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I. INTRODUCCIÓN. 1.º De
investigar las fuentes, preparando la publicación de ediciones críticas de documentos
inéditos o defectuosamente publicados (como crónicas, obras literarias, cartularios,
fueros, etc.), glosarios, monografías, obras filosóficas, históricas, literarias,
filológicas, artísticas o arqueológicas. 2.º De organizar
misiones científicas, excavaciones y exploraciones para el estudio de monumentos,
documentos, dialectos, folklore, instituciones sociales y, en general, cuanto pueda ser
fuente de conocimiento histórico. 3.º De iniciar en
los métodos de investigación a un corto número de alumnos, haciendo que éstos tomen
parte, cuando sea posible, en las tareas antes enumeradas, para lo cual organizará
trabajos especiales de laboratorio. 4.º De comunicarse
con los pensionados que, en el extranjero o dentro de España, hagan estudios históricos,
para prestarles ayuda y recoger al mismo tiempo sus iniciativas, y de preparar, a los que
se encuentre en condiciones, labor y medios para que sigan trabajando a su regreso. 5.º De formar una
biblioteca para los estudios históricos y establecer relaciones y cambio con análogos
Centros científicos extranjeros(2). La inicial
ubicación del Centro correspondió al Palacio de Bibliotecas y Museos en el Paseo de
Recoletos, número 20, haciendo uso del local que ocupó el Museo de Ciencias Naturales.
Situado, por tanto, en los sótanos de la Biblioteca Nacional, su conexión directa con
esta entidad y con el Archivo histórico fue considerada por los dirigentes de la Junta
una enorme ventaja que debía ser aprovechada. Pese a los beneficios que de ello pudo
derivarse, la estancia en esta sede se prolongó sólo hasta el año 1919, pues, como ha
señalado Justo Formentín Ibáñez(3), era un
lugar inadecuado para trabajar porque pronto las distintas secciones del Centro comenzaron
a crecer y no hubo suficiente espacio donde acoger a todas y, por este motivo, el C.E.H.
se trasladó a la calle Almagro 26. Pero no fue este su destino definitivo, sino que en el
año 1929 experimentó una nueva y última mudanza, a la calle Duque de Medinaceli 4, lo
que había sido el Palacio del Hielo y del Automóvil. Esteban Limón(4) ha señalado que el Palacio del Hielo fue un
edificio construido en 1920 como sede de deportes de patinaje sobre hielo, juegos en
general y exposición de automóviles, así como lugar de ocio o sala de fiestas. Sin
embargo, en 1927 el edificio se puso a subasta y al año siguiente, aprovechando mejores
condiciones económicas, el Ministerio de Instrucción Pública quiso hacerse con él y
trasladar allí la sede del Centro de Estudios Históricos, junto con el Patronato
Nacional de Turismo y Unión Iberoamericana. Fue el arquitecto Muguruza el encargado de
llevar a cabo los planos para la reforma del edificio, con el fin de que éste se adaptara
a las nuevas necesidades. La Junta, no obstante, tuvo interés en trasladar el Centro de
Estudios Históricos a un edificio autónomo en los Altos del Hipódromo, donde se
encontraban ya la Residencia de Estudiantes y otras iniciativas de la Junta. Aunque estos
planes se llevaron a cabo, las obras se iniciaron en 1935, preveyéndose su ejecución en
varios años, intención que hizo imposible el estallido de la guerra civil. El C.E.H. no fue
una institución homogénea que se dedicara a una labor en concreto, sino que estuvo
constituido por diversas secciones, las cuales tampoco fueron permanentes, sino que
variaron a lo largo de los años. Si su objetivo principal eran los estudios históricos,
sin embargo no debemos entender por estos un campo acotado, sino que, tal y como ha
señalado Francisco Abad(5), los hombres de la
Junta quisieron abarcar con ello un concepto más amplio que englobaba a las ciencias
humanas en general. De esta forma, las secciones que compusieron el Centro se ocuparon de
analizar o estudiar temas relacionados con la historia, la filosofía, el arte, la
filología, y el derecho. En lo que la historiografía si está de acuerdo es en señalar
la enorme categoría de sus componentes, reconocidos valores de las humanidades españolas
durante aquellos años. De esta forma, es fácil suscribir lo que Laporta, Solana, Ruiz
Miguel y Zapatero señalaron, ya que en el terreno de las humanidades y las artes va
a ser el Centro de Estudios Históricos la realización más plenamente conseguida y la
más rica(6). En el desarrollo
del Centro de Estudios Históricos, desde su creación en 1910 hasta su desaparición con
la guerra civil, es posible distinguir hasta tres etapas. La primera correspondería a los
años que transcurrieron entre 1910 y 1917-19, siendo posible definirla como un momento de
experimentación y ensayo en que el C.E.H va adquiriendo una fisonomía definida. Este
primer intervalo es el que va a ser objeto de un análisis más profundo en la segunda
parte de esta comunicación. Por su parte, desde 1917-19 hasta 1922 son los años de
grandes transformaciones, en los que el Centro adquirió unas pautas definidas que va a
conservar en general hasta el final de su existencia. De esta forma, en estos años se
redujo el número de secciones que lo componían y, salvo algunas modificaciones en el
futuro, adquirieron el carácter de permanentes y se consolidaron aquellas que no
desaparecieron. Asímismo, como ya se señaló, en 1919 se produjo el traslado de local a
la calle Almagro y en 1922 la biblioteca del Centro, dependiente hasta entonces de la
Junta para Ampliación de Estudios y de naturaleza privada, pasó a estar bajo
jurisdicción del cuerpo de Archiveros (que respondía directamente ante el Ministerio de
Instrucción Pública) y con un régimen abierto o público, permitiendo la
consulta de sus fondos a todos los interesados en los mismos. Finalmente, desde 1922 hasta
su desaparición con la guerra civil(7)
transcurrió la tercera etapa, período de consolidación en las actividades que el Centro
llevó a cabo y en el que los cambios no fueron trascendentales, salvo el traslado de sede
en 1929 y alguna pequeña modificación en la composición de las secciones. II. EL CENTRO DE
ESTUDIOS HISTÓRICOS (1910-1919). En 1910 la Junta
para Ampliación de Estudios inauguró una nueva etapa de consolidación y expansión. Con
la caída del gobierno Maura en 1909 y con él del nefasto ministerio de Rodríguez San
Pedro en Instrucción Pública, la Junta recuperó su autonomía y eso la llevó a poner
en marcha las iniciativas para las que había sido creada: se reforzó la política de
pensiones y aparecieron los primeros centros dependientes de la misma. Esta fase de
crecimiento se prolongó, con mayor o menor fuerza, hasta la llegada de la dictadura de
Primo de Rivera y, además, la primera guerra mundial favoreció el fortalecimiento de los
esfuerzos que la Junta desarrolló dentro de España ante la imposibilidad de llevar a
cabo una normal política de pensiones en el extranjero. En este contexto es donde se
encuadra la aparición del C.E.H., que constituyó, por parte de la JAE, la primera
iniciativa dentro de España para el fomento de la investigación y enseñanza de nuestras
ciencias humanas. A lo largo de los meses inmediatos a marzo de 1910 fueron apareciendo en
la Gaceta los Reales Decretos que creaban la
Residencia de Estudiantes y su Patronato, el Instituto Nacional de Ciencias
Físico-Naturales, la Escuela Española en Roma y la Asociación de Laboratorios. Por todo
ello, la primera característica que define al C.E.H. es su aparición en la más temprana
época de expansión para la Junta y, además, se convirtió en la primogénita de las
instituciones que dependieron de aquélla. No obstante, mayor
trascendencia tuvieron dos pautas que marcaron la esencia del Centro tanto en el presente
como en el futuro. Se trató de dos elementos de clara raíz institucionista y que
definieron a todas las realizaciones posteriores de la Junta: su inicial carácter de ensayo o
experimento y su escasa burocratización
con el fin de evitar trabas a su labor. Sin duda, uno de los mejores lugares donde se
exponen ambos ideales es en el Real Decreto firmado por Romanones, probablemente elaborado
en colaboración con Castillejo, el 18 de marzo de 1910 y aparecido al día siguiente en
la Gaceta: En cuanto a
la estructura de ese organismo, es preciso, ante todo, que esté dotado de la flexibilidad
necesaria para que su funcionamiento de adapte en cada momento a la compleja naturaleza de
sus fines y al número y condición de los elementos que puedan agruparse. Por eso no es
posible, hasta que la experiencia consolide ciertas formas, hacer otra cosa que marcar las
líneas generales de su actividad y separar aquellas facultades inalienables que competen
al Ministro en la administración de los recursos del presupuesto, determinación de los
servicios y alta inspección de su funcionamiento, de aquellas otras funciones técnicas
que son la materia y contenido del servicio: la vida social misma en uno de sus aspectos,
la cual necesita siempre el libre desarrollo de sus órganos especiales(8). Por lo que al ideal
de ensayo o experimento se refiere, buena prueba del mismo fue la modestia inicial con que
se acometió la formación del C.E.H. y la planificación de sus actividades. Sus humildes
orígenes responden, según Laporta y su equipo(9),
al ideal que Castillejo había pretendido introducir en todas las realizaciones de la
Junta; esto es que cualquier iniciativa debía nacer con un carácter de ensayo o
experimento para ir poco a poco asentándose y haciéndose firme. La mejor prueba vino
recogida en las propias memorias de la Junta cuando se dijo que el C.E.H. fue el
primer ensayo de esta clase que la Junta inició, teniendo en cuenta el florecimiento de
aquellos estudios entre nosotros en los últimos años(10). Asímismo, existen datos concluyentes en la
documentación acerca de lo que venimos señalando. De esta forma, si acudimos a las
cifras presupuestarias de la Junta (incluidas en sus memorias) durante los nueve años que
abarcan la etapa histórica que estamos analizando, comprobamos que el Centro de Estudios
Históricos no llegó a suponer nunca, dentro del presupuesto de la JAE, una cifra
superior al 12 por ciento y, en varios años, se mantuvo por debajo del 10 por ciento.
Además, son también numerosas las protestas por las dificultades que para trabajar
impone la falta de espacio en el local de Recoletos 20, dotado de una sala general de
lectura, depósitos para libros y algunos gabinetes especiales. No obstante, aunque este
ideal de modestia era parte integrante del pensamiento institucionista que acompañaba a
buena parte de los hombres de la Junta, no debemos perder de vista el hecho de que la JAE
contó siempre con un presupuesto pobre por parte del Ministerio de Instrucción Pública,
haciendo muy difícil la adecuada atención a todas las necesidades que sus diferentes
iniciativas le generaban. Por lo que, junto a los ideales institucionistas, existía
también una cuestión práctica presupuestaria que impedía acometer cualquier proyecto
con mayores recursos. Finalmente, donde si es posible distinguir con mayor claridad el
carácter experimental con que nació el C.E.H. fue en las actividades que se
desarrollaron en él o que se impulsaron a partir del mismo. En este caso, el protagonismo
esencial recayó en las diferentes secciones, que como veremos se consolidaron o
desaparecieron según las circunstancias, experimentándose en ellas con diferentes áreas
de conocimiento (Historia, Arte, Filosofía, Filología, Derecho). Además, desde el
propio Centro se llevaron a cabo otras prácticas que, naciendo con el mismo carácter
experimental, pronto adquirieron solidez: excursiones, cursos de verano para extranjeros,
biblioteca, etc. En segundo lugar,
el C.E.H. estuvo marcado durante estos años por la escasa burocratización a la que se
vio sometido. Se buscó con ello limitar en lo posible cualquier tipo de traba en la labor
que pudiera desempeñar, favoreciendo a la vez la consolidación del experimento o ensayo.
Esta no fue, en absoluto, una característica exclusiva del Centro, sino que ya la propia
Junta había respondido a ella en su organización y las posteriores creaciones que se le
subordinaron asimilaron también un esquema burocrático bastante simple. En principio, el
C.E.H. careció de toda cabeza visible, así como de un secretario encargado de la labor
administrativa. Eran los profesores que dirigían cada sección los encargados de llevar
adelante el centro, convirtiéndose en el eje administrativo durante los primeros años, y
según la memoria de 1910-11 las reuniones generales periódicas de los profesores
del Centro sirven para que la labor adquiera conexión(11). Aunque debería ser estudiado más en
profundidad, es posible ver la sombra de Castillejo tras esta medida, pues el secretario
de la JAE trató de evitar, siempre que le fuera posible, la presencia de una figura
individual sobre la que recayera la responsabilidad absoluta en la administración o
dirección de las distintas instituciones dependientes de la Junta, prefiriendo, en
cambio, una organización corporativa. Asímismo, el C.E.H. careció también de cualquier
reglamento que encorsetara su desarrollo, de forma que sólo en el Real Decreto de 18 de
marzo de 1910 se establecieron algunas condiciones básicas sobre su funcionamiento: en
primer lugar, se enumeraban las distintos objetivos que el Centro debía cumplir(12); en segundo lugar, se estableció claramente la
dependencia del C.E.H. con respecto a la Junta para Ampliación de Estudios; en tercer
lugar, a la Junta se entregarían las producciones del Centro y ella tendría la propiedad
de las ediciones que se hicieran; en cuarto lugar, la Junta determinaba los trabajos a
organizar, así como las personas a las que se les encargaría (es decir, la Junta fue
quien tomó la iniciativa de invitar a los distintos profesores para dirigir las secciones
del Centro); en quinto lugar, a través de ella se habrían de tramitar las solicitudes de
los alumnos para tomar parte en los distintos cursos que ofertaba el Centro; y, en sexto
lugar, en la Junta recayeron las responsabilidades presupuestarias, así como presentar
resúmenes de las actividades del Centro al Ministerio. No obstante, esta
situación no debió de satisfacer ni a la Junta ni a Castillejo, por lo que pronto se
arbitraron otra serie de medidas con el fin de fortalecer el ensayo. De esta forma, a
iniciativa del propio José Castillejo, quien mandó una comunicación al Centro el 14 de
enero de 1915 pidiendo que se nombrara un presidente, una reunión de los directores de
estudios, celebrada el 16 de ese mismo mes, eligió por unanimidad a Ramón Menéndez
Pidal presidente del C.E.H(13). Menéndez Pidal
actuaría como enlace entre la Junta y el Centro, pero no dispuso de un poder absoluto en
los temas relacionados con éste. Sin embargo, con anterioridad, probablemente en 1914,
había sido también nombrado secretario Tomás Navarro Tomás. Aunque esto significaba
que la organización administrativa del C.E.H. se complicaba, no obstante, mantenía la
simplicidad que exigía el ideario institucionista y respondía a las necesidades que el
crecimiento del Centro planteaba en esas fechas. En un documento sin fecha(14), pero que por distintas alusiones podría
corresponder a 1914, se nos informa de cuales debían ser las medidas a adoptar para
dar unidad al Centro. Dividido en cinco puntos, los tres primeros hacen referencia a
la necesidad de que se lleven a cabo reuniones del personal de todas las secciones al
comienzo de curso (para planificar las actividades a desarrollar durante el curso,
facilitando la colaboración mutua) y, también, al final del curso (para dar cuenta de
los trabajos realizados). Además, trimestralmente, los directores de cada sección
celebrarían una reunión con carácter científico-administrativo, aparte de otras
extraordinarias que fuese necesario convocar. Mayor trascendencia contiene el cuarto
punto, pues en él se alude a la necesidad de nombrar un secretario general, cargo que
finalmente recaería en la persona de Navarro Tomás. Según el documento, el secretario
estaba encargado de asistir a todas las reuniones con el fin de apuntar lo que en ellas se
decidiera, pero además debía servir como intermediario entre el C.E.H. y la JAE en los
asuntos referentes a las publicaciones y personal administrativo del Centro(15). Pese a que no es posible asegurar en que medida
fueron tomadas en cuenta estas sugerencias, lo cierto es que apareció la figura del
secretario en la persona de Tomás Navarro Tomás y en una reunión trimestral de los
directores de las secciones fue elegido, como hemos visto, Menéndez Pidal presidente del
Centro. 2.1. La
investigación en el Centro de Estudios Históricos. La labor
investigadora del C.E.H. estuvo protagonizada por las distintas secciones en las que se
dividió. Durante estos nueve años, su número variaría de manera notable,
consolidándose algunas y desapareciendo otras. Si en 1910 fueron seis las secciones con
las que el Centro nació, en 1914-16 alcanzaron una cifra máxima de diez, para quedar
reducida a cinco en 1919. Salvo algunas modificaciones, aquellas que se consolidaron en
este último año, fueron las mismas que continuaron su existencia hasta la guerra civil.
De esta forma, esta primera etapa en el desarrollo del C.E.H. respondió plenamente al
objetivo de experimento o ensayo en lo que a las secciones se refiere. Cada una impartía
un curso cuya duración coincidía con el año natural hasta que en 1916-17 se hizo
corresponder con el inicio de los años académicos, pues de nuevo la experiencia aconsejó el cambio. Por otra parte,
los programas de cada curso se publicaban en la Gaceta,
con la posibilidad de que se otorgaran becas a determinados alumnos. De esta forma, el
desarrollo de las distintas secciones durante estos años fue el siguiente: a) Instituciones sociales y políticas de León y
Castilla bajo la dirección de Eduardo de Hinojosa. Esta sección se creó en
1910, aunque en 1914, siempre bajo la dirección de Hinojosa, cambió su nombre por el de
Instituciones sociales y políticas de la Edad Media. Durante los primeros años acudieron
como alumnos José Giner Pantoja, Pedro Longás Bartibás, Galo Sánchez, José María
Ramos Loscertales, José María Vargas, Jesús Común, Cristóbal Pellejero y Claudio
Sánchez Albornoz (quien posteriormente continuaría la labor de Hinojosa). No obstante,
desde 1914 el único colaborador con Hinojosa en la sección fue Galo Sánchez. Los
principales trabajos consistieron en la interpretación y copia de distintos fueros,
algunos de los cuales terminaron publicándose(16).
Asímismo se acometió la traducción y comentario de crónicas latinas medievales y se
llevaron a cabo trabajos en una Colección de documentos para la historia de las
clases sociales de León y Castilla. En cualquier caso, la actividad de esta
sección fue bastante irregular debido a que Hinojosa cayó enfermo desde 1914 y murió en
mayo de 1918. b) Arqueología y arte medieval español
bajo la dirección de Manuel Gómez Moreno. Esta sección se creó en 1910 y continuó
existiendo después de 1919. El número de colaboradores fue bastante más numeroso que en
el caso anterior, destacando José Moreno Villa, Ramón Gil Miquel, Antonio Prieto Vives,
Juan Cabré Aguiló, Mario González Pons, Eladio Oviedo, Francisco Antón, José R.
Mélida, Pedro M. de Artiñano, Casto María del Rivero, Emilio Antón, Leopoldo Torres
Balbás, Juan Chacón, Francisco Macho y Emilio Camps. Las actividades desarrolladas
consistieron fundamentalmente en cursos sobre arte medieval y preparación de monografías
ilustradas de iglesias medievales (en especial mozárabes) y otros vestigios. También
hubo trabajos sobre Códices prerrománicos y decoración geométrica en el arte musulmán
(con especial atención a la figura del lazo),
así como investigaciones sobre arqueología musulmana y orígenes del Renacimiento en
Castilla. Además, se encargó a esta sección la preparación de los trabajos relativos a
la Exposición Arqueológica en Roma, celebrada en 1911 y a la que fue invitada la Junta.
Bajo la dirección de Gómez Moreno, dichos trabajos consistieron en el diseño de un
plano de la España romana, otro de las ruinas de Numancia, diversos dibujos, fotografías
de diversas ruinas y los vaciados en escayola de algunas piezas de escultura, decoración
y epigrafía. Finalmente, las actividades se completaron con algunos trabajos especiales(17) llevados a cabo por los alumnos y la
organización de numerosas excursiones. c) Metodología de la Historia bajo la
dirección de Rafael Altamira. Esta sección permaneció abierta desde 1910 hasta 1918 y
funcionó, como han señalado Formentín Ibáñez y Villegas Sanz(18), a modo de seminario. Entre los principales
colaboradores de Altamira se encuentran durante estos años Magdalena S. de Fuentes,
Concepción Alfaya, Germán Lenzano, José Deleito, Rafael Gras, Eugenio López Aydillo,
Lorenzo Luzuriaga, Enrique Pacheco, José María Ots y Joaquín Freyre. Las principales
actividades consistieron en los trabajos comunes entre alumnos y director sobre
investigación, metodología y bibliografía en Historia Contemporánea, la determinación
de documentos y archivos, así como el estudio de cuestiones relativas a la enseñanza de
la historia. Además, los alumnos también llevaron a cabo trabajos monográficos sobre
cuestiones históricas del siglo XIX. Otra actividad muy practicada fue la lectura y
crítica de libros de reciente publicación relativos a metodología y enseñanza de la
historia. La sección tuvo problemas de continuidad debido a las múltiples ocupaciones de
Altamira, lo que unido a las dificultades para trabajar en el Centro por la falta de
espacio, provocó que aquél abandonara su actividad en 1918. d) Fuentes para la historia de la Filosofía árabe
española bajo la dirección de Miguel Asín y Palacios. Funcionó entre 1910
y junio de 1916 con la colaboración de Pedro Longás Bartibás, Maximiliano A. Alarcón y
Cándido A. González Palencia(19). Entre las
actividades de esta sección destacaron la investigación sobre los orígenes del
pensamiento extra-religioso y heterodoxo del Islam español, así como el estudio que
Asín realizó de la biografía, bibliografía y sistema filosófico-teológico de
Abenházam. e) Instituciones sociales de la España musulmana
bajo la dirección de Julián Ribera. Comenzó su labor en 1910, suspendiendo su actividad
en 1916 y teniendo como colaboradores a Cándido González Palencia, José A. Sánchez
Pérez, Pedro Longás, Ignacio González Llubera, Carlos Quirós, Ramón García de
Linares y Fernando Montilla y Ruiz. Las principales actividades que se desarrollaron
fueron el estudio de instituciones económico-sociales de la España musulmana y trabajos
de investigación en Marruecos desde 1914. Asímismo es de destacar la colaboración que
hubo entre esta sección y la de Miguel Asín y Palacios desde 1912 en la elaboración de
diversas monografías y trabajos entre los alumnos (algunos de los cuales participaban en
ambas). f) Los problemas del Derecho Civil en los principales
países del siglo XIX bajo la dirección de Felipe Clemente de Diego. Inició
sus trabajos el 1 de diciembre de 1911 y prolongó su actividad más allá de 1919,
contando durante estos años con la participación de Francisco Rivera Pastor, Francisco
Candil y Calvo, Enrique R. Ramos, Demófilo de Buen, Leopoldo García Alas y Ramón R.
Casariego. Se trató de una sección muy activa que trabajó en los Códigos Civiles de
España y de otros países europeos, en la lectura y comentario de distintas obras
jurídicas, en casos prácticos de derecho y sentencias de tribunales, en el concepto de publicidad y derecho de retención dentro de las
relaciones jurídicas, en torno a la condición jurídica de la mujer y, finalmente, en la
formación de papeletas para una bibliografía del Derecho Civil, en especial del
español. g) Arte escultórico y pictórico de España en la Edad
Media y el Renacimiento bajo la dirección de Elías Tormo. Sus actividades
comenzaron el 15 de enero de 1913 y se prolongaron después de 1919, colaborando en ellas
Francisco San Román, el Padre Sanchís Sivera, F. Javier Sánchez Cantón, Ricardo de
Orueta, Juan Allendesalazar, Manuel Pérez, Jesús Domínguez Bordona y Manuel Herrera
Gés. Entre las aportaciones de esta sección se encontraron los trabajos para una
exposición en Londres (1914) sobre arte español, una colección fotográfica de
monumentos artísticos españoles, estudios sobre escultura sepulcral anterior al siglo
XIX y un índice general de los nombres de los artistas y artífices españoles de
biografía o personalidad conocida(20). h) Estudios sobre la filosofía contemporánea
bajo la dirección de José Ortega y Gasset. Comenzó sus actividades en 1913,
prolongándose hasta junio de 1916 en que Ortega dejó la sección para emprender un viaje
a Argentina. Entre sus colaboradores estuvieron Ángel Sánchez Rivero, Joaquín Álvarez
y María de Maeztu. Fue una sección con menos actividad que las demás, destacando los
trabajos en una obra sobre el estado actual de los estudios filosóficos y, desde 1915,
Ortega impartió un curso público sobre Sistema de la Psicología. i) Estudios semíticos bajo la dirección
de Abraham S. Yahuda. Esta sección se inauguró en abril de 1914, clausurándose en 1917.
Entre sus colaboradores estuvieron Ramón Bermejo y Mesa, Julio Brouta, José Ibarlucea e
Ignacio González Llubera. Sus actividades no fueron muy numerosas, aunque sí destacó en
la traducción y edición de inscripciones sepulcrales y documentos hebraicos y arábigos,
así como en la elaboración de un diccionario rabínico-español. j) Orígenes de la lengua española bajo la
dirección de Ramón Menéndez Pidal. Inició su labor en 1910 y la mantendría después
de 1919, aunque cambió su nombre en 1916 por el de sección de Filología. Fue, sin duda, la sección con mayor
número de colaboradores(21) y la que mayor
importancia alcanzó. En esta sección, tal y como ha señalado Francisco Abad(22), Ramón Menéndez Pidal acumuló en torno a sí
un conjunto de alumnos-discípulos que constituyeron una auténtica escuela filológica y
en esta misma línea se expresó también Rafael Lapesa(23).
Sánchez Ron destaca que contó entre sus colaboradores a los filólogos que junto a
Pidal se escalonan en las generaciones conocidas en la cultura española como del 98, de
1914, del 27 y del 36(24). Entre los
principales trabajos que ocuparon a esta sección se encontraron las excursiones, la
localización para una colección de documentos lingüísticos del siglo XI al XV, la
elaboración a partir de 1915 y bajo la dirección de Américo Castro de un glosario de
palabras contenidas en esos documentos, el desarrollo de un laboratorio de fonética
experimental (cuya creación fue casi paralela a la de la sección) y en el que Navarro
Tomás llevó a cabo varias investigaciones. También hubo estudios de historia literaria,
teatro antiguo español, textos literarios de la Edad Media, y ediciones de textos
hispanolatinos (desde 1914). No obstante, las actividades continuaron con trabajos de
folklore (desde 1915-16), la elaboración de mapas geográfico-históricos de la España
medieval (desde 1914), una bibliografía general de la Lengua y Literatura españolas
(desde enero de 1915). La sección también inició desde enero de 1915 una serie de
breves cursos trimestrales sobre Lengua y Literatura española para extranjeros,
colaborando en ellos Solalinde, Castro, Reyes, Navarro Tomás, y Onís. Pero, sin duda, la
iniciativa que mayor relieve alcanzó fue la Revista
de Filología Española, empezó a publicarse trimestralmente desde 1914,
dirigiéndola Menéndez Pidal y colaborando de forma especial Castro, Onís, Solalinde,
Reyes, Navarro Tomás, y Gómez Ocerin. En ella también participaron otras secciones del
Centro, como la de Ribera y Asín, así como escritores españoles y extranjeros que no
pertenecían al C.E.H. Los números de la revista se intercambiaron con los de otras
muchas publicaciones españolas y extranjeras, tanto revistas como libros monográficos.
La revista contaba con varios apartados: además de los artículos, tuvo una parte de
reseñas y bibliografía, así como desde 1916 otras de notas breves y comunicaciones
llamada Miscelánea. Por tanto, todas estas actividades hicieron que la
sección de Menéndez Pidal adquiriese desde el comienzo un desarrollo que la permitió
existir hasta los últimos años del Centro y convertirse en la más importante de todas
las que se crearon a lo largo de la historia del mismo. A modo de
conclusión, puede señalarse que la vida de las secciones estuvo muy ligada a la de sus
directores, pues la ausencia de éstos, como hemos visto, llevaba a la suspensión de las
actividades. Además, eran los directores quienes planificaban el curso y dirigían los
trabajos de los alumnos. En cualquier caso, la experiencia de estos primeros años
servirá al Centro para el futuro, pues comprobó que no podía, aunque lo deseara,
mantener un elevado número de secciones a la vez. En cualquier caso, la labor
investigadora del Centro fue notable, e incluso, innovó en muchos campos de estudio,
sobrepasando con creces lo que se había hecho en España durante aquellos años,
aplicando también novedades en los métodos de enseñanza que se llevaban a cabo desde el
ámbito oficial. 2.2. Los cursos de
vacaciones para extranjeros. Fueron una de las
novedades que el C.E.H. introdujo y que se consolidó en el tiempo, prolongándose los
mismos hasta el comienzo de la guerra civil. Tampoco le faltó a esta iniciativa la
personalidad de la Junta, pues, como recogen las memorias de la misma, el primer
curso de vacaciones para extranjeros organizado por la Junta, lo fue sólo a título de
ensayo(25).Como en otras ocasiones, lo que
comenzó siendo un experimento, acabó consolidándose. Según se señala en las Memorias
de la Junta, los cursos se organizaron ante la insistencia por parte de maestros
extranjeros que enseñaban o estaban interesados en nuestra lengua y literatura. Estos
cursos servirían como modelo y continuación a los que la sección de Filología
organizaría desde 1915 durante el invierno, con alguna interrupción por la guerra
mundial. Además, en 1916-17 el Centro también impartió cursos para la enseñanza de
español en el extranjero. El primer curso se
organizó en 1912 y tenían lugar en los meses de verano. Se anunciaban en el extranjero a
través de nuestras embajadas y enviando publicidad a los principales centros de cultura
(universidades, escuelas, liceos, etc.). Dentro de España se promocionaban los cursos a
través de las embajadas extranjeras en nuestro país, así como en universidades,
bibliotecas, museos y otros centros. Asímismo se hicieron públicos en algunos
periódicos. La dirección de los cursos recayó en la persona de Menéndez Pidal, que,
junto a la Secretaría de la JAE y los alumnos del C.E.H., organizaba los programas. Estos
consistieron fundamentalmente en conferencias, clases prácticas y de conversación,
excursiones y visitas a museos. En el desarrollo de los cursos participaron como
conferenciantes muchos colaboradores de las distintas secciones del C.E.H., como por
ejemplo Federico de Onís, Américo Castro, Tomás Navarro Tomás, etc. Por su parte, las
excursiones y visitas a museos estuvieron dirigidas por Manuel Bartolomé Cossío y Manuel
Gómez Moreno, centrándose fundamentalmente en Madrid y sus alrededores. Los cursos se
impartieron en la Residencia de Estudiantes, pues contaba con biblioteca, allí se
alojaban los alumnos mientras duraba el curso (las mujeres en el Instituto Internacional)
y podían contactar con maestros y residentes españoles que permanecían en ella durante
la época estival. Con el tiempo, también se utilizó el C.E.H. para impartir las clases.
La nacionalidad de los asistentes fue fundamentalmente estadounidense e inglesa, aunque no
faltaron alumnos de otros países. Los cursos atravesaron un momento crítico durante la
primera guerra mundial, pues el conflicto hizo disminuir la asistencia de alumnos, pero la
Junta no suspendió su convocatoria (salvo 1917) y una vez que concluyó el enfrentamiento
bélico, los cursos volvieron a adquirir fuerza hasta que, finalmente, desaparecieron con
la guerra civil. III. CONCLUSIONES. La Junta quiso, con
la creación del C.E.H., impulsar los estudios humanísticos en nuestro país y aunque
estos primeros años fueron dubitativos, sin embargo, la consolidación de la experiencia
es una prueba de que el Centro funcionó. Desde 1910 a 1919, el C.E.H. buscó ser una
alternativa en materia de investigación, así como una innovación desde ámbitos
oficiales en los sistemas de enseñanza. En él se agruparon un conjunto de personalidades
que constituían la élite de nuestras humanidades, por lo que no era descabellado pensar
que la experiencia se consolidaría. La actividad que se
desarrolló en la nueva institución fue muy fecunda, pues además de la labor
investigadora-educativa, y como derivación de la misma, en el C.E.H. adquirieron gran
relieve otros trabajos, tales como las publicaciones con los resultados de las distintas
investigaciones, la convocatoria de los cursos de vacaciones para extranjeros, la
formación de una biblioteca y las excursiones de apoyo a los cursos impartidos por las
distintas secciones del Centro durante el año. No obstante, todo ello formó parte de la
política ensayística que la Junta aplicó a sus realizaciones con el fin de formar una
élite preparada que supiera regir en el futuro la vida del país y el Centro no fue sino
el primer testimonio. Notas(1) J.A.E.I.C, Memoria
correspondiente a los años 1910 y 1911, Madrid, 1912, pág.
131. (2) J.A.E.I.C, Memoria correspondiente a los años 1910 y
1911, Madrid, 1912, págs. 131-132. (3)
FORMENTÍN IBÁÑEZ, Justo y VILLEGAS SANZ, María José: Altamira y la Junta para Ampliación de Estudios e
Investigaciones Científicas, págs. 175 a 207 en ALBEROLA, Armando (editor): Estudios sobre Rafael Altamira, Instituto de
Estudios Juan Gil Albert, Alicante, 1987. (4)
LIMÓN, Esteban: El Palacio del Hielo: sede del
Centro de Estudios Históricos, págs. 605 a 622 en SÁNCHEZ RON, J.M. (Coord.): 1907-1987. La Junta para Ampliación de Estudios e
Investigaciones Científicas 80 años después. Simposio Internacional, Madrid, 15-17 de
diciembre de 1987, Estudios sobre la ciencia, 5, vol. II, CSIC, Madrid, 1988. (5)
ABAD, Francisco: La obra filológica del Centro de
Estudios Históricos, págs. 503 a 517 en SÁNCHEZ RON, J.M. (Coord.): 1907-1987. La Junta para Ampliación de Estudios e
Investigaciones Científicas 80 años después. Simposio internacional, 15-17 de diciembre
de 1987, Estudios sobre la ciencia, 5, vol. II, CSIC, Madrid, 1988. (6)
LAPORTA SAN MIGUEL, F.J.; SOLANA, J.; RUIZ MIGUEL, A. y ZAPATERO GÓMEZ, V.: La Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones
Científicas (1907-1936), (trabajo inédito financiado por la fundación Juan March),
volumen IV, 1980, pág. 221. (7) El
desarrollo del C.E.H. durante la guerra civil han sido estudiados por GARCÍA ISASTI,
Prudencio: El Centro de Estudios Históricos durante
la Guerra Civil española (1936-1939) en Hispania.
Revista española de Historia, CSIC, vol. LVI/3, nº 194, septiembre-diciembre de
1996, págs. 1071 a 1096. (8) Gaceta de Madrid, número 78, 19 de marzo de 1910,
pág. 582. (9)
LAPORTA SAN MIGUEL, F.J.; SOLANA, J.; RUIZ MIGUEL, A. y ZAPATERO GÓMEZ, V.: La Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones
Científicas (1907-1936), (trabajo inédito financiado por la fundación Juan March),
volumen IV, 1980, págs. 221 y ss. (10) J.A.E.I.C, Memoria correspondiente a los años 1910 y
1911, Madrid, 1912, pág. 131. (11) J.A.E.I.C, Memoria correspondiente a los años 1910 y
1911, Madrid, 1912, pág. 133. (12)
Estas funciones ya fueron enumeradas al comienzo de esta comunicación. (13) En
un oficio dirigido por Tomás Navarro Tomás a José Castillejo el 18 de enero de 1915 se
lee lo que acabamos de señalar: Los Directores de estudios de este Centro, en
sesión de 16 del presente mes, atendiendo las indicaciones de esa Junta, según
comunicación de V.S. del 14 corriente, eligieron por unanimidad Presidente del Centro de
Estudios Históricos a D. Ramón Menéndez Pidal. Este documento se encuentra en el
Centro de Documentación de la Residencia de Estudiantes de Madrid (CDREM). (14)
Este documento viene encabezado como Asuntos generales del Centro y se puede
consultar en el CDREM. (15) En
el documento se hace una relación del personal administrativo que trabajaba en el Centro:
bibliotecario y sus auxiliares, personal del depósito de libros, escribientes, copistas,
glosadores, personal administrativo de la Revista, ordenanza, portero y chico de los
recados. Como puede observarse no existía o se huía de toda complejidad. (16)
Destaca el trabajo de varios años acerca del Fuero
de Soria llevado a cabo por Galo Sánchez y publicado en 1918. (17)
Consistieron fundamentalmente estos trabajos en monografías de todo tipo relacionados con
el arte o la arqueología de distintas regiones o poblaciones de España. (18)
FORMENTÍN IBÁÑEZ, Justo y VILLEGAS SANZ, M.J.:
Altamira y la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas en
ALBEROLA, Armando (editor): Estudios sobre Rafael
Altamira, Instituto Estudios Juan Gil Albert, Alicante, 1987. (19)
Pedro Longás trabajó en una obra sobre la Vida religiosa de los moriscos
españoles (publicado en 1914-15) y González Palencia lo hizo en un compendio de
lógica titulado Rectificación de la mente (publicado también en 1915-16). (20) J.A.E.I.C, Memoria correspondiente a los años 1912 y
1913, Madrid, 1914, pág. 244. (21)
Entre los muchos colaboradores con que contó la sección destacaron Federico de Onís,
Tomás Navarro Tomás, Américo Castro, Pedro González Magro, Antonio García Solalinde,
Justo Gómez Ocerin, Zacarías García Villada, Miguel Artigas, Eduardo García de Diego,
Alfonso Reyes, Federico Ruiz (22)
ABAD, Francisco: La obra filológica del Centro de
Estudios Históricos, págs. 503 a 517 en SÁNCHEZ RON, J.M. (Coord.): 1907-1987. La Junta para Ampliación de Estudios e
Investigaciones Científicas 80 años después. Simposio internacional, 15-17 de diciembre
de 1987, Estudios sobre la ciencia, 5, vol. II, CSIC, Madrid, 1988. (23)
LAPESA, Rafael: Menéndez Pidal, creador de escuela:
el Centro de Estudios Históricos en AA.VV.: ¡Alça
la voz, pregonero! Homenaje a Don Ramón Menéndez Pidal, Cátedra-Seminario Menéndez
Pidal, Madrid, 1979, págs. 43 a 79. (24)
SÁNCHEZ RON, J.M.: La Junta para Ampliación de
Estudios e Investigaciones Científicas ochenta años después, pág. 42 en SÁNCHEZ
RON, J.M. (Coord.): 1907-1987. La Junta para
Ampliación.. (25) J.A.E.I.C., Memoria correspondiente a los años 1912 y
1913, Madrid, 1914, pág. 299.
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