En entornos académicos suele confundirse, muy a menudo, investigación con
evaluación. Son dos conceptos diferenciados. La investigación responde a las exigencias del
método científico. La evaluación responde a las exigencias de racionalidad propias de un
enfoque tecnológico.
Según se pone de relieve en la Tabla 3 cuando se está investigando, se indaga una explicación. Es decir, se indaga por qué se han producido determinados cambios o por qué se han alcanzado determinadas cotas de aprendizaje. A través de la investigación se intenta obtener hallazgos y conclusiones que sean generalizables a otros contextos y personas. Se generan así nuevos conocimientos que sean aplicables. Para ello se plantean distintas gamas de hipótesis o predicciones plausibles en al área de la formación. Mediante un diseño adecuado se intenta contrastar la hipótesis nula. Se analiza la información fáctica de modo casi exclusivo. Siguiendo la tradición científica se recurre a los enfoques experimentales o comparativos. Se controla de un modo estricto y riguroso cada una de las situaciones experimentales. Los datos recopilados se analizan estadísticamente para inferir y destacar los nexos de causalidad que existen entre los contenidos del programa de formación (variable independiente) y los resultados detectados al concluirlo (variable dependiente). De esta manera se sustentan un determinado modelo o teoría que es relevante a la hora de apostar la formación del personal.
Según se reseña en la Tabla 3 cuando se evalúa se constatar qué ha ocurrido en concreto en un programa dado con unas personas concretas. Se evalúa para proseguir o para poner en marcha nuevas líneas de acción. Se comprueba si se han alcanzado los objetivos perseguido al implantar un programa, constatando si los cambios obtenidos son los esperados o si se producen realmente cambios que merezca la pena subrayar. Se toman en cuenta hechos (datos disponibles) y valores ( A es más deseable que B en una determina entidad). Se conecta así con la aproximación tecnológica en la resolución de problemas que afecta a la calidad de vida en el entorno laboral. Se realiza un diagnóstico de las personas y los programas implicados en el programa de formación. Se analizan las situaciones, los cambios, las carencias, las mejoras que se ponen de relieve a través de la recopilación de datos. Como consecuencia de ello se destacan las ventajas o desventajas de un programa, las mejoras que hay que introducir, los destinatarios más adecuados etc.
La investigación es de índole básica cuando intenta aportar una gama de conocimientos nuevos que permitan explicar cómo se han conseguido determinadas cotas de aprendizaje entre los asistentes. La investigación es de índole aplicada cuando intenta realzar una gama de conocimientos que permiten utilizar en otros contextos las mismas herramientas y procedimientos de aprendizaje. La evaluación pone de relieve si se alcanzan las cotas de aprendizaje deseadas en unos cometidos concretos a través de los programas que se han diseñado.
Los psicólogos y sociólogos laborales están habituados a embarcarse, regularmente, en procedimientos de evaluación. Sitúan su esfera de actuación profesional bajo la óptica de una tecnología del comportamiento. En la medida en que, de vez en cuando, desarrollen sus propias líneas de investigación conectarán en su ejercicio profesional con las ciencias del comportamiento. Cuando no hacen evaluaciones periódicamente ni realizan investigaciones sistemáticas actúan, sin más, como técnicos en programas de formación que prometen mucho más de lo que pueden sustentar. En el ámbito de la formación de personal abundan los charlatanes y los profetas: prometen y vaticinan más de lo que el conocimiento experto permite sustentar con sosiego.