La luz es captada por un
telescopio refractor (a) que
proyecta la imagen del Sol sobre una pantalla (b). Esta pantalla dispone a su vez de una
fibra óptica (c) que capta la luz de un punto
determinado del disco solar y la lleva hasta la entrada del
espectroscopio.
La entrada de luz al espectrógrafo se realiza a través de una rendija de anchura variable
(d). El haz de luz es entonces
colimado por medio de un espejo
de 800mm de focal (f/6.3)
(e). En este punto tenemos un haz
de rayos paralelos que se dirigen hacia la red de
difracción.
La red de difracción
(f) es la pieza clave de este
instrumento. En este caso se trata de una red cóncava que, a la vez
que dispersa la luz en sus diferentes longitudes de onda, también la
enfoca, adoptando simultáneamente los papeles de elemento dispersor y
objetivo, con lo que se consigue prescindir de un elemento
óptico. Esta red se encuentra sujeta sobre un sistema de giro (g) que se controla manualmente a través de
un conjunto de poleas y que permite mover la red para observar las
distintas partes del espectro sin apartarse del ocular.
Por último, el espectrógrafo dispone de un sistema de vídeo
incorporado dentro del mismo instrumento. El espejo plano (h) desvía parte de la luz hacia la cámara de vídeo (i). El espejo recoge la luz de la zona
del espectro adyacente a la que está llegando al portaoculares, por lo
que se puede observar parte del espectro a través del ocular al tiempo
que se obtienen imágenes de otra.
|