecho es que esta situación crítica y problemática
ha provocado que se generen una serie de respuestas, en algunos sectores
de la sociedad, de rechazo y de rebelión a la situación existente.
Dentro de uno de estos sectores podríamos encontrar al
movimiento alternativo y al fenómeno okupa como movimiento social
colectivo en cuanto que rechaza esa supervivencia o adaptación individual.
Ya en 1986 se podía leer en los comunicados cosas como esta: "La
gente joven de Madrí sufrimos un modelo de sociedad que se nos hace
inaguantable. estamos hasta el culo de policía y de contaminació
hasta el culo de trabajar y del paro. Hartos de sobrevivir y conscientes
de que mediante la unión y la lucha vamos a poder ir cambiando este
sucio horizonte..." (El subrayado es nuestro). Este movimiento o fenómeno,
por lo menos en sus orígenes, por su respuesta y sus planteamientos
supone una ruptura con lo instituido por el sistema. Plantea nuevas formas
de relación y organización política y social encaminadas
a la transformación social y a solucionar los problemas generados
por el sistema vigente. Cuestiona el sistema en definitiva, y no sólo
con la denuncia de unos problemas concretos como puedan ser la especulación,
la manipulación de la información... sino también
creando espacios donde se dé otro tipo de relaciones sociales, poniendo
en práctica unas relaciones sociales alternativas a las instituidas.
Como podemos ver el mensaje y los planteamientos del movimiento
alternativo y, dentro de él, del fenómeno okupa entran directamente
en confrontación con las bases ideológicas y prácticas
del sistema actual -si bien las bases del sistema no se expresan claramente
en este estudio, sí podemos apreciar, gracias al efecto que provoca
el analizador planteado por la okupación, algunas de las premisas
que rigen las relaciones sociales y que la mayoría de las veces
permanecen ocultas. Realidades que salen a la luz cuando en un juicio a
okupas se prima el derecho a la propiedad privada sobre el derecho a la
vivienda. Realidades como que se acepte comúnmente de forma generalizada
la convivencia de los y las jóvenes con sus familiares hasta edades
avanzadas, así lo que en un principio puede considerarse una adaptación,
una forma de supervivencia cotidiana, se convierte en algo normalizado,
institucionalizado que contribuye a que esos y esas jóvenes no reclamen
públicamente su derecho a la emancipación y a una vivienda
digna, a la vez que el sistema sigue perpetuándose. Es por ello
y por mucho más por lo que la okupación como movimiento colectivo
tiene un carácter desestabilizador, pues pretende romper con lo
establecido, con lo instituido-. Este mensaje desestabilizador para el
sistema y transformador de la sociedad ha sido recogido en los últimos
años por la sociedad y sus instituciones en diferentes maneras,
dependiendo de las circunstancias del momento y, en consecuencia, han contestado
también en distintas formas y grados. Su recepción ha dependido
de las circunstancias y de los factores que intervienen en la percepción
del mensaje.
Durante los primeros años de la okupación el mensaje
enviado a la sociedad era muy confuso, debido por un lado a la aun poca
consistencia ideológica -o, mejor dicho, un discurso teórico
poco elaborado , sobre todo porque al ser un fenómeno nuevo, no
se había dado ningún debate interno profundo en, desde y
sobre las okupaciones. De este modo podemos ver que se planteaba la okupación
como una respuesta a ciertos problemas reconocidos y sufridos por unos
grupos de jóvenes, problemas como la falta de espacio (vivienda
y lugares de ocio) y de una cultura que respondiese a sus necesidades intelectuales-
y práctica del movimiento alternativo, fruto de su inexperiencia
y juventud, por otro lado los medios informativos se encargaron de aumentar
aún más la confusión sobre lo que estaba ocurriendo.
Con el paso de los años el movimiento alternativo ya ha
conseguido una cierta consolidación física e ideológica,
siendo capaz de plantear discusiones y alternativas políticas más
consistentes. Asimismo también se ha venido produciendo una acumulación
de experiencia personal por parte de las y los okupas que llevan más
tiempo implicadas e implicados en el movimiento alternativo. También
una parte del fenómeno okupa, el más cercano a los planteamientos
más revolucionarios de sus orígenes, se ha consolidado, permitiendo
que su existencia sea más conocida en la sociedad en general. Aunque
muchas veces sólo se conoce una parte del fenómeno, o una
parte falseada. La consolidación también puede deberse a
una institucionalización, por lo menos de la parte visible, del
movimiento dentro del sistema -indepen-dientemente de que sea encasillado
en categorías ya existentes como delincuencia, juventud rebelde,
terrorismo, tribu urbana...-. En esta institucionalización juegan
un papel decisivo los medios de comunicación, desde donde, consciente
o inconsciente-mente se muestra sólo una parte del fenómeno,
la vistosa, la espectacular.
Pero además se está dando una consolidación
al extenderse el fenómeno entre un sector cada vez mayor de la juventud
y con la proliferación de centros sociales autogestionados en muchos
barrios y pueblos de Madrid, donde pueden ser conocidos por las ciudadanas
y ciudadanos directamente.
Podemos calificar a las okupaciones como un grupo sujeto pues intenta provocar un cambio en el sistema adoptando una posición activa, así necesitan la información del exterior para plantear el cambio social. Es decir, la okupación, necesita conocer el sistema y que el sistema la conozca para enfrentarse con él y así poder establecer una vía alternativa a la institui-da. La apertura e intercambio de información del interior, la okupación, al exterior, el resto del sistema, es totalmente necesria para mantener la confrontación entre ambos. Por supuesto también es totalmente necesaria para proponer una experiencia de cambio y que la sociedad la reciba produciendo algún tipo de respuesta. Cómo este mensaje ha calado en la sociedad varía en función de las vías por las que se ha establecido el contacto y diálogo entre okupas y no okupas, y también, como ya hemos apuntado, de otros factores como pueden ser los educacionales o la manipulación de la información. Existe una parte de la sociedad que ha visto en el fenómeno okupa una solución a sus propios problemas y la posibilidad de articular junto a éste un bloque de lucha para solucionarlos; dentro de este grupo podemos encontrar a aquellos sectores que por alguna razón ya habían entrado en conflicto con las instituciones como son vecinos y vecinas de barrios con problemas de especulación, movimientos vecinales de base, grupos políticos y gente descontenta con el sistema en general. Es con estos grupos, grupos sujeto, con los que el movimiento alternativo y los y las okupas han conseguido un mayor intercambio de información dando como resultado la articulación de movimientos de reivindicación y lucha que buscan la transformación social. Sin embargo este grupo no deja de ser un pequeño sector dentro de la sociedad.
Entre los factores que mediatizan y condicionan el intercam-bio
de información entre el resto de la sociedad y la okupación
podríamos empezar destacando la acción del poder, quién
ha respondido haciendo frente a aquello que lo ataca y desautoriza mediante
un férreo control social dirigido por un lado a la sociedad y por
otro a aquellos y aquellas que se desvían de lo instituido, en este
caso los y las oku-pas, en tanto que intentan demostrar otro modelo de
relaciones sociales. El poder político del sistema crea una serie
de mecanismos para mantener su estatus de autoridad, con el que se quiere
romper desde el movimiento alternativo mediante la autogestión individual
y colectiva. Esta necesidad de autolegitimación del poder viene
dada porque no puede mantenerse únicamente por la intervención
de la costumbre o de la ley. Los mecanismos a los que recurrirá
el Poder instituido, para poder mantenerse vigente en la sociedad irán
desde la persuasión o control del pensamiento hasta la coerción
y represión. El poder político no puede mantenerse sólo
por la coerción sino que necesita una parte del consentimiento y
una cierta reciprocidad de la sociedad sobre la que se asienta. El poder
intenta justificar su existencia y acciones bajo un aspecto de necesidad
e interés global para la sociedad, así ésta se ve
como parte de los intereses de aquel y hace suyo su discurso. Es el poder
político instituido quien convierte a sus enemigos, aquellos desviantes
que lo cuestionan, en los enemigos de la sociedad glo-bal -claro que la
sociedad como cuerpo de relaciones entre individuos está instituida
como un sistema determinado, entonces es lógico que la sociedad
se identifique con el sistema-. Mediante la confusión y la deformación
de la realidad el poder hace aperecer ante la sociedad a aquellos que no
comulgan con él como verdaderos enemigos de ésta, es decir,
el poder se presenta como algo necesario para mantener un orden interno
con el fin de preservar a la sociedad de sus enemigos, lo diferente a lo
instituido por él. Crea ante la sociedad una necesidad de mantener
una figura que los guarde de aquello que se sale de la norma, norma que,
por ser norma, ha sido creada o institucionli-zada por el poder político,
como centro que dirige y gestiona las relaciones.
Según Weber el poder establece dos tipos de dominación
legítima: Una dominación legal de carácter racional,
en la cual podríamos encuadrar las leyes, la enseñanza etc.
encaminadas a legitimar de una manera más o menos coherente la existencia
del sistema y sus obras; y una dominación tradicional basada en
la legitimidad del poder ostentado conforme a la costumbre, es decir el
poder influye y adiestra a la gente para que no cuestione ciertas normas,
o incluso la existencia de cierto sistema ya que se hace ver como algo
necesario y normal y por ello insustitui-ble, sin alternativa, por lo cual
no admite discusión y debe ser asumido sin más.
El poder político del sistema necesita del trabajo y consentimiento
de los individuos a los que gobierna para poder mantenerse; es por esto,
y aunque le pese, por lo que no puede ser enteramente autocrático,
por lo que busca y recibe una parte de adhesión de los gobernados
y las gobernadas, los y las cuales seguirán legitimando su existencia
y acciones.
Pese a todo el poder también es impugnado por lo cual,
si es necesario, promoverá una serie de adaptaciones, como pueden
ser el cambio de leyes o el partido político que gobierna, que no
contradicen sus principios fundamentales y que hará parecer ante
la sociedad que el sistema está abierto y puede cambiar, aunque
la realidad es que siempre es el mismo, moviéndose y adaptándose
de un lugar a otro dentro de los límites que ya antes había
marcado según sus intereses, pero nunca produciendo un cambio en
la estructura de las relaciones sociales.
Como mencionamos anteriormente los mecanismos utilizados por
el poder para la legitimación de su estatus son el control de pensamiento
y la coerción.
El control de pensamiento se orienta principalmente a la prevención
de las posibles desviaciones que puedan hacer peligrar el estatus de los
centros de poder en el sistema, pero por otro lado legitima las acciones
represivas hacia tales posibles desviaciones.
Una de las formas de control de pensamiento consiste en identificar
a la sociedad en general con las élites gobernantes o el poder político
(gestor formal de las relaciones sociales) mediante el goce indirecto de
la pompa y dirección de los acontecimientos públicos/políticos
mediante una serie de instituciones diseñadas para ello y a cuya
justificación se orienta gran parte de la educación formal.
La democracia parlamentaria sería un instrumento al sevicio de los
poderosos, a través del cual se pretende apaciguar a los ciudadanos
y las ciudadanas más desfavorecidas para evitar la rebelión.
Se trata de una institución legitimadora del sistema dotándolo
de una apariencia de popularidad.
Es la educación oficial el medio más poderoso de
control del pensamiento. Con los prejuicios recibidos de una educación
dirigida a mantener y defender los privilegios injustificables de unos
pocos se consigue que se legitimen y se mantengan dichos privilegios sustentados
por un sistema social como es el actual, totalmente contrario a lo que
sería un sistema popular más justo. El sistema va modelando
a lo largo de la vida el tipo de persona que quiere y le conviene: primero
a través de la familia, personas ya modeladas, posteriormente en
el sistema educativo oficial, luego forzándosela a adaptarse a una
serie de normas sociales etc. El poder, gracias a las relaciones verticales
establecidas, dirige e impone una educación institucionalizada desde
arriba, orientada a mantener ese tipo de relaciones verticales autoritarias
mediante la implantación de una serie de valores en los individuos,
como la competitividad, el sometimien-to a las normas, el autoritarismo...
Junto a la educación familiar, maestros, escuelas y otras instituciones
adiestran a cada generación en los servicios técnicos y de
organización necesarios para la supervivencia del sistema y del
tipo de relaciones sociales que implica. Para construir una sociedad diferente
harían falta personas diferentes, es por esto que el poder, y las
instituciones encargadas de legitimarlo, se empeña en controlar
todo aquello que puede generar algo diferente y en reprimir y desacreditar
-para justificar la represión- aquello que ya lo es.
No sólo las instituciones explícitamente educativas
sino cualquier otra creada desde el poder o adaptada a los intereses de
éste mediante su gestión, educan a las personas en tanto
que éstas deben adaptarse al tipo de relaciones que allí
se dan, lo que implica reconocerlas junto con aquello que conllevan: verticalidad,
autoridad, desigual acceso a la información. Esto lleva a una perpetuación
del sistema tal y como está instituido.
Se implantan sentimientos de odio y de miedo a través
de la educación para mantener su propio orden frente a otro opuesto,
que puede representar una alternativa. Se crean métodos de adoctrinamiento
encaminados a ver a los iguales como la causa principal del fracaso.
Se divide a las clases oprimidas, enseñándo a estas
a cargar con la culpa de sus problemas y a dirigir su resentimiento contra
si mismos o contra aquellos con quien tienen que competir y que se encuentran
en el mismo peldaño de la escala social instituida. Se crea un sentimiento
de autocontrol en las propias personas al autorrechazar sus propias ideas
por ser diferentes y no tener cabida entre las de la mayoría. Se
hace creer que lo diferente es lo equivocado, lo desviado, algo que hay
que arreglar.
Se mantiene a la mayor parte de la población ignorante
del funcionamiento total del sistema político-económico,
informando sólo de aquello que se quiere, de la manera que se quiere.
Los medios de comunicación también ejercen un doble papel
al servicio del poder en el control del pensamiento. Por un lado dan una
visión parcial y deformada de la realidad, legitimando e instruyendo
a la sociedad sobre lo que es y no es correcto, y sobre lo que hay o no
hay que hacer. Por otro lado mantiene a gran parte de la población
inerte y entretenida con el fin de mantener la mente de los ciudadanos
y ciudadanas ocupada en temas que no potencian su espíritu crítico
y no cuestionan los problemas cotidianos que afectan directamente a la
población.
Cuando aun después de todos los mecanismos explicados
sobre la implantación del control del pensamiento por parte del
sistema a la sociedad existen sectores desviantes que niegan o rechazan
el sistema instituido, es entonces cuando se emplea contra estos la coacción
física mediante las fuerzas policia-les/militares en combinación
con el sistema judi-cial/carcelario.
Aunque las democracias parlamentarias occidentales recurren más
al control del pensamiento que a la coacción física también
dependen de armas y cárceles para mantener el estatus de sus centros
de poder cuando éste se ve en peligro. Cuando el control del pensamiento
no es suficiente y hay cuiudadanos y ciudadanas que no creen en el orden
impuesto sólo se les mantiene sujetos con la amenaza del castigo
físico.
Es en épocas de crisis cuando las desigualdades y las
divisiones sociales se hacen más patentes, cuando se pueden hacer
visibles las contradicciones del sistema. Es en éstas épocas
de transformación cuando el sistema y sus dirigentes se sienten
más inseguros ante el peligro de rebelión. Es precisamente
en estos momentos cuando la coacción física es más
patente con un endurecimiento de las leyes, una mayor presencia policial
en las calles y un aumento del discurso legitimador del sistema ante esta
situación.
Como hemos podido ver el discurso alternativo y la práctica
de la okupación son dos elementos que deslegitiman, cuestionan y
atacan directamente algunos principios básicos del sistema político,
económico y social impuesto, como puede ser el principio de autoridad,
jerarquización social y política, economía capitalista,
incuestionabilidad del sistema existente etc. Es por esto que el Poder/sist-ema
político ha aplicado todo su mecanismo de control social para estabilizar
y anular toda esta situación desencadenada por el grupo desviante,
el alterna-tivo-okupa.
El Estado ha aplicado un férreo control social ante esta
situación que abarca desde el control del pensamiento, aplicado
a la sociedad para provocar en ella un rechazo hacia la okupa-ción,
hasta la coerción física aplicada directamente sobre los
y las okupas y a todos aquellos grupos que cuestionan el sistema reinante
y proponen alternativas viables a éste.
En lo referente al control del pensamiento el Estado pone en
marcha unas acciones de legitimación de su estatus y actuación
de cara a la mayor parte de la sociedad de la cual necesita su consentimiento
para seguir existiendo. El poder utilizando sus principales órganos
de expresión, medios de comunicación, instituciones educativas,
políticas etc. trata de convencer al resto de la sociedad de que
el sistema vigente (que lo sustenta como su gestor) es el único
realmente válido, el resto de alternativas lanzadas son producto
de grupos marginales cuyas propuestas son irreales por utópicas
o caóticas. El poder hace ver que si se elige uno contrario esto
llevaría al desorden, a la desestabilización social y al
fracaso. Se hace ver como algo necesario e incuestionable para que la vida
pueda continuar. El sistema hace partícipe e involucra a la ciudadanía
de diferentes maneras de tal forma que esta se siente directamente atacada
cuando se está cuestionando al sistema.
En lo referente al movimiento alternativo y la okupación
el Estado ha seguido una práctica de descontextualización
y criminalización de estos grupos.
En el capítulo dedicado a las okupaciones y centros sociales
nos hemos centrado sobre todo en el aspecto más político
de éstos, principalmente mediante el discurso del movimiento alternativo
sobre su acción en cuanto que discurso institucional de dicho movimiento.
Esto se debe sobre todo a dos motivos: por un lado la adopción de
la posición émic por parte de los analistas y por otro la
necesidad de mostrar un aspecto social-mente invisible de este fenómeno.
Ya hemos apuntado al fenómeno de la okupación como
un analizador construido, al proponerse como tal, pero, como también
hemos apuntado, las consecuencias de su acción no son siempre las
pretendidas en el momento de la construcción. Habría que
incidir también en que no en todas las autodenominadas okupaciones
se siguen unos planteamientos acordes con el discurso alternativo, así
algunas veces son un fin en sí mismas o un medio colectivo para
fines individuales pero sin planteamiento alguno de transformación
social.
Si bien podría negarse la importancia del aspecto político
de este fenómeno en cuanto que, como socialmente invisible, no es
analizador (aunque si un fuerte desviante ideológico). Toma importancia
desde el punto de vista del análisis en cuanto que tal invisibilidad
se convierte en ocultamiento. Ocultamiento que, como en otros movimientos
sociales, ayuda a la descontestualiza-ción y criminalización
de éstos. Descontextualización que se apoya sobre todo en
la separación de la acción de los y las okupas de su discurso
teórico. Esto produce que estos y estas así como la acción
que los y las define no sean categorizadas como algo político.
La descontextualización, en el caso de las okupaciones,
lleva asociada la criminalización, que se produce al vincularlas
no a un discurso ideológico que analiza e intenta solucionar una
serie de problemas, sino a una serie de categorías instituciona-lizadas
que van desde el terrorismo a la delincuencia juvenil.
Todas las categorías o conceptos ya institucionalizados
a los que son vinculadas las okupaciones conducen al ocultamiento del mensaje
alternativo ante la sociedad, principalmente niegan la capacidad política
de los y las jóvenes, aunque ciertas instituciones oficiales "se
preocupen" por la escasa cultura política de la juventud. Podemos
apreciar también que cada vez que se habla en los medios de comunicación
oficiales sobre política en las okupaciones se hace siempre refiriéndose
a la manipulación por parte de partidos políticos.
Tras descontextualizar las okupaciones, separando las acciones
de los y las okupas de su discurso, o lo que es lo mismo, negando su carácter
político; aparece la criminalización, asociando esas acciones
y sus agentes a categorías delictivas.
Cada vez más se viene utilizando desde el poder y, gracias
a los medios de comunicación de masas, por la población en
general el concepto de Tribu Urbana para referirse a los y las okupas.
Se habla de la tribu okupa o de las diferntes tribus que participan en
las okupaciones. El concpto se refiere a movimien-tos juveniles definidos
por su carácter estético y de identidad grupal, pero que
en ningún momento llevan implícito un análisis político
con una toma de postura frente a la realidad existente. Pero desde los
medios de comunicación se emplea también para referirse a
una acción política como es la okupación y criminali-zarla
ante los ojos de la sociedad, ya que en este concepto se buscan las bases
de ciertas acciones agresivas como son las realizadas por grupos fascistas,
ya que estos grupos también son calificados como tribu urbana al
existir en ellos algún componen-te estético. De este modo
se crea una cadena de confu-sión/identi-ficación en la que
la tribu de los "cabezas rapadas" son criminales, pero ante todo tribu,
y los okupas cuando no son una tribu son un grupo de tribus, y por tanto
también unos criminales (el poder sabe jugar con los símbolos).
Esto lleva a la no aceptación de estos grupos de jóvenes
okupas en muchos vecinda-rios (hay bastantes excepciones), y lo que en
otras circunstan-cias puede considerarse una pelea entre vecinos es reprimido
como un acto de violencia juvenil brutal, por el hecho de que se ven implicadas
personas de una tribu urbana.
El concepto y la institucionalización que implica ocultan
ante la sociedad los objetivos políticos del movimiento alterna-tivo,
quedándose tan solo en los hechos (los que reflejan los medios de
comunicación), en las acciones concretas, sin analizar los planteamientos
teóricos a los que tales acciones están intimamente ligados.
Se muestra así sólamente lo anecdótico de la acción
y dentro de esto su carácter delictivo.
Asimismo tanto el concepto de Tribu Urbana y su aplicación
indiscriminada como que se ofrezca una visión parcial de los movimientos
juveniles, están justificando una represión, que se materializa
en las acciones del Grupo 10 de la Brigada de Policía Judicial de
Madrid, contra cualquier joven implicado o implicada en algún tipo
de delito (delito puede ser protegerse de una agresión policial)
que muestre una determinada imagen que pueda identificarlo o identificarla
como perteneciente a alguna de las tribus urbanas clasificadas.
En todo este juego hay que destacar el importante papel que ejercen
los medios de comunicación como controladores del pensamiento de
las masas. Como es sabido quien tiene el poder controla la información
y por tanto la utiliza en su propio beneficio. En el Estado español
la teoría es que existe libertad de expresión y de información
aunque la práctica nos demuestre lo contrario. Exceptuando los medios
de comunicación estatales, que se da por sobreentendido que utilizan
la infornación en beneficio del poder ya que son sus organos de
expresión, el resto de medios pertenecen a sociedades privadas por
lo cual se supone que tienen independencia y libertad a la hora de informar
dependiendo de sus inclinaciones ideológicas y políticas.
Sin embargo no podemos olvidar que estos medios de comunicación
forman parte del sistema político y económico vigente, por
lo cual su independencia está acotada por una serie de intereses
que les permiten continuar el negocio dentro de este sistema. Así
podrán ser más o menos críticos pero nunca cuestionarán
la función del sistema al que pertenecen y del que maman.
Las okupaciones han sido tratadas en los medios de comunicación
desde diferentes posturas, pero en ninguna se ha dado una visión
real de lo que representa este fenómeno como transformador de la
realidad. La mayoría de los medios de comunicación ignoran
totalmente la existencia de las okupaciones, a no ser en momentos puntuales
como desalojos o enfrentamientos en los que las noticias son tratadas de
una forma sensacionalis-ta, esto supone que la información que se
intenta mandar desde la okupación al exterior sea deformada y cortada.
Otros medios de comunicación toman una posición de rechazo,
practican el confusionismo informativo mediante la manipulación
del lenguaje, la deformación de los hechos y la parcialización
de la información, intentando así poner en contra a la población
que recibe esta información, este puede ser el caso de prensa conservadora
como el diario ABC. Otro sector de los medios de comunicación que
intenta dar una imagen más liberal mediante el tratamiento de sus
noticias dan una mayor cobertura informativa a los movimientos sociales,
como puede ser el fenómeno de okupación, dando una visión
más benévola aunque tampoco mucho más beneficiosa,
ya que transmiten también información parcializada en la
que se oculta el mensaje político y revolucionario de las okupaciones
en un intento de vaciarlas de contenido, con lo cual la información
enviada a la población desde estos medios no hace peligrar ni cuestiona
el sistema instituido, sino que por el contrario le hace un bien, ya que
se da la visión de que existe y se permite la libertad de elección
y de pensamiento. Posible-mente estos medios no pongan a sus receptores
totalmente en contra de las okupaciones pero tampoco los pondrán
a favor, simplemente harán que las toleren como un fenómeno
inevitable en una sociedad "moderna y libre". Dentro de este sector de
medios podría estar el diario EL MUNDO. Estos medios de comunicación
de masas realizan una función institucionalizadora, en el sentido
de que reflejan sólo la parte visible del movimiento, aquello que
ya se presenta de una determinada manera, pero nunca yendo más allá
en los motivos, causas y consecuencias de estos movimientos. Contribuyen
a que estos movimientos dejen de serlo, aunque esto no ocurra en el caso
de las okupaciones y el movimiento alterna-tivo. Los medios hablan de la
estética okupa, de la cultura okupa, de la tribu okupa... es decir,
de aquello que llama la atención en un mundo donde lo exótico
vende.
Con toda esta labor de control de pensamiento el sistema consigue
su primer paso, el de la estabilización de su figura y legitimación
para actuar en función de ello. Esto dará lugar al segundo
paso: represión legitimada, autorizada y demandada por la sociedad
para acabar con aquello que la hace peligrar tal y como está instituida.
En muchos casos la represión misma sirve de criminalizador,
ya que mediante los procesos educativos que hemos mencionado se legitiman
instituciones como las policiales. Así basta con un gran despliegue
policial durante un desalojo para que los y las okupas aparezcan como delincuentes
ante los ojos de la sociedad.
De esta manera, en muchos casos la población ve en la
okupación un enemigo en lugar de una solución política
a los problemas que les afectan como ciudadanos y ciudadanas, y el analizador
construido que pretende ser la okupación, como solución a
problemas desvelando sus raíces o los intereses que los mantienen,
no tiene efecto sino en los centros de poder que se preocupan de hacerlos
y hacerlas parecer lo que no son.
Desde el punto de vista analista el movimiento alternativo como
movimiento político sí supone un buen analizador desde el
momento en que nos permite, si no descubrir como funciona la sociedad madrileña
en su conjunto, sí preguntarnos por algunas realidades normalizadas
que pueden obviarse por generalizadas y que sin embargo son fundamentales
para entender las relaciones sociales en general y más específicamente
la coyuntura social urbana madrileña en lo referente a los y las
jóvenes. Por ejemplo, ¿tendrían sentido las instituciones
oficiales que intentan gestionar el ocio, la vivienda y la participación
política de la juventud si los y las jóvenes se autogestionasen?
¿De qué serviría un Ministerio de Cultura si se demuestra
que puede funcionar la cultura popular, sin subvenciones ni apoyos institucionales?
Desde un punto de vista émic en el análisis estas
preguntas tendrían ya su respuesta, ya que el discurso de la okupación,
o del movimiento alternativo sobre la okupacicón, no es otra cosa
que un análisis de la realidad que justifica su acción. El
discurso alternativo sobre la realidad social no es arbitrario, sino que,
como ya hemos apuntado, se construye de forma colectiva desde la realidad
cotidiana, por ello, aunque siga una línea básica de enfrentamiento
y lucha, no es asimilable mientras esa cotidianidad siga cambiando en el
juego de intercambio de mensajes entre los diferentes grupos sociales en
el sistema. Por tanto la okupación y todo el movimiento alternativo,
por su carácter político son analizadores de la realidad
cotidiana en cuanto que generan unas respuestas que transforman esa realidad
aunque sólo sea con un recrudecimiento de la represión: nuevas
leyes, más acoso policial etc.; generan respuestas que son orientadas
a ocultar el carácter político y a institucionalizarlo de
forma descontextualizada, a reprimirlo y a justificar la represión.
Respuestas que no son las pretendidas por el movimien-to alternativo, aunque
sí las esperadas tras haberse sucedido durante los años que
el movimiento lleva funcionando como tal en Madrid. En el caso de las okupaciones
el Estado no ha hecho gran cosa a la hora de intentar buscar soluciones
políticas y prácticas a los problemas y reivindicaciones
que se demandan desde este sector de la sociedad. Por el contrario lo único
que ha ejercido ha sido una represión brutal mediante la utilización
del aparato judicial y las fuerzas policiales. El Estado no ha dado vivienda
a aquellas personas jóvenes que lo necesitan, no ha frenado los
procesos de especulación, no ha concedido una participación
mayor a la juventud en la elaboración de sus propias actividades
artísticas y culturales, no ha mejorado la situación laboral,
no ha dado solución a la marginalidad ni al problema de las drogas...
Solo ha dado una respuesta de represión y violencia. Represión
que últimamente va en aumento aunque quizás de una manera
más encubierta bajo una máscara de justicia y libertad, pero
que en realidad no esconde más que represión contra aquellos
y aquellas que luchan por sus derechos y por un cambio en la sociedad.
Esta nueva represión viene de la mano del nuevo Código Penal
que, como ya vimos, bajo un supuesto carácter de democracia intenta
hacernos creer que ha sido creado para defender y dar solución a
los problemas que tiene la sociedad en su globalidad, cuando en realidad
lo que pretende es defender y afianzar unos intereses propios de las clases
privilegiadas, aquellas que detentan y perpetuan el sistema y poder vigente.
Esta ley criminaliza todo intento de búsqueda de alternativas como
puede ser el de la okupación para la que anteriormente no existía
una ley o forma jurídica exacta que pudiera atacarla, también
con esta ley se recrudecen las penas y en algunos de sus puntos supone
un verdadero retroceso a los logros conseguidos por las clases menos favorecidas.
Todas estas respuestas que desde el poder se generan nos muestran una realidad
fundamental como es el carácter cerrado del sistema, donde el modelo
de relaciones instituidas es mantenido desde un centro de poder que se
sostiene gracias a ello, a costa de una serie de realidades invisibles
que contribuyen a la percepción del sistema como algo que funciona.
Pero no hay que olvidar que el fenómeno de okupación
sí tiene otros muchos aspectos visibles que, si bien algunas veces
aparecen descontextualizados, como ya hemos apuntado anteriormen-te, con
unas prácticas desligadas de una teoría, presentan un carácter
político ante la sociedad por su confrontación con las instituciones
públicas oficiales. Los y las okupas muestran su carácter
político con la práctica, principalmente con su acción,
con la okupación, con la reclamación de un derecho reconocido
pero no concedido, el derecho a una vivienda digna, "el derecho a techo".
Esto nos lleva a recordar que el discurso alternativo como discurso político
es un discurso construido desde la realidad del día a día,
desde los problemas que afectan directa-mente a los y las participantes
que integran este movimiento de forma colectiva. Así la solución
a problemas inmediatos como puede ser el de la vivienda es un aspecto principal
del movimien-to que aquí tratamos.
Quizá el mensaje de transformación social no llega
directa-mente a la población en su conjunto pero sí a través
de la okupación, más en concreto de la visibilización
de una reclama-ción colectiva que se aprecia en las pancartas y
pintadas que se sitúan en las fachadas de los edificios okupados.
Es así como se demuestran las contradicciones del sistema, como
se desvelan algunas cajas negras generalizadas. Por ejemplo, parece lógico
que el precio de la vivienda sea elevado debido a las leyes del mercado,
sobre todo por la gran demanda y poca oferta pero ¿qué pasa
con todas las viviendas y edificios que permanecen cerrados durante años?
Así surgen consignas como "Mientras vivir sea un lujo, okupar es
un derecho" y la práctica de la okupación (junto a sus consignas)
se convierten en un fuerte analizador que plantea el problema de la vivienda
como problema político en cuanto que exige un derecho constitucional.
Es el hecho de okupar aquello que se percibe desde la población
en general, lo visible: la okupación, desde el espacio físico
delimitado que es el edificio hasta las relaciones que sus nuevos habitantes
mantienen entre sí y con el resto del vecinda-rio. Es allí
en el barrio donde, pese a los intentos institucio-nales, se llega a hacer
visible el carácter político de las prácticas cotidianas
de los y las okupas pues el mismo hecho de okupar enfrenta directamente
un problema considerado político, sobre todo en las zonas donde
el movimiento vecinal enfrenta el mismo problema, la vivienda. Así,
pese a que no se llegue a percibir el mensaje completo del movimiento alternativo,
sí se perciben sus prácticas que están comunicando
algo fundamental de los planteamientos alternativos, la solución
a los problemas inmediatos de forma autónoma, sin depender
de instituciones ajenas a las propias personas que sufren ese día
a día, en cierta manera la gestión de sus propias vidas,
la autogestión.
Esto se ha materializado en una serie de respuestas por parte
de vecinos y vecinas donde se reconoce el sentido político del centro
social. Se puede destacar sobre todo el acercamiento a estos espacios de
otros grupos políticos o que mantienen una confrontación
política en el sistema, o la coordinación en otras acciones.
Por otro lado, la respuesta institucional represiva muestra también
algunas contradicciones en el sistema en barrios donde se han okupado inmuebles
que se conocían abandonados durante largo tiempo y donde la relación
entre okupas y vecindario no ha sido tensa. Un buen ejemplo lo tenemos
en el apoyo vecinal al Centro Social Minuesa durante el desalojo sufrido
en 1994.
Esta visibilidad de la práctica es lo que frena el proceso
de descontextualización dirigido desde el poder, de hecho nos hace
plantearnos si la criminalización de la acción de ocupar
como tal llevada a cabo con el nuevo Código Penal es el único
mecanismo que puede utilizar el Estado para afrontar la desvia-ción
generalizada.
La acción de okupar así como el tipo de edificios
que se okupan y las zonas donde estos se ubican plantean en el barrio una
serie de respuestas a problemas. Respuestas que, lejos de ser ya adaptaciones
cotidianas, plantean una solución política en cuanto que
son participativas y colectivas, pero sobre todo porque son públicas
y visibles, son analizadores. No se piden soluciones, se crean. Se juega
con la categoría de lo posible.
Podríamos, a rasgos generales, categorizar dos tipos de
respuesta al mensaje enviado con la okupación: la positiva y la
negativa, la de aceptación o la de rechazo a los y las nuevas vecinas.
Independientemente de los motivos que generan las respuestas -identificación,
necesidades personales... en el caso de las positivas o los valores implícitos
reforzados, el ocultamiento, la institucionalización... en las negativas-,
ambas desvelan unas situaciones normalizadas que por generalizadas se podrían
obviar o pasar por alto, pero que por el hecho de darse son parte de la
coyuntura social que también hay que entender desde estas realidades
cotidianas. Por ejemplo, suele aceptarse o se suele comprender que una
familia sin recursos ocupe una vivienda, porque se conoce su elevado coste,
pero, en respuestas negativas a la okupación, se suele hablar sobre
el hecho de que, por ser jóvenes, los y las okupas podrían
vivir con sus padres. Pero no se trata del hecho de que los y las jóvenes
puedan vivir con sus padres sino de que estos y estas quieran, y la práctica
de la okupación por un sector mayoritariamente joven demuestra que
algunos y algunas no quieren; es decir, que si bien es generalizado que
los y las jóvenes vivan en los domicilios de sus familiares hasta
edades avanzadas habría que tener en cuenta que esto no es más
que una adaptación a una situación socioeconómica
dada, adaptación que no contribuye al cambio de dicha situación.
El poder y sus instituciones por otro lado ayudan a generalizar esta adaptación
mediante leyes como la que alarga el período de escolarización.
Podríamos considerar otra situación generalizada
que los ayuntamientos lleven a cabo reordenaciones y transformaciones urbanísticas,
y así lo hacen, pero eso lleva asociado de un modo generalmente
invisible unos fuertes procesos especulativos con el espacio que llegan
a salir a la luz con acciones que los atacan directamente como es la okupación.
También se invisibili-zan en estas transformaciones las voluntades
de vecinos y vecinas de las zonas afectadas así como su opinión
sobre la realización de tales planes urbanísticos, de ahí
el apoyo de un sector de la población de los barrios afectados a
las okupaciones en este sentido. Esta denuncia y desvelamiento de ciertas
cajas negras en los planes de ordenación urbanística han
llevado ya no sólo a la movilización de vecinos y vecinas
de forma colectiva frente a un problema o situación que se vivía
de forma individual sino también al estudio y análisis de
tales planes, como ha sucedido en el barrio de Arganzuela donde la sociedad
cooperativa Arganzuela Joven, de la que ya hemos hablado, pide que se la
tenga en cuenta en el proyecto al conocer la implicación de instituciones
públicas en él, o el estudio realizado por economistas, urbanistas
y arquitectos de la zona en el que se reflejan los altos beneficios que
el Ayuntamiento de Madrid obtiene en el proceso de transformación
de la zona, Habiéndose unido a los procesos especulativos, que,
por otro lado, fomenta al ser la entidad propulsora y gestora del plan.
Pero también los y las okupas, pese a no ser un grupo uniformado
estéticamente, llaman la atención por mostrar un imagen diferente,
un imagen que no es la común entre las personas adultas ni entre
la mayoría de la juventud. Y no son ni todos ni todas quienes llevan
la ropa pintada o "los pelos de colores" pero hay quien sí, siendo
éstos y éstas quienes llaman la atención, los y las
que aparecen en la televisión y en las fotos de los periódicos.
Esta imagen diferente, extraña, y el carácter generalmente
joven de los y las okupas muestran una serie de espectativas acerca de
ellos y ellas, ya no por ser okupas, sino por ser jóvenes raros
y raras.
Expectativas que están ligadas a la conceptualización
que se haga de éstos y éstas. Así rara vez se identifican
los planteamientos estéticos como parte del movimiento alternativo
sino más bien con la delincuencia juvenil.
Rara vez los vecinos y las vecinas reconocen en las y los okupas
otro delito que no sea la ocupación (que no es delito hasta la entrada
en vigor del nuevo código penal), pero si se dice: "Todavía
no han hecho nada..." mostrando una imagen preconcebida, esperando que
hagan algo (malo, se entiende). Pero no es sólamente lo que se espera
que hagan lo que se verbaliza por parte de vecinos y vecinas sino conductas
que por hablar de ellas no parecen ser las esperadas, como que "los chicos
son muy educados, dan los buenos días..." o "... algún día
me han ayudado a subir la compra". También es muy común en
los establecimientos comerciales y en los bares resaltar el hecho de que
nunca se hayan ido sin pagar o que no hayan tenido ningún problema
con el resto de la clientela. Otra cuestión que también sorprende
en cuanto que no se espera es el carácter universitario de muchos
y muchas de las nuevas vecinas, lo que se valora muy positivamen-te en
el discurso.
Pero estas ideas preconcebidas o expectativas que se crean acerca
de estos y estas jóvenes también se han puesto de manifiesto
en la prensa donde se refleja lo anecdótico o extraño como
noticia. Así suelen aparecer titulares como "A escobazo limpio"
con un artículo referido a las tareas de limpieza que se llevan
a cabo en un okupación, y la gran cantidad de fotografías
de chicos y chicas con peinados poco convencionales limpiando o trabajando
de alguna manera en el acondicionamiento del local.
Podríamos hablar de estos prejuicios como un miedo a lo
diferente, a lo extraño, que no es sorprendente por extraño
pues lo extraño es peligroso y ante el peligro ya se sabe lo que
hacer, lo peligroso tiene respuesta preparada. Lo que sorprende es que
eso extraño no sea peligroso, que unos chicos y unas chicas que
visten y se peinan de forma diferente son universita-rios, ayudan a sus
vecinas y vecinos, dan los buenos días...
Preconcepciones sobre lo diferente que pierden su sentido con
la visibilidad, con los y las okupas hablando con sus vecinos y vecinas,
comprando en las tiendas, tomando algo en un bar del barrio, pero que mientras
permanecen invisibles tales acciones se están manteniendo instituciones
como las que protegen a los ciudadanos y las ciudadanas "normales" de lo
diferente/peligroso, o las que mediante políticas paternalistas
intentan educar a la juventud para su integración en la vida adulta.
Los y las jóvenes limpian sus casas, y los y las okupas lo demuestran,
los y las que llevan el pelo pintado no son un peligro, y los y las okupas
lo demuestran; entonces la policía no tiene por qué defender
al resto de la población de este grupo, ni se necesitan planes de
juventud que integren a estos y estas jóvenes en la vida adulta.
Cabría resaltar aquí que entre okupas no se habla de integración,
no hay por qué integrarse en un sistema que no responde a sus necesida-des;
se trata de una integración/transformación donde la adaptación
de éstos y éstas nuevas vecinas en el barrio también
incluye una transformación de éste. No hay que olvidar que
se trata de un grupo sujeto, un grupo que para la transformación
necesita del análisis y del propio cambio, son analizadores.
Debido a la manipulación informativa y al desconocimiento
real de lo que supone el fenómeno de okupación y cuál
es su mensaje gran parte de la sociedad tiene una imagen deteriorada de
este fenómeno, con ideas preconcebidas sobre sus integrantes, cerrando
todo canal de información directo de lo que realmente representa
la okupación. Aunque muchas de las dudas y recelos desaparecen al
existir un contacto más estre-cho (cuando se conoce a alguien relacionado
con la okupación, o se vive en el mismo barrio o edificio de una
kasa okupada). Pero por lo general el intercambio de información
necesario para que tenga un sentido revolucionario y transformador la okupación
no se suele llegar a producir plenamente, se suele tolerar la presencia
de los okupas incluso justificar pero no se llega a formar parte de esta
experiencia quedadando cortado el canal de información de la sociedad
hacia la okupación.
Este corte de información por parte de la sociedad hacia
la okupación y la constante represión ejercida por parte
del Estado, hace que muchas veces el movimiento alternativo y el fenómeno
okupa se repliegue sobre sí mismo. Esto provoca que también
se corte la emisión de información desde la okupación
y con ello pierde gran parte del sentido de su existencia al ser incapaz
de transmitir las ideas y experiencias alternativas realizadas desde las
kasas okupadas.
Abandonando el análisis sobre la base de las reacciones
del exterior de la okupación ante este fenómeno y fuertemente
relacionado con el carácter de grupo sujeto del movimiento alternativo,
podemos ver cómo en este movimiento surgen analiza-dores relacionados
con la transversalidad (aquellos factores que atraviesan las okupaciones
y que surgen en el exterior de éstas) que lo hacen redefinirse o,
cuando menos, plantearse nuevas formas de organización que pueden
ir desde cerrarse sobre sí mismo con peligro de convertirse en una
banda (grupo que lucha contra el exterior y rechaza todo lo que pueda llegar
de fuera del grupo) abandonando su condición de grupo sujeto, hasta
una serie de adaptaciones internas que transforman cotidianamente los planteamientos
alternativos, pasando por una serie de asimilacio-nes del exterior.
Dentro de las okupaciones, como espacio físico, se proponen
y se dan unas relaciones sociales alternativas como ya hemos explicado
que se traducen en el asamblearismo, la horizontalidad, el respeto a lo
diferente, el feminismo etc., pero no hay que olvidar que los y las okupas
han sido educados y educadas en un sociedad donde las relaciones son verticales,
machistas, patriarcales, basadas en el miedo y el rechazo a lo diferente...
La autogestión , y de esto son conscientes muchos y muchas de los
y las okupas, no se da así porque sí, sino que surge de un
proceso de educación, o mejor dicho, de reeducación, en el
que se va demostrando de forma individual que es posible. Esto quiere decir
que una persona, por el hecho de okupar, no es autogestio-naria y alternativa,
por tanto los diferentes tipos de okupas, así como las personas
que se acercan a los centros sociales o empiezan a vivir en okupaciones,
muestran conductas que en algunos momentos chocan con los planteamientos
que dentro de la okupación se tienen. Se generan conflictos que
muestran también una serie de concepciones que se tienen sobre la
okupación así como conductas habituales en el sistema que
no se plantean hasta que no chocan con otras como pueden ser las realizadas
por los grupos alternativos en las okupaciones.
Entre los y las okupas más jóvenes, y que se integran
más recientemente a un movimiento que lleva ya varios años
de práctica, no se pasan por alto ciertas conductas ya instituciona-lizadas
que para ellos y ellas son algo nuevo. Esto se asume bien desde los sectores
alternativos con más experiencia acumulada ya que supone un refresco
del movimiento y ayuda a visibilizar una cotidianidad que permanece oculta
en cuanto que normalizada. Pero estos y estas nuevas okupas también
traen conductas que si bien se aceptan fuera de las okupaciones, en éstas
resultan inacepta-bles como puede ser la conducta generalmente llamada
de "esca-queo" que vendría a ser la evasión de las tareas
cotidianas, tareas que en el caso de la okupación, si se propone
autogestio-naria, hay que hacerlas y nadie las va a hacer por nadie que
no pueda ralizarlas. La autogestión supone una serie de responsbili-dades
que comúnmente no existen en un sistema dominado por la verticalidad
en las relaciones donde tales responsabilidades se delegan en función
de los estatus asignados en ellas.
Otro tipo de conducta que roza con las "establecidas" en las
okupaciones es el exceso de discurso con una acción escasa, son
quienes saben lo que hay que hacer pero no lo hacen, conocen los planteamientos
alternativos pero no los ponen en práctica dentro de las okupaciones.
Se ve aquí la concepción de lo político como teoría.
Es político quien habla, los militantes hacen y los afiliados votan,
aspecto social también relacionado con la verticalidad y la delegación
que se dan en el sistema.
Es también muy común que existan roces entre las
concepcio-nes de lo individual y lo colectivo, sobre todo en la utilización
de espacios. Las cocinas y los servicios son lugares conflictivos en este
sentido. No se acepta que, pudiendo hacer comida en común, se cocine
individualmente para un consumo también individual, cuando hay quien
no tiene capacidad económica para comprar comida de forma individual
y cuando resuta más barato cocinar para mucha gente y tampoco se
invierte en ello más tiempo. Otro problema se da en la utilización
de los baños en cuanto que los chicos cuidan menos la limpiza del
inodoro al orinar, pues no tienen que sentarse para hacerlo, algo que no
se tiene en cuenta en lugares con los servicios separados en función
del sexo a los que estamos acostumbrados y acostumbradas.
También en estos conflictos se reflejan las relaciones
de género instituidas en nuestra sociedad, donde se valoran las
conductas masculinas más que las femeninas. En muchas okupaciones
se dan casos donde utilizan estrategias masculinas, identificadas como
agresivas (robos de palabra, alzar la voz para hacerse escuchar...) que
chocan con los planteamientos no sexistas que podemos calificar como alternativos.
Quizá sean estos ejemplos los más comunes aunque
también se dan roces que tienen que ver más que con las conductas
institui-das en el sistema, con la concepción que se tiene de las
okupaciones. Se busca en la okupación el ambiente festivo, la diversión,
un lugar en el que pasarlo bien, lo que no está reñido con
los planteamientos alternativos - en algunos centros sociales se encuentran
carteles o pintadas con el lema: "Si no se puede bailar, tu revolución
no me interesa"- pero que puede provocar conflicto en cuanto que no se
respeta al resto de las personas que allí conviven.
En estos casos, que no son todos, podemos ver cómo también
dentro de las okupaciones se desvelan, en los conflictos que allí
se producen, algunas conductas normalizadas e invisibles en las relaciones
sociales instituidas en el sistema, pero que sólo se hacen visibles
en ese espacio, en el espacio liberado.
Podríamos terminar resumiendo que:
A lo largo de la corta historia de las okupaciones en la Comunidad
de Madrid la única respuesta a las demandas de los y las jóvenes
okupas ha sido la represión, sobre todo hacia los Centros Sociales
Autogestionados.
Además las instituciones políticas no llevan su
análisis de los problemas de la juventud al sistema económico
y político que las sustenta. Así las soluciones a estos problemas
son parciales y condicionadas por la propia dinámica sistémica.
Es decir, al no cuestionar el sistema, las soluciones no van más
allá de las posibles en dicho sitema.
De este modo
La okupación es un práctica política peligrosa
para el sistema, práctica visible que lleva a la sociedad a definirse
acerca de ella. Diversos sectores sociales han elaborado un discurso sobre
esta práctica, discurso condicionado por el tipo de conocimiento,
sectorial e individual, que se tenga de ella. Pero también se han
realizado una serie de acciones ligadas a algunos de estos discursos.
Discursos y acciones sólo se entienden como respuesta social a la okupación y por tanto muestran el carácter analizador de las prácticas llevadas a cabo por los y las okupas. De este modo, la definición por parte de individuos e instituciones desvelan situaciones y realidades cotidianas así como una serie de valores (ideología) que permanecían socialmente invisibilizados y por tanto incuestionables en el sistema. Situaciones que al cuestio-narse pueden dejar de darse o bien no darse de forma individua-lizada, oculta y anónima.
El tipo de respuesta que genera la práctica de la okupación muestra además una serie de intereses ocultos por los diferentes sectores sociales que muchas veces entran en contradicción con los planteamientos teóricos mostrados por éstos y las instituciones de las que parten. La contradicción se da sobre todo al desvelarse y cuestionarse las prácticas cotidianas que permanecían ocultas, lo que muestra su importancia en el funcionamiento del sistema, más cuando se mantienen e intentan institucionalizar desde los centros de poder.
Pasando a un nivel más concreto, la okupación resulta
un analizador de la coyuntura social urbana madrileña en cuanto
que deja de ser oCupación para ser oKupación, en cuanto que
se inscribe dentro de un movimiento político, en cuanto que es
visible. Esto pone en cuestión el prblema de la vivienda y su forma
de solucionarlo así como las concepciones que sobre la juventud
se tienen. Pero también cuestiona el sistema capitalista en su conjunto,
analizando sus contradicciones desde la base, desde lo cotidiano.