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La comunicación no pretende ofrecer ningún tipo de
conclusiones sobre la investigación, pues esta acaba de iniciarse, sino esbozar y mostrar
el objeto de la misma, los objetivos a cumplir y los fundamentos teórico-metodológicos a
desarrollar. Así, estableceremos el siguiente esquema a la hora de presentar el contenido
de la comunicación; primeramente definiremos el objeto de nuestro estudio, para con
posterioridad establecer y justificar el marco cronológico en que vamos a enmarcar
nuestra investigación. Dibujaremos las consecuencias que tuvo sobre el sistema de valores
sociales el desarrollo económico y la
llegada del estado
del bienestar en los
países europeos y lo compararemos con el caso español. A continuación recorreremos brevemente
las principales características del desarrollo económico español y su influencia en la
sociedad, para finalmente definir nuestro marco geográfico de estudio y la metodología a
seguir. El sistema de
valores y los cambios en el acaecidos como consecuencia de la mejora económica de España
son nuestro principal objetivo. A la hora de definir el objeto de nuestro estudio
tomaremos prestada la definición que sobre valores sociales realiza Rokeach, en la que los identifica como un
conjunto de ideales abstractos, positivos y negativos, que representan las creencias de
una persona sobre los modos ideales de conducta y sobre los fines últimos también
ideales(1), es decir, como una forma de expresión colectiva que permite orientar
las actitudes, opiniones, juicios y acciones, transcendiendo los objetivos específicos.
La importancia de los valores radica en que pueden ser considerados como el núcleo
central de un sistema de actitudes y ello permite orientar la conducta en una situación
social determinada. Desde nuestro punto de vista el estudio del cambio en los valores
sociales dentro del conjunto de la sociedad en el periodo de tiempo especificado, puede
ser un importante elemento para una mejor comprensión de la transición española. Nuestro
estudio busca observar la evolución y el cambio de los valores de la sociedad española
en un periodo de tiempo muy concreto, la transición del régimen franquista a la
democracia. Pero al considerar este hecho desde sus tres perspectivas posibles
(económica, política y social) el marco temporal se amplia, abarcando desde el inicio
del desarrollismo económico en la década de los 60, denominado por el economista Luis
Ángel Rojo el primer ciclo industrial completo de la economía española(2), hasta la celebración de las elecciones generales de
1982 (final de la transición política). El desarrollo de una investigación acerca del
cambio en los valores sociales en España, no es algo novedoso, ya desde finales de la década de los 70 los sociólogos españoles han
llevado a cabo copiosos trabajos que estudian este proceso(3), pero partiendo siempre de postulados de su propia
disciplina, que olvidan en muchos casos el contexto, las causas y consecuencias del tema
que nos ocupa. Por ello, nuestra
investigación propone sumergirnos en mundo de los valores sociales, sin olvidar el
contexto histórico en el que se desarrollan los cambios, puesto que es él quien nos
permite ver la dualidad cambio-continuidad necesaria para el estudio en profundidad
de los valores sociales(4). Así, si
observamos la década de los 60, veremos como las innovaciones tecnológicas y el
desarrollo económico ejercieron una fuerte presión sobre las estructuras normativas de
la sociedad, sobre su cultura y por consiguiente sobre los valores que los miembros de esa
sociedad sustentaban. Es decir, una mayor apertura del diafragma con el que observamos el objeto que nos ocupa, nos permite, no solo ver
el resultado final (consecuencia del cambio), sino que nos ofrece la posibilidad de
observar todo el proceso de transformación, en el que el medio es imprescindible para
entender la metamorfosis final. Al mismo tiempo consideramos que la evolución de los
valores sociales en el periodo de tiempo elegido, es un elemento importante para una mayor
compresión de la transición española (en sus tres dimensiones, política económica y
social), puesto que los valores sociales no son ajenos a ninguno de sus actores (ya sean
pasivos o activos) sea cual fuere su ocupación o posición social, puesto que nadie que
viva en una sociedad escapa a la realidad institucional que esta impone, e incluso los
valores contrainstitucionales aspiran a institucionalizarse de alguna forma dentro
de ella. Esta permeabilidad de los valores en todas las capas e individuos que conforman
el entramado social, nos remite a la metáfora utilizada por Blau en la que relaciona los
valores sociales con los medios de comunicación y en la que afirma : todas
las relaciones y las transformaciones sociales implican comunicación. La comunicación
directa entre personas exige contactos directos pero para la mayoría de los miembros de
las grandes colectividades es imposible entrar en contacto personal... de aquí que surja
la necesidad de un mecanismo social que permita la proliferación de una comunicación
social en una comunidad y que proporcione los vínculos mediadores entre los comunicantes
que están distanciados (5) La
periodización de la investigación que presentamos nos permitirá asomarnos a un
fenómeno muy común dentro de los países europeos que están iniciando su
industrialización a gran escala, en los que se observa una clara yuxtaposición de los
valores de las comunidades rurales que se incorporan al sistema cultural propio de una
sociedad industrializada, produciéndose así una simultaneidad de los valores existentes
en esas sociedades. Situación que viene favorecida por la aceleración histórica de los
cambios que han generado sociedades complejas, donde lo viejo persiste,
contraponiéndose a lo nuevo. Esta superposición dará como resultado
la aparición en la escena social de valores
postmaterialistas que rivalizarán por la supremacía con los valores materialistas(6). Estos últimos se
corresponderían con la consecución de necesidades fisiológicas (alimentación,
vivienda, agua...) y necesidades de seguridad, mientras que los primeros van ligados a la
búsqueda de la satisfacción de necesidades sociales, de estima y de autorrealización.
Esto no significa que los valores de tipo económico no sean importantes para los
postmaterialistas, pero los segundos (materialistas) pondrán su acento también en
valores como la seguridad, el orden y la estabilidad de la sociedad, mientras que el
primero de los grupos incidirá más en la libertad de expresión, la humanización de la
sociedad, la estética del entorno, una mayor sensibilidad social. Pero si observamos
detenidamente, este proceso, en el caso de
España, veremos como esa superposición de valores sociales y culturales, fruto de la
mejora económica y de la afluencia de emigrantes a las zonas más industrializadas del
país (como es el caso de Madrid), tiene como consecuencia la superposición o
coexistencia de tres culturas simultaneas en lugar de dos como sucede en el resto de
Europa. Así, encontraremos sectores ligados a la
cultura tradicional, a la modernidad (valores materialistas) y en menor medida y muy
alejada de la media europea a la posmodernidad (valores posmaterialistas), que se verá
más retrotraída, si cabe, por la crisis económica del año 73 que supuso un retroceso
hacia los valores materialistas. Esta diferenciación del caso español con el
resto de Europa es consecuencia de la demora sufrida en el
crecimiento económico y de la tardía llegada del estado del bienestar a
nuestro país. La superposición de tres sistemas culturales o de valores dentro de la
sociedad española, puede corresponderse perfectamente con tres generaciones diferentes
dentro de una misma familia: el abuelo seguiría anclado en la cultura tradicional, bien
por que seguía los postulados del régimen, que consideraba la tradición como pilar
fundamental de su sistema cultural, bien porque procedía de un ámbito rural; los padres
representarían fielmente la perfecta encarnación de los valores materialistas sumergidos
en un consumismo feroz, siempre a las ordenes de la máxima tanto tienes tanto
vales; y finalmente los nietos serían los depositarios de los valores
posmaterialistas exigiendo mayores libertades individuales, mejoras sociales... Esta
situación provocó de forma irremediable un choque generacional, tras el cual se empezó
a demostrar una cierta frialdad hacia los valores
éticos y estéticos de la tradición, y un marcado interés por todo lo que venía de
fuera. El peso importantísimo y diferenciador de la cultura tradicional se refleja y es
consecuencia del fenómeno sociológico que constituyo la inmigración rural. Es cierto, que los elementos de este sistema de
valores pervivieron durante más tiempo que en el resto de las sociedades
industrializadas, pero esto no evitó que las personas provenientes del mundo rural
percibieron su diferencia como un retraso y como un valor negativo. Esta circunstancia les
llevo, lentamente a intentar asimilarse a la cultura y a los valores de la gran ciudad,
hecho que resulta irónico si nos detenemos a pensar que el régimen franquista aspiraba a
conservar la estructura de la propiedad agraria, viendo en ello y en las familias rurales
los pilares básicos del conservadurismo. Cabe destacar que lo primero que perdían
los emigrantes era su sentimiento religioso (otro de los pilares culturales básicos del
régimen), pues la nueva monocultura que se les imponía era el consumismo, además en la
gran urbe la Iglesia estaba lejos de poder ejercer la atención y presión personalizada
que ejercía en las áreas rurales. Esta paulatina transformación
que acabamos de describir la ejemplifica el desarrollo económico e industrial español
que trajo consigo el incremento del consumo, aumentando los gastos en vivienda, cultura,
enseñanza, sanidad, viajes, transportes..., así como el consumo de bienes duraderos como
lavadoras, frigoríficos, televisores o coches, transformando radicalmente, en menos de
veinte años, la fisonomía de los hogares y las calles. Así, mientras que en 1960 solo
el 1% de los hogares españoles tenían televisión,
el 4% disponía de frigorífico y el mismo porcentaje tenía en su haber un
automóvil, nueve años después el 62% de
los hogares españoles disfrutaban en su salón de un televisor, el 63% tenía un
frigorífico y un 24% disfrutaba de las comodidades de tener un coche propio. Pero a pesar
de estos cambios sustanciales España al inicio de la década de los 70 tenía un retraso
de cuatro o cinco años con respecto a los niveles de consumo y bienestar de Francia o de
Italia. Aun así, la introducción dentro de la vida cotidiana de estos avances
tecnológicos supuso cambios en el comportamiento de sus usuarios, el automóvil modificó notablemente la función social del
domingo, puesto que ahora se imponía la excursión dominical
o de fin de semana, surgiendo en este mismo momento el concepto hasta entonces desconocido
de segunda vivienda convirtiéndose en una de las máximas aspiraciones de la
clase media y alta. Junto con estos datos, existen otros que nos permiten hablar de desarrollo y de difusión del bienestar, y no solo
de crecimiento económico, teniendo en cuenta que ni siquiera el término desarrollo
es sinónimo de modernización. Observamos como
se produce un aumento de población y se incrementa la esperanza de vida reduciéndose la
tasa de mortalidad, todo gracias a una mejor alimentación de la población, también la
tasa de analfabetismo desciende al 5,7%, y para el en periodo 1960-1970 evoluciona de forma significativa la estructura
del gasto anual medio por persona con respecto a los años finales de la década de los
50, reduciéndose el peso de la alimentación dentro del presupuesto familiar
(53,8%), porcentaje que para el año 1974 había caído hasta el 36,7%. Esta nueva
situación económica y material de los hogares españoles supuso un notabilísimo cambio
en las pautas de consumo, hecho íntimamente ligado, tanto a una transformación en la
estructura de los gastos, como en las modificaciones
en el comportamiento de los consumidores, como
pone de relieve la siguiente tabla:
Caprarella,
M.: Madrid durante el Franquismo. Crecimiento económico, políticas de imagen y cambio
social, Ed. Consejo Económico y Social, Madrid, 1999
p108.
Benito
Villalain et al: La sociedad española de los 90 y sus nuevos valores, Ed. Fundación
Santa Maria, Madrid, 1992, p.29 De
igual forma que se incrementaba su población, su peso económico e industrial en la economía del país iba en aumento, al igual
que la importancia del sector servicios, que desempeñó un papel de primer orden el
nacimiento y primera consolidación de la sociedad de consumo, que fue, sin lugar a dudas,
generadora de nuevas demandas y proveedora de nuevos servicios, y que tubo como consecuencia la transformación y
revolución de comportamientos, hábitos, costumbres y mentalidades. Los crecientes
niveles de ingresos de la población madrileña, que según Anderson para 1966-1967
experimentaron un crecimiento superior a la productividad(11), asociados al crecimiento económico permitieron su
acceso al mercado de bienes de consumo(12). Esta nueva situación supuso un viaje
intergaláctico que partía de la llegada de los electrodomésticos al hogar, y que
finalizaba con el protagonismo de los grandes almacenes, transformando radicalmente a la
población, ahora absorta en las pantallas de televisión de un universo consumista que
favoreció el despegue del sector terciario. Dadas las características sociales,
económicas y políticas de este espacio geográfico hemos considerado que su elección
como ámbito de estudio puede ser propicia para una buena observación de los cambios
sociales producidos desde la década de los 60 hasta el final de la transición. Pero
dentro del Área Metropolitana de Madrid y de la propia ciudad, hemos realizado una
selección cualitativa espacios en los que centrar nuestra investigación: Getafe: Este
municipio pertenece a la denominada primera corona(13) del Área Metropolitana
de Madrid. Su población comenzó su crecimiento
desde la década de los años 30, pero fue sin duda a partir de los años 60, con la
instalación de nuevas industrias cuando esta localidad inicio su expansión poblacional.
El resultado fue la consolidación de una población muy joven cuya crecimiento natural se
elevaba progresivamente (alcanzando en 1975 el número de 4000 nacimientos y no más de
350 defunciones)(14), y cuyos lugares de origen solían ser ciudades de menos de 50.000
habitantes, que podríamos definir como áreas rurales. Así, Getafe será junto a Madrid
durante la década de los sesenta, uno de los municipios de la comunidad que registe el
saldo migratorio positivo mas alto (+159.473). La mayor parte de su población trabajaba en el propio
municipio, repartidos entre las grandes y medianas empresas, y los pequeños talleres de
la rama del metal. La masiva afluencia de nuevos pobladores dejo al descubierto la falta
de infraestructuras urbanísticas y sociales. Orcasitas: En
este barrio madrileño, que hasta 1954 perteneció al pueblo de Villaverde, (fecha en la
que ambos fueron incorporados a Madrid), en el ultimo cuarto del siglo XX a penas si
había luz eléctrica, carecía de alcantarillado, de transportes públicos y de
instalaciones sociales. Es un barrio surgido de un campamento de chavolas, en el que la mayor parte
de la población, en 1970, procedía de
Toledo, y en el que según los estudios realizados sobre la alimentación de los
madrileños en los años finales de la década de los 60,
era el lugar donde menos y peor se
comía. Dado el inicio del barrio los vecinos se vieron obligados a luchar por permanecer en sus casas, hecho que en noviembre de 1977 el Tribunal Supremo les confirmó. Para lograr
este fin los vecinos crearon una asociación en la que primaba la voluntad del barrio. Su
lucha contra las instituciones, como ya hemos visto, se saldo con la tardía construcción
de un barrio con instalaciones y casas adecuadas para vivir. Asimismo, de esta asociación
surgió la creación de aulas de alfabetización con las que los vecinos de este barrio
buscaban autocombatir su propia marginación. Pozuelo de Alarcón: Municipio
integrado en el Área Metropolitana Oeste de Madrid. Desde el inicio del siglo XX
comenzó, en sus alrededores, el auge de hotelitos destinados al veraneo, que poco a poco
fueron reduciendo el suelo dedicado a la agricultura y a los bosques en beneficio de la
superficie habitada. Como consecuencia de una distribución urbanística desigual hoy
dentro de lo que denominamos Pozuelo distinguimos cuatro zonas de ocupación; los núcleos
antiguos de pozuelo-pueblo y pozuelo-estación, con sus correspondientes
ensanches, que actualmente forman una unidad urbanística; el núcleo antiguo de Humera y
las primeras urbanizaciones de Somosaguas y sus correspondientes ensanches cuya
construcción se llevo a cabo en la primera mitad del siglo XX, en forma de casa
unifamiliares o adosados y que a partir de los años 60 se convertirán en residencias
permanentes; las urbanizaciones del Oeste del termino (Pradolargo, La Cabaña,
Montealina, Montecarlo) que siguen la estructura de las anteriores pero ya desde un primer
momento fueron construidas cono residencias permanentes; y las urbanizaciones de la
ampliación de la Casa de Campo cuyo trazado urbanístico es completamente diferente
al resto de las zonas, puesto que esta estructurado en edificios de manzana cerrada, esta
dotado de mejores servicios. Como ya hemos señalado el
inicio de la década de los 60 y las mejoras
económicas supusieron la creación de una larga serie de urbanizaciones y viviendas
unifamiliares desconectadas de la estructura urbana, con un amplio déficit de
equipamientos que en la década de los 90 seguía patente. En el año 1991 el Censo
establecía que las profesiones mas frecuentes entre los vecinos de Pozuelo eran la de
técnico superior, empleado de la administración y comerciante.(15), es decir, la mayor
parte de la población, el 71%, trabajaba en el sector servicios y en su mayoría fuera
del municipio. El resto de la actividad económica se distribuye entre comercios de
textiles o alimentación y pequeños talleres de automóviles, madera y tapizados. El
objeto de nuestra investigación nos remite directamente al ámbito de la historia social,
y al mismo tiempo el enfoque que deseamos darle al
marco de lo local y lo regional considerándolo, no como un mero apéndice derivado de
estudios de carácter macrohistórico, sino como un fin en si mismo, capaz de reconstruir
con posterioridad una historia global. Así, después de los debates historiográficos de
la década de los 80, se opto por efectuar un giro en la denominada historia social
abogando por la necesidad de prestar una atención privilegiada a las condiciones
materiales y a las mentalidades y comportamientos de los individuos, sugiriendo que el estudio de estos nuevos
temas debe comenzar a partir de la diversidad local y regional(16), ya que
posibilita la comprensión de fenómenos y el análisis de parte de la realidad social que
dentro de una óptica macro desaparecerían o serían irrelevantes, facilitando, así, la
identificación de cambio social
como un cambio de índole cultural y no únicamente como una mera transformación de las
estructuras socioeconómicas Este postulado
a favor de la historia social no implica que la realidad material y económica de la
sociedad que vamos a estudiar haya caído en el saco oscuro del olvido, muy al contrario,
buscamos una estrecha vinculación entre todos los factores (políticos, sociales,
económicos, culturales...) que inciden y conviven con el sujeto de nuestro estudio,
puesto que consideramos que el camino mas
fructífero por el que puede caminar la historia es el que le acerca al resto de las
disciplinas. Así, la elección determinados puntos geográficos para desarrollar nuestro
estudio nos posibilitará la aplicación de técnicas propias de la historia oral,
permitiéndonos obtener datos de las tres generaciones, que con anterioridad hemos citado,
participes del cambio en los valores sociales. Esta parte de la investigación
correspondería a un análisis cualitativo de la realidad que nos interesa, y estaría
acompañado por un análisis cuantitativo de la misma que supondría el estudio de datos
como el índice de ingresos, el equipamiento de los domicilios, niveles de
consumo....Todos estos datos nos permitirán la consecución de una descripción
densa
en la que ningún elemento prevalecerá sobre el resto y cuyos resultados servirán, no
solo para mostrarnos los cambios sociales del espacio delimitado para la investigación,
sino que al miso tiempo nos de las pautas generales de comportamiento aplicables a otros
marcos geográficos y sociales de la misma
naturaleza. APÉNDICE: Una de las
principales consecuencias del crecimiento económico en Madrid, fue el constante aumento
de la población provincial:
Caprarella,
M.: Madrid durante el Franquismo. Crecimiento económico, políticas de imagen y cambio
social, Ed. Consejo Económico y Social, Madrid, 1999, p.295.
Villalain Benito et
al: La sociedad española de los 90 y sus nuevos valores, Ed. Fundación Santa
Maria, Madrid, 1992, p. 31 Índices de
satisfacción con la vida en casa medido en escala de 1 a 10:
Villalain Benito et
al: La sociedad española de los 90 y sus nuevos valores, Ed. Fundación Santa
Maria, Madrid, 1992.
Villalain Benito et
al: La sociedad española de los 90 y sus nuevos valores, Ed. Fundación Santa
Maria, Madrid, 1992. Anderson,
C.: The political economy of modern Spain, University of Wisconsin, Melwakee, 1979. Barbancho,
A.: Las migraciones interiores españolas (1961-1970), Ed. Instituto de Estudios
Estadísticos, ,Madrid, 1970. Villalain Benito et al: La sociedad española de
los 90 y sus nuevos valores, Ed. Fundación Santa Maria, Madrid, 1992. Blau, Intercambio
y poder en la vida social, Ed. Hora, Barcelona, 1983. Caprarella,
M.: Madrid durante el Franquismo. Crecimiento económico, políticas de imagen y cambio
social, Ed. Consejo Económico y Social, Madrid, 1999
Carr, R. et
Fusi, J.P.: España de la Dictadura a la Democracia, Ed. Planeta, Barcelona, 1983. Chueca
Gotilla: Madrid una cuidad con vocación de capital, Ed. Pico Sacro, Santiago de
Compostela, 1974. Domene, D. et
al: Pozuelo de Alarcón. Introducción al estudio de la localidad, Ed. concejalía
de Enseñanza del Pozuelo, Madrid, 1994. EIDA, Getafe.
Lucha obrera bajo el franquismo, Ed. Union Sindical de Madrid de CCOO, Madrid,
1977. Fusi, J.P.:
El boom económico español en Cuadernos de Historia 16, num. 34, Madrid. Inglehart,
R.: El cambio cultural en las sociedades industriales avanzadas, Ed. Siglo XXI,
Madrid, 1991. Martínez, J.
A. (coord.): Historia de España. Siglo XX, 1939-1996, Ed. Cátedra, Madrid, 1999. Orizo, F.A.:Los
Nuevos Valores de los españoles. España en la encuesta europea de valores, Ed.
Fundación Santa María, Madrid, 1991. Santos
Julia, Ringrose, D., Segura, Cristina: Madrid, historia de una capital, Ed.
Alianza, Madrid, 2000. Perez Sánchez,
G.: Una manera de hacer historia social. O la confirmación de un nuevo
enfoque en La Historia social en España. Actualidad y perspectivas, de
Castillo, S. (coord.), Ed, Siglo XXI, Madrid, 1991. (1)Campo, S.
del: Tendencias
sociales en España, Vol. II, Ed. Fundación BBV, Bilbao, 1993, p.67. (2)Fusi,
J.P.: El boom económico español en Cuadernos de Historia 16, num. 34,
Madrid, 1985, p. 4. (3)Miguel,
A. de: Síntesis del informe sociológico
sobre la situación en España, Ed. Euroamérica, Madrid, 1973; López Pintor, R.: Los
Españoles en los 70: una versión sociológica, Ed. Tecnos, Madrid, 1975, y Opinión publica, valores y cultura
política en España a debate: La sociedad, vol. II, Ed. Tecnos,
Madrid, 1991; Orizo: Los nuevos valores de los españoles, Ed. Fundación Santa
Maria, Madrid, 1991; Campo, S. Del : Estado actual y perspectivas de la sociedad
española, Ed. Fundación Independiente, Madrid, 1993; FOESSA, Fundación: Informe
sociológico sobre la situación social en España, Ed. Euroamerica, Madrid, 1966. En
1981 se realizó en España la encuesta sobre los sistemas europeos de valores, promovida
por el EVSSG, European Value System Study Group. De esta encuesta en España se publico ¿Qué pensamos los europeos? De Jean Stoetzel y España entre la
apatía y el cambio social de Orizo, así como Juventud española 1984 y jóvenes
españoles 89 de la editorial SM. (4)
Los valores condicionados por el entorno socioeconómico y la posicion social,
contribuyen de forma significativa a la configuración de las orientaciones de conducta de
los sujetos Veira Veira, J.L.: Los Valores sociales: ente el cambio y la
continuidad, Ed. Universidad de la Coruña, La Coruña, 1997. (5)Blau,
Intercambio y poder en la vida social, Ed. Hora, Barcelona, 1983, p. 23., (6)Terminología
creada por Inglehart para establecer dos categorías diferentes de valores sociales,
basándose en la teoría de Jerarquía de Necesidades de Maslow en la que se
enuncia que las necesidades humanas actúan como motivadores de acuerdo con una jerarquía
determinada, de tal manera que una necesidad no aparece hasta que haya sido satisfecha la
inmediatamente anterior en la escala jerárquica. Inglehart, R.: El cambio cultural en
las sociedades industriales avanzadas, Ed. Siglo XXI, Madrid, 1991. (7)Carr,
R. et Fusi, J.P.: España de la Dictadura a la Democracia, Ed. Planeta, Barcelona, 1983,
p.153. (8).Creemos que estas
características de los españoles no son de ahora, sino que proceden de mas atrás y que
hace ya tiempo que básicamente están instaladas entre nosotros. Por supuesto que esta y
no otra, era la sociedad de la transición política de los años 70. Orizo, F.A.:Los
Nuevos Valores de los españoles. España en la encuesta europea de valores, Ed.
Fundación Santa María, Madrid, 1991, p. 224. (9)Barbancho,
A.: Las migraciones interiores españolas (1961-1970), Ed. Instituto de Estudios
Estadísticos, ,Madrid, 1970, p.35. (10)Chueca
Gotilla: Madrid una cuidad con vocación de capital, Ed. Pico Sacro, Santiago de
Compostela, 1974, p 47. (11)Anderson,
C.: The political economy of modern Spain, University of Wisconsin, Melwakee, 1979, p.
200. (12)
De 1964 a 1967 el consumo privado aumento desde los 600.000 millones de pesetas
hasta los 743.000, con un tasa del crecimiento anual del 6% mientras que la esperada era
5,5% Caprarella, M. Madrid durante el Franquismo. Crecimiento económico,
políticas de imagen y cambio social, Ed. Consejo Económico y Social, Madrid, 1999,
p. 93. (13)Santos
Julia, Ringrose, D., Segura, Cristina: Madrid, historia de una capital, Ed.
Alianza, Madrid, 2000, p. 546. (14)EIDA,
Getafe. Lucha obrera bajo el franquismo, Ed. Union Sindical de Madrid de CCOO,
Madrid, 1977, p.18. (15)Domene,
D. et al: Pozuelo de Alarcón. Introducción al estudio de la localidad, Ed.
concejalía de Enseñanza del Pozuelo, Madrid, 1994. (16)Perez
Sánchez, G. Una manera de hacer historia social. O la confirmación de un nuevo
enfoque en La Historia social en España. Actualidad y perspectivas, de
Castillo, S. (coord.), Ed, Siglo XXI, Madrid, 1991, p. 429.
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