Los mayas prehispánicos ante el siglo XXI: aplicación de análisis de ADN mitocondrial al estudio de las clases sociales de la ciudad arqueológica de Tikal, Guatemala" (1998-2000).

Investigadores: Mª Josefa Iglesias Ponce de León, Andrés Ciudad Ruiz, Jesús Adánez Pavón, Jose Miguel García Campillo, Eduardo Arroyo, Sara Álvarez, Eva .

La idea fundamental de este proyecto es abrir nuevas vías de investigación e interpretación en campos con grandes limitaciones como la Arqueología y la Epigrafía relacionados con la Cultura Maya Prehispánica (1000 a.C.-1520), aplicando las más avanzadas técnicas que en los últimos años se están logrando en Biología Molecular (Iglesias 2000, Iglesias et al. 2001).

Hasta el momento, las investigaciones de Antropología Física realizadas en el área, se habían centrado en aspectos tales como edad, sexamiento, deformaciones craneanas, modificaciones dentales y diversas patologías, o bien en poblaciones mayas actuales, mientras que no existían apenas investigaciones relacionadas con análisis de ADN de individuos mesoamericanos prehispánicos.

La existencia de una variada muestra de restos óseos, plenamente contextualizados a través de excavaciones arqueológicas, de individuos pertenecientes tanto a niveles sociales medios y bajos como a las elites de la ciudad maya prehispánica de Tikal (Guatemala), posibilita la aplicación de estos análisis con varios objetivos: establecer nuevas determinaciones -más seguras- sobre el sexo de las inhumaciones, tratar de establecer la existencia o no de relaciones de parentesco entre los individuos inhumados en diferentes áreas de la ciudad, e incluso tratar de establecer posibles variaciones étnicas de diversos individuos.

Esto dará a arqueólogos y epigrafistas la posibilidad de confirmar las hipótesis que existen actualmente sobre el desarrollo social e histórico de un sitio de gran importancia en la cultura maya a través de campos totalmente nuevos y hasta ahora limitados. Por otra parte, proporcionará al equipo de Biología Molecular el acceso a una muestra totalmente diferente a las que han trabajado hasta el momento, ya que trata de poblaciones -prehispánicas americanas- que se desarrollaron con un total grado de aislamiento a nivel continental, lo que sin duda servirá para refinar pautas de diferenciación aplicables incluso a poblaciones actuales.

La ciudad maya prehispánica de Tikal ha sido un lugar extraordinariamente atractivo para diversos estudiosos que comenzaron sus investigaciones a finales del siglo XIX, aunque los puramente arqueológicos dieron comienzo en la década de los años 50 y continúan en la actualidad.

Los proyectos de mayor calado han sido el Tikal Project de la Universidad de Pennsylvania el cual, además de realizar un excelente levantamiento del sitio, excavó el área central de Tikal y una serie de grupos de habitación. En los años 70 arqueólogos guatemaltecos se hicieron cargo de la excavación y restauración del Grupo G o de las Acanaladuras y a partir de los años 80 será el también guatemalteco Proyecto Nacional Tikal el que investigue el área ritual conocida como Mundo Perdido, derivando una parte de su investigación hacia áreas habitacionales localizadas al sur de este Complejo de Conmemoración Astronómica o Ritual Público. A partir de entonces se han llevado a cabo varios proyectos más que, aunque de gran interés porque van aumentando el conocimiento de aspectos puntuales de la ciudad, no se han planteado con la amplitud de los tres mencionados.

Como resultado de las extensas e intensas excavaciones de los proyectos, se cuenta con un ingente volumen de cultura material relacionada con la vida ordinaria y extraordinaria de los mayas que habitaron la ciudad. Y así, después de los años, aún están en proceso de estudio miles de hallazgos en cerámica, implementos de piedra, hueso, concha, etc. y, naturalmente, un buen número de enterramientos, sobre los que se centra el proyecto "Los mayas prehispánicos ante el siglo XXI: aplicación de análisis de ADN mitocondrial al estudio de las clases sociales de la ciudad arqueológica de Tikal, Guatemala" (SGPICYT: PB97/0278).

A pesar de que la muestra ósea perteneciente a las inhumaciones rescatadas por los diferentes proyectos tiene la ventaja de estar casi plenamente contextualizadas, y de tener una procedencia de contextos económico-sociales diversos ideal para el enunciado de este proyecto, las condiciones climáticas típicas del área tropical -que inciden muy negativamente en la preservación de los restos-, el paso del tiempo desde su excavación, la imposibilidad de acceder a una parte muy específica y significativa de los entierros excavados por el Tikal Project, y la posible contaminación de la muestra, hacen que las limitaciones de elección sean mayores de lo que se pensaba al inicio de la realización del proyecto.

A la vista del estado real de la muestra ósea, el equipo optó por limitarla a 26 dientes pertenecientes a inhumaciones del Clásico Temprano (Fase Manik) y su transición al Clásico Tardío (Fase Ik), todos ellas procedentes de excavaciones del Proyecto Nacional Tikal. Esta decisión se tomó teniendo en cuenta que los restos del Preclásico eran poco significativos por lo escasos y por estar contextualmente más diseminados, mientras que los pertenecientes al Clásico Tardío ampliaban excesivamente la muestra. Los dientes proceden de localizaciones y contextos diversos: Zona Norte, Mundo Perdido, y Grupos 6C-XVI y 6D-V.

Dado que era la primera vez que se realizaban dichos análisis en restos de Tikal, y teniendo en cuenta que los procesos analíticos son totalmente destructivos, esta elección se vio reforzada por la existencia en ese periodo temporal de una gran cantidad de restos óseos de carácter secundario que calificamos como Depósitos Problemáticos de donde se tomó el 47 % de la muestra (12 piezas), mientras que el resto proceden de contextos puramente funerarios, en unos casos primarios y en otros secundarios.

Objetivos a conseguir

1. En primer lugar pensamos que sería muy necesario poder establecer determinaciones seguras sobre el sexo, ya que en numerosos casos el deficiente estado de preservación de los restos hace que su adscripcióvn sea muy dudosa o imposible. Esto limita en gran medida el tipo de inferencias que el arqueólogo puede realizar sobre ellos, y la realidad es que en todas las excavaciones contamos con un fuerte porcentaje de entierros de sexo indeterminado.

2. Centrándonos más en los enterramientos procedentes de diferentes grupos de habitación excavados, un aspecto de gran interés está en poder establecer las relaciones de parentesco existentes, primero, entre las inhumaciones de un mismo grupo habitacional, que en un principio cabe pensar que deben ser muy estrechas, a nivel de familia nuclear o extensa. Un segundo paso debería ser el ampliar este marco de relación prioritariamente a los grupos cercanos dentro de la misma ciudad, pensando que puedan existir lazos entre el parentesco y la cercanía espacial. A medio plazo, con una muestra amplia de diferentes sitios mayas prehispánicos, lograríamos establecer una visión más exacta de los patrones que rigieron la vida social de los estamentos medios y bajos entre los mayas -que componen la inmensa mayoría de la población-, constatando o variando los modelos actualmente propuestos a partir de extrapolaciones procedentes de datos etnohistóricos y etnográficos.

3. El tercer problema planteado estaba dirigido a establecer patrones de parentesco entre las clases gobernantes, trabajando sobre los restos de las tumbas calificadas como reales o de status elevado, identificadas a partir del contexto espacial en que están situadas y los contenidos de sus ajuares. Pero este es el punto que se ha visto más limitado por los problemas de selección de la muestra, al no haber sido posible contar con las inhumaciones del Tikal Project.

El planteamiento de este apartado se apoyaba en la relación de los restos óseos con los textos epigráficos, que nos dicen que en Tikal contamos con linajes reales desde antes el Clásico Temprano (Fase Cimi 150-250 d.C.) y así en la Estela 29 (292 d.C.) se habla ya de un fundador dinástico llamado Yax Ch'actel Xok o Yax Moch Xok (200 d.C.) y que es reconocido como tal en la mayoría de los textos posteriores. Según estos textos, el último de los cuales está fechado para el año 869 d.C., se cuentan 31 gobernantes en Tikal en el transcurso de 577-669 años de historia escrita, pero de ellos sólo se sabe el nombre glífico de 18, incluido el fundador de la dinastía.

Claro que el tratamiento informativo de todos ellos es muy desigual, y así algunos gobernantes aparecen en varios textos de estelas erigidas por ellos, mientras que otros sólo aparecen en una y los más tienen alusiones indirectas. Además es necesario tener en cuenta que si hace apenas cinco años se descubrió en pleno centro de Tikal (Acrópolis del Norte) una nueva estela (Estela 40, 20 de junio del año 468), debemos asumir que no tenemos todos los registros históóricos posibles, si es que realmente todos los soberanos fueron lo suficientemente importantes o duraderos como para erigirse estelas o plasmar su nombre en otros soportes más privados como la cerámica o el jade. También hay que tener en cuenta que no se han identificado las tumbas de la mayoría de los gobernantes, pero quizás los análisis ayudarán algún día a ello.

Hay multitud de preguntas que el ADN podrá quizás contestar algún día tales como ¿existió una línea dinástica continuada a lo largo de más de 600 años? ¿o existieron rupturas por causas internas o externas? ¿hubo mujeres integradas en una dinastía plagada de hombres o al menos algunas alcanzaron un fuerte poder como indica la presencia del glifo "Mujer de Tikal o Señora Tikal" (nacida en 504 d.C.) o la nominación de algunas "esposas" (Señora Trono-Jaguar y Señora 20 Macaw)?.

Cuando se logren hacer estas aplicaciones, tanto en Tikal como en otras ciudades mayas, podremos ser capaces de constatar cosas tan interesantes como la realidad de los matrimonios "de estado" entre diferentes centros hegemónicos, la expansión de dichos centros bajo cuyo control estaban numerosos sitios menores que podremos saber si estaban regidos o no por parientes pertenecientes a la dinastía reinante en la capital, etc., cosas éstas que, hasta el momento, sólo conocemos a través de la información que nos proporciona la Epigrafía.

4. El último problema a intentar resolver está más limitado a unos pocos centros y a un espacio de tiempo como es el Clásico Temprano: la interrelación con la gran ciudad de Teotihuacan. Se ha escrito y hablado mucho acerca de este problema, y si bien todos los investigadores estamos de acuerdo en algo tan obvio como que dicha relación existió, no hay unanimidad acerca de cuales fueron las características de dicha interrelación.

Los fuertes avances logrados por la Epigrafía en los últimos años han aportado también información, en registros epigráficos de Tikal (Estela 31: 8.17.1.4.12 - 11 Eb 15 Mac = 16 de Enero de 378 d.C.), Uaxactún y Copán, acerca de la presencia de sujetos teotihuacanos o "no locales" entre las elites implicadas en diversas secuencias dinásticas del Clásico Temprano, provocando una interrupción del control autóctono que habría hasta esos momentos. Esta interpretación conlleva multitud de preguntas tales como: ¿Por qué llega dicho personaje? ¿Qué sucede en Tikal para que se acabe aceptando a "un intruso" en su línea dinástica? ¿Se trata del mismo fenómeno que se da en Copán? ¿Es posible que Calakmul permanezca ajeno a este evento o simplemente aún no se ha detectado? ¿Por qué iban a necesitar diversos asentamientos del área maya una legitimación o una sanción de un lugar tan distante y ajeno como Teotihuacan?.

Para todos los especialistas es evidente la importancia de los contactos que se produjeron a lo largo y ancho de Mesoamérica desde tiempos tempranos pero, ¿qué es lo importante de dichos contactos? ¿la forma en que se produjeron? ¿su duración en el tiempo o incluso su perduración? ¿la naturaleza y el número de las personas que estuvieron implicados en ellos? ¿cómo se reflejan los diferentes contactos posibles en el registro arqueológico?. Y, por último, algo fundamental: ¿qué incidencia tuvieron estas interrelaciones en los desarrollos de las diferentes culturas que convivían en Mesoamérica en esa época?.

La visión de nuestro equipo, es que -al menos en Tikal- a nivel arqueológico no se ha detectado el hecho de una presencia importante de rasgos teotihuacanos, ya que los restos hallados se limitan a un número muy reducido de cerámicas Naranja Delgada o con decoraciones iconográficamente teotihuacanas, obsidiana verde procedente de Pachuca (que la hay por toda Mesoamérica) , alguna figurilla teotihuacana o teotihuacanoide, taludes-tablero en edificaciones más tempranas que las excavadas en Teotihuacan...... y poco más.

Sin duda el campo de la Epigrafía puede ser esencial para clarificar determinados problemas, pero quizás sea necesario recordar que las inscripciones jeroglíficas no son solo mecanismos asépticos que trasmiten información objetiva, sino textos manipulables por parte de las gentes que los producían, que pueden trasmitirnos no solo sucesos reales sino intenciones más difícilmente objetibables.

Es este tipo de contradicciones entre las evidencias puramente arqueológicas y las epigráficas, las que nos llevan a tratar de buscar una tercera vía que aclare las numerosas dudas que tenemos con respecto a este interesante problema antropológico, y que en realidad no sólo se limita a Tikal o Copán -donde también se están llevando a cabo análisis de ADN-, sino que afecta a otros centros incluidos en un fenómeno panmesoamericano.

Avance de resultados

Hasta el momento, de las 26 muestras llevadas a España para analizar se han trabajado 18 (Arroyo et al. 2001), y no en su total rendimiento. La lentitud con que se lleva a cabo el proceso se debe en parte a que, dado el aún escaso numero de trabajos de investigación sobre ADN en poblaciones americanas, no tanto actuales de las cuales hay cada vez más (Bianchi et al. 1998, Ruiz Linares et al. 1999) como especialmente prehispánicas (Alvarez et al. 2001; Arrellín et al. 2001; Coral et al. 1995 (1999), Merriwether et al.1997; Whittington y Reed 1997), la estrategia de trabajo va enfocada a tratar de controlar el mayor numero posible de variables, experimentando con diferentes aplicaciones para lograr un rendimiento mayor. Y así nuestro equipo de antropólogos moleculares pensaron que, a pesar de las dificultades preexistentes, era de inter&oeacute;s tratar de investigar en primer lugar el ADN nuclear, que apenas ha sido usado en investigaciones americanas, para seguir posteriormente con el análisis de ADN mitocondrial.

En estos momentos, de las 18 muestras investigadas tres han dado resultados positivos y uno dudoso, es decir, en tres de ellas se han podido hallar fragmentos de cromosoma Y (Iglesias et al. 2002). Esto supone que tenemos un porcentaje de resultados para ADN nuclear cercano al 20 %. En estos tres casos se ha podido constatar que estamos frente a individuos indudablemente masculinos y uno con fuertes posibilidades de serlo; es posible que las muestras que faltan por analizar nos deparen uno o dos positivos más, todo lo cual nos indica que, disponiendo de material suficiente, siempre merece la pena intentar esta vía, además de la mitocondrial, de manera que la visión final sea lo más completa posible.

Otra información importante que nos ha proporcionado los resultados de estas tres muestras es que no existe parentesco entre ellos, ya que ninguno comparte haplotipo alguno entre los recuperados. Centrándonos en el análisis más arqueológico de dichos resultados, sabemos que las muestras positivas, están localizadas en diferentes grupos: 5C-47 o uno de los palacetes que componen el complejo conocido como la Herradura en Mundo Perdido, el grupo 6C-XVI y el grupo 6D-V, y que aunque pertenecen a un mismo periodo temporal amplio, pueden existir unas diferencias de 200 años entre ellas.

El hecho puntual de no haber tenido resultados positivos de cromosoma Y en las restantes muestras, no quiere decir que necesariamente estas sean de sexo femenino, pensamos que más bien se debe a la presencia de agentes inhibidores que no permiten ver con claridad los restos de ADN en caso de que estén presentes. En cualquier caso, es necesario decir que en ningún momento ello agota las posibilidades de información de estas muestras, ya que también están en marcha análisis de ADN mitocondrial.

Otro aspecto de interés a analizar a la vista de los resultados es el hecho de que, frente a nuestras primeras expectativas, pensando de forma "lógica", que los entierros primarios podrían tener mayores posibilidades de éxito por el hecho de poseer un contextos más "vírgenes", vemos que nuestros tres "positivos Y" son inhumaciones secundarias, es decir entierros que, por motivos que obviamente ignoramos, fueron en la antigüedad removidos de su localización original. Ello es interesante ya que nos lleva a pensar que no necesariamente el hecho de que un entierro se haya manipulado de forma sucesiva suponga un problema añadido en la perdida de masa molecular analizable. Da la impresión de que son otros, como vamos también a comentar, los condicionantes que hacen más complicados nuestros resultados.

De hecho si parece cada vez más evidente que -además de los procesos particulares y úvnicos de putrición de cada cadaver- la incidencia del clima es uno de los factores de mayor importancia. Así en el más reciente Congreso de la Sociedad Española de Antropología Biológica celebrado en Barcelona (10-13 julio 2001), se presentaron ejemplos, en algunos casos más antiguos que los nuestros y de lugares geográficamente tan dispares como la isla de Mallorca y sobre poblaciones talayóticas de los siglos VI al II a.C. con un clima puramente mediterráneo, o muestras procedentes del periodo Neolítico de Oriente Medio -área de gran sequedad- (Fernández et al. 2001), en donde las condiciones climáticas han logrado preservar un porcentaje mucho mayor de lo que sin duda es habitual en nuestros trópicos.

Dos ejemplos americanos bastantes próximos al Área Maya tales como Monte Albán en Oaxaca y Tlatelolco (Muñoz Moreno et al. 2001; Cruz et al. 2001) han proporcionado unos porcentajes de resultados en ADN mitocondrial y nuclear realmente excelentes, pero también es cierto que ambos se encuentran en lo que calificamos como Tierras Altas con un clima manifiestamente menos húmedo que el nuestro.
Y así, en Monte Albán de una muestra de 46 individuos, en 41 lograron extraer haplogrupos (A y B) a partir de muestras de ADN mitocondrial (Muñoz Moreno et al. 2001). Estos resultados han sido usados, en principio, para realizar inferencias acerca del tipo de linajes que entraron originariamente a América, pero sin duda pueden proporcionar informaciones mucho más ajustadas al desarrollo socio-histórico de un sitio como Monte Albán de gran transcendencia para la historia de Mesoamérica.

En el caso de las investigaciones llevadas a cabo con restos de 43 individuos -en su mayoría infantes de corta edad (0-3 años) procedentes del templo de Ehecatl-Quetzalcoatl en el Tlatelolco de época azteca, estaban encaminadas a tratar de resolver los problemas de sexamiento que no podían solucionarse por puras técnicas morfométricas (Cruz et al. 2001). Pues bien, los resultados de los análisis moleculares muestran que en su inmensa mayoría fueron masculinos, lo que apoya la hipótesis de que los individuos escogidos para sacrificio eran la personificación viviente del dios al que se ofrecían, en este caso a los Tlaloque -ayudantes de Tlaloc dios de la lluvia-, y por ello pequeños y varones.

Independientemente de los resultados que puedan darse para los problemas planteados por nuestra cultura maya o la mesoamericana en general, sin duda es de gran interés para la Biología Molecular trabajar con muestras de ADN antiguo de poblaciones prehispánicas americanas, ya que siempre se ha pensado que se desarrollaron durante miles de años con un alto grado de aislamiento a nivel continental. La determinación de una serie de polimorfismos o variables genéticas servirá sin duda, entre otras cosas, para refinar pautas de diferenciación aplicables a los problemas propuestos de sexamiento, relaciones de parentesco y variabilidad étnica, pero también para ir sentando las bases de futuras investigaciones en otras áreas americanas hasta poder realizar un día -quizá no tan lejano- mapas de relaciones biológicas que ayuden a conocer cual fue la historia evolutiva del hombre americano desde su llegada a América.

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