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AMALTEA
Rea, al ver que su esposo Crono iba devorando a todos sus hijos conforme nacían, decidió esconder a su último hijo, Zeus, en el monte Ida, situado en la isla de Creta. Allí lo recogió la ninfa Amaltea; las abejas destilaban para el niño la miel más dulce y las cabras lo alimentaban con su leche. Un día, según cuenta Ovidio, la cabra que alimentaba a Zeus se rompió un cuerno; Amaltea lo llenó de flores y de frutos y se lo ofreció a Zeus quien, en agradecimiento, convirtió a la ninfa y a la cabra en estrellas (la constelación de Capricornio). Cuando Zeus luchó
contra los titanes se hizo una
armadura con la piel
de esta cabra: la égida. Según otras versiones del mito,
el nombre de
Amaltea correspondería no a la ninfa, sino a la propia cabra.
(R.
Martin, Mitología griega y
romana, Espasa). En este contexto,
“Amaltea” significa para el equipo el inicio
del dios por
antonomasia, salvado por los cuidados femeninos de la ninfa o
alimentado por la
leche de la cabra: en cualquier caso, un prometedor cuerno de la
abundancia de
nuestra investigación mitocrítica.
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