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Grupo de Investigación Complutense
Historia de Madrid en la edad contemporánea
nº ref.: 941149
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Luis Enrique Otero Carvajal

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Rubén Pallol Trigueros, becario de Investigación de la UCM.

Los soviets deportivos – el surgimiento de un partido en la sociedad de masas: el PCE, el asociacionismo deportivo y las nuevas formas de ocio de la clase trabajadora en la España de la II República

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Publicado en: Actas del I Congreso sobre la historia del PCE, 1920-1977. Oviedo 6,7 y 8 de mayo de 2004. Fundación de Investigaciones Marxistas.

 

Indice

1931-1934. La débil actividad asociativa del PCE.

Hacia la bolchevización por el deporte: de octubre de 1934 a las elecciones de febrero de 1936.

El PCE al frente de los deportistas obreros: la lucha contra la Olimpiada parda en 1936.

Notas.

Tradicionalmente, cuando se ha abordado el estudio de los movimientos políticos y sociales de carácter obrero se ha desatendido a los aspectos culturales. En nuestro país, la historia social, quizá por su vinculación a determinadas corrientes del marxismo, ha dejado de lado el análisis de temas relacionados con la historia cultural, desde el convencimiento de que eran aspectos secundarios o anecdóticos para el conocimiento de la clase obrera. En este sentido, la bibliografía que sobre la historia del PCE se ha generado, no es ninguna excepción.

La II República española no fue tan sólo un periodo significativo en el terreno político en virtud del importante proyecto de reforma política y social que se quiso llevar a cabo: en parte como consecuencia, en parte como causa de ello, los años 30 se caracterizan también en nuestro país como el momento de la eclosión de la sociedad de masas. Una nueva sociedad se asoma en la que se produce una transformación profunda de las formas de vida, desde las pautas de comportamiento en la familia a las formas de participación política, desde los modelos de relación laboral a las novedosas formas de ocio popular en las que va adquiriendo protagonismo el consumo de espectáculos de masas asociados a los cada vez más presentes medios de comunicación.

El PCE, lejos de ser ajeno a este proceso de transformación social y cultural, se constituye en uno de los mejores exponentes de esta nueva sociedad en formación. Su voluntad explícita de convertirse en un partido de masas le llevará a ensayar nuevas formas de afiliación y de participación política al tiempo que a la formulación de nuevos objetivos programáticos que le distinguen de los tradicionales partidos de las clases populares y obreras. Además, esa misma sociedad de masas que surge le impone, igual que al resto de las formaciones políticas presentes, nuevos desafíos en su deseo de ganarse la voluntad y el respaldo de una clase obrera renovada en sus intereses y hábitos sociales. En todo ello, el ocio se afirma en un nuevo campo para la lucha y la conquista. Por un lado el PCE, en coherencia con un discurso en que se considera que la política se manifiesta en todos los aspectos de la vida, generará un discurso propio sobre los espectáculos de masas, especialmente sobre los espectáculos deportivos (y dentro de ellos el fútbol, principal polo de fascinación para la clase obrera) y el cine. Un discurso que pretende contrarrestar en un primer momento los riesgos que suponen para sus objetivos de afiliación y de difusión ideológica un asociacionismo deportivo en auge y un no cuestionado discurso sobre la realidad proveniente del cine y que amenazan la consecución del verdadero objetivo de la clase obrera: la revolución comunista. Pero este discurso evolucionó desde la actitud meramente defensiva hasta la de estrategia ofensiva: el PCE también encontró en estas nuevas aficiones de las masas obreras (y no obreras), el deporte y el cine, un eficaz campo de expansión asociativa e ideológica en el que buscar las victorias que como campeón de la defensa de los trabajadores y del socialismo frente a un PSOE mucho más asentado, el terreno de la política (en los resultados electorales) y del sindicalismo (con el fracaso del frente único y de la creación de la CGTU) le negaban.

El presente texto pretende ser una contribución, pues, a una historia híbrida entre la historia de los partidos políticos y una historia de la cultura popular con la que se pueda avanzar en el conocimiento del movimiento obrero articulando mejor las relaciones entre la vanguardia política (el obrero consciente y plenamente integrado en las estrategias de toma del poder) y las masas amorfas, muchas veces sin rostro en la historiografía, de electores y simpatizantes que apoyaron dichas estrategias. Es en definitiva un intento de salvar la distancia que media entre el conocimiento que para buena parte de la historia del PCE tenemos de la elite de dirigentes de la organización y su siempre fluctuante número de afiliados y militantes y el enigma que se esconde tras el no menos oscilante cuerpo de votantes. Una distancia que deberá cubrirse respondiendo a las interrogantes acerca de con qué medios, un pequeño grupo de obreros concienciados consiguieron que sus ideas calaran en el conjunto de población que acabaría apoyándoles en las elecciones de 1936.

Estas cuestiones relativas a la articulación entre dirigentes políticos y bases sociales de apoyo, que en esencia son generalizables  todo partido político, resultan tanto más pertinentes si acotamos el estudio al periodo republicano en España, que puede ser sin temor considerado como el de la eclosión de la sociedad de masas; al tiempo que puede abrir sugerentes líneas de investigación que nos permitan completar el conocimiento que del PCE y su funcionamiento tenemos para esta época.

Los años de la II República representan para el PCE los de su definitiva implantación social y política en España: entre el 14 de Abril de 1931 y el comienzo de la Guerra Civil la opción revolucionaria bolchevique pasa de ser ese minúsculo grupo que salió en Madrid en camioneta a criticar el régimen burgués recién constituido (como bien recordaba Rafael Cruz) a convertirse en parte integrante del gobierno republicano y uno de los pilares en su defensa. Todo un proceso de maduración política, de adecuación de su discurso y perfeccionamiento de sus estrategias de propaganda que revirtió en una cada vez mejor conexión con ciertos sectores de la población española (y de su electorado). Un proceso de maduración política que entrañó para el PCE la específica dificultad de hacer frente a un panorama político de izquierda en que no sólo existía un partido socialista altamente desarrollado e implantado entre la clase obrera y que con 40 años se había convertido en uno de los pilares del régimen republicano recién construido, sino en el que también se encontró con la particularidad española de la masiva presencia de un anarquismo de fuerte protagonismo sindical y que tradicionalmente venía desempeñando el papel de opción obrera revolucionaria y radical a una socialdemocracia cada vez más reformista e institucionalizada. El PCE, por lo tanto, en sus primeros pasos en el camino que había de llevarle a su constitución como una opción política con entidad propia en el panorama obrero español, se tuvo que enfrentar en un escenario organizativo ya copado por dos instituciones de larga tradición: la CNT y el PSOE. Las vías principales por las que el PCE consiguió hacerse un hueco en el estrecho horizonte de la lucha obrera se encuentran ya parcialmente explicadas por la historiografía. Por un lado, sus esfuerzos en la lucha sindical por romper la hegemonía de CNT y UGT por medio del frente único por la base (y que desembocaron en un sonoro fracaso) y su obstinada oposición política que le valió el reconocimiento de las clases populares (especialmente por su implicación en la revolución asturiana de 1934). Por otro lado, s estrecha vinculación con la URSS como realidad política social triunfante que avalaba sus promesas de redención le permitió presentarse como una opción totalmente distinta a las tradicionales organizaciones obreras (al tiempo que tal vinculación le aseguraba un apoyo logístico sin el que la continuidad en España de una organización comunista hubiera sido difícilmente posible). Finalmente, fue definitiva la renovación de su discurso político en una hábil adaptación  la realidad política española en transformación, que partió desde la retórica del desenmascaramiento de los socialfascistas en la que abundaron entre 1931 y 1934 (en parte derivada de sus necesidades de afirmación frente al PSOE como partido del proletariado) y que les llevó a convertirse en las postrimerías de la República en uno de los paladines de este régimen político, antes vilipendiado y ahora defendido en un contexto de lucha política en el que la línea de delimitación de campos se definió en torno al apoyo u oposición al fascismo.

Pero junto a estas vías centrales de conquista del electorado y del apoyo de las masas obreras, el PCE desarrolló otras estrategias para ganarse el respaldo que le empujó a jugar un papel protagonista en la política española. Vías que si bien pueden ser consideradas a priori anecdóticas constituyeron novedosas formas de acción y participación políticas acordes con el momento histórico del que nos ocupamos: el de las primeras manifestaciones de la sociedad de masas en España. Entre ellas se destaca el creciente interés por el asociacionismo deportivo y cultural en los que el PCE desplegará una intensa actividad con el objetivo de compensar en estos terrenos de lucha por la conquista de la izquierda los éxitos que en el campo de la afiliación política y sindical y en la recolecta de votos, se le negaban. Estrategias de propaganda, las desarrolladas en el campo de la cultura y del deporte que a pesar de su apariencia secundaria y complementaria tuvieron gran importancia en la expansión del partido comunista en la II República. Primero porque el carácter de organización de nuevo cuño del PCE le obligaba a aprovechar aquellos resquicios de la sociabilidad popular que las organizaciones de más larga tradición n habían copado, ya porque centraran su actividad en otras dimensiones, ya porque se relacionaran con realidades – el ocio y el consumo de masas – posteriores a su aparición en la vida política española. Y en segundo lugar (y esto resulta más atractivo aún para el estudio) porque es necesario entender la irrupción del comunismo como un fenómeno radicalmente distinto a las anteriores formas de organización política no sólo en virtud del diagnóstico diferente que hacían sus líderes de la realidad social y de los específicos objetivos que planteaban en su proyecto de transformación de la sociedad. El PCE supone además también una nueva forma de entender la organización y la participación política que es propia de los tiempos en los que surge: los de la sociedad de masas y la cultura (en el sentido antropológico de la palabra) asociada a ella.

El presente texto pretende contribuir al estudio de estas nuevas estrategias de actuación política desarrolladas por el PCE: en el se intentará esbozar las distintas líneas de actuación que la Sección Española de la Internacional Comunista desarrolló en el campo del asociacionismo cultural y deportivo como una vía alternativa de expansión organizativa e ideológica a las más tradicionales de afiliación al partido y al sindicato. Para ello se ha procedido a la lectura de la prensa oficial del partido en el periodo republicano y se han analizado las noticias relativas al deporte y a los espectáculos de ocio. De esta manera se ha retornado al uso de una fuente de documentación ampliamente utilizada ya en el estudio del PCE, esta vez releída desde las preocupaciones e interrogantes que un nuevo enfoque del estudio de los movimientos y partidos políticos genera.

1931-1934: la débil actividad asociativa del PCE

El 20 de Noviembre de 1931 en la primera página de Mundo Obrero figuraba un hiriente artículo que criticaba la concesión de 400.000 pesetas al Comité Olímpico Español para organizase la expedición de los atletas españoles que participarían en la Olimpiada de Los Ángeles del año siguiente. El órgano de expresión comunista consideraba inmoral que en los tiempos de crisis que vivía la población obrera una elite de deportistas viajaran con cargo a los presupuestos estatales [1]: el deporte había de parecer una actividad superflua y lujosa a los miembros del PCE en aquellos tiempos que, en lo que se refiere a su propia actividad estuvieron marcados por la precariedad consecuencia de su escaso apoyo social y de la intensa persecución de su organización y periódico por parte del régimen republicano. En vano hemos de buscar en Mundo Obrero y en las distintas cabeceras sustitutas que utilizó el PCE noticias referentes al deporte excepción hecha de ocasionales transcripciones de los resultados de la liga profesional de fútbol. Y aun en estas esporádicas incursiones en la actualidad deportiva, parece que se hizo más bien a regañadientes, obligados por el interés que los obreros mostraban ante espectáculo y cuya reseña, sino encontraban en el diario comunista, buscarían en otro. La verdad es que la actividad comunista en el fomento del deporte popular en estos primeros años de la República fue más bien escasa, intermitente y sospechosa de no responder a motivaciones propias, sino a impulsos externos (que seguramente procedieran de las organizaciones centrales de la Internacional Comunista). No estaba en las prioridades de un partido que se veía en la necesidad constante de llamar al esfuerzo de sus afiliados para salvar el periódico y que encontraba más útil concentrar sus energías en desacreditar a los socialfascistas y republicanos o fomentar su alternativa sindical propia, la CGTU. Sin embargo, excepcionalmente, incluso un tema tan peregrinamente relacionado con los intereses de la clase obrera interesada en instaurar la dictadura del proletariado, como eran las hazañas deportivas, podía resultar útil al PCE en la exposición de su discurso ideológico. Es el caso de la celebración de la Spartakiada en Berlín, celebrada a pesar de la oposición del SPD alemán que la había prohibido y que resultó “una magnífica batalla ganada a la burguesía alemana y sus lacayos socialfascistas”.[2]

No obstante su aparente falta de interés PCE de estos años, en algunas ocasiones nacía en ellos una imperiosa urgencia por organizar asociaciones y clubs dedicados a la promoción del deporte popular, frecuentemente en las vísperas de algún acontecimiento o espectáculo promocionado por el Socorro Rojo Internacional, órgano dependiente de la Internacional Comunista. Así, ante la celebración de un festival deportivo en el estadio Metropolitano madrileño el 2 de Julio de 1936, Mundo Obrero se apresura a inaugurar el 27 de Junio una sección en sus páginas titulada “deportes de clase” con el propósito de “orientar a los jóvenes trabajadores deportistas en sus luchas contra el movimiento deportivo burgués, que trata de servirse del deporte para apartar a los obreros de sus luchas y ponerle al servicio de la burguesía y del fascismo”.[3] Si hasta la fecha todo había sido silencio en relación a la práctica del deporte por los obreros, ahora se convertía en un tema de trascendental importancia para la lucha obrera. El PCE acometía su preparación como si de uno de sus mítines se tratara y animaba a los obreros y estudiantes a acudir a un festejo cuyos objetivos eran tanto deportivos como políticos; así, en los artículos que anunciaban el acto, se mezclaban las reclamaciones de instalaciones para la práctica del sport con la exigencia de libertad de los presos sociales.[4]

Otro ejemplo de este interés repentino por el deporte  sospechosamente relacionado con un acontecimiento exterior se produjo con ocasión de la visita a España de una selección de fútbol de la Unión Soviética que iba a participar en Concentración Deportiva Internacional contra la Guerra y el Fascismo que tendría lugar en París en Agosto de 1934. Aprovechando el viaje, la selección realizaría una gira por varias ciudades españolas donde tendría ocasión de realizar un gesto que iba más allá de lo meramente deportivo:

“Estamos, pues, en vísperas de una serie de grandes fechas para los trabajadores de todas las regiones españolas. Los obreros hermanos de la Unión Soviética, representados por los deportistas, saludarán oficialmente por vez primera a sus camaradas españoles. Toda la grandiosa obra rusa de emancipación social y de edificación socialista vivirá por unos instantes en los campos de juego de nuestro país en el cordial y emocionado contacto del proletariado de dos naciones, una de ellas sometida al yugo del capitalismo y la otra liberada por la práctica marxista-leninista.” [5] Encuentro de tanta trascendencia fue preparado esta vez con gran antelación y sirvió para impulsar una organización deportiva popular que hasta entonces había resaltado por su debilidad. Desde finales de Enero de 1934 los órganos de expresión del PCE recogen las actas de reunión de secciones de la FCDO (Federación Cultural Deportiva Obrera) en las que se hace explícito el propósito de preparar la recepción de los deportistas rusos.[6] Paralelamente se publican manifiestos que llaman a la intensificación del trabajo deportivo resaltando las virtudes de una organización deportiva de masas obreras en la lucha contra el fascismo:

“En esta época alterada en que vivimos, relajada por los innumerables conflictos sociales, cada día más agudizados, un problema se plantea:

¿Qué clase de la sociedad sabrá atraerse a la juventud y servirse de ella?

Actualmente la burguesía la tiene bajo su influencia, y la neutraliza en parte en las luchas sociales. De los medios que emplea para conseguir sus fines, el deporte es el más eficaz.

Mediante él, la burguesía desarrolla entre la juventud la idea del nacionalismo: ella perfecciona su material “humano” de guerra, y al mismo tiempo intenta servirse como arma en las batallas que oponen los trabajadores a los explotadores.

En algunos países realiza esta política discretamente. España está en este caso. Pero en otros, como en Alemania e Italia, la máscara de deporte “neutral” ha caído bajo la presión peligrosa de los trabajadores.

Preguntamos! ¿Es que el deporte debe servir únicamente a la clase dominante? No, contestan los deportistas rojos.

Los explotados deben servirse del deporte para alcanzar sus propios objetivos como arma de atracción y de preparación para las luchas revolucionarias del proletariado.”[7]

Por otro lado, los miembros del PCE, en este recién despertado interés por el asociacionismo deportivo, subrayaban el interés que para el crecimiento deportivo podía tener el impulso de los centros culturales y deportivos:

El deporte en las masas obreras tiene una importancia verdaderamente trascendental. Primero, porque entraña la creación de nuevas entidades clasistas; en segundo lugar, por la magnífica preparación física que supone en beneficio inmediato de toda acción de masas, y finalmente, por la tarea proselitista que puede hacerse a sus sombra, sin otro esfuerzo que marcar el contraste que ofrece ante la especialización deportiva en el régimen capitalista.

La primera y quizá primordial ventaja que se observa en el cultivo del “sport” – en su acepción más amplia-, al dar origen a la constitución de las  entidades de clase a las que nos hemos referido, es la de que, al mismo tiempo facilita la formación del frente único. Existe un lugar en el que la aproximación cordial entre los obreros de diferente ideología es espontánea: el club deportivo. Basta observar el ambiente sano y vigoroso en que se desenvuelven tales organizaciones y el carácter de compenetración colectiva que suelen poseer todos los juegos modernos. La unidad proletaria se halla, por tanto, constituida desde el momento en que los deportistas obreros actúan en los campos. Y aquellas dos palabras unidas, expresan la formación de un frente común, necesariamente.[8]

Era la primera ocasión que se abordaba la cuestión del desarrollo del deporte federativo obrero como una labor paralela y complementaria a los demás trabajos de organización propios del partido, con el objetivo de“crear en todas partes centros culturales y deportivos obreros, sobre la base del frente único de todos los trabajadores  deportistas; igualmente constituir en todos los sindicatos grupos culturales y deportivos sindicales y afiliarlos a la F.C.D.O. bajo cuya dirección lucharán por el logro de las reivindicaciones” que se hacían explícitas en el diario.[9] Pero los manifiestos no dejaban de ser declaraciones de intenciones que no fueron llevadas a la práctica en un contexto de represión del gobierno cedista en que el PCE, cerradas todas sus publicaciones, tenía por misión primordial su subsistencia como partido, y cuando apenas quedaba una semana para que llegara el equipo soviético se repetían las llamadas para el preparativo de su recepción en medio de la autocrítica por el tiempo perdido.[10] Finalmente, el equipo soviético no recalaría en España: en la última semana de agosto de 1934 se multiplican las críticas de Mundo Obrero al gobierno cedista que había impedido la entrada de los deportistas soviéticos en nuestro país a pesar de las peticiones que ya no sólo desde el propio PCE, sino que desde medios socialistas y republicanos para que no se impidiera el formidable acto de propaganda deportiva. Una vez más se ponía de manifiesto la escasa capacidad organizativa de un partido incapaz por el momento de cumplir los desafíos que se proponía.

Hacia la bolchevización por el deporte: de Octubre de 1934 a las elecciones de Febrero de 1936.

Si en los primeros años de la República el interés del PCE por el fomento del asociacionismo deportivo destacó por el contraste entre su habitual desinterés y silencio con repentinas y entusiastas muestras de la urgencia de “intensificar el trabajo deportivo”, en el periodo que transcurre entre la insurrección de Octubre de 1934 hasta la victoria del frente popular se caracterizó por la constante preocupación por el deporte tanto en su práctica popular como en sus manifestaciones como espectáculo de masas. Sin embargo, el largo año y medio que siguió a Octubre de 1934 vino marcado para el PCE por la carencia de medios de organización que la represión cedista le impuso. En este contexto la preparación de grandes actos de propagada de masas con el deporte como atractivo central, al estilo de la fallida visita del equipo soviético, no pudo ser encarada. Pero sí en cambio se desarrolló una especial sensibilidad hacia la reflexión constante sobre el deporte y los valores asociados a él en la nueva sociedad de masas: en los semanarios de la Sección Española de la Internacional Comunista que sustituyeron al cerrado Mundo Obrero proliferaron los artículos dedicados exclusivamente al deporte que son una expresión inequívoca de la intención de explotar el enorme potencial propagandístico que el deporte como forma de ocio, ya cómo práctica popular, ya como espectáculo de masas, ofrecía. En parte como salida viable a su renuncia a conquistar la hegemonía de la izquierda en el terreno del sindicalismo (recuérdese que en ..... se renunció a la unión sindical por la base con la firma de las alianzas obreras). En parte como un territorio propicio para afrontar la nueva lucha política que se derivaba de su cambio de discurso en el que se viajó desde el desenmascaramiento de los “socialeros lacayos de la burguesía” a la consideración del combate del fascismo como la prioridad absoluta.

No obstante, el discurso que sobre el deporte exponía el PCE mantuvo ciertas constantes que le acompañarían, entre las que destaca el continuo rechazo del profesionalismo del deporte burgués al que se contrapone el verdadero espíritu deportivo de la Unión Soviética. Así, los lectores de la prensa comunista pudieron alternar la lectura de noticias en que se denunciaban las miserias de las competiciones profesionales deportivas y los elogios a la conquista de una nueva proeza deportiva del país de los soviets. Y aunque por el momento fueran incapaces de hacer realidad sus promesas de redención a través del deporte, lo que sí podían hacer desde sus páginas era comentar aquellas noticias del mundo deportivo que por su trascendencia merecían una opinión comunista. Así por ejemplo, cuando se celebró el tour de France  en el verano de 1935, el semanario Pueblo (por entonces la publicación del partido), creyó conveniente publicar durante tres semanas consecutivas sendos reportajes sobre la popular prueba ciclista. El atractivo que ejercía este espectáculo le convertía en un buen escenario para explicar la doctrina comunista acerca de la explotación de la clase trabajadora por la burguesía y la necesidad de la unión en torno a los sindicatos de clase. Pues acercándose a la realidad cotidiana del tour de souffrances, como ellos lo denominaban, se podía comprobar que la situación de los “obreros del pedal” no se alejaba mucho de las condiciones de vida de la clase trabajadora en general: “Si consigues acabar la vuelta tendrás el placer de verte retener sobre el dinero tan duramente ganado, con el precio de tu sudor, de tu salud y de tu sangre, el 30 por 100 que debes a los organizadores, que tuvieron la genial idea de crear la Vuelta a Francia, porque estos no trabajan por amor al deporte.”[11] Como el resto de los trabajadores estaban expuestos a los peligros de un accidente laboral, como denunciaron ante la muerte del corredor Cepeda en la edición de la carrera de aquel año[12]. Y para ellos la solución a la defensa de sus intereses, como para el resto del pueblo laborioso era la misma: “Para evitar esa salvaje explotación sólo hay un camino: que los ciclistas profesionales se constituyan en un Sindicato y que los amateurs ingresen en la F.C.D.O., y de esta forma estarán protegidos, como ocurre en Francia”.[13]

Estos reportajes pretendían aprovechar la enorme popularidad de determinados deportes y la atención que el común de la población le prestaba para así demostrar que la lucha planteada por los comunistas no se reducía al ámbito de la fábrica, sino que se manifestaba en todas las dimensiones de la vida. Algunas disciplinas fueron especialmente explotadas en estos textos: así, a parte del ciclismo, la defensa de los boxeadores, fue un tema recurrente de las secciones deportivas de la prensa del PCE, por ofrecer otro característico ejemplo del abuso de los promotores-managers-explotadores.[14]

Sin embargo no siempre la popularidad del deporte le ofreció al PCE ocasiones tan propicias para su despliegue ideológico; en ocasiones la fascinación de la clase obrera por determinados espectáculos de masas de claro corte burgués exigió grandes esfuerzos de contrapropaganda a la prensa del partido. Es el caso del fútbol y de la liga profesional, con los que Mundo Obrero, tras su reapertura en Enero de 1936, mantuvo una ambivalente relación. Por un lado, como en otras ocasiones, dado el vivo interés con que los obreros seguían la competición, se vieron forzados a dedicarle un significativo espacio en sus páginas. Y a diferencia de otras épocas en que se habían limitado a reseñar los resultados de la jornada del Domingo, en esta cuarta época del diario del partido, esta vez se afrontó la información futbolística con un verdadero despliegue de medios en el que se incluía el envío de periodistas a los campos de fútbol, la ocasional inclusión de fotografías y la recogida de noticias sobre lesiones de jugadores, el avance de los partidos que se disputarían la próxima jornada y el anuncio de las alineaciones de los equipos de primera división. Incluso Mundo Obrero no fue capaz de sustraerse a cierto madridismo, que se manifestó en el protagonismo que el Real Madrid adquiría en las crónicas (¡de media página!) de la jornada de liga profesional que publico el diario todos los lunes. En un tiempo en que el delantero Luis Regueiro y el portero Ricardo Zamora eran auténticos ídolos de masas, no se podía permanecer al margen del fenómeno.

De todas maneras, esta servidumbre, pagada en páginas, que el diario debía de prestar al “fútbol profesional”, se veía compensada con el tratamiento que daba a la información. El relato de la jornada futbolística, el comentario técnico de los partidos, el elogio a la táctica y la crítica a la actuación de aquel jugador, no eran incompatibles con una “visión comunista de la liga de fútbol” que puede ser apreciada en cualquiera de los comentarios de la jornada que se publicaban los lunes.[15] En este sentido, el mayor reproche que lanzaban al campeonato nacional de liga era el de la mercantilización del deporte que suponía el profesionalismo y que representaba el triunfo del interés económico sobre el deportivo:

 “El fútbol profesional tiene cada día menos carácter deportivo. Deciden los billetes, y aquí los billetes los tiene el Madrid. Es inútil que éste o el otro club realicen el máximo  esfuerzo. Siempre será menor el número de duros en la cuenta corriente con relación al Madrid. Las excepciones – excepciones en cierto modo nada más - pueden ser permanentes, como es el caso del Athlétic, o espontáneas, como en el del Betis; pero al final el triunfo es para los señoritos y los jugadores que ellos pagan. En todo caso, hay un grupo de clubs capitalistas al que ya es imposible llegar sin la palanca “deportiva” del dinero.

El Madrid se ha convertido en el club monopolista (...): lo cierto es que el Madrid es un capitalista de “cártel” americano, y los demás clubs de primera división no pasan de ser tenderos adinerados.”[16]

Esta crítica entroncaba con un general desprecio que los comunistas mostraron hacia el deporte profesionalizado orientado hacia la marca, la consecución de un registro récord, y que para ellos era la perversión de lo que podía ser una actividad saludable como era cualquier tipo de deporte, en uno de esos obscenos  espectáculos de feria en que se muestran fenómenos sobrenaturales. Al profesionalismo no se oponía tanto el deporte amateur (del que habían hecho gala en el inicial despegue de esta actividad ciertos sectores de la elite social), sino el deporte popular, el deporte al alcance de las masas y del que el mejor exponente era la URSS. “Allí el título primordial es el del trabajo, y el deporte, un complemento. Millones de Borisofs (referencia a un popular nadador soviético) se divierten cada día en sus deportes favoritos, al par que luchan por mejorar su condición fisiológica, y sin otro fin ulterior. Ellos son los únicos depositarios de la idea olímpica, de aquellos que hace dos mil años luchaban por una simple corona de laurel o de olivo.”[17] La U.R.S.S. fue así presentada sistemáticamente como la patria del auténtico deportista, el lugar donde la práctica de cualquier deporte estaba al alcance de todos. Con estimulantes fotografías se incluía periódicamente en Mundo Obrero una noticia sobre los avances del deporte popular en la Unión Soviética, en la que los trabajadores de las fábricas jugaban al tenis, nadaban en piscinas populares o practicaban cualquier otra disciplina que se les antojara. Con ello se pretendía, en un plano más de la realidad presentar ante la población española, la manera en que el paraíso socialista satisfaría cualquiera de sus anhelos. Y el de jugar al Hockey podía ser uno de ellos:

“No es solamente el tenis el deporte que practican los trabajadores soviéticos.  A la fotografía publicada en el número del sábado añadimos este nuevo documento: tres obreras de Moscú, jugando al hockey. ¿Saben la mayor parte de las obreras de España lo que es el hockey? ¿Podrían practicarlo aun cuando fueran aficionadas a él?”[18]

La defensa del deporte popular se constituyó en otra de las líneas maestras de la actividad en el campo asociativo del PCE; una vez que se había renunciado a la lucha por la hegemonía de las organizaciones sindicales (renuncia implícita al ingreso en las Alianzas Obreras), el partido encontró un campo libre de competidores del tamaño de la UGT y la CNT y que podía servir para poner al servicio de sus reivindicaciones a una gran masa de trabajadores organizados. El deporte podía ser un útil medio de atraer a las propias filas a tantos jóvenes que pasaban por la casa del pueblo  incluso una buena vía para evitar que cayeran en redes de sociabilidad de signo fascista o reaccionario:

“El despertar político de la juventud, sus incorporación a la lucha por la solución de sus problemas generales, ha hecho que un gran sector de ella, la más activa, la que vive y se desarrolla con una perspectiva de mejorar su situación, se preocupe de un problema que hasta hoy ha sido monopolio de la burguesía: del deporte y de la cultura.

No sin ningún fundamento, la burguesía y la reacción han comprendido la importancia que para el mantenimiento de su régimen tiene la práctica del deporte, del deporte popular. Por medio de él se educa a la juventud en el patriotismo y nacionalismo más exaltados, se la aparta de sus actividades revolucionarias y se la atrofia el sentimiento, y en la situación actual, se militariza y fasciza.

Enormes masas de la juventud popular, después del 14 de abril, se volcó materialmente a la práctica del deporte más popular, el fútbol, y centenares de equipos aparecieron en las barriadas; sus deseos de saber, de lograr una formación cultural se transformaron en decenas de bibliotecas populares. Este enorme anhelo de la juventud de lograr su formación física y cultural, se ha visto truncado después de octubre, porque el auge, el desarrollo impetuoso que tomaban estas organizaciones de las masas de la juventud las apartaban de los medios burgueses y formaban formidables barreras antifascistas. La reacción, que se esforzaba por ganarlas y no lo conseguía, pretendió acabar con esta conquista democrática tan preciada de la juventud popular.

No ha sido roto, pese a todas las medidas restrictivas, el formidable espíritu de progreso deportivo y cultural de la juventud. Aparte las organizaciones populares deportivas y culturales de las barriadas, de los grupos excursionistas, que engloban a la mayoría de los jóvenes, la parte más consciente de la juventud, la que forma en las organizaciones sindicales de clase, ha comprendido también la importancia de dar satisfacción a los jóvenes del Sindicato. Además, y como cosa fundamental de sus aspiraciones económicas, la juventud de los Sindicatos quiere y lucha por el deporte, por la cultura, y fiel reflejo de esta aspiración es la serie de organizaciones deportistas y culturales que están surgiendo en los Sindicatos de la Casa del Pueblo de Madrid. (...)

Esta actividad deportiva y cultural, como todas las ramas de su actividad, debe desarrollarse bajo un signo: la unidad de acción de los jóvenes socialistas y comunistas.

Frente al deporte de la burguesía, que militariza y fasciza a la juventud, el deporte popular que una bajo una misma bandera de reivindicaciones deportivas a toda la juventud deportista, los sindicatos, con sus agrupaciones culturales deportivas, han de jugar un papel de primer orden.[19]

A partir de ese momento todas las asociaciones agrupadas bajo la Federación Cultural Deportiva Obrera encontraron en las páginas de la prensa comunista el perfecto canal de publicidad para sus actos y competiciones. Se sucedieron las convocatorias de las distintas asociaciones deportistas obreras como las de la Asociación deportiva la Cuerda, de Gráfica Sport, Los Lagartos, Salud y Cultura, todas ellas vinculadas de una manera u otra a los partidos socialista y comunista, ya por su inserción en la FCDO o en la Casa del Pueblo.

Que las asociaciones deportivas populares se habían convertido en un poderoso agente de encuadramiento de la juventud y en una red extensísima con gran potencial movilizador puede ser sugerido por el énfasis que puso el partido en elaborar un programa específico para las elecciones de Febrero de 1936 en que el PCE se presentaba bajo el signo del Bloque Popular. Se confió a la pluma de un reputado alpinista al servicio del partido, Victoriano Mendes, la elaboración de una serie de artículos en los que se exponía el interés que tenían los deportistas populares, en general y al margen de su adscripción política, en la victoria de la alianza de izquierdas. Con ella se pondría fin a una negra etapa en el desarrollo del deporte popular en España, la del gobierno de la derecha, pues:

“¿Qué ha dado a los deportistas el fascismo vaticanista en España? Nada. Toda su política se ha reducido, en este sentido, a imposibilitar a práctica libre del deporte, a perseguir a los deportistas estudiantiles, a prohibir la realización del excursionismo colectivo, a prohibir la realización del excursionismo colectivo, a clausurar los centros culturales-deportivos obreros...

Los mismos Gobiernos que votaron millones para la represión, para el Presupuesto de Guerra desatendieron completamente las reivindicaciones deportivas de la juventud, que se encuentra sin gimnasios, sin piscinas, sin pistas de atletismo, sin campos de juego...[20]

Lo más llamativo, es que en la campaña que lanzaba el PCE a favor del Bloque Popular, los deportistas eran sujetos de una serie de reivindicaciones específicas, reconociéndoles como un grupo de interés de la entidad del campesinado, las mujeres o la juventud. Y por ello se les intentaba hacer conscientes de que sus anhelos y aspiraciones no se escapaban a la disyuntiva que planteaba la cada vez más polarizada lucha fascista-antifascista, como se les hizo ver en vísperas de la votación:

¡DEPORTISTAS!

Dentro de doce horas se libra una gran batalla contra el mayor enemigo del deporte: el fascismo. No olvidéis que están en lucha estos dos programas:

Persecución de los deportistas o fomento del deporte. Clausura de las organizaciones deportivas o ayuda oficial a las mismas. Campos de concentración o campos de juego para la juventud. El Estado contra el deporte o el Estado en ayuda del deporte. Incultura brutal o escuelas y gimnasios para el pueblo. El hacha del verdugo o los útiles del deporte. La desesperación y el hambre de millares de jóvenes o el camino abierto hacia el triunfo definitivo”[21]

Y efectivamente, el triunfo de la izquierda en las elecciones de Febrero de 1936, daría un impulso al deporte popular, como práctica deportiva, pero también como medio de propaganda.

El PCE al frente de los deportistas obreros: la lucha contra la Olimpiada Parda en 1936.

El triunfo del Bloque Popular en las elecciones de Febrero de 1936 supuso para el PCE su definitiva inserción dentro del régimen republicano; sus ....... candidatos elegidos al parlamento y su participación en el apoyo al gobierno que se constituiría le sacaron de la periferia del sistema político y le convirtieron en uno de los principales defensores de la República en una lucha que ahora se planteaba en los términos fascismo-antifascismo. En esta pugna el PCE estaba llamado a desempeñar un papel destacado y a diferencia de los primeros tiempos de la República, en que su postura ante el régimen le convirtió en objeto de persecución por parte del gobierno republicano-socialista, ahora encontraría campo abierto a su desarrollo como partido de masas. Esto se manifestaría de manera especialmente elocuente en lo que al asociacionismo deportivo popular se refiere. Si en tiempos pasados, los grandes actos de propaganda en que deporte popular, manifestación filosoviética y movilización política se confundían se habían saldado con sonoros fracasos, en esta ocasión el PCE demostraría su capacidad de liderar un verdadero movimiento de masas, como fue el que se promovió para la organización de la Olimpiada popular de Barcelona de Julio de 1936. Este acontecimiento deportivo, que se presentó como la alternativa antifascista a la Olimpiada que debía celebrarse en aquel mismo verano en el Berlín gobernado por los nazis, no sólo recibió el apoyo de las organizaciones deportistas comunistas, sino que también consiguió el apoyo y el concurso de los gobiernos español y de la Generalitat catalana dirigida por Compayns, así como la adhesión de diferentes deportistas internacionales. Todo ello demostró la capacidad  que había adquirido la organización comunista, al menos en este terreno, para ponerse al frente de la lucha antifascista evitando las disensiones y enfrentamientos de antaño.

La campaña contra la Olimpiada Parda, como pronto pasó a denominar Mundo Obrero a los Juegos Olímpicos organizados por la Alemania nazi, fue un tema constante de las secciones deportivas de la prensa del PCE a lo largo de 1936. El PCE detectó pronto el carácter propagandístico y apologético que este acontecimiento, cuidadosamente diseñado por los nazis, iba a jugar a favor del III Reich y desde muy temprano, comenzaron sus denuncias a uno juegos en que se practicaba la discriminación racial, se fomentaba el chauvinismo y el militarismo, lo que suponía una auténtica “prostitución de la idea olímpica”.[22] Lo que importa resaltar es que desde un comienzo, la prensa comunista, convencida de que la unión de las fuerzas antifascistas había pasado a ser un objetivo coyunturalmente más importante que la revolución, insistió en todas sus críticas a la Olimpiada de Berlín en que la denuncia no tenía un carácter político, sino estrictamente deportivo. Así, el CEDEO (Comité Español para la Defensa del Espíritu Olímpico), creado y apoyado por círculos comunistas y socialistas, justificaba sus esfuerzos para evitar la participación española en los juegos de Berlín, expresando que: “La más grande de las aspiraciones que a nosotros nos mueve a esta lucha es la defensa del sentido inicial de las Olimpiadas, esto es: la estrecha unión y la fraternidad de todos  los pueblos y razas en una competición deportiva; (...) un sublime y respetado internacionalismo. (...) Nosotros, amantes del deporte, y prescindiendo de toda ideología política o social, nos hemos agrupado para defender ese espíritu, verdadero sendero de las Olimpiadas, que veremos violarse si esta XI Olimpiada se celebra en el antro de las injusticias y persecuciones” [23] Con ello el PCE se presentaba como el defensor del deporte frente a sus enemigos (como por otra parte ya había hecho en la campaña del Bloque Popular).

Defensa del deporte y de su disfrute por el pueblo laborioso que se siguió fomentando desde la FCDO, que bajo el gobierno del Bloque Popular experimentó un gran desarrollo: entre Febrero y Julio de 1936 se multiplican las noticias relativas a los distintos campeonatos, espectáculos y convocatorias organizadas por asociaciones deportivas obreras, y por primera vez, en las páginas deportivas de Mundo Obrero, el deporte profesional cede el protagonismo a las competiciones populares. Por otro lado, lo que hasta ahora había sido un conglomerado más o menos atomizado de asociaciones deportivas, se iba estructurando en una organización cada vez más estructurada, con un Comité Nacional de la Federación Cultural Deportiva Obrera que emitía manifiestos y programas de actuación [24], con delegaciones territoriales y una oficina dedicada al asesoramiento e información.[25] En Abril, las asociaciones deportivas insertas en la FCDO, en colaboración con el Comité Catalá Pro Esport Popular, estuvieron en disposición de celebrar “la primera manifestación deportiva de amplias proporciones populares que se ha producido en terreno ibérico.[26] Un festival que tuvo como plato fuerte la celebración de un campeonato de fútbol entre los distintos equipos de fútbol con que la FCDO contaba en España, competición a la que se le dio el nombre de copa Thaelmann, en recuerdo del dirigente comunista alemán recluido en un campo de concentración y que era objeto de un constante recuerdo en las reivindicaciones del PCE. Esto habría de sugerirnos que la organización de estas concentraciones tenían un significado más allá de la práctica deportiva para el partido: en realidad era una puesta en escena de la unidad por la base de los deportistas obreros en torno a una consigna. Pues raramente se terminaban estos acontecimientos deportivos sin un acto de signo político, en el caso de Barcelona, un desfile de los participantes por las calles de la ciudad: “Este desfile de los deportistas populares por las calles de Barcelona ha causado gran sensación. Uniformado cada grupo con sus colores, y acompañados por representaciones de las organizaciones juveniles de Barcelona, esta marcha ha obtenido un gran efecto propagandístico por el deporte popular.

El autocar de los asturianos acompañaba el desfile y más tarde la carrera de la “Challenge República”. Sobre el coche se veían las consignas del deporte asturiano, de las cuales citamos, sobre todo, dos:

NI UNA SOLA PESETA NI UN SOLO DEPORTISTA PARA BERLÍN y LOS DEPORTISTAS POPULARES PIDEN AL FRENTE POPULAR, PISCINAS, CAMPOS Y GIMNASIOS PARA DESARROLLAR LA CULTURA FÍSICA DEL PUEBLO TRABAJADOR”[27]

El éxito cosechado en este festival deportivo en el que por primera vez se habían reunido secciones de la FCDO de distintas regiones para vivir en común unos días de deporte obrero, había conseguido lo que la persistente lucha sindical de otros tiempos no pudo hacer: que el PCE abanderada concentraciones de obreros de distinta tendencia en la reivindicación de unos mismos objetivos. La experiencia fue tan satisfactoria, que a los pocos días se expresa ya la intención de repetirla, esta vez en un acto de mayores proporciones: la Olimpiada Popular.

El esfuerzo y tiempo que se invirtió en la organización de la Olimpiada popular es a la vez muestra de la importancia que el asociacionismo deportivo había adquirido para el PCE en su estrategia de expansión y de la capacidad organizativa y movilizadora que había alcanzado el partido a la altura de la primavera de 1936. Al tiempo es uno de los ejemplos más acabados de diseño de una moderna campaña de propaganda a través de la prensa, en lo que el PCE se mostró pionero en nuestro país. Desde que se hicieran públicas las intenciones de la FCDO y del Comité Catalá Pro Sport Popular de celebrar esta concentración a finales de Abril hasta que el 18 de Julio la sublevación militar obligara a suspenderlo y a volcar todas las fuerzas del partido en la organización de la resistencia al golpe, no pasó ni un día sin que apareciera en las páginas de Mundo Obrero una noticia, una convocatoria, una opinión referentes a la Olimpiada popular. Con ello consiguieron crear la expectación ante un acto que se iba engrandeciendo a medida que se acercaba la fecha de su celebración.

La conexión entre la organización de esta concentración de masas y la política general del PCE tanto en España como en el marco de la Commitern es evidente: desde un principio la Olimpiada de Barcelona se planteó como la respuesta desde el campo antifascista a la Olimpiada Parda que ese mismo verano se debía celebrar en Berlín. Conscientes de la función propagandística que el gobierno nazi daba a los Juegos Olímpicos  se hacía necesaria una acción que la contrarrestase: “¿Qué significa la Olimpiada de Barcelona? La respuesta de los deportistas de Cataluña, España, Euzkadi, con el concurso de los otros muchos países, al insulto proferido por el fascismo. La restauración de la idea olímpica, que nosotros antifascistas, acogemos para su defensa. La noble competición de los atletas de todos los países, unidos en sentimiento común de confraternización de pueblos y de razas.”[28] Si esta respuesta de los deportistas era encabezada por el Partido Comunista, tanto mejor. En continuidad con lo que había sido la campaña “apolítica” de desprestigio de la Olimpiada Parda en los meses anteriores, se puso especial énfasis en mostrar que las reivindicaciones que se lanzaban no era un objetivo propio del comunismo sino común a un conjunto extenso de la población con la que el PCE estaba en consonancia. Al tiempo, a diferencia de otras épocas en que se subrayaba la general persecución de que era objeto el partido (persecución del socialfascismo, de la reacción, de la burguesía), ahora lo que interesaba era mostrar como su iniciativa era respaldada por amplios sectores de la política y de la sociedad. Así día tras día Mundo Obrero celebraba como todos, desde Azaña a Compayns, desde los deportistas obreros de Asturias a los de Suiza, mostraban su adhesión al proyecto de una Olimpiada Popular.

Notas

[1] “Es notorio que en el año próximo se celebrará la Olimpiada de Los Ángeles. España no debía concurrir, pues le falta la materia prima para su empresa: los atletas. Pero esto no ha sido óbice para que, existiendo un Comité Olímpico Español, nombrado por la Monarquía, se le hayan otorgado 400.000 leandras de subvención que, unidas a las 100.000 que tenían, da una bonita suma para que los tres señores del Comité (Vallellano entre otros) con cuatro o cinco atletas se paseen. ¿Qué haremos el ridículo deportivamente? ¿Qué muchos obreros se mueren de hambre? ¡Eso no importa! Vallelano y sus acólitos irán a Norteamérica y satisfarán sus ansias viajeras” Receta para poder viajar – Apostillas, en Mundo Obrero, 6 de Noviembre de 1931

[2] EL DEPORTE PROLETARIO – El eco de la Spartakiada de Berlín, en La Juventud roja (órgano de la Unión de las juventudes comunistas de España (S.E. de la I.C.), nº 3, 22-VII-1931

[3] Nº 179 (224) Martes 27 de Junio de 1933

[4]“Exigid de los Poderes Públicos que se os subvenciones para que vuestras Sociedades puedan vivir más desahogadamente; exigid Stadiums, piscinas, salas de cultura física y salones de festejos municipales puestos gratuitamente a vuestra disposición. Incorporaos a la campaña de amnistía que el Partido Comunista solicita para todos los presos sociales. Demostrad vuestra solidaridad con los deportistas rojos alemanes, víctimas del terror fascista que Hitler ha desencadenado en Alemania. (Mundo Obrero, 180 (225) miércoles 28 de Junio de 1933)

[5] La preparación de la gira de los deportistas rusos en su visita por España fue el objeto de una amplia publicación en Mundo Obrero: Nº 6 (692) Sábado 28 de Julio de 1934; Nº 7 (693) Sábado 30 de Julio de 1934; Nº 11 (693) Viernes 3 de Agosto de 1934; Nº 21 (707) Miércoles 15 de Agosto de 1934; Nº 23 (709) Viernes 17 de Agosto de 1934;Nº 25 (711) Lunes 20 de Agosto de 1934; Nº 26 (712) Martes 21 de Agosto de 1934; Nº 28 (714) Jueves 23 de Agosto de 1934; Nº 29 (715) Viernes 21 de Agosto de 1934; Nº 31 (717) Lunes 27 de Agosto de 1934; Nº 33 (719) Miércoles 29 de Agosto de 1934

[6] La Lucha: Frente Obrero de los trabajadores de Madrid: Nº  38 21-II-1934 Con ocasión de la celebración del primer congreso regional de la FCDO de Asturias y León se hace público el orden del día del que los puntos: “4º Congreso internacional deportivo contra la guerra y el fascismo en París, el cual se celebrará en el mes de agosto del presente año; al que deberán asistir cien deportistas españoles. 5º Organización de la excursión del equipo de la URSS de fútbol por España en el mes de septiembre del presente año”.

[7] La Lucha: Frente Obrero de los trabajadores de Madrid: Nº 19 Martes 30 de Enero de 1934 , Deportes, “Reforcemos el movimiento deportivo obrero”

[8] Mundo Obrero Nº2 (688) 24 de Julio de 1934

[9] La Lucha: Frente Obrero de los trabajadores de Madrid: Nº 19 Martes 30 de Enero de 1934 , Deportes, “Reforcemos el movimiento deportivo obrero”: “Por estadiums, piscinas, gimnasios, salas de reunión y de recreo municipales, puestos gratuitamente a disposición de todos los clubs obreros y modestos. Por la reducción de las tarifas de ferrocarriles en 50 por 100 en beneficio de estos, para fomentar el excursionismo proletario. Por la disolución de todas las sociedades de preparación militar y de todos los clubes fascistas. Por la Amnistía de clase a favor de los 14.000 obreros presos de la burguesía. Por una subvención en metálico a favor de todos los clubs obreros y modestos por parte del Estado, la región, provincia y Municipio. Por la creación de escuelas profesionales gratuitas para todos aquellos jóvenes trabajadores parados de manera que estos puedan, bien continuar aprendiendo su oficio, o bien aprender uno el  que no lo tenga, abonándoles un subsidio del 75 por 100 del jornal, pero nunca inferior a tres pesetas.”

[10] Mundo Obrero Nº2 (688) 24 de Julio de 1934 “Es preciso confesar que, no obstante, las directrices marcadas a este respecto. Hemos descuidado con exceso la organización y fomento de los clubs deportivos proletarios. Para justificar este serio descuido se ha dicho – o al menos se ha pensado – que la cuestión es de una importancia secundaria ante los graves problemas de cada hora. La argumentación es falsa.

[11] PUEBLO: Semanario de orientación popular Nº 3; 20-VII-1935

[12] PUEBLO: Semanario de orientación popular Nº 4; 27 de Julio de 1935 “La vuelta a Francia, vuelta de la muerte. Los responsables de la muerte de Cepeda”

[13]Íbid.

[14] PUEBLO: Semanario de orientación popular Nº 31; 1-II-1936 “En defensa de los boxeadores profesionales y amateurs”: En este artículo firmado por Jesús F. Gray, tras la exposición de las duras condiciones a que se veían sometidos los boxeadores, se celebraba la creación del Montepío español de boxeadores, suerte de sociedad de socorros mutuos a la que la prensa comunista demostraría varias veces su apoyo.

[15] “Nuevamente ha pasado al primer puesto de la clasificación general el Athlétic vasco. (...) Hoy, como ayer, unen a su calidad extraordinaria un entusiasmo nacionalista que, en este caso concreto – y prescindiendo de la manera como se interpreta-, es absolutamente razonable.(...)Derrota esta última [la del Sevilla] que pasa de lo normal. El joven Eizaguirre ha encajado seis tantos en Barcelona. Los delanteros del Español han proporcionado un amargo día a todos los señoritos fascistas de Sevilla” Mundo Obrero; Nº 11, 13 de Enero de 1936

[16] Mundo Obrero nº 22 (770) Lunes 27 de Enero de 1936

[17] Y continúa: “En el régimen social que rige en la U.R.S.S. no puede darse esa lacra provinente de los gimnasios, piscinas y campos de deporte; ese “lumpen” elegante, que flota en los linderos del crimen y de la depravación. Y no puede darse porque allí nadie pierde su personalidad de zapatero, estudiante, minero o sastre para ser campeón de tal o cual cosa. Por eso, el verdadero deportista tiene que considerar como verdaderos records homologables a conciencia, los conseguidos por los deportistas de la U.R.S.S. logrados en forma intachable. Lo otro, los tiempos y marcas del mundo viejo, son, en su mayoría, hazañas de feria, son el fenomenismo elevado a religión. Son la mercancía averiada de un profesionalismo “marrón” que se nos quiere hacer tragar como ideal deportivo, siendo, en realidad, asuntos de taquilla y gritos del chauvinismo más desenfrenado, logrados atropellando las normas de la moral olímpica”. Victoriano Mendes en “El deporte y el fenomenismo” en Mundo Obrero, 31 de Enero de 1936.

[18] Mundo Obrero, Nº 17 (765) Martes 21 de Enero de 1936

[19] PUEBLO: Semanario de orientación popular; Nº 6 10 VIII 1934 Deportes: La juventud y el deporte en los sindicatos

[20] ¡Deportistas! En Mundo Obrero, Nº 33 (781) Sábado, 8 de Febrero de 1936

[21] ¡Deportistas! En Mundo Obrero, Nº 39 (787) Sábado, 15 de Febrero de 1936

[22] “La idea olímpica, prostituida”, en Mundo Obrero, Nº 30 (778) Martes, 5 de Febrero de 1936

[23] Un escrito del CEDEO – Defendemos la estrecha unión entre todos los pueblos y razas, en Mundo Obrero, Nº 101 (809) Miércoles, 29 de Abril de 1936.

[24] Mundo Obrero; Nº 68 (796) Sábado, 21 de Marzo de 1936

[25] Mundo Obrero;  Nº 72 (800) Jueves, 26 de Marzo de 1936: “El Comité Nacional de la Federación Cultural Deportiva Obrera de España tiene formada una oficina de Información y ayuda técnica, que facilitará a todos los clubs y grupos deportivos, gratuitamente, todos los informes, no sólo para organizarse, sino también de carácter técnico deportivo: cómo se organiza una carrera, un partido, un campeonato, etcétera.” Nº 72 (800) Jueves, 26 de Marzo de 1936

[26] “Una gran victoria del deporte popular” en  Mundo Obrero; Nº 88 (796) Martes, 14 de Abril de 1936

[27] Mundo Obrero; Nº 90 (798) Jueves, 16 de Abril de 1936

[28] “¿Como combatir la Olimpiada Hitleriana?” en Mundo Obrero; .” Nº 119 (827) Jueves, 20 de Mayo de 1936.

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