Al evaluar los resultados que se obtienen con los programas de entrenamiento y
capacitación se presta atención a la consecución de resultados duros y dúctiles trascurrido un
período de tiempo (normalmente un año). En la tabla 2 se recogen alguno ejemplo de los
parámetros e indicadores más habituales. Los denominados "resultados duros" son más
exigentes: tienen que ver con la incidencia de la formación en las cotas de producción, en el
uso del tiempo, en el control de costes y en el mantenimiento o incremento de las cotas de
calidad en productos y servicios. Se han señalado, como ejemplo, alguno indicadores de uso
corriente. Estos resultados duros pueden ser traducidos directamente a términos económicos
y, por tanto, valorar la rentabilidad y función de utilidad de los programas. Los resultados
blandos más comunes tiene que ver con los nuevos conocimientos, habilidades y actitudes, con
el grado de satisfacción laboral de los empleados, con el grado de satisfacción de los clientes
con los productos y servicios, con las posibilidades de promoción y desarrollo de trayectorias
profesionales, con los hábitos laborales que modifican, con las cotas de iniciativa que se
generan, con el clima laboral que se instaura. Todo ello en aquello que tiene una relación
directa con la existencia de programas de entrenamiento o capacitación de personal. La
traducción de estos parámetros a términos económicos es de índole indirecta. Con ciertas
restricciones y cautelas permiten valorar la rentabilidad y función de utilidad de los programas
impartidos.
Las seis acepciones del concepto de evaluación y las cuatro vertientes de una evaluación sistemática requieren la utilización de métodos rigurosos y solventes que estén contrastados (Phillips, 1990). Ello entraña conectar con la tradición científica o con la tradición tecnológica.