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Taller de historia

Dirigido por
Luis Enrique Otero Carvajal

Profesor Titular de Historia Contemporánea.

Universidad Complutense de Madrid.
España (Spain).

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Iciar Hériz Saracibar, licenciada en Historia por la Universidad de Deusto (País Vasco).

El nacimiento de la sociedad de consumo en España: cambios en la esfera privada de las mujeres, 1959-1965

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Publicado en:  Actas del VII Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea: Memoria e identidades; Santiago de Compostela – Ourense, 21-24 de Septiembre de 2004.

 

“La vida se nos  ha complicado a las mujeres más de lo que parece (...) ahora las mujeres acompañan a sus maridos en sus viajes de negocios y en sus distracciones (...) muchas mujeres solteras o viudas tienen una vida profesional que hubiese horrorizado a nuestras abuelas.” (1)

 Esta comunicación forma parte de un trabajo más extenso realizado sobre el nacimiento de la sociedad de consumo en España entre 1959 y 1965, que continuara ampliándose cronológicamente en un breve espacio de tiempo. Nuestro estudio pretende analizar la evolución social desde el punto de vista histórico efectuando una labor interdisciplinar al consultar todos los datos generados sobre este proceso por medios ajenos o no al estudio histórico(2). Con ello buscamos situar el nacimiento de la sociedad de consumo en España en un contexto explicativo en el que  las transformaciones de valores, expectativas y de comportamientos tanto individuales como generales, se pongan en relación con la economía del país, los niveles de renta e ingresos, con la importancia de la publicidad  y los mass media.  La importancia de observar detenidamente el contexto histórico radica en que es él quien nos permitirá ver la dualidad cambio-continuidad necesaria para el estudio en profundidad de los cambios producidos en la sociedad española a raíz de la aparición del consumo de masas.

El título de la jornada en la que ha sido incluida esta comunicación nos llevo a escoger la esfera femenina (3) como eje de este estudio, en el que intentamos mostrar por medio de breves pinceladas la realidad femenina de la época y los leves pero importantes intentos por modificarla. Los cambios y transformaciones tanto económicas como políticas que se desarrollaron entre 1959 y 1965, traspasaron la frontera de la privado transformando la situación de las mujeres que pasaron de ser meras espectadoras a ser participes de los cambios  acaecidos. Para mostrar con mayor claridad estas tímidas transformaciones hemos elegido una serie de espacios de sociabilidad femenina que consideramos altamente representativos de la realidad que vivían las mujeres españolas: la educación, el trabajo, su transformación como consumidoras y los ideales femeninos transmitidos desde las publicaciones femeninas.

Antes de comenzar a dibujar la situación de las mujeres en España debemos mirar a su alrededor, y observar los cambios políticos y económicos que se desarrollaron entre 1959 y 1965, porque si bien es cierto, que las mujeres estaban relegadas a la esfera privada y todo aquello que sucedida en el ámbito público les era presentado como problemático y lejano a su condición femenina, las novedades anteriormente citadas inundaron el ámbito privado, propiciando tímidas pero importantes modificaciones en la vida de las mujeres españolas. El objetivo del gobierno franquista era lograr una modernización económica que alejase toda pretensión de reforma política y social por parte de la ciudadanía. Pero una de las consecuencias principales que conlleva jugar con el termino “modernidad” es la aparición en escena de forma irrevocable del tan temido “dinamismo”, complemento inseparable de la primera y elemento sustancial de diferenciación de la “modernidad”  del resto de las épocas. Es por ello, que de la mano de la modernización económica llegara la necesidad de cambios sociales, puesto que esta “afecta a las practicas sociales y a los modos de comportamiento antes existentes” (4).

Las reformas desarrolladas en el terreno político caminan de la mano de las reformas económicas, formando un tándem perfecto  que permite explicar los cambios acaecidos dentro de la sociedad española a partir de la década de los años 60. Nos centraremos claramente en las segundas, puesto que salvo la Ley de derechos políticos, profesionales y de trabajo de la mujer de 1961, las reformas políticas no afectaron tan directamente a la “esfera femenina”. La modernización en materia de economía tiene como primer y principal estandarte el Plan de Estabilización Económica,  si bien con anterioridad a esta fecha ya se habían realizado algunas reformas en este terreno como puede ser la reforma fiscal de 1957 y la Ley de Convenios Colectivos Sindicales, medida que puede ser considerada no solo como preestabilizadora sino también como liberalizadora (5). En 1959 se llevaba a cabo la aplicación del Plan de Estabilización Económica, cuyos objetivos eran la estabilidad de los precios, la reducción del gasto público y privado, así como la oferta monetaria, devaluación y fijación de la paridad de la peseta, y  la reducción de las importaciones entre otras materias. Los efectos del Plan de Estabilización fueron inmediatos. La balanza comercial paso de estar en negativo  (58 millones de dólares) a sobrepasar la barrera de los 50 millones en positivo, y un año después, en 1960 la reserva de divisas se cifraba en 400 millones de dólares. Pero a pesar de estas cifras positivas el Plan de Estabilización Económica supuso a corto plazo una recesión a través de la demanda de consumo y el hundimiento de la inversión, que será superada una vez pasado el año 1961.

Dado que el interés principal de esta comunicación son las transformaciones que entre 1959 y 1965 se desarrollaron en “la esfera femenina” centraremos nuestra atención en las consecuencias que el Plan de Estabilización Económica tuvo en el mercado de trabajo, puesto que estos cambios repercutieron directamente en la incorporación de la mujer al mercado laboral.  Así, desde marzo de 1959  la cifra del número de parados venía incrementándose notablemente, ascenso que continuo hasta el mes de mayo de 1960. Los sectores más afectados fueron las industrias agrícolas y forestales, las industrias de construcción, las de alimentación, pequeña metalurgia, industrias dedicadas a las maderas y la hostelería. Asimismo, la industrial textil, la construcción, la del automóvil y la eléctrico-científica, ante la posible reducción de la demanda recortaron la jornada laboral y el número de empleados. Según cifras oficiales, el 86% del paro registrado en 1959 era de carácter parcial, es decir, correspondía a personas que habían visto reducida su jornada laboral, pero en el año 1960 el 58% del paro y en el año 1961 el 76% del paro era total, por despidos. Estos datos nos muestran que en los inicios del Plan de Estabilización las empresas decidieron reducir el número de horas y la producción manteniendo la misma plantilla. Pero que iniciado el año 1960 esas premisas cambiaron, aumentando el número de parados, además ese mismo año comenzó a funcionar el subsidio propiciador de reconversión industrial, por lo que no es de extrañar que las empresas pusieran en marcha operaciones de reorganización desentendiéndose de los obreros excedentes que nutrieron al ejercito de parados con derecho a subsidio. A la aplicación del Plan de Estabilización Económica, le siguieron la creación de planes de Desarrollo que buscaban al igual que su predecesor el desarrollo económico del país.

Los florecientes resultados de los cambios económicos producidos en España, se vieron beneficiados por la proximidad a una Europa en pleno despegue económico, podrían haber sido incluso mejores si entre los objetivos de López Bravo y López Rodó no hubiera estado el mantenimiento del control político por parte de la dictadura franquista el mayor tiempo posible (6). Asimismo, el  Plan de Estabilización Económica y los posteriores planes de Desarrollo posibilitaron el nacimiento de unas nuevas clases medias funcionales que conformaron las base ideológica del la nueva sociedad de consumo, caracterizada por un consumismo dependiente, subalterno y acrítico, movilizado desde las grandes multinacionales a partir de valores tradicionales como el honor, la búsqueda de estatus, la tradición, o la importancia simbólica de la propiedad. Así, el consumo se convirtió, en ausencia de libertades políticas, en la vía de escape de las frustraciones de muchos españoles, cargándose de un carácter simbólico-motivacional mucho más positivo que en otros países occidentales (7).

Esto coincide con la idea del surgimiento de la sociedad de consumo en España a partir de un antimodelo y de una cantidad de circunstancias paradójicas que marcan una evolución diferente al del resto de las sociedades occidentales. Así mientras en el resto de los países occidentales hubo que crear y sentar las bases para el establecimiento de un consumo de referencia o consumo simbólico, en España la concepción estamentalista de la burguesía, que había adoptado como propios los ideales de rentismo, y los valores católicos, había fomentado la creación de forma natural de un consumo de grupos de pertenencia. La suma de estos valores sociales y la carestía de épocas anteriores favorecieron la rápida implantación de un consumo voraz y acelerado a todos los niveles sociales y económicos, que convirtió a los trabajadores en la principal fuerza de consumo privado. Pero los consumidores españoles no accedían al mismo tipo de bienes que el resto de consumidores occidentales, en España muchos de los modelos que llegaban al mercado eran prototipos o diseños anticuados que habían sido desechados por el resto de los mercados. Esta situación era provocada en primer lugar por el férreo proteccionismo estatal que estableció el régimen franquista en un intento de beneficiar los productos españoles, y en segundo lugar por la deficiencia financiera del país. Asimismo, dentro de España existían amplias diferencias entre los suministros que llegaban a las principales ciudades y lo que podía consumirse en las zonas más periféricas. Con todo ello podemos decir que la incorporación de la sociedad española al “mundo del consumo” fue tardía pero rápidamente asumida por la población, que pasaba por alto las carencias tecnológicas de una oferta anticuada y obsoleta, que les situaba en inferioridad de condiciones con respecto a los consumidores de otros países.

En el desarrollo de la sociedad de consumo en España durante la década de los años sesenta podemos distinguir dos fases si observamos detenidamente el comportamiento de los consumidores; en un primer y breve momento el consumo se centra en la vivienda y en los bienes para equiparla, para posteriormente pasar a una segunda fase en la que se consolida el consumo de masas, donde las expectativas son ampliar y diversificar el número de bienes poseídos. En España desde un primer momento los bienes adquiridos son dotados de un importante valor social, de un simbolismo capaz de demostrar un status social determinado. Es un consumo ostentoso que no busca los bienes más necesarios o funcionales, sino aquellos que poseen mayor carga simbólica o que reportan mayor beneficio social. Por ello, no es de extrañar, que los televisores en muchas casas se comprasen antes que los frigoríficos o las lavadoras. En la tabla que presentamos a continuación, podemos ver este fenómeno claramente, si observamos el incremento de televisores en el plazo de seis años colocándose por delante del número de frigoríficos y acercándose a la cifra total de lavadoras. También hemos incluido los porcentajes de penetración en los hogares franceses de estos electrodomésticos (los que no están en negrita) que ilustran perfectamente el atraso que sufría España en cuanto al consumo de ciertos bienes se refiere.

 

Fuente: Datos obtenidos de Alonso, L. E et Conde, A.: Historia del consumo en España: una aproximación a sus orígenes y primer desarrollo, Ed. Debate, Madrid, 1994, p. 171, 173, 174.

 Una vez trazado el marco contextual, podemos adentrarnos en la verdadera materia de esta comunicación, la reconstrucción de la esfera femenina de los años que nos ocupan. Para ello hemos elegido determinados elementos que consideramos fundamentales a la hora de obtener una visión global de la realidad femenina, así nos detendremos en puntos como la educación de las mujeres, su acceso al mercado laboral y a la nueva sociedad de consumo, y el ideal de mujer que desde las instituciones, la sociedad y las revistas femeninas era divulgado como modelo a seguir. Los datos y las conclusiones que obtengamos podrán  ayudarnos a ver con mayor veracidad la realidad que vivían y percibían aquellas mujeres.

A la hora de iniciar nuestro estudio hemos elegido como  punto de partida la educación femenina, puesto que es un elemento que condiciona la vida futura de nuestras protagonistas, nos permite ver la realidad social en la que crecieron y observar los valores sociales que imperaban en ese momento. Con anterioridad al año 1959 la educación femenina había sido había sido muy escasa y descuidada, de hecho en 1950 la proporción de mujeres analfabetas eran del 18,3% cuando la proporción de varones ya había descendido al 9,9% (8). La educación a partir de los años sesenta no cambió en gran medida en cuanto a las cifras totales, pero si pueden apreciarse cambios en cuanto a la distribución interna de los estudiantes. En 1960 la educación primaria alcanzaba al 79% de los estudiantes matriculados en España, y en sus matriculas hay un notable equilibrio entre hombres y mujeres.

 

Fuente: “Enseñanza primaria. Resumen general.” Anuarios Estadísticos de 1960, 1965, 1968, INE.

 En cursos superiores como el Bachillerato el 61,3% de sus alumnos eran varones, y en estudios medios o universitarios las cifras de varones matriculados asciendían a dos tercios del total. Estas cifras reiteran la idea de que la prioridad de las hijas era ayudar en su casa y  luego formar su propia familia. Asimismo, y según recoge Emilia Barrio en una de sus obras, en los momentos difíciles eran los componentes femeninos de las familias quienes asumían las responsabilidades familiares, mientras los hijos varones continuaban sus estudios (9). Esta situación no sólo venía marcada desde el ámbito familiar, sino que también era transmitida desde el propio ámbito educativo, puesto que hasta la ley de Villar Palasí de 1970 se establecía la separación de los dos sexos en las escuelas, existiendo idearios diferenciados para niños y niñas, apareciendo esta separación justificada en la ley de 1945 por razones morales y de eficacia pedagógica. Así tanto desde el ámbito académico como desde el familiar los niños eran orientados hacia la formación intelectual o la vida profesional, mientras que las niñas eran formadas en la vida del hogar, la artesanía y las industrias domesticas. Esto era consecuencia directa también del hecho de que los padres ponían “sus esperanzas en el éxito de sus hijos más que en el de sus hijas” (10).  Dada esta situación, no debe sorprendernos que aquellas mujeres que lograban saltar todas las barreras sociales y familiares, y accedían a algún tipo de educación superior eligiesen especialidades que se suponían de alguna manera más femeninas o más relacionadas con el ámbito domestico.

El segundo punto de nuestro estudio es la presencia femenina dentro del mercado laboral. Debemos de tener muy en cuenta que las mujeres que en el primer lustro de la década de los 60 estaban en edad de trabajar habían recibido una escasa formación académica como hemos señalado con anterioridad. Si nos remontamos a las dos décadas anteriores veremos que en porcentaje de mujeres que integraban la población activa en relación al total de las mujeres en edad de trabajar paso de ser el 8,3% a ser el 11,8%, según datos del Centro Feminista de Estudios y Documentación. Asimismo, en 1950 el porcentaje de población activa femenina en relación a la población activa total era del 16%, y hacia 1960 llego a ser del un 13, 5%, al mismo tiempo que la población activa femenina subía en relación al total hasta un 19% (11). El incremento de esta cifra global puede deberse a la peculiar situación que se vivió en muchas zonas rurales de España como consecuencia de las nuevas medidas económicas anteriormente citadas, ya que a medida que el sector industrial fue creciendo su demanda de mano de obra, ocasionó que un elevado número de hombres dejasen sus trabajos en el campo para incorporarse a las nuevas industrias. Esta situación provocó que las mujeres de las zonas rurales comenzasen a sustituirlos en sus tareas agrícolas, llegando a ser de un 12, 3% el número de mujeres dedicadas al campo y al sector primario entre 1950 y 1960.

Las cifras de ocupación femenina en la industria eran notablemente reducidas si las comparamos con las del resto de Europa, es por ello que el  impacto de la recesión del año 60 en el trabajo femenino no fue algo aparatoso, más un si observamos los gráficos del paro que nos ofrecen estos años queda patente que la recesión afecto mas al trabajo masculino que al  femenino.

      

Fuente: Población por sexo, edad, estado civil, instrucción y características económicas. INE. Anuario de 1960.

Fuente: Población por sexo, edad, estado civil, instrucción y características económicas. INE. Anuario de 1960.

El raquitismo de la demanda de empleo femenino se explica por medio de la conjugación de usos valores y costumbres conservadoras, orientaciones eclesiásticas, la carencia de apoyos en la tareas familiares que eran asumidas por las mujeres como una actividad propia y la falta de calificación profesional (derivada de la falta de instrucción anteriormente mencionada), por lo que en caso de buscar trabajo fuera del hogar las alternativas a su disposición consistiesen en tareas penosas y mal pagadas que estaban muy lejos de tener ninguna característica emancipadora.

Pero la desastrosa situación laboral de las mujeres no le era ajena a las instituciones del régimen franquista ni a ellas mismas. Los primeros movimientos a favor de una mayor atención hacia el trabajo femenino los encontramos en 1951 en el Primer Congreso Femenino Hispanoamericano-Filipino celebrado bajo la supervisión de la Sección Femenina. Este foro defendió el mantenimiento de la autorización marital para el trabajo de la esposa, el derecho del marido a la administración de los bienes gananciales, la concepción tradicional del trabajo, lo que llevo a pedir la implantación de industrias y actividades en las que las mujeres trabajasen con exclusividad. Todas estas reivindicaciones que pueden parecer hoy en día ridículas y obsoletas, eran un síntoma inequívoco de la preocupación por la situación laboral de las mujeres. Un par de años más tarde la revista Teresa de la Sección Femenina fijo también su atención en la necesidad de ofrecer salidas laborales a las mujeres, pero todas sus propuestas se vieron frenadas por su intención de adecuar las nuevas tareas a la naturaleza femenina. Estos son tan solo dos ejemplos del incesante goteo de tímidas reivindicaciones acerca de las oportunidades laborales de las mujeres, que hicieron al régimen franquista promulgar en 1961 una ley sobre los derechos políticos, profesionales y de trabajo de la mujer. Coincidencia o no, esta Ley fue promulgada poco después de que el II Congreso de la Familia española y la Conferencia Internacional  de la Familia se pronunciasen a favor del trabajo de las mujeres casadas en relación a su necesidad de contribuir al sostenimiento de sus familias.

La ley de 1961 se encuentra en la difícil tesitura de negar la discriminación por razón de sexo o estado a la mujer, y por otro lado en la obligación de mantener las formas alternativas de discriminación, a fin de continuar con los postulados tradicionales del régimen franquista que tenía como ideal de mujer aquella que conjugaba su condición de esposa, madre de familia y ama de casa. La ley en su preámbulo afirma que:

es evidente que el sexo por si solo no puede implicar limitación, no puede reducir la capacidad de la mujer para intervenir en las relaciones jurídicas y lo mismo cabe hacer extensivo al ejercicio de sus derechos políticos”

Pero esta aparente declaración de nuevas perspectivas para las mujeres se ve truncada por la misma ley cuando esta señala que es necesario y beneficioso vetarle algunos trabajos porque ciertos esfuerzos son por naturaleza desmesurados para las mujeres. La ley es por tanto una carta de buenas intenciones con trampa, una ida y venida de derechos y restricciones,  que admite la imposibilidad de establecer cortapisas al trabajo de las mujeres, pero que al mismo tiempo continua afirmando que su condición femenina es incompatible con ciertos trabajos. Si se observa con detenimiento la ley se ve claramente como el objetivo de la dictadura no es conseguir  un mayor acceso de las mujeres al mundo laboral, sino liberar a la mujer casada de tener que acudir o pedir trabajo en el taller o la fabrica, puesto que el trabajo de las mujeres casadas fuera de casa era “un riesgo indeseable para el marido y para la cohesión familiar” (12).

Al margen de las restricciones que imponía la nueva ley, las solteras encontraron nuevos horizontes laborales, y de esta tendencia a sumergirse en las aguas del mercado laboral también se hicieron eco las revistas femeninas que incorporaron a sus números secciones sobre “Orientación profesional” o “La convivencia en el trabajo” como es el caso de la revista Para Nosotras. Observar con detenimiento algunas de estas secciones resulta muy ilustrativo acerca del modelo femenino a seguir que desde el régimen franquista y los medios de comunicación se quería transmitir. Es reseñable el tono dulce y pausado pero a la vez aleccionador que emplean en estos artículos las revistas femeninas, las mujeres son aconsejadas a dedicarse a trabajos como auxiliar de ayuntamiento, peluquera, modista o incluso calculadora (13), trabajo que según la publicación “respondía a unas cualidades típicamente femeninas: pulcritud, gusto y perfección al detalle”(14). De este mismo artículo se desprenden prototipos femeninos como el que las mujeres “menos inquietas se conforman más con lo que tienen y en donde se sitúan” haciendo referencia a la (supuesta) nula intención de las mujeres trabajadoras a ascender dentro de su categoría laboral. Circunstancia provocada más por el hecho de encargarse en solitario de las tareas domesticas (que seguían siendo asumidas como propias y por las que sacrificaban sus ascensos laborales(15)), que por una supuesta conformidad natural. Como ejemplo observemos las tasas de actividad domestica femenina recogidas en el Anuario Estadístico de 1976, cifras que no cambiarían su tendencia hasta bien entrados los años setenta.                          

                         

Fuente: Anuario Estadístico de 1976. Tasas medias de actividad domestica femenina. INE.

Asimismo, las mujeres también son aleccionadas por medio de las revistas femeninas sobre su correcto comportamiento en el espacio de trabajo, son aconsejadas a no entrometerse  y a alejarse de todo tipo de discusión, a convertir su trabajo en una prolongación de su hogar y en una segunda familia, ideas íntimamente ligadas al ideal femenino de “madre- esposa- ama de casa” que el régimen de Franco ensalzaba. Incluso algunas publicaciones dedican páginas de forma periódica a enseñar a las mujeres algunos métodos para conseguir ganar algún dinero sin salir de su casa, como es el caso de fabricar alfombras de nudos en casa y venderlas posteriormente entre las amistades. Es cierto que la aparición de secciones dedicadas al mundo laboral es un paso importante y un cambio sustancial, pero al mismo tiempo  las publicaciones, al igual que la ley de 1961 y la propia sociedad, se muestran recelosas de la salida de las mujeres de su esfera privada, temen que esto pueda provocar la caída del modelo de feminidad y de familia, ambos pilares fundamentales sobre los que se asentaba el modelo social de la dictadura franquista.

Para finales de 1965 las mujeres que se incorporaron al trabajo no lograron cambiar sustancialmente el panorama laboral femenino. Al finalizar el primer lustro de la década de los 60 eran  muy pocas las mujeres que  desempeñaban profesiones liberales y  la mayoría de ellas trabajaban en puesto que requerían baja calificación y cuyos salarios eran ínfimos. Las mujeres eran únicamente importantes e incluso mayoría en el sector textil, la industria del cuero y el calzado y el servicio domestico pero esto no suponía ninguna novedad porque estas industrias habían empleado tradicionalmente siempre a mujeres.

El tercer punto clave de este estudio es la consolidación de la mujer como principal consumidora del grupo familiar en los inicios de la sociedad de consumo de masas en España. Con anterioridad a la época desarrollista el ideal de mujer franquista había sido aquella ama de casa ahorradora, que elaboraba mermeladas y compotas caseras, que cosía y arreglaba sus propias ropas y las de su familia. Pero en los años sesenta con el despegue industrial y la puesta en marcha de una sociedad de consumo, la relación del grupo familiar con el consumo varió de forma decisiva y, por consiguiente, el papel de la mujer, ya que la compra de bienes de consumo se convirtió en parte importante  de la actividad doméstica, que como hemos señalado era desarrollada casi en solitario por las mujeres. Debemos de tomar la familia (16) como punto de partida para este estudio porque ella “constituye la unidad de conducta de análisis básica” y porque es en ella “donde se procesan la mayoría de las decisiones de consumo de los individuos”(17), decisiones que acabaran por convertirse en actividades completamente cotidianas. No debe pasarnos desapercibido que la acción de consumir no es algo que el individuo realice de forma individual, más bien debemos identificar la acción de consumir “con una función que los individuos deciden y realizan socialmente, tanto en el entorno de las relaciones directas: el hogar y el grupo social, como en el entorno socio-político”(18). Esto se debe a que el consumidor asume como propios los objetivos del grupo que se identifica con sus normas e ideologías, o al que quiere parecerse. Es decir, las elecciones del consumidor están marcadas por el grupo de referencia al que pertenece o al que aspira pertenecer. Así existían una serie de bienes básicos dentro de las perspectivas de representar un cierto estatus social, como eran una vivienda en propiedad, ciertos electrodomésticos y el automóvil.

Asimismo, la consideración de la familia como punto de partida del consumo nos permite la utilización de la expresión economía domestica, estrechamente relacionada con la figura femenina ya que ellas eran las gestionadoras de la economía familiar. Como ejemplo de esta función primordial en el seno de la familia, algunas revistas femeninas incluyen entre  sus páginas artículos sobre la correcta realización del presupuesto familiar. Éstas publicaciones sitúan a ambos cónyuges como responsables del gobierno de la familia, al mismo tiempo que asesoran a las mujeres de los beneficios que reporta la realización del presupuesto familiar en conjunto, puesto que hace partícipe al marido de las tareas domésticas, aumenta su sentido de la responsabilidad familiar, puede llevarle a controlar sus propios gastos, incluso conseguir que su marido se dé cuenta de su capacidad para administrar el presupuesto familiar(19). Articulo que nos transmite la imagen de las mujeres como administradoras de la economía familiar, representantes de la moralidad y  encauzadoras de los descarríos masculinos. A pesar de lo cual su trabajo carecía de reconocimiento tanto social como familiar, incluso cuando este suplía las carencias en materia social que tenía el país (debido a que el desarrollo económico estaba motivado por el consumo privado y la practica ausencia del consumo público), al encargarse de cuidar a los hijos, a los ancianos y enfermos. Esta dedicación dentro de las tareas domesticas al cuidado de los miembros más vulnerables de la familia, es recogida por las publicaciones femeninas, en ellas se incluyen espacios dedicados a consejos médicos, primeros auxilios, cocina para enfermos y niños pequeños. Los anuncios o las agencias de publicidad tampoco son ajenos a estas actividades y entre las páginas de las revistas femeninas colocan una amplia profusión de anuncios dedicados a nuevos fármacos y boticas, productos para el cuidado de los bebes, etc.

A todas estas actividades las amas de casa de la década de los sesenta se le sumó la obligación de convertir su hogar en un espacio armonioso, idea íntimamente ligada a la aparición  y adquisición de los nuevos bienes de consumo duradero (frigoríficos, lavadoras, televisiones, horno eléctrico...). Es quizás esta obligación moral y social la que, junto con su tarea de administrar el presupuesto familiar, les llevó entre otras cosas a erigirse dentro de la familia las principales como instigadoras y consumidoras de bienes de consumo. Los gráficos que aportamos a continuación nos ilustran claramente de esta situación:

 

            

  H

  M

   H

 M

  H

  M

  H

  M

  H

M

 

Frigorífico

Frigorífico

Aspiradora

Aspiradora

Automóvil

Automóvil

Alfombra

Alfombra

Café

 

Café

Iniciador

71

89

36

83

93

39

49

94

40

44

Sugeridor (estilo)

33

70

31

79

81

29

20

82

43

92

Sugeridor (marca)

33

45

36

62

75

21

14

53

 

 

Presupuestador

35

45

48

51

73

17

26

59

 

 

Inform (gent)*

92

85

76

87

80

81

68

81

 

 

Inform (medios)

59

55

26

43

57

43

55

65

 

 

El que va de tiendas

88

89

50

74

96

73

75

94

 

 

Comprador

71

79

55

82

94

52

58

92

29

89

                       

 

Fuente. Orizo, F. A.: Las bases sociales del consumo y ahorro en España, Ed. Confederación Española de Cajas de Ahorros, Madrid, 1977,  p.89. (*) Esta categoría como la siguiente responde al ámbito donde el consumidor ha obtenido la información sobre el producto, la primera a través de otras personas, la segunda a partir de los medios de comunicación.

  

Encuesta del OIP 1966

El marido

Los dos

La mujer

Lugar de vacaciones

46

36

18

Las visitas a familiares

23

39

38

Con quien van a salir

48

28

24

Cuando ir al medico cuando alguien esta enfermo

23

28

49

Cuando el dinero ha de  gastarse en compras importantes: muebles

36

22

42

El dinero que se puede gastar la familia en alimentación.

14

6

80

 

Fuente: Orizo, F. A.: Las bases sociales del consumo y ahorro en España, Ed. Confederación Española de Cajas de Ahorros, Madrid, 1977,  p. 91.

 En ellos se aprecia claramente cómo es la esposa,  ama de casa, quien toma la iniciativa y adquiere el producto, descendiendo la participación del marido cuanto mas pequeño o menos desembolso de dinero supone al articulo. Esta tendencia es rota en el caso de los automóviles que como se puede observar es el marido el que dirige y organiza la operación de compra, también sucede esto con la elección del lugar de vacaciones y los acompañantes en las salidas sociales. Mientras que la mujer se encarga fundamentalmente de las acciones directamente ligadas a la esfera privada, como son las visitas familiares o al médico, y aquellas relacionadas con la administración del presupuesto familiar. Esto puede responder a que los electrodomésticos son incorporados al paisaje del ámbito privado espacio fundamentalmente femenino, y los automóviles, las vacaciones y las relaciones sociales fuera del ámbito familiar responden más al espacio público de los varones. Pero, si observamos con detenimiento el comportamiento de ambas esferas y la permeabilidad de una sobre otra, veremos cómo la administración del presupuesto familiar y su puesta en practica (a través del consumo) permite al ama de casa atravesar la barrera de lo privado para adentrarse en el ámbito público. Es decir, el consumo familiar supuso una puerta de acceso para las mujeres casadas a la esfera pública.

De los gráficos también se desprende que ambos cónyuges coinciden en el alto porcentaje de información que obtienen sobre los productos a través del contacto con otras personas y no a través de los medios de comunicación.(20) Esta situación responde claramente a la mayor valoración por parte de los consumidores de las informaciones provenientes de las fuentes sociales que del resto de las fuentes, idea que enlaza directamente con el carácter social y simbólico del consumo. A continuación aportamos un gráfico sobre la incidencia del grupo o grupos de referencia sobre la elección del consumidor. En el queda  patente como en los productos que pueden ser vistos por el grupo o las personas del entorno es donde el consumidor se encuentra más presionado socialmente, donde presta más atención a las actitudes de los demás con respecto al producto y a las pautas de comportamiento del grupo de referencia.

 

EN CUANTO AL PRODUCTO

 

DÉBIL

FUERTE

FUERTE

Ropas

Muebles

Revistas

Frigoríficos

Jabón de tocador

Automóviles

Cigarrillos

Cerveza

Medicinas

 

DÉBIL

Jabón

Melocotón en lata

Jabón de colada

Frigoríficos (marca)

Radios

Acondicionadores de aire

Café instantáneo

Televisión

 

 

Fuente: Francis S. Bourne: Grupo Influences in Marketing and Public Relations, en “Some Applications of Behavioural Research” Ed. Rensis Likert y Samuel P. Hayes, Jr. (Paris, UNESCO, 1961)

 El cuarto y último punto de este breve estudio corresponde a los roles y modelos femeninos que eran difundidos desde las revistas femeninas y la publicidad. Al igual que la sociedad estaba dividida en diferentes espacios o esferas de sociabilidad, la prensa y los anuncios también lo estaban. En la prensa deportiva, económica o informativa hay una total ausencia de referencias femeninas, así como en los anuncios que estas publicaciones recogen. Sus reclamos publicitarios van dirigidos específicamente a los hombres, al público masculino, y  ensalzan su carácter varonil  como es el caso de los anuncios de  insecticidas que se aprovechan de la imagen del marido como protector del hogar para identificarle con la utilización de este producto. Esta situación contrasta con la profusión de imágenes femeninas que aparecen en las publicaciones explícitamente destinadas a las mujeres. Estas elaboran contenidos a partir de una noción concreta de mujer y los intereses supuestos o reales que debe tener: hogar, cocina, salud, la infancia, la moda, la belleza... y como ya hemos señalado con anterioridad emplean un tono confidencial y sentimental que apela a la emotividad de las mujeres.

Es por ello por lo que hemos seleccionado una serie de publicaciones femeninas de la época como son Garbo, Hola!, Para Nosotras, Ama, Telva, y Cristal. Cada una de estas publicaciones tiene un origen y una orientación distinta, así Para Nosotras esta editada por las Comisiones Nacionales de mujeres y Acción Católica; Ama, es la revista de las familia española por excelencia (según reza su eslogan) y no es de extrañar, dado lo expuesto con anterioridad, que este patrocinada por una cadena de supermercados; el resto son publicaciones privadas centradas en la vida social  y en todo aquello relacionado con la mujer. A lo largo del estudio hemos ido desgranando algunas de las características fundamentales que a nivel social debía de tener el ideal femenino del régimen franquista: mujer, casada, ama de casa, fiel esposa, trabajadora pero dentro del hogar, dedicada a los suyos... Si observamos los contenidos de las revistas seleccionadas vemos como, a pesar de que casa una tiene unos objetivos y van destinadas a un público diferente, todas sus secciones parecen formar parte de un hilo conductor único. Este hecho nos permite hablar de grandes grupos temáticos dentro de las revistas femeninas, de los cuales se desprenden claramente las características ideales de la mujer durante el franquismo.

Todas las revistas cuentan con secciones dedicadas al humor, cocina, sociedad, novelas amorosas que describen mundos ideales,  belleza,  labores, costura y patronaje. Esta última sección claro reflejo de la autoproducción  en ropa que caracterizaba a los hogares españoles, y que también era visible al comprobar el porcentaje de hogares españoles que contaban con maquina de coser, el 59% en 1960 (21). La presencia de la religión católica y todo lo que a ella se refiere está, también, siempre presente en todas las publicaciones femeninas consultadas, no ha de extrañarnos puesto que la religión y la moralidad, pertenecen al ámbito de lo privado, y es la madre y ama de casa la que debe velar por la fe de la familia. Asimismo, la Virgen Maria era para la dictadura franquista el ideal de mujer en el que debían reflejarse todas las españolas, por lo que es natural que la Iglesia Católica ocupase un sitio relevante dentro de estas revistas. Los consultorios médicos son también una sección inamovible. Sus consejos van desde primeros auxilios y dolencias comunes hasta insólitos reportajes en los que se recogen datos acerca del creciente número de mujeres con problemas de cabello. En este reportaje se afirma que “los nervios son la causa de la calvicie femenina”, junto con “la nueva vida contemporánea” que hace que las mujeres segreguen más hormonas masculinas de las que debieran (22).  Ni que decir tiene que el fin de este artículo es claramente rechazar la nueva vida laboral de las mujeres y alejarlas de sus nuevas obligaciones con falsos problemas de belleza.

Asimismo, existían amplias secciones dedicadas a la economía domestica y su organización, incluso apartados donde se valoraban distintos productos estrechamente relacionados con las tareas del hogar, claro ejemplo de la nueva condición de la mujer como consumidora principal de todo tipo de nuevos artículos. En la línea de estas secciones que tratan de cosas eficaces, encontramos artículos cada vez más copiosos dedicados al arte, la literatura, escritos insignes y música, probablemente dirigidos a ampliar los conocimientos básicos de sus lectoras, que se enfrentaban ahora, como bien señala la frase con la que encabezo este estudio, a acompañar a sus maridos en sus salidas en sociedad y donde demostrar ciertos conocimientos culturales era algo importante para una dama. La aparición del turismo en la escena social también es recogida por parte de las revistas femeninas que dedican amplios reportajes a viajes y excursiones. Es cierto, que según el gráfico anteriormente comentado las mujeres no parecen tener la responsabilidad de elegir el destino de las vacaciones familiares, pero quizás su papel se acerca más al de informadora acerca de posibles destinos, idea que enlaza directamente con visible objetivo de las publicaciones de crear a partir de sus páginas estilos de vida.

Por último y dentro de este grupo de secciones que podríamos denominar culturales, encontramos revista tras revista paginas dedicadas supuestamente a recoger las noticias informativas más recientes.  Estas secciones suelen recibir títulos como “El mundo es así” , “Siempre ocurren cosas” ambas de la revista Garbo; “Cosas que pasan y cosas que se dicen” o “Mujer al día” de Telva, éstas son solo un ejemplo del resto de secciones similares que inundan las publicaciones dirigidas al público femenino. Todas ellas reproducen noticias tanto  nacionales como internacionales en forma de pequeñas píldoras acompañadas de fotografías, su temática es variada, desde los hijos de afamadas estrellas de cine, sucesos escabrosos, nuevos inventos, moda,  peinados de temporada, y un largo etc. brillando por su ausencia temas políticos, económicos o sociales. Los contenidos de estas píldoras informativas revelan claramente cual era la imagen que de la esfera pública se les hacia llegar a las mujeres, una imagen acotada e irreal que disfrazaba la realidad, y la convertía en una prolongación de su espacio privado.

A su vez, los anuncios de la década de los sesenta centrados en la mera presentación de los equipamientos como productos u objetos sacros (recordemos la importancia del consumo como elemento de distinción social) eran dirigidos en más de un 80% a las amas de casa, buscaban descaradamente cambiar sus practicas tradicionales por los nuevos electrodomésticos. Idea que entronca a la perfección con la nueva imagen de la mujer como principal consumidora o abastecedora del grupo familiar. Así las revistas femeninas están plagadas de anuncios sobre electrodomésticos, cocinas eléctricas, nuevos productos de limpieza..., en los que predomina todo lo artificial asociado a la modernidad, al dinamismo y a la eficacia, con eslóganes dirigidos a ensalzar las cualidades emancipadoras de los productos. Pero no todos los anuncios eran de electrodomésticos, gran parte de ellos promocionaban nuevos fármacos, productos de belleza, casas de costura.... relacionados con el resto de características propias del ideal de mujer franquista, aquella ama de casa preocupada por su imagen, responsable de la salud de su familia, conservadora de la paz y la armonía familiar. 

 CONCLUSIÓN:

Una vez concluido este viaje por algunos de los diferentes ámbitos que conformaban la esfera femenina, queda patente que los cambios acontecidos en este periodo no supusieron grandes diferencias con épocas anteriores, pero que sentaron las bases de las transformaciones que se desarrollarían en el ámbito femenino con posterioridad. Es cierto, que el estudio no ofrece una amplia perspectiva de la realidad femenina, sería necesario ampliar más el diafragma cronológico para observar el proceso en toda su magnitud. Este trabajo pretende ser un esbozo de lo que  el estudio de los cambios en la esfera femenina podría dar de si, siempre y cuando nunca se nos olvide la realidad y el contexto que les rodea y la interacción de todos los elementos que la componen. Otra de las conclusiones que podemos extraer de este estudio es que a raíz de la implantación de la sociedad de consumo de masas en España las revistas femeninas intentaban por medio de las amas de casa crear estilos de vida familiar. podemos definir estilos de vida como el “conjunto de practicas más o menos integrado que un individuo adopta no solo porque satisfacen sus necesidades utilitarias sino porque dan forma material a una crónica concreta de la identidad del yo” (22). Obviamente la configuración de estilos de vida o su aparición en la escena social va siempre de la mano del consumo de masas y de las transformaciones sociales que ello implica. Por último no debemos olvidarnos de la importantísima posición que el consumo privado ocupa dentro del desarrollo económico del país puesto que él se convirtió en uno de los motores fundamentales del crecimiento económico de las décadas de los sesenta y setenta.

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Notas

(1)Assumpta, “Siempre adelante”,   nº 76, 1959.

(2) Las informaciones sociológicas contenidas en el informe FOESSA, así como los datos del CIS y las de instituciones como la Fundación Santa Maria, el BBVA, el Instituto de Estudios Estadísticos, así como organismo internacionales como, European Value System Study Group entre otras fuentes.

(3)Debemos aclarar que a lo largo del trabajo utilizaremos el vocablo “esfera” adoptando la terminología utilizada por Pilar Muñoz López  que define la división en esferas desde el punto de vista familiar como un vehículo que “dota a la familia de más información y recursos que le permiten establecer mejores estrategias”.[1] Es decir, la división de los miembros de una familia, de sus tareas y trabajos, y de sus relaciones en diferentes esferas, les permite ofrecer al grupo familiar un mayor número de información y nexos sociales que los que obtendrían si  todos ellos actuaran dentro de la mismo espacio. Asimismo, estas esferas o espacios  reciben el nombre “áreas naturales” por parte de la Escuela de Chicago, justificando esta definición por la diferenciación de roles existentes en función del género, y en mayor medida porque  son asumidas culturalmente por ambos sexos. Esta división del espacio según el género transciende las fronteras de las capas sociales, si bien más adelante veremos como dependiendo de la clase social a la que pertenezcan, las mujeres pueden entrar y salir de una esfera a otra con mayor o menor facilidad.

(4)GIDDENS, A.: Modernidad e identidad del yo. El yo y la sociedad en la época contemporánea. Ed. Peninsula, Barcelona, 1991, p. 30.

 (5)MATEOS A.  et SOTO, A.: “El final de franquismo.  1959-1975. Las transformaciones de  la sociedad española” en Historia de España, Ed. Historia 16, nº 29, p. 10.

(6)GONZALEZ, M. J.: La economía política del franquismo (1940-1970) Dirigismo, mercado y planificación, Ed. Tecnos, Madrid, 1979, p. 299.

(7)ALONSO, L. E et CONDE, A.: Historia del consumo en España: una aproximación a sus orígenes y primer desarrollo, Ed. Debate, Madrid, 1994, p. 84.

(8)FOESSA, Informe Sociológico sobre la situación social de España, 1975, Ed. Euroamérica, 1976, p. 212.

(9) BARRIO, EMILIA: Historia de las transgresoras. La transición de las mujeres, Ed. Icaria, Barcelona, 1996, p. 67.

(10)DEL CAMPO URBANO, S.: La Familia española en transición, Ed. Cuadernos de investigación, Madrid 1960, 153.

(11) MARTINEZ QUINTERO, Mª Esther et PANDO BALLESTEROS, Mª Paz,  “El trabajo de las mujeres entre 1950 y 1965 en Historia de las mujeres en España. Siglo XX, CUESTA BUSTILLO, Josefina (dir.), Ed. Cyan Proyectos, Madrid, 2003, p.202.

(12)MARTINEZ QUINTERO, Mª Esther et PANDO BALLESTEROS, Mª Paz,  “El trabajo de las mujeres entre 1950 y 1965 en Historia de las mujeres en España. Siglo XX, CUESTA BUSTILLO, Josefina (dir.), Ed. Cyan Proyectos, Madrid, 2003p. 149.

(13)Denominado también tercer delineante, pone en limpio los planos de delineantes, calcula el peso de las piezas.

(14)Para nosotras, nº 234 mayo de 1965, p. 8.

(15) Siguiendo la tesis de Francisco Andrés Orizo en la que señala que los estudios que se realizan centrándose en uno de los miembros de la familia supone un procedimiento insuficiente. Bases sociales de consumo y el ahorro en España, Ed. Confederación española de Cajas de Ahorro, Madrid, 1977.

(16)ORIZO, F. A.: Las bases sociales del consumo y ahorro en España, Ed. Confederación Española de Cajas de Ahorro, Madrid, 1977, p. 35.

 (17)REVOLLO ARÉVALO, A. : La estructura del consumo en España, Ed. Ministerio de Sanidad y Consumo, Madrid, 2001, p. 24.

(18)Revista Para Nosotras, nº 222 mayo 1964, p. 17.

(19)Situación que se invierte en el caso de los automóviles, posiblemente debido a su escasa presencia  en los hogares españoles para esas fechas En el año 1959 había en España en circulación un total de 240.460 turismos, para el año 1965 la cifra total de turismos había ascendido a 807.317.  “Vehículos automóviles en circulación”, INE, Anuario de 1965.

(20)Penetración de los equipamientos domésticos de primera generación en 1960. Anuario de 1960. INE.

(21)Telva, nº 67, Octubre de 1963.

(22) GIDDENS A.: Modernidad e identidad del yo. El yo y la sociedad en la época contemporánea. Ed. Península, Barcelona, 1991, p. 106.

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